Anuario 2007
República Checa
"Finaliza la parálisis del Ejecutivo, pero continúan las fricciones en el seno de la coalición gubernamental"
Alexandra Mestres

El año 2007 ha sido la oportunidad de la República Checa para acabar con el estancamiento gubernamental que se vivía en el país desde las elecciones parlamentarias de junio de 2006. Así, y después de siete meses sin un gobierno activo, el 19 de enero, y tras superar una moción de confianza, subían al poder los conservadores del Partido Cívico Democrático (ODS), el centrista Unión Democristiana-Partido Popular (KDU-CSL) y el Partido de los Verdes (SZ). De este modo, después de ocho años de liderazgo de los socialdemócratas checos, el nuevo primer ministro, Mirek Topolanek, de la ODS, cambiaba el color político de la figura del jefe de Gobierno y la palabra “cambio” ha sido la más repetida desde entonces. Pero esta coalición “tripartita” ha tenido que afrontar más de un problema, originados, en general, en el mismo seno de la coalición. Los cargos por corrupción del viceprimer ministro y también ministro de Desarrollo Regional, el democristiano Jiri Cunek, fue uno de los primeros retos que tuvo que sortear el Ejecutivo. A la vez, la convivencia con los verdes no ha sido tan sencilla como en un principio podía pensar el Gobierno. El comunismo de antaño y los ejercicios de equilibrio en las relaciones entre la República Checa y Estados Unidos, así como con la Unión Europea, han caracterizado el ejercicio de este año 2007.   
Sólo la deserción de dos diputados socialdemócratas, Milos Melcák y Michal Pohanka, durante la moción de confianza, que planteó una coalición gubernamental entre el derechista Partido Cívico Democrático (ODS), el centrista Unión Democristiana-Partido Popular de Checoslovaquia (KDU-CSL) y el Partido de los Verdes (SZ), hizo posible poner el punto final al estancamiento gubernamental que acontecía en la República Checa desde las elecciones parlamentarias de junio de 2006. Aunque el Partido Cívico Democrático obtuvo una victoria técnica en los comicios, también resultó de ellos una Cámara de los Diputados partida prácticamente por la mitad entre derecha e izquierda, cosa que imposibilitó que Mirek Topolanek, líder del partido ganador y principal grupo de la derecha checa, pudiera conseguir el apoyo suficiente para formar una coalición gubernamental. Al bloqueo del Ejecutivo también ayudaron las reticencias de unos socialdemócratas que, después de ocho años en el poder, no digirieron del todo bien la derrota y obstaculizaron la consecución de un acuerdo.
    Sea como fuere, el 19 de enero nacía este nuevo Ejecutivo, que conseguía 100 votos a favor y 97 en contra en la moción de confianza y siempre con el lema del cambio como bandera del Gobierno. Sin embargo, más allá del simple cambio de color político en el Gobierno checo, esta victoria simbolizó el retorno del partido que en su momento encarnó no sólo los primeros años de una República Checa escindida ya de Eslovaquia –el 1 de enero de 1993 dejaba de existir Checoslovaquia y ambos países empezaban caminos bien distintos–, sino también la normalización del país tras la pérdida del poder por parte del Partido Comunista después de la Revolución de Terciopelo en 1989 –movimiento  pacífico mediante el cual se puso fin al papel dirigente del PC. Sin embargo, en ese momento era Václav Klaus, el actual presidente de la República, el que sostenía el cargo de jefe de Gobierno.
