Anuario 2006
Georgia
"La política aperturista de Georgia causa tensiones con Rusia"
Miguel Ángel Albújar

Este año 2006 será recordado por el sonoro estallido de la tensión acumulada entre los Ejecutivos de Tiflis y Moscú. Desde la desaparición de la esfera política de Eduard Shevardnazde, en noviembre de 2003, un declarado prorruso que estuvo al frente de la pequeña república caucásica durante ocho años, seguida por el nombramiento de Mijail Saakashvili como presidente con el 96,3% de votos y la formación de un Ejecutivo formado por miembros de su partido, el entonces Movimiento Nacional (EM),  las relaciones entre los dos países han sufrido frecuentes altibajos. Estos se produjeron principalmente como consecuencia del carácter prooccidental del Ejecutivo formado por Saakashvili, abogado formado en la Universidad de Nueva York y la Universidad George Washigton,  hasta desembocar en la llamada “crisis de los espías”.
El 26 de septiembre de 2006 la prensa de ámbito internacional se hizo eco de la detención en Tiflis de cuatro militares rusos además de una decena de ciudadanos georgianos; posteriormente se reveló la pertenencia de los militares a una unidad especial de la inteligencia militar de la Federación Rusa (GRU). Todos ellos fueron acusados de espionaje. Dicha acción provocó la reacción por parte del Ejecutivo de Vladimir Putin: Rusia propuso al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas una resolución en la que se condenase lo que apuntaban a llamar, en palabras del propio Putin, como “provocación y chantaje” fruto de la política “anti-rusa” desplegada por el Gobierno de Mijail Saakashvili. Esta vez el laberinto de alianzas se puso en marcha en favor de Georgia, con el veto de Estados Unidos y la tímida protesta de la Unión Europea ante una acción extrema como la detención de ciudadanos extranjeros y la acusación a un país vecino del delito de espionaje. Entre tanto, el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, tomaba cartas en el asunto instando a ambas partes a la moderación para la resolución de un conflicto que amenazaba la estabilidad del Cáucaso y, por tanto, el abundante tránsito de gas y petróleo. A su vez, Rusia retiraba su embajador descubriendo el auténtico alcance de la crisis y celebraba una reunión con los líderes separatistas de las regiones de Abjasia, Sergey Bagapsh, y Osetia del sur, Eduard Kokoity, como medida de presión adicional. Ante el estancamiento momentáneo de la situación, el Kremlin optó por tensar un poco más la cuerda anunciando la paralización de la retirada de sus tropas acuarteladas en Georgia. Rusia posee aproximadamente dos divisiones de infantería acuarteladas en Georgia desde la etapa soviética. La retirada de este contingente presumiblemente facilitaría la llegada de fuerzas aliadas estadounidenses a la zona para apuntalar un “cinturón de seguridad” que engloba a las repúblicas de Uzbekistán y Kirguizistán (puente natural para el transporte de hidrocarburos); actualmente, su presencia se limita a oficiales e instructores. Estos tres países configuran una de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta.
 La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), en la persona de Karel de Gucht, ministro de Asuntos Exteriores belga, se personó en Tiflis para gestionar junto a Saakashvili una salida inmediata del problema. El  2 de octubre, Georgia entregó los militares arrestados a la OSCE, quien a su vez se ocupó de entregarlos a las autoridades rusas. La situación parecía encauzarse pero, para sorpresa de la comunidad internacional, el día siguiente a la entrega de los militares, Moscú anunció la suspensión de comunicaciones por tierra y mar, además del transporte por carretera, ferrocarril e incluso aéreo, así como de los servicios postales con la República de Georgia. Esta decisión supone el abandono total de sus ciudadanos rusos en territorio extranjero ya que, privados de sistemas alternativos para volver a sus casas, se encontraron súbitamente en un Estado enzarzado en un conflicto con su país de origen. Al mismo tiempo, estas medidas implicaban la imposibilidad de continuar las transferencias económicas de los georgianos instalados en Rusia, así como de todo tipo de intercambio comercial entre los dos países. Una nueva versión del bloqueo económico, si se tiene en cuenta la necesidad económica que tiene Georgia respecto a la entrada de rublos a través del más de millón de inmigrantes establecidos en territorio ruso que suponen un elemento clave para la economía de Georgia. Además de la fuerte dependencia de Tiflis respecto a los hidrocarburos procedentes de Rusia. Posteriormente, miembros del Ejecutivo de Tiflis denunciaron una persecución encubierta de ciudadanos georgianos en territorio ruso por parte de Moscú. Estas declaraciones contrastaron con las realizadas por las autoridades rusas, quienes respondieron que la deportación de cinco mil georgianos residentes en Moscú respondía a la intensa actividad mafiosa generalizada en miembros de esta etnia.
Augusto Zamora, profesor de derecho internacional y relaciones internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid, sentenciaba como una irresponsabilidad por parte de Saakashvili su comportamiento durante la “crisis de los espías” ya que una desestabilización del Cáucaso no parecía prometer una imposición de factores favorables a Georgia. La alternativa más razonable debería haber sido la cooperación entre el Estado débil y el Estado fuerte.

