Anuario 2006
Rusia
"La sustitución de Putin tensiona la vida política rusa"
Miguel Ángel Albújar

2007 estará consagrado, en parte, a la búsqueda de un “hombre fuerte” capaz de sustituir a Putin en la presidencia de la nación. A finales de septiembre, la Comisión Electoral Central de Rusia rechazaba una propuesta, presentada por un grupo regional, para que Vladimir Putin pudiera presentarse para un nuevo mandato presidencial. Pese a que la actual Constitución rusa prohíbe a un presidente revalidar un tercer mandato, diversas organizaciones han levantado la voz para que el mal llamado “zar de Rusia” pueda mantenerse cuatro años más en el poder. El propio afectado ha anunciado que no piensa modificar la Constitución y ha declarado numerosas veces en los últimos meses de 2006 que “augura un futuro brillante al país después de su retirada en 2008”. Pero su postilla final en algunas declaraciones, diciendo que hará todo lo posible por “seguir influyendo en la vida del país”, ha desatado especulaciones de todo tipo. Algunos analistas han querido ver en el importante incremento de asesinatos a sueldo de político-mafiosos de los postreros meses de 2006 un indicio del periodo de incertidumbre que está a punto de abrirse en Rusia. El periodista del diario Francés “Le Monde” Daniel Vernet asegura que no se trata de ver quién ganará, puesto que se han tomado las medidas necesarias para que gane el candidato escogido por el poder, sino, más bien, de una cuestión de supervivencia económica y personal de los oligarcas cercanos al Kremlin. El peligro parece surgir del choque de intereses encontrados en el seno del grupo dirigente. 
Putin continuó siendo la figura política preferida de los rusos a lo largo de todo el 2006. El centro de opinión ruso Levada encumbraba a Putin como “hombre del año”, según un 34% de los ciudadanos rusos, cifra inferior a la del año 2003, cuando obtuvo el apoyo del46 %. Además, mostraba que un 37% de la población votaría al sucesor promovido por el actual presidente, mientras que el actual primer vicepresidente, Dimitri Medvedev, lideraría una probable carrera por el poder. No obstante, el director del proyecto Rusia-CEI del fondo Kerber, el politólogo alemán Alexander Rar, veía como más probable sucesor al ministro de Defensa Serguei Ivanov.
    
Los hombres de confianza de Putin
La figura del primer ministro y su Gobierno está subordinada a la del presidente, quien nombra al primero y además puede destituirlo. Además, el Parlamento sufre de una clara dependencia respecto al presidente, ya que no tiene capacidad para limitar las políticas llevadas a cabo por el Gobierno. Vladimir Putin ha desarrollado durante su etapa en el poder una forma de dirección personalista, apoyada en colaboradores que adoptan el nombre de “silovikí”. El grupo principal de colaboradores está formado por antiguos miembros del KGB soviético entre los que se encuentra el ministro de Defensa Serguei Ivanov. Según un estudio de los analistas Peter Baker y Susan Glasser, los llamados silovikí han aportado a Putin alrededor del 25% de los altos cargos durante sus dos mandatos, a diferencia de la época de Yeltsin, cuando tan sólo ocuparon el 11%, o la etapa de Gorbachov, cuando el porcentaje no sobrepasaba el 3%. En cuanto a la presencia en las dos Cámaras del Parlamento federal, desde 2004 al menos treinta diputados formaban parte de este colectivo. En realidad, la mitad de los miembros del Consejo de Seguridad de Putin y un 70% de los “polpedri”, representantes del presidente en las diferentes regiones y repúblicas, responden a este origen. Un artículo de 2003 del diario ruso “Nováya Gazeta” estimaba en 6 mil los miembros de los servicios de seguridad que habían sido incorporados a estamentos de poder en Rusia.
Un segundo grupo de colaboradores está formado por personas provenientes de la ciudad de San Petersburgo, entre ellos  actual primer vicepresidente, Dimitri Medvedev. Esta es la ciudad de origen de Putin y donde empezó su carrera política hasta llegar a la alcaldía de la misma. Muchos de sus colaboradores, llamados “peterburgueses”, ya estuvieron a sus órdenes durante el periodo en que ejerció de alcalde en dicha ciudad.
No resulta extraño encontrar a algunos colaboradores de Putin que pertenezcan a los dos grupos. Un tercer grupo, menos numeroso y con reducidas cuotas de poder, son los partidarios de Yeltsin, quienes conservaron cotas de poder que poco ha poco han ido perdiendo a favor de los dos colectivos anteriores.

