Anuario 2006
Ruanda
"La sombra del genocidio de 1994 provoca la ruptura de relaciones con Francia"
Martí Cortadellas

El 24 de noviembre Ruanda rompió las relaciones diplomáticas que mantenía con Francia. El Gobierno dio 24 horas al embajador francés y 72 al resto de miembros de la delegación para que abandonaran el país. Por otra parte, también llamaron a su representante en París y le ordenaron que volviera de inmediato. Este hecho se produjo sólo dos días después de que el juez francés Jean-Louis Bruguière dictara una orden internacional de arresto contra nueve colaboradores del presidente de Ruanda, Paul Kagame. El magistrado los acusó de derribar el avión donde, el 6 de abril de 1994, viajaban el entonces presidente ruandés, Juvenal Habyarimana, su homólogo de Burundi y tres ciudadanos franceses. Dada la delicada situación que vivía Ruanda, por mucha gente este ataque es considerado como la provocación que desencadenó el genocidio en el que, en 100 días, murieron más de 800.000 tutsis y hutus moderados. El juez, por otra parte, también acusó a Kagame de estar involucrado en el atentado. Sin embargo, no pudo dictar una orden legal de arresto porque la legislación francesa no permite hacerlo contra ninguna persona que presida un país.
Las acusaciones francesas contra Kagame y sus socios no gustaron mucho a la mayoría de los ruandeses y miles de ciudadanos salieron indignados a las calles de la capital del país, Kigali. Se calcula que unas 30.000 personas se manifestaron lanzando gritos en contra del juez y quemando banderas francesas.

Las diferencias entre los partidarios de Kagame y Francia no son un hecho nuevo, ya que el año 1994 el ruandés era el líder de la milicia que derrotó el régimen que apoyaba la antigua colonia y que desencadenó en el genocidio. Desde aquel momento, las enemistades no han cesado. Entre los ruandeses, además, la idea que el Gobierno del anterior presidente francés, François Mitterrand, apoyó de cierta manera a las milicias que llevaron a cabo el genocidio está bastante extendida.

De hecho, este mismo año, la Agencia de Noticias Ruanesa presentó un libro del periodista Andrew Wallis donde se dan ciertas hipótesis que indican que el anterior Gobierno de Francia suministró secretamente ayuda militar, financiera y diplomática a los asesinos.

Por estos motivos, a finales de octubre, la Comisión de Investigación Ruandesa inició una serie de sesiones con la intención de destapar la supuesta implicación francesa en el genocidio. A pesar que Francia siempre ha negado los cargos, recientemente el ministro de Relaciones Exteriores de Ruanda, Charles Murigande, declaró que, llegado a este punto de la investigación, ya no había ninguna razón para preservar los vínculos diplomáticos de ambos países.

En Francia, de hecho, se cree que esta decisión es una consecuencia directa del reciente fortalecimiento de los vínculos diplomáticos entre Ruanda y los Estados Unidos. El pasado 31 de mayo, George W. Bush calificó el genocidio de Ruanda de 1994 como "una de las tragedias más significativas de la historia moderna" y anunció que su país ayudaría con lo que fuera necesario con el fin de capturar a los responsables de la matanza.

Posteriormente, el mandatario norteamericano mantuvo una reunión con el presidente Paul Kagame y se ofreció para ayudar a pagar a las tropas que, bajo la misión de paz de la Unión Africana, Ruanda había enviado al Sudán para detener otro genocidio, el de Darfur.

Ruanda se basa en una economía de subsistencia que ocupa prácticamente el 90% de la población y no tiene muchos recursos naturales y minerales. Además, el país sufre sequías constantemente y experimenta un pobre desarrollo tecnológico. Por estas razones, pues, Ruanda depende económicamente de otros países y Francia considera, que, sin la entrada en escena de los Estados Unidos, la nación africana no se hubiera atrevido a romper los vínculos.

A pesar de su dependencia, sin embargo, Ruanda ya hace tiempo que experimenta un leve crecimiento económico. Después del genocidio, el PIB cayó en picado; de todas maneras, ahora parece que la agricultura, que siempre ha dominado la economía ruandesa, se va recuperando lentamente y, desde el 2001, el país cuenta con grandes inversores interesados en exportar te y café.

