Anuario 2004
Palestina
"El pueblo sin Estado se queda sin líder"
Miquel Torán

Arafat: el líder, el terrorista, el negociador, el corrupto, el hombre que era capaz de sentarse a negociar con su enemigo más odiado y que a la vez dirigía en la sombra a grupos terroristas, el rais, Yasser Arafat, ha muerto este 2004 y ha dejado huérfana de un líder a Palestina.
A finales de octubre se empezó a entrever que el final de una era estaba cercano. Yasser Arafat, de 75 años, enfermó y los rumores sobre su mal estado de salud empezaron a focalizar las informaciones de las televisiones, los diarios y las radios de todo el mundo en esta zona de Oriente Próximo. Arafat llevaba confinado en la sede de la Autoridad Nacional Palestina, en la Mukata, en Ramallah, desde el año 2001, cuando Israel le sometió a “arresto domiciliario” después del estallido de la segunda intifada. Las condiciones en las que vivía Arafat no eran muy distintas a las del resto de palestinos: sin electricidad, mal alimentado, rodeado de escombros... Los primeros en visitarle fueron médicos jordanos que aconsejaron su rápida evacuación a un hospital: o bien al de Ramala o a uno en el extranjero. Israel no se negó y Arafat fue evacuado el 29 de octubre a París para ser tratado de su misteriosa enfermedad. Primero se especuló con que padeciera cáncer o que hubiera sido envenenado, pero más tarde los médicos franceses desmintieron estas informaciones sin llegar a aclarar la razón del grave estado del presidente palestino. Después de estar más de una semana en coma, y tras numerosos rumores sobre su muerte, el 11 de noviembre a las cinco de la madrugada fue anunciada en París la muerte de Yasser Arafat.

Después de la muerte de Arafat sus poderes han sido divididos. Abu Mazen (nombre de guerra de Mahmud Abbas) ha sido designado presidente de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), que es la organización que dirige la estrategia que debe tomar la ANP (Autoridad Nacional Palestina) tanto en política interior como en diplomacia internacional. Abu Ala (Ahmed Qurei) continuará como primer ministro de la ANP hasta las elecciones de junio de 2005. El presidente del Consejo Legislativo (el Parlamento), Rahui Fatuh, será el presidente interino hasta las elecciones del 9 de enero. Y la dirección de Al Fatah, el partido fundado por Arafat, ha ido a parar a manos de Faruk Addumi, un radical exiliado en Túnez y que no aceptó los acuerdos de Oslo.

A la muerte de Arafat se suma la profunda crisis de confianza que sufre la ANP, que es vista con recelo por gran parte del pueblo palestino. La ANP nació en 1996 como órgano para administar los territorios traspasados por Israel a Palestina fijados en los acuerdos de Oslo. La ANP ha ido ganando competencias de administración civil con los años, pero la seguridad interior está administrada en casi el 20% del territorio por el Ejercito Israelí. La ANP tiene las competencias habituales de un gobierno: agricultura, sanidad, educación, industria, etc… pero muchas veces le es imposible ejercer la administración de ciertas zonas porque Israel lo imposibilita con la permanencia de tropas o con la ocupación de las colonias.

Con todo este panorama, es difícil pronosticar el futuro de Palestina. El candidato con más números para convertirse en presidente de la ANP después de las elecciones del 9 de enero es Abu Mazen. El candidato designado de momento por Al Fatah cuenta con respaldo internacional ya que es uno de los artífices de los acuerdos de Oslo y siempre ha estado en contra de la militarización de la intifada y de los atentados terroristas contra Israel. Pero pese a tener este buen nombre en el extranjero, en los territorios ocupados no es muy popular y representa a la vieja guardia. Está implicado en algunos asuntos de corrupción, en la calle es considerado demasiado blando con los israelíes y no representa un cambio sustancial respecto a Arafat. Pero las alternativas no son pocas: van desde el candidato preferido por Israel o Estados Unidos al preferido por los grupos terroristas.