La limitación de los partidos políticos
Los diferentes partidos políticos rusos tienen poca importancia política en comparación con sus homólogos occidentales. Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid,  apunta varias razones: el que las primeras elecciones en repúblicas y regiones se produjeran antes de que los partidos estuvieran ideológicamente perfilados; el escaso vigor de unos partidos políticos casi desconocidos fuera de las dos grandes ciudades rusas; Moscú y San Petersburgo; los limitados poderes del Parlamento a favor del presidente y del Gobierno; la celebración de elecciones generales pocos meses antes que las elecciones presidenciales. Así pues, el Parlamento no tiene capacidad para controlar la formación de Gobierno. 
El número de partidos políticos existentes en Rusia resulta muy elevado. En 1995 la cifra total de partidos concurrentes a las elecciones generales era de 43, aunque se redujo hasta llegar a los 23 en 2003. La voluntad de Putin era limitar la existencia de tantos partidos políticos, por ello se instauraron leyes para regular la inscripción y sostenimiento de los partidos. En 2001 se estableció que sólo podrían concurrir a las elecciones aquellos que dispusieran al menos de diez mil miembros, cifra elevada hasta cincuenta mil en 2004. Además, también se exigió como condición ineludible la presencia en un mínimo de 45 de las 89 entidades integrantes de la Federación Rusa, en las que habrían de contar con un centenar de afiliados en cada una. Se trataba de una maniobra para restar poder a los influyentes partidos locales. Las exigencias de mayor autonomía de estos grupos dificultan la labor de Gobierno del Kremlin. Asimismo, para inscribirse, los partidos no podían exhibir ninguna tendencia étnica o religiosa determinada, así como invocar en su ideología una preferencia de genero o clase social. Finalmente estaban obligados a celebrar un congreso fundacional con la presencia de al menos 150 delegados procedentes de cada región donde tuvieran representación. Además debían presentarse a las elecciones regionales y a las generales, en caso contrario se podría cancelar su inscripción en el registro. No contento con estas medidas, se dictó una ley de financiación pública de los partidos que causa una fuerte dependencia de estos hacia el Estado. Los resultados conseguidos con estas medidas fue la reducción significativa de los partidos existentes: en 2003 el número de partidos totales registrados en Rusia era de 199, a principios de 2005 apenas quedaban 43. El propio profesor Taibo apunta que esta reducción significativa podría provocar una “congelación” de los partidos políticos ante las serias dificultades de inscribir nuevos. Cabe señalar que el partido de Vladimir Putin goza hasta ahora de una clara mayoría en el Parlamento, dos más de dos tercios de los diputados pertenecen al partido proKremlin Rusia Unida.

La diversidad política en Rusia
    Pese al gran número de fuerzas políticas en la Federación Rusa, tan sólo un puñado de ellas merecen especial atención debido a su repercusión entre el electorado:
Rusia Unida es el partido que apoya al presidente Putin. Se originó a partir de la fusión de Unidad-El Oso y Patria-Toda Rusia. Se trataba de dos fuerzas ideológicamente muy próximas, las únicas disputas internas dentro del partido han sido fruto del reparto de poder en el organigrama del Estado. El propio Putin, pese a no pertenecer a ningún partido político, ha manifestado su coincidencia ideológica con esta formación. En las elecciones generales de 2003 Rusia Unida consiguió la mayoría, 222 escaños de un total de 450; gracias a la colaboración con otras fuerzas minoritarias consiguió hacerse con el control de todos los comités y la Cámara Baja del Parlamento federal. Un estudio datado a principios de 2004 mostraba que un 63% de los encuestados atribuía su éxito al apoyo explícito del presidente, un 17% daba como razón de la victoria el generoso apoyo financiero del que goza y sólo el 13% creía que se debía a su programa. El líder de Rusia Unida y presidente de la Duma Estatal, Borís Grizlov, define la ideología del partido como centrista y de “sentido común”.
El Partido Comunista de la Federación Rusia (PCFR) se halla en una profunda crisis desde las elecciones de 1999. Las elecciones parlamentarias de 2003 ratificaron el difícil momento del PCFR, cuando sufrió un fuerte retroceso del que todavía no se ha recuperado. Su líder, Guennadi Ziugánov, fundador del partido, no se presentó a las elecciones presidenciales de 2004, lo que permitió una cómoda victoria al actual presidente Putin. Sin embargo, sí ha anunciado su intención de presentarse a las presidenciales de 2008. El poseer una base de votos históricamente fiel no pone en peligro su continuidad, pese a las severas leyes impuestas por la Administración. Su programa mezcla elementos del socialismo con una tendencia nacionalista, sin olvidar cierta dimensión ecologista.
El Partido Liberal Democrático (PLD) es un partido basado en la figura de su líder  el ultranacionalista Vladimir Yirinovski. Su principal lema desde hace años es “por los pobres, por los rusos”. Nacionalista a ultranza, seguidor de la teoría del “choque de civilizaciones” del historiador Samuel Huntington publicada en la revista “Foreigns Affairs” en 1993, defiende el retorno a las fronteras naturales de Ucrania, Bielorrusia  y las repúblicas ex soviéticas. Pese a presentar oposición a Rusia Unida, frecuentemente vota en bloque a favor del poder y mantiene unas buenas relaciones con el Gobierno. El tener un electorado razonablemente fiel le permite salvar las dificultades de la ley de partidos políticos.
El Yábloko es otro partido político en claro retroceso. Ni el Yábloko ni el UFD superaron la barrera del 5 % exigido para tener representación en el Parlamento en las elecciones generales de 2003. Algunos analistas califican al partido como socialdemócrata, pese a aprobar las reformas económicas acometidas durante los años 90. Es el único partido de todo el arco parlamentario que se ha opuesto a la segunda guerra chechena. Sufre una situación financiera precaria fruto de la desaparición de sus principales fuentes financieras, los magnates Gusinki, huido del país, y Jodorkovsky, detenido por defraudar a la Hacienda pública rusa en lo que fue un juicio político.
La Unión de Fuerzas de Derecha (UFD), después de los resultados de las elecciones de 1999, cuando obtuvo el 8,5% de los votos, sufrió la fuga de varios miembros, que acabaron en las filas de Unidad-El Oso, más tarde renombrada como Rusia Unida. A esta delicada situación se le sumaron los pobres resultados conseguidos en las elecciones de 2003, en la que apenas alcanzó el 4% de los votos, pese al apoyo económico de la mayoría de oligarcas. Ante la situación de caída libre no presentaron candidato a las presidenciales de 2004. La UFD, de carácter neoliberal, ha defendido las medidas privatizadoras propuestas durante la etapa Yeltsin, alternativa que no ha atraido a un número significativo de rusos.

