Anuario 2006
Corea del Norte
"Pyongyang desafía al mundo al realizar la primera prueba nuclear de su historia"
Anna Bernadó

El 9 de octubre de este año, Pyongyang anunciaba que había llevado a cabo una prueba nuclear subterránea, la primera de su historia. El dictador Kim Jong-il materializaba de este modo la amenaza que venía anunciando desde febrero de 2005, cuando Corea del Norte admitió por primera vez públicamente que poseía armas nucleares y se retiró de la mesa de negociaciones a seis que mantenía con Rusia, China, Japón, Corea del Sur y EE.UU.. Pyongyang se convierte de este modo en el noveno país del mundo que posee armamento nuclear, después de los cinco Estados nuclearmente armados reconocidos: Estados Unidos, Rusia, Francia, China y Reino Unido –cinco países a los que, según el TNP, se les permite la posesión de armas nucleares–, India y Pakistán –que declinaron la firma del tratado–, e Israel, que no ha reconocido estar en posesión de la bomba atómica.
La prueba nuclear fue firme y reiteradamente condenada por la comunidad internacional. La ONU aprobó una resolución de sanciones básicamente económicas, de restricciones armamentísticas y de comercio con el extranjero, tal como había solicitado China, vecino y principal aliado de Corea del Norte. El texto final suavizaba las sanciones que en un primer momento EE.UU. y Japón quisieron imponer a Pyongyang, que contemplaban el uso de la fuerza y que fueron objeto de negociación hasta el último minuto. China y Rusia, dos de los cinco miembros permanentes y con derecho a veto de las Naciones Unidas, no estaban dispuestas a aceptar ninguna resolución que comportara sanciones militares contra el régimen comunista ya que, en palabras del embajador chino en la ONU, Wang Guangya, podrían afectar a “la estabilidad de la región”. Corea del Norte había advertido que consideraría una “declaración de guerra” la aprobación de sanciones por el Consejo de Seguridad. Por este motivo, Wang defendió en todo momento la necesidad de evitar cualquier “provocación” que pudiera disparar la tensión con Pyongyang.
El documento final fue menos estricto con las inspecciones de los barcos que salen o van con destino a Corea del Norte que las medidas que figuraban en una primera versión redactada por EE.UU., y aminoraba el embargo de los productos químicos en los flujos comerciales con el país asiático considerado en un primer momento. La resolución exigía que Pyongyang suspendiera sus actividades nucleares y la venta de material relacionado con armas “no convencionales”. El texto también induía el bloqueo aéreo del régimen comunista y le prohibía importar artículos de lujo. Asimismo, la ONU exigía en el documento que Pyongyang reanudara las conversaciones a seis bandas sobre su programa atómico.

Por su parte, Japón fue bastante más severo. El país del sol naciente optó por adoptar sanciones unilaterales contra Corea del Norte, que incluyen un embargo total sobre las importaciones de productos norcoreanos y la prohibición de que sus barcos entren en los puertos nipones. Las medidas, que entraron en vigor a medianos de octubre, tienen una duración inicial de seis meses. La decisión de la Administración nipona se une a otras sanciones financieras aprobadas en julio por el Ejecutivo de Shinzo Abe en respuesta a una prueba de siete misiles balísticos que Pyongyang hizo en el Mar de Japón a principios del mismo mes. El Gobierno de Tokio consideró la prueba nuclear como un acto hostil que pone en riesgo la paz y la estabilidad en todo el norte de Asia.

La primera amenaza que Pyongyang cumplió este año fue el lanzamiento de dos misiles tierra-aire, el 8 de marzo, cerca de su frontera con China. Sin embargo, la prueba militar que tuvo más repercusión, antes del ensayo atómico, fue el lanzamiento de un misil “Taepodong II” de largo alcance el 4 de julio, en contra de las advertencias de Washington, Japón, Pequín, Moscú y Seúl. Éste último había amenazado a su vecino del norte con suspender el envío de arroz y fertilizantes si Pyongyang llevaba a cabo la prueba. Llegada la hora de sancionar al régimen de Kim Jong-il, Pequín y Moscú se negaron a hacer uso de la fuerza militar contra Pyongyang.