    La República de Georgia se revela, dentro del laberinto de intereses de las antiguas repúblicas ex soviéticas, como fuente de conflictos entre los intereses occidentales y la creciente influencia en expansión de Rusia. Al mando de la nave se encuentra Mijail Saakashvili, que consiguió la presidencia del país después de derrocar, gracias a la llamada “Revolución de la Rosa”, al entonces presidente, Eduard Shevardnazde, quien presidió el país durante 11 años y lo sumió en una vorágine de corrupción autocrática. Saakashvili, hombre educado en Estados Unidos, ha subrayado como puntos clave de su política la resolución de los conflictos con las provincias separatistas de Adjaria, Abjazia y Osetia de Sur, donde el 13 de noviembre se ha celebrado un opaco referéndum con resultados encaminados a una futura salida de Georgia y posterior unión con Osetia del Norte (Rusia). Por otro lado, en su obsesión por inmunizarse a la ola de influencia del Kremlin, continúa su estrategia de acercamiento a la OTAN, gracias a la colaboración activa con Washington. Esta situación es vista desde Moscú como una amenaza directa a su condición de potencia hegemónica en la zona, hecho que motiva a Moscú a participar en el juego de tensiones e intereses étnicos y políticos de la zona.

Sería necesario destacar que, como anteriormente se ha indicado, Georgia se enfrenta a tres movimientos separatistas en el interior de su territorio. Dos de ellos, Abjazia y Osetia del Sur pueden derivar en una guerra civil que implique a todo el país debido a la tensión existente. Ambas regiones funcionan de manera autónoma desde 1991 y han gozado del apoyo de Rusia, que durante todo 2006 ha parecido muy interesada en todos los movimientos de estos dos territorios. Fue la propia Rusia quien consiguió poner fin al enfrentamiento que tuvo lugar entre las provincias rebeldes y el Gobierno de Tiflis enviando tropas. El envío provocó una crisis entre los dos países, ya que fue interpretado por Georgia como una intromisión en asuntos internos. Todavía hoy Tiflis pide la retirada de las fuerzas rusas establecidas en las regiones separatistas y su sustitución por fuerzas de paz internacionales.

