Anuario 2008
Canadá
"Harper no consigue la mayoría que buscaba con el adelanto electoral"
Ana Isabel Rodríguez

El primer ministro canadiense, Stephen Harper, no consiguió la mayoría deseada en las elecciones celebradas el 15 de octubre. Con un Parlamento dividido y un Gobierno minoritario, el líder del Partido Conservador había decidido adelantar las votaciones para buscar una mayoría que le permitiese gobernar de forma más cómoda. Los comicios, celebrados un año antes de que acabase el mandato regular, fueron los terceros en un período de cuatro años. Harper disolvió el Parlamento en septiembre, días antes de que estallase la crisis financiera, rompiendo su propia ley de estipular un día fijo para las elecciones, que ya estaba marcado en el calendario: el 9 de octubre de 2009. Fueron las primeras elecciones celebradas en un país occidental en medio de la crisis, y la economía tuvo mucho que ver en el resultado.
El objetivo de aquella ley electoral era evitar que el partido en el gobierno no convocase elecciones cuando tuviese circunstancias favorables. Justamente fue eso lo que hizo Harper: se quiso adelantar al complicado panorama que supondría la llegada al poder del demócrata Barack Obama en Estados Unidos (que había anunciado una revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte), así como la acentuación de la crisis económica de aquel país, que pronto dejaría sus consecuencias en la vecina del norte.
Asimismo, la extremada división en el Parlamento hacía que fuese imposible gobernar. Los partidos de la oposición propusieron más de 40 mociones de censura al primer ministro, pero el Partido Liberal de Stéphan Dion votó en contra junto con los conservadores, por lo que Harper vio en los comicios la única solución para buscar más estabilidad.
Al principio, las encuestas le daban una amplia ventaja: un 46% en intención de voto, superando por tanto el 40% necesario para obtener la mayoría absoluta. Sin embargo, los malos datos económicos hicieron cambiar la tendencia (su aprobación cayó del 60 al 40% el día de las elecciones). El líder conservador tardó demasiado en modificar su discurso, y si no fuera porque al final de la campaña se centró en la economía, podía incluso haber perdido el gobierno.
Durante el período electoral, la Bolsa de Toronto perdió 3.942 puntos, el 28,6%; el precio del petróleo (la exportación con más peso en la economía canadiense) se redujo drásticamente, y los trabajadores de la industria del automóvil sacaban a las calles un ataúd para representar la pérdida de 67.000 puestos de trabajo el año anterior. Sin embargo, Harper se mostraba insensible, sugiriendo que la crisis de los mercados ofrecía “buenas oportunidades para comprar”.
Al ver que la táctica de hacer como si no pasara nada no le funcionaba, Harper cambió de registro y empezó a apuntar medidas económicas. Finalmente, los electores le dieron un nuevo mandato a este economista de 47 años, pero también, una vez más, le negaron la mayoría absoluta. El partido conservador obtuvo el 37,6% de los votos, apenas un 1% más que 2006. En el Parlamento consiguió 19 escaños más de los 124 con