Anuario 2006
Bielorrusia
"Lukashenko, reelegido presidente tras otra farsa electoral, tensa la relación con Rusia"
Miguel Ángel Albújar

El 26 de noviembre de 2006 Alexander Milinkievich fue galardonado con el premio Sajarov 2006 a la libertad de conciencia. Este premio, otorgado por la Conferencia de Presidentes de los Grupos Políticos del Parlamento Europeo, reconoce a aquellas personalidades defensoras de los derechos humanos y que luchan contra la intolerancia. Milinkievich fue el candidato del pasado mes de marzo en las elecciones presidenciales de Bielorrusia. Pese a perder los comicios, la Unión Europea, así como Estados Unidos, advierten en la figura de este hombre la única esperanza para implantar un sistema democrático en Bielorrusia ante las fundadas y perennes sospechas de irregularidades electorales desde hace décadas. Una semana después de las elecciones, Milinkievich fue encarcelado en Minsk, mientras las autoridades reprimían una manifestación de miles de personas en protesta contra la constitución del nuevo “viejo gobierno”.
Su rival fue el actual presidente, Alexander Lukashenko, apodado como “el último dictador de Europa” y atrincherado en el poder desde 1994. Las elecciones presidenciales del 19 marzo son todavía objeto de controversia; mientras miembros de la Organización de la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) denunciaron un fraude sistemático en el recuento de votos y los observadores del Parlamento Europeo veían imposibilitada la tarea de supervisar el correcto desarrollo de la jornada electoral, el Gobierno de Lukashenko sí aceptó la inspección de miembros de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), organización con una fuerte dependencia de la Federación Rusa, quienes certificaron la transparencia de unos comicios que otorgaron el 82,6% de los votos al partido en el poder. El segundo grupo político se trataba de la coalición encabeza por el proestadounidense Milinkievich, quien contaba con el apoyo de diez partidos políticos y centenares de asociaciones independientes. Con apenas el 6 % de votos, aunque algunas fuentes de la coalición elevaban los resultados a un tercio de los votos emitidos, este científico de profesión y carrera es el líder más destacado de la oposición contra Alexander Lukashenko, además de heredero declarado de la política de “resistencia pacífica” promulgada por el propio Sajarov. La participación electoral se cifró en un 92,6%, según fuentes oficiales. Las próximas elecciones legislativas están previstas para 2008 y tanto la OSCE como la Unión Europea y Estados Unidos han mostrado su escepticismo con relación a un desarrollo plenamente democrático de las mismas.

Alexander Lukashenko ganó sus primeras elecciones en 1994; desde entonces lleva desempeñando el cargo de máxima figura política bielorrusa. Entusiasta de los logros conseguidos durante la etapa soviética, su obra de gobierno viene marcada por un duradero enfrentamiento contra Occidente. Por el contrario, parece más permeable a la influencia de la Federación Rusa en cuanto a temas económicos y sociales se refiere. Rusia y Bielorrusia firmaron un acuerdo de unión allá por 1999 que contemplaba la adopción de una moneda única, el rublo ruso. En el horizonte se dibujaba la esperanza de una futura unión estatal entre las dos naciones. Actualmente, las conversaciones se encuentran en un punto muerto.

La voluntad de unión con Rusia obedece a la dependencia bielorrusa del gas y petróleo suministrados desde Moscú. Y al hecho de que, al carecer Minsk de una moneda fuerte propia, las exportaciones resultan demasiado costosas para la débil economía del país. La firme voluntad de Gazprom, empresa rusa de accionariado estatal, por subir el precio del gas resulta el principal motivo de los últimos devaneos de Bielorrusia con Ucrania. Con el objetivo de hacerse fuertes ante el Gobierno de Putin, quien ha lanzado continuas amenazas de hacer pagar el precio estándar de gas y petróleo a todos sus clientes, sin tener en cuenta el pasado compartido durante la Unión Soviética. Si dicha amenaza se hiciera efectiva resultaría la bancarrota tanto de Bielorrusia como de Ucrania.