Dependencia energética y económica
Georgia presenta carestía de recursos energéticos. Así pues, el anuncio por parte de Moscú de aumentar el precio de gas ha provocado inestabilidad económica en el país además de una reducción en el volumen de inversiones extranjeras. Los esfuerzos del Ejecutivo de Tiflis, en manos del primer ministro, Zurab Nogaideli, miembro del MND (Movimiento Nacional Demócrata) al igual que Saakashvili, por negociar una rebaja considerable del precio del gas con el gigante de la energía Gazprom, empresa rusa que controla el monopolio de los hidrocarburos y de participación estatal, resultaron sumamente decepcionantes.
Como posible alternativa a esta dependencia acuciante de los intereses de las empresas de hidrocarburos rusas, con participación estatal en el accionariado de todas ellas, se visualizan dos vías alternativas: la finalización del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan, que llevaría petróleo hasta la costa mediterránea de Turquía. Inaugurado el 12 de julio, posee una extensión de 1.767 kilómetros (443 en Azerbaiyán, 248 en Georgia y 1.076 en Turquia) y para llenarlo se han necesitado 10 millones de barriles de crudo. La capacidad de tránsito del oleoducto es de entre 50 y 85 millones de toneladas anuales.
La entrada de Kazajstán, que suscribió su ingreso en la sociedad el 16 de julio, permitirá enlazar la terminal de Bakú, capital de Azerbaiyán, con el puerto kazajo de Aktau, lo que facilitará exportar crudo a los países occidentales. Once compañías de diversos países participan del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC): BP, INPEX, la azerbaiyana CEPA, las estadounidenses Uncoal, ConocoPhillips y Ameranda Hess, la turca TPAO, la italiana ENI, la noruega Statoil, la francesa TOTAL y la japonesa ITOCHU.
Otra alternativa es el gasoducto Bakú-Tiflis-Erzerum (BTE), que entró en funcionamiento en mayo, y está financiado en gran medida por Estados Unidos. Capaz de transportar 100 millones de metros cúbicos de gas anuales desde el yacimiento de Shakh-Deniz, Azerbaiyán, atraviesa Georgia hasta llegar a Turquía. Las reservas de esta zona del mar Caspio son de 178 mil millones cúbicos de gas y 32 millones de toneladas de gas condensado, .
Estas dos construcciones, junto a la entrada en funcionamiento de la línea ferroviaria Kars-Ajalkalaki-Bakú, que unirá a Turquía con Azerbaiyán pasando por territorio georgiano, conforman el corredor energético Este-Oeste. Una seria competencia al monopolio energético del que gozaba Rusia hasta ahora.
Georgia soporta una delicada situación económica generada por la inestabilidad crónica que lleva sufriendo el país desde la instauración del antiguo régimen de Eduard Shevardnazde en 1995. Esta delicada situación motivó, en parte, el ascenso de Mijail Saakashvili a la presidencia del país.
Las recientes guerras vividas en el país han dañado una industria nacional sin apenas infraestructuras ni comunicaciones para su futuro desarrollo. El nivel de vida lleva cayendo desde hace años, el crecimiento se sitúa en el 9,3% ligeramente superior a la inflación, cifrada en un 8,2% en 2005. El país cuenta con una población algo superior a los cuatro millones y medio de habitantes, 54% de los cuales vive bajo el nivel de la pobreza. Georgia, con un índice de desempleo superior al 12%, presenta una escasez preocupante de cereales: en 2001 la producción estuvo por debajo de 200.000 toneladas, menos de una cuarta parte que cuatro años antes. La deuda exterior se sitúa ya en 2,04 miles de millones de dólares. Sin embargo, la renovada ola de inversión estadounidense ha significado un impulso renovador en el dañado tejido industrial de Georgia. Alrededor de un millón de georgianos que trabajan en Rusia, contribuyen a aligerar el desempleo y suponen una muy importante fuente de ingreso de divisas.
El Gobierno de Saakashvili está viviendo una etapa de incertidumbre ante el esbozo de dos posibles escenarios. El paulatino acercamiento hacia Estados Unidos y la futura esperanza de conseguir el ingreso en la OTAN parecen elementos generadores de optimismo.
Por el contrario, paralizar las reformas liberalizadoras llevadas a cabo desde 2004: poner fin a la ola de inversiones estadounidenses enmarcadas en una política de control del espacio postsoviético junto con una mejora de las relaciones con Rusia, aseguraría la distribución estable de hidrocarburos a un precio sensiblemente inferior al pagado por los países de la Unión Europea(el precio por mil metros cúbicos de gas ronda los 250 dólares actualmente Georgia paga alrededor de 230 dólares). Además, una mejora de las relaciones con Moscú representaría una casi segura mejoría en la relación con las provincias separatistas de Abjasia y Osetia del Sur.  Estas dos provincias esgrimen como uno de sus principales apoyos internacionales el reconocimiento de Estado por parte del Kremlin.

