Anuario 2006
México
"Calderón sustituye a Fox al frente de un México en crisis política y social "
Sergi Sagués

“¡Viva México! ¡Viva la libertad! ¡Vivan los héroes que nos dieron patria!”. Cada 15 de septiembre, el presidente, los gobernadores y los alcaldes de México salen a los balcones a proclamar la independencia mexicana. Pero en 2006, el Senado desaconsejó a Fox salir a la plaza del Zócalo capitalino porque decenas de miles de mexicanos contrarios al Partido de Acción Nacional (PAN), la derecha cristiana, y a su candidato, Felipe Calderón Hinojosa, llevaban varias semanas acampados ahí. Apoyaban al candidato de izquierdas, el ex gobernador de la Ciudad de México Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y líder de la Coalición por el Bien de Todos (que también incluía el Partido del Trabajo, PT, y el Partido Convergencia). Rechazaban los resultados electorales y pedían un recuento.
Tras los comicios más reñidos de la historia mexicana, el presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), Luis Carlos Ugalde, dio los resultados con el escrutinio del 92 por ciento de los votos: empate técnico. Calderón aventajaba a Obrador por sólo un punto. El candidato del PRD inició esa noche su desafío al IFE, y le exigió que reconociese su victoria por medio millón de votos. Pese a que Ugalde pidió prudencia a los candidatos, ambos se proclamaron ganadores. Calderón decía que cuatro encuestas le daban dos puntos de diferencia. Bajo la lluvia, en la plaza del Zócalo, se congregaron miles de simpatizantes del PRD. Obrador les prometió reunir todas las actas para demostrar su triunfo. El asesinato de dos observadores del PRD en el estado sureño de Guerrero fue un anticipo del mal ambiente que se iba a fraguar.

Conforme avanzaba el recuento, se afianzaba la ventaja de Calderón sobre Obrador, y también el desafío de éste. Mientras, los observadores de la UE aseguraban que el proceso había transcurrido con normalidad. Pero a Obrador no le cuadraba que habiendo ganado en tres de las cinco circunscripciones, en 155 de los 300 distritos, en 16 de los 32 estados, y en los tres más poblados (Distrito Federal, Estado de México y Veracruz), se le hubiera escapado la presidencia. Además, el líder del PRD mostró copias de actas electorales que no coincidían con los datos oficiales. Tras hacer números, Obrador estimó en tres millones los sufragios extraviados. Entonces, Horacio Duarte, el representante del PRD ante el IFE, reivindicó que se volvieran a contar todos los votos desde el principio, ¡uno a uno!
Pero el IFE respondió que no, porque la ley electoral sólo permitía volver a abrir paquetes de votos con inconsistencias. Lo que las autoridades electorales anunciaron que sí que sumarían al resultado fueron 2,5 millones de votos puestos en cuarentena por irregularidades. Por eso se estaba demorando tanto el anuncio del ganador. La situación empeoró cuando, al sumar esos votos, la diferencia se redujo a menos de un punto. Pese a ello, Calderón aseguró que su victoria ya era “irreversible”. La incertidumbre se estaba alargando demasiados días. La bolsa se desplomó tres puntos y medio, y el peso se depreció en un 1,56 por ciento, en esos días. Obrador exhortó al IFE a tomarse con calma el recuento de todas las papeletas. El escrutinio duró treinta horas.
El 6 de julio se supo el resultado final: Calderón había vencido con un 35,89 por ciento de los votos: 15.000.284. Pero su ventaja quedó reducida a un 0,57 por ciento. Tan sólo había sacado 243.934 votos más que Obrador. Eso era muy poco en un país con una población de 107.449.525 personas. Además, casi 42 millones de mexicanos batieron el récord de participación electoral: un 60 por ciento. Obrador obtenía un frustrante 35,31 por ciento de los sufragios, 14.756.350. Por otro lado, Roberto Madrazo, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), quedaba tercero con un 22,26 por ciento de los votos, 9.301.441. Además, Roberto Campa, del Partido Nueva Alianza, obtuvo un 4,54 por ciento de las papeletas, y Patricia Mercado, de Alternativa Socialdemócrata y Campesinas, el 2,05 por ciento.

