Anuario 2004
Georgia
"El nuevo presidente Saakashvili se afana en integrar a las repúblicas separatistas"
Ana Navarro

El papel de Mijaíl Saakashvili durante la revolución de terciopelo de noviembre de 2003, que provocó la dimisión de Eduard Shervadnadze, el presidente de Georgia durante once años, fue decisivo en el resultado de las elecciones presidenciales del 4 de enero y en las legislativas de marzo. Saakashvili arrasó en los comicios presidenciales al obtener más del 95 por ciento de los votos, pero además consiguió movilizar a una sociedad propensa al abstencionismo. Dos meses más tarde, el Movimiento Nacional, el partido que dirige, se hizo con la victoria en la elecciones al Parlamento georgiano.
Saakashvili se formó como abogado fuera de Georgia y, tras un encuentro en Estados Unidos, fue el propio presidente Shervadnadze quien le pidió que se uniera a la mayoría parlamentaria en el poder, Unión de Ciudadanos. Tras la victoria de este partido en las elecciones legislativas de 1995, se le otorgó el cargo de ministro de Justicia. La importancia de este puesto en el Gobierno, junto a la imagen de líder carismático que ofrecía en sus comparecencias, hicieron que Saakashvili pronto despuntara en la política georgiana. Pero su intención no era continuar en un partido que protegía a los funcionarios corruptos: dimitió tras un enfrentamiento con el presidente y formó su propio partido, el Movimiento Nacional, de marcada tendencia nacionalista y prooccidental. De esta manera, el joven que entró en política de la mano de Shervadnadze se convirtió en la esperanza de los georgianos y en el verdugo de su descubridor. En su primer discurso como presidente, el líder nacionalista ratificó cuáles serían sus directrices al frente del país: unificar el territorio georgiano, luchar contra la corrupción, levantar la economía y programar, en el menor tiempo posible, los comicios legislativos.



Acercamiento a Occidente

Otro de los propósitos de Saakashvili es unir a Georgia a la OTAN y a la Unión Europea en un plazo de cuatro años, pero sin renunciar a los beneficios que puede aportar un trato cordial con Rusia y con la Comunidad de Estados Independientes (CIS). Pero las relaciones con el país vecino no son fáciles porque Rusia se resiste a perder el control total sobre esta república ex soviética. Además de sus discrepancias sobre el papel ruso en las regiones separatistas, la fecha de retirada de las dos bases militares de Rusia en territorio georgiano es otro punto de discordia. Georgia pide que las bases de Batumi (en Adjaria) y la de Akhalkalaki desaparezcan a corto plazo. Por su parte, las autoridades rusas no se ponen de acuerdo sobre el tiempo que necesitan para ello; en algunas ocasiones anuncian que en unos cinco años y en otras un máximo de