Anuario 2004
Alemania
"La crisis económica y los recortes sociales pasan factura al canciller Schröder"
Laura Gamundí

Han pasado 15 años desde la caída del muro, pero la economía alemana no consigue deshacerse del lastre que supuso la reunificación. La división política y económica entre el este y el oeste es cada vez más acusada y la ansiada recuperación parece inalcanzable. Aquellas inversiones llevadas a cabo desde 1989 por los alemanes occidentales para activar la economía del Este han costado sangre, sudor, lágrimas y una recesión económica que lleva visos de eternizarse. El ex canciller y democristiano Helmut Kohl, artífice de la Unión de 1990, empezó a combatir la recesión mediante una serie de medidas destinadas a recortar las prestaciones sociales. Estos planes provocaron el rechazo de los sindicatos y del actual canciller alemán, Gerhard Schröder, que por aquel entonces estaba en la oposición. Es curioso porque la misma situación que acabó con Kohl ha sido la misma que ha forzado la dimisión de Schröder.
La historia se repite. En 2003 Schröder anunciaba una fórmula muy similar a la empleada por Kohl: una batería de recortes sociales conocida como la Agenda 2010, que sembró el descontento en la sociedad alemana. Hasta el momento, ésta parece ser la única salida posible para suturar la crisis.

Fue, precisamente en el este de Alemania donde más arreciaron las protestas contra los recortes sociales, la reforma del desempleo y la precaria situación del mercado laboral. Y es que una de las principales causas del desastre económico que vive Alemania es el paro, que en las regiones del Este ha tenido un porcentaje en torno al 20%, el doble que en el oeste .

La difícil situación que atraviesan los alemanes del Este no ha pasado desapercibida para el nuevo presidente de alemania, Horst Köler, quien señaló como uno de sus objetivos prioritarios "equiparar las condiciones de vida entre el este y el oeste del país". Según Köler, los ex dirigentes de las dos Alemanias, Helmut Kohl, en el oeste, y Lothar de Maizière, en el Este, efectuaron una reunificación sin visión de futuro y dejaron reformas pendientes en el Oeste. Por esta razón, “Alemania necesita una renovación”, dijo. Tiempo después aseguraba: “No puede haber iguales condiciones de vida en todas partes. El que quiera nivelar las condiciones de vida en todas partes sacrifica el Estado de las subvenciones y carga sobre los hombros de las generaciones futuras un peso insoportable”.

Las elecciones que se celebraron en los Estados federados del este del país, Sajonia y Brandeburgo, confirmaron el descontento de la población. Los buenos resultados que obtuvo la extrema derecha (los mejores, en seis años) y el ascenso de los neocomunistas del PDS son la expresión del desencanto y la nostalgia reinante en el Este. Con un 9% de votos, el Partido Nacional Democrático de Alemania (NPD), ultraderechista y con un componente neonazi, entró en el Parlamento de Sajonia; y los también ultraderechistas Unión del pueblo Alemán (DVU), que alcanzaron el 6% de los votos, mantuvo sus escaños en Brandeburgo. Fue un voto que tuvo más de castigo que de ideológico. No hace falta decir que aunque por ahora esto son sólo indicios de una tendencia política, la continuidad de la extrema derecha supondría una amenaza para el sistema democrático alemán. Mientras que el SPD se mantuvo como el partido más votado en Brandeburgo, los democristianos experimentaron una estrepitosa caída.

Cada cinco años, el presidente de Alemania es elegido por 603 diputados del Parlamento Federal y delegados de las Cámaras de los Estados federados. La Democracia Cristiana (CDU/CSU) contaba con 543 votos, por lo que sólo eran necesarios los 82 votos más del Partido Liberal Demócrata (FDP). Este año, el ex director del FMI Horst Köler, cuya candidatura fue apoyada por los dirigentes de la oposición democristiana, CDU y CSU, Angela Merkel y Edmund Stoiber, más el partido liberal FDP, salió elegido nuevo presidente federal de Alemania en la Asamblea Federal el 23 de mayo en la primera vuelta y con un voto por encima de la mayoría absoluta necesaria. Una designación que acabó derivando en un patético episodio de rivalidad entre la presidenta de la CDU, Angela Merkel, y Edmund Stoiber, del partido la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU). A ambos dirigentes les preocupaba ver reafirmado su liderazgo.



Año electoral

2004 ha sido un año plagado de elecciones, lo que ha significado un auténtico calvario para las dos formaciones políticas mayoriatarias, SPD y CDU. Los dos partidos han perdido votos pero, mientras que el SPD experimentaba una ligera mejora a final de año, la CDU empeoraba. El candidato de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), Ole von Beust, se hizo con Hamburgo, el bastión socialdemócrata. El resultado fue arrollador, ya que obtuvo el doble de votos que en 2001.

