Anuario 2004
Uzbekistán
"Una ola de brutales atentados convierten Uzbekistán en un campo de batalla del “terrorismo internacional”"
Ana Navarro

Del 29 de marzo al 1 de abril se produjeron los ataques más sanguinarios de la historia de Uzbekistán. Según las autoridades uzbekas, 47 personas murieron, incluidos 33 terroristas, y una treintena resultaron heridas a causa de las explosiones y enfrentamientos entre la policía y los terroristas, pero los medios de comunicación internacionales señalan que las pérdidas humanas fueron mayores. Y es que es difícil saber qué pasó exactamente durante esos días ya que, desde el primer momento, el Gobierno de Karimov puso trabas a los medios para que cubrieran los hechos y ofrecieron pocos detalles sobre lo sucedido.
La versión oficial señaló al terrorismo internacional, vinculado a la red terrorista Al Qaeda, como el responsable de los atentados en Tashkent, la capital uzbeka, y en la ciudad de Bujara, en el suroeste del país. Justificaron estas conclusiones por la particularidad del modus operandi: nunca antes habían actuado terroristas suicidas en el país, y fueron dos mujeres kamikaze quienes sembraron el terror en un mercado de Tashkent y en una parada de autobús. Las acciones, que se produjeron con pocos minutos de diferencia, tenían como objetivo asesinar a los policías que allí se encontraban. Tres agentes de seguridad y un niño murieron. Ese mismo día se produjeron varios tiroteos, que se saldaron con el asesinato de otros tres policías en la capital uzbeka y varias explosiones en Bujara que, al menos, causaron la muerte a 10 personas y heridas a otras 26. Durante los días posteriores continuaron los enfrentamientos entre la policía y los extremistas islámicos. Sobre estos incidentes, las autoridades uzbekas ofrecieron pocos detalles a los medios de comunicación. Esto dio pie a especulaciones de medios internacionales que, citando el testimonio de ciudadanos uzbecos, explicaban que el conflicto se extendió a Adnijan, una ciudad del Valle del Fergana, donde los grupos fundamentalistas islámicos tienen el apoyo de la población. Este es el motivo por el cual los habitantes de esta zona han sido marginados por Tashkent, y los niveles de pobreza y de desempleo son superiores a los del resto del país. Además, el régimen de Karimov aplica allí una mayor represión policial que en otras zonas de Uzbekistán.

Los comentarios sobre los autores de los hechos eran confusos. El presidente Karimov, mediante un discurso televiso, hacía responsable al terrorismo internacional, sin especificar el nombre de ningún grupo armado. Por otra, parte el fiscal general y funcionarios del Ministerio de Interior y de Asuntos Exteriores anunciaron que los terroristas pertenecían al Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU), grupo terrorista vinculado a Al Qaeda que también actúa en las vecinas repúblicas de Tayikistán y Kirguistán, y a Hizb ut Tahrir, una asociación política ilegal que intenta establecer un califato en los países centroasiáticos. Ninguna organización se atribuyó la autoría de los hechos.

Durante esos días, una treintena de musulmanes fueron detenidos, provocando las quejas de los ciudadanos y de ONG, que acusaban al Gobierno de arrestar al azar a ciudadanos de religión musulmana sin tener pruebas de su implicación en los atentados. La mayoría de ellos fueron puestos en libertad y, semanas después, sólo 15 personas formaban la lista de detenidos, que fueron condenados de 2 a 20 años de prisión. El juicio contra los acusados empezó el día 26 de julio, pero fue suspendido hasta septiembre a causa de otro atentado en Tashkent, el 30 de julio.

Esta vez los objetivos de tres terroristas suicidas fueron la Fiscalía General del Estado y, minutos más tarde, las embajadas de Estados Unidos y de Israel. Cinco personas murieron en las explosiones y esta vez sí que fue reivindicado, mediante un comunicado en una página web, por Yihad Islámica de Uzbekistán, un grupo terrorista desconocido hasta ese momento. Pero parece que esta versión no fue creíble para las autoridades de Uzbekistán, y se ofrecieron varias versiones al respecto. El portavoz del fiscal general culpó a militantes del Movimiento Islámico de Uzbekistán. Pero pronto el presidente Karimov lo negó, antes de que se investigaran los hechos, y culpó a los miembros de Hizb ut Tahrir de ser los responsables materiales de los atentados contra los edificios estatales, y también de la oleada de violencia de finales de marzo. Añadió que los autores de los incidentes habían recibido ayuda logística de Al Qaeda y que fueron entrenados en Pakistán. Desde Londres, donde se encuentra una de las sedes del Hizb ut Tahrir, se negó cualquier tipo de implicación.