El sistema político en la Federación Rusa
Rusia está definida por la Constitución de 1993 como un Estado presidencial. El presidente es elegido cada cuatro años y tiene la limitación de no exceder dos mandatos. Estructurada como un Estado Federal, se encuentra dividida en 88 entidades que van desde regiones, distritos autónomas, territorios, repúblicas, ciudades federales y regiones. El sistema político se encuentra muy centralizado, ya que es el Krelim el que se encarga de la designación de los presidentes o gobernadores de cada entidad de la federación. Vladimir Putin ha establecido siete distritos federales: Noroeste, Central, Volga, Urales, Siberia y Extremo Oriental. En ellos se encuentran integradas las 88 entidades que forman la Federación Rusa bajo la dirección de llamados “polpedri”, quienes se encargan de desarrollar una eficiente administración.
El Gobierno es nombrado por el presidente. También nombra al primer ministro, pero necesita la aprobación de la Cámara Baja de la Federación, la llamada Duma Estatal. Si ésta rechaza por tres veces el candidato asignado, el presidente puede disolverla y nombrar un primer ministro en funciones.
Por su parte, el Parlamento, llamado también Asamblea General, se compone de dos cámaras: la Duma Estatal y el Consejo de la Federación. La Duma Estatal tiene 450 diputados, las últimas elecciones tuvieron lugar en 2003 bajo un régimen que combinaba una circunscripción nacional única por un sistema proporcional entre candidaturas presentadas en listas cerradas por partidos políticos (225 escaños) y circunscripciones nominales por sistema mayoritario (225 escaños restantes). En cambio, en las próximas elecciones legislativas de 2007 el sistema se ha visto modificado y se hará por un sistema proporcional en una circunscripción nacional única, que requerirá un mínimo del 7% de los votos para tener representación en la Duma. Esto afectará negativamente a los partidos minoritarios, que pueden verse apartados del Parlamento.
El Consejo de la Federación, algo parecido al Senado de los países occidentales, está compuesto por 176 escaños, dos por cada una de las 88 entidades de la Federación Rusa.
Las próximas elecciones presidenciales serán en 2008 a las que el presidente no podrá concurrir al exceder los dos mandatos limitados por la Constitución. 

La tensión étnica, un problema escondido
La ONG Amnistía Internacional publicó el 4 de mayo un informe revelador del aumento de intensidad de la xenofobia y del racismo en Rusia. A partir del análisis de casos de agresiones, algunas de ellas de carácter mortal, a estudiantes extranjeros, solicitantes de asilo y refugiados y a miembros de las comunidades judía y romaní, se hacía patente una falta de efectividad de las autoridades por evitar este tipo de manifestaciones neofascistas y poner en manos  de la justicia a los autores de semejantes agresiones. La secretaría general de Amnistía Internacional, Irene Khan, apremió al Gobierno ruso a “cumplir con las obligaciones que le impone el derecho internacional reflejado en los derechos humanos”. El Centro Analítico de la Información de Sova, centro oficial ruso de información, durante el año 2005 recogió 366 agresiones y 28 asesinatos todos presumiblemente por motivos raciales. Las cifras podrían aumentar, ya que un elevado  número de delitos relacionados con motivos raciales no se denuncian, o no se registran como tales, debido a que la Fiscalía o la misma policía opta por restarles importancia y calificarlos de simple “vandalismo”. Las cifras oficiales reflejan la existencia de una gran cantidad de grupos organizados de ideología abiertamente xenófoba, racista y violenta. Según fuentes oficiales, existen alrededor de 150 “grupos extremistas” que cuentan en sus filas con más de 5.000 miembros. Sin embargo, estudios independientes alertan de la posibilidad de existencia de 50.000 grupos con estas características. Tras la ola de atentados sufridos por Rusia, recordemos la toma del teatro Dubrovka en octubre del 2002 y la masacre de la escuela de Beslan en septiembre del 2004, atribuidos a combatientes de la oposición chechena, tanto los chechenos como el resto de minorías étnicas del Cáucaso septentrional han sido víctimas de persecuciones. Un proyecto de vigilancia llevado a cabo por organizaciones de derechos humanos durante el 2005 reveló que las personas de apariencia no eslava tenían 21 veces más posibilidades de ser requeridas por las autoridades rusas cuando viajaban en el metro de Moscú, si bien cabe enmarcar estas medidas en un refuerzo de la seguridad a raíz del atentado en metro de Moscú en febrero de 2004. El 22 de agosto de 2006 se produjo el calificado por las autoridades rusas como “primer atentado racista” registrado en la Federación Rusa. La explosión de una bomba en uno de los mercados más grandes de Moscú causó la muerte de 10 personas, entre ellos 3 niños. Los responsables de la matanza fueron tres universitarios rusos entre los 18 y los 20 años, no pertenecientes a ninguna organización de ideología xenófoba. Los autores confesaron que eligieron el lugar porque “había demasiados inmigrantes” chinos y asiáticos, quienes les causaban repulsión.