once. Para acelerar la retirada, Tiflis está buscando inversores internacionales que aporten capital y se apunta a Estados Unidos como uno de los posibles donantes. Esta opción no convence a Rusia, ya que temen que tras su retirada los líderes georgianos permitan a este país o a la OTAN que se asienten en el país. Saakashvili, por su parte, ha rechazado esta posibilidad repetidamente. Otra de las disputas que se mantienen son las acusaciones rusas de que Georgia no presiona a los terroristas chechenos que viven en Pankisi, una región georgiana fronteriza con la rebelde Chechenia, Sin embargo, las autoridades georgianas afirman haber aumentado su control en esta zona y en noviembre, tras el cierre de la frontera rusa durante un mes a causa del atentado en un colegio de Beslan (Osetia del Norte), entregaron a Moscú unas listas en las que figuraban los nombres de los habitantes de Pankisi. De esta manera, Georgia trasmitió al Kremlin su disponibilidad para colaborar en la lucha contra el terrorismo checheno. Las relaciones diplomáticas entre Rusia y Georgia empeoraron desde que Saakashvili mostrara su deseo de unificar el país tras ser declarado presidente. En mayo pudo hacerse con el control del territorio autónomo adjaro, pero la situación de las repúblicas autónomas de Abjazia y Osetia del Sur es muy diferente. Estos dos territorios, que no tienen el respaldo de la comunidad internacional, son independientes “de facto” desde principios de los noventa, y han pedido en repetidas ocasiones a Rusia que les integre dentro de la Federación Rusa. Hasta la fecha las autoridades rusas ha preferido no estudiar formalmente estas peticiones. Sin embargo, la influencia de Moscú ha marcado las directrices de las negociaciones entre los líderes georgianos y los de las dos repúblicas autónomas. La actitud de Rusia ante estos conflictos es imprecisa porque, aunque el presidente Putin afirma que respeta la unidad de los Estados, incluido Georgia, lo cierto es que intenta mantener el control sobre Abjazia y Osetia del Sur. Para ello ha facilitado la obtención de pasaportes rusos a sus habitantes: se estima que un 98 por ciento de los surosetios ya lo han conseguido. Bajo esta premisa algunos políticos rusos admiten que Moscú tendría la obligación moral de intervenir si se produjera un enfrentamiento armando entre alguna de las autoproclamadas repúblicas y Georgia. Teniendo en cuenta esta posibilidad, los líderes georgianos han intentado que Estados Unidos, la OSCE y la Unión Europea se involucraran de manera activa para solucionar sus conflictos territoriales y, aunque ha mantenido encuentros con importantes dirigentes para comentar la situación, lo cierto es que estas instituciones y las grandes potencias internacionales se han mantenido al margen de estas cuestiones.

