Anuario 2006
Estados Unidos
"El partido republicano pierde su mayoría en el legislativo y Rumsfeld renuncia"
Sergi Sagués

Los republicanos se vieron superados por los demócratas en las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre de 2006. Los electores castigaron a la Administración Bush por su desastrosa gestión de la posguerra en Irak. “El presidente de la guerra”, como se autodenominó tras los atentados del 11-S, en 2001, tuvo que reconocer públicamente los errores de su guerra en Irak tres años después de haber iniciado la invasión del país árabe. Más de 3.000 soldados estadounidenses muertos, junto a cientos de miles de civiles iraquíes masacrados en una ocupación que acabó convirtiéndose en una guerra civil sectaria entre chiíes y suníes,  habían sido un precio demasiado caro para acabar con el régimen de Sadam Hussein, ejecutado en diciembre en una escenificada venganza chií. Y si ya se había visto, en los años anteriores, que las armas de destrucción masiva iraquíes no aparecían, en 2006, según un informe de la propia inteligencia estadounidense, se supo con certeza que tampoco había conexión alguna entre Hussein y el terrorismo islámico. El presidente se vio obligado a cambiar la “doctrina Bush,” de 2002, que señalaba a la guerra preventiva, al unilateralismo y al proselitismo democrático, de inspiración neoconservadora, como los imprescindibles instrumentos para asegurar en el futuro la seguridad de los estadounidenses y para acabar con el terrorismo mediante la “War on Terror”. La guerra de Bush contra el terrorismo no lo redujo, sino que loaumentó, según un informe del Senado que todavía contaba con mayoríarepublicana. La “War on Terror”, con sus dudosos métodos y resultados,no acabó con Al Qaeda, sino con la hegemonía republicana. El castigoelectoral en las “Midterm elections” inició un nuevo periodo derelación entre Bush y el poder legislativo: de ahora en adelante, elpresidente debería pactar con la mayoría demócrata, pese a conservartodavía el poder del veto presidencial. La mejor metáfora de la nuevasituación que había en Washington fue la obligada renuncia del veteranosecretario de Defensa, el halcón Donald Rumsfeld, hecho que serárecordado por la posteridad como el reconocimiento implícito de loserrores cometidos en política exterior por Bush.
Al ex secretario de Defensa se le culpabilizó de haber de  Un mea culpa que acabó siendo explícito y que apareció en los discursos del presidente. La renuncia del embajador de EE.UU. en la ONU en diciembre, el abogado neoconservador John Bolton, corroboró el obligado cambio de rumbo hacia la “realpolitik”, desempeñada en el pasado.
La OTAN se hizo cargo del mando en Afganistán; EE.UU. se sentó a negociar con Irán y con Corea del Norte para acercar posturas sobre los contenciosos nucleares; Rice se desplazó a Líbano, en verano, para encontrar una solución para frenar la crisis entre Israel y la milicia Hezbolá, y, meses después, relanzar la antigua Hoja de Ruta para volver a poner encima de la mesa un proceso de paz entre israelíes y palestinos. Además, las relaciones con la UE dejaron atrás episodios como el de los vuelos de la CIA, y propiciaron acuerdos como el de compartir datos de los pasajeros de vuelos transoceánicos. Las nefasta posguerra iraquí obligó a Bush a coger este rumbo más multilateral. Pero no sólo fue la errónea estrategia seguida en Irak lo que desgastó en las urnas a los republicanos.
Más allá de las miles de víctimas, EE.UU. había contraído un enorme déficit fiscal, provocado por las campañas bélicas de la “War on Terror”, que estaba muy lejos de los años de superávit de la Administración de Clinton.
Pese a bajar por segundo año consecutivo, el déficit fiscal fue, en 2006, de 247.700 millones de dólares. Aunque la Administración Bush logró aumentar los ingresos, gracias a los buenos resultados empresariales y al aumento de ganancias de los estadounidenses con mayores rentas, factores que aumentaron la recaudación. Pero, su hermano gemelo, el déficit exterior volvió a batir un nuevo récord por quinto año consecutivo: 765.400 millones de dólares. La cifra podría haber sido peor de no haberse producido la bajada del precio del crudo en el segundo semestre. Pese a que el país creció un 3,4 por ciento y que el paro fue de un 4,5 por ciento, que gracias al aumento de la contratación en el sector servicios fue la tasa de paro más baja de los últimos seis años, el déficit gemelo jugó en contra del partido republicano. El dólar bajó más que nunca a causa del doble déficit. Además, los bajos precios de los productos importados provocó una crisis en la industria. Crisis que se sumó a la bajada del sector inmobiliario, culpable de la desaceleración del crecimiento del PIB. En ambos sectores hubo miles de despidos, pese a que fue compensado por el empleo del sector terciario. El aumento de las desigualdades de riqueza en la población también pudo influir en el resultado electoral ya que el partido demócrata prometió aumentar el salario mínimo, que no sube desde hace una década, a 5,15 dólares la hora. Pero el déficit gemelo sólo fue una de las inquietudes de la población estadounidense.
El recorte de libertades civiles de la sociedad estadounidense fue evidenciado por una sentencia judicial contra las polémicas escuchas telefónicas y contra el espionaje de correos electrónicos. Además el Tribunal Supremo deslegitimó los tribunales militares que estaban juzgando a los presos de Guantánamo. La Detainee Bill, ley aprobada meses después del fallo judicial, permitía a Bush decidir el trato que se iba a dar a los prisioneros sospechosos de ser terroristas en los interrogatorios, y esto daba una cobertura implícita a la tortura, que el vicepresidente Cheney llegó a justificar en una entrevista. Bush también reconoció la existencia de las bases secretas de la CIA en el extranjero y defendió el programa de interrogatorios de la inteligencia estadounidense. Pero, además de los recortes de libertad y de los dudosos métodos empleados para luchar contra el terrorismo, el Partido Republicano vio muy perjudicada su imagen por una serie de escándalos protagonizados por políticos y personajes del entorno del partido de Bush.
Hubo escándalos para todos los gustos. Uno fue de corrupción fiscal, y lo protagonizó el ex lobbista republicano Abramoff, que había sobornado con regalos a congresistas del partido de los elefantes para que aprobasen leyes que favorecieran a sus negocios privados. Abramoff aceptó, a principios de año, una rebaja en su pena de cárcel a cambio de revelar los nombres de los políticos comprados. Esto salpicó a decenas de congresistas, incluido el líder de la mayoría republicana del Congreso Tom DeLay. En marzo se supo que le caían seis años de cárcel al magnate.  También hubo escándalos sexuales: del congresista Foley, que intercambió mensajes pornográficos con menores, y el del líder evangelista Ted Haggard (a pocos días de las “Midterm elections”), tras hacerse pública su homosexualidad (tras una vida de lucha por la moralidad). A los escandalosos informes del Senado y de la CIA sobre el aumento de los atentados terroristas provocados por la guerra de Irak y de la inexistencia de vínculos entre Hussein y Bin Laden se unió el reconocimiento por parte del Congreso de la nefasta gestión del huracán “Katrina” elevado a la categoría de “desastre nacional”. Y por si todo esto no fuera suficiente, Libby declaró a la justicia que su ex jefe, el vicepresidente Cheney, fue quien le ordenó revelar la identidad de la ex agente de la CIA Valerie Plame: un delito contra la seguridad de la nación. Cheney será llamado a declarar como testigo durante 2007.
Todas estas tormentas mantuvieron la popularidad de Bush hundida en los niveles más bajos desde que llegara al poder: un raquítico 40 por ciento del que no se recuperó en todo el año y que suponía menos de la mitad de la que llegó a tener tras los ataques del 11-S de 2001. El año terminó con toda la atención internacional puesta en como se concretaría el cambio de rumbo en la principal preocupación de Bush. Tras el relevo de Rumsfeld por el ex director de la CIA Robert Gates al frente de la secretaría de Defensa, el presidente recibió 79 advertencias y recomendaciones de una comisión bipartita, el Grupo de Estudios sobre Irak. Entre las conclusiones del informe se pedía a Bush que se abriera al diálogo con Irán y Siria para que estos países colaborasen en la estabilización de Irak, punto en el que Bush se mostró en desacuerdo. También se le recomendaba que estableciera un calendario de retirada de tropas. A su vez, la comisión le recomendó que podía reforzar momentáneamente los 140.000 soldados estadounidenses destinados en Irak para intensificar el entrenamiento de los cuerpos de seguridad iraquíes. Esto permitiría acelerar la retirada definitiva de EE.UU. de Irak.  
    El error cometido en la estrategia de EE.UU. Irak reconocido por Bush, no fue tal para el secretario general saliente de Naciones Unidas, Kofi Annan. En su discurso de despedida, Annan dijo que el error de EE.UU. fue aventurarse en la invasión cargándose así la reputación de defensores de los Derechos Humanos que tenían los estadounidenses. El ex presidente republicano Gerard Ford, fallecido el 27 de diciembre, también criticó la invasión a través de una entrevista póstuma.