    Pero este enero nacía, sobre todo, una coalición que tenía en su seno un partido que nunca antes de las elecciones de 2006 había conseguido ningún escaño en la Cámara de los Diputados, cosa que pasaría factura al Ejecutivo: el Partido de los Verdes (SZ) superaba el umbral del 5% de los votos necesarios para conseguir representación parlamentaria y, finalmente, obtuvo un total de 6 diputados. Fue así como los Verdes llegaron y besaron el santo. De ahí, entraron en el poder y les adjudicaron la cartera de Educación y los Asuntos Relacionados con los Derechos Humanos. Pero si ya desde el principio se auguraban posibles encontronazos entre los verdes y los otros socios de gobierno, el transcurso de este 2007 no ha hecho otra cosa que confirmar los malos augurios. Su carácter proeuropeísta y la cautela que mantiene ante los mensajes norteamericanos ya eran dos señales de posibles fricciones con los cívico-democráticos, que tienden a mirar más hacia el Atlántico en detrimento de los vínculos con sus compañeros de la Unión Europea.
    Pero, sin duda, el bache más importante que ha tenido que afrontar el “tripartito” respecto a la presencia de los Verdes en el Gobierno ha sido la dimisión, a principios de octubre, de la ministra de Educación, Dana Kuchtová –cartera en manos del Partido de los Verdes–, así como también los problemas acumulados en ese ministerio. Kuchtová no resistió las duras críticas tanto del primer ministro, Mirek Topolanek, como de los otros dos partidos de la coalición (el ODS de Topolanek y la Unión Democristiana), que la responsabilizaron de no haber logrado elaborar a tiempo los materiales requeridos para obtener 2.500 millones de euros de los Fondos de la UE destinados a la Educación. Aunque contaba con el apoyo de su partido, Kuchtová decidió abandonar la cartera, no sin antes despojarse de la responsabilidad que le achacaban: “Insisto en que no me siento responsable de lo que se me inculpa. Los problemas se fueron acumulando desde hace más de dos años y mis antecesores no solucionaron nada. A mí se me exigió que lo resolviera todo en un par de meses, lo que es imposible”.
    Con la marcha de la ministra, se precipitaron los problemas, tanto dentro del Gobierno, como en el núcleo del mismo partido ecologista. Por un lado, tanto la ODS como KDU-CSL se negaron rotundamente a aceptar a Dusan Luzný, del partido de los Verdes, como alternativa a Kuchtová. Sus motivos eran claros: Luzný había sido el consejero de la ex ministra. La reacción de los Verdes no se hizo esperar y amagaron con abandonar la coalición. Por otro lado, la posterior búsqueda de candidatos alternativos trajo fricciones en el partido. El Consejo Nacional de los Verdes criticó duramente que la dirección hubiera elegido, sin previa votación, a Ondrej Liska como nuevo candidato al ministerio. Sea como fuere, el 4 de diciembre, Václav Klaus, presidente de la República, adjudicaba la cartera de Educación al ecologista Liska. Casualmente, a la misma hora, más de 128.000 trabajadores de siete mil escuelas de enseñanza básica y media y de establecimientos preescolares de todo el país participaban en una huelga para exigir mayores recursos financieros del presupuesto nacional al sector de la Educación para el año siguiente. De hecho, los profesionales exigían una partida extra de 112 millones de euros. Al día siguiente de la huelga, se aprobaban los presupuestos estatales para el 2008 y para decepción de los huelguistas, sólo habían conseguido 37 millones de euros adicionales.