Analistas políticos y expertos en terrorismo islámico dudan de que Hizb ut Tahrir haya ideado tales acciones porque, hasta la fecha, no había recurrido a la violencia para conseguir sus objetivos. Sin embargo, los servicios secretos de Uzbekistán desvelaron en 2003 que la facción más radical de esta organización, descontenta por el fracaso de los métodos del grupo, que se limita a repartir propaganda sobre sus propósitos y a pedir la caída de los responsables de los gobiernos de los países centroasiáticos, ha decidido alejarse de los métodos pacíficos y optar por la violencia.

Además, los más críticos con el régimen de Karimov señalan que la persecución de cualquier expresión de carácter religioso está provocando que los sectores islámicos moderados de Uzbekistán radicalicen sus posiciones. Y es que, tras eliminar la oposición política poco después de que Uzbekistán consiguiera la independencia en 1991, Karimov se centró en la represión de los grupos fundamentalistas islámicos y se produjeron detenciones masivas, sobre todo en el Valle del Fergana. La persecución a los integristas musulmanes se intensificó a raíz del atentado con coches bomba de 1999, en la capital uzbeka, que tenía como objetivo asesinar al presidente Karimov. El acto terrorista causó la muerte a una docena de personas, y las autoridades limitaron aún más los derechos individuales, convirtiendo a Uzbekistán en un país en un país donde la violación de los derechos humanos es habitual. El descontento de la población también está causado por la imposibilidad de los pequeños comerciantes para trabajar dentro del marco de la legalidad. A partir de octubre, las autoridades uzbekas les obliga a obtener una licencia para vender productos, pero no se permite que los pequeños empresarios comercialicen con artículos que hayan adquirido de intermediarios, que normalmente provienen del contrabando con Tayikistán, Kirguistán o China. Estas medidas, aprobadas a principios de noviembre, pretenden animar a los habitantes de Uzbekistán a diversificar sus actividades ya que los sectores de la agricultura, sobre todo el cultivo de algodón, y las reservas petrolífera y de oro aportan casi la totalidad de los ingresos del país. Ante estos cambios, muchos de los comerciantes no pudieron obtener el permiso estatal y sus productos les fueron confiscados. La protesta más violenta se produjo durante los días posteriores a la aprobación de la ley en varias poblaciones cercanas al Valle del Fergana, en el este de Uzbekistán, donde varios inspectores y policías fueron atacados por los comerciantes. El sistema económico del país no favorece a los pequeños empresarios, a los que se les aplica unas tasas excesivamente altas.

Aunque diplomáticos estadounidenses han mostrado su discrepancia con la manera tiránica de gobernar de Karimov, Uzbekistán continúa siendo un aliado clave para Estados Unidos en Asia central. Tras el atentado del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas y el Pentágono, y el inminente ataque contra la vecina Afganistán, las autoridades uzbekas no dudaron en aprovechar su situación geoestratégica y ofrecieron apoyo a Estados Unidos. Semanas antes del principio de la guerra contra los talibanes, el Pentágono desplegó unos 2.000 soldados en la base uzbeka de Janabad. A cambio, Uzbekistán cuenta con un importante socio para luchar contra el terrorismo del MIU y ha recibido mayores préstamos de Washington que antes del 2001. Tal y como era de esperar, tras los atentados de marzo y de agosto, varios altos cargos del Gabinete de Bush condenaron los ataques contra la policía y las embajadas de Estados Unidos y de Israel, y anunciaron su disponibilidad para cooperar de manera más intensa para combatir a los terroristas islámicos.