La inseguridad existente en Rusia restringe la libertad de expresión
El 14 de septiembre de 2006 murió tiroteado el vicegobernador del Banco Central de Rusia, Andrei Kozlov, quien estaba intentando reformar el sistema bancario ruso. El 16 de octubre se encontró asesinado a puñaladas en su casa de Moscú al gerente de la agencia de prensa oficial rusa ITAR-TASS, Anatoli Voronin. Una semana antes, el 7 de octubre, la comunidad internacional se vio sacudida por el asesinato a tiros de la conocida periodista rusa Anna Politkovskaya, crítica tenaz del Gobierno de Vladimir Putin y gran conocedora de la situación chechena. El 24 de noviembre el ex agente del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB) Alexander Litvinenko, opositor de Putin desde el exilio en Londres, estaba investigando la muerte de Politkovskaya cuando fue misteriosamente envenenado con una sustancia radiactiva con el resultado de su fallecimiento unos días más tarde. Desde el ascenso de Putin al poder, a principios del 2000, han sido asesinados 21 periodistas. Esta situación, junto con las continuas denuncias de estrangulación de la libertad de expresión en Rusia por parte de los oligarcas que ostentan en poder, ha minado la imagen del Gobierno de Putin.
Alexei Venediktov, director de la emisora radiofónica El Eco (el 66 % de su accionariado depende de una filial de Gazprom) declaraba a principios de marzo que la principal amenaza para la emisora no venían de la intromisión de la línea informativa, sino más bien en la política llevada a cabo por el Kremlin. Según el periodista ruso, tras la llegada al poder de Putin se han realizado cerca de cuarenta enmiendas a diferentes leyes, “todas ellas destinadas a limitar la libertad de expresión”. La prensa regional se ha visto acosada ante la pérdida de exenciones fiscales básicas para su financiación, por lo que ha pasado a depender de las autoridades locales ante la inexistencia de un mercado publicitario local suficientemente potente. Además, las compras de medios críticos con el Gobierno por parte de partidarios del Kremlin para cambiar su ideología informativa o directamente para hacerlos desaparecer, no hacen sino ratificar la imagen que se tiene de Rusia en Occidente, la llamada “democracia a la rusa”.

   
Una necesidad olvidada
    Vladímir Putin, en un discurso del 10 de mayo, calificó la crisis demográfica en Rusia como “el más grave problema que afronta el país”. Según un estudio del reconocido geógrafo Matt Rosenberg, la población total de Rusia, que hoy cuenta con 143 millones de persona, se verá reducida en 2050 a 111 millones de habitantes de continuar las tendencias actuales en el territorio. La población se reduce a razón de un 0,5% anual. Un informe del Programa para el Desarrollo de la Naciones Unidas (PNUD) hace referencia a la escasez laboral de siete millones de hombres en territorio ruso. En apenas trece años, desde 1990 hasta 2003, el país ha experimentado un descenso continuado perdiendo 48 puestos en la clasificación de esperanza de vida en el mundo. El propio ministro de Inmigración, Alexander Blokhin, declaró en julio la urgente necesidad de atraer alrededor de 700 mil inmigrantes por año; el objetivo era conseguir que la mayoría de esos inmigrantes provinieran de repúblicas ex soviéticas y fueran de origen étnico ruso. Blokhin informó de que durante los últimos 10 años habían ingresado de forma legal en la Federación Rusa más de ocho millones de personas, de las cuales casi el 90% hablan ruso en la actualidad. Durante este mismo período de tiempo, emigraron alrededor de cuatro millones de personas. Contrariamente, el Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR) cifró en 25 millones la cifra de ciudadanos rusos viviendo fuera de su país. Sin embargo, pese a la acuciante necesidad de inmigrantes, activistas por los derechos humanos han denunciado en repetidas ocasiones el uso de violencia por parte de la policía en controles rutinarios, en especial cuando se trata de inmigrantes de origen chino y vietnamita. Contrariamente a las declaraciones del ministro, el director del Departamento de Migración de Moscú, Sergei Smodovich, declaró que “Moscú se encuentra superpoblada, a diferencia de otras partes del país”. La ciudad soportaría la nimia cifra de 5 mil inmigrantes por año, “pese a que esa cantidad sería indeseable”, en palabras del propio director de migración. El Ministerio del Interior cifró en 500 mil los chinos que ingresan cada año como turistas en el país para posteriormente pasar a residir ilegalmente en él. Algunos gobernadores de regiones orientales ya han dado la voz de alarma preocupados por el afincamiento masivo de inmigrantes en sus regiones, exigiendo a la Administración central la prohibición de adquirir tierras por parte de personas de origen chino.  