    Pero más allá de los problemas acaecidos por la presencia de los Verdes, lo cierto es que los democristianos del Partido Popular de Checoslovaquia también han ayudado a desestabilizar la coalición: ninguno de los dos socios parece estar dispuesto a respaldar la reelección de Václav Klaus como presidente de la República, uno de los proyectos básicos del ODS y al que pertenecen Klaus y Topolanek. Sin embargo, el apoyo de verdes y centristas es indispensable para los cívico-democráticos, ya que en el sistema electoral checo la elección del jefe de Estado se hace con votación indirecta y con sesión conjunta de las dos cámaras del Parlamento –se requiere más de la mitad de votos de todos los diputados y más de la mitad de los votos de todos los senadores. Más allá de los deseos de Topolanek, lo cierto es que sus dos socios de Gobierno titubean con respaldar la propuesta presidencial de la oposición socialdemócrata: el profesor de Economía Jan Svejnar y cuya candidatura se hizo oficial el pasado 14 de diciembre.
    Además, el convulso camino por el que ha andado la coalición de Topolanek también se ha encontrado con el bache de la corrupción; una corrupción encarnada en la figura de Jiri Cunek, líder de Unión Democristiana, viceprimer ministro y ministro de Desarrollo Regional del Gobierno. Ya en enero de este año se le acusaba de haber aceptado un soborno de 18.000 euros por parte de la empresa H&B Real, cuando Cunek era alcalde de Vsetín, en febrero de 2002. El 7 de febrero de este año, el Senado le revocaba la inmunidad parlamentaria y dos días después se presentó la querella criminal. La suspensión de las investigaciones a principios de agosto apaciguaron las aguas turbulentas por las que navegaba Cunek, pero muy distintas fueron las consecuencias que sucedieron a la emisión de un reportaje de la televisión pública checa en octubre, en el que se acusaba a Jiri Cunek de cobrar, en los años 90, subsidios sociales a pesar de que tenía depositados unos 125.000 euros en sus cuentas bancarias. Tres días después, el 1 de noviembre, la Fiscalía decidía reabrir la primera acusación por corrupción –Cunek habría aceptado un soborno siendo alcalde de la localidad checa de Vsetín– y, automáticamente, el ministro dimitía de sus cargos.
    Pero la reapertura de dichas investigaciones tan sólo duró unos días. En noviembre, y por segunda vez, la Fiscalía volvía a suspender la persecución penal. Ese mismo día, Cunek confesó estar barajando la posibilidad de volver al Ejecutivo, cosa que motivó las amenazas de los Verdes de salir de la coalición si se cumplía dicho regreso. De momento, y después de que Topolanek afirmase que el retorno del líder de los democristianos era un tanto precipitado, Cunek sigue al margen del Gobierno y aún se enfrenta a la acusación de haber cobrado, supuestamente de manera indebida, subsidios sociales. Con todo este panorama, no cuesta entender los resultados de un sondeo de la organización Transparency Internacional  publicado a principios de diciembre del que se desprende que los checos no creen que el Gobierno acierte en sus políticas para luchar contra la corrupción. Un 44% de los encuestados creen que la corrupción irá a más en los próximos años, mientras que un 26% opina que seguirá siendo el mismo.
    Ante la inestabilidad acontecida en el seno de la coalición gubernamental y aprovechando la baza de que el Gobierno tiene una mayoría ajustada en la Cámara de los Diputados, la oposición socialdemócrata ha presentado en tan sólo un año dos mociones de censura: la primera se celebró el 20 de junio y la segunda, el 5 de diciembre. En los dos casos, el Ejecutivo ha salido airoso, no sin evitar que se mermara la confianza de la población en la misma coalición. Así pues, no son nada alentadores los resultados de una encuesta realizada por la agencia STEM, que reflejaba a mediados de noviembre –un año y medio después de las elecciones parlamentarias– que tan sólo el 20% de los ciudadanos se muestran satisfechos con la situación política en la República Checa.    