El preferido por las bases de Al Fatah es Maruan Bargutti, pero está condenado a cinco cadenas perpetuas en Israel, acusado del asesinato de civiles israelíes a manos de las milicias Tanzim, que presuntamente dirigía Bargutti. Dos encuestas de la universidad palestina de Bizreit y del Centro Palestino para la Política revelaban que Bargutti era el preferido por el 50% de los palestinos como presidente; tras él se situaban dirigentes de Hamas, y Abu Mazen y Ahmed Qurei solo conseguían un 3% de apoyo cada uno. Bargutti es llamado “el Nelson Mandela de Palestina” por medios de comunicación árabes y hebreos, y se cree que, llegado el momento, Israel podría permitir que saliera de prisión. La popularidad de Bargutti viene dada por la visión de cambio que tienen de él los palestinos: nunca se ha visto implicado en casos de corrupción, está muy vinculado a la calle, ha criticado a la ANP por su enquistamiento, lideró la segunda intifada en Cisjordania y aunque en ocasiones ha caminado al lado de grupos terroristas cree en una salida pacífica del conflicto… Refleja al palestino medio. Incluso en ciertos sectores políticos de Israel no se le descarta como interlocutor ya que ha mantenido conversaciones con algunos políticos israelíes (aprendió hebreo en la cárcel) y tiene contactos con gente influyente en Hamas y en la Yihad Islámica.

Otro de los políticos con posibilidades en unos comicios, pero que también es del mismo partido que Mazen, Al Fatah, es Mohamed Dahlan. Es el candidato mejor visto por Estados Unidos e Israel; fue ministro de Seguridad en el breve periodo de Abu Mazen como primer ministro y, con Arafat, era el jefe de la Seguridad Preventiva en Gaza, su feudo. Pero la relación entre él y Arafat no fue fácil ya que Dahlan consideraba que el rais debía ceder autoridad sobre la seguridad y atajar la corrupción, y dimitió de su cargo en 2003. Dahlan había reconocido en diversas ocasiones, antes de la muerte de Arafat, que había mantenido contactos con Maruan Bargutti para realizar una “alianza estratégica”; el plan era que si Bargutti era el sucesor de Arafat y se convertía en presidente, Dahlan sería el primer ministro. Uno controlaba a las bases, tenía contactos con los grupos más radicales, y el otro influía en las fuerzas de seguridad y mantenía buenas relaciones con Estados Unidos, Europa y el mundo árabe.

Abu Mazen, Maruan Barguti y Mohamed Dahlan representan a tres corrientes muy diferentes de Al Fatah, que en un futuro podrían fraccionar al partido. Pero el mayor enemigo político de ellos tres y de los partidos laicos pueden ser los movimientos islamistas, si no se cuenta con ellos para la transición. La Yihad Islámica, y sobre todo Hamas han desempeñado durante los últimos años el papel que no quería o no podía realizar la ANP. Este es uno de los factores que han propiciado que estos movimientos tengan tantos seguidores, sobre todo en la franja de Gaza, el más abandonado de los territorios palestinos. Hamas, acrónimo de Movimiento de Resistencia Islámica, no ha tenido un buen año. El 22 de marzo era asesinado su fundador y líder, el jeque Yassin, por parte del Ejército de Israel. Yassin no se consideraba a sí mismo ni a sus hombres como terroristas, sino como mártires de la causa palestina que luchaban por el establecimiento de un Estado islamista en Oriente Próximo que permitiera el retorno de los cuatro millones de palestinos en el exilio. Su sucesor, el aún más radical Abdelaziz Rantisi, no duró en el cargo ni un mes: murió cuando helicópteros israelíes lanzaron misiles contra su coche. Después de estar siete meses sin un líder que agradara a todos los sectores de Hamas, en noviembre fue excarcelado el jeque Hassan Yosef, un radical que quiere que la Intifada continúe y está contra la convocatoria de las elecciones presidenciales, y fue nombrado nuevo jefe de Hamas.

Hamas ejerce de contrapeso a la ANP y en ocasiones ha sido muy crítica con Arafat, aunque no traspasaba ciertos límites y era respetuosa con la forma de llevar el país del rais. El logro más importante de Hamas es la red de servicios sociales, desarrollada sobre todo en Gaza, uno de los lugares más densamente poblados del mundo, donde, por ejemplo, hay un hospital publico por cada 700.000 personas, que obviamente está desbordado. Hamas administra escuelas, hospitales, comedores y por supuesto la seguridad parapolicial. Tiene miles de voluntarios y financiación de países como Irán, Arabia Saudí o Siria. Su brazo armado, Ezzedin Al Qassam, ha causado casi un centenar de muertos en atentados contra ciudadanos israelíes durante todo el año 2004 y recientemente se ha publicado que cuenta con 400 mártires dispuestos a inmolarse. El grupo terrorista Yihad Islámica es mucho más radical, menos poderoso y carece de red social. Está formado por grupos que a menudo actúan de manera independiente y está muy influido por la revolución islamista de Irán.