En un intento de consolidar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, Georgia ha incrementado durante este año su presencia militar en Afganistán y en Irak, y prevé que en los primeros meses de 2005 el número de soldados desplegados en territorio iraquí pase de los 150 actuales a casi un millar. Además, los encuentros de los representantes de los dos países han sido continuos, bien para firmar acuerdos de cooperación militar y económica o para analizar el estado de la construcción del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan. Este proyecto, que trasportará el crudo de Azerbaiyán hasta Turquía, ha provocado la crispación de los habitantes de las zonas por las que pasará el BTC, sobre todo en la región de Borjomi (en el oeste del país). Afirman que la tubería de petróleo supone una amenaza medioambiental, principalmente para el Parque Natural de Borjomi, que ha quedado dividido en dos por el oleoducto. Además, las autoridades locales advierten de que un posible derramamiento de crudo perjudicará la economía georgiana, ya que de esta zona procede el agua de Borjomi, una de las exportaciones importantes para el país. Para tranquilizar a la población, el Gobierno de Saakashvili y las empresas promotoras del BTC aseguran que la tubería no comporta ningún riesgo. Sin embargo, las autoridades de Georgia intentan obtener ayudas adicionales para garantizar la seguridad del oleoducto. Por su parte, la ministra de Medio Ambiente reconoció que ella no habría aprobado el trazado a través de Borjomi, acordado en 2002 con el anterior Ejecutivo. A finales de julio, el Gobierno georgiano obligó a que se detuvieran las obras en esta región cuando la empresa British Petroleum (BP), la mayor accionista del proyecto, comenzó ilegalmente la construcción de ese tramo. A la compañía angloamericana se le había denegado la autorización pertinente porque el oleoducto atravesará una zona sísmica muy activa y un terremoto provocaría una gran catástrofe medioambiental. Dos semanas después de la paralización de las obras, las autoridades georgianas permitieron que se reanudaron las labores de construcción. Analistas políticos creen que Georgia cedió bajo presión estadounidense.



