Anuario 2006
Brasil
"Lula gana las elecciones y ratifica las promesas electorales de su primer mandato"
Pau Cortina

A pesar de que todos los pronósticos auguraban unas elecciones presidenciales ajustadas, y hasta se contemplaba la posibilidad de que el candidato opositor Geraldo Alckmin consiguiese llegar a la presidencia de Brasil, finalmente Luis Ignacio da Silva, “Lula”, ha salido vencedor de las elecciones presidenciales siendo reelegido presidente del país hasta el año 2010. La victoria, además, ha sido mucho más amplia del previsto, obteniendo 55 millones de votos, y lo más relevante, con una diferencia porcentual con respecto el candidato opositor de 21 puntos. Lula quiere cerrar desde ahora el oscuro capítulo de la corrupción, que ha salpicado los últimos dos años su obra de gobierno con casos constantes de prácticas fraudulentas tanto dentro de su partido, el Partido de los Trabajadores (PT), como en la actividad parlamentaría, en el Congreso brasileño.
En un año marcado por la celebración de elecciones presidenciales en octubre, los casos de corrupción destapados por comisiones parlamentarias e investigaciones judiciales se han ido sucediendo. También durante la carrera electoral ha habido algunas prácticas irregulares por parte de los responsables de campaña del PT.  En tan sólo unos meses, Lula vio como su ministro de Economía, Antonio Palocci, era llamadoo a declarar por la comisión parlamentaria que investiga la corrupción, y dos meses después dejaba el cargo para no ensuciar la imagen del presidente. Al cabo de pocos meses la misma comisión pedía en un informe que se procesara al exministro. En una segunda actuación de la comisión anticorrupción, esta pedía procesar 200 personas, entre ellas dos exministros de Lula, 19 diputados y toda la antigua dirección del Partido de los Trabajadores. A resultas de estas acusaciones, en el mes de mayo el diario “O Globo” publicaba una entrevista con el exsecretario del PT, Silvio Pereira, en la que este implicaba a Lula en la corrupción. Y aunque después de pocos días Pereira se desdijo de tales acusaciones, sólo un mes después de la polémica, el colegio de abogados brasileño pedía a que se abriese una investigación al presidente Lula por implicación en la corrupción. Una investigación que por otro lado nunca ha aclarado si efectivamente Lula había participado en actividades corruptas y ni tan solo si tenía conocimiento de las mismas.