Las reformas clave del Gobierno y la continua presencia del fantasma comunista

    Las finanzas públicas y la sanidad. Éstos han sido los ámbitos escogidos por el Ejecutivo para materializar su voluntad reformadora y que se ha convertido en su lema desde la campaña electoral de las elecciones de 2006. Unas reformas que, si bien han llegado a buen puerto y ambas ya han sido aceptadas y ratificadas por la Cámara de los Diputados –siempre, eso sí, con la ayuda de los dos tránsfugas socialdemócratas y ahora diputados independientes, Milos Melcák y Michal Pohanka–, aún les falta el visto bueno del Senado y del presidente de la República. Pero más allá de lo que pueda suceder en la elección del nuevo jefe de Estado el 8 de febrero de 2008, no se esperan contratiempos en la Cámara Alta, donde los cívico-democráticos controlan 40 de los 80 miembros del Senado.
    Sin embargo, el derrotero por el que han andado sendos proyectos –el de las finanzas públicas y el de la sanidad– no siempre ha sido fácil. El 3 de abril se presentaba el plan de reforma fiscal, el cual, según el Gobierno, supone los mayores cambios en la sociedad checa desde el año 1993 –año de la partición de Checoslovaquia. Siempre con el fin de reducir el déficit de las arcas estatales y estabilizar los presupuestos públicos, la reforma incluye una disminución de los impuestos a las personas físicas y jurídicas y el recorte de distintos subsidios sociales, tales como la baja por maternidad. Además, el paulatino crecimiento del IVA se traducirá a su vez en el encarecimiento de los alimentos y de otros productos.
    Ante este panorama, el 25 de junio, 30.000 sindicalistas salieron a la calle para protestar contra la anunciada reforma, sosteniendo que ésta, en vez de sanear las finanzas públicas, sólo afectaría negativamente a las capas medias y bajas de la población y, por consiguiente, polarizaría aún más la sociedad checa. Argumentos que también sostiene la oposición socialdemócrata del que fue primer ministro entre 2002 y 2006, Jirí Paroubek. Sea como fuere y tras superar también voces discordantes que se alzaron en el mismo Gobierno, como la del diputado Vladimír Tlustý, el 21 de agosto se aprobaba con tan sólo un voto de diferencia el proyecto de reforma fiscal. Unos cambios que, si no hay contratiempos, se esperan que entren en vigor a partir del 1 de enero de 2008.
    Asimismo, estos cambios han motivado reformas en el ámbito de la sanidad, no absento de polémica desde que el ex ministro de Sanidad, el socialdemócrata David Rath, llegara a la cartera en 2005. Sólo llegar al poder, Rath despidió al director de VZP, la principal aseguradora médica del país, y la convirtió en una empresa de titularidad pública. Aunque perseguía controlar los problemas financieros que achacaban a la aseguradora, los resultados han sido más que cuestionados y muchos creen que su “desprivatización” la debilitó aún más. Desde entonces, VZP ha estado en el punto de mira por su gestión financiera, así como por los retrasos en sus pagos a médicos y hospitales.
    Es en este contexto de un mermado sistema sanitario público donde llegaron las propuestas a finales de febrero del actual ministro de Sanidad, Tomás Julínek. Las reformas perseguían reducir los gastos en la sanidad pública mediante el cobro de cuotas simbólicas por servicios médicos que, hasta la fecha, había cubierto en su totalidad VZP.  Así, por ejemplo, y tras la aprobación del proyecto en la Cámara Baja el 13 de agosto, a partir de 2008 una consulta al médico general, así como una receta en la farmacia, les costará a los pacientes checos poco más de un euro (treinta coronas), un día de estancia en el hospital, dos euros, y tres, la consulta en urgencia. En cambio, las consultas preventivas y los exámenes en laboratorios seguirán siendo gratuitos. Los niños con enfermedades crónicas y las embarazadas podrán quedar liberados de algunos de los pagos.
    A pesar de que estos cambios ya están aprobados, lo cierto es que han contado con la oposición de los médicos, que proponen alternativas al nuevo sistema de pagos. Así por ejemplo, el Colegio de Médicos Checo defiende que el paciente incurra en unos pagos directos, pero que luego reciba de vuelta por parte de las cajas de su seguro médico. Pero a Julínek se le acumulan los problemas en su ministerio: los profesionales del sector ya han manifestado también su acérrima oposición a aumentar la jornada laboral de cuarenta a cuarenta y ocho horas semanales, otra de las reformas planteadas por el ministro.
