Anuario 2004
Arabia Saudí
"Amago de miniapertura democrática"
Miquel Torán

2004 tenía que ser el año de las primeras elecciones de la historia de Arabia Saudí. Unos comicios modestos, en los que se elegiría a la mitad de los miembros de los 178 consejos municipales pertenecientes a las 13 provincias saudíes. Pero aunque el paso dado por Arabia Saudí fue alabado por la comunidad internacional, eran unos comicios peculiares. El 70% de la sociedad tiene menos de 21 años, y esta es la edad minima establecida por la ley para ejercer el sufragio. A este número de votantes habría que restar los militares y las mujeres, ya que ambos grupos no tienen derecho a voto. En total, únicamente cuatro millones de los 26 que tiene el país estaban llamados a las elecciones de noviembre. Además, a los comicios no se presentarían partidos (entre otras cosas, porque no están permitidos), sino únicamente candidatos “independientes”. Pero a última hora se decidió posponer los comicios convocados para principios de noviembre y retrasarlos hasta febrero de 2005 por “problemas de organización”. Si se había esperado 70 años para alcanzar una elecciones, un par de meses tampoco iban a enojar a nadie.
Arabia Saudí es una monarquía absoluta, regida por los preceptos de la sharia, la ley coránica: el rey Fahd controla el Ejército, tiene competencias en religión y a la vez ostenta el cargo de primer ministro. Las altas instituciones del Estado están dirigidas por sus hermanos o hermanastros, y en la Administración está colocada gran parte de la familia real (algo que tiene mucho mérito, ya que la integran casi 20.000 miembros de “sangre azul”). El rey Fahd dejó entrever que si los comicios funcionaban (no se sabe muy bien lo que esto quiere decir), se podría ampliar la elección a la otra mitad de los concejales y a otras instituciones estatales.

Es imposible saber si este mínimo aperturismo es real, o si simplemente es una jugada para aparentar de cara a la comunidad internacional que Arabia Saudí está dando los primeros pasos hacia la democrácia. Uno de los puntos de inflexión puede producirse cuando muera el rey Fahd, de 80 años, y se aclare la sucesión. En 1989 Fahd nombró como sucesor a su hermanastro Abdullah, que ocupó el trono temporalmente durante ese mismo año y en 1995, cuando el actual monarca padeció un cáncer y una embolia cerebral. Ha sido el verdadero regente del país desde entonces. Pero Abdullah tiene 80 años, y por tanto, tampoco es un relevo a largo plazo en el caso de que Fahd muera antes que él.

En 1990 Arabia Saudí permitió a Estados Unidos que instalara bases militares dentro de su territorio para poder atacar a las tropas de Saddam Hussein que habían invadido Kuwait. La colaboración creó al régimen saudí muchas enemistades: tanto en los paises arabes, como dentro de su propia nación, ya que Arabia Saudí es el guardián de los lugares santos de La Meca y Medina. La relación de Estados Unidos con Arabia Saudí viene dada, sobre todo, por la dependencia estadounidense del petróleo (actualmente Arabia Saudí proporciona el 18% del petróleo importado a EE.UU). Una parte de la clase dirigente saudí es muy contraria a la permanencia de tropas estadounidenses en las bases instaladas en su territorio, no toleran que haya “tropas infieles” en lugares santos.

Abdullah, uno de los candidatos a suceder al rey Fahd, quiere recuperar la situación anterior a la Guerra del Golfo y que los estadounidenses abandonen sus bases. La otra rama de la familia real que quiere suceder a Fahd es la encabezada por su hermano Sultán, actual ministro de Defensa, de 79 años. El radicalismo islámico que profesa lo hacen bastante próximo a Bin Laden y a los sectores más radicales del wahabismo. Después de Sultán, la línea sucesoria no está nada clara, y esto pone nervioso a Estados Unidos y al resto de países con intereses en Arabia Saudí (hay que tener en cuenta que es el mayor productor de petróleo del mundo).

Algunos miembros de esta familia real y algunos sectores de la élite saudí podrían estar financiando organizaciones ligadas con Al Qaeda. Según un reportaje del The New York Times que citaba fuentes del espionaje estadounidenses, el Gobierno de Arabia Saudí financiaba desde 1996 a grupos extremistas como Al Qaeda y Hamas. Lo hacía mediante donaciones de beneficencia, que, según el Gobierno de Riad, eran desviadas a sus espaldas hacia fines terroristas. Pero aunque algunos informes de la inteligencia, filtrados a diarios estadounidenses, apuntan a que Arabia Saudi apoya las acciones de Al Qaeda contra intereses occidentales, los saudíes tampoco se libran de los atentados. Los trabajadores occidentales que trabajan en las empresas petrolíferas han sido los blancos de Al Qaeda en el reino saudí durante este año. Dos americanos, dos británicos y un australiano murieron en un tiroteo en una planta petrolifera el 1 de mayo. A finales de ese mismo mes un secuestro en un complejo residencial de lujo se saldó con la muerte de 22 extranjeros, 5 de ellos occidentales, y unos días después tres trabajadores estadounidenses más eran asesinados en las calles de Riad. La reacción saudí no se hizo esperar, y después de asegurar que la inestabilidad no haría variar la producción de crudo, abatió al líder de la célula de Al Qaeda en su país. Se calcula que el número de miembros de Al Qaeda en Arabia Saudí es de más de 2.000, la mayoría de ellos pertenecientes a “celulas durmientes”, no conectadas entre ellas, perfectamente integradas en la vida cotidiana y preparadas para actuar en cuanto se las activa.