Y así ha sido: 2006 acabó tal y como empezó. La crisis originada a principios de año entre Rusia y Ucrania a causa del aumento del precio del petróleo parecía haberse reproducido, pero esta vez con la vecina Bielorrusia. El consorcio ruso de gas, Gazprom, y representantes del Gobierno bielorruso firmaban el primer día del año 2007 un acuerdo estableciendo en 100 dólares el precio a pagar por Minsk por cada mil metros cúbicos de gas. Sin embargo, el precio será corregido anualmente al alza, lo que significará un aumento paulatino del valor del gas destinado a consumo interno bielorruso: a partir de 2008 el precio del gas será fijado en función de la tarifa aplicada a los países de la UE, aunque sufrirá un sistema de descuentos especiales hasta finales del 2010. El descuento en 2008 se ha cifrado en un 33%, para el 2009 un 20% y finalmente para el 2010 de un 10%.

Este acuerdo acabó con la tensión originada ante la amenaza de los directivos de Gazprom de reducir los suministros enviados por el monopolio ruso del gas hacía los países europeos consumidores de éste hidrocarburo procedente de Rusia, como ya ocurrió a principios de año con Ucrania. La Federación Rusa, país que provee la cuarta parte del gas que consumen los países miembros de la UE, suministraba a través de territorio bielorruso el 20% del total destinado a sus clientes occidentales, unos 44 mil millones de metros cúbicos. El acuerdo sobre el transporte y precio del gas se extenderá hasta 2011. El primer ministro bielorruso, Sergey Sirdosky, declaró que un tratado semejante constituía una pesada losa para el desarrollo del país. Minsk en un principio tan sólo estaba dispuesto a pagar 75 dólares por cada mil metros cúbicos de gas. Pese a ello, las presiones, de los que el primer ministro ha llamado sus “socios europeos”, por evitar una nueva “guerra del gas” han obligado ha aceptar un trato que, parece seguro, hundirá aún más la ya depauperada situación económica e industrial del país.

Por otro lado, Lukashenko parece querer perpetuarse indefinidamente en el poder. En 2004 celebró un referéndum para eliminar el límite de mandatos presidenciales impuesto en la Constitución; por aquel entonces, ya llevaba dos seguidos. El 17 de octubre de ese año, coincidiendo con las elecciones parlamentarias, según fuentes gubernamentales fue aprobada la desaparición de dicha limitación, con el 79,42 % de los votos. Siguiendo la tradición implantada desde la llegada de Lukashenko al poder, muchas y muy variadas instituciones internacionales denunciaron la práctica sistemática de fraude en el referéndum popular, entre ellas la OSCE, La Unión Europea y Estados Unidos. Una encuesta de la organización lituana Baltic Surveys estableció que tan solo un 48% de gente votó afirmativamente a la propuesta del presidente bielorruso. Por el contrario, la CEI reafirmó la legalidad de los resultados escrutados por el Gobierno de Lukashenko. Bielorrusia forma parte de la CEI desde su fundación en diciembre de 1993.

El tercer mandato de Lukashenko presenta una situación anómala en la Europa democrática del siglo XXI. Pese a la existencia en algunos países europeos de restricciones a la libertad de expresión en medios de comunicación no afines al Gobierno o fraudes en el recuento de votos en iniciativas populares, en pocos lugares de Europa se dan estos manejos con tanta desvergüenza y naturalidad como en Bielorrusia. Después de las elecciones de marzo de 2006, las airadas reacciones occidentales llegaron rápidas y en bloque: EEUU rechazó el resultado por considerarlo falto de legitimidad alguna; La Unión Europea, en boca de la Comisaría de Relaciones Exteriores, advirtió de la probable adopción de sanciones ante lo visto durante la campaña electoral. Por su parte, Vladimir Putin fue el único líder que se atrevió a felicitar al vencedor, reconociendo implícitamente la validez de los comicios. Esta situación no es nueva, Bielorrusia de la mano del gobierno autócrata de Lukashenko se ha convertido en una nación excepcional dentro de Europa. Tal vez el mejor ejemplo ilustrativo es la denuncia de Amnistía Internacional contra la aplicación de la pena de muerte. Así, Bielorrusia es junto a Uzbekistán, son los dos únicos países en Europa que todavía ejecutan la pena capital heredada de la antigua URSS. Por lo visto, el número de ejecutados parece ir descendiendo: mientras en el período comprendido entre 1991 y 1998 la cifra de personas condenadas a muerte anualmente oscilaba entre 20 y 47, en 1999 esta cifra descendió a 13, y en los años siguientes, hasta 2003, osciló entre 3 y 7. El 11 de marzo de 2004, el Tribunal Constitucional de Minsk declaró ilegal varios artículos del Código Penal vigente y permitió que el jefe del Estado y el Parlamento decretasen una posible abolición de la pena de muerte, o como mínimo su suspensión. Actualmente, la pena de muerte se mantiene para 12 delitos en tiempos de paz y 2 en tiempos de guerra.