Medidas para sacar la economía de la crisis

Entre las principales promesas electorales de Saakashvili se encontraba la lucha contra la corrupción y, pocos días después de ser proclamado presidente, se produjeron las primeras detenciones de funcionarios y de antiguos altos cargos acusados de estafa, malversación de fondos o posesión de armas. Y es que estas prácticas, junto con la incapacidad de recaudar impuestos y de atraer inversiones extranjeras, han perjudicado durante años a la débil economía georgiana. Aunque los resultados de 2003 reflejan un aumento del 8 por ciento del PIB, Saakashvili se encuentra ante un país en una profunda crisis económica cuya deuda exterior, más de 1.500 millones de euros, equivale al 60 por ciento del PIB. Además, se estima que casi el 70 por ciento de los georgianos vive en situación de pobreza, que el índice de paro ronda el 20 por ciento y el salario medio es de unos 15 euros mensuales. A estos datos se le tiene que añadir el descontento de gran parte de la población ya que el Estado no ha sido capaz de pagar salarios y pensiones, y el nuevo líder tendrá la obligación de abonar los pagos atrasados. Para hacer frente a esta situación, el nuevo Gobierno ha optado por privatizar casi 300 empresas y edificios que eran propiedad del Estado. Esta decisión ha provocado la protesta de algunos sectores de la población, que se han manifestado en varias ocasiones porque temen perder sus puestos de trabajo. Otra de las medidas económicas importantes ha sido la reducción de los impuestos que se aplicarán tanto a las grandes empresas que se quieran instalar en Georgia como a las empresas del país. De esta manera, se espera que el Estado pueda recaudar fondos y evitar que el dinero negro continúe siendo la base de la economía. Estas iniciativas han sido valoradas positivamente por los organismos internacionales, de tal manera que el Fondo Monetario Internacional decidió durante el primer semestre del año volver a conceder préstamos a Georgia, después de romper sus acuerdos a finales de 2003 con las anteriores autoridades del país porque se negaban a cumplir con las peticiones del FMI para reformar la economía. En junio este organismo ya había aprobado la concesión de un préstamo que prevé el envío de casi 150 millones de dólares en tres años. Ese mismo mes, el Banco Mundial también otorgó un crédito de casi 48 millones de dólares. Aunque estas cantidades pueden parecer escasas, es una señal de que ambas entidades han depositado su confianza en los nuevos dirigentes georgianos para que lleven a cabo un crecimiento económico sostenible y reduzcan los índices de pobreza.



Elecciones al Parlamento

Tan sólo cuatro días después de que se celebraran los comicios presidenciales, Saakashvili anunció la fecha de las elecciones al Parlamento para el 28 de marzo. A algunos de los partidos políticos, a los que no participaron en la revolución de terciopelo, les pareció precipitado y alegaban que era una estratagema de Saakashvili para que los miembros del Movimiento Nacional repitieran el triunfo de las presidenciales. En realidad, tanto los analistas políticos como la sociedad estaban convencidos de la victoria del partido del presidente, pero el reto de Saakashvili era demostrar que los comicios en su nueva etapa política se desarrollarían siguiendo los estándares internacionales. El mismo día que se celebraron las elecciones, los partidarios del Movimiento Nacional celebraban la victoria mientras que los líderes del resto de formaciones políticas expresaban su discrepancia con los primeros resultados. La Comisión Electoral Central anunció, tras el cierre de los colegios electorales, que era probable que ningún otro partido hubiera conseguido el 7 por ciento necesario para obtener representación en el Parlamento. A partir de este momento, varias formaciones anunciaron que el resultado de sus sondeos le situaba por encima de esa cifra. Este fue el caso del Partido Laborista y del bloque Nueva Derecha-Industrialistas. Unas horas más tarde se anuncia que este último había aglutinado poco más del 7 por ciento. Tanto los enviados de la Organización para el Desarrollo y la Seguridad en Europa (OSCE) como los del Consejo de Europa daban por válidos los resultados, aunque en un distrito del territorio autónomo de Adjaria se habían detectado prácticas irregulares. Esta denuncia coincide con las reivindicaciones del movimiento de la oposición adjaro, Nueva Adjaria, que acusaba a la Unión del Renacimiento Democrático (el partido del presidente adjaroAslan Abashidze) de manipular los comicios. Estas protestas fueron admitidas por la Comisión Electoral Central, que afirmó que se podrían repetir las elecciones en esa región. Una semana después, el portavoz del organismo declaró que habían rechazado esta alternativa alegando que no influiría en la composición final del Parlamento, y anunció los resultados definitivos. El Movimiento Nacional-Demócratas obtiene el 66,2 por ciento, seguido por el bloque Nuevos Derechistas-Industrialistas, con el 7,56. Por lo tanto, dos formaciones de peso como la Unión del Renacimiento Democrático y el Partido Laborista no obtuvieron representación parlamentaria. En un acto de provocación, Aslan Abashidze anuncia que convocará un referéndum en Adjaria para demostrar que los resultados han sido manipulados, pero ante la presión de las autoridades del Gobierno central decide no llevar a cabo esta consulta anticonstitucional. De la misma manera, el líder laborista pide al Tribunal Supremo que se repitan los comicios, pero la propuesta es denegada.