La sospecha que se cierne sobre el sector más radical de la política saudí (el sector que no quiere que el relevo del rey Fahd sea el príncipe Abdullah) es que puede estar financiando a Al Qaeda para decantar la sucesión del lado de otro príncipe, más afin a sus propositos conservadores. En diciembre, un vídeo de Bin Laden amenazaba a la monarquia saudí, a la que acusaba de “violar las reglas de Dios”, en alusión al apoyo que dan a Estados Unidos, y proponía que el precio del petróleo llegara a cien dólares por barril “como poco”, para “compensar los precios bajos que, durante años, han favorecido a los estadounidenses.

El 25% de las reservas petrolíferas descubiertas en el mundo están en manos de Arabia Saudí, que produce el 16% del crudo que se consume. El régimen wahabí es, por tanto, el enclave más estratégico del mundo, sobre todo para aquellos países que o no tienen petróleo, o, como Estados Unidos, no quieren explotar sus reservas estratégicas. Y la inestabilidad en Arabia Saudi contribuye a que el precio del petróleo suba. 51 dólares ha llegado a costar el barril de Brent este 2004, cuando a principios de año estaba a 32. En octubre se alcanzaron los 51 dolares, debido a la fuerte demanada y a inestabilidad en algunos paises productores como Nigeria. Hasta entonces la OPEP había ido aumentando la producción para amortizar el alza de precios, pero después de que el coste comenzara a bajar hasta los 44 dolares de finales de diciembre, la OPEP redujo la producción para evitar una caída en picado de precios. Gran parte del esfuerzo del aumento de producción lo realizó Arabia Saudí, con casi un millon de barriles más por dia, lleganod al límite de la capacidad de extracción de este país.

Pero pese a que podría parecer que los saudíes no tienen por qué tener excesivos problemas económicos, la realidad es que el dinero proviniente de la exportación de petróelo no revierte en la mayoría de la sociedad. El 6% del aumento anual del PIB no es suficiente para atender las necesidades sociales de la población, que cada año crece un 3,8%. Los gastos en defensa y en la Casa Real dejan a los ministerios “sociales” con muy pocos recursos y el pueblo es cada vez más pobre. Según el Banco Mundial, la poblacíon saudí ha perdido la mitad de su poder adquisitivo en 20 años.



Cronologia año  2004
4 de enero. La policía desactiva una bomba en una zona residencial de Riad.

1 de febrero. 250 personas mueren en avalanchas en La Meca.

21 marzo. El ministro de exteriores saudí critica el plan de democratización del Próximo Oriente que pretende EEUU ya que "son culturas diferentes y asuntos propios de cada país".

2 de abril. Arabia Saudí se compromete a mantener los niveles de explotación de crudo a un nivel elevado para que no haya psicosis de desavastecimiento..

13 de abril. Militantes islàmicos matan a 4 policias en Arabia Saudí.

21 de abril. Ataque suicida contra la sede de los servicios de seguridad. 4 muertos

1 de mayo. Cinco occidentales mueren a tiros en una planta petrolera.

29 de mayo. 16 muertos en tres atentados terroristas de Al Qaeda en Arabia Saudí.

30 de mayo. El ejercito saudí libera a decenas de rehenes y eleva a 22 la cifra de muertos.

2 de junio. La policía saudí abate a dos presuntos terroristas.

12 de junio. Asesinado el tercer occidental en una semana en Arabia Saudí.

18 de junio. Al Qaeda decapita a un secuetrado estadounidense.

20 de junio. Arabia Saudí amenaza de muerte a los radicales si no se arrepienten.

21 de junio. Un antiguo policía nuevo jefe de Al Qaeda en Arabia Saudí.

23 de junio. El rey de Arabia Saudí ofrece una amnistía limitada a los terroristas que se entreguen antes de un més.

18 de julio. Arabia Saudí anuncia la detención de 27 terroristas.

29 de julio. Arabia Saudí propone una fuerza militar musulmana para la estabilización de Irak.

4 de agosto. Arabia Saudí propone una fuerza militar musulmana para la estabilización de Irak.

6 de agosto. Detenido Al Zaharni, un líder de Al Qaeda que figuraba en la lista de terroristas más buscados.

12 de septiembre. Arabia Saudí convoca las primeras elecciones (municipales) de su historia.

 


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