Anuario 2004
Uruguay
"La oportunidad de la izquierda"
Adriana Garay

El 31 de octubre de 2004 marca el inicio de una nueva etapa en Uruguay. Con el 54% de los votos, la coalición de izquierda Frente Amplio (FA) conseguía la mayoría absoluta en la primera vuelta. La victoria de FA, cuyo candidato es Tabaré Vázquez, supone el fin de 174 años de hegemonía de los dos partidos tradicionales, el Partido Nacional y el Partido Colorado, ambos de derechas. Los dos partidos tradicionales dejan un país donde el desempleo, la marginalidad y la deuda pública suponen un lastre para una sociedad que vivió a finales de 2002 una de sus peores crisis. El panorama no se le presenta nada fácil al FA, un partido que ha agrupado a distintos sectores de la izquierda política del país. Tabaré Vázquez, que asumirá el cargo el 1 de marzo de 2005, ha prometido una gestión económica destinada a la creación de empleos y al apoyo a las industrias nacionales. A nivel internacional, se espera un acercamiento a Brasil y a Argentina que permita aumentar la presencia de Uruguay en el ámbito del Mercosur y un alejamiento de las doctrinas marcadas por EEUU en el ámbito económico, a las que ha estado sometido el país durante décadas.
Era la tercera vez en la que el candidato Tabaré Vázquez intentaba asumir el cargo presidencial. Con el 54% de los votos no hizo falta una segunda vuelta que decidiese un ganador. Los dos partidos tradicionales han visto cómo, por primera vez en la historia de la democracia uruguaya, no pasarán a desempeñar el papel protagonista. El sistema democrático uruguayo es de los más estables de América Latina, con un bipartidismo entre “blancos” y “colorados” que ha sido la constante, a excepción del régimen militar vivido entre 1973 y 1985. El Partido Colorado, partido del presidente saliente, Jorge Batlle, se ha caracterizado por defender los intereses de la clase industrial urbana y por su carácter liberal y laico. El Partido Nacional (también llamado “partido blanco”) representa los intereses del sector agrario del interior del país y ha hecho del clericalismo y del talante conservador sus principales banderas. Aunque pueda parecer que ambos partidos son totalmente opuestos, la realidad es que tanto uno como otro han llevado a cabo políticas de un corte muy parecido, sin apenas diferencias. Durante los últimos años, Frente Amplio ha ido moderando su línea ideológica por dos principales motivos. Por un lado, la propia naturaleza del partido, que es una coalición que alberga desde sindicalistas hasta demócratas-cristianos, ha hecho que F.A. encuentre los puntos en común entre sus distintos miembros; por otra parte, la moderación ideológica responde a una voluntad por captar más votos.

La principal causa de la caída del Partido Colorado es el gran deterioro económico y social del país a raíz de la crisis de 2002. Por aquel entonces, la mala situación de Argentina traspasó fronteras hasta llegar a su vecina Uruguay, provocando un aumento del desempleo, la marginación social y la pobreza. El Partido Colorado sólo obtuvo el 10,3% de los votos. Sin líderes creíbles y actualmente en descomposición por la falta de apoyo de las clases medias y bajas, es el gran perdedor de estos comicios. Durante la campaña electoral intentó marcar diferencias con el Partido Nacional que le definiesen ante el electorado, pero los uruguayos saben que los dos partidos son más de lo mismo. Frente Amplio ha sabido apartarse de los libretos doctrinales y de ideología “revolucionaria”, lo que seguramente le ha permitido la conquista de la presidencia.



La gestión del agua

La gestión de los recursos hídricos ha sido el principal foco de críticas. La misma jornada de las elecciones también se votó un referendo que tenía que determinar si la gestión del agua quedaba en manos del Estado o de empresas privadas. Los uruguayos se pronunciaron a favor de la gestión estatal del agua, opción que capitalizó el 64,58% de los votos, y que va en sintonía con Tabaré, pues éste fue uno de lo impulsores de la reforma constitucional que definiese al “agua como bien de dominio público”. A partir de ahora, se asegura la “defensa de la soberanía sobre un recurso natural ante la embestida de las corporaciones transnacionales”, anunció Tabaré Vázquez.

En ese sentido, una de las primeras gestiones que el nuevo Gobierno llevará a cabo será la de elaborar una legislación que regule la gestión del agua. El Partido Colorado y el Partido Nacional han rechazado la iniciativa argumentando que “ahuyentará las inversiones” y que “habilitará expropiaciones al estilo de regímenes estatales autoritarios”. Tanto Tabaré Vázquez como el futuro ministro de Economía, Danilo Astori, aseguraron durante la campaña electoral que la norma no tiene carácter retroactivo, dando a entender que los contratos actuales no se modificarían. Sin embargo, miembros del propio FA declararon que el resultado del referendo implica la anulación de los contratos anteriores a la consulta. De ser así, las compañías de capital español Uragua y Aguas de la Costa serían las principales perjudicadas. La conservación o no de los contratos vigentes será, entonces, el principal tema de debate.

Al margen del control estatal del agua, otra de las prioridades del nuevo Gobierno, según ha prometido su líder, es el apoyo al sector industrial del país, destruido tras la crisis de 2002. Lo que no se sabe aún es si optará por fomentar la creación de corporativas, empresas estatales al estilo cubano o adoptará un capitalismo social como el de Chile, surgido ante la impotencia del mercado para atender las necesidades de las personas.