El bloqueo energético,  arma de la Rusia del siglo XXI

Vladímir Putin ha convertido la amenaza de sanciones económicas en una arma muy efectiva para conseguir alterar la visión de Rusia en el mundo occidental. Enero del 2006 empezó con el corte del suministro de gas por uno de los dos gasoductos que abastecen Ucrania y reduciendo el bombeo de combustible por el otro, medida tomada por Gazprom, monopolio del gas ruso, ante la falta de acuerdo para establecer un nuevo precio del gas. Esta acción provocó la reducción de las cantidades de gas recibidas por países miembros de la Unión Europea como Alemania, Francia, Austria, Hungría, Polonia y Eslovaquia; el 80% de gas ruso exportado a los países europeos pasa por Ucrania. Sergei Kupriyanov, portavoz de la empresa Gazprom, empresa privada con un accionista mayoritario que resulta ser el Gobierno ruso, encargada de la extracción y la distribución de dicha materia energética, culpó al Gobierno de Kiev de la situación: “Tenemos información que demuestra que Ucrania ha comenzado a desviar ilegalmente el gas ruso destinado a los consumidores europeos”. El hecho es que Ucrania no poseía recursos suficientes con que pagar los más de 200 dólares por metro cúbico de gas fijado por Gazprom como precio para sus clientes de la UE (incluyéndose Ucrania entre estos), y en pleno invierno la disminución del consumo de energía procedente de los hidrocarburos resultó inviable. Por lo tanto, la reducción del suministro de gas por parte de Rusia afectó colateralmente a los países occidentales destinatarios finales de estos recursos energéticos. Algunos politólogos expertos en la zona interpretaron la crisis energética como una declaración de principios de Putin, recordando a la Unión Europea su frágil situación al depender estrechamente de los suministros energéticos rusos. Además de castigar a Ucrania y a su nuevo presidente, Víctor Yuschenko, por la llamada “Revolución Naranja”, que derrocó al proruso Víctor Yanukovich. Una muestra de la discrepancia de valoraciones provocada por la figura de Putin y sus actuaciones internacionales dentro y fuera de la Federación Rusa es el estudio realizado poco después de dicha crisis: El Centro Panruso para el Estudio de la Opinión Pública, VTSIOM, publicó una encuesta en la que cerca del 80% del pueblo ruso se mostró de acuerdo con la actuación de Gazprom durante todo el conflicto. Si bien han surgido algunas voces dudando de la independencia de dicha institución. El VTSIOM es el centro de investigación de la opinión pública rusa más antiguo, fundado en 1987, y depende directamente de la Administración central en Moscú.

Para entender cómo es posible esgrimir una presión semejante por parte de Rusia sobre tantos países, primero es necesario aclarar que nos encontramos ante una de las naciones con mayor riqueza en materias primas del mundo. Según un análisis de 2005 del profesor de la Universidad de Cambridge Allen C. Lynch, Rusia es poseedora de al menos el 13% de las reservas petroleras del mundo, cifradas en 60.000 millones de barriles; de cerca del 35% de las de gas, lo que vendría a ser 45,6 billones de metros cúbicos, superando en más del doble al segundo país del ranking, que es Irán; 32% de las de hierro, algo menos del 31% de las de níquel, así como cerca de un 30% de las de carbón, 21% de cobalto, 16% de zinc, 14% de uranio; entre un 5% y un 30% de oro, platino y diamantes, 11% de los recursos hídricos, y casi un 65% de todos los bosques no tropicales del planeta. A esta ingente cantidad de recursos se ha de añadir el hecho de tratarse del segundo productor mundial de carbón, tercero en madera, cuarto en energía eléctrica, acero, carne y cereales y el quinto en fertilizantes. Con todo resulta sorprendente observar que el producto interior ruso es menor que el de un país como Holanda, mientras la evolución del comercio exterior se asemeja a otro de dimensiones tan reducidas como Dinamarca. Con todo, Rusia resulta el primer exportador de gas del mundo y el tercero en petróleo, después de Arabia Saudí.
La paradoja radica en que la bonanza económica experimentada durante la segunda etapa de la era Putin se basa en el alza de los precios de su principal fuente de ingresos, las anteriormente nombradas materias primas. James M. Millar, en su trabajo “Putin and the economy”, apunta al brutal despegue del precio del petróleo como uno de los pilares fundamentales de la estabilización del régimen putiniano: mientras en 1998 el precio internacional del barril era de 10 dólares, en 2004 ascendía a 45 y finalmente a mediados de 2006 ya alcanzaba la cifra de 70 dólares. Este fenómeno ha provocado la entrada de gran número de divisas fuertes en un país históricamente desprovisto de ellas, situación no experimentada por los anteriores gobiernos de Gorbachov en los 80, cierto es que se trataba de una época bien distinta, ni Yeltsin en los 90.
Tampoco se puede olvidar la participación del comercio del gas. Hasta 2006, la explotación ha recaído en la compañía monopolística Gazprom, la cual extrae cerca del 85% del gas y proporciona casi el 25% de los ingresos federales, la mayoría de ellos en divisas extranjeras. Aunque, eso sí, Gazprom está obligada por el Gobierno ruso, que tiene participación accionarial del conglomerado gasístico, a vender al mercado interior a un precio sensiblemente más bajo que al exterior.