    Pero si con el advenimiento de este nuevo Ejecutivo han llegado brisas reformadoras, no menos cierto es que el fantasma comunista todavía perdura en este país de Europa del Este, dieciocho años después de la caída de la Unión Soviética y más allá de que gobiernen socialdemócratas o cívico-democráticos. Aunque ésta es una dinámica que se halla en todos los países de la zona que fueron satélites de la URSS durante la Guerra Fría, lo que sucede en la República Checa adquiere una mayor dimensión. Esto se debe a que los checos cuentan con una “ley de la lustración” –obliga a investigar el pasado de los ciudadanos en busca de resquicios de una colaboración con la policía secreta de la era comunista (StB)– desde 1991 y, de hecho, ha sido el país de la zona que con sus acciones y comportamiento ha marcado el compás del resto a la hora de lidiar con sus pasados. Eso sí, una ley que ha puesto de manifiesto las dos posibles posturas políticas frente a la cuestión comunista: mientras unos prefieren olvidar y perdonar, otros, en cambio, entienden la revisión del pasado como condición sine qua non para el buen funcionamiento del sistema. Y 2007 ha simbolizado un nuevo empujón de los que creen en el revisionismo y se ha seguido, de esta manera, con una ley que ya en los años 90 investigó a más de 300.000 checos y que tuvo un repunte importante en 2005. De modo parecido ha entendido Polonia este año 2007. El Gobierno bicéfalo de los Kaczynski puso en marcha una “ley de la lustración” dirigida a los funcionarios del país, pero que el nuevo Ejecutivo del liberal-conservador Donald Tusk ya ha tumbado. A diferencia de los Kaczynski, Tusk pertenece a la escuela del perdón.
    En la República Checa el año empezó con la retirada de una medalla honorífica a Jindrich Holecek, prestigioso teólogo del país. Lo hizo la Academia de las Ciencias Checa, tras conocer los vínculos de Holecek con la StB. Sin embargo, fue el 5 de febrero de este año cuando la coalición demostró firmemente su interés a promover dicho revisionismo: Ivan Langer, Ministro del Interior, ordenó la reinvestigación de 1.000 certificados de lustración de trabajadores de altas posiciones en los departamentos de la policía nacional. Una noticia que llegaba tras saberse que Pavol Mihál, el jefe de la Interpol checa, podría haber colaborado con la policía secreta comunista. “Si la reinvestigación es positiva, la persona en cuestión perderá su puesto de trabajo. Todos estos cargos requieren un resultado negativo de las investigaciones”, afirmó Radek Holý, portavoz del Ministerio del Interior. Medidas coherentes si atendemos a los comentarios de los expertos que destacan el carácter estricto de esta “ley de la lustración” checa. De hecho, a cualquier persona que se le haya probado su colaboración con la antigua policía comunista le es prohibido trabajar en el Gobierno, en servicios de seguridad, en empresas públicas, en la judicatura y en altos cargos académicos, entre otras limitaciones.
    Pero la lista de acusaciones también alcanzó al Servicio de Inteligencia Militar Checo (VZ). A finales de febrero, el general Miroslav Krejcík, el jefe de dicho servicio, daba a conocer que en 2003 y, por tanto, catorce años después de la Revolución de Terciopelo –movimiento pacífico mediante el cual el Partido Comunista perdió el poder en Checoslovaquia y ésta regresó a la democracia–, este organismo aún estaba repleto de miembros de la antigua policía secreta comunista. Según Krejcík, por aquel entonces el Gobierno aún no había podido purgar la VZ de todos estos agentes, sobre todo en lo que concierne a la rama de contraespionaje, en la que se calcula que el 76% de sus oficiales habían sido agentes de la antigua StB. Sin embargo, este agosto y después de tres años de trabajo, también el Servicio de Inteligencia Militar conseguía reconstruir los archivos de la antigua unidad de contraespionaje militar (VKR), la rama militar de la StB y mediante los cuales se descubrió un sistema codificado que habría permitido ocultar las identidades de los agentes de la antigua policía comunista que continuaron manteniendo cargos militares después de la revolución. Precisamente, todos estos descubrimientos ya están en manos de los agentes de la Autoridad Nacional para la Seguridad Checa (NBÚ), encargados ahora de buscar los antiguos agentes de la VKR que habrían podido burlar las primeras investigaciones de lustración mediante la falsificación de las bases de datos. De este modo, se ha puesto de manifiesto la capacidad de ocultación y mutación de los que fueran policías del antiguo cuerpo comunista y la ineficacia, en algunos casos, de los revisionistas para desvelar la auténtica identidad de los investigados.
    Los que sí que han ayudado en esta “caza de brujas” han sido los medios de comunicación que, alentados por los nuevos esfuerzos del Ejecutivo, se han sumado a la carrera por desvelar y destapar más nombres de antiguos colaboradores de los comunistas. Fue la Televisión Checa la que alertó del colaboracionismo de Pavol Mihál, jefe de la Interpol checa. Por su parte, el diario “Lidové noviny” acusó al cantante de folk Jaromír Nohavica de los mismos cargos, y el periódico “Mladá fronta Dnes” informó de que el ex primer ministro Josef Tosovsky ayudó a la StB cuando ejercía de consejero del Banco Central Checoslovaco en 1986.
    Para solucionar estos problemas, Ivan Langer, Ministro del Interior, se ha propuesto seguir con su proyecto “Abrir el Pasado” , anunciado ya en noviembre del año pasado y que consiste en organizar y desclasificar los archivos de la República Checa que contienen los nombres de muchos de los checos que colaboraron con la policía secreta comunista. Ha sido este único aspecto de la cuestión comunista en el que la oposición socialdemócrata de Jiri Paroubek (CSSD) se ha mostrado contraria a la posición del Gobierno, alegando que dichas acciones no dejan de ser una violación del derecho a la privacidad e intimidad: “El régimen totalitario no respetó estos derechos. El señor Langer está continuando con esta misma práctica”, declaró la portavoz del CSSD, Kveta Kocová.