Autoproclamado “presidente legítimo” de la nueva república
    Calderón propuso formar un Gobierno de unidad nacional, nada más saberse vencedor, para compensar la profunda división que había sufrido el país en los comicios. Un norte rico, y muy conectado con EE.UU., había votado mayoritariamente por él. Mientras que México D.F. y el sur habían dado un voto masivo a Obrador. Pero éste lo rechazó y acusó al PAN de haber cometido fraude. Presidentes como el estadounidense, George W. Bush, o el español, José Luis Rodríguez Zapatero, felicitaron a Calderón. Obrador lo atribuyó al “desconocimiento de la ley mexicana” por parte de esos líderes. Doscientas mil personas se congregaron en la Plaza del Zócalo para apoyarlo. Obrador tensó su desafío e impugnó los resultados ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Los técnicos del PRD habían detectado irregularidades en 50.300 de los 130.470 colegios electorales y en el sistema de cómputo, cosa que el responsable informático del IFE, René Miranda, negó por ser “técnicamente imposible” manipular la información durante el escrutinio. Obrador también tildó a Fox de “traidor a la democracia” y lo acusó de destinar fondos del Estado para apoyar a Calderón. Más tarde lo acusaría de haber movido los hilos de un complot para manchar su imagen durante los dos últimos años. El desafío de Obrador no había hecho más que empezar.
El candidato del PRD convocó a sus seguidores de todos los estados mexicanos. Según el PRD, 50.000 llegaron a la capital para unirse a una multitudinaria manifestación que, el 17 de julio, recorrió seis kilómetros desde el Museo de Antropología hasta la plaza del Zócalo gritando el eslogan: “¡Voto por voto, casilla por casilla!”. Cientos de miles de seguidores de Obrador secundaron la manifestación, más de un millón cien mil, según la Secretaría de Seguridad Pública de Ciudad de México, en manos del alcalde del PRD Alejandro Encinas. Obrador anunció que, a partir de ese momento, recurriría a “acciones de resistencia civil”. Comunicó la instalación de 47 campamentos de resistencia civil que permanecerían en la capital hasta que el TEPJF decidiese recontar “voto por voto”. Sus simpatizantes acamparon en varias avenidas principales y ocasionaron un caos en el tráfico. También bloquearon la entrada de varios bancos. Además, se ocuparon los peajes de varias autopistas. La movilización se extendió por todo el país. Meses atrás, en el estado de Oaxaca, la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO) había iniciado una revuelta. Los activistas, que pedían la destitución de su gobernador, Ulises Ruiz, decidieron unirse a Obrador. Los simpatizantes del PRD también se encargaron de vigilar que no entrase ni saliese ninguna papeleta de los 300 consejos de distrito mientras el TEPJF resolvía las impugnaciones.
    El 5 de agosto, tras un mes de movilizaciones y de colapso, los siete magistrados del TEPJF fallaron en volver a contar 11.839 mesas electorales, unos 4 millones de votos. Esto significaba otro recuento parcial. Obrador rechazó la decisión y reforzó las acciones de resistencia civil. A finales de agosto, el juez del TEPJF José Luna comunicó que los resultados electorales no habían cambiado después del último recuento parcial. El organismo admitió haber encontrado ciertas irregularidades y haber anulado varias actas. Esto habría hecho perder una “cantidad considerable de votos” a todos los partidos, pero sin afectar a los resultados. Obrador calificó la decisión como “golpe de Estado”. Entonces, la protesta traspasó las calles y entró al Congreso.
    “Ante la actitud de un grupo de legisladores que hace imposible la lectura del mensaje que he preparado para esta ocasión, me retiro de este recinto.” Eran las palabras de Fox después de que el 2 de septiembre tuviese que abandonar la Sede del Congreso de la Unión, vigilada ese día por 6.000 policías antidisturbios, sin poder leer su último informe anual de gestión del Gobierno. Fox lo acabó leyendo por televisión. Tres días después, y tras dos largos meses de crisis política, el TEPJF declaraba a Felipe Calderón presidente electo de México.
    El presidente electo pidió al IFE no destruir las papeletas para que los mexicanos confiaran más en la legitimidad de los resultados. Sin embargo, las autoridades electorales quemaron los votos, anulando así para siempre la anhelada reivindicación del “voto por voto” de Obrador. El líder del PRD se autoproclamó simbólicamente, ante decenas de miles de simpatizantes, “presidente legítimo” de la “Nueva República Mexicana” el 20 de noviembre, día de la independencia. Constituía así un gobierno paralelo y prometía desde éste dar pelea y “evitar toda injusticia y atropello contra los ciudadanos, y cualquier intento de privatizar los bienes nacionales”. Once días después llegó la investidura de Calderón, que no por ser la auténtica dejó de ser también esperpéntica.
El 1 de diciembre, Calderón era proclamado presidente bajo el ruido ensordecedor de los silbatos de los diputados del PRD. La jornada empezó con insultos, empujones y golpes de los diputados de ambos partidos. Se repetía la escena de dos días antes, cuando los diputados también se enzarzaron a puñetazos, en una metáfora del caldeamiento político al que llegó México, en 2006, tras el desafío de Obrador. Otras dos crisis se juntaron con la política.