La ANP no quiere que el único partido que se presente a las elecciones sea Al Fatal: ha propuesto a Hamas que también compita por la presidencia, pero el grupo integrista se ha negado si los comicios presidenciales no van acompañados de elecciones legislativas y locales; Hamas quiere una cambio total. Se calcula que en unas elecciones lograría el 25% de los votos de todos los territorios ocupados. Estos mismos sondeos otorgan un porcentaje de un 5% a Yihad Islámica. El éxito de estas organizaciones vienen dado por que parte del pueblo se ve reflejado en ellas: son contrarias a la corrupción en la ANP, están en contra de los acuerdos de Oslo y luchan (a menudo con técnicas terroristas) contra Israel.

No parece que a corto plazo la presidencia sea un objetivo de Hamas, y se da casi por descartado que se presenten a los comicios de enero, pero dentro de no mucho tiempo podría suponer una gran competencia política para los partidos laicos. Y más aún cuando en Al Fatah afloran luchas internas y las pugnas por el control del partido.

Posiblemente las elecciones del 9 de enero no reflejarán hacia dónde quiere dirigirse la sociedad palestina ya que el boicot de los partidos islámicos puede ser suficientemente representativo. Pero con la elección del Parlamento en junio los palestinos deberán decidir si quieren un Estado laico o uno religioso, un Estado que abogue por la negociación o uno que luche cuerpo a cuerpo por la tierra.



La Hoja de Ruta, más enterrada que Arafat LADILLO

La muerte de Arafat ha eclipsado al resto de noticias, pero no ha sido la única. Hasta el 17 de octubre de 2004 y desde el 1 de enero habían muerto casi 750 palestinos a manos del Ejército israelí; el número de muertos desde el inicio de la intifada en el año 2000 se elevaba a 3.400. Los israelíes muertos durante este año se acerca al centenar y desde el año 2000 son un millar. Si a esto le sumamos la negativa de Ariel Sharon y de George W. Bush a considerar a Arafat como interlocutor válido y la continuación de la construcción del muro alrededor de Cisjordania, obtenemos una Hoja de Ruta (plan de paz) al que cada vez se lo lleva más el viento.

El muro de separación que Israel construye en Cisjordania ha hecho disminuir el número de atentados, pero no ha acabado con ellos. La ONU ha pedido en diversas ocasiones (no muy insistentemente y siempre con la abstención o la negativa de EE.UU.) que Israel detuviera la construcción del muro, pero el Gobierno de Sharon ha respondido constantemente lo mismo: son asuntos de seguridad interna. Este año el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya ha analizado si el muro que está construyendo Israel es contrario al derecho internacional. La consulta, realizada a petición de la Asamblea General de la ONU, no tenía carácter judicial. Debía servir para dejar constancia de que las nuevas fronteras dibujadas por el muro no son válidas ya que violan el derecho internacional y humanitario. El Tribunal de La Haya emitió su veredicto en julio y pidió a Israel que derribara la barrera e indemnizara a los palestinos, pero Sharon no ha movido ni un centímetro de los 400 kilómetros que tiene el muro, y la comunidad internacional se ha limitado a exigir su paralización; las sanciones se guardan para mejor ocasión. El mayor problema de la llamada “Barrera de Seguridad” es que el 90% del trazado del muro no respeta las fronteras de la llamada “línea verde”, las fronteras establecidas en el armisticio de 1949. El muro se adentra en territorio de Cisjordania, rodea pueblos y ciudades y aísla a comunidades enteras, separa a los campesinos y a los trabajadores de sus campos y de sus empleos, y destroza el ya débil sistema sanitario y educativo de la ANP. El muro construido hasta ahora se adentra en territorio Cisjordania, incluido Jerusalén este, para que los asentamientos hebreos queden del lado israelí del muro. El mayor miedo de los palestinos y de parte de la comunidad internacional es que Israel utilice una política de hechos consumados y se anexione los territorios confiscados.

