Anuario 2005
Tailandia
"Las urnas muestran la desafección de las provincias del sur"
Joan Colàs

Mientras los tailandeses seguían ocupados en la reconstrucción de las zonas afectadas por el paso del tsunami que arrasó gran parte de la zona costera del sur del país, el 6 de febrero se celebraban elecciones legislativas. El principal favorito en todo momento fue el partido del actual presidente tailandés, Thaksin Shinawatra, que tras cuatro años en el poder y superadas varias mociones de censura se convirtió en uno de los líderes más estables y sólidos en el país. Finalmente, las encuestas no se equivocaron y el Thai Rak Thai (TRT), partido al que pertenece el presidente, fue el que logró la mayoría absoluta. Pero Thaksin vio como esta victoria adquiría un regusto agridulce, ya que la mayor parte de las provincias del sur del país mostraron su disconformidad con la política del Gobierno y decidieron votar a la oposición. Por una parte, la circunscripción de Phang Nga, la más afectada por el tsunami, se sintió poco ayudada por el Gobierno y retiró su apoyo al TRT. En el resto de provincias meridionales la victoria fue para el principal partido de la oposición, el Partido Democrático, incluyendo dos de las circunscripciones más conflictivas y con mayor apoyo al islamismo radical, Yala y Pattani. En la otra gran provincia donde los islamistas tiene más presencia, Narathiwat, la población eligió a un representante que pese a participar en el sistema es definido como antidemocrático, el Chat Thai.
Mientras los tailandeses seguían ocupados en la reconstrucción de las zonas afectadas por el paso del tsunami que arrasó gran parte de la zona costera del sur del país, el 6 de febrero se celebraban elecciones legislativas. El principal favorito en todo momento fue el partido del actual presidente tailandés, Thaksin Shinawatra, que tras cuatro años en el poder y superadas varias mociones de censura se convirtió en uno de los líderes más estables y sólidos en el país. Finalmente, las encuestas no se equivocaron y el Thai Rak Thai (TRT), partido al que pertenece el presidente, fue el que logró la mayoría absoluta. Pero Thaksin vio como esta victoria adquiría un regusto agridulce, ya que la mayor parte de las provincias del sur del país mostraron su disconformidad con la política del Gobierno y decidieron votar a la oposición. Por una parte, la circunscripción de Phang Nga, la más afectada por el tsunami, se sintió poco ayudada por el Gobierno y retiró su apoyo al TRT. En el resto de provincias meridionales la victoria fue para el principal partido de la oposición, el Partido Democrático, incluyendo dos de las circunscripciones más conflictivas y con mayor apoyo al islamismo radical, Yala y Pattani. En la otra gran provincia donde los islamistas tiene más presencia, Narathiwat, la población eligió a un representante que pese a participar en el sistema es definido como antidemocrático, el Chat Thai.

Es importante esta diferencia en el comportamiento electoral en Tailandia, que refleja de esta manera el descontento de la población de esta zona con el Gobierno de Thaksin. Estas desavenencias con Bangkok no se deben solamente al deseo de independencia de varias circunscripciones como Yala, Narathiwat y Pattani. También es evidente el desequilibrio económico que existe en esta zona comparado con las provincias del norte, centro y nordeste, donde la industria y el sector servicios están más desarrollados y donde la población disfruta de mejores condiciones de vida. A esto se añade la impresión que tiene desde hace varias décadas las provincias de mayoría musulmana de pensar que un Gobierno como el de Bangkok, donde los budistas son tan presentes, no escuchan sus peticiones además de impedirles explotar el potencial económico de sus tierras.