La República Checa juega a los equilibrios entre la UE y Estados Unidos

    Tres años después de su ingreso en la Unión Europea, en mayo de 2004, la República Checa se planta en 2007 ejerciendo una política de equilibrios en el seno de la UE y afrontando numerosos retos, aunque siempre mirando de reojo a Estados Unidos. Así, el 27 de agosto, el ministro de Hacienda informaba a los checos de que, finalmente, no podrían adoptar el euro en 2012, tal y como se había proyectado anteriormente. Antes, el país tiene que superar reformas económicas sustanciales con tal de reducir el déficit financiero público –se tendrá que ver si las reformas fiscales lanzadas por la coalición tripartita harán superar la prueba. Mientras tanto, Eslovenia, que entró en la UE el mismo año que la República Checa, ya ha adoptado el euro y Eslovaquia tiene previsto hacer lo mismo en 2009.
    Pero, sin duda, una de las cuestiones más espinosas y embarazosas a las que se enfrenta el país es la ratificación del Tribunal Penal Internacional, creado a raíz del Tratado de Roma de 2002. La presión que siente el Gobierno de Topolanek es doble: la República Checa es el único país miembro de la Unión que aún no ha respaldado el Tribunal y, además, en enero de 2009 tiene que sostener la presidencia de turno de la UE. El mismo primer ministro ya anunció en marzo que sería “intolerable” que el país adquiriese dicha presidencia sin antes haber dado luz verde al Tratado de Roma. Sin embargo, la oposición en el país todavía es considerable y entre sus reticencias la más importante es, según ellos, la pérdida de soberanía que supondría unirse al acuerdo: el Gobierno se vería forzado a extraditar al extranjero a sus ciudadanos y, por lo tanto, se violaría la inmunidad constitucionalmente garantizada para los diputados del Parlamento. Aunque el Ejecutivo ya ha afirmado que ésta es una de la cuestiones primordiales de su mandato, lo cierto es que a finales de 2007 y, por tanto, a tan sólo un año de su presidencia de la UE, aún no se ha solucionado este incómodo problema.
    Más allá de los encontronazos con el resto de los países miembros de la Unión,  lo cierto es que durante este 2007 la República Checa también ha vivido momentos distendidos con la UE. Así, el 20 de junio Praga anunciaba que no respaldaría la oposición polaca al nuevo sistema de votos que prevé el Tratado de Lisboa y que suple la fracasada Constitución Europea. Por su parte, los checos también recibieron un regalo de la Unión de los 27 cuando supieron, el 4 de octubre, que el país entraría en la zona Schengen –espacio europeo libre de controles fronterizos internos– el 21 de diciembre de este año 2007. Además de la República Checa, también se adhirieron Estonia, Hungría, Letonia, Malta, Polonia, Eslovenia y Eslovaquia, todos ellos, excepto la isla de Malta, antiguos países bajo órbita comunista. Esta decisión afectó primero a los controles terrestres y marítimos y, más tarde, a partir del 30 de marzo, también incluirá los aéreos.
    Así pues, ya son 24 los países que engrosan la zona Schengen –ésta ha sido la ampliación más numerosa. Sin embargo, para gustos, colores. Los optimistas consideran esta ampliación como el fin de uno de los resquicios del “telón de acero”, mientras que los pesimistas temen a una “Fortaleza Europea”, una ola de inmigración ilegal o el incremento del crimen organizado. Además, algunos de ellos ponen en entredicho la efectividad de estos países de Europa del Este a la hora de encargarse de las fronteras de la UE con sus vecinos colindantes, tales como Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Croacia.
    Lo cierto es que los países afectados han tenido que mejorar a marchas forzadas sus capacidades técnicas y administrativas para controlar las fronteras, revisar visados y emitir permisos de residencia según Schengen. Aun así, será a partir de diciembre cuando tendrán que demostrar que todas estas reformas no quedan en papel mojado. La principal motivación de estos países son las mejoras económicas que se pueden derivar del ingreso en el espacio, ya que la zona Schengen se deshace de regulaciones excesivas y burocráticas.
    Aun con todo esto, la República Checa continúa mirando de reojo hacia el Atlántico, es decir, hacia unos Estados Unidos, al que considera que todavía tiene que recompensar su puesta en libertad e independencia gracias al “punto cinco” de la famosa declaración del presidente Wilson tras la Primera Guerra Mundial y que consideran el empuje hacia la Checoslovaquia independiente después de la Gran Guerra. En este año 2007, el rédito para los norteamericanos llegó el 19 de enero, cuando Praga dio el visto bueno a los planes norteamericanos a emplazar un sistema de radar en la República Checa como parte del escudo antimisiles de Washington en la zona –a su vez, Bush ya tiene el “sí” de Varsovia para establecer diez cohetes antimisiles en suelo polaco.