Al igual que la muerte de Arafat y la continuación de la construcción del muro, este 2004 nos ha dejado otro hecho que también marcará el futuro del conflicto. La declaración que el presidente estadounidense, George W. Bush, realizó en abril es un cambio radical de la concepción estadounidense del conflicto. En ella Bush respaldaba la construcción del muro y admitía el derecho de Israel a mantener los asentamientos que posee dentro de Cisjordania. Esto significa que Israel no tiene que respetar la resolucion 242 de la ONU, que marca las fronteras del armisticio de 1949 como los futuros límites de un Estado palestino y exige la retirada del Ejército de los territorios ocupados desde 1967. Sobre el terreno la declaración de Bush significa que los judíos que viven en Cisjordania no tienen que abandonar sus colonias y que Israel puede seguir colonizando sin tener que devolver nada a los palestinos en el futuro. Bush también concedía a Israel el permiso para saltarse la resolución 338 de la ONU, que declara la obligación de Israel de negociar el retorno de los cuatro millones de palestinos refugiados y, en caso de que no vuelvan, negociar las indemnizaciones. Con este respaldo estadounidense a la política de Sharon quedan oficiosamente inutilizados los acuerdos anteriores, desde Oslo hasta la Hoja de Ruta, y se da permiso a Israel para que unilateralmente haga y deshaga lo que quiera respecto a las fronteras de Cisjordania y Jerusalén.

Ante esta carta blanca librada por Bush al Gobierno israelí, Sharon lo tiene claro: retirada de Gaza a cambio de territorios en Cisjordania. Después de dos intentos y de numerosas luchas dentro de su partido, el Likud, el plan de evacuación de Gaza se aprobó en julio en el Parlamento israelí. El plan pretende evacuar 21 asentamientos con una población total de 7.500 personas, retirar también a las tropas de la franja y librar el control a los palestinos. Con la excusa de que se utiliza a la Franja de Gaza como campo de pruebas para ver si la ANP es capaz de hacerse cargo de la administración de este territorio, lo que quiere Israel es abandonar un pedazo de tierra árido de 40 kilómetros de largo por 10 de ancho y donde casi no viven judíos (un 1% de la población total), a cambio de ampliar sus dominios en Cisjordania, donde viven 400.000 colonos. La evacuación debería comenzar a principios del 2005 y los colonos desplazados serían reubicados en el desierto del Negev o en Galilea. No es rentable ni económica ni políticamente tener a 7.500 colonos en Gaza y un número muy similar de militares para protegerles, y a cambio lo ganado puede suponer mucho. Anexionarse los territorios en Cisjordania (colonias y zonas de seguridad) supondría para Israel la posibilidad de fijar definitivamente los enclaves en los que viven 400.000 judíos, que ya nunca tendrían que volver a territorio israelí actual.

La Franja de Gaza ha sido, además de por el plan de evacuación, otro de los puntos de interés en Oriente Próximo durante todo el 2004. Las numerosas incursiones del Ejercito israelí en Gaza para realizar una o otra operación antiterrorista han sumido a la Franja en una situación mucho más desoladora que en años anteriores. Los dos principales asedios se produjeron en mayo y en septiembre, cuando murieron 32 y 105 palestinos respectivamente. En la operación de mayo el Ejercito israelí se desplegó a lo largo de la frontera con Egipto para ampliar el llamado “Corredor Filadelfia” e impedir el contrabando de armas en la zona y para ello destruyó cientos de casas cercanas a la frontera . La segunda operación, llamada “Días de Penitencia” fue lanzada después de la muerte de tres personas en un asentamiento de Gaza.

El plan de evacuación de Gaza ha iniciado la carrera de las diferentes facciones Al Fatah y de la ANP, por un lado, y de Hamas y la Yihad Islámica por otro para ver quien se hará con el control cuando el último soldado abandone la franja. Gaza ha tenido tres etapas muy diferentes durante este año. Hasta abril, hasta la muerte del jeque Yassin, la Franja era cada vez más un territorio en manos de Hamas, donde la Autoridad Palestina no tenía ningún poder y donde la anarquía campaba a sus anchas por los barrios pobres de la ciudad de Gaza y del campo de Rafah.