Sin renunciar al apoyo estadounidense, el presidente Karimov decidió, después de que se produjeran los atentados de marzo, buscar nuevos aliados en la región centroasiática para luchar contra el terrorismo islámico. El primer paso fue reestablecer sus relaciones con Rusia, que eran escasas y tensas desde finales de los noventa. Durante su visita a Moscú, a mitad del mes de abril, el presidente Karimov le trasladó a su homólogo ruso, Vladimir Putin, su deseo de mejorar las relaciones diplomáticas y económicas entre los dos países. Esta iniciativa fue bien acogida por Putin, quien, en la comparecencia ante los medios de comunicación tras el encuentro con Islam Karimov, afirmó que expertos rusos y uzbecos trabajarían conjuntamente para acordar nuevas vías de cooperación. En octubre se firmó un acuerdo de colaboración estratégica que prevé inversiones y colaboración militar. De esta manera, los dos Gobiernos se comprometen a desarrollar un sistema de seguridad conjunto que requiere de la implicación de los Ministerios de Defensa, Interior, Asuntos Exteriores y el Consejo de Seguridad, con el objetivo de luchar contra el terrorismo, el trafico de drogas y el crimen organizado.

En este intento de Karimov de mejorar sus relaciones con los países vecinos, sorprende la reunión de finales de noviembre con el presidente de Turkmenistán, Saparmurat Niyazov, ya que habían pasado cuatro años desde que los dos mandatarios tuvieran el último encuentro. Durante la cumbre bilateral, celebrada en la ciudad uzbeka de Bujara, se firmaron varios acuerdos importantes, como la libre circulación de sus ciudadanos a través de su frontera común y el incremento de la relaciones comerciales. La relación entre ambos países no ha sido cordial desde que consiguieron la independencia en 1991 a causa de las acusaciones mutuas de permitir el contrabando en su frontera común y de los enfrentamientos armados entre sus policías fronterizos. Pero desde 2002, la tensión y el intercambio de declaraciones ofensivas de los dos autoritarios líderes creció de intensidad cuando el presidente turkmeno acusó a Uzbekistán de ser cómplice de un intento de asesinato en noviembre de 2002, ya que la persona que se declaró culpable afirmó que funcionarios uzbecos le ayudaron a planificar el atentado y le ayudaron a entrar a Turkmenistán a través de su frontera común. El acercamiento de Uzbekistán a Rusia y a Turkmenistán coincide con las críticas recibidas desde Estados Unidos por la situación de los derechos humanos, que ha provocado la crispación entre los dirigentes uzbekos.

Aunque un tercio de la población uzbeka vive bajo el umbral de la pobreza y los índices de desempleo son altos, un 80 por ciento en el valle del Fergana, las cifras económicas de los últimos años muestran que el PIB ha crecido en los últimos seis años. En 2004, un 7 por ciento, y el Fondo Monetario Internacional ha alabado la evolución de Uzbekistán. Este organismo cerró su oficina en Tashkent en 2001 durante un año porque las autoridades uzbekas se negaban a implantar las medidas económicas que les recomendaban. Y es que Karimov se ha opuesto a la privatización de las empresas que el Estado controlaba desde la desintegración de la URSS. En los últimos dos años se han privatizado algunas compañías estatales, pero el FMI sigue pidiendo a las autoridades uzbekas reformas económicas.



Cronologia año  2004
7 de enero. El Banco de Desarrollo Asiático concede a Uzbekistán un préstamo de casi 75 millones de dólares para la reconstrucción del sistema de regadío.

19-20 de enero. El presidente de Uzbekistán, Islam Karimov, visita Kuwait con el objetivo de potenciar el comercio con este país.

2 de febrero. El nuevo embajador estadounidense, John Robert Purnell, declara que su país no reducirá las ayudas a Uzbekistán aunque la Secretaría de Estado haya criticado el estado de los derechos humanos.

9 de febrero. El presidente de Uzbekistán se reúne con sus ministros para comentar los resultados económicos y el desarrollo social del año 2003.

11 de febrero. Los vicepresidentes de Kazajstán, Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán se reúnen para determinar la puesta en práctica de las medidas pactadas en enero para controlar el flujo del río de Syrdarya.

14 de febrero. El presidente Karimov envía una carta a su homólogo kazako en la que culpa a Kirguistán de los problemas del río de Syrdarya.

15 de marzo. Un sacerdote residente en Uzbekistán denuncia que el Ministerio de Justicia ha rechazado dos veces en tres meses la petición del registro de una Iglesia en ese país.