La maltrecha situación económica

Bielorrusia, antiguamente llamada Rusia Blanca, se proclamó Estado independiente, dejando atrás su etapa soviética, el 24 de agosto de 1991. Adoptó una Constitución democrática el 15 de Marzo del 1994 tomando la forma de república presidencialista. El poder ejecutivo muestra una forma bicéfala: está repartido entre presidente y primer Ministro. El presidente, jefe del estado, es elegido por voto popular cada cinco años. En cambio, el primer ministro es el máximo responsable del Gabinete de Ministros y responde ante la Asamblea Nacional. Bielorrusia está conformada en República de régimen presidencialista con un sistema de representación bicameral. Consta de un Consejo de la República, Cámara Alta con 64 miembros, 56 de los cuales son escogidos por Cámaras Regionales y los 8 restantes por el presidente de la nación. Y una Cámara de Representantes, Cámara Baja conformada por 110 representantes. En realidad, la reforma constitucional aprobada en 1996 para ampliar los poderes presidenciales y la de 2004 para abolir la limitación de mandatos presidenciales ha conferido a Lukashenko poderes casi absolutos. Una imagen de esta anomalía democrática es la situación política que hoy día vive Bielorrusia: la mayoría de partidos políticos no apoyan al presidente, sin embargo la realidad es que, de los 110 representantes de la Cámara Baja 99 no forman parte de ningún partido político.

Fruto del acercamiento paulatino del gobierno de Minsk a su hermano mayor, el moscovita, bien por necesidad bien por convicción ideológica, la lengua rusa es cooficial junto al bielorruso, ambas son muy semejantes y provienen ambas de la familia indoeuropea . Además la moneda corriente del país es el rublo bielorruso, de suma importancia si se tiene en cuenta la imperante necesidad de importar materias energéticas del vecino oriental. A principios de 2006, el rublo bielorruso era la unidad monetaria con el valor más bajo de Europa. Un rublo ruso equivale aproximadamente a 81 rublos bielorrusos; un euro equivale alrededor de 2.800 rublos bielorrusos. Según datos del Fondo Monetario Internacional, del cual Bielorrusia es deudor, el país lleva viviendo desde hace unos años un crecimiento anual cercano al 6 % pese a que el problema de la elevada inflación, una media del 10,6%, continúa agravando el poder adquisitivo de los ciudadanos. En 2003 el índice de pobreza entre la población rozaba el 27%, muy alejado de las cifras de sus vecinos cercanos integrados en la Unión Europea. Sin embargo, presentaba unas cifras de paro de tan sólo un 1,6 % de la población activa, cifra de importancia relativa a la hora de realizar análisis con detenimiento ya que se especula con la existencia de una economía sumergida cercana al 60%. El diario “The Economist”, en su clasificación mundial del 2005 en función de la calidad de vida, situaba a Bielorrusia en el puesto 100, junto a países como Uganda, Moldavia o Rusia. Las reformas económicas propuestas desde 1995 apenas han dado resultados efectivos, las prácticas autocráticas de Lukashenko han frenado la entrada de capital extranjero; además, han dificultado enormemente la apertura de los mercados hacia el exterior. Asimismo, sigue sin ponerse fin a la dependencia de Rusia, heredada de las economías centralizadas soviéticas. Sin una modernización en la industria de la etapa soviética, ésta resta incapaz de hacer frente a las necesidades de la población y es Rusia quien encuentra una fuerte demanda por parte de los ciudadanos bielorrusos. Aunque por contra, cabe destacar que de esa misma época proviene la actual envejecida infraestructura industrial y una agricultura fuertemente desarrollada, junto a un tradicional nivel elevado de formación profesional. Una muestra de la herencia ideológica de Lukashenko, arraigada en las tendencias comunistas de la era soviética, es la situación de las empresas en el país: pese a un prometedor inicio privatizador en 1995, hoy día casi el 80% de las empresas industriales siguen siendo de propiedad estatal. Las anteriormente citadas importaciones de petróleo, gas y otros recursos energéticos, provenientes en su mayoría de la Federación Rusa, resultan clave para la sustento de las industrias pesadas; la producción y exportación de maquinaria como tractores, herramientas industriales, equipos agrícolas y fertilizantes protagonizan el principal factor de ingreso nacional. La minería y la agricultura de la zona es, sin duda, una de sus más valiosos recursos naturales; la abundancia de carbón y de madera (los bosques cubren un tercio de la nación) permite el desarrollo de una industria floreciente pese mantener bajos índices de productividad. La agricultura se concentra en la explotación de productos básicos como la patata, el trigo, la remolacha, la avena y el centeno. Finalmente, el ganado resulta fundamental para la subsistencia de un gran número de ciudadanos bielorrusos. Resulta significativa la distribución del producto interior bruto (PIB) generado por los aproximadamente 4,5 millones de ciudadanos con capacidad laboral efectiva: mientras la agricultura, la silvicultura y la pesca concentran algo menos del 10%, la industria y la construcción reúnen el 30% dejando el 60% restante al sector servicios.