El presidente ve reducido su margen de maniobra


Las “Midterm elections” son una de las citas electorales más importantes del mundo. Se celebran cada cuatro años y coinciden con la mitad del mandato presidencial, de ahí su nombre. Como sucedió el 7 de noviembre de 2006, un cambio de mayoría, bien en el Congreso o bien en el Senado, influye en la presidencia federal. El cambio de 2006 se produjo en ambas cámaras legislativas, que se decantaron hacia el Partido Demócrata después de más de una década de dominio republicano. En 1994 los demócratas habían sufrido una debacle en ambas cámaras que fueron dominadas por los elefantes, el Partido Republicano, por primera vez en cuarenta años.
    En las “Midterm elections” se decide el color de 435 escaños, esto es la totalidad de los congresistas, y un tercio del Senado, es decir, 33. El resto de senadores se escoge en el momento de las elecciones presidenciales. Además, con las “Midterm elections” coinciden las “Gubernatorial elections” que son las elecciones en 36 estados para elegir Gobernador. Por último, también hubo el 7 de noviembre una serie de referéndums que variaron según el estado. Otra vez, el resto de gobernadores se escogen coincidiendo con las presidenciales.
    La importancia de las “Midterm elections” recae fundamentalmente en dos cuestiones. Por un lado, son una prueba de confianza hacia el presidente. Así, los estadounidenses premian o castigan al partido que ocupa la Casa Blanca. Este año, según los sondeos llevados a cabo por Fox News/Opinion Dynamic, Gallup Poll/USA Today y CBS News/The New York Times, George W. Bush tenía una apoyo aproximado del 40 por ciento. Esto suponía diez puntos menos que el apoyo que recibía en 2004, cuando se presentó a sus segundas presidenciales y nada menos que la mitad de la popularidad de que gozó los meses siguientes del 11-S en 2001. En las últimas “Midterm elections”, las de 2002, Bush se benefició de este apoyo para consolidar la mayoría conservadora en ambas cámaras pese al escándalo “Enron”. Este año, sin embargo, la guerra de Irak y la incapacidad de la Administración estadounidense para estabilizar ese país ha perjudicado al partido republicano.
    Por otro lado, las “Midterm elections” suponen el pistoletazo de salida para las presidenciales de dentro de 24 meses, en este caso las de 2008, a las que George W. Bush no podrá volver a presentarse por la limitación constitucional que limita a dos mandatos la presidencia de la Unión. En este caso, el congresista republicano John Mc Cain y senadora demócrata Hillary Clinton han sido los dos políticos que parecen abanderar el futuro presidencial por ambos partidos, aunque hasta las elecciones primarias no se sabrá con certeza quiénes pugnaran por sentarse en el Despacho Oval. El 28 de diciembre, el ex senador demócrata de Carolina del Norte John Edwards anunciaba que se presentaría a ellas para conseguir ser el candidato demócrata.

    El Partido Republicano pasó de tener 55 senadores a 49, es decir, perdió seis. Mientras tanto, los demócratas pasaron de poseer 44 senadores a tener 49.  En realidad se trata de un empate, pero, en principio, los dos senadores independientes están más cerca de la órbita ideológica demócrata y se supone que votarán a favor de lo que decidan estos. De todas formas, esta raquítica mayoría provocó, a finales de año, inquietud en las filas demócratas del Senado. Tim Johnson, senador demócrata escogido en Dakota del Sur, sufrió una embolia y fue ingresado en la UVI. De perecer, la ley establece que correspondería al gobernador de Dakota del Sur, el republicano Mike Rounds, designar un nuevo senador. Esto podría devolver la mayoría a los republicanos. El Senado sólo fue uno de los tres triunfos demócratas del 7 de noviembre.
    Ese día el Congreso también cambió de mayoría. Los congresistas republicanos pasaron de ser 232 a 201. Los demócratas aumentaron en treinta su representación hasta alcanzar los 232 representantes. Otra novedad es que la Cámara Baja pasará a estar presidida por primera vez en la historia por una mujer: la demócrata Nancy Pelosi.
    Nacida en Baltimore, en la costa este, hace 66 años, la carrera política de Pelosi se desarrolló sobretodo en San Francisco, California. Entre otras funciones resulta interesante la que la convertiría en presidenta de EE.UU. en caso de emergencia. Sólo tendría por delante al vicepresidente Dick Cheney en caso de que se tuviese que substituir de urgencia al presidente. Entre sus méritos hay uno que sobresale: de ella se dice que ha sido la única persona capaz de homogeneizar las posturas demócratas en los asuntos más controvertidos. A parte de apoyar la retirada de Irak, Pelosi apoya el matrimonio gay, aumentar los impuestos y la regularización de los doce millones de hispanos sin papeles que se calcula que hay en el país. A su vez, ha prometido subir el salario mínimo y aumentar los fondos federales para la investigación de las células madre. A Pelosi la acompañaran durante esta legislatura nada menos que 28 gobernadores demócratas.
    Antes de las “Gubernatorial elections 2006”, los papeles entre los dos partidos mayoritarios de EE.UU. estaban invertidos en lo que se refiere a las gobernaciones  de los 50 estados: 28 eran republicanos y 22 demócratas. El 7 de noviembre se escogieron 36 gobernadores. Y los demócratas obtuvieron 28 estados, mientras que los republicanos se quedaron con 22. Además también se voto ese día las “state legislatures” que son los parlamentos y senados de cada estado. Y por si no fuera suficiente, hubo, a su vez, elecciones en muchos municipios y referéndums sobre varias cuestiones. Entre los senadores escogidos destacó, por ejemplo, la reelección del republicano Arnold Swarzenegger como Gobernador de California.

Posicionamiento ambiguo de ambos partidos
Pese a que en las “Midterm elections” suelen predominar los asuntos de política interior de EE.UU., la difícil situación de Irak fue el tema clave de las elecciones de mitad de periodo de 2006. Esto también distó mucho de las presidenciales de 2004, en las que los temas de moral tales como el derecho al aborto, el matrimonio gay, la investigación con embriones humanos o la eutanasia, compartieron espacio con la política exterior. En ese momento, los republicanos también gozaron de la ola conservadora que se extendía, sobretodo en los midlands o en el sur. En 2006, la guerra de Irak primó por encima de todo lo demás.
Pero pese al desgaste electoral que efectivamente provocó la guerra en los resultados republicanos de las “Midterm elections”, no hubo posturas ideológicas al respecto demasiado distanciadas entre los dos grandes partidos estadounidenses.  El analista Serge Halimi escribe en un artículo de Le Monde Diplomatique de noviembre-diciembre titulado “Los déficits republicanos” que durante las elecciones de mitad de periodo pareció que los posicionamientos sobre la guerra de Irak de los candidatos de ambos partidos fue difusa. En este sentido, ningún demócrata no se comprometió a defender un calendario de retirada de las tropas. Además, tampoco faltaron voces republicanas críticas con las aventuras imperialistas de Bush.
En un intento de observar las tendencias políticas que los dos grandes partidos proyectan hacia las presidenciales de 2008, la revista The National Interest destacó la similitud de las declaraciones que hicieron Hillary Clinton o John Mc Cain respecto a sus visiones en política exterior. Halimi sostiene que tampoco quedaron claras las propuestas para vencer las actuales desigualdades sociales que son las más grandes de toda la historia de los EE.UU. Solamente la intención demócrata de subir el salario mínimo a 5,15 dólares la hora (no sube desde 1997) parecía que cambiaría levemente en algo el rumbo de la política social actual de la Administración. De todas formas, hasta enero de 2009, los demócratas no dejarán de tener el obstáculo del veto del presidente, siempre que ganasen las elecciones, para hacer efectivo su programa social. El veto presidencial no será la única dificultad para los demócratas. Pese a perder el control de ambas cámaras, Bush pudo colocar otro juez conservador en el Tribunal Supremo en 2006.
El 31 de enero, el Senado, todavía con mayoría republicana, confirmó al juez conservador Samuel Alitó para ocupar un cargo vitalicio en el Senado. Alitó se sumó a John Roberts, otro magistrado conservador confirmado el año anterior como presidente de esta institución.  Su posicionamiento en contra del aborto o de la eutanasia provocó una campaña demócrata en contra de su nombramiento.

Abramoff: un escándalo que salpica los “lobbies”
El escándalo Abramoff marcó el año electoral de las “Midterm elections” en EE.UU. En marzo se confirmaba la sentencia: cinco años y diez meses de cárcel para Jack Abramoff. Este empresario multimillonario es un ex lobista caído en desgracia con la justicia que salpicó a nada menos que 20 congresistas, entre ellos el que fue el líder de la mayoría republicana en la Cámara Baja, Tom Delay. Estos congresistas se dejaron comprar sus votos por el empresario Abramoff. Recibieron dinero a cambio de votar a favor de los intereses del multimillonario.
Tras declararse culpable de fraude, corrupción y evasión fiscal, Abramoff aceptó rebajar su pena, que en un principio era de 30 años, a cambio de dar los nombres de los congresistas sobornados para aceptar resoluciones favorables a sus clientes.
Ganar las elecciones al Congreso o Senado en EE.UU. tiene un inmediato impacto de influencias para la órbita de personas que hay alrededor del partido ganador. Esto ha vuelto a ocurrir tras las elecciones de “Midterm elections” de 2006. Así, durante la última década, los desterrados lobbies demócratas perdieron dinero e influencia. Un lobby es un grupo de presión que trata de influir de diversas maneras en el poder para lograr distintos objetivos. Ejemplos de lobistas demócratas son Jack Quinn, Tony Podesta o Steve Elmendorf. Durante la última década, los republicanos pudieron marginar a las firmas que simpatizaban demasiado con los demócratas y las marginaron de distintas maneras. Las principales empresas del país ya han empezado a incorporar a gente de la órbita demócrata en sus consejos de administración o a subir el salario de los que ya estaban.
La nueva presidenta de la “House”, Pelosi, organizó una fiesta donde asistieron los protagonistas de los lobbies que apoyaron al partido Demócrata. Pero pese al regreso de tantas caras conocidas, Pelosi prometió que se iban a aplicar nuevas reglas, de ahora en adelante, para limitar los contactos entre los legisladores y los lobistas. Se trata de cortar escándalos relacionados con los lobbies como el ocurrido con el “superlobista” Jack Abramoff.
Esta fue una de las promesas demócratas en las “Midterm elections”. A Abramoff lo declararon culpable de varios delitos de fraude, conspiración y evasión de impuestos. Además, la Fiscalía inició una investigación que esperaba contar con la colaboración del ex lobista y que podría destapar casos de corrupción de diversos senadores y congresistas. Así, Pelosi quiere prohibir las comidas, regalos o viajes para congresistas pagados por los lobistas. El problema, como apunta Massimo Calabresi en el artículo “When the democrats take back K Street” publicado en la revista “Time”, es que en un sistema electoral que se basa exclusivamente en las donaciones para subvencionar los partidos, siempre habrá un punto de encuentro entre los lobbies y los congresistas.