A la ANP le cuesta encontrar apoyos en Gaza: tiene suficiente si consigue controlar las diferentes pugnas por el poder que hay dentro de la propia Administración. Y el problema más grande con el que se encuentra es el control de los cuerpos de seguridad. En verano la revuelta social sobrevoló la Franja durante varios días. La población, liderada por las bases de Al Fatah y por Mohamed Dahlan, pedía el fin de la corrupción en los cuerpos de seguridad que mandaba Arafat. El primer ministro, Ahmed Qurei, llegó a presentar su dimisión para presionar a Arafat para que cediera el control de los cuerpos de seguridad y, finalmente, después de dos meses de manifestaciones, secuestros de dirigentes policiales, un asalto al Parlamento de Gaza y amenazas de guerra civil, el rais decidió ceder competencias y Qurei retiró su dimisión aunque en la práctica las competencias traspasadas eran mínimas. Los cuerpos policiales en Palestina crecen como setas: Arafat controlaba las Fuerzas de Seguridad General (futuras Fuerzas Armadas con 20.000 efectivos), la Policía (otros 20.000 hombres), el espionaje militar y la Fuerza 17 (la seguridad presidencial, el cuerpo mejor entrenado). La mayoría de estos cuerpos no deberían existir, según la comunidad internacional, ya que en los acuerdos de Oslo únicamente se permitía a la ANP disponer de 30.000 policías y prohibía tener un Ejercito.

El control de la seguridad no fue el único detonante de la división en la ANP. Las acusaciones de corrupción alcanzan todos los niveles: los detractores de la política de Arafat le acusan de que el dinero en ayudas de la Unión Europea o del Fondo Monetario Internacional desaparece antes de que revierta en los ciudadanos. Ahmed Qurei ha intentado transmitir una imagen de transparencia para que las instituciones internacionales no cierren el grifo de la ayuda internacional, pero las investigaciones sobre desvío de fondos se multiplican. Un informe del FMI cifraba en 750 los millones de euros, provenientes de ayuda internacional, desviados a cuentas en el extranjero entre 1997 y 2003; la UE, por su parte, investiga la malversación de parte de los 300 millones de euros que dona anualmente. Las acusaciones de que todo este dinero que va a parar a cuentas personales, mientras la población se muere de hambre, hace que la ANP tenga cada vez menos popularidad entre los palestinos.

La ANP recibe anualmente unos 900 millones de euros en ayudas, ya que la devastación causada por décadas de enfrentamientos y el asedio israelí hacen imposible desarrollar la industria, los servicios o la agricultura. Si estas ayudas no existieran, el crecimiento del PIB seria negativo, la riqueza del país habría disminuido en 19 puntos durante el año pasado. Desde el inicio de la segunda intifada la pobreza de la población ha crecido a marchas forzadas. Se han destruido miles de puestos de trabajo tanto de palestinos que trabajaban dentro de los territorios ocupados como de los que trabajaban en territorio israelí. Se calcula que antes de la intifada la tasa de paro era del 10%, ahora alcanza el 30%, y en algunos campos de refugiados el 80%. Un informe del Banco Mundial de noviembre del 2004 advertía del peligro que comporta la gran crisis económica que viven los territorios ocupados. 1.700.000 palestinos viven con menos de 2,1 dolares al día, y 600.000 personas con menos de 1,5 dolares. Si a estos datos nada esperanzadores le sumamos el crecimiento demográfico continuo, estimado en un 3% el 2004, obtenemos una sociedad cada vez más pobre y que por tanto cada vez tiene menos que perder. El ejemplo más gráfico es el estudio realizado por Yoni Fighel, investigador del International Center for Counterterrorim de la Universidad Interdisciplinaria de Herzliya, en el que afirmaba que una cuarta parte de los jóvenes palestinos aseguraban querer ser suicidas de mayores. Un futuro negro para una sociedad que después de la perdida de Arafat tendrá que decidir con hacia dónde quiere caminar.