Violencia del narcotráfico
Calderón nombró como nuevo secretario de Organización (ministro del Interior), al ex gobernador de Jalisco Francisco Ramírez Acuña, en diciembre. La Red Nacional de Derechos humanos, que agrupa 56 organizaciones, criticó el nombramiento de Acuña, conocido por su mano dura. Lo vieron como síntoma de una vuelta atrás del país en materia de represión. Pero la pregunta del millón era si se podía controlar el caos criminal, en el que se había sumergido México, con mano blanda. En los estados del norte, las bandas de narcotraficantes habían intensificado una lucha sin cuartel por el control de las rutas de acceso de la droga a EE.UU.
Mientras Calderón y Obrador se peleaban por la presidencia, en los estados de Guerrero, Michoacán y Tijuana, convertidos en territorios sin ley, había una ola de violencia caracterizada por decapitaciones, disparos de armas de fuego y explosiones de granadas que la policía atribuyó a pandillas de narcotraficantes. Más de 2.000 personas fueron asesinadas con brutalidad y ensañamiento en la espiral de violencia de 2006. La situación llegó a ser tan tensa que, el 7 de noviembre, la Cámara de Diputados (con un apoyo de 258 votos del PRD y del PRI) negó al presidente en funciones, Vicente Fox, la autorización para viajar a Australia y Vietnam. Diversos artefactos habían explotado recientemente. Por ejemplo, el día anterior, en el balneario de  Ixtapa, en el estado de Guerrero. Dos granadas de fragmentación estallaron horas antes de que Fox y Calderón participaran en un foro de empresarios.
El mismo día, en Ciudad de México, artefactos caseros habían explotado en la sede del PRI, en un banco y en el máximo tribunal electoral. Cinco grupos guerrilleros reivindicaron los atentados y dijeron apoyar a los activistas de Oaxaca. Las autoridades advirtieron de la presencia de grupos armados en Oaxaca, Guerrero y Chiapas. En una de sus primeras decisiones, Calderón enviaba en diciembre 5.000 soldados al estado de Michoacán para detener a los narcotraficantes. Otra explicación de la progresiva militarización del país fue que con ella se mataban dos pájaros de un tiro, y, junto al intento desesperado de frenar las bandas de narcotraficantes, también se ganaba terreno a una rebelión campesina que se extendía por todo el país como una mancha de aceite.