Los intentos de retomar las negociaciones a seis bandas por parte de Pequín se han ido sucediendo a lo largo del año, pero Corea del Norte y Japón, como principal aliado de EE.UU. en la zona, no han cedido ante la insistencia del gigante asiático para llegar a un acuerdo. Entre el 10 y el 18 de enero de este año, el líder  norcoreano, Kim Jong-Il, realizó una visita “no oficial” secreta, que todo el mundo conocía, a Pequín. El último viaje del líder norcoreano a la capital china había sido en 2004, también fuera del “ojo público”. En el momento en el que Kim Jong-il volvía a su país, el día 18 de enero, llegaba a la capital china Christofer Hill, el mediador norteamericano en las conversaciones a seis sobre la carrera atómica de Pyongyang. Corea del Norte reclama ayuda económica internacional a cambio de renunciar a su capacidad nuclear disuasoria. Estados Unidos y Japón lo plantean exactamente al revés: la renuncia al arma atómica abriría las puertas de la generosidad extranjera.

El 17 de mayo, el periódico The New York Times señalaba la posibilidad de que Washington aceptara la apertura de conversaciones con Corea del Norte y planteara la crisis nuclear norcoreana con un enfoque más moderado. De hecho, analistas estadounidenses aseguran que otros sectores republicanos estarían dispuestos a adoptar una postura menos dura, ofreciendo ayudas económicas y concesiones políticas a Pyongyang. Sin embargo, ciertos sectores de la Administración Bush parecen oponerse a una suavización de la postura frente Pyongyang, señalando que ciertas negociaciones con el país podrían ser vistas por Irán, y otros países incluidos en el “eje del mal”, como una posibilidad de desafiar a la comunidad internacional y salirse con la suya.

El Gobierno chino anunció a principios de diciembre que el 18 del mismo mes se retomaban en Pequín las conversaciones entre Rusia, China, Japón, Corea del Sur, EE.UU, y Corea del Norte sobre el programa nuclear del régimen estalinista, estancadas desde hacía más de un año. El régimen de Kim Jong Il rechazó a finales del verano de 2005 un principio de acuerdo que se basaba en las compensaciones económicas a cambio del abandono por parte de Pyongyang de sus planes nucleares. Washington recurrió entonces a congelar de forma unilateral los activos norcoreanos colocados en bancos extranjeros. Una sanción injusta, según Pyongyang, quien condiciona desde entonces la continuación de las conversaciones multilaterales a la eliminación de estas sanciones.

En las más de una docena de reuniones bilaterales y a seis bandas que hubo durante entre el 18 y hasta el 22 de diciembre, el enviado norcoreano a Pequín fue muy contundente al afirmar que su país no cancelará, sino que aumentará, la actividad de su programa nuclear si Naciones Unidas no suspende las sanciones contra el régimen de Pyongyang. La posición desafiante de Corea del Norte provocó la reacción de los negociadores estadounidenses, que afirmaron que Washington “está perdiendo la paciencia” con Corea del Norte. El delegado norteamericano, Christopher Hill, intentó agotar todas las posibilidades para que Pyongyang levantara la exigencia de retirada previa de las sanciones financieras impuestas por Washington, pero la sexta ronda de negociaciones cerró el año sin avances concretos.

El papel de China, principal socio comercial de Pyongyang y país que comparte 1.400 kilómetros de frontera con Corea del Norte, será clave para hacer efectivas las sanciones internacionales y controlar el contrabando en su larga frontera. Según el ministro de Exteriores de Australia –uno de los pocos países con embajada en Pyongyang–, Alexander Downer, el 80% de la ayuda que recibe el país estalinista y el 50% de su comercio tienen lugar con su vecino aliado. De todos modos, la comunidad internacional está más preocupada por el comercio que no está presente en los 4.056 millones de dólares de intercambios que Corea del Norte realizó en 2005 con el resto del mundo, dos tercios de los cuales consisten en importaciones. Este comercio secreto va desde dinero falso y drogas hasta misiles balísticos o tecnología nuclear. Algunos funcionarios estadounidenses afirman que quizás incluso podría incluir armas químicas y biológicas.