    Pero a diferencia de Polonia, donde el escudo antimisiles norteamericano no se ha convertido en una cuestión de debate político, en la República Checa la situación es bien distinta. El poco titubeante “sí” de los cívico-democráticos de Topolanek no sólo tiene que afrontar la oposición de los socialdemócratas (CSSD) y comunistas (KSCM), sino que además el Partido de los Verdes, socio de la coalición, también se muestra reticente a los planes de George Bush. Así pues, los Verdes, más europeístas que no atlantistas, incomodan también en este ámbito al socio principal del Gobierno.    Más allá de las disputas en las esferas parlamentarias, la población también ha tomado posturas diametralmente opuestas: mientras que algunos ven en la presencia norteamericana el modo de proteger sus espaldas frente a una Rusia que aún despierta desconfianzas entre los checos, otros, alentados por lo sucedido en Irak y la pérdida, en parte, de la credibilidad de EE.UU. en su política exterior, rehúsan tales planes. Por todo esto y para hacer frente a las reticencias de los pueblos cercanos a la base militar de Brdy –donde está prevista la instauración del radar–, Topolanek llevó a cabo campañas publicitarias para persuadir a estas localidades de aceptar el sistema de radar, además de prometerles incentivos monetarios que, según el primer ministro, revitalizarán econonómicamente el territorio, convirtiéndolo en destino turístico. Pero, más allá de los cheques regalo, la población checa se ha manifestado reiteradamente en contra del visto bueno de los cívico-democráticos a los planes de Bush.
    Así pues, vemos los ejercicios de equilibrio que el Ejecutivo de Topolanek aplica en sus actuaciones en el Viejo Continente y en Estados Unidos. Praga no se atreve a cerrar las puertas a cualquier colaboración más allá del Atlántico, porque teme que así como ya lo hizo una vez, su vecina Europa occidental la olvide y la deje sin amparo frente la cercana Rusia. Pero el primer ministro no se olvida de las concesiones que a su vez tiene que hacer como miembro de la UE, de la que puede sacar mucho rédito económico. Así, por ejemplo, en 2004, año de la entrada de la República Checa en la Unión, sus exportaciones crecieron un 25’7%, situándose en los 95.990 millones de dólares y las importaciones en un 21’4%, llegando a los 97.497 millones de dólares y todo porque la UE ha sido, en los últimos años, clave para el comercio exterior checo; absorbe el 83’9% del total de las exportaciones y Alemania es su primera destinación. En lo que respecta al PIB de la República Checa, se ha constatado, en el transcurso de los últimos años, un desarrollo satisfactorio; así por ejemplo, en 2006 el Producto Interior Bruto alcanzó los 178.000 millones de dólares. Asimismo, para este año las cifras también se prevén positivas. Se espera que el PIB se sitúe en el 5’7%.     
    De hecho, de todos los antiguos países bajo órbita comunista, la República Checa es de los más estables y prósperos, y en los últimos años, ha vivido una recuperación de la inversión extranjera e interna. Además, el consumo privado está desempeñando un papel fundamental en el apuntalamiento del crecimiento económico de un país, que tiene el IPC bajo control.
    Además, desde la escisión de la República Checa respecto Eslovaquia en 1993, el sueldo medio mensual ha crecido más del triple, haciendo que el nivel de vida en el país mejorara visiblemente. Mientras que en el año 1993 el sueldo medio era de unos 300 dólares, en este 2007 se ha situado alrededor de los 1.170 dólares.
    Pero sin duda, si la República Checa todavía tiene una cuenta pendiente, ésta es la del paro. Aunque noviembre trajo el índice de paro más bajo de los últimos años (341.438 personas sin trabajo, situándose en el 5’6%), lo cierto es que la República Checa sigue presentando grandes diferencias regionales; así, en Mostecko la tasa de paro se sitúa en el 15’1%, mientras que el distrito occidental de Praga y el distrito oriental están en el 1’6% y 1’8%, respectivamente. Además, las mujeres continúan siendo las grandes perjudicadas: de todos los inscritos en las oficinas de empleo, un 55’1% son mujeres.