Oaxaca se planta
Tras cinco meses, el presidente en funciones Fox envió comandos especiales de agentes y soldados federales hacia Huatulco y Santa Cruz, en el sur de la costa del Pacífico de Oaxaca. Se mandó el barco de guerra “Usumacinta”, a 1.500 miembros de la marina, 20 helicópteros M18 y M17, aviones Hércules, C212 y varios tanques. Se desplazaron al estado rebelde 20.000 hombres entre las fuerzas especiales de la Armada y la Policía Federal Preventiva. Este estado sufría una situación de ingobernabilidad desde el 22 de mayo, cuando una red de 350 organizaciones civiles de base de izquierda (que incluye sindicatos y movimientos indígenas, de campesinos y de mujeres) coordinadas por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) se hizo con el control de la capital estatal tras la huelga iniciada por miles de profesores. Gran parte de la población acusó al gobernador, del PRI, Ulises Ruiz, de haber sido escogido fraudulentamente, de haber cometido crímenes de corrupción y de haber sometido a los activistas a una brutal represión (el asesinato de 35 izquierdistas y el encarcelamiento de 200 desde que llegó dos años atrás), y le exigió que abandonase el poder. Pero éste rechazó dimitir. El 14 de junio, hubo 92 heridos en la sección 22 del sindicato de maestros (SNTE). La APPO paralizó el estado, ocupó ayuntamientos, un total de 80 edificios públicos, controló 12 emisoras de radio, dejó más de un millón de estudiantes sin clases durante medio año y pidió mejoras salariales, junto a servicios sociales básicos (electricidad, suministro de agua y carreteras). El conflicto se recrudeció en paralelo a la crisis electoral.
Después meses de enfrentamientos entre la policía local y grupos paramilitares contra las 3.000 barricadas de los manifestantes, 1.500 en la capital, con un saldo de cuatro muertos, el 29 de octubre los agentes federales pudieron recuperar el centro de la ciudad de Oaxaca. El pacto electoral entre el PRI y el PAN para la investidura del nuevo presidente frenó cualquier posibilidad de salida del gobernador, del PRI, Ulises Ruiz. Aunque el 3 de octubre llegó el despliegue militar en el estado rebelde, Fox sólo quería intimidar a los rebeldes. Oaxaca se constituyó en “Comuna de Oaxaca”, emulando los “Caracoles” de Chiapas. El Gobierno sólo retiró una parte de los soldados, y una nueva área campesina mexicana quedó militarizada.
La explicación de fondo del conflicto de Oaxaca se encuentra en la riqueza de sus recursos naturales. Desde el 2001, el Plan Plueba Panamá, un proyecto de desarrollo económico neoliberal de Fox, quería fomentar la explotación de dichas riquezas construyendo infraestructuras para atraer inversión privada. Pero la comunidad indígena y rural de ese estado, representada por la APPO, se opuso a la pérdida de control de sus bienes naturales, y por eso, como en Chiapas, exigió su derecho a tener una autonomía política local.

Chiapas y la “otra campaña” del “Delegado Zero”
Medio año después de reaparecer tras años de silencio, y de anunciar que los indígenas de Chiapas se reintegrarían al panorama político mexicano con un nuevo movimiento civil, el subcomandante Marcos, portavoz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) gritó por todo el país: “Abajo y a la izquierda está el corazón”. Con este eslogan, el EZLN desplegó una nueva estrategia con una gira por todo México que empezó el primero de enero. Los indígenas rebeldes de Chiapas llevaron a cabo, durante el primer semestre de 2006, una ruta a través de los 32 estados mexicanos, pero esta vez sin armas. El proyecto pretendía ser una alternativa a las elecciones presidenciales del 2 de julio, y se llamó “La Otra Campaña”. El subcomandante Marcos abandonó su título militar y se rebautizó como “Delegado Zero”. El nuevo objetivo del EZLN era crear un movimiento nacional de izquierda, con sus principios de siempre (más derechos para la  minoría indígena mexicana, y un país más justo y menos corrupto), pero a través de medios políticos, dejando a un lado las armas. Desacreditó a los tres principales candidatos, del PAN, del PRD y del PRI, y pidió, durante los seis meses de gira, que los mexicanos no acudiesen a votar.
El 1 de mayo, día internacional de los trabajadores, fue otro punto clave de la gira del EZLN. El Delegado Zero encabezó una multitudinaria manifestación de trabajadores denominada “El otro primero de mayo” por las calles de la capital mexicana que acabó en la Plaza del Zócalo. La marcha se organizó para apoyar la huelga que los inmigrantes indocumentados latinos protagonizaron ese mismo día en EE.UU. “Expulsaremos de México a los capitalistas, incluyendo los grandes capitalistas norteamericanos”, aseguró Marcos ante miles de seguidores. También se sumaron al boicot comercial de sus compatriotas y no consumieron productos estadounidenses. Pero la gira pasaría por un punto de inflexión cuatro días después.
En un mitin en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, el barrio de Ciudad de México donde hubo una matanza de 300 estudiantes en 1968,  Marcos dijo que el EZLN se había puesto en alerta roja. Era a consecuencia de lo que estaba pasando en ese momento en la aldea de Salvador Atenco, donde cientos de policías reprimieron a su población tras el secuestro de agentes que habían detenido a un grupo de vendedores campesinos. El conflicto en esa aldea empezó años atrás, cuando los campesinos se resistieron a ser desalojados para la construcción de un aeropuerto.  
“Existe otro espacio, otro camino, otra forma de hacer política”. Lo dijo Marcos en la Plaza de la Constitución de la capital ante 2.000 militantes de varias asociaciones civiles, y ante 200 policías que los vigilaban. Así transcurrió la jornada postelectoral, el 3 de julio, para el Delegado Zero, que criticó el sistema electoral mexicano. La campaña alternativa del EZLN coincidió con el inicio de la rebelión de Oaxaca. El modelo de “Los Caracoles”, la autonomía que la comunidad indígena estableció en Chiapas, ha sido un modelo para el resto de comunidades indígenas y rurales del país, que han ido quedando excluidas del crecimiento económico del país de los últimos años. Pero la reivindicación de autonomía y de control de sus recursos que hacen estas comunidades choca con los planes neoliberales de Calderón para el nuevo mandato presidencial.