La presión de la población adjara y del Gobierno de Tiflis provocan la dimisión de Aslan Abashidze

Desde que se anunciara la fecha de las elecciones presidenciales, Aslan Abashidze, el líder que ha controlado la región autónoma de Adjaria desde 1991, se mostró reacio a que los adjaros participaran en las elecciones. Finalmente, los colegios electorales de este territorio se abrieron, y tanto la clase política como los ciudadanos avalaron el nuevo régimen georgiano. A principios de enero las autoridades de Adjaria tuvieron otros gestos positivos hacia Tiflis, como la trasferencia de fondos al Gobierno central después de dos años, o la adopción de la nueva bandera estatal. Sin embargo, pronto se empezarían a producir las primeras discrepancias entre el líder georgiano y el adjaro, que provocó el final de la carrera política de Abashidze a principios de mayo. El primer desencuentro se produjo cuando las autoridades de Batumi, capital de Adjaria, detuvieron a dos miembros del movimiento juvenil Kmara, que participó de manera activa en la revolución de terciopelo. Mientas que la policía adjara les acusaba de tráfico de armas y el presidente les tachaba de criminales, los líderes georgianos exigían su liberación. Este hecho desencadenó un cruce de acusaciones entre las dos partes, pero la situación se empezó a agravar a finales de enero, cuando se produjeron los primeros enfrentamientos violentos entre los partidarios y detractores de Abashidze en las calles de Batumi. A principios de marzo, el presidente Saakashvili le envía un ultimátum al líder adjaro para que en una semana desarme a todos los grupos ilegales y se permita la entrada a la región a los miembros del Gobierno central, sin excluir una intervención militar si el líder adjaro no accedía a esas peticiones. La amenaza del presidente de Georgia coincide con el anuncio de las autoridades georgianas de que el puerto de Batumi, que se encuentra en territorio de Adjaria, había sido minado por los adjaros. Por este puerto, el mayor del mar Negro en comercio de petróleo, se calcula que circulan diariamente 100.000 barriles de crudo kazako y turco. Aslan Abashidze responde al ultimátum acusando a Tiflis de intentar asesinarlo en varias ocasiones. Además, no accede a las peticiones georgianas y los mandos adjaros impiden que Saakashvili y a varios ministros georgianos que entren en la región. Tras el incidente, Georgia pone en alerta a su Ejército y cumple sus amenazas: cierre del puerto y del aeropuerto de Batumi, y se revisa minuciosamente la entrada de mercancías para evitar que la población se armara. Ante tal situación, Rusia, Estados Unidos y las instituciones europeas llaman a los líderes al diálogo para evitar un enfrentamiento armado. Sin embargo, las dos partes no llegan a ningún acuerdo ya que el líder adjaro se niega a perder su poder en la región a favor de Saakashvili, que había pedido en repetidas ocasiones su dimisión. Las protestas de la población de Adjaria en contra de su presidente a principios de mayo provocan la intervención directa de Rusia en el conflicto y, a raíz de los nuevos brotes de violencia, Moscú envía a un mediador para intentar solucionar el conflicto. Tras el encuentro, Aslan Abashidze dimite, y ese mismo día abandona Batumi para trasladarse a la capital rusa en compañía del secretario del Consejo de Seguridad del Kremlin. Fuentes cercanas al anciano líder adjaro revelaron que Abashidze aceptó las “garantías de seguridad personal” que Saakashvili le ofreció a cambio de su dimisión. Familiares y allegados del ex presidente también abandonaron Batumi. A partir de ese momento, las autoridades georgianas nombran un nuevo Gobierno interino y llevan a cabo varias detenciones de colaboradores del anterior líder, que son acusados de abuso de poder y estafa. También se llevó a cabo una investigación sobre el patrimonio de Abashidze, al que en agosto se le confiscaron todos sus bienes y los de gran parte de su familia (se estima que su patrimonio asciende a casi cien millones de dólares). El 20 de junio se celebran las elecciones parlamentarias y el partido favorable a Saakashvili, Adjaria Victoriosa, consigue el 75 por ciento de los votos. El Partido Republicano, la única formación de la oposición adjara durante años, obtiene casi el 10 por ciento. Aunque los republicanos anunciaron que los resultados estaban falsificados, los enviados del Consejo de Europa consideraron que los votantes ejercieron su derecho a voto libremente.