Escándalos republicanos

A mediados de febrero, la costa noreste de EE.UU. sufrió el peor temporal  de nieve de los últimos 60 años. Las carreteras y los aeropuertos quedaron bloqueados por grosores de nieve de más de medio metro en Washington, Nueva York o Boston. Apagones de luz afectaron a más de 300.000 personas. Fue una anécdota climática, que sirvió como metáfora del temporal de escándalos que se avecindaba en el partido republicano justo en el peor momento, en el que se decidía el control de las dos cámaras.
“The October Surprise”, La Sorpresa de Octubre, es una famosa expresión de uso recurrente en EE.UU. cuando hay elecciones. En realidad, se usa más en los años que hay elecciones presidenciales. Se refiere a noticias que se producen a pocos días de los comicios y que influyen en el resultado. Por ejemplo, “The October Surprise” de 2004 (aunque esta se produjo ya entrado noviembre) fue el mensaje de Bin Laden amenazando a los estadounidenses: favoreció claramente los intereses de Bush. En las Midterm elections de 2006 hubo dos “Sorpresas de Octubre”: dos escándalos sexuales que salpicaron al, precisamente, abanderado de la salvación moral de la sociedad estadounidense, el Partido Republicano. Los protagonistas de estos casos fueron el congresista Foley y el evangelista (en el entorno republicano) Haggard. En este caso, “The Octuber Surprise” empeoró los resultados del partido de Bush en las “Midterm elections”.
Ted Haggard, más conocido como pastor Ted, era el líder religioso de la “New Life Church”, una iglesia de 14.000 fieles. Además, presidía la poderosa Asociación Nacional de Evangélicos de Estados Unidos, que cuenta con nada menos que más de treinta millones de fieles y que pide el voto para el Partido Republicano. Haggard, casado y con cinco hijos, que, además, siempre mantuvo una posición muy contraria al matrimonio gay, tuvo que reconocer las acusaciones de Mike Jones, quien dijo haber mantenido relaciones sexuales con el pastor Ted. También le había vendido droga. Haggard se oponía al aborto, a las relaciones sexuales extramatrimoniales y a la investigación con células madre. El escándalo Foley también fue sexual.
Justo un mes antes de las “Midterm elections” la Comisión de Ética de la Cámara de Representantes votaba a favor de investigar al congresista Mark Foley. El republicano había renunciado la semana anterior a su escaño después de reconocer que había mantenido correspondencia electrónica de contenido sexual con becarios del Congreso menores de edad. El escándalo salpicó directamente al predecesor de Nancy Pelosi, el presidente republicano del Congreso Dennis Hastert. El problema más grave fue que Hastert conoció con mucha anterioridad la inmoral conducta de su colega de partido y no supo gestionar correctamente el problema, es decir, no le había expulsado, prefiriendo mantener en silencio lo ocurrido. A principios de año, el predecesor de Hartest, el republicano Tom DeLay había protagonizado otro escándalo, en este caso, de índole fiscal.
A finales de 2005, el líder del Senado, el republicano Bill Frist, estaba siendo investigado por un presunto delito por uso de información privilegiada (vendió acciones de la empresa de su familia justo antes de que su cotización cayera). Pero el escándalo recayó en la otra Cámara: un tribunal de Texas acusó al entonces presidente del Congreso, y uno de los principales aliados de Bush, el congresista republicano Tom DeLay, por canalizar ilegalmente miles de dólares de donaciones corporativas a candidatos republicanos durante las elecciones parlamentarias de Texas de 2003. DeLay también fue investigado por haber mantenido contactos con el ex lobbista Abramoff, acusado a su vez de delitos fiscales. En abril de 2006, DeLay, que tenía el mote de “martillo” por su duro estilo de hacer política, renunció a su escaño. Por último hubo otro escándalo de un miembro del partido republicano, pero en este caso en la mismísima Casa Blanca.
El vicepresidente, Dick Cheney, fue salpicado por el caso “Valerie Plame” en febrero de 2006. El ex jefe de su gabinete, Lewis Libby, reconoció ante el fiscal especial Patrick Fitzgerald, que lleva el caso desde que estallara en otoño de 2005, que Cheney, y superiores suyos, le autorizaron a desclasificar documentos secretos para justificar la invasión de Iraq, entre ellos la revelación de la identidad de la ex agente de la CIA Plame en represalia por las declaraciones de su marido, un diplomático estadounidense, contrarias a la guerra de Iraq. Esto provocó un proceso judicial contra Libby, que se vio obligado a dimitir. La ley considera que revelar la identidad de un agente de la CIA es un delito al poner en riesgo la seguridad de todo el país. Durante la investigación , fuentes del diario “The New York Times” señalaron a Cheney y al asesor político de Bush Karl Rove como responsables de la filtración. De este modo, otro escándalo republicano se agudizaba a pocos meses de las “Midterm elections”. El 20 de diciembre, la defensa solicitó la comparecencia de Cheney como testigo en el juicio que se celebrará en 2007.


La justicia cuestiona los métodos de la “war on terror”
2006 empezó marcado por el debate sobre las escuchas telefónicas y el espionaje de las comunicaciones informáticas. El presidente Bush defendió con vehemencia su programa de escuchas telefónicas sin autorización judicial pese a que “The New York Times” publicara que incluso la Fiscalía General de EE.UU. se había opuesto. A mediados de diciembre del año anterior, la prensa había revelado el espionaje de la Administración a las llamadas y a las comunicaciones por internet entre EE.UU. y el extranjero. El asunto causó preocupación en la opinión pública estadounidense, que vio como el presidente recortaba demasiadas libertades en su lucha contra el terrorismo. La organización estadounidense pro derechos civiles American Civil Liberties Union (ACLU) había presentado una demandada por el espionaje llevado a cabo por la Agencia de Seguridad Nacional, institución creada por Bush que centraliza la inteligencia estadounidense integrando la CIA, el FBI, y el resto de cuerpos de seguridad del Estado, a sus ciudadanos por considerarla inconstitucional. Pese a la oposición éste y otros grupos de derechos civiles, Bush defendió en todo momento la actuación de su Administración. Es más, tras la inesperada dimisión del director de la CIA Porter Goss, el presidente nombró al general que había dirigido las escuchas, Charles Hayden, para relevarlo como jefe de la inteligencia estadounidense.
Pese a la tozuda defensa de las escuchas por parte del presidente y también de su segundo de a bordo, el vicepresidente, Dick Cheney, en agosto llegaba un nuevo obstáculo para los planes republicanos: la jueza federal Anna Diggs Taylor pidió que se detuviera de inmediato el programa de escuchas porque violaba derechos fundamentales de la Carta Magna como la libertad de expresión, el derecho a la intimidad y porque atentaba a la separación de poderes estipulada por la constitución.  De hecho, el presidente daba una dudosa luz verde a las escuchas sin mediar ninguna orden judicial.  Lo que sucedía en Guantánamo también fue puesto en cuestión por la justicia. En marzo, otro juez federal obligó a que se hiciesen públicos miles de documentos con los nombres de 317 presos de Guantánamo. Pero algo más grave estaba por llegar: en junio, el Supremo de EE.UU. fallaba contra los tribunales militares que estaban juzgando a los sospechosos de ser terroristas detenidos en la base militar estadounidense que hay en el extremo oriental de Cuba.
La Administración Bush no perdió tiempo y pronto llegó una solución. La “Detainee Bill” o Ley del Detenido fue aprobada en octubre antes de las “Midterm elections”. Esta ley eliminaba literalmente el Habeas Corpus y permitía, de manera implícita, usar la tortura en los interrogatorios de los presuntos terroristas dejando en manos del presidente la decisión de cuáles eran los métodos de interrogatorio apropiados. El 13 de febrero, EE.UU. había desmentido un informe de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que aseguraba que los presos de Guantánamo eran objeto de torturas. La Comisión de Derechos Humanos pidió a EE.UU. que cerrase el centro y que juzgara de una manera justa a los 520 reclusos. A finales de octubre, Bush tuvo que rechazar unas declaraciones hechas por Cheney en las que justificaba el uso de la técnica del ahogamiento, hacer ver a los interrogados que se van a ahogar, si con ello se salvaban vidas. Pero un mes antes había reconocido la existencia de las bases secretas de la CIA, que había revelado “The Washington Post” el año pasado, y también había defendido el programa de interrogatorios de la inteligencia estadounidense si con ello se salvaban vidas. La “Detainee Bill” podría ser declarada inconstitucional a corto plazo. Otra ley que volvió a ser aprobada en 2006 fue la Patriot Act.
El Congreso votó a favor de la prolongación de 16 de sus disposiciones que expiraban en 2005. Un día antes, en el discurso del estado de la nación, Bush insistió en que la prórroga de la Patriot Act era necesaria para acabar con el terrorismo. La ley daba al Gobierno margen para realizar las escuchas entre otras cosas. En otro discurso, diez días después, Bush reveló que poco después del 11-S se frustró un atentado de Al-Qaeda contra la Liberty Tower, edificio más alto de Los Ángeles. Lo usó de argumento para justificar que con su política antiterrorista había frenado varios intentos de atentados islamistas. Coincidiendo con esta explicación de Bush, ese día el Senado vivió una alarma parecida a la que hubo en el Congreso cuatro años antes, cuando fue desalojado por una alarma de ántrax. En esta ocasión se detectó gas nervioso en un edificio anexo al Senado. Fue una falsa alarma, pero recordó viejos sentimientos de psicosis terrorista en Washington. Otro protagonista de 2006 trajo malos recuerdos a los estadounidenses.
  En 2006, EE.UU. juzgó y condenó a cadena perpetua al único detenido en EE.UU. por los atentados del 11-S. Zacarías Moussaoui, francés de origen marroquí, de 37 años. Fue detenido en una escuela de vuelo en Minessota en agosto de 2001, un mes antes del 11-S. Hubo dudas sobre la neutralidad del jurado, ya que el juicio se celebró en el Tribunal Federal de Alexandría, en Virginia, cerca del Pentágono. Ahí la mayoría de la población es militar o trabaja como personal administrativo para el departamento de defensa. Además, fue en el Norte de Virginia donde se estrelló el cuarto avión del 11-S.