Recientemente, de hecho, el director general de la Agencia de Inversiones y Exportaciones de Ruanda, Williams Nkurunziza, anunció que el 2006 Ruanda había registrado inversiones para la cantidad de 245 millones de dólares, una cifra bastante superior que los 205 millones del año 2005.



La labor del Tribunal Internacional para Rwanda

La ruptura de las relaciones diplomáticas entre Francia y Ruanda a causa de sus diferencias en la investigación del genocidio de Ruanda muestra que el país africano todavía no se ha podido reponer de este sangrante episodio de su historia. El Tribunal Internacional para Ruanda trabaja cada día intensamente para destapar los puntos más confusos de la matanza y el país vive una época marcada por las resoluciones judiciales y el resentimiento.

El día 15 de febrero, el Tribunal Internacional para Ruanda presentó una moción para transferir a Noruega el caso de Michel Bagaragaza, acusado de genocidio y de haber participado en una conspiración con el fin de cometer el crimen masivo. Durante la masacre, Bagaragaza era el director general de la oficina que controlaba la industria ruandesa de te y miembro de un comité del partido político que estableció la milicia extremista hutu de los Interhawe, que, de hecho, es el grupo que llevó a cabo las matanzas. El acusado, que niega los cargos que se le imputan, se entregó voluntariamente con la condición que se le transfiriera a un tribunal noruego y que tuviera acceso gratuito a la asistencia jurídica de abogados. El 22 de mayo, sin embargo, el Tribunal Internacional para Ruanda negó la transferencia argumentando que el país nórdico carece de las leyes específicas para asuntos de guerra.

Mientras el Tribunal no se pronunciaba sobre este caso, el 15 de marzo Amnistía Internacional pidió al Gobierno ruandés que estableciera una comisión independiente para investigar informes sobre posibles ejecuciones extrajudiciales cometidas por la policía militar en diciembre del 2005 y que obligara a comparecer delante la justicia a los presuntos autores que dispararon contra los tomados desarmados.

Según indican los informes, el 21 de diciembre del año 2005 los guardias de un centro penitenciario donde hay recluidos excombatientes de las Fuerzas Armadas Rwandeses y del Ejército Patriótico Ruandés agredieron a un preso para consumir canabis. El incidente crispó a algunos reclusos, que se quejaban de los maltratos que vivían en el centro y de no poder beneficiarse de la reciente libertad condicional concedida a los rehenes civiles. Así pues, se produjeron un conjunto de protestas que la policía militar intentó disuadir pacíficamente; al ver que la situación se les escapaba de las manos acabaron disparando a la desesperada y causaron un total de tres muertos y más de veinte heridos. Si esta versión se confirma, los policías podrían ser acusados por una violación del derecho a la vida y por un uso excesivo de la fuerza.

Por otra parte, el 18 de septiembre el Tribunal Penal Internacionales para Ruanda empezó el proceso del compositor y músico del país Simon Bikindi, acusado de genocidio y de incitación al odio étnico. El cantante, muy popular en Ruanda, también se enfrenta a cargos de crímenes contra la humanidad en forma de asesinato y persecución.

Bikindi, de 51 años, era miembro del Movimiento Revolucionario Nacional para el Desarrollo y, según las alegaciones del fiscal del Tribunal, sus canciones se difundían con insistencia por la emisora extremista Radio Televisión Mil Colinas e instaban a la población a hostilizar a la minoría tutsi. Los dirigentes de ésta emisora, popularmente conocida cómo "la radio del odio", ya fueron condenados por el Tribunal.