40 años al frente de los palestinos

Arafat se encumbró como líder de los palestinos en 1967, durante la Guerra de los Seis Días, después de ser el primero que pudo infringir una pequeña derrota a Israel. Hizo recular a las tropas israelís en Al Karameh, una población de Jordania; y aunque no fue una gran victoria, a los ojos de los palestinos Arafat se encumbró como el líder de la resistencia. Esta acción permitió a Arafat hacerse cargo de la OLP que hasta entonces controlada por otros países arabes y, oficiosamente, por Egipto. En un principio, Arafat solo concebía un Estado palestino asociado a la desaparición de Israel, y por eso utilizó durante años el terrorismo como la única herramienta posible para conseguir que su pueblo lograra algún día ser un Estado. Pese a ser durante cuatro décadas el símbolo de la búsqueda de la libertad del pueblo palestino, Arafat no pudo dirigir a su pueblo sobre el terreno ya que estuvo exiliado durante décadas. Fue un inquilino incómodo para Jordania y para el resto de países árabes que criticaban su intromisión en la política de Líbano y Siria. Arafat siempre consideró que Palestina no debía estar ligada a ideologías, religiones o a la “protección” de ningún vecino árabe, y esto le creo muchas enemistades. Paralela al terrorismo, Arafat comenzó su carrera de “relaciones públicas” para convencer a la opinión internacional de que la vía armada que llevaba a cabo la OLP tenía una justificación lo suficientemente potente. En 1974 compareció ante la Asamblea General de la ONU ofreciendo “la paz de los valientes” a Israel, que en la práctica suponía un Estado conjunto palestino-israelí, en el que, claro está, siempre habrían mandado los palestinos debido a su superioridad demográfica. Pero en 1974 ni Arafat ni el primer ministro israelí, Isaac Rabin, tenían la más mínima intención de convivir en Oriente Próximo. Ese mismo año la ONU reconoció a la OLP como la única representante del pueblo palestino. A finales de los 80 la intifada estalló en Palestina y Arafat vio la necesidad imperiosa de volver a los territorios si no quería que alguien le arrebatara el liderazgo de “su pueblo”. Estados Unidos le brindó la oportunidad de sentarse a negociar: la Casa Blanca no quería que la inestabilidad de esta zona pudiera contagiarse a Irak, Arabia Saudí e Irán (dado su interés estratégico por los yacimientos de petróleo), y presionó a Israel amenazándole con retirarle las cuantiosas ayudas económicas que recibía. El rais no desperdició la llave que le haría volver a su pueblo. En 1993 Arafat y Isaac Rabin firman los acuerdos de Oslo por los que ambos se reconocían mutuamente y se comprometían a negociar la paz. Para los sectores árabes más radicales los acuerdos fueron como una traición de Arafat: reconocer los derechos de Israel sobre “la tierra prometida” a cambio de la jurisdicción sobre el 10% de los territorios ocupados era como enseñar las bazas en una partida de cartas. Pero a cambio Arafat pudo volver a la Palestina que, dos años después (en 1996), dio el primer paso para lograr ser reconocida como Estado con la aparición de de la ANP de la que el rais fue elegido presidente. A partir de entonces todo se torna gris y la salida al conflicto se esfuma. En las conversaciones de Camp David del año 2000 entre Yasser Arafat y Ehud Barak, propiciadas por Bill Clinton, el presidente palestino se niega a firmar un acuerdo que no satisface las pretensiones soberanistas de los palestinos. Ehud Barak ofrece a Arafat la plena soberanía sobre la Franja de Gaza y sobre el 90% de Cisjordania, y la posibilidad de fijar la futura capital de un estado palestino en Jerusalén este. Pero a cambio Israel se anexiona el 10% de Cisjordania (justamente las zonas donde se encuentran los recursos hídricos) y no se permite el regreso de los refugiados palestinos desplazados por las guerras desde 1948. Arafat era consciente de que si firmaba los acuerdos, el pueblo palestino no lo habría aceptado. Y los últimos cuatro años de Arafat son de aislamiento. Ariel Sharon es nombrado primer ministro en el año 2000, y esto complica aún más la situación de Arafat: aislado, y sin ejercer su autoridad en Palestina es, durante cuatro años, un cadáver político. Durante cuarenta años no permitió que nadie le hiciera la más mínima sombra, ni gente de su propio partido, Al Fatah, ni otros grupos como Hamas. Los cargos más importantes que acumulaba eran presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y presidente de Al Fatah en Palestina. Arafat era la piedra angular mediante la que permanecía unido Al Fatah; la OLP no tenía sentido sin este partido, y el cargo de la Autoridad Nacional Palestina necesitaba un líder cuyo poder no fuera cuestionado. Por eso, con la muerte del rais, el castillo de naipes amenaza con desmoronarse.