Según Washington, desde los años 80 Pyongyang ha proporcionado equipamiento militar al menos a 18 países, mayoritariamente de Oriente Próximo y África (entre ellos Irán, Libia, Egipto y Yemen), y la Administración norteamericana sospecha que ha intercambiado tecnología nuclear con Pakistán. Por este motivo y porque necesita alimentar su pobre economía, la comunidad internacional teme que Pyongyang decida sacar al mercado sus armas atómicas. EE.UU. estima que país asiático obtiene alrededor de 1.000 millones de dólares anuales vendiendo narcóticos, misiles y productos pirateados. El Comité de Inteligencia de a Cámara de los Representantes de EEUU hizo un informe en septiembre de 2005 que elevaba la fortuna personal de Kim Jong-il a los 4.000 millones de dólares, “amasada, al menos en parte, gracias a la venta de drogas y misiles, y a la piratería”.

De todas formas, las repercusiones que puedan tener las sanciones de la ONU sobre el comercio norcoreano dependerán sobre todo de Pequín y de Seúl que, por temor a empeorar la crisis, declinaron sumarse a interceptar barcos norcoreanos sospechosos. El por entonces secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, afirmó que si Corea del Norte quiere importar tecnología nuclear será casi “imposible” impedírselo dada la falta de interés colectivo para que las inspecciones funcionen y teniendo en cuenta que el plutonio en cuestión cabe en una maleta. Lo que realmente preocupa al Ejecutivo de EE.UU. es que el uranio enriquecido que el dictador norcoreano asegura tener o las armas de destrucción masiva que pueda construir acaben en manos del grupo terrorista Al Qaeda o de científicos iraníes.

Sin embargo, los expertos aseguran que el ensayo atómico no ha constituido una gran sorpresa para las cancillerías occidentales y de Asia oriental. Los servicios secretos norteamericanos creen que el régimen de King Jong-il dispone desde hace años de media docena de bombas nucleares. Seguramente, el hecho de que se haya decidido a probar una se enmarca en su estrategia para conseguir mayores contrapartidas a cambio de limitar su programa atómico. La carrera nuclear pone a Pyongyang en posición de reclamar ayudas económicas y una mayor presencia internacional a cambio de renunciar al poder atómico. Los estudiosos aseguran que a Corea del Norte le es más caro mantener su enorme Ejército convencional que poner en marcha la disuasión nuclear. La energía atómica es mucho más barata y permite al país asiático conseguir ayudas económicas, alimentarias y de desarrollo gracias al chantaje nuclear que pone en marcha en las negociaciones a seis y con las Naciones Unidas: Pyongyang no dejará de fabricar tecnología nuclear hasta que la comunidad internacional acepte sus peticiones.
Una población que paga la crisis nuclear y el inmovilismo económico
El 23 de octubre Naciones Unidas acusaba a Pyongyang de provocar, con el lanzamiento de misiles y la prueba nuclear subterránea, un régimen de sanciones comerciales cuyas consecuencias pagará principalmente la población, que ya está sumergida en una gravísima situación de pobreza. A finales de año, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y UNICEF alertaron sobre la posibilidad de que el país asiático sufra una dura escasez de alimentos durante la próxima primavera. Las dos organizaciones de la ONU indicaron que Corea del Norte consume más de lo que produce y que, además, la situación alimentaria se ha deteriorado debido a la decisión del Gobierno de Pyongyang de no aceptar ayuda humanitaria para las víctimas de las inundaciones que este año afectaron a cuatro provincias. Un fuerte temporal de lluvias castigó el país durante la tercera semana de julio y dejó más de 10.000 personas muertas y cerca de 60.000 norcoreanos sin hogar. El PMA alertó de la destrucción de 30.000 hectáreas de cultivo, que ha comportado la reducción de un 20% de la producción de alimentos en el país y la pérdida de 100.000 toneladas de comida.