Según “The Economist”, el constante flujo comercial entre Rusia y los países demandantes de materias primas, junto con la constante devaluación del rublo es la clave para entender la evolución ascendente de la economía. Sin embargo, también existen versiones sensiblemente diferentes, como la de la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OSCE). Esta asociación sostiene que tan sólo un tercio del crecimiento ruso en la última década, bajo gobierno de Putin, debe atribuírsele a la comercialización de materias primas, sobre todo gas y petróleo. Y añade que los dos tercios restantes son debidos a los efectos positivos de una “reestructuración pasiva”, aquella que sustentan su implementación en mecanismos de mercado y libre juego entre actores y corporaciones de grandes empresas: esta operación consistiría en el despido de un gran número de trabajadores para aligerar las plantillas y evitar el cierre de éstas. Sin embargo, la afirmación de la OSCE parece tambalearse cuando se conocen los resultados del Banco Mundial, que establece en un 25% la aportación real del gas y el petróleo al producto interior bruto ruso. Las autoridades de Moscú discrepan en la suma final y tan sólo le otorgan un 9% de participación en el producto interior bruto a los beneficios originados por el comercio de estas materias. Las previsiones de ingresos por exportaciones de materias primas de 2006 han supuesto el 81, 5% del total de Rusia, según cifras del Fondo Monetario Internacional. Como consecuencia de esta relativa bonanza económica el país empieza a mostrar, en las zonas más industrializadas, síntomas del nacimiento de una clase media en Rusia, desaparecida desde la primera etapa de Yeltsin, que posee un alto poder adquisitivo y un gran apetito consumista.

Rusia parece presentar para el futuro una franca expansión: el producto interior bruto ha crecido una media del 6,8% entre los años 1999-2004. Los déficit presupuestarios de la era Yeltsin se han convertido en superávit. Así, por ejemplo, en 2004 se alcanzaron los 40.000 millones dólares de superávit. La deuda pública, establecida alrededor del 90% del producto interior bruto al principio de la era Putin, a finales de 1999, es ahora de un manejable 33%, todo ello según los estudios del historiador ruso Boris Kagarlitsky y la periodista italiana Orietta Moscatelli. El manejo de grandes cantidades de divisas extranjeras se ha visto reflejado en el alivio de la acuciante deuda externa de la que era víctima el país desde la época Yeltsin: ha pasado del 68% del producto interior bruto en 1998 a un 40% en 2002. Asimismo, las reserva de divisas en el Banco Central ha pasado de 60.000 millones de dólares a principios de los 90 a los más de 82.000 millones de dólares en la actualidad. Al tiempo, Rusia dejaba de demandar créditos al Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, pese a que los precios en el mercado internacional de materias primas continúan aumentado, el período 2005-2006 presenta cierta desaceleración provocada por el pesado arrastre de una serie de problemas sin aparente solución inmediata.
Los bancos no están suficientemente capitalizados, carecen de un nivel de liquidez que asegure la recuperación del dinero depositado en sus cuentas ante una crisis económica inesperada.
 Rusia cuenta con miles de entidades bancarias en su extenso territorio. Sin embargo, según el analista Steve Rosefiel, tan sólo uno, el Sberbank, posee el 60% del mercado de ventas al por menor. Además, menos de un 10% de las inversiones en territorio ruso corren a cargo de los bancos. Estas situaciones son reflejo del primitivo estado en el que se encuentra el mercado bancario ruso. Consecuencia directa de la poca confianza que generan las entidades bancarias en la población: la agencia oficial de información “interfax” aventuró que cada familia rusa se guardaba unos 223 dólares de media en su propio hogar.
Por otro lado, la buena marcha de la industria parece concentrarse en todo aquello relacionado con las materias primeras. El resto de dimensiones productoras del país continúa en la situación ineficaz de principios de los años noventa debido, en la mayoría de casos, a una obsoleta infraestructura de la época soviética: la industria del automóvil se ve incapaz de competir en igualdad de condiciones con las firmas extranjeras; en cuanto a la informática, en contra de lo que se puede creer debido a la gran cantidad de expertos en el país, su rendimiento es muy bajo debido a una estrategia de comercialización errónea, una falta de conexiones con el mercado exterior y una gran flexibilidad, abiertamente delictiva en muchos casos, en cuanto a la ley de propiedad intelectual. Los fabricantes rusos concentran su actuación en el ensamblaje de componentes de bajo coste en Asia, mercado donde la mayoría de los programas utilizados son pirateados, motivo por el cual Rusia ha encontrado problemas para ingresar en la Organización Mundial del Comercio. Por el contrario, la telefonía móvil ha alcanzado un nivel productivo bastante importante en comparación con el resto de productos manufacturados pese a las dificultades físicas del territorio ruso. Dos tercios del país presenta serías dificultades de accesibilidad ya sea por tierra, mar o aire; su inmensa extensión provoca complejos problemas para mantener una infraestructura de servicios destinados a la población alejada de las grandes urbes y el rigor del clima no ayuda a desarrollar un efectivo sistema de comunicaciones. En febrero del 2006 se contaban 129 millones de abonados a servicios de telefonía móvil, lo que ha supuesto pasar de un índice de penetración de un 30% a un 89% en sólo dos años. Más concretamente, en Moscú dicha índice índice en torno al 136%, cifras equivalentes a las de cualquier nación occidental. Las grandes ciudades industrializadas, como San Petersburgo, Kaliningrado o la propia Moscú, son lugares de concentración de dinero, por tanto, lugares de concentración tecnológica. En cambio, en el resto de territorio la implantación de la telefonía móvil, así como de los productos tecnológicos en general, continúa siendo más baja que la de los países de la Unión Europea.
En cuanto a la agricultura, da empleo a un 12% de la población. Al mismo tiempo, las propiedades privadas contiguas a las dachas, casas de campo, son responsables de la mitad de la producción, según las cifras facilitadas por Carlos Taibo, profesor en Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid, en su análisis “Rusia en la era Putin”. En el ámbito empresarial, destaca el escaso peso de las pequeñas y medianas empresas agrícolas, a favor de las grandes corporaciones dependientes de oligarcas. Si en Rusia hay seis empresas por cada 1.000 habitantes, en Estados Unidos encontramos 74 y en la UE 45. Polonia, con un cuarto de población que Rusia, posee un nivel cuatro veces superior de este tipo de empresas.
Uno de los mayores problemas estructurales de la Federación Rusa es la desigualdad entre territorios. Actualmente, el mayor índice de riqueza y desarrollo se encuentra situado en Moscú, San Petersburgo, en la región de Samara, y el distrito de Yamal-Nenets. Todos ellos enclaves occidentales. Entre tanto, la mayor pobreza se concentra en las repúblicas de Komí, Mari, también territorios occidentales y la república de Tuvá, una región próxima a las repúblicas ex soviéticas del Cáucaso. Si la media del salario ruso se encuentra en 4.996 rublos, en algunas de las zonas de mayor desarrollo podía llegar a cerca de los 16.000 rublos; por el contrario, en las más desfavorecidas apenas superaban los 2.500 rublos. Estos datos han sido aportados por Guilles Favarel-Garrigues y Kathy Rousselet, analistas del prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París. Aunque estas desigualdades resultan de difícil solución, ante un país basado en la explotación de materias primas, el desarrollo de una zona u otra viene determinado por la riqueza natural del lugar. Así se dan ejemplos como el de Siberia, donde se encuentran cerca del 80% los recursos petroleros de la federación, el 85% de gas natural, casi el 80% de carbón, porcentajes similares de diamantes y metales precisos además de aproximadamente el 40% de las reservas madereras. Todas estas fuentes de riqueza, sólo comparables a Moscú y al área industrial de Samara, se encuentran a más de 9.000 kilómetros del centro administrativo del país. Circunstancia que dificulta su gestión directa desde Moscú ante la política centralizadora llevada a cabo por el Gobierno de Putin.