En las elecciones europeas y en Sarre los socialdemócratas alemanes siguieron acumulando derrotas. El resultado de los comicios europeos fue el peor obtenido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La Democracia Cristiana obtuvo el 44,5% de votos frente al 21,5% del SPD. El elevado porcentaje de abstención, nada menos que el 43%, reflejaba el descontento de la población con el partido del canciller alemán.

En Sarre, el candidato socialdemócrata, Heiko Mas, sufrió también su peor derrota en ese miniestado del oeste de Alemania: 48% de votos de la Democracia Cristiana contra el 30,8% de los socialdemócratas.

Los conservadores de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) ganaron las elecciones municipales de Renania del Norte-Westfalia, aunque bajó en porcentaje de votos. Es muy probable que la presidenta de la CDU, Angela Merkel, fuera la máxima responsable de este descenso. Ante la perspectiva de crear más puestos de trabajo, Merkel tiene previsto endurecer el programa de recortes sociales emprendido por Schröder. Entre las medidas que pretende llevar a cabo figuran la ampliación de la jornada laboral hasta un máximo de 73 horas semanales pero sin aumento de salario y facilitar el despido libre durante los tres primeros años. Aparte de esto, Merkel protagonizó la mayoría de crisis internas de su partido: sus discrepancias con Edmund Stoiber, primer ministro de Baviera de la Unión Social cristiana (CSU), sobre las reformas sanitarias, el referéndum convocado para evitar el ingreso de Turquía, la deserción de Friedrich Merz de la cúpula del partido… Todo esto contribuyó al deterioro de su liderazgo. Sin embargo, hoy la figura de Merkel continúa intacta. La presidenta de la CDU es la alternativa “indiscutible” al Gobierno rojiverde.



El descenso del SPD

La coalición de los verdes y el SPD también sufrió una importante pérdida de electores. La crisis culminó con la dimisión de Gerhard Schröder al frente del SPD. Si ya el año 2003 fue lo suficiente desastroso para los sindicatos, este año la oleada de deserciones masivas que se sucedieron en en el seno del partido y en los sindicatos aceleró la carrera cuesta abajo de los socialdemócratas. Esta fuga masiva es consecuencia directa de los recortes sociales, considerados por muchos como una traición al espíritu fundacional del partido. Hoy por hoy, el SPD cuenta con 651.000 miembros, el número de afiliados más bajo desde el fin de la guerra.

La coalición entre socialdemócratas (SPD) y los Verdes lleva gobernando en Alemania desde 1998. A comienzos de año, el SPD estuvo sumido en una espiral de crisis que parecía irreversible pero al final, según los últimos sondeos, experimentó una ligera mejora. El problema de raíz ha sido el programa de recortes sociales anunciado por Schröder, pero también la falta de convicciones y el problema generacional que afecta al partido.Ya es hora de que el partido se esfuerce por encontrar su “fórmula antienvejecimiento” si no quiere desaparecer. La mayoría de sus componentes tiene entre 55 y 70 años, gente anclada en el pasado y carente de ímpetu renovador. La cruzada contra Schröder que protagonizó el ex líder socialista Oskar Lafontaine iba en esta línea y fue determinante para derrotar al canciller. Ciertamente, lo único que consiguió Lafontaine fue aumentar la confusión entre el electorado socialdemócrata. La presión de Lafontaine, ex ministro de Finanzas y antiguo presidente de la socialdemocracia alemana, vino acompañada de una avalancha de críticas proveniente de las bases del SPD que también exigían la dimisión del canciller. Más tarde, Lafontaine amenazó con crear un nuevo partido de izquierda si el canciller no daba marcha atrás en los recortes sociales.

El Estado del Bienestar que Alemania exhibía como un signo de distinción continúa desapareciendo progresivamente. Como prueba: el programa de reformas sociales y el nuevo régimen de desempleo, impulsados por el Gobierno de coalición de centroizquierda SPD- Los Verdes y apoyados por los democristianos (CDU/CSU). Es la primera vez, desde la guerra, que se producen rebajas en las jubilaciones con el objetivo de financiar la sanidad. Ahora los jubilados se ven obligados a pagar medicinas y servicios sanitarios que siempre habían sido gratuitos. Y para más inri, el creciente deterioro del sector de los servicios públicos está causando verdaderos estragos en la población. Hoy en Alemania instalar una línea telefónica puede llevar hasta dos meses, y la puntualidad de los trenes se ha convertido en un mito.