Las dificultades para ejercer el periodismo

Bielorrusia es un país donde es ilegal criticar al presidente de gobierno; los medios de información divergentes con el poder suelen ser acosados e intimidados, la libertad de expresión sufre limitaciones impropias de un país democrático y la oposición política encuentra vedada su aparición en medios de comunicación de propiedad estatal. Organizaciones pro derechos humanos, además de agrupaciones de medios de comunicación como la Asociación Bielorrusa de Periodismo, ganadora también del premio Sajarov en 2004 por su lucha a favor de la libertad de expresión en la república ex soviética, señalan a las autoridades bielorrusas como protagonistas principales de la estrangulación de la vida política en el país.


Cronologia año  2006
4 de enero. Lukashenko cambia a varios miembros de la administración presidencial de cara a las próximas elecciones.

5 de enero. Rusia y Bielorrusia firmarán a lo largo del año una serie de tratados para equiparar los derechos de sus ciudadanos.

9 de enero. El académico bielorruso Alexander Voitovich retira su candidatura para la presidencia alegando que las elecciones son una farsa.

13 de enero. Moscú aplaude la decisión de Bielorrusia de reabrir la corresponsalía de la cadena pública de noticias rusa VGTRK.

20 de enero. El presupuesto de la Unión Rusia-Bielorrusia contará con 3,1 mil millones de rublos.

26 de enero. Creadas en Rusia circunscripciones electorales para votar al presidente de Bielorrusia.

19 de marzo. Lukashenko es reelegido en unas polémicas elecciones.

20 de marzo. Miles de opositores bielorrusos se manifiestan para exigir la anulación de los comicios.

21 de marzo. La oposición bielorrusa impugna los resultados ante la Comisión Electoral Central.

23 de marzo. Lukashenko, proclamado oficialmente presidente electo.

24 de marzo. La policía arrasa un campamento de la oposición en Minsk y detiene a 200 manifestantes.

07 de abril. La UE incluye en una lista negra al presidente Lukashenko y a 30 funcionarios bielorrusos.

10 de abril. La UE prohíbe la entrada al presidente bielorruso y a 30 funcionarios por fraude en los pasados comicios.

13 de julio. Condenado a cinco años y medio de cárcel el opositor bielorruso Kozulin.

23 de octubre. La Cámara de industria y comercio de Bielorrusia e Irán firman un tratado de cooperación comercial.

25 de octubre. Vladímir Putin nombra a Alexander Lukashenko gran partidario de la integración de Bielorrusia y Rusia.

27 de octubre. Bielorrusia y Lituania llega a un acuerdo para abrir tres nuevos puestos fronterizos mientras temporalmente.

 


Periodismo Internacional © 2022 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull
Aviso legal | Política de protección de datos | Política de Cookies