El PMA reanudó en mayo el suministro de ayuda alimentaria internacional en el país, seis meses después de su interrupción. Corea del Norte había renunciado a la ayuda en noviembre de 2005, cuando Pyongyang exigió a la agencia humanitaria que detuviera sus actividades de emergencia y las convirtiera en ayuda al desarrollo. A nivel internacional, la decisión se interpretó como un intento de restringir las actividades de monitoreo por extranjeros, ya que las organizaciones humanitarias trabajan sobre el terreno y es fácil que consigan datos sobre el estado de la población u otras informaciones sobre el país asiático, a menudo calificado como “el más cerrado del mundo” dadas las poquísimas relaciones económicas que mantiene con el extranjero.

Tras cuatro meses de negociaciones, el director regional del programa de la ONU y responsables del régimen de Pyongyang anunciaron en Pequín que habían llegado a un acuerdo, aunque fue calificado como un pacto de mínimos. La ayuda se restableció, pero sólo a un tercio de las personas que la necesitan, es decir, a 1,9 millones de personas. Los niños y las mujeres en periodo de lactancia son los principales destinatarios de los alimentos, aunque el PMA se muestra preocupado ya que unos cuatro millones de personas, la gran mayoría ancianos, han quedado fuera del programa. Una semana antes, la organización Human Rights Watch (HRW) había denunciado el riesgo de nuevas hambrunas en el país.

Hasta que Pyongyang restringió la ayuda humanitaria, Naciones Unidas subministraba a Corea del Norte 62.454 toneladas de alimentos cada año, valorados en 260.700 millones de dólares. Más de 7 millones de personas de los 22,6 millones que tiene el país se han beneficiado del programa de ayudas en los últimos años. Las carencias en la población afectan sobre todo a los niños: un 23% de los menores tiene un peso inferior a la media mundial y el 37% sufre malnutrición crónica. La esperanza de vida en el norte de la península coreana es de 71,4 años de vida, mientras que habitando en su vecino del sur es de 76,8 años. Corea del Sur se encuentra en el treintavo puesto del mundo en la clasificación de calidad de vida del 2005 que publica cada año “The Economist Intelligence Unit” –una institución nacida a raíz del periódico “The Economist” en 1946 que realiza análisis y pronósticos en más de 200 países–. Según sus estudios, el PIB per cápita de Corea del Sur, 23.360 dólares, se sitúa en el puesto número 26 del mundo y es 12 veces superior al del norte de la península.

La economía del país no ayuda a mejorar la situación. Corea del Norte tiene un sistema económico de carácter socialista y la mayor parte de empresas que existen son propiedad del Estado. Aunque el Gobierno publica muy pocos datos sobre la economía de la zona, se sabe que destina un elevado número de fondos a la industria pesada, principalmente la metalurgia. Corea del Norte es un país rico en recursos minerales (carbón, hierro, zinc, cobre, plomo y manganeso). El 90% de la tierra se trabaja en forma de cooperativa y el principal producto agrícola que se cultiva en las planicies del norte de la península es el arroz. Las relaciones económicas con el extranjero son mínimas y el Comité de Planificación Estatal decide sobre las áreas donde invertir, los precios, las industrias a instalar y su localización respectiva. Toda la economía del país está en manos de este organismo, ligado al Partido del Trabajo de Corea, dando un poder casi ilimitado a técnicos y economistas que planifican la economía de Corea del Norte.



Cronologia año  2006
10 de enero. El líder norcoreano, Kim Jong-Il, viaja a Pequín en una visita secreta para reactivar el diálogo sobre el programa nuclear de Corea del Norte.

12 de febrero. Un grupo de parlamentarios surcoreanos tramitan una propuesta para crear un zona económica comuna entre las dos coreas.

1 de marzo. Corea del Norte y Corea del Sur retoman las conversaciones militares después de dos años de silencio. Es la reunión de más alto nivel desde el final la guerra en 1953.

8 de marzo. Pyongyang lanza dos misiles tierra-aire cerca de su frontera con China.