Muro contra la inmigración
    2006 será recordado, entre otras cosas, como el año en el que EE.UU. decidió levantar un doble muro a lo largo de 1.126 Kilómetros de los 3.379 Kilómetros que mide su frontera con México. Hasta ahora sólo 120 kilómetros estaban vallados. El Congreso y el Senado, en una de sus últimas leyes de la era con mayoría republicana, dieron luz verde a la ley en septiembre. Bush aprobó, el 10 de octubre, los fondos para financiar el proyecto: 1.200 millones de dólares. México, principal “exportador” de esa mano de obra, junto a los demás países de América Central, se quejó con dureza por la decisión. Y es que las remesas de los inmigrantes se han convertido en motores de las economías de la región. El plan incluía el despliegue de 1.500 agentes fronterizos y la instalación de 10.000 espacios de detención para inmigrantes que no procedan de México.
No quedó claro en 2006 lo que pasará de ahora en adelante con los 12 millones de indocumentados que viven en el país. Aunque el senador demócrata Edward Kennedy iba a presentar, a principios de 2007, un borrador de la reforma migratoria para regularizar a los “sin papeles”, en ambos partidos hubo defensores y detractores de esta medida. Cabe recordar que, junto con la idea del muro, Bush también propuso legalizar a los 12 millones de ilegales, pero el ala más conservadora de su partido fue reacia a ello y evitó que el Congreso llegara a un acuerdo. La reforma fue pedida con fuerza en abril precisamente por sus protagonistas.
Cientos de miles de inmigrantes, mayoritariamente hispanos, hicieron huelga el  lunes 10 de abril y salieron a las calles de grandes ciudades como Nueva York, Atlanta o Houston en lo que fue considerada la mayor movilización de inmigrantes de la historia reciente de los EE.UU. Hubo quien, como el senador Kennedy o algunos medios de comunicación, comparó la marcha con las que encabezó Martin Luther King en los setenta para reclamar la igualdad jurídica de los afro-estadounidenses. Ahora son los hispanos ilegales los que quieren ser equiparados en derechos con el resto de la población.
    El 13 de diciembre 1.300 inmigrantes latinos fueron arrestados en redadas hechas en seis plantas frigoríficas de la empresa Swift & Company en Colorado, Nebraska, Texas, Utah, Iowa y Minnesota. En el operativo participaron 1.000 agentes. “Esto será un elemento disuasivo para los trabajadores indocumentados. Vamos a intentar hacer que sea incómodo violar la ley aquí”, dijo el secretario de Seguridad Interna de EE.UU. Michael Chertoff.



El déficit fiscal se reduce por segundo año consecutivo


El déficit fiscal estadounidense se redujo por segundo año consecutivo y llegó, en 2006, a los 247.700 millones de dólares, el nivel más bajo de los últimos cuatro años. Esta cifra significaba una reducción del 22 por ciento con respecto al año anterior. La bajada se logró gracias a que los ingresos del Estado crecieron más que sus gastos. La recaudación aumentó un 11,8 por ciento. Sobre todo vino de los impuestos de personas adineradas y de empresas, gracias al aumento de sus beneficios en 2006. Mientras, los gastos subieron un 7,3 por ciento. Entre otras medidas para frenar los gastos de la Administración estuvo la de reducir la financiación de distintas agencias gubernamentales. Pero el déficit sigue lejos del superávit que caracterizó los mandatos de Clinton. El coste de la “War on Terror”, la invasión de Irak y el recorte de impuestos hicieron que EE.UU. gastara más que lo que ingresaba durante los últimos años. Sin ir más lejos, el 10 de octubre, el presidente promulgó la Ley de Asignación Presupuestaria para el Departamento de Seguridad Nacional para el año fiscal 2007, en el que se gastarán nada menos que 33.000 millones de dólares, incluyendo el muro de la frontera con México, que costará 1200 millones de dólares. Y es que sólo el gasto del Estado en control fronterizo asciende a más de 3.000 millones de dólares anuales. Según un informe del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz (SIPRI), EE.UU. es el responsable de casi la mitad del gasto militar anual de todo el planeta. En 2006, el gasto militar aumentó en un 5 por ciento con respecto al año anterior, y alcanzó los 419.000 millones de dólares.
La déficit exterior de EE.UU., en 2006, ascendió a 765.400 millones de dólares, y batió su récord por quinto año consecutivo. El déficit en la balanza de pagos fue de un 6,8 por ciento del PIB. Los altos precios que alcanzó el petróleo, marcando su récord en agosto con un precio por encima de los 78 dólares por barril, aumentaron el coste de las importaciones y por eso el déficit comercial fue más alto. De todas formas, el fuerte abaratamiento del petróleo de septiembre hizo que se registrase la mejora más importante de este indicador en cinco años, y lo rebajó un siete por ciento. Las importaciones de los tres primeros cuatrimestres sumaron 480.700 millones de dólares, mientras que las exportaciones fueron de 262.100 millones de dólares. Esto arrojó un déficit en bienes de 218.600 millones de dólares. De la demanda exterior de EE.UU. depende el 16,5 por ciento de las importaciones mundiales de mercancías y el 12,2 por ciento de los servicios. Mientras que los estadounidenses se benefician de productos importados a bajo precio, a la vez pierden puestos de trabajo en el sector industrial, incapaz de competir con los productos que vienen de fuera. Por otro lado, el aumento del precio del dinero encarece la deuda contraída por EE.UU. para financiar el déficit exterior.
La subida de los tipos de interés, que pasaron del 1 por ciento de 2004 al 5,25 por ciento en 2006, provoca que se pague más rendimientos a los que invierten en bonos y letras del Estado. Esto, sumado a la continuación de la tendencia de gran endeudamiento del Estado, ha provocado que por primera vez en 90 años, lo que EE.UU. paga a sus acreedores extranjeros supera a lo que ingresa por sus inversiones en el exterior. El déficit de cuenta corriente de EE.UU. acumulado desde finales de 2001 casi llegó a los tres billones de dólares. Aun así, la deuda externa neta estadounidense asciende al 20 por ciento de su PIB. Todavía entra dentro de los parámetros de normalidad si se compara con el 15 por ciento de deuda media de los países de la zona euro. Pero si la tendencia a una mayor acumulación de deuda continúa, podría haber inquietud entre los inversores sobre la capacidad de EE.UU. de cumplir sus compromisos, y esto podría aumentar la presión sobre la moneda estadounidense.
El doble déficit de EE.UU. es la principal causa de la bajada de la cotización del dólar de los últimos años. En diciembre, el dólar llegó a cotizarse a 1,32 frente el euro. Durante todo 2006, el dólar perdió un cuatro por ciento de su valor frente al promedio de las monedas de sus principales socios comerciales. Precisamente, el récord de déficit comercial hizo que hubiera más dólares que nunca en los mercados internacionales. El motivo es que para pagar las importaciones, EE.UU. debe cambiar dólares por la moneda nacional del país donde compra productos. El hecho de que hubiese más dólares en el exterior, influyó en que la moneda estadounidense se depreciara.
Desaceleración del crecimiento
El crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de EE.UU. perdió impulso y fue de un 3,4 por ciento en 2006, según el FMI. El motivo de la frenada, según el Departamento de Comercio, fue la desaceleración del mercado inmobiliario, que cayó un 20 por ciento en los últimos meses de 2006. Los estadounidenses compraron un 17,4 por ciento menos de viviendas nuevas. Era la mayor caída en más de 15 años. Desde septiembre de 2005, el crecimiento del mercado de la vivienda de EE.UU se ha reducido a la mitad. El año acabó con un aumento del 14 por ciento de las casas terminadas sin vender. Desde octubre de 2004, el comienzo de obras de nuevas casas o apartamentos ha caído casi un cuarto. Según la OCDE, este  sector continuará bajando hasta finales de 2007. La subida del precio del dinero contribuyó a que se vendieran menos casas.
Ben S. Bernanke, el nuevo “chairman” de la Reserva Federal (Fed) sustituía a Alan Greenspan. Nada más llegar, Bernanke elevó el precio del dinero hasta un 5 por ciento para frenar la inflación. A finales de 2006, todavía aumentó los tipos un cuarto de punto más, hasta el 5,25 por ciento. La inflación fue nueve décimas más baja que la del año anterior: 2,5 por ciento. Era el mejor resultado desde que 2003, cuando fue de 1,9 por ciento. La principal causa de la bajada de casi un punto del indicador fue que la energía se encareció un 2,9 por ciento en 2006, muy por debajo del 17, 1 por ciento del año anterior. La subida de los tipos de interés de la Fed para contener la inflación jugó en contra del mercado inmobiliario porque encareció las condiciones hipotecarias y redujo el impulso de la demanda de los últimos años.
Desde mediados de los noventa, la construcción ha sido el motor de la economía de EE.UU. También fue clave para dejar atrás la recesión de 2001. En los últimos años el sector inmobiliario ha sido responsable de un 80 por ciento de la subida del empleo y de casi dos terceras partes del incremento del PIB. La bajada de la construcción provocó que se despidiera a 3.000 obreros sólo en diciembre. Uno de los colectivos más afectados es el de los inmigrantes latinos, tres cuartas partes de los cuales son empleados de la construcción.