23 de marzo. Karimov recibe al presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, en la capital uzbeka. Durante el encuentro se trataron temas relacionados con las redes regionales de energía y medidas para consolidad la seguridad centroasiática.

28 de marzo. Dos mujeres se inmolan en Tashkent causando varios muertos y heridos. También se produjeron varias explosiones que se atribuyeron a actos terroristas perpetrados en diversos lugares del país.

29 de marzo. La organización islámica radical Hizb ut-Tahrir niega su implicación en los actos terroristas ocurridos en Uzbekistán.

1 de abril. El ministerio de Interior anuncia que una célula de Al Qaeda está detrás de los atentados terroristas.

2 de abril. El fiscal general uzbeco, Rashid Qodirov, anuncia que en los días anteriores murieron 33 terroristas, 10 policías, y cuatro civiles. Además, 35 personas resultaron heridas en Tashkent.

6 de abril. El Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) anuncia que ha decidido limitar sus actividades en Uzbekistán debido a la falta de iniciativas del gobierno uzbeco para ejecutar las reformas económicas sugeridas.

9 de abril. El fiscal general uzbeco anuncia que 54 personas han sido detenidas y que otras 45 están en libertad con cargos en relación con las acciones terroristas.

15 de abril. La compañía uzbeka Uzbekneftegaz y la rusa Gazprom firmaron por 15 años un acuerdo para producción y extracción compartida del gaseoducto de Shakhpakhty, en Uzbekistán.

29 de abril. El presidente Islam Karimov afirma que los responsables de los incidentes del 29 al 31 son de origen paquistaní.

30 de abril. Estados Unidos concede medio millón de dólares al Ministerio de Defensa uzbeco para mejorar la seguridad en el país.

12 de mayo. El ministro de Defensa de Rusia visita Uzbekistán para entrevistarse con su homólogo, con el presidente del país y el ministro de Exteriores.

1 de junio. Estados Unidos entrega al gobierno de Uzbekistán un millón de dólares que se destinará a reformas judiciales y mejoras para la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Las fuerzas de seguridad uzbekas evitan que activistas de la oposición celebre una manifestación en Tashkent que pedía la dimisión de Islam Karimov. Esta hubiera sido la primera manifestación contra el presidente en una década.

4 de junio. La hija del presidente, Gulnora Karimov, declara que, por el momento, no tiene previsto dedicarse a la política.

10 de junio. El embajador estadounidense anuncia un paquete de ayudas a Uzbekistán que superan los 7 millones de dólares.

15 de junio. Karimov y el presidente chino, Hu Jintao, se reúnen en Tashkent.

16 de junio. El presidente ruso, Vladimir Putin, visita Tashkent para reunirse con el presidente de Uzbekistán.

7 de julio. Islam Karimov firma un decreto para crear una Cámara de Comercio en Uzbekistán.

26 de julio. Se celebra el juicio contra quince personas por su presunta implicación en los atentados del 28 de mayo al 1 de junio.

30 de julio. Las embajadas de Estados Unidos e Israel y la oficinal del Fiscal General en Tashkent se convierten en el nuevo objetivo de los terroristas suicidas. Las explosiones, que tuvieron lugar de manera simultanea, mataron a tres personas e hirieron a otras ocho. Una desconocida organización, “Grupo santo islámico de la guerra en Uzbekistán", se atribuye la autoría de los atentados en su página web.

31 de julio. Karimov señala a Hizb ut-Tahrir como la organización responsables de los atentados.

9 de agosto. El fiscal general afirma que dos de los tres terroristas suicidas eran extranjeros, pero no aclara sus nacionalidades.

6 de septiembre. Empieza el juicio en Bujara contra las dieciséis personas involucradas en las explosiones de finales de marzo.

11 de octubre. El canciller alemán, Gerhard Schroeder, se reúne con el primer ministro uzbeko, Shavkat Mirziyoev.

8 de octubre. El gobierno de Gran Bretaña retira a su embajador en Uzbekistán, Craig Murria, que días antes criticó abiertamente al Gobierno uzbeco por no respetar los derechos humanos.

18 de octubre. Rusia se une a Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán en la Organización para la Cooperación de Asia central.

20 de octubre. El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop, se reúne con el presidente de Uzbekistán.

 


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