Cronologia año  2004
11 de enero. El primer ministro palestino , Ahmed Qurei, dice que el muro iraquí hace imposible la paz

19 enero. Sharon acepta pequeños cambios en el trazado del muro.

2 de febrero. Sharon acepta un plan para desmantelar todos los asentamientos judíos de Gaza.

11 de febrero. 15 palestinos muertos por el ejercito israelí.

12 de febrero. La fiscalia francesa y la UE investigan las cuentas de Arafat y de su esposa.

19 de febrero. Sharon presetna a EEUU su plan de separación unilateral

22 de febrero. 9 muertos en atentado suicida en Jerusaleén.

25 de febrero. Asaltados los bancos de Ramallah por el ejercito israelí en busca del dinero de los terroristas.

7 de febrero. 15 palestinos muertos por el ataque del ejercito israelí a dos campos de refugiados.

2 de marzo. Asesinado un asesor de Arafat por radicales palestinos.

14 de marzo. 15 israelíes muertos en atenatdo suicida

21 de marzo. Israel ordena una ofensiva para liquidar a Hamas antes de retirarse de Gaza.

22 de marzo. Asesinado Ahmed Yassin, líder de Hamas. Los fundamentalistas claman venganza. Rantisi nombrado nuevo líder.

2 de abril. Sharon amenaza con matar a Arafat y expulsar a miles de palestinos de Israel.

14 de abril. EEUU apoya la anexión israelí de varios asentamientos judios en Cisjordania.

17 de abril. Asesinado el líder de Hamas Rantisi.

11 de mayo. Militantes palestinos matan y exhiben los restos de once soldados israelíes en Gaza.

14 de mayo. Israel destruye cientos de casas en Gaza para ampliar el corredor Philadelphia e impedir la entrada de armas y terroristas por la frontera con Egipto.

21 de mayo. El ejercito de Israel se retira de Gaza después de derribar unas 80 casas y causar 40 muertos en tres días.

1 de julio. Ejecución pública de un palestino colaboracionista con Israel. En 4 años ha habido un centenar de ejecuciones como esta.

9 de julio. La Haya declara ilegal el muro de Israel, el Tribunal Internacional de Justicia pide que se derribe la barrera y se indemnice a los palestinos.

17 de julio. El jefe de gobierno palestino ,Ahmed Qurei, presenta su dimisión ante el caos policial de Gaza.

18 de julio. Protestas generalizadas en Gaza por el nombramiento del primo de Arafat como nuevo jefe de la policía. Los Martires de Al Aqsa se enfrentan a tiros contra policías leales a Arafat.

19 de julio. Arafat destituye a su primo para apagar la revuelta en Gaza.

20 de julio. Ahmed Qurei acepta no dimitir a cambio de la cesión de más competencias de Arafat.

21 de julio. Las Brigadas de los Martires de Al Aqsa toman al asalto el Parlamento de Gaza y declaran la guerra a la corrupción. Arafat acepta ceder al primer ministro las competencias de los cuerpos de seguridad a excepción de los servicios secretos

27 de julio. Qurei retira definitivamente su dimisión tras alcanzar un acuerdo sobre seguridad con Arafat sobre competencias y para atajar la corrupción.

16 de agosto. 16 muertos en un doble atentado suicida de Hamas.

17 de septiembre. 100 muertos palestinos en 16 días de asedio israeli. En los ultimos 4 años han muerto 953 israelies y 3.400 palestinos.

11 de noviembre. Muere Yassir Arafat en un hospital de parís después de días en coma.

13 de noviembre. Arafat es enterrado en la Mukata. Se convocan elecciones presidenciales para el 9 de enero de 2005. Abu Mazen se perfila como su sucesor.

 


Periodismo Internacional © 2022 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull
Aviso legal | Política de protección de datos | Política de Cookies