A partir de la dimisión de Schröder se sucedieron importantes cambios en el partido. Además del presidente, dimitió también el máximo cargo ejecutivo del partido, el secretario general, Olaf Scholz, que antes de abandonar el partido había sido acosado por las bases durante un congreso. Finalmente, Frank Müntefering fue propuesto por Schröder como presidente del SPD. Ahora se espera que el nuevo sustituto inicie un cambio de rumbo y consiga sacar al partido de la crisis. Müntefering propuso como nuevo secretario general del SPD al diputado berlinés Klaus Uwe Benneter.



Economía en crisis

El elevado déficit, el aumento del paro, el envejecimiento de la población y la economía sumergida son los principales ejes sobre los que pivota una crisis financiera que viene prolongándose desde hace tres años. Con el índice de crecimiento más bajo de toda Europa, hace tiempo que Alemania ha dejado de ser el motor de la economía europea para convertirse en un país económicamente convaleciente. Su tendencia inflacionista está abriendo una perspectiva muy negra para el conjunto de la UE. Según la Oficina de Estadísticas, el déficit público alemán sobrepasó el 4% del PIB durante el primer semestre, de ahí que las probabilidades de respetar el Pacto de Estabilidad exigido por la Comisión Europea (mantenerse por debajo del 3%) en 2005 sean prácticamente inexistentes. Sin embargo, el último informe de la UE se muestra algo más optimista.

Durante el segundo semestre y gracias a las exportaciones alemanas el PIB aumentó un 5% respecto al año anterior. A pesar de que las posibilidades de recuperación quedan aún lejos, las privatizaciones han sido una de las principales apuestas del Gobierno para frenar la crisis. Sin embargo, y como era de esperar, la venta de las acciones estatales en Correos y Deutsche Telekom fue duramente criticada por expertos en economía y por las dos formaciones de la oposición democristiana (CDU y CSU). Con una alarmante cifra de 4, 5 millones de parados, el desempleo sigue creciendo en Alemania (el año pasado el índice de parados fue de 4 millones). Para dinamizar el mercado laboral, Schröder propuso el recorte de la prestación por desempleo. Esta reforma laboral, que entrará en vigor el 1 de enero de 2005 y afectará a 3 millones de personas, la mitad de los cuales procedentes de la Alemania del Este, tendrá un fuerte impacto en la clase media. Ésta notará cómo sus ingresos descienden mientras la clase baja resulta beneficiada. La fusión de los subsidios por desempleo con la asistencia social hará posible esta prestación. Ante la perspectiva de una crisis financiera se ha dado una situación perversa: la gente reprime el gasto, lo que provoca que baje la demanda. Todo esto hace aún más difícil la recuperación económica.

Como aquellas protestas que en 1989 ayudaron a derribar el régimen socialista en la República Democrática Alemana (RDA), miles de alemanes salían todos los lunes a manifestarse en contra de la reforma del seguro del paro.

El canciller se desplazó hasta Washington para tratar el tema de la debilidad que estaba adquiriendo el dólar frente al euro, una situación que perjudica directamente a la economía alemana, que depende en gran parte de las exportaciones. Sin embargo, a Washington no le interesa fortalecer su moneda porque la debilidad del dólar está ayudando a frenar su déficit comercial.

El encuentro comportó, además, una mayor colaboración entre ambos dirigentes en materia de terrorismo y en la presencia de Alemania en Afganistán. EE UU acepta que Alemania no envíe soldados a Irak y que su papel en el conflicto se limite a la formación de policías iraquíes (fuera de Irak) y al desarrollo de infraestructuras.



Cronologia año  2004
6 de febrero. Schröder dimite como presidente de del SPD

16 de febrero. Berlín niega que quiera dominar la UE con Francia y Reino Unido

24 de febrero. Schröder viaja a Turquía para respaldar su ingreso en la UE

2 de marzo. El SPD, derrotado en las elecciones de Hamburgo

21 de marzo. Munteffering es elegido presidente del SPD

3 de abril. Protestas contra los recortes sociales en Alemania e Italia

20 de mayo. La CDU elige a Hans Filbinger, un ex juez nazi, para elegir al presidente de Alemania.

24 de mayo. El ex director del FMI es elegido nuevo presidente de Alemania

14 de junio. El SPD, derrotado en las elecciones europeas

6 de septiembre. El SPD sufre en Sarre su peor derrota desde 1960

14 de octubre. Francia y Alemania, en contra de que EE UU y la OTAN cooperen en Afganistán.

16 de octubre. La presidenta de la democracia cristiana, Angela Merkel, renuncia a recoger firmas contra el ingreso de Turquía en la UE.

 


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