Anuario 2006
Venezuela
"Chávez obtiene la victoria electoral más amplia desde que preside Venezuela"
Pau Cortina

Las elecciones presidenciales en Venezuela han dado, otra vez, el visto bueno a la política del presidente Hugo Chávez. El 3 de diciembre se celebraron las elecciones presidenciales que, en términos ideológicos, enfrentaban el denominado bolivarianismo gubernamental con la orientación liberal clásica del candidato opositor, Manuel Rosales. Chávez se impuso con claridad, y con la ventaja más grande obtenida sobre el segundo candidato desde que llegó al poder, el año 1998. Su partido, Movimiento Quinta República (MVR), con el Partido Comunista de Venezuela y el PPT (Partido Para Todos) obtuvieron un 63% de los votos, por un 37% de la formación de Manuel Rosales, Un Nuevo Tiempo, junto a otros partidos de diversa orientación ideológica unidos contra Chávez. En esta ocasión, el proceso electoral  no ha sido cuestionado por la oposición –que hasta ahora siempre había apelado al “fraude electoral” por justificar sus derrotas– ni por los más de mil observadores internacionales que testimoniaron todo el proceso. Después de ser reelecto, Chávez ha puesto tres temas polémicos sobre la mesa: en clave interna, la voluntad de disolver el MVR sustituiéndolo por un partido grande que integre, además del gubernamental, todos aquellos partidos que le son afines; la formación de este nuevo partido, que por ahora está aún en una fase embrionaria, se nombrará Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV). En segón lugar, una propuesta de ley que permita al presidente la reelección indefinida, y en política exterior, un nuevo impulso al ALBA (Alternativa bolivariana por América Latín y el Caribe) en detrimento del ALCA (Área de Libre Comercio de las Amèriques) impulsado por los Estados Unidos. Más allá de estas dos cuestiones, el presidente ha afirmado que mantendrá y profundizará su vía de políticas económicas y sociales derivadas del proceso de “Revolución Bolivariana” y de un concepto un tanto abstracto como es el “socialismo del siglo XXI”, que se vienen  aplicando desde hace ocho años. En todo caso, y dado el amplio apoyo electoral que ha recibido, todo apunta que Chávez radicalizará en breve las formas y profundizará en el aire socializante de su política actual, un rasgo ue por ahora  ha aparecido de forma difusa en nombre del bolivarianismo. En el plano comercial, además de la estrategia de Chávez en relación a alianzas regionales, hay que destacar la importancia de la relación –no exenta de paradojas– con el “gran enemigo” norteamericano.
Si bien en la recta final del año Chávez ha reiterado su fe en la consolidación de un organismo como el ALBA –actualmente integrado por Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela- hay elementos que hacen pensar en una desconfianza del mismo presidente sobre la inmediatez de un cambio de modelo comercial interregional tan radical. Es cierto que el país ha abandonado este año el G3 (formado con Colombia y México) y la CAN (Comunidad Andina de Naciones), pero más importante que eso es que, también este año, se ha integrado finalmente –como miembro de pleno derecho al Mercosur– como quinto país integrante. En este sentido, han sorprendido las palabras de Chávez del mes de diciembre, cuando afirmó que el Mercosur y la CAN “han muerto”, pronunciadas tan solo medio año después de haberse integrado en la primera organización. Al margen de alianzas estratégicas nominales, lo más relevante ha sido el acuerdo alcanzado por Venezuela, Argentina y Brasil por el que han aprobado la construcción de uno inmenso gasoducto (el “transamazónico”) que debe unir en unos años el norte y el sur del territorio sudamericano. Evidentemente también es significativa la sintonía ideológica establecida con Cuba y Bolivia, este último miembro de la ALBA desde el mes de abril de este año.

Controversia con Perú
En un año marcado por la celebración de elecciones presidenciales en muchos países latinoamericanos, Venezuela y Perú han protagonizado un enfrentamiento diplomático a consecuencia de las reiteradas manifestaciones de apoyo de Chávez al candidato peruano, Ollanta Humala. Perú denunció la “constante injerencia” del presidente venezolano en la campaña electoral, pero dado que Chávez seguía defendiendo públicamente a Humala, el Gobierno peruano en funciones decidió retirar su embajador en Caracas como medida de protesta. El incidente no fue más allá, sobretodo después de que Alan García se proclamase ganador en las elecciones del mes de junio, diluyendo así “el efecto dominó” de emergencia de líderes de corte populista –Chávez, Morales, Correa... – que tanto temía el stablishment peruano. Este es sólo un ejemplo que ilustra un año muy movido en lo que respecta a las relaciones interregionales y también internacionales de Venezuela.