Aumenta el empleo, pero también las desigualdades
La bajada de empleos en la construcción, en la manufactura y en la industria fue compensada por el gran numero de contratados en el sector servicios: 420.000. En el global de la economía estadounidense, hubo 1,84 millones de contratos nuevos. Se trataba de un promedio de 153.000 nuevos trabajadores incorporados cada mes, que hicieron posible la tasa más baja de desempleo de los últimos 6 años. La tasa de paro de EE.UU. fue de un 4,5 por ciento en 2006, cuatro décimas menos que la del año anterior.  En la actualidad, hay 6,8 millones de estadounidenses parados y casi 146 millones trabajando. Sus salarios subieron un 4,2 por ciento. Pese a ello, el desequilibrio de riqueza de los estadounidenses es cada vez mayor.
 La primera potencia económica mundial ocupaba en 2006 la posición número ocho del Índice de Desarrollo Humano (IDH) y tenía un coeficiente de 0,95. La esperanza de vida de los estadounidenses era de 77 años y su renta per cápita, según los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), ascendía, en 2006, a 44.315 dólares anuales. A mediados de octubre, EE.UU. alcanzó los 300 millones de habitantes. La población del país se dobló en los últimos cuarenta años. La responsable, en gran parte, de este incremento de ciudadanos la ha tenido la inmigración latina de los últimos años. Pero lo cierto es que un 13,3 por ciento de su población vive por debajo del umbral de pobreza. Mississipi es el estado que tenía un mayor porcentaje de pobres: el 21,3 por ciento de su población.
El analista de “Le Monde Diplomatique” Serge Halimi daba unas cifras que resultaban reveladoras para entender el aumento de las desigualdades económicas de la sociedad estadounidense: en 1976, los directivos de las principales firmas del país ganaban, de media, 36 veces más que sus empleados. 17 años después, cuando Clinton llegó a la presidencia, la diferencia había aumentado hasta 131 veces más. En 2006, los directivos de las empresas ganan de media: ¡369 veces el salario de sus empleados! Halimi también destacaba que, en 2006, la mitad de la población de EE.UU. disfrutaba de un 2,5 por ciento de la riqueza total que generaba la Unión. Sin embargo, el 10 por ciento más rico de la población acumula nada menos que el 70 por ciento de la riqueza nacional. Por primera vez en la historia, según la revista “Forbes” los 400 más ricos de EE.UU. tienen una riqueza de más de 1.000 millones de dólares. Bill Gates, el gran magnate de Microsoft, encabeza el ránquing mundial con una fortuna de 53.000 millones de dólares. Por otro lado, muchos inversionistas se han enriquecido aún más, en 2006, con un espléndido crecimiento de la Bolsa.

Un buen año para Wall Street
La Bolsa de Nueva York volvió a pisar el acelerador en 2006, como lo hiciera tres años atrás, y superó su techo histórico de cotización. El principal índice de Wall Street, el Dow Jones de Industriales, salió del estancamiento de los dos últimos años y pasó de los 10.500 puntos, al cierre en 2005, a los 12.471 en 2006. La Bolsa se revalorizó un 16 por ciento desde enero y completó la recuperación iniciada en 2003, después de la fuerte caída de 2001 y 2002. Ese último desplome bursátil neoyorquino fue consecuencia de la fuerte ralentización económica que se vivía en ese momento; de la desconfianza que generó en los inversores el estallido de lo que se conoció como la burbuja tecnológica (gran caída del índice Nasdaq); de los escándalos contables en empresas como Enron, y del ataque terrorista de 2001 al World Trade Centre. Pese a que durante los meses siguientes a los atentados del 11-S, la Bolsa de Nueva York se recuperó con relativa rapidez, en 2002 cayó hasta el nivel de 1997: 7.200 puntos. Tras un lustro, la Bolsa volvió a estar más alta que nunca. El índice de la bolsa tecnológica estadounidense “Nasdaq 100” tuvo un comportamiento similar al del Dow Jones en el segundo semestre.


La batalla por la flexibilización del yuán


Canadá, México, China, Hong Kong y Japón suman la mitad de las transacciones comerciales de EE.UU. Entre ellas, destaca la relación comercial con China, que ha ido a más en los últimos tiempos y que también batió récords en 2006. En los diez primeros meses, China (281.000 millones de dólares comerciados con EE.UU.) adelantó a México (278.000 millones) en la cifra de negocio con la principal potencia mundial. El secretario del Tesoro de EE.UU., Hank Paulson, declaraba en una entrevista para la revista “Financial Times”, en septiembre, que EE.UU. tenía con respecto a China una estrategia a largo plazo que consiste en considerar al gigante asiático como una de las economías que liderará los negocios mundiales en el futuro. En el viaje que hizo Paulson a Pekín en diciembre, acompañado por el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, se vio claramente cuál era el objetivo estadounidense en relación al gigante asiático: tratar de reducir el desequilibrio comercial entre ambos países exigiendo la flexibilización del tipo de cambio del yuan. El desequilibrio entre ambos también batió un récord en 2006: 229.000 millones de dólares. Además se había de conseguir que China jugara con las mismas reglas que el resto de potencias integradas en la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Esto último era una de las premisas para ayudar a fortalecer el dólar. Bernanke se había mostrado complaciente con la debilidad del dólar en un primer momento como factor de competitividad de EE.UU. en el exterior, pero Paulson inició en 2006 políticas para recuperar el valor del billete verde. Precisamente, uno de los golpes que sufrió el dólar en 2006 vino del gobernador del Banco Popular de China, Zhou Xiaochuan, que declaró que China había alcanzado la cifra récord de un billón de dólares en reservas internacionales y que estaba considerando diversificar sus reservas con otras divisas, como el yen japonés. Esto causó inquietud en los inversores porque si el gigante decidiese vender dólares, y activos financieros nominados en dólares, en gran cantidad, esto provocaría un desplome todavía mayor de la moneda. Zhou desmintió, más tarde, que China quisiera vender dólares, pero el daño ya estaba hecho y aumentó el escepticismo con respecto al dólar.
Los fabricantes estadounidenses sostenían que el yuan se mantenía débil de una manera artificial y que de esta manera el Gobierno chino potenciaba las exportaciones. El problema estaba en que esta debilidad de la moneda china complicaba que EE.UU. dispusiera de una cuota de mercado aceptable en el país asiático, cosa que aumentaba el desequilibrio comercial con este país. La preocupación que había en Washington por el gran superávit comercial chino hizo enviar a su delegación económica más potente. Pero el acuerdo que consiguió, explicado por Paulson dos días después de su llegada, consistía en que EE.UU., el principal consumidor mundial, se comprometía a ahorrar más, y China, el principal exportador del mundo, prometía aumentar sus importaciones. Según Paulson, China prometió flexibilizar más el tipo de cambio del yuan (ya se empezó a hacer el año pasado). El pacto con China también incluía que la Bolsa de Nueva York y Nasdaq abrirían oficinas en este país. Pero desde EE.UU., había quien ya hablaba de competencia desleal y de una valoración del yuan por debajo de su valor real de más del 40 por ciento, “subsidio de hecho” en palabras del propio Bernanke.
Pocos días después del viaje, una firma de EE.UU., Westinghouse, logró un contrato nuclear de 8.000 millones de dólares con China, después de haber pugnado durante dos años con una compañía francesa y con otra rusa, para construir cuatro reactores de uso civil. El desequilibrio empezaba a disminuir.


Bush culmina el área de libre comercio con América Latina


La voluntad de Bush de crear una gran área de libre comercio latina pivotada por EE.UU. tuvo, en 2006, un año de inflexión con la entrada en vigor de varios acuerdos. Los tratados de libre comercio (TLC) negociados en los últimos años entre EE.UU. y países de América Latina marcaron profundamente la agenda política de estos estados, en 2006, y algunos de ellos sufrieron fuertes protestas sociales. Los TLC sirven para que los países latinos reciban más inversiones estadounidenses gracias a la libre circulación de capitales. Con la eliminación de los aranceles, EE.UU., puede, a su vez, dar salida a más exportaciones y también encuentra más facilidades para invertir en ellos. De todas formas, en la actualidad EE.UU. posee una relación deficitaria con la región de un diez por ciento. Pero estos TLC suelen arruinar las áreas rurales, que no pueden competir con el precio del grano de EE.UU. Es el principal motivo de la fuerte oposición social a los TLC.
Salvador firmó un TLC bilateral con EE.UU. en febrero que entró en vigor junto con el tratado con América Central y la República Dominicana (DR-CAFTA) en marzo. En este gran acuerdo estaba, entre otros, Costa Rica. En las elecciones de este país, el CAFTA fue el tema central. Al final ganó el Premio Nobel de la Paz Oscar Arias, que lo defendía. El Salvador vivió con fuertes protestas la entrada en vigor del CAFTA. Nicaragua, Honduras y Guatemala eran el resto de países firmantes. El Gobierno de Ecuador también se las vio con miles de indígenas que bloquearon el país en protesta por las negociaciones para acordar un TLC bilateral con los estadounidenses. También se llegó, en julio, a un acuerdo de TCL con Colombia, tras dos años de negociación. En abril llegó la firma con Perú, donde hubo mucha polémica ya que el presidente saliente Alejandro Toledo firmó el TCL con EE.UU. sin que el ganador de las elecciones Ollanta Humala estuviera de acuerdo. Ni en el caso de Colombia, ni tampoco en el de Perú, el Congreso estadounidense ratifico los TLC. El cambio de color del legislativo demorará la aprobación de estos tratados comerciales, porque los demócratas quieren introducir cláusulas de protección de los trabajadores y del medio ambiente. Como Colombia, Perú y Ecuador, también Bolivia hizo un esfuerzo diplomático, en diciembre, para que se aprobara su TLC con EE.UU. En este caso, el Gobierno Morales perseguía la ampliación de la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas, más allá del 31 de diciembre, fecha de expiración de ese acuerdo.


Cuando la retórica se aleja de la realidad


Otra fuerte polémica, pero de otra índole, fue la que se desató varias veces, en 2006, por el duro cruce de declaraciones despectivas librado entre EE.UU. y uno de sus principales socios comerciales latinos quizás el más importante: Venezuela. Pese al enfrentamiento constante entre ambos países, el comercio entre Venezuela y EE.UU. se duplicó en los últimos cuatro años y alcanzó los 47.000 millones de dólares. Sólo en 2006, creció un 15 por ciento el comercio entre ambos. Los reiterados insultos de Chávez a Bush o la creación de un eje comercial alternativo al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) con a Cuba y Bolivia, la Alternativa Bolivariana para América (ALBA), así como su acercamiento con Irán, no han mermado una relación comercial que empezó hace más de dos siglos. EE.UU. es el cliente de la mitad de las exportaciones venezolanas. Pese a  la hipocresía de la relación entre ambos, terceros países, como España, se han visto perjudicados por la tensión diplomática. España no pudo vender aviones militares a Venezuela porque estaban fabricados con componentes estadounidenses. A Brasil, a Suecia y a Corea del Sur les pasó lo mismo. La relación con Bolivia tiene similitudes con la Venezolana. Mientras la retórica de Morales va por un lado despectivo hacia Bush, ambos países siguieron negociando un TLC.
Por otro lado, el posible hallazgo de grandes cantidades de petróleo en las aguas cubanas en el Golfo de México, propició un acercamiento de ambos países a través de una comisión del congreso. Ya hubo en verano proyectos de ley para crear una excepción al petróleo en el embargo comercial a Cuba. Y es que EE.UU. corre el riesgo de no poder explotar reservas de petróleo a 80 kilómetros de su costa a causa de el bloqueo comercial que prohíbe a sus empresas comerciar con Cuba. Todo esto ocurrió tras meses de tensión entre ambos países tras el anuncio de la enfermedad de Fidel Castro, y la presión por parte de la Administración Bush para provocar una transición democrática en la isla. Tanto el venezolano, como el cubano, son dos buenos ejemplos de cómo puede llegar a apartarse la retórica de la realidad cuando hay intereses económicos de por medio.