Pese a todo, un buen año económico
A pesar de la gran inestabilidad política y social que sufrió el país en 2006, los resultados económicos de México fueron buenos. El PIB creció un 4,8 por ciento, según la Comisión Económica para América y el Caribe (CEPAL). Era la mayor expansión desde el año 2000, y se debió al dinamismo de todos los componentes de la demanda: consumo, inversión y exportaciones.
El consumo aumentó un 6 por ciento. Fue, sobre todo, gracias a que hubo una quinta parte más de remesas de emigrantes (se multiplicaron por cinco en la última década) y se llegó a los 24.000 millones de dólares enviados por parientes desde EE.UU. Esto era consecuencia del impacto económico provocado por el gran flujo de emigración mexicana de los últimos años con destino a ese país. Un millón de mexicanos cruza cada año la frontera. En las zonas rurales, en muchas aldeas quedan pocos hombres en edad activa a causa de la emigración. Esto hace que para muchas familias, las remesas se conviertan en imprescindibles para su supervivencia. Precisamente, la decisión estadounidense de levantar un muro en la frontera con México y de militarizar esa zona para evitar la entrada de inmigrantes mexicanos levantó las protestas y el rechazo por parte del presidente Fox. Y es que el corte de este flujo de inmigración hacia EE.UU. paralizaría una gran fuente de ingresos de la economía del país, así como la válvula en la que se ha convertido esa migración para amortiguar la miseria de gran parte de su población, tanto por el envío de remesas como por la fuga de parados. Por otro lado, hubo una aceleración del sector de la construcción, así como del crédito: hubo más prestamos a particulares y empresas.
Este mayor endeudamiento también elevó las compras de los consumidores e hizo que las empresas invirtieran un 9 por ciento más. Precisamente, en junio, el Banco Mundial incluyó a México en el grupo de países que atraen más capital extranjero. Hubo más dinero disponible, y un nivel de precios estable. El calentamiento de la economía no disparó la inflación, que fue de un 4 por ciento. El incremento de este indicador con respecto al año anterior, cuando se registró la subida de precios más baja en tres décadas, tan sólo fue de siete décimas. Por otro lado, una bajada del índice de desempleo hasta un 4,6 por ciento (la menor de los últimos 6 años), también tuvo su parte de culpa de que los mexicanos gastaran mucho.  La causa de esta bajada del paro se encontró en el tirón que vivió el sector de la automoción gracias a  las exportaciones.
Con un incremento del 10 por ciento, las exportaciones ayudaron, de nuevo, a fortalecer la demanda. Un 85 por ciento de las ventas mexicanas al exterior va a parar al mercado estadounidense. Desde que se firmara el TLCAN, el comercio con EE.UU. y con Canadá se triplicó. Pero la desaceleración de EE.UU. y la creciente presión de la competencia china (este año superó a México como socio comercial norteamericano) podrían poner en peligro esta partida en 2007, cosa que arrastraría la demanda (y el crecimiento del PIB) hacia abajo por un efecto dominó. Pero de momento, en 2006 y según el Banco Mundial, México es el octavo exportador mundial de bienes y servicios. Además, México es el quinto productor mundial de petróleo (el mayor de América Latina), por encima de Venezuela y Brasil. Las exportaciones también fueron más rentables por los altos precios que alcanzó el crudo en 2006. Esto hizo crecer en un 15 por ciento los ingresos por la venta de petróleo mexicano. Contribuyó así a dejar el  déficit fiscal en un 0,3 por ciento del PIB, otro buen dato.
A priori, el coste de organizar los comicios electorales, sumado a la construcción de nuevas infraestructuras, más las reparaciones por los destrozos que provocaron los huracanes “Wilma” y “Stan” en el sudeste del país a finales del 2005, auguraban un desfase fiscal mayor. Pero los ingresos del Estado por la venta de petróleo suman casi un tercio del total. Casi todo el petróleo lo compra EE.UU., del que México es su tercer proveedor. Y si un estudio geológico estadounidense dio a ese país y a Cuba grandes expectativas de encontrar nuevos yacimientos en el Golfo de México, Fox se apuntó a la celebración el 15 de marzo. El presidente anunció ese día que Petróleos Mexicanos (Pemex), uno de los mayores actores internacionales del mercado del crudo, había encontrado más petróleo. De cumplirse las mediciones del nuevo yacimiento del Golfo de México, este podría llegar a proporcionar 10.000 millones de barriles más. Eso superaría el tamaño del mayor campo petrolero mexicano: Cantarell. Era una noticia que compensaba los datos estadísticos conocidos recientemente que hablaban de que las reservas petroleras del país bajaron un 2 por ciento entre 2003 y 2005.