Las provincias separatistas

    Abjasia, república autónoma dentro de la URSS, fue integrada en la recién independizada república de Georgia en 1991. Los conflictos entre Tiflis y el Gobierno de Sujumi, capital de Abjasia, culminaron con la proclamación de independencia en junio de 1992. Tropas de Georgia se enfrentaron a guerrilleros separatistas dando lugar a una guerra que duraría 14 meses y provocaría la muerte de miles de personas. Según datos del Comité Internacional de la Cruz Roja, hay 1.300 desaparecidos desde el inicio del conflicto. En septiembre de 1993 tropas abjasias tomaron la capital provocando la huida de 200 mil georgianos residentes en la zona. Desde entonces el conflicto vive un estancamiento, ambas partes en conflicto han iniciado numerosas conversaciones para avanzar una solución bajo la mirada de intermediarios internacionales como Rusia y las Naciones Unidas. El Gobierno de Abjasia ha variado la postura mantenida durante los años 90. No aspira a obtener el reconocimiento de Estado independiente, sino una posible unión como miembro asociado de la Federación Rusa. Moscú no se muestra partidario de esta alternativa, ya que significaría aumentar la tensión existente en la relación entre Rusia y Georgia. Cabe destacar que muchos abjasios tienen la ciudadanía rusa, lo que podría motivar una actuación de Rusia para salvaguardar los intereses de sus ciudadanos en territorio extranjero.
Las consecuencias de la guerra han sido desastrosas para ambos actores del conflicto. Tiflis trata de dotar de medios de subsistencia a todos los desplazados de origen georgiano; sin embargo, la precaria situación del país impide dar un subsidio superior a 7 dólares mensuales. Las pérdidas materiales de Abjasia como consecuencia de la destrucción en su territorio provocado por el conflicto ascienden a 11.400 millones de dólares.

    A principios de los años 20, Osetia del Sur fue integrada en la República Socialista Soviética de Georgia por orden de Joseph Stalin. Así permaneció hasta 1989, cuando el parlamento local proclamó su transformación en república autónoma, pronunciamiento que su homólogo georgiano consideró anticonstitucional. A finales de 1990 Georgia declara el estado de emergencia y suspende la autonomía de la que gozaba hasta entonces la región, dando comienzo así a una nueva guerra de independencia en la zona. Los combates finalizaron en 1992 gracias a la mediación de Moscú y el envío de fuerzas de paz rusas a la zona. Pese a las protestas georgianas, a finales de 1996 se celebran elecciones presidenciales dando pie a la formación de un gobierno autónomo, independiente de Tiflis. A mediados de noviembre de 2006 se celebró en Osetia del Sur un referéndum, coincidiendo con las elecciones legislativas, en el que un 99% de los votantes se pronunciaron a favor de la independencia. El hasta entonces presidente, Eduard Kokoiti, revalidó la presidencia del país. Ni la UE ni Estados Unidos reconocieron la validez de la iniciativa osetia. Por su parte, Moscú mostró una reacción moderada, oficialmente es partidario de la integridad territorial de Georgia. Sin embargo, el líder de Osetia del Norte, territorio ruso vecino a la región separatista, calificó el plebiscito como “acto político plenamente legal”.



Cronologia año  2006
2 de enero. Rusia aumenta el bombeo de gas natural para evitar la crisis del gas.

20 de enero. Georgia aspira a la independencia energética según el presidente Saakashvili.

23 de enero. Varias explosiones dejan sin gas ruso a Georgia y Armenia.

24 de enero. La Iglesia ortodoxa georgiana refuta la información sobre el reconocimiento del patriarcado de Kiev.

28 de enero. La falta de gas y electricidad paralizan Georgia en plena ola de frío.

7 de febrero. Tíflis amenaza con usar la fuerza armada contra la presencia de “cascos azules” rusos.

28 de febrero. Georgia confirma casos de gripe aviar dentro de su territorio.

8 de marzo. Mueren cuatro civiles en un ataque miliciano en la zona de seguridad entre la república de Abjasia y Georgia.

28 de junio. El Gobierno georgiano prevé invertir cerca de 200 millones de dólares para desarrollar la zona de Samtskhe Javakheti.

27 de septiembre. Las autoridades de Georgia detienen a cuatro militares rusos acusados de espionaje.

28 de septiembre. Rusia retira a su embajador de Georgia tras la detención de cinco oficiales rusos acusados de espionaje.

29 de septiembre. Un tribunal georgiano condena a prisión preventiva a los cuatro presuntos espías rusos.

2 de octubre. Rusia impone un bloqueo a Georgia pese a la liberación de los presuntos espías rusos. Georgia entrega a la OSCE los cuatro militares rusos acusados de espionaje.

4 de octubre. Georgia amenaza con bloquear el ingreso de Rusia en la OMC.

9 de octubre. Rusia y Georgia buscan el paraguas de la ONU para dirimir sus diferencias.

24 de octubre. Saakashvili pretende adelantar las elecciones presidenciales para el 2008 y celebrarlas simultáneamente con los comicios parlamentarios.

27 de octubre. El primer ministro de Georgia participará en la reunión del consejo permanente de la OSCE.

 


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