La carrera electoral
La corrupción ha centrado buena parte de la precampaña y la campaña electoral en Brasil. El candidato opositor a la presidencia, Geraldo Alckmin, se ha agarrado desde el primer día en los escándalos del Gobierno de Lula para debilitar su imagen y al mismo tiempo se ha presentado como el antídoto contra este tipo de actividades fraudulentas. Alckmin fue proclamado candidato el mes de febrero por su partido, el Partido Social Demócrata de Brasil (PSDB), formación que él mismo había ayudado a fundar el 1988 y que es también el partido del expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso. Antes de ser elegido candidato a la presidencia, Alckmin ya era un nombre conocido en Brasil por su dilatada carrera política. Siempre desde su estado de Sao Paulo, llegó primero a la alcaldía de su pueblo natal, Pindamonhangaba, para pasar más tarde a Senador de este Estado y finalmente Senador Federal (diputado). El año 2001 se convirtió en el gobernador  –presidente– del Estado de Sao Paulo, un cargo que ha dejado este 2006 para optar a la presidencia de Brasil. El candidato del PSDB ha capitalizado las aspiraciones de la clase empresarial del país, pero también de los sectores sociales descontentos con las promesas de cambios estructurales en el país que había prometido Lula al inicio de su mandato, muchas de ellas todavía por resolver, como la esperada reforma agraria o las mejoras sustanciales en el sistema público educativo y sanitario. No obstante, a Alckmin se le ha criticado su falta de “carisma”, la poca accesibilidad a los medios de comunicación y una falta de proximidad con la gente.
Por su banda, Lula ha tenido que “sobrevivir” políticamente a los escándalos de corrupción apelando a su desconocimiento de tales actividades e incorporando la lucha contra este problema como elemento básico de su programa electoral. De esta manera se daba la paradoja que tanto desde dentro como desde fuera del Gobierno se enarbolaba la misma bandera de la anticorrupción. Durante el primero tercio de año, el presidente aprobó planes de inversión más o menos populistas con el objetivo de recuperar la imagen de líder de “todos”, un lema que repetía precisamente después de haber ganado las elecciones de octubre. Es el caso del Gran Plan de Vivienda Social, aprobado el 6 de marzo con un presupuesto de 390 millones de euros, o el anuncio de una inversión de 1.500 millones de euros en la rehabilitación y reactivación del puerto comercial de Rio de Janeiro. Lula ha reforzado esta imagen con iniciativas como la adhesión a la campaña de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por “un trabajo digno”, el mes de mayo.
 Además, Lula se ha presentado en estas elecciones con su partido, el PT, muy debilitado por las dimisiones continuas de sus miembros, no sólo por implicación en casos de corrupción, sino sobretodo por diferencias con la política económica y social aplicada por su líder, que se han alejado de las aspiraciones de “clase” que históricamente había defendido este partido. La crisis dentro del PT se puso de manifiesto el año pasado con la dimisión en bloque de 400 dirigentes, incluidos el mismo presidente del partido y veinte senadores. Este año electoral ha sido más tranquilo en lo que atañe a movimientos dentro del partido, pero aun así, pocos días antes de los comicios el nuevo presidente del PT, Ricardo Benzoni, tuvo que dimitir tras ser inculpado por la compra de un dossier con informaciones que criminalizaban la oposición.
En el tramo final  de la campaña los dos candidatos se volcaron en el objetivo de obtener los votos de la clase media brasileña, que presumiblemente era la que debía decantar la balanza hacia uno u otro. Mientras que Alckmin representa un segmento de la clase media más asentada y arrastra el voto de las clases altas y el mundo empresarial contrario a Lula, este aglutina, sobretodo (o así fue el año 2001), el voto de los más desfavorecidos. Por eso la clase media, que en los últimos veinte años ha ido disminuyendo y reubicándose en uno u otro polo de bienestar, era el sector más susceptible de variar el voto en función de la campaña electoral.
    El resultado de las elecciones del 1 de octubre coincidió con todos los análisis hechos hasta entonces, dando como ganador a Lula da Silva pero con un margen estrecho que obligaba a los candidatos a competir en una segunda vuelta. En las tres semanas que separaron la primera de la segunda vuelta, Lula aceptó realizar un debate televisado con Geraldo Alckmin, cambiando así de estrategiac con respecto el inicio de la campaña, y adoptando la imagen de persona próxima y conciliadora que recordaban los brasileños. No se sabe con certezao si fue gracias a esta nueva estrategia de Lula o simplemente porque los partidarios de Alckmin vieron que superar al presidente en funciones en una segunda vuelta era más que difícil, pero el 28 de octubre Lula ganó la segunda vuelta de manera incontestable. Así, derrotando con contundencia a su opositor, el presidente se reivindicaba –todavía– como la gran esperanza  de Brasil.

Las apuestas de Lula
El presidente electo se ha anunciado con prontitud las líneas de actuación prioritarias de su nuevo mandato. Las principales apuestas son la reforma agraria, la reforma política del Congreso, la lucha contra la corrupción, la mejora de la sanidad y educación públicas y la reactivación de la economía del país.
La reforma agraria es la histórica promesa con que Lula se ganó el apoyo de una gran masa social rural y el apoyo explícito del MST (Movimiento de los Sin Tierra), el movimiento social de masas más importante de Brasil que tenía hasta hace poco en el Partido de los Trabajadores su brazo político. Esta reforma, que nunca se ha llegado a cumplir, era muy ambiciosa porque preveía el reparto de grandes latifundios (explotados o no) a unas  400.000 familias brasileñas. En este sentido, el MST se ha ido distanciando del PT desde que este gobierna el país en tanto que no ha visto correspondida la promesa de Lula de encontrar una solución integral a este importante conflicto social. Este año el movimiento ha protagonizado históricas movilizaciones que reclamaban la atención del Gobierno, tales como la ocupación de un edificio federal en Sao Paulo el mes de abril y, la más relevante, “el asalto” de 1.500 de sus miembros al Parlamento brasileño para exigir la reforma agraria, el mes de junio. Este último episodio se saldó con la detención de 500 activistas.
La lucha contra la corrupción, como ya se ha dicho, será también una prioridad de la legislatura, y es que Lula se ve con la obligación de reformar a fondo el PT, dado que ahora ya no podrá ser reelecto y, por lo tanto, necesita un partido fuerte con garantías de presentar un sucesor válido para elecciones futuras.
La reforma política del Congreso es una asignatura pendiente que interesa especialmente a Lula, porque repercutiría positivamente en la capacidad de aplicar su  voluntad política dentro de la Cámara, es decir, poder legislar con comodidad. Por el doble sistema electoral de Brasil –legislativo y presidencial– la representación del partido del candidato ganador en las presidenciales no se ajusta necesariamente a su representación parlamentaria. Y este es el caso actual de Brasil. La paradoja es más evidente si se tiene en cuenta la situación actual, pues el partido que ostenta la mayoría parlamentaria en el Congreso, el Partido Movimiento Democràtico Brasileño (PMDB), ni tanto solo presentó un candidato a las elecciones presidenciales. Lula ha apelado a esta situación de minoría parlamentaria actual del PT y de los partidos que le apoyan cuando ha querido argumentar y justificar el lento avance de sus compromisos electorales más maximalistas. Algunos analistas también han visto en esta configuración del Congreso el contexto idóneo para el inicio de corruptelas políticas como es la compra del voto a diputados contrarios, por parte del PT, para aprobar así leyes que enfrentan Gobierno y oposición.
Referente a los grandes proyectos de reforma de la educación y la sanidad anunciados para la primera legislatura y que no llegaron a cumplirse, Lula debe ratificar su apuesta por extender unos mínimos de calidad en la educación pública primaria y secundaria. Las diferencias con la educación privada son actualmente abismales, y la principal consecuencia de ello es un índice bajísimo de acceso a la universidad por parte de los alumnos provenientes de la enseñanza pública. Ya en la universidad, la pública es de gran calidad pero el problema es que sólo acceden a ella alumnos provenientes de la educación secundaria privada. En sanidad el esquema del problema es similar. El objetivo gubernamental es paliar las grandes diferencias entre el servicio de atención pública y la sanidad privada. En este sentido Lula ha prometido destinar más recursos en personal, en material y en una mejor remuneración para el personal médico.
El presidente también deberá afrontar problemáticas sociales históricas –pero menos mediáticas– como la pobreza endémica en los barrios deprimidos de las grandes ciudades del país, conocidos como favelas, o el alto nivel de delincuencia y la existencia de numerosas bandas que practican el crimen organizado. La actuación más chiflada de estas bandas a lo largo del año 2006 tuvo como escenario la ciudad de Sao Paulo, donde en el mes de mayo se produjo una ola de ataques contra las comisarías de policía con el resultado de 81 víctimas mortales, entre agentes y asaltantes. En diciembre se volvieron a repetir incidentes de esta índole a la ciudad.

El camino de la reactivación económica
La economía brasileña evoluciona favorablemente si se mide en términos comparativos con los tres últimos años. De un crecimiento prácticamente estancado el año 2003 (con un crecimiento del PIB del 0,5%) se ha llegado este año a un índice del 2,5%, un índice bajo en términos absolutos pero que es significativo en un país como Brasil por lo que tiene de síntoma de recuperación económica. Otro elemento importante ha sido el descenso continuado de la inflación; si el año 2005 el objetivo era reducirla a menos del 6%, este año se ha llegado a rebajar cerca del 4%.
Analistas políticos han señalado que Brasil se encuentra en el mejor momento de coyuntura internacional de los últimos 70 años. Y es cierto que Lula ha recibido la aprobación de las grandes potencias económicas del mundo. Con una acción de gobierno moderada en el ámbito económico ha descartado los miedos iniciales de estos países –que a priori temían una radicalización de la política económica y auguraban el deterioro de las relaciones comerciales con el país– y se ha ganado la confianza comercial de los Estados Unidos, Europa y la China, con los que no sólo no ha roto ningún vínculo comercial si no que los ha incentivado. Los mismos analistas animan a Brasil a sacar provecho de este contexto internacional favorable para poder acelerar el crecimiento económico, mediante tratos comerciales que aumenten la productividad y la actividad industrial del país.
 En lo referente a las relaciones continentales, Brasil ha asumido este año la presidencia del Mercosur, la organización que regula las relaciones económicas y comerciales de sus cinco países miembros latinoamericanos (Argentina, Paraguay, Uruguay, Venezuela y él mismo). Además, ha signado un importantísimo acuerdo con Argentina y Venezuela para la construcción del “Gasoducto Transamazónico”, un obra faraónica de 10.000 kilómetros – 20.800 millones de euros de presupuesto– que unirá el norte y el sur del “subcontinente” y que permitirá el transporte diario de 150 metros cúbicos de gas. También este año, Brasil y Chile han reactivado las relaciones bilaterales con una “alianza de desarrollo e integración interregional”, embrión de uno  futurible Tratado de Libre Comercio.



Cronologia año  2006

 


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