El principio de la época de los juicios

Ruanda es un país pequeño, de elevada densidad demográfica y relieve ondulado, situado en la región de los Grandes Lagos, en el África oriental. Durante siglos, sus montañas facilitaron que el país fuera un territorio aislado, que pasaba desapercibido para sus vecinos y que prácticamente no mantenía relaciones fuera de sus fronteras. Hoy, sin embargo, Ruanda es conocido por haber acogido uno de los episodios más sangrantes de la década de los noventa. Las líneas fronterizas africanas todavía respetan las demarcaciones dibujadas en los tiempos coloniales y, por lo tanto, dividen grupos humanos y obligan a otros a convivir en el mismo territorio. En un país tan diminuto y de campos tan empobrecidos como Ruanda, los problemas derivados de la división fronteriza todavía se notan más. Desde tiempo atrás, un total de casi ocho millones de habitantes comparten el día a día en una superficie de 26.000 kilómetros cuadrados. A causa del importante crecimiento demográfico, la tierra es un bien cada día más escaso. Los hutus y los tutsis tienen diferentes maneras de trabajar en el campo y la disputa del poco suelo cultivable sólo es un problema añadido a las diferencias que hace tiempo que les enfrenta. El año 1960, cuando Ruanda consiguió la independencia, se puso en manos hutus. El año 1990, sin embargo, el Frente Patriótico Ruandés (FPR), un partido creado al exilio de Uganda por los tutsis, invadió el país. A pesar de todo, gracias a las ayudas francesas, el gobierno hutu, liderado por Juvenal Habyarimana, consiguió mantenerse al poder. La situación, sin embargo, era complicada y el año 1993 se intentó solucionarla con los acuerdos de Arusha (Tanzania). El proceso fue largo y complicado porque los dos sectores no tenían la intención de llegar a ningún acuerdo, su posición sólo era de todo o nada. La puesta en marcha de los acuerdos de Arusha, de hecho, todavía fue más problemática y la población ruandesa se dividió entre la población que daba soporte al FPR y la oposición hutu moderada (FDC) y el resto, mayoritariamente hutus extremistas, que querían mantener el antiguo régimen. Los acuerdos redujeron mucho los poderes del presidente Habyarimana, hasta dejarle prácticamente con un papel testimonial. Con las dificultades en la instauración de las instituciones de transición, pues, las tensiones étnicas se reavivaron y empezaron las hostilidades. Es en estos momentos cuando entran en juego las milicias extremistas hutus, los interahamwes (los que atacan juntos) y los impuzamugambis (aquéllos que tienen el mismo objetivo). La situación era muy frágil y ya hacía tiempo que se preveía el estallido de un conflicto armado. El atentado que acabó con la vida de Habyarimana, pues, sólo fue la gota que hizo derramar el vaso para empezar un genocidio que, en poco más de tres meses, acabó con la vida de 800.000 personas y con la huida de casi una cuarta parte de la población. Después de los tres meses de conflicto, cuando todo volvió a la calma, una multitud de más de medio millón de personas, que se habían marchado dejando toda una vida atrás, pudieron volver al país. Durante tres días, las fronteras se llenaron de gente que realizaba el esperanzador viaje de vuelta con muchas ansias de llegar a casa. Nada los podía sorprender más que el derrame de sangre que habían presenciado antes de huir. El escenario con el que se tropezaron, sin embargo, devia ser realmente desolador. A las casas destrozadas y al gran número de cadáveres que había por todas partes, también se les añadió el problema de ver cómo todas sus propiedades les habían sido expoliadas. Empezaba, pues, una época difícil junta de resoluciones judiciales y, sobre todo, de resentimiento. Cuando se acabó el conflicto, el FPR accedió al gobierno de Ruanda y prohibió todas las organizaciones políticas hasta el año 2003, que el país acogió las primeras elecciones legislativas.


Cronologia año  2006
15 de febrero. El Fiscal del Tribunal para Ruanda pide que se transfiera el caso de Michel Bagaragaza a Noruega.

15 de marzo. Amnistía Internacional pide que se establezca una Comisión Independiente para investigar posibles ejecuciones extrajudiciales cometidas por la policía en diciembre del 2005.

22 de mayo. El Tribunal Penal Internacional para Ruanda niega la transferencia a Noruega del caso de genocidio de Bagaragaza.

31 de mayo. George W. Bush anuncia que su país ayudará con lo que sea necesario para capturar a los responsables de la matanza del año 1994.

18 de septiembre. El Tribunal Penal Internacional para Ruanda empieza un juicio a un cantante popular acusado de genocidio.

26 de octubre. Una comisión nacional independiente empieza a indagar sobre la implicación de Francia en el genocidio.

22 de noviembre. El juez francés Jean-Louis Bruguière acusa a nueve colaboradores del presidente ruandés Paul Kagame de estar detrás del atentado que desencadenó el genocidio.

23 de noviembre. Más 30.000 personas se manifiestan en la capital con gritos en contra de Francia.

24 de noviembre. Ruanda rompe sus relaciones diplomáticas con Francia.

 


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