El sector industrial en Uruguay empezó a presentar una cierta mejora a finales de año. En el mes de octubre, la industria manufacturera aumentó en un 4,3% su producción respecto al mismo periodo de 2003. El Frente Amplio ha anunciado que aplicará continuidad en lo que respecta a la liberalización y la apertura de la economía. El anuncio de Danilo Astori como futuro ministro de Economía ha generado confianza entre los hombres de negocios, ya que Astori es una persona que siempre ha estado vinculado al ámbito económico. La recuperación económica empieza a hacerse visible y el apoyo de las instituciones internacionales financieras ha creado un ambiente bastante favorable para el nuevo Gobierno.

Astori dijo el pasado 11 de noviembre que los primeros pasos de su equipo cuando se instale en el Gobierno serán la reforma tributaria y un proyecto de estímulo de las inversiones, que están en fase de recuperación. Según datos publicados por el Banco Central Uruguayo, las inversiones crecieron un 31,3% en el último trimestre. El principal impulso ha venido del sector privado, con un ascenso consecutivo en el cuarto trimestre del 40% respecto a 2003. La inversión pública se ha mantenido constante en los tres últimos meses del año.

La crisis vivida en 2002 representó un duro golpe al sistema financiero y generó una caída de la producción de al menos un 15% entre 2000 y 2002; el desempleo se disparó al 20% y la pobreza se extendió a las dos terceras partes del país. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, INE, la cifra de desocupados en octubre de 2004 era del 12,5%. Entre agosto y octubre se crearon 9.500 puestos de trabajo más que en el mismo periodo del 2003, mayoritariamente en áreas urbanas. El PIB registró un ascenso del 12,5%, según datos del mes de noviembre. Este aumento de la actividad responde a un mayor número de exportaciones de bienes y servicios, con un 23% de crecimiento respecto a 2003 y a un aumento de la demanda interna, que también creció en un 13% comparándola con datos del pasado año. Las ventas en el sector servicios y en el de comercio minorista son las que presentan una mayor recuperación. El incremento de los niveles de actividad en estos sectores ha hecho que se produzca una mayor demanda de trabajadores.

El ámbito laboral también sufrirá algunos cambios con la llegada al poder de Tabaré Vázquez. El líder político quiere cambiar la actual normativa sobre negociación laboral, que data de los años 40, por otra que se ajuste a las actuales necesidades del país. Tabaré pretende instalar los denominados Consejos de Salarios. Son organismos formados por el Gobierno, los trabajadores y empresarios con el fin de negociar los salarios. Según el futuro subsecretario de Trabajo, Jorge Bruni, la política salarial del último año no ha permitido un aumento salarial proporcional al crecimiento económico y del IPC. Esta nueva medida ha sido bien recibida por la sociedad uruguaya, ya que sólo un 20% de los trabajadores cuenta con convenios laborales que regulen su sueldo. La aplicación de estos consejos también ampliaría el espacio de maniobra de los sindicatos. Los sectores empresariales ya han reclamado una nueva legislación que actúe sobre los consejos, y, por su parte, el ministro saliente de Economía, el “colorado” Isaac Alfil, se ha manifestado en contra de la propuesta alegando que traerá perjuicios a las pequeñas empresas: “En los Consejos de Salarios, acaba negociando el sindicato más grande con la empresa más grande, dando fuera de juego a pequeñas y medianas empresas”.

El nivel de endeudamiento que presenta Uruguay es uno de los mayores retos que afronta el nuevo Gobierno de Tabaré. Representa casi el 100% del PIB, con unas amortizaciones que se hacen imposibles pagar. Uruguay podría, en esta nueva etapa que comienza, sumarse a las iniciativas de Brasil y Argentina para negociar conjuntamente las condiciones del pago de sus respectivas deudas. Una de las prioridades del Gobierno con el FMI es la negociación de un acuerdo de superávit fiscal que no contabilice las infraestructuras como gasto del Estado. De ser así, estos gastos no se sumarían al monto de la deuda que el país debe pagar, con lo que Uruguay dispondría de más holgura a la hora de saldar sus pagos, de los que también ha demandado unas menores tasas de interés.



Mercosur

En el mes de diciembre se celebró en Ouro Preto, Brasil, los 10 años del inicio del Mercosur. En 1994, los cuatro miembros plenos del bloque (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) firmaron la declaración de Ouro Preto, que es la base institucional del bloque, formalizando así la decisión de convertir su acuerdo de libre comercio en una unión aduanera; lo que supone compartir una política comercial y aranceles comunes.

Sin embargo, 10 años después, la unión aduanera sigue siendo imperfecta. El porvenir del Mercosur aparece como incierto por “debilidades institucionales congénitas”, según declaró el futuro ministro de Economía, Danilo Astori. Éste señalaba en una entrevista a un diario uruguayo los “vacíos importantes” del Mercosur, sobre todo en lo que respecta al libre comercio. Estas declaraciones van en sintonía con las críticas que apuntan a una falta de una política comercial en lo que hace a la unión aduanera y a la inexistencia de coordinación macroeconómica, lo que en palabras del propio Astori señaló como “falta de coordinación en políticas económicas entre los países miembros”

El futuro canciller, Reinaldo Gargano, aseguró que el nuevo Gobierno pondrá el acento en el desarrollo del fortalecimiento del bloque, con una voluntad por impulsarlo de un modo definitivo. Astori, como representante del nuevo Gobierno, cree que estas carencias pueden afectar a la negociación ante terceros países.

Con respecto a Estados Unidos, lo que ha predominado hasta la fecha son las negociaciones bilaterales, lo que he relegado a un segundo plano la implementación del Área de Libre Comercio de las Americas (ALCA).

Con todas estas dificultades, el Uruguay de Tabaré intenta a partir de ahora mejorar su inserción unilateralmente dentro del bloque y apostar por una mayor integración regional.



 


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