El norte de Calderón, el sur de Obrador


La distribución territorial de la riqueza de los mexicanos es un reflejo, a pequeña escala, de la mundial: un Norte muy rico y un Sur muy pobre. Además, las zonas rurales del país suelen estar marginadas. Desde 1994, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte las arruinó con una terrible caída del precio de los productos agrícolas, porque disminuía los aranceles que gravaban al maíz y al grano estadounidenses (llegarán a cero en 2008). También muchas ciudades están rodeadas de suburbios que se encuentran en la miseria. Según la revista “The Economist”, hay una clara relación entre la riqueza de sus habitantes y el sentido de su voto. El norte concentra la renta per cápita más alta y votó Calderón.
En la zona mexicana de prosperidad económica también abundan las bandas de narcotraficantes que libran entre ellas una lucha sin cuartel por el control de las rutas de distribución de la droga en EE.UU. Comprende los estados de Baja California Norte, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Durango, Sinaloa, Jalisco, Colima, San Luis Potosí, Tamaulipas, Morelos, Yucatán, Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro. En estos estados, la renta per cápita se sitúa entre los 5.148 dólares y los 10.296 dólares de ingreso anual por persona. De todas formas, cabe destacar la excepción de Baja Carolina Sur, que pese a estar en el mismo nivel de riqueza que estos estados, decantó su voto mayoritario por López Obrador. Por el contrario, Campeche, Quintana Roo y Nuevo León, con más de 15.444 dólares de media, apoyaron a Calderón.  
México Distrito Federal también está dentro de la zona de nivel de renta alta, pero votó para que su ex gobernador López Obrador sustituyese a Fox en la Residencia de Los Pinos. Los estados del sur conforman la zona pobre del país y su voto mayoritario fue a parar al PRD de Obrador. Los estados con menor renta son los sureños Chiapas, Tabasco, Veracruz, los inestables Oaxaca y Guerrero, Michoacán, Hidalgo, México, Tlaxcala y los estados del centro Nayarit y Zacatecas. Con una media de menos de 3.900 euros, estos estados prefirieron al candidato de la izquierda, excepto en Puebla, otra excepción. Este estado se decantó por Calderón pese a figurar entre los de renta per cápita más baja.