La Casa Blanca se plantea un cambio de estrategia en Irak


Bush se vio obligado, en 2006, a reflexionar sobre cómo resolver, de una vez por todas, el rompecabezas iraquí y barajó diversas estrategias posibles. El toque de atención más duro, aparte del derramamiento de sangre en el que se haya el país árabe, fue el castigo electoral en las urnas. Tras el vuelco electoral de los republicanos en las elecciones legislativas, “Midterm elections”, de noviembre de 2006, llegó el relevo de un veterano “halcón”, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, que se convirtió en cabeza de turco por los errores cometidos en la estrategia seguida en Irak. El 18 de diciembre, el ex director de la CIA Robert Gates fue nombrado nuevo secretario de Defensa. Gates, de 63 años, sirvió durante 26 años en la CIA y en el Consejo Nacional de Seguridad, y dirigió la inteligencia estadounidense bajo la presidencia de George H. Bush. El 20 de diciembre, un par de días después de haber sido nombrado, viajó a Irak para ver, sobre el terreno, la trágica situación que vive el país árabe.
El mismo año en que se ponía punto y final, el 30 de diciembre, a la vida del ex jefe de Estado iraquí Sadam Hussein en la horca, EE.UU. tuvo que afrontar unos datos que hablaban por sí solos del alto precio pagado para derrocar al dictador. Y es que, a una semana de cumplirse el primer lustro de los atentados contra el World Trade Centre en Nueva York y el Pentágono en Washington, se llegó a los 2.974 soldados estadounidenses fallecidos en Irak. Esta cifra rebasaba el número de víctimas del 11-S. En cuanto a los soldados estadounidenses heridos, el número ascendió a 22.565. En 2006, según la ONU, han sido masacrados 34.452 civiles a causa de la violencia sectaria. Además, 36.685 iraquíes fueron heridos. La muerte del líder de Al Qaeda en Iraq, Al Zarqawi, fue una anécdota en el clima de guerra civil que vive Irak, pero empujó al presidente a realizar una visita a sus tropas el 14 de junio, para rentabilizarla. La violencia se había intensificado de forma alarmante desde el bombardeo a la mezquita de Askariya, en Samarra (situada a 100 Km de Bagdad, en el margen este del río Tigris), el 22 de febrero de 2006. Era la mayor ofensiva aérea de EE.UU. en Irak desde 2003. Los recortes que aplicó Bush este año al presupuesto para la reconstrucción del país y la retirada de las tropas de las calles de las grandes ciudades empeoró la situación y supuso el recrudecimiento de la insurgencia.
Haciendo balance del desastre iraquí, en su discurso de despedida, el secretario general saliente de la ONU, Kofi Annan, criticó en Independence, Missouri, la invasión de Iraq. Annan explicó que Bush había destruido el esfuerzo que históricamente llevó a cabo EE.UU. para promover los derechos humanos. Pero el reproche más duro llegó en la última semana del año. Tras la muerte, el 27 de diciembre, del ex presidente republicano, Gerard Ford, por la que EE.UU. decretó cuatro días de duelo, “The Washington Post” publicó una entrevista póstuma, hecha en 2004, en la que calificaba la ocupación del país árabe como un “gran error” y en la que explicaba que él hubiera agotado las demás vías, como la de maximizar las sanciones.

Un rompecabezas difícil de resolver
La situación tiene todos los ingredientes para ser definida como un rompecabezas. Si EE.UU. se queda en Irak, la insurgencia seguirá teniendo un argumento para luchar contra el invasor, y, a no ser que se produjera un importante aumento de tropas, el insuficiente número de soldados estadounidenses seguiría siendo incapaz de hacer frente a la situación. Si, por el contrario, EE.UU. se retirase, probablemente acabaría de estallar la incipiente guerra civil entre chiíes, suníes y kurdos, e Irak se hallaría ante un desastre humanitario de proporciones indeterminables. Por otro lado, el hecho de que la mayoría de la población iraquí es chií hace que sea esta comunidad la que vaya a gobernar de ahora en adelante a este país. En otras palabras, se EE.UU. quitó el poder a los suníes para dárselo a los chiíes. Y ahora Bush ve como el propio Gobierno de Irak se ensaña con la comunidad suní, como demostró la ejecución de Sadam Hussein, escenificada como un acto de venganza. La hipótesis de la retirada cobró fuerza en 2006, pese a no ser del agrado de Bush, y a que no quedó claro si se acabaría llevando a cabo de manera inmediata o no.
Una comisión del Congreso formada por demócratas y republicanos elaboró un informe sobre la situación de Irak y sobre qué debía hacer EE.UU. al respecto. Esta comisión del Congreso creada el 15 de marzo de 2006, estaba compuesta por diez congresistas y también era conocida como la comisión Baker-Hamilton o la Comisión Bipartita, en la que la mitad de sus miembros eran demócratas y la otra mitad republicanos, y que estaba coliderada por el republicano Baker y por el demócrata Lee Hamilton. Gates había formado parte del Grupo de Estudios sobre Irak. La iniciativa había surgido hacía 10 meses a sugerencia del embajador de EE.UU. en Irak, Zalmay Khalilzad. La comisión se reunió con el presidente el 13 de noviembre de 2006 para poner en común puntos de vista sobre el plan a trazar. Las conclusiones a las que llegó el Grupo de Estudios fueron publicadas en diciembre.
Una retirada progresiva de los 140.000 soldados estadounidenses, estableciendo un calendario, fue la principal de un total de 79 recomendaciones y advertencias. El informe también recomendó aumentar las tropas en Irak dedicadas a entrenar a las fuerzas de seguridad iraquíes para poder acelerar el traspaso de responsabilidades a las mismas. Además, la comisión recomendó iniciar un diálogo con Irán y Siria para lograr su colaboración en la pacificación de Irak. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Manouchehr Mottaki, explicó que su país ayudaría a EE.UU si se comprometía a retirar todas sus tropas. Por su parte, Bush dijo, el 7 de diciembre, en una reunión con el primer ministro británico, Tony Blair, que Irán y Siria debían dejar de apoyar a los extremistas islámicos, y comprometerse a no apoyar a un Irak sectario si querían formar parte de las conversaciones sobre el futuro del país árabe.
 