Finalmente, Rusia ingresa en la OMC
    A mediados de noviembre, Washigton y Moscú llegaban a un acuerdo para la entrada de Rusia en la Organización Mundial del Comercio (OMC) que se efectuará, según las expectativas oficiales, a mediados de 2007. El acuerdo bilateral permitiría a las exportaciones rusas beneficiarse de las tarifas arancelarias de los países miembros de la OMC. Asimismo, obligaba a Rusia a seguir las reglas comerciales establecidas por este organismo internacional. Para su entrada en vigor será necesario suprimir la enmienda Jackson-Vanik por parte del Congreso de Estados Unidos. Dicha enmienda, aprobada en 1974, se opone a la concesión de nación más favorecida a la URSS, o, en su defecto, a los países que formaban parte de ella, hasta que terminase con sus restricciones a la emigración. Era una iniciativa de la comunidad judía pues la Unión Soviética impedía su emigración. Fuentes oficiales rusas han señalado que la entrada en la OMC tendrá efectos positivos directos sobre 30 de las 89 unidades en las que está dividida la federación. Rusia ha sido durante 2006 el décimo país por producto interior bruto y la economía más importante fuerza de la OMC.


El futuro del país más grande del mundo


La Federación Rusa es un gigante de dimensiones casi continentales, una zona a medio camino entre Europa y Asia, pero que no forma parte enteramente de ninguna de las dos. Presenta una economía en expansión permanente basada en la explotación de unos recursos naturales abundantes y de gran rendimiento económico en su comercialización internacional. Por el contrario, parece correr el peligro de depender únicamente de la demanda energética exterior, y de no poseer una autentica industria capaz de competir en el resto de sectores con las grandes potencias extranjeras relativamente cercanas como China y la UE en igualdad de condiciones. La industria pesada rusa, admirada en tiempos de la antigua Unión Soviética, ha desaparecido casi completamente fruto de unas políticas basadas en el máximo beneficio inmediato sin tener presente el desarrollo de una industria nacional potente. La fuerza productiva de Rusia parece radicar en la necesidad del resto de países importadores de materias primas, pero resulta una fuerza carente de toda competitividad ajena a los sectores energéticos. Esta resulta una apuesta de países subdesarrollados, en vías de expansión. Si la Federación Rusa aspira a reconquistar su pasado estatus como actor trascendente en las relaciones internacionales parece razonable aventurar la necesidad de políticas encaminadas a cimentar las bases de una economía lo suficientemente sólida, capaz de competir, en igualdad de condiciones, con sus inmediatos competidores europeos y asiáticos.