Crisis interna en Abjazia

Las autoridades de Abjazia mostraron a principios de año su disponibilidad para reabrir un proceso de paz con Georgia sin condiciones previas. Sin embargo, a petición de los abjazos, son las autoridades rusas quienes se encargan de mediar en el conflicto territorial. Por ello Saakashvili se reunió en febrero con el presidente ruso, Vladimir Putin, en Moscú para llegar a un acuerdo sobre la reapertura de las negociaciones sobre el estatus político de Abjazia. El punto principal que trataron fue la vigencia de los principios de Sochi, firmados en 2003 por las dos partes, que se centran en la protección de los refugiados de guerra que provocó el enfrentamiento armado entre Abjazia y Georgia en 1992 y 1993. Pero la cuestión realmente importante tanto para Abjazia como para Rusia es la postura de las nuevas autoridades georgianas ante las peticiones de independencia de los líderes abjazos. Saakashvili se ha mantenido fiel al principio de integridad territorial, pero ha manifestado durante el año que evitaría embarcarse en un conflicto militar. Por su parte, las autoridades abjazas se han negado a negociar todos aquellos puntos que parten de la afirmación de que Abjazia forma parte del territorio de Georgia. Aunque no se han producido graves enfrentamientos que hicieran presagiar un conflicto militar, lo cierto es que tanto las autoridades georgianas como las abjazas se han acusado mutuamente de proteger a grupos armados ilegales para mantener la hegemonía en la zona fronteriza. Pero a finales de julio, el ataque de los guardas costeros georgianos a un barco procedente de Turquía que se dirigía a Abjazia provocó que los abjazos anunciaran la ruptura del diálogo. Las autoridades de la república autónoma se quejaban de que Georgia había violado sus aguas territoriales, y el presidente, Vladislav Ardzinba, amenazaba con desplegar todos sus recursos militares para evitar que se repitieran actos similares. Por su parte, el Gobierno de Saakashvili justificaba el ataque alegando que los encargados de ese barco no habían comunicado a los vigilantes costeros de Georgia que circularía por su territorio. Respecto a la política interna de Abjazia, los últimos meses del año han sido los más intensos. El 3 de octubre se celebraron las elecciones presidenciales y, a causa de la imposibilidad de que un candidato se presente a unos comicios por tercera vez, Vladislav Ardzinba pidió el voto por a favor del primer ministro, Raul Jadjimba. Su principal opositor era el director una importante empresa estatal dedicada a la energía, Sergei Bagaspsh. Aunque ambos candidatos apuestan por la independencia de Abjazia y por la cercanía con Rusia, el primer ministro se considera más radical en su postura respecto a la integración en la Federación Rusa. Este puede ser el motivo por el cual Moscú ha apoyado la candidatura de Jadjimba. Las primeras estimaciones no daban como vencedor a ninguno de ellos hasta que una semana más tarde la Comisión Electoral Central de Abjazia anunció que el vencedor de las elecciones era el candidato opositor Sergei Bagapsh, con un 50,08 por ciento de los votos. Este mínimo margen provocó que tanto Jadjimba como el presidente Ardzinba exigieran la repetición de los comicios dos meses más tarde y pidieron al Tribunal Supremo que anularan los resultados. Tres semanas después, el Supremo abjazo validó el escrutinio, pero ese mismo día modificó sus conclusiones y declaró nulas las elecciones alegando que se habían cometido numerosas irregularidades. Seguidamente el presidente de Abjazia anunció que aprobaría un decreto para repetir las votaciones, aunque el Parlamento se posicionó en contra y reconocía la validez de los comicios del 3 de octubre. Sin embrago, los partidarios de Bagapsh continuaban festejando el triunfo y el político llegó a anunciar que el día 6 de diciembre tomaría posesión de su cargo. Por su parte, el presidente Ardzinba insistía en que no trasferirá sus poderes hasta que Abjazia tenga un nuevo dirigente legítimo, y presagiaba que este conflicto puede provocar la división de la república en dos zonas: la región del norte se unirá a la Federación Rusa mientras que el sur seria asimilado por Georgia. Durante los días posteriores a las elecciones los partidarios de los dos candidatos organizaron concentraciones para apoyarles, que provocaron diversos enfrentamientos violentos entre las dos partes. Para solucionar la crisis, ambos candidatos viajaron a Moscú el 2 de noviembre, y a la vuelta, Bagapsh anuncia que altos mandatarios rusos, que no especificó, amenazaron con cerrar su frontera si no accedía a la convocatoria de elecciones en los siguientes meses. A pesar de la presión de las autoridades rusas y del presidente, en un principio Bagapsh se negó a ceder por temor a que se manipulen los resultados de las nuevas votaciones. A principios de diciembre, los dos candidatos a la presidencia acordaron organizar los comicios el 13 de enero. Analistas políticos creen que el candidato opositor accedió a las demandas de los políticos en el poder porque la situación en Abjazia hacía presagiar un conflicto interno: los enfrentamientos en las calles de Sujumi (la capital abjaza) se habían intensificado, la población está armada y las dos partes utilizan la fuerza para controlar edificios oficiales y medios de comunicación. Las autoridades de Tiflis se han mantenido al margen de esta disputa y no han hecho declaraciones oficiales al respecto. De esta manera, han evitado que desde Sujumi o Moscú se les acuse de haber influido en el proceso electoral, que posiblemente provoque la caída del régimen que ha gobernado Abjazia durante más de una década.