Los contenciosos nucleares
Mientras la secretaria de Estado, Condoleeza Rice, igual que el Grupo de Estudios, parecía partidaria del acercamiento con Irán, el núcleo duro de los “halcones”, con el vicepresidente Dick Cheney a la cabeza, se opuso a ello. Lo cierto es que EE.UU. ya dio muestras durante el año de querer sentarse con Irán para encontrar una salida al contencioso nuclear. El 10 de enero Irán reanudaba su programa nuclear pese a las advertencias de la UE y de EE.UU. Tres días después, Bush y la canciller alemana, Angela Merkel, se reunían y presionaban al régimen de los ayatolás a que abandonara el programa nuclear. Pero el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, seguía sosteniendo que pese a que Irán era firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear, esto no le impedía desarrollar un programa de energía nuclear para uso civil. Pocos meses después, EE.UU. anunciaba que estaba dispuesto a negociar con Irán.
El analista Ignacio Ramonet explica en su artículo “Irán Atómico”, publicado en “Le Monde Diplomatique” de julio de 2006 las posibles causas del replanteamiento que EE.UU. ha hecho con respecto a los iraníes. Se trata de un “viraje espectacular”, en palabras de Ramonet. Las razones serían la lógica misma de la realidad iraní: es normal que un Estado con 66 millones de habitantes que además es uno de los máximos productores mundiales de hidrocarburos, y que no ignora que en el futuro el petróleo tendirá a agotarse, se preocupe precisamente de su futuro energético. Añadido a esto, tras más de 10.000 inspecciones realizadas en territorio iraní desde 2003 por la Agencia Internacional de la Energía Atómica, AIEA, no se hallaron indicios de que Irán persiga un programa nuclear con fines militares, que sería el único motivo que entraría en conflicto con el Tratado de No Proliferación. China y Rusia apoyaron el derecho que tiene Irán a disponer de energía atómica para uso civil, pero pidieron a Ahmadinejad que hiciera un esfuerzo para crear un clima de confianza. Además, ambos países dijeron que usarían su derecho a veto en contra de imponer sanciones a Irán si el asunto llegaba a las Naciones Unidas. Por otro lado, los chiíes, proiraníes, son los mayores aliados de EE.UU. en Irak. Además, de ser atacado por EE.UU, Irán amenazó con bloquear el estrecho de Ormuz, por donde pasa un 20 % de la producción mundial de crudo. En este sentido, el 5 de junio, Ahmadinejad amenazaba a EE.UU. con cortar el suministro de petróleo en el Golfo. Y podría cumplirlo, como hizo con la amenaza de exigir el pago del petróleo en euros. El 18 de diciembre, el portavoz del Gobierno de Teherán, Golam Husein Elham, anunció que Irán sustituirá, a partir de marzo, el dólar por el euro en los intercambios comerciales de crudo. Teherán ya había convertido, unas semanas antes, gran parte de sus reservas de divisas en la moneda europea y es muy consciente de que el dólar es un punto débil de EE.UU. Quedaban lejos las intenciones de los halcones de la Administración Bush, con Cheney y Rumsfeld al frente, que planteaban, a principios de 2006, realizar ataques aéreos selectivos contra el complejo de Natanz, a 250 Km de Teherán, donde hay una turbina para enriquecer uranio.
Así pues, el primero de junio los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania se reunían en Viena para formular un documento de tono conciliador y desprovisto de amenazas para iniciar las negociaciones con Teherán. EE.UU. estaba dispuesto, por primera vez, a entablar un diálogo con Irán. El discurso de Bush sobre el estado de la Unión de 2006, en el que convocó al mundo para enfrentar la amenaza iraní, se alejó, sin embargo, de sus primeros discursos en los que aseguraba que EE.UU. era capaz de lidiar con uno de los países del Eje del Mal.
Pese a la voluntad de encontrar una solución dialogada al contencioso nuclear iraquí, el año termino con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, hecha pública el 24 de diciembre, en la que se prohibía que cualquier país proveyera a Irán con tecnología para producir energía nuclear, entre otras cosas. También advertía que si en dos meses no detenía el programa, habría medidas más drásticas. Irán está construyendo su primera planta atómica en la localidad de Busher y podría estar operativa a finales de 2007. El otro armamento nuclear no deseado por la comunidad internacional que ya está activo es el de Corea del Norte.
El país asiático llevó a cabo en otoño un ensayo nuclear. Esto hizo enfurecer más a EE.UU. que vio como el régimen de Pyongyang retomaba su pulso con la Comunidad Internacional. En 2002, Bush acusó al régimen de Pyongyang de estar desarrollando un programa de armamento nuclear. Lo cierto es que, cuatro años después, ya es demasiado tarde para evitarlo, y EE.UU. debe afrontar el hecho consumado de la llegada de un nuevo país poseedor de la bomba atómica. La principal preocupación de EE.UU. es que Corea del Norte exporte misiles o tecnología nuclear a terceros países. Parece ser que el país asiático usará este armamento como medida de presión para recibir ayudas económicas y un pacto de no agresión con EE.UU. En 2005 ya se llegó a un acuerdo entre ambos países, pero quedó sin concretar qué se iba a hacer con los reactores de enriquecimiento de uranio que ya existían en el país. Tampoco se llegó a un acuerdo sobre las inspecciones. La crisis se remonta a 1993, cuando a Corea del norte se le suministró combustible y dos reactores generadores de electricidad a cambio de parar su programa nuclear.
    Más de una década después, EE.UU., Corea del Sur, China, Japón y Rusia dialogan con Corea del Norte para conseguir que desmantele sus instalaciones nucleares a cambio de ayudas y de acuerdos de seguridad. Corea del Norte también pide a EE.UU. que se levante el bloqueo de cuentas bancarias que pesa sobre el país, ya que fue acusado de lavar dinero y falsificar dólares. En 2005, se le embargó al Gobierno norcoreano una cuenta en un banco de Macao de 24 millones de dólares. El jefe de los negociadores estadounidenses, Christopher Hill, dijo en diciembre que a EE.UU. se le estaba acabando la paciencia, y que Corea del Norte tenía mucho que perder en su ya de por sí empobrecida economía. Mientras, el representante del régimen de Pyongyang, Kim Kye Gwan, reiteraba que a su Corea del Norte no le importaba que hubiera países opuestos a su programa de armamento nuclear.
    Mientras se negociaba tanto con Irán, como con Corea del Norte, el Congreso de EE.UU. aprobó el 9 de diciembre una ley para permitir la exportación a India de combustible y tecnología nuclear a cambio de que ese país se sometiera a inspecciones. La ley tuvo 330 votos a favor y 59 en contra. Los que se opusieron a ella dijeron que, con ella, se estaba mandando un mensaje erróneo a Irán y a Corea del Norte, ya que el acuerdo podría aumentar el arsenal nuclear indio. Lo que hubiese podido incrementar el peligro nuclear mundial fue una esperpéntica web oficial estadounidense.
    El Gobierno de EE.UU. cerró a principios de noviembre una página web donde había publicado documentos incautados en Irak durante la invasión. El sitio se llamaba “Iraquí Freedom Document Portal”, y se había abierto en marzo. “The New York Times” reveló que el portal fue cerrado inmediatamente después de que expertos en materia nuclear de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) se quedasen boquiabiertos porque en la web había información detallada sobre, ¡cómo fabricar una bomba atómica!
 
Una política exterior más multilateral
La polémica surgida en septiembre cuando el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, reveló que en 2001 su país recibió amenazas de ser atacado por EE.UU. si no colaboraba en la “War on Terror” recordó tiempos pasados de unilateralismo estadounidense. Bush, que dijo estar sorprendido por esta información, ha dado un giro a su política exterior un lustro después. Por ejemplo, el aumento de protagonismo de la OTAN, en 2006, es una muestra de una política exterior estadounidense más multilateral. Las fuerzas de la Alianza Atlántica substituyeron a EE.UU. en el mando de las tropas estadounidenses e internacionales que permanecen en Afganistán. La OTAN cuenta en este momento en este país con 32.000 efectivos. Pero murieron 4.000 personas, en 2006, en el año más sangriento desde que empezara la invasión estadounidense, a causa de la insurgencia talibana y los comandantes de la OTAN han pedido refuerzos adicionales para hacer frente a un recrudecimiento de la violencia en 2007. El diálogo de EE.UU. con la UE también continuó, pese a la todavía reciente crisis ocasionada por los vuelos de la CIA y las cárceles secretas. La mejora de la diplomacia transatlántica fue puesta en escena por Condoleeza Rice. Se llegó a un acuerdo, con Bruselas, para compartir la información personal de los pasajeros que volasen de Europa a EE.UU. La secretaria de Estado, además, jugó un papel importante en la salida de la crisis entre Israel y Hezbolá en el Líbano. Rice también trabajó para resucitar la “Hoja de Ruta” y volver a encaminar, de cara a 2007, a Israel y a los palestinos hacia un nuevo proceso de paz. La secretaria de Estado hizo una gira por Oriente Medio para reactivar las negociaciones. Apoyó al presidente palestino Mahmoud Abbas. EE.UU. y la UE habían cortado las ayudas económicas a la ANP desde que Hamás ganara las elecciones al Parlamento en mayo. EE.UU. defendió el embargo económico hasta que Hamás no diera muestras de aceptar la existencia de Israel y de abandonar la violencia. En otro asunto internacional crítico, Rice prometió intensificar la presión sobre Sudán para aceptar una fuerza de paz de la ONU en Darfur en 2007, y amenazó de adoptar medidas drásticas en caso de un rechazo del país africano. Este mayor esfuerzo multilateral formó parte de los replanteamientos de la estrategia exterior de Bush y de un giro hacia la realpolitik.
 En marzo de 2006, el presidente hizo pública la nueva Estrategia de Seguridad Nacional. La anterior era de 2002 y contenía los tres principios de lo que se conoció como “doctrina Bush”: para garantizar su seguridad, EE.UU. había de dejar de someterse a las instituciones internacionales. También debía aplicar la guerra preventiva contra los estados que diesen cobertura al terrorismo o que supusieran un peligro por disponer de armas de destrucción masiva. Por último, EE.UU debía extender la democracia en Oriente Medio. Según el profesor de la Universidad de Harvard Joseph S. Nye Jr., la “doctrina Bush” se tambaleó en Irak por la incapacidad de encontrar armas de destrucción masiva ni conexión alguna entre Sadam Hussein y Bin Laden. En septiembre de 2006, un informe de la CIA reveló que nunca hubo relación alguna entre Sadam y Al Qaeda.
En cambio, en la nueva Estrategia de Seguridad de 2006, el presidente puso más énfasis en el tercer pilar: en el documento aparecían las palabras democracia y libertad 200 veces, el triple que en la de 2002. Según explica el profesor de política exterior Philip H. Gordon en su artículo “El fin de la revolución de Bush”, publicado en la revista “Foreign Affairs” de Octubre-Diciembre, uno se sentiría muy apremiado a la hora de encontrar muchas pruebas de que el presidente se ha alejado de su doctrina en su nueva estrategia. En el documento hay frases como “América está en guerra” o “combatiremos a nuestros enemigos en el exterior en vez de que ellos lleguen a nuestro país”. Gordon sostiene que la retórica del presidente mantiene la “doctrina Bush”, pero que la realidad no le permitirá llevarla a cabo porque carece de una reserva de legitimidad internacional, de recursos y de apoyo interno. Además, el esfuerzo económico realizado en los últimos años se convirtió en otro obstáculo para Bush: de la situación de superávit anual de 200.000 millones de dólares heredada de la era Clinton  se pasó a un déficit de 400.000 dólares anuales, provocado por el enorme gasto militar. Un informe de inteligencia filtrado a la prensa, en septiembre, reveló que la guerra contra el terror había aumentado el terrorismo. Sin embargo, en 2006, la retórica del presidente siguió defendiendo la “doctrina Bush”. Por ejemplo, en su discurso ante la 61ª Asamblea General de Naciones Unidas, donde defendió su política en Oriente Medio y aseguró que la democracia estaba avanzando en la región.
    A pesar del mayor multilateralismo estadounidense de 2006, un buen ejemplo no retórico de que EE.UU. continuará tomando decisiones al margen de la Comunidad Internacional fue su apuesta en política espacial lanzada en octubre. En ella se hizo pública la decisión de EE.UU. de relanzar su carrera espacial tanto para fines científicos, como comerciales y militares. En este punto, Washington rechazó someterse a ninguna normativa internacional que regule el uso del espacio exterior. Explicó que desarrollaría la tecnología militar espacial sin límite alguno y que consideraría una amenaza para sus intereses y su seguridad el uso militar del espacio por parte de naciones extranjeras.                                                                        