14 de marzo. El Gobierno de Seúl abre dos oficinas de inmigración permanentes en la zona desmilitarizada que separa las dos Coreas para facilitar la entrada de ciudadanos.

9 de abril. Reunión en Tokio de los delegados de los seis países (China, Japón, Estados Unidos, Rusia y las dos Coreas) que participan en las negociaciones sobre los planes nucleares de Pyongyang, en el marco de una conferencia sobre seguridad.

9 de mayo. El presidente de Corea del Sur, Roh Moo-hyun, declara que está dispuesto a reunirse con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-Il.

11 de mayo. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas retoma la ayuda alimentaria a Corea del Norte seis meses después de su interrupción.
 
17 de mayo. “The New York Times” señala la posibilidad de que EE.UU. modere su posición para firmar un acuerdo de paz con Corea del Norte, siempre que Pyongyang renuncie al arma nuclear.

24 de mayo. Corea del Norte cancela por sorpresa la ceremonia de apertura de dos enlaces ferroviarios con Corea del Sur.

18 de junio. Fuentes norteamericanas denuncian que Corea del Norte ha completado la carga de combustible del “Taepodong II”, un misil de un alcance de hasta 6.000 kilómetros.

28 de junio. Seúl amenaza a Pyongyang con retirar el envío de arroz y fertilizantes si  el régimen estalinista persiste en sus planes de probar el “Taepondong II”.

4 de julio. Corea del Norte lanza un misil “Taepodong II” de largo alcance.

15 de julio. El Consejo se Seguridad de las Naciones Unidas aprueba una resolución de condena contra Corea del Norte por el lanzamiento del misil  Taepodong.

16 de julio. Kim Jong-Il rechaza la resolución de condena de la ONU.

19 de julio. El régimen comunista de Pyongyang interrumpe las reuniones entre familias divididas por la frontera que separa el norte y el sur de la península como represalia por la suspensión de ayuda por parte de Seúl.

20 de julio. Un fuerte temporal de lluvias castiga Corea del Norte y deja más de 10.000 personas muertas y cerca de 60.000 norcoreanos sin hogar.

2 de agosto. Pyongyang pide ayuda a Seúl para alimentar a hambrienta la población norcoreana, duramente castigada por el temporal de lluvias.

18 de agosto. Los medios de comunicación norteamericanos recogen declaraciones de miembros de los cuerpos miliar y de inteligencia del país que afirman que Corea del Norte podría estar preparando una prueba atómica.

3 de octubre. El régimen de Pyongyang anuncia que llevará a cabo un ensayo nuclear.

9 de octubre. Pyongyang realiza la primera prueba nuclear subterránea de su historia, que desencadena una reacción unánime de rechazo en la comunidad internacional.

10 de octubre. China y Corea del Sur anuncian que no apoyaran ninguna resolución de la ONU que implique el uso de la fuerza militar contra Pyongyang.

11 de octubre. El número dos del régimen norcoreano advierte de la posibilidad de nuevas pruebas nucleares. El Gobierno japonés aprueba un paquete de sanciones unilaterales contra Pyongyang.

14 de octubre. El Consejo se Seguridad de las Naciones Unidas aprueba una resolución de sanciones económicas, de restricciones armamentísticas y de comercio con el extranjero contra Corea del Norte por la prueba nuclear subterránea.

23 de octubre. Naciones Unidas acusa a Pyongyang de provocar, con el lanzamiento de misiles y la prueba nuclear, un régimen de sanciones comerciales cuyas consecuencias pagará principalmente la población.

24 de octubre. Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino confirma que el líder norcoreano, Kim Jong-Il, ha asegurado al Gobierno de Pequín que no realizará un segundo ensayo atómico.

25 de octubre. Pyongyang advierte a Seúl que considerará una seria provocación la participación de Corea del Sur en las sanciones comerciales impuestas desde el Consejo de Seguridad de la ONU.

18 de diciembre. Reanudación de las conversaciones sobre el programa nuclear de Pyongyang entre China, Japón, las dos Coreas, Estados Unidos y Rusia. 

 


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