Cronologia año  2007
9 de enero. La Academia de las Ciencias Checa retira una medalla honorífica al prestigioso teólogo del país Jindrich Holecek, después de que éste hubiera reconocido sus vínculos con la StB, la policía secreta de la etapa comunista.

19 de enero. Después de las elecciones parlamentarias de junio de 2006 y tras siete meses sin un gobierno activo, se constituye un Ejecutivo de coalición entre los conservadores del Partido Cívico Democrático (ODS), el centrista Unión Democristiana-Partido Popular (KDU-CSL) y el Partido de los Verdes (SZ), después de superar una moción de confianza, con 100 votos a favor y 97 en contra. Mirek Topolanek, de la ODS, y nuevo primer ministro, termina con los ocho años de liderazgo de los socialdemócratas checos. Además, este mismo día Praga da el visto bueno a Washington para que despliegue su sistema de radar, parte del escudo antimisiles norteamericano.

23 de enero. Jiri Cunek, líder de Unión Democristiana, viceprimer ministro y ministro de Desarrollo Regional del Gobierno, es acusado de haber aceptado un soborno de 18.000 euros por parte de la empresa H&B Real en febrero de 2002, cuando era alcalde de Vsetín.

5 de febrero. Ivan Langer, ministro del Interior, ordena la reinvestigación de 1.000 certificados de lustración de trabajadores de altas posiciones en los departamentos de la policía nacional.

7 de febrero. El Senado revoca la inmunidad parlamentaria al viceprimer ministro Jiri Cunek.

9 de febrero. Se presenta una querella criminal contra el viceprimer ministro y ministro de Desarrollo Regional, Jiri Cunek.

3 de abril. El Gobierno presenta el plan de reforma fiscal con el fin de reducir el déficit de las arcas estatales y estabilizar los presupuestos públicos.

20 de junio. La oposición socialdemócrata presenta una moción de censura aprovechando que el Gobierno tiene una mayoría ajustada en la Cámara de los Diputados; el Ejecutivo de Topolanek sale airoso.

25 de junio. 30.000 sindicalistas salen a la calle para protestar contra el plan de reforma fiscal, anunciado por el Ejecutivo de Topolanek en abril. Sostienen que dichas reformas afectaran a las capas medias y bajas de la población.
    
6 de agosto. Se suspenden las investigaciones acerca de la presunta corrupción de Jiri Cunek en 2002 cuando era alcalde de Vsetín.

13 de agosto. La Cámara Baja aprueba el proyecto presentado por el ministro de Sanidad Tomás Julínek a finales de febrero, que persigue reducir los gastos en la sanidad pública mediante el cobro de cuotas simbólicas por algunos servicios médicos. Además, después de tres años de trabajo, el Servicio de Inteligencia Militar consigue reconstruir los archivos de la antigua unidad de contraespionaje militar (VKR), la rama militar de la StB.

21 de agosto. La Cámara Baja aprueba el proyecto de reforma fiscal con tan sólo un voto de diferencia

27 de agosto. El ministro de Hacienda informa a los checos de que no podrán adoptar el euro en 2012, tal y como se había proyectado.    

26 de septiembre. La ministra de Educación del SZ, Dana Kuchtová, anuncia que a principios de octubre dejará la cartera. 

4 de octubre. Bruselas acepta que la República Checa se integre en la zona Schengen –espacio europeo libre de controles fronterizos internos– el 21 de diciembre de 2007. También se tienen que adherir Estonia, Hungría, Letonia, Malta, Polonia, Eslovenia y Eslovaquia, todos ellos, excepto la isla de Malta, antiguos países bajo órbita comunista.       

29 de octubre. La televisión pública checa emite un reportaje en el que acusa al viceprimer ministro Jiri Cunek de cobrar, en los años 90, subsidios sociales a pesar de que tenía depositados unos 125.000 euros en sus cuentas bancarias.

1 de noviembre. La Fiscalía decide reabrir las investigaciones que tratan de descubrir si Cunek aceptó en 2002 un soborno de 18.000 euros por parte de la empresa H&B Real. Automáticamente, Jiri Cunek dimite de sus cargos.

20 de noviembre. La Fiscalía vuelve a suspender la persecución penal contra Jiri Cunek reabierta a principios del mes de noviembre. Cunek confiesa que baraja la posibilidad de volver al Ejecutivo.

4 de diciembre. Václav Klaus, presidente de la República, adjudica la cartera de Educación al ecologista Ondrej Liska. A la misma hora, 128.000 trabajadores de siete mil escuelas de enseñanza básica y media y de establecimientos preescolares se suman a una huelga para pedir mayores recursos financieros del presupuesto nacional para el sector.

5 de diciembre. Se aprueban los presupuestos estatales para  2008 y, para decepción de los profesionales del sector de la educación, sólo consiguen 37 millones de euros adicionales de los 112 que reclamaban. Además, por segunda vez en tan sólo un año, la oposición socialdemócrata vuelve a presentar una moción de censura contra el tripartito; el Gobierno encabezado por el ODS vuelve a salir airoso.

13 de diciembre. Los Veintisiete firman el nuevo Tratado europeo en Lisboa y terminan así con la crisis institucional.

14 de diciembre. Se hace oficial la candidatura presidencial de la oposición socialdemócrata del profesor de Economía Jan Svejnar, a la que el KDU-CSL y el SZ dudan con apoyar, en detrimento a la reelección de Václav Klaus, miembro del partido de Mirek Topolanek, el partido Cívico Democrático. 

 


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