El PRI, en caída libre


De nuevo en 2006, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) partido que dirigió la política de este país durante siete décadas, fue derrotado por segunda vez consecutiva en unos comicios que suponían la confirmación del, cada vez, menor peso político del partido. Los 12,5 millones de votos de 2000 se convirtieron en 8,3 millones en 2006 en lo que fue un auténtico salto de caída libre. Su candidato, Roberto Madrazo, perdió en los 32 estados. Perdió en su estado natal, Tabasco, y perdió en los tradicionales bastiones del PRI: México, Veracruz y Oaxaca. Además, llegaba el segundo presidente conservador del PAN en México. Precisamente, fue Vicente Fox el que arrebató legítimamente en las urnas el poder presidencial en el año 2000 al candidato del PRI después de no conseguirlo ningún otro líder de la oposición desde 1929. El candidato, que promocionó su imagen con botas y sombrero de cowboy, obtuvo una amplia ventaja respecto al PRI: cerca de dos millones y medio de votos más que Francisco Labastida Ochoa, y consiguió instalarse en la residencia oficial de Los Pinos. Así, el PRI cosechó en 2006 la segunda derrota electoral consecutiva y los resultados más bajos en las presidenciales mexicanas de los últimos tres cuartos de siglo.
El PRI pasó de tener 238 diputados en el Congreso en 2003 (el Congreso se renueva cada tres años) a tener 113 en la actual composición de la Cámara, una pérdida de 125 escaños. Esto suponía haber perdido la mitad de la representación que tuvo tanto en el Congreso como casi en el Senado, donde pasó de obtener 60 senadores en 2003 a 39 este año. El tercer candidato en votos de las elecciones mexicanas de 2006 fue, de hecho, el del PRI, Roberto Madrazo, a una distancia de más de cinco millones de votos de los dos principales candidatos que pugnaban por la presidencia, uno de ellos ex miembro del PRI.
Manuel López Obrador dejó el partido mexicano más importante del siglo XX después de los escándalos de corrupción detectados en sus dirigentes. La fundación del PRD, en 1989, pretendía ser la purificación del PRI. La última esperanza del PRI fue, precisamente, aprovechar la estrecha victoria de Calderón para pactar con él un apoyo que le permitiría conservar algunas cuotas de poder.


¿Mexicano? O muy pobre o muy rico


Según datos del Banco Mundial (BM), México es la decimotercera economía del mundo y sus habitantes tienen los salarios más altos de toda Latinoamérica. Su renta per cápita anual, en 2006, fue de 10.000 dólares. Según el Índice de Desarrollo Humano (IDH), el nivel de vida de su población se encuentra en el puesto 53, y con un coeficiente del 0,82 se sitúa en el grupo de países de “Desarrollo Elevado”. La esperanza de vida de los mexicanos es de 75 años. Aunque no toda su población participa de la misma manera del crecimiento que ha experimentado el país en la última década y la riqueza de la nación no está repartida de manera equitativa entre sus ciudadanos. Esto lo ilustraba bien, en marzo, la revista estadounidense “Forbes”, que elabora ránquings de riqueza, y que publicó que la tercera persona más rica del planeta es el empresario mexicano Carlos Slim Helú.
Preside un imperio de varias compañías monopolísticas como el Grupo Carso, conglomerado de empresas de diversos sectores de la construcción, o Telmex, empresa de telefonía. Su fortuna creció un 25 por ciento en el último año y llegó a los 30.000 millones de dólares. Slim no es una ninguna excepción. En la lista “Forbes” hay más mexicanos multimillonarios, como Jerónimo Arango, dueño de la cadena de supermercados Aurrerá, con una fortuna de 4.600 millones de dólares, o María Aramburuzabalba, con 2.000 millones de dólares. Y es que un 40 por ciento del dinero del país lo acapara el 10 por ciento más rico de la población. Mientras, nada menos que un 50 por ciento de los mexicanos subsisten por debajo del umbral de la pobreza.
El paradigma de la desigualdad mexicana es su capital. Ciudad de México es la segunda ciudad más poblada del mundo y cuenta con 19 millones de ciudadanos. En febrero, la revista “The Economist” publicó que encabezaba el ránquing de las ciudades más caras de Latinoamérica. Pero sus habitantes sufren la enorme desigualdad mexicana llevada al extremo, entre unos pocos muy ricos y muchos ciudadanos pobres, a los que no les llega, ni siquiera, el suministro de agua. El total de renta de la clase más rica es extremadamente alto. Siendo muchos menos los ricos, el cálculo medio de renta de los ciudadanos da ¡15.444 dólares! Y es que las cifras extremas de riqueza distorsionan el cálculo medio de la renta per cápita.