Cronologia año  2006
1 de enero. Moscú comienza a cortar el suministro de gas natural a Ucrania.

2 de enero. Rusia deja sin gas a Ucrania y Moldavia mientras cae el suministro en Europa del Este.

3 de enero. Rusia restablece el suministro de gas a Europa y acusa a Ucrania de seguir robándolo.

4 de enero. Rusia y Ucrania cierran la crisis del gas con un acuerdo sobre el precio del combustible.

11 de enero. Un joven hiere a puñaladas a nueve personas en una sinagoga de Moscú.

13 de enero. Mueren 21 ocupantes de un autobús tras ser arrollados por un tren en un paso a nivel en el sur de Rusia.

19 de enero. Siete personas mueren congeladas en las calles de Moscú.

13 de febrero. Aplazadas indefinidamente las negociaciones entre Irán y Rusia sobre el enriquecimiento de uranio.

17 de febrero. Rusia afirma que suministrará armamento a la ANP sólo con el consentimiento de Israel.

21 de febrero. Moscú y Teherán acercan posturas sobre el plan de enriquecer el uranio iraní en suelo ruso.

22 de febrero. Inculpados 13 jóvenes rusos por la agresión racista en la que murió un peruano y resultó herido un español.

24 de febrero. Ascienden a 61 los muertos por el desplome del tejado de un mercado moscovita.

26 de febrero. Irán y Rusia logran un preacuerdo para el enriquecimiento de uranio.

6 de marzo. Las bases de datos, la mercancía estrella del 'infotráfico' ruso.

7 de marzo. Asciende a 170 el número de muertos por el frío en Moscú.

12 de marzo. Irán da por descartada la propuesta de enriquecer uranio en Rusia.

16 de abril. Al menos dos policías rusos muertos y cinco heridos en una emboscada en el sureste de Chechenia.

15 de mayo. Estado de emergencia en varias regiones rusas por los incendios forestales.

4 de junio. Cadena perpetua para el único terrorista superviviente de la matanza de Beslán. Arcelor anuncia su fusión con el grupo ruso Severstal para intentar contrarrestar la OPA de Mittal.

17 de junio. Muere el líder de los independentistas chechenos, Abdul-Jalim Saduláyev.

25 de junio. Un grupo vinculado a Al Qaeda anuncia en Internet la ejecución de cuatro diplomáticos rusos secuestrados en Iraq.

28 de junio. Putin ordena localizar y matar a los asesinos de los diplomáticos rusos en Iraq.

30 de junio. Rusia ofrece 10 millones de dólares por los asesinos de sus diplomáticos.

4 de julio. Al menos siete militares rusos han muerto y otros 25 resultaron heridos en un ataque armado en el sur de Chechenia.

6 de julio. China y Rusia contra las sanciones por los mísiles de Corea del Norte.

8 de julio. Al menos siete muertos en dos ataques perpetrados contra sendos vehículos en el sur de Rusia.

9 de julio. Al menos 124 muertos en un accidente de avión en Siberia.

10 de julio. Los servicios secretos rusos matan a Shamil Basáyev, su 'terrorista número uno'.

12 de julio. Moscú y Washington abren negociaciones para el ingreso de Rusia en la OMC.

16 de julio. Detenidos 37 activistas tras una sentada en centro de San Petersburgo.

27 de julio. Un inversor anónimo propone saldar las deudas y comprar la petrolera rusa Yukos.

31 de julio. Un accidente en un oleoducto del oeste de Rusia provoca un grave vertido.

1 de agosto. Escándalo en Rusia por la desaparición de 221 piezas del museo Hermitage.

3 de agosto. Encontrado en un basurero una de las piezas más valiosas robadas del Hermitage.

5 de agosto. Dos detenidos confesos por el 'robo del siglo' en el Hermitage.

7 de agosto. El Tribunal de Moscú admite el recurso para la rehabilitación del último zar.

21 de agosto. Moscú anuncia el pago de la totalidad de la deuda de la antigua URSS.

25 de agosto. Detenidos tres universitarios rusos por colocar una bomba en un mercado moscovita y causar 7 muertes por motivos racistas.

8 de septiembre. Mueren doce mineros y 21 están desparecidos por un incendio en una mina de Siberia.

13 de septiembre. Muere asesinado el vicepresidente del Banco Central de Rusia.

19 de septiembre. Rusia fabricará uranio enriquecido en Siberia para uso civil.

27 de septiembre. Las autoridades de Georgia detienen a cuatro militares rusos acusados de espionaje.

29 de septiembre. Un tribunal georgiano condena a prisión preventiva a los cuatro presuntos espías rusos.

2 de octubre. Rusia impone un bloqueo a Georgia pese a la liberación de los presuntos espías rusos.

6 de octubre. Rusia recrudece la crisis de los espías al deportar a más de 100 georgianos.

7 de octubre. Asesinan a Anna Politkóvskaya, periodista rusa crítica con el Kremlin.

11 de octubre. Asesinan a otro banquero ruso de un tiro en la cabeza.

 


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