Empeora la relación entre Osetia del Sur y Georgia

La situación en la república autónoma de Osetia del Sur ha sido más crítica que en Adjaria o Abjazia. Aunque tanto las autoridades de Tiflis como los líderes surosetios han declarado continuamente que evitarían un conflicto armado, lo cierto es que los enfrentamientos entre los soldados de las dos partes en su frontera común hicieron presagiar una inminente guerra durante el segundo semestre del año. Las fuerzas militares de las dos partes se acusaron mutuamente de proteger a los grupos ilegales armados que atentan contra los puestos fronterizos contrarios. Además, tanto Rusia como Osetia del Sur aseguraron en julio que Georgia estaba preparando una incursión militar para hacerse con el control de la autoproclamada república, por ello se reforzaron las medidas de seguridad en territorio surosetio. Y es que Tiflis mantuvo en la frontera a unos 3.000 soldados y el envío de material militar de guerra era constante. Para justificar el envío de tropas adicionales, el Gobierno georgiano acusa a las fuerzas de paz que permanecen en la zona conflictiva de actuar a favor de Osetia del Sur. Formalmente la frontera está controlada por 500 soldados de las fuerzas de paz de cada una de las partes implicadas, Osetia del Norte (forma parte de la Federación Rusa), Osetia del Sur, Rusia y Georgia. Sin embargo, los surosetios y los georgianos se acusan mutuamente de enviar más personal del estipulado en los acuerdos de paz de Dagomys, firmados en 1992 para poner fin al conflicto armado. Posiblemente la presión de organismos internacionales y de las grandes potencias ha evitado una nueva guerra. La Organización para la Cooperación y la Seguridad de Europa (OSCE), La Unión Europea, Rusia y Estados Unidos pidieron que se solucione el conflicto mediante el diálogo. Para ello se celebraron encuentros urgentes de la Comisión de Control Conjunta, un organismo formado por representantes de Osetia del Norte, Osetia del Sur, Rusia y Georgia, que se encarga de controlar el conflicto. Aunque a partir de mayo las reuniones fueron continuas, en varias ocasiones se demostró que no se cumplían los acuerdos de paz, que prevén el desarme de grupos guerrilleros, la limitación del número de soldados, control conjunto de los puestos de control en los pasos fronterizos y el cese de enfrentamientos armados. Ante esta situación, las autoridades de Georgia propusieron a las surosetias un nuevo plan de paz que, básicamente, tenía tres puntos: la desmilitarización completa de la zona conflictiva, el diálogo directo entre los líderes de las partes enfrentadas y una mayor presencia de la OSCE en las negociaciones. Rusia, que actúa como mediador de Osetia del Sur, consideró positivas estas medidas pero se mostró en contra de otra de las peticiones georgianas: que el personal de la OSCE se encargue de controlar el túnel de Roki, que une Rusia y Osetia del Sur. Para negociar estas cuestiones, en noviembre se produjo el primer encuentro formal del año en la ciudad rusa de Sochi entre el presidente surosetio, Edurad Kokoity, y el primer ministro de Georgia, y se firmaron acuerdos para desmilitarizar la zona fronteriza. Sin embargo, el intercambio de acusaciones por incumplir el compromiso no ha cesado.


Cronologia año  2004
4 de enero. Se celebran las elecciones presidenciales.

6 de enero. La república autónoma de Adjaria trasfiere al Gobierno de Tiflis 2 millones y medio de laris (más de un millón de dólares) después de dos años.

14 de enero. El Parlamento aprueba la adopción de una bandera nacional, que a su vez fue utilizada por el Movimiento Nacional como la bandera del partido político.

15 de enero. La Comisión Electoral central anuncia que Saakashvili ha conseguido el resplado del 96,27 por ciento de los votantes.

28 de enero. Durante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Saakashvili expresó su deseo de unirse a la Unión Europea.

10-11 de febrero. El presidente de Georgia se reúne en Moscú con su homólogo ruso. 20 de febrero: Se producen enfrentamientos en Batumi, la capital de Adjaria entre los partidarios y detractores del líder adjaro, Aslan Abashidze. El ministro de Economía anuncia que el PIB creció en 2003 en un 8%.

25 de febrero. Aslan Abashidze afirma en Batumi que el Gobierno central está preparando una “agresión armada” contra Adjaria.

9 de marzo. Se celebra una reunión entre Saakashvili y el presidente francés, Jacques Chirac, en París.

14 de marzo. Saakashvili envía un ultimátum al líder adjaro en el que le pide que desmilitarice a grupos armados ilegales y permita la entrada de las autoridades de Tiflis.

15 de marzo. Tras cumplirse el plazo para que el líder adjaro cumpliera las peticiones del Gobierno de Tiflis, Saakashvili ordena que se cierre el aeropuerto de Batumi y el paso fronterizo con Turquía, así como la revisión de las mercancías que entren en el puerto de Batumi.

16 de marzo. El alcalde de Moscú, Yurii Luzhkov, viaja a Batumi para “apoyar a su amigo Aslan Abashidze en ese difícil momento”.

28 de marzo. Se celebran las elecciones parlamentarias.

30 de marzo. El director de la Comisión Electoral central anuncia ante los periodistas que los votos de algunas zonas de Adjaria pueden ser anulados porque se produjeron graves irregularidades.