Investigación de la “guerra sucia” y arresto de Echevarría


Una de las iniciativas de Fox fue la de poner en marcha, en 2002, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMSPP), una fiscalía especial para esclarecer los delitos que cometieron las fuerzas de seguridad mexicanas desde 1960, conocidas como “La Guerra Sucia”, cuando el Estado llevó a cabo una fuerte represión contra sus opositores. Estos delitos ocurrieron bajo los mandatos de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Luís Echevarría (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982). Fox reaccionaba así a un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en el que se documentaron 250 desapariciones de guerrilleros. En febrero de 2006, la ONG estadounidense National Security Archive sostuvo que, entre 1964 y 1982, el Ejército secuestró, torturó y mató a cientos de activistas. Los crímenes incluían ejecuciones sumarísimas y torturas (entre otras hacer beber gasolina o aplicar descargas eléctricas) a hombres de aldeas vinculados al líder rebelde Lucio Cabañas. Decenas de izquierdistas fueron arrojados al Océano Pacífico desde helicópteros en “vuelos de la muerte”, según la ONG. Echevarría lo desmintió en una comparecencia ante la FEMSPP, en julio de 2002.
    Pero Echevarría era ministro de Interior durante la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, cuando sucedió el hecho más grave: la matanza, por parte de paramilitares y del Ejército, de 300 jóvenes en la Plaza de las Tres Culturas en el barrio de Tlatelolco, donde miles de estudiantes asistían a un mitin, el 2 de octubre de 1968, pocos días antes del inicio de los Juegos Olímpicos de México. En 2002, el Partido de la Revolución Democrática (PDR) denunció ante la Fiscalía al ex presidente Echevarría por su presunta responsabilidad de otra matanza donde hubo 17 muertos más y cientos de heridos y detenidos en otra manifestación estudiantil en apoyo a una reivindicación laboral de la Universidad Autónoma de Nuevo León el 10 de junio de 1971. Tras tres décadas de reclamación de justicia y a dos días de las elecciones llegó la sorpresa.       
    Un par de meses después de la entrega a la justicia mexicana del documento final de la investigación de la FEMSPP, el juez responsable del Segundo Tribunal Unitario en Materia Penal, José Matta Oliva, ordenó, el 30 de junio, el arresto domiciliario, a causa de su avanzada edad, de Luis Echevarría, de 84 años, acusado de genocidio y de privación ilegal de la libertad, en una resolución inédita del poder judicial mexicano, que nunca antes había detenido a un ex presidente.


Muere Ramona, figura de la rebelión de Chiapas


El subcomandante Marcos, portavoz del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), empezaba 2006 dando una mala noticia para el movimiento rebelde indígena el 7 de enero: la comandante Ramona, la indígena tzotzuk que lideraba a los zapatistas, había muerto.
De 40 años de edad, la guerrillera indígena llevaba una década luchando contra un cáncer de riñón. En 1996, Ramona se convirtió en la primera rebelde de Chiapas que viajó a Ciudad de México (cinco años antes del desfile del EZLN por las calles de la capital) para comunicar las reivindicaciones del movimiento. Se unió al EZLN antes del levantamiento armado del 1 de enero de 1994, el mismo día en que el presidente Carlos Salinas anunció la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que tuvo efectos devastadores para las zonas agrícolas mexicanas con la bajada de los precios de sus productos.
Ramona rápidamente se hizo popular como defensora de los derechos de las mujeres pobres mexicanas. No se conocían demasiados datos sobre su vida, ya que nunca reveló su identidad verdadera, y siempre apareció, como sus colegas, con pasamontañas. La gubernamental Coordinación para el Diálogo y la Negociación de Chiapas comunicó el pésame, y el subcomandante Marcos suspendió por dos días su gira nacional para asistir al funeral.



Cronologia año  2006

 


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