De nada pues han servido en el sur todos los esfuerzos realizados durante estos últimos cuatro años de presidencia de Thaksin, en los que la mayor parte de Tailandia se ha visto beneficiada por una política económica estatal gracias a la cual el Estado ha suministrado gran cantidad de créditos a todos aquellos agricultores y empresas para que puedan salir adelante. Y es que en el sur no han olvidado cómo gestionó el Gobierno tailandés la reconstrucción de la zona del tsunami y consideran insuficiente la destitución del director general de la Agencia Meteorológica Nacional, Suparek Tansiratanawong, ya que consideran que no existe un único responsable de la catástrofe y que no tan solo se trata del retraso en el aviso de la llegada del maremoto, sino que el origen del desastre radica en la masiva explotación turística de la zona del sur. Las zonas meridionales de Tailandia también recriminaron a Bangkok que, a la hora de reconstruir la zona devastada por el tsunami, el Gobierno primara los intereses económicos a los de su población, ya que las zonas que más rápidamente se reconstruyeron fueron las zonas de los “resorts” y hoteles de la costa para que los turistas extranjeros volvieran al país cuanto antes y lograr así que la economía tailandesa no se viera tan afectada, mientras que la población veía cómo les era imposible encontrar un lugar en el que poder dormir bajo un techo.

Además, en estas provincias los atentados o los altercados con los cuerpos de seguridad son continuos y han provocado tal malestar en el Gobierno que el primer ministro anunció a principios de marzo que retiraría las ayudas a las zonas que no colaboren con la pacificación de la región. La mayor parte de la población de estas provincias se siente discriminada por el Estado al considerar que las ayudas económicas que reciben son insuficientes y que con ellas tan solo logran que se le recorte autonomía. Cabe sumar a este hecho la clasificación en zonas rojas amarillas y verdes que el Gobierno ha establecido en las provincias en función de su actitud para con el Gobierno, una medida que viene a suponer una especie de sanción económica que conlleva la reducción de los subsidios a estas tres provincias.

Esta última medida fue adoptada por Bangkok al considerar que en el pasado estas provincias meridionales habían recibido muchas ayudas para su desarrollo, con las que el Gobierno quería ganarse, además, su confianza. Pero contrariamente a lo que Thaksin pensaba, nunca obtuvo tal apoyo y llegó a afirmar que temía que muchas de estas ayudas finalmente fueran a parar al entramado de grupos terroristas e incluso de la Jemaah Islamiyah, establecida en esta zona del sureste asiático.

Pero los resultados de estas medidas no fueron tan positivos como esperaba el Gobierno, que, después de una serie de cinco atentados el 14 de julio protagonizada por los rebeldes del sur del país en esta zona, tuvo que declarar el estado de emergencia.. Así, en Yala, Narathiwat y Patán, el Gobierno permitió las escuchas telefónicas secretas, los interrogatorios secretos, las detenciones y encarcelamiento de todas aquellas personas sospechosas de colaborar o formar parte de algún grupo terrorista, sin la previa autorización judicial, así como recortes en la libertad de prensa. Todas ellas medidas antidemocráticas e inconstitucionales, según la Carta Maga aprobada en el país en 1997, provocaron que varios partidos de la oposición, una parte de la población y asociaciones y organizaciones a favor de los derechos humanos criticaran y se manifestaran en contra de estas medidas.

Esto crispó también a los periodistas que en los últimos tiempos estaban viendo cómo la tensión entre prensa y Estado se acentuaba. En primer lugar, se produjo el enfrentamiento del propio primer ministro con un periodista, Supinya Klangnarong, secretario general, además, de la Campaña para una Reforma de los Medios, tras una noticia en el que se informaba de los extraordinarios beneficios que estaba obteniendo una gran compañía de entretenimiento, Shin Corporation, fundada por el propio Thaksin. Estas acusaciones llevaron al periodista ante los tribunales, que podrían condenarle a dos años de cárcel.

Pero lamentablemente este no fue el único intento de callar a la prensa contraria al Gobierno. El diario local Phujadkan fue víctima el 10 de noviembre de un atentado al poco tiempo de que el rotativo fuera acusado de difamación por parte del primer ministro, que le reclama cerca de 10 millones de euros en materia de daños y perjuicios por un comentario que hizo el diario sobre algunos temas de una entrevista al presidente en televisión.



 


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