16 de abril. Se reúnen representantes de los Gobiernos de Georgia, de Rusia, de Osetia del Norte y de Osetia del Sur con el director de la Misión de la OSCE en Georgia

18 de abril. El portavoz de la Comisión Electoral central anuncia los resultados definitivos de las elecciones parlamentarias. Movimiento Nacional consigue la victoria con el 66,24 por ciento de los votos, y Nuevos Derechistas-Industrialistas supera ligeramente el 7 por ciento necesario para obtener representación parlamentaria.

4 de mayo. La policía de Batumi utiliza la violencia para dispersar a un grupo de unos 15.000 manifestantes que pedían la dimisión de Abashidze.

5 de mayo. Aslan Abashidze dimite como jefe del Consejo Supremo de Adjaria y, ese mismo día, se traslada a Moscú.

23 de mayo. Se celebran las elecciones parlamentarias en Osetia del Sur. Los primeros resultados dan la victoria al Partido de la Unidad, del presidente Eduard Kokoity.

30 de mayo. El presidente de Osetia del Sur avisa que las fuerzas armadas de la república responderían con “medidas apropiadas” ante una incursión militar de Georgia.

1 de junio. El ministro de Exteriores de Georgia se reúne en Washington con el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell.

12 de junio. El ministro de Exteriores ruso acusa a Georgia de incumplir su promesa de retirar las tropas adicionales que enviaron a Osetia del Sur a finales de mayo.

20 de junio. Se celebran las elecciones parlamentarias en Adjaria un mes y medio después de que el Gobierno se viera obligado a dimitir por la caída del presidente.

21 de junio. El director de la Comisión Electoral central de Adjaria anuncia que el partido de Saakashvili, Victoriosa Adjaria, ha conseguido el 75 por ciento de los votos.

9-10 de julio. Se producen enfrentamientos armados entre las fuerzas surosetias y soldados georgianos en Osetia del Sur.

11 de julio. Los representantes de Osetia del Sur y Georgia de la Comisión de Control Conjunta acuerdan “poner fin a los disparos y las acciones provocativas”.

31 de julio. Al menos seis surosetios y dos soldados georgianos mueren a causa de un enfrentamiento armado entre sus tropas.

17 de agosto. El presidente Saakashvili afirma que la participación de representantes de Estados Unidos, de la Unión Europea y de la OSCE en las conversaciones entre Georgia y Osetia del Sur puede contribuir a solucionar la crisis.

18-19 de agosto. Se producen nuevos enfrentamientos entre tropas surosetias y georgianas en cerca de la capital de Osetia del Sur.

21 de agosto. El ministro de Defensa de Georgia anuncia que se han retirado todas las tropas adicionales de su país de la zona fronteriza con Osetia del Sur.

15 de septiembre. Kokoity declara en una entrevista que, guste o no, Osetia del Sur es parte de Rusia y que no hay diferencias entre Osetia del Sur y Osetia del Norte.

22 de septiembre. Tanto las autoridades de Abjazia como las de Osetia del Sur rechazan categóricamente el plan de paz que Saakashvili presentó días antes ante una reunión de Naciones Unidas.

3 de octubre. Se celebran las elecciones presidenciales en Abjazia.

4 de octubre. La Comisión Electoral central de Abjazia anuncia que el candidato de la oposición, Sergei Bagapsh, ha conseguido la victoria, con el 50,08 por ciento de los votos.

12 de octubre. El presidente de Abjazia acusa a la Comisión Electoral de actuar irresponsablemente al nombre un ganador de las elecciones antes de que el Tribunal Supremo se pronuncie sobre la apelación del otro candidato, el anterior primer ministro.

19 de octubre. El primer ministro de Georgia y un ejecutivo de British Petroleum firman un acuerdo mediante el cual la empresa se compromete a destinar 25 millones de dólares en los próximos cinco años para garantizar la seguridad del oleoducto BTC.

 


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