El fallo de Rumsfeld


El ex secretario de defensa Donald Rumsfeld recibió duras críticas por su gestión en la posguerra iraquí. El profesor de Harvard Joseph S. Nye Jr. explica en el artículo “El liderazgo transformador y la gran estrategia estadounidense”, publicado por la revista “Foreign Affairs” de Octubre-Diciembre de 2006, que un ex funcionario del Pentágono le dijo que Bush creyó que sus comandantes militares tenían suficientes tropas en Irak, en gran parte, porque no era consciente del clima de miedo que había en el Pentágono de Donald Rumsfeld. Esto impedía que las preguntas tuviesen respuestas francas.   
Como relatan los periodistas del diario “Le Monde” Alain Frachon y Daniel Venet en su libro “La América Mesiánica”, Rumsfeld creía, y quería demostrar al Estado mayor, que las guerras modernas se hacen con pocas tropas. Efectivamente, los generales más experimentados dijeron a Rumsfeld que la conquista de Irak no requeriría más de un centenar de miles de soldados. Pero también trataron de hacerle entender, en vano, que el control del país exigiría muchos más. El entonces jefe del Estado Mayor, Eric Shinseki, con su experiencia de los Balcanes en mano, calculó que la posguerra obligaría a triplicar los 140.000 soldados que habían invadido Irak. Rumsfeld, exasperado, le obligó a retirarse anticipadamente. En abril de 2006, Bush salió en defensa de su secretario de Defensa por las críticas que éste recibió de generales retirados y del antiguo jefe de la OTAN, el general Clark. El presidente también confió a ciegas en la todopoderosa aviación estadounidense para las campañas de contrainsurgencia en Irak y Afganistán. Pero, en realidad, estas exigían aumentar el número de soldados en el terreno. A Rumsfeld le precedieron más cabezas de turco por los errores en Irak.
El entorno “neocón” del presidente ya fue apartado de la Administración en el giro hacia la realpolitik del segundo mandato. El ex subsecretario del departamento de Defensa, y ahora presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, el ex subsecretario de Defensa Douglas Feith o el ex subsecretario de Estado y, hasta su renuncia del 4 de diciembre, embajador de EE.UU. ante la ONU, John Bolton, también creyeron ingenuamente que EE.UU sería acogido como un liberador en Irak y que rápidamente estaría en pie un nuevo Gobierno iraquí, lo que permitiría a las tropas estadounidenses retirarse pronto. Estos caídos en desgracia, además, prestaron poca o ninguna atención a las evaluaciones prebélicas de la CIA, que todavía dirigía George Tennet, que advertían sobre los importantes obstáculos culturales y políticos para la estabilidad del Irak de la posguerra.


Aprendiendo de los errores


Faltan soldados. La Revisión Cuadrienal de Defensa de 2006 y los Presupuestos Fiscales para 2007 propuestos por George W. Bush hacían pensar que continuaría prevaleciendo la filosofía de apostar por un gasto en Defensa dedicado al armamento de nueva generación en detrimento del número de efectivos. El investigador residente en el American Entrerprise Institute Frederick W. Kagan sostiene que, actualmente, el Ejército de EE.UU. ha apostado mucho en aviación, lo cual es vital para que la primera potencia mundial mantenga su hegemonía, pero demasiado poco en soldados. Kagan afirma que este es el mayor problema con el que se enfrenta el Ejército de EE.UU. no sólo en Irak, sino que en todo el mundo: presenta un grave déficit de soldados. Pone el ejemplo del ambicioso programa de los F-22 Raptor, el nuevo avión caza furtivo de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Uno de estos cazas cuesta 345 millones de dólares, que equivale al costo promedio anual de 3.000 soldados. Esta apuesta por la guerra desde el aire fue intensificada por Rumsfeld porque minimiza el número de bajas de militares de EE.UU. Pero la posguerra en Irak ha demostrado que un país, efectivamente, puede ser invadido muy eficientemente con la guerra moderna: cazas, aviones bombarderos y pocas tropas. Pero otra cosa es la ocupación. Irak ha demostrado que se necesitan más soldados para mantener ocupado un país durante su estabilización y reconstrucción. La ampliación del contingente estadounidense en Irak era una incógnita a finales de 2006.
Lo que sí que anunció el presidente, el 20 de diciembre, en otro giro de su estrategia exterior, fue la intención de aumentar el número de efectivos de las fuerzas armadas de EE.UU. En concreto los del Ejército de Tierra y los del Cuerpo de Marines. En total, el Ejército estadounidense cuenta con 1.400.000 personas en servicio activo, y otros 1.200.000 reservistas. Se calcula que Bush aumentará en 70.000 el número de militares, lo que supondría aumentar el gasto de personal en casi 8.500 millones de dólares al año.



Cronologia año  2006
8 de enero. El Congreso de EE.UU. niega a Bush poder para ordenar escuchas telefónicas.

18 de enero. Grupos de derechos civiles de EE.UU. demandan a la Casa Blanca por espionaje.

31 de enero. El Senado confirma al juez conservador Samuel Alitó para ocupar un cargo vitalicio en el Tribunal Supremo.

13 de febrero. El Congreso de EE.UU. admite un “fracaso nacional” ante el Katrina.

13 de febrero. La Administración Bush rechaza un informe de la Comisión de Derechos humanos de la ONU que asegura que en Guantánamo se practica la tortura.
 
27 de febrero. EE.UU. y Colombia sellan un acuerdo de libre comercio.

3 de marzo. EE.UU. transferirá tecnología nuclear a India.

5 de marzo. Un tribunal federal obliga a hacer públicos miles de documentos con los nombres de 317 presos de Guantánamo.

10 de marzo. La empresa árabe Dubai renuncia a gestionar seis puertos de EE.UU. ante la rebelión de los republicanos contra la Casa Blanca

14 de marzo. Google deberá facilitar información de sus usuarios al Gobierno estadounidense.

15 de marzo. El Congreso crea la Comisión Bipartita Hamilton-Baker, o Grupo de Estudios sobre Irak, que tiene como misión encontrar una solución para la situación de caos que hay en el país árabe.

17 de marzo. EE.UU. lanza la mayor ofensiva aérea en Irak desde la invasión de 2003.

17 de marzo. EE.UU. e Irán iniciarán negociaciones para estabilizar la situación en Irak.

29 de marzo. El proyecto de regularización de 12 millones de inmigrantes apoyado por Bush divide a los republicanos en el senado.

8 de abril. La UE y EE.UU. congelan la ayuda al Gobierno de Hamás.

12 de abril. EE.UU. y Perú firman un tratado de libre comercio tras dos años de negociaciones.

17 de abril. El general Clark, ex jefe de la OTAN, se suma a las críticas contra Rumsfeld.

27 de abril. El juez del “caso Plame” rechaza desestimar los cargos contra el ex jefe de gabinete de Cheney. 

27 de abril. La Eurocámara afirma que la CIA realizó un millar de vuelos secretos en Europa.

4 de mayo. El jurado libra de la pena de muerte al único procesado por el 11-S en el país de los atentados.

6 de mayo. Dimite Porter Goss al frente de la CIA.

9 de mayo. La Casa Blanca elige como director de la CIA al general que dirigió las escuchas, Charles Hayden.

16 de mayo. Bush despliega 6.000 soldados en la frontera de México para frenar la inmigración ilegal.

26 de mayo. El fundador y el ex primer ejecutivo de Enron son declarados culpables de fraude y de engaño, y se enfrentan a penas de 45 y 275 años de cárcel.

30 de mayo. EE.UU. envía 1.500 soldados más a Irak mientras continúan los atentados en el país.

31 de mayo. El Tribunal de Justicia europeo anula la cesión de datos de viajeros a EE.UU.

5 de junio. Irán amenaza a EE.UU. con cortar el suministro de petróleo en el Golfo.

9 de junio. La muerte del jefe de Al Qaeda en Irak da un respiro a Bush.

30 de junio. El Supremo de EE.UU. declara ilegales los tribunales de Guantánamo.

13 de julio. Valerie Plame demanda a Dick Cheney por revelar que era una espía de la CIA.

18 de agosto. Una juez suspende por “ilegal” el programa de escuchas masivas ordenado por Bush.

3 de septiembre. El número de estadounidenses muertos en la guerra de Irak sobrepasa el de las víctimas del 11-S: 2.974.

7 de septiembre. Bush reconoce la existencia de las cárceles secretas.

19 de septiembre. Bush encarga a Rice un plan para recuperar el proceso de paz entre israelíes y palestinos.

22 de septiembre. Bush dice estar desconcertado por el informe que reveló las amenazas que EE.UU. lanzó a Paquistán tras el 11-S.

22 de septiembre. Revuelta republicana en el Senado por la “Detainee Bill”.

25 de septiembre. Un informe de EE.UU. revela que el terrorismo ha aumentado con la guerra de Irak.

28 de septiembre. El Senado aprueba la ley del detenido.

28 de septiembre. Los 12.000 marines en Afganistán pasan a estar bajo órdenes de la OTAN.

30 de septiembre. El Senado de EE.UU. aprueba la construcción de un doble muro en la frontera con México.

6 de octubre. La UE se niega a dar a EE.UU. todos los datos que reclama de pasajeros aéreos.

10 de octubre. Bush promulga la Ley de Asignación Presupuestaria para el Departamento de Seguridad Nacional para el año 2007, que destinará un total de 33.000 millones de dólares a esta partida.
 
17 de octubre. Los escándalos sexuales del congresista Foley y del evangelista Haggard amenazan la mayoría republicana en el Congreso.

18 de octubre. EE.UU. Veta el espacio a las naciones hostiles.

24 de octubre. La UE y los EE.UU. compartirán información sobre terroristas y huidos de la justicia.

25 de octubre. Las autoridades federales de Arizona investigan al congresista republicano Rick Renzi por corrupción.
 
26 de octubre. EE.UU. está considerando enviar más tropas a Bagdad.

7 de noviembre. El partido republicano pierde la mayoría tanto en el Congreso como en el Senado tras las “Midterm elections”. Esto provoca que el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, dimita.

13 de noviembre. El Grupo de Estudios de Irak se reúne con Bush a pocos días de que haga públicas sus conclusiones: pactar con Irán y retirar las tropas.

13 de diciembre. Un millar de agentes participan en el arresto de 1.300 inmigrantes latinos en Colorado, Nebraska, Texas, Utah, Iowa y Minnesota.

18 de diciembre. El ex director de la CIA Robert Gates es nombrado nuevo secretario de Defensa.

27 de diciembre. Muere el ex presidente republicano de EE.UU. Gerard Ford.

28 de diciembre. John Edwards anuncia su candidatura para las elecciones primarias del Partido Demócrata.
 

 


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