 En las relaciones comerciales con Estados Unidos, Venezuela no quiere seguir el camino que han tomado otros países de la región firmando tratados de libre comercio bilaterales con el gigante económico americano. Pero tampoco se puede hablar de ruptura absoluta de las relaciones entre los dos países en términos económicos, pues los tratos comerciales se siguen produciendo, con Chávez, con relativa normalidad. El discurso antiimperialista del presidente venezolano incomoda la Administración norteamericana, de la misma manera que Venezuela ve con recelo las aspiraciones norteamericanas de crear una gran área de libre comercio en América Latina. Pero eso no impide, por ejemplo, que hoy por hoy los Estados Unidos sigan siendo el principal importador de crudo venezolano. La única medida económica sancionadora relevante por parte de la Administración Bush durante este año ha sido la prohibición de vender armas y equipamiento militar a Venezuela. Por lo demás, las diferencias entre ambos países se están jugando en el terreno diplomático y en el enfrentamiento dialéctico más que en los vínculos comerciales.

Polémica por la propuesta de reelección indefinida
Han tenido cierto eco internacional unas declaraciones de Chávez, casi inmediatamente después de ganar las elecciones presidenciales, en las que afirmaba que quería instaurar un nuevo sistema electoral por el cual se eliminaría la limitación de mandatos y se establecería la reelección indefinida como método. Las reacciones contrarias a esta manifestación han apuntado al carácter “dictatorial” del personaje y a su voluntad de mantenerse en el poder, por bien que en muchos de los países de donde provenían las críticas el sistema electoral no contempla en su legislación ningún tipo de restricción de mandatos.                    
En cualquier caso, este no es el único objeto de crítica dirigida hacía el personaje. El presidente venezolano es un blanco constante de críticas, tanto externas como internas. Pero paradójicamente, en los ocho años que llevaa de mandato ha ganado dos elecciones presidenciales, ha salvado con autoridad un referéndum revocatorio y ha sobrevivido a un intento de golpe de Estado organizado por la patronal venezolana con el apoyo de la CIA. ¿Como se explica eso? Hablar de los éxitos de la “Revolución bolivariana” es muy abstracto y además, lleva a un terreno retórico que es precisamente el objeto de la mayoría de reproches que se hacen a Chávez; la iconografía y la teatralización propias de la “revolución” chavista es sin duda lo que el mundo ha digerido peor. Pero si se tratan las políticas concretas de su Gobierno aparece una apuesta personal y concreta del presidente: la voluntad de hacer emerger las clases populares –mayoritarias– venezolanas, dotándolas de los recursos necesarios por superar el umbral de la pobreza, y sobretodo, haciéndolas sentir protagonistas de este proceso.

 Las “missiones”–las políticas sociales aplicadas- son el pilar básico de la acción de gobierno de Chávez. A través de la intervención estatal en las grandes barriadas  marginales –barrios- de Caracas y en amplias zonas del país, se ha conseguido, en ocho años de mandato, que para este sector social se haya hecho efectivo el derecho a la sanidad, mediante la instalación de ambulatorios y centros hospitalarios dentro de sus barrios, fruto de la ambiciosa misión “Barrio Adentro”. Una misión, esta, que ha sido posible en parte gracias a la ayuda de más de uno millar de médicos cubanos desplazados a Venezuela para hacer posible la atención sanitaria de proximidad. También son muchos los que han accedido al mundo laboral a través de la creación de pequeñas cooperativas de trabajo. En el terreno educativo destaca la consecución de la alfabetización total –el año 2004 segundos la UNESCO– , gracias a la “misión Robinsón”, que se debe inscribir en el conjunto de planes gubernamentales dirigidos a la mejora de la educación como la “misión Azúcar” (por acortar los estudios universitarios) o la “misión Ribas” (por aquellas personas que no hayan finalizado la educación secundaria). Evidentemente el listado de estas “missiones” es mucho más extenso; pero con estos ejemplos hay suficiente por hacerse una idea del porqué del gran apoyo popular que Chávez tiene en su país. Chávez está transformando un sector social mayoritario que vivía casi al margen de la política, porque la política le mantenía al margen, y le ha dado voz, recursos y aspiraciones.

En una sociedad donde las diferencias entre una minoría acomodada y una mayoría pobre eran –y son aún abismales–, muchos ubican la política de Chávez como un factor de corrección histórica de las desigualdades. Todo el mundo coincide al señalar, dentro y fuera del país, que gran parte de las conquistas sociales se pueden hacer a merced de la propiedad estatal de PDVSA (Petróleos de Venezuela), que genera inmensos flujos de dinero reinvertidos en la acción del gobierno. Y principalmente de aquí viene la acusación de populista que se hace al presidente. No obstante, “Chávez no regala los petrodólares”, dicen sus valedores. Es cierto que hay inversiones millonarias que son a “fondo perdido”, en términos económicos, que podrían ser la expresión de una economía que no arraiga y que solo sirve por “tapar agujeros”. Quizá en un inicio eran necesarias por paliar situaciones de pobreza extrema de manera asistencial, pero en todo caso parece que ahora ya no es así, siempre y cuando se acepte que se está haciendo un trabajo de construcción de una economía productiva a través del cooperativismo a escala nacional, anteriormente mencionado. Aun así, la estructuración del mundo laboral en base a las numerosas cooperativas creadas en el país no ha sido tanto exitosa como el Gobierno venezolano suele argumentar, pues hay que decir que una gran cantidad de estas han acabado cerrando, muchas este año 2006, porque no eran rentables económicamente.

El balance de los indicadores sociales después de ocho años de mandato de Hugo Chávez es claro: el índice de pobreza ha disminuido notablemente, la renta media familiar ha aumentado, el índice de paro ha disminuido, la alfabetización se ha universalizado y la educación integra aquellos que “habían perdido el tren”. La otra cara de la moneda, si se puede decir así, de este conjunto de medidas y mejoras sociales es la minoría acomodada venezolana, que se concentra básicamente en barrios exclusivos de Caracas (). Este sector de la población conformado mayoritariamente por profesionales liberales y por la clase empresarial se ha opuesto a Chávez (aunque aquí hay también hay muchos seguidores del presidente) desde el momento en que percibieron que la política del mandatario centraría sus esfuerzos en un sector social que no era el suyo. Hay que decir, sin embargo, que en las elecciones de 1998 buena parte de esta “clase acomodada” sí apoyó su candidatura pensando que obtendrían su reconocimiento como compensación. De este mundo es de donde procede la oposición política al Gobierno. La patronal venezolana es el adversario político número uno de Chávez. El carácter beligerante define su estilo, hasta el punto que en el año 2002 promovió un golpe de Estado secundado por la CIA – hay quien va más allá afirmando que fue directamente orquestada por esta organización– que estuvo a punto de derribar el presidente. La oposición critica sistemáticamente dos cuestiones: el carácter “dictatorial” de Chávez y el supuesto derroche innecesario –y malversación– de los cuantiosos ingresos provenientes del petróleo. En cuanto a la segunda acusación, aún no se ha condenado ningún cargo político ni ningún responsable de PDVSA (nombrados por el Gobierno) por pressumpta corrupción, pero sin embargo son muchas las voces que alertan de las “irregularidades evidentes” en la gestión y control del dinero público. En cuanto a la primera, hay que recordar que al margen del sector estratégico energético, el Gobierno no ha generalizado la estatalización de otros sectores económicos. Un sector clave para el control de la opinión pública (objetivo de cualquier gobernante “dictatorial) como es el mediático, está básicamente en manos privadas.  Hay dos televisiones estatales por siete “de independientes”, y por lo que respecta a la prensa escrita, el gobierno no controla ningún medio. Por lo tanto parece que, por ahora, el altavoz mediático está en manos de las voces críticas con el gobierno y no al contrario.


ALBA, la alternativa de Chávez a las relaciones interregionales

El ALBA, Alternativa Bolivariana para la América Latina y el Caribe, se constituyó en el año 2004 a la Habana con el acuerdo de Venezuela y Cuba. El año 2006 se añadió la Bolivia de Evo Morales y últimamente Nicaragua. Este organismo se basa en una propuesta de integración regional de los países latinoamericanos y también del Caribe que pone su énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social. La concreción de este objetivo viene dada por un proyecto de colaboración y complementación política, social y económica opuesta al modelo del Área de Libre Comercio de las Amèriques (ALCA), impulsada por los Estados Unidos y más de una veintena de países. El organismo pretende crear los mecanismos para gestionar “las ventajas que produce el cooperativismo” en los diferentes países que lo integren, con la voluntad de compensar las diferencias económicas de los mismos países. Eso se debería conseguir con un fondo compensatorio destinado a la corrección de los problemas concretos de cada uno de los países.
Por ahora el ALBA no es más que un proyecto de futuro inspirado por Chávez, que cuenta sólo con cuatro países. Precisamente los cuatro países “amigos” que todo el mundo coincide en ubicar en la esfera  de los gobiernos “revolucionarios”, o cuando menos, que han roto con una línea de gobernantes afines al modelo económico dictado por los Estados Unidos y arbitrado por el OMC, el Banco Mundial y el FMI. Es decir el modelo económico neoliberal.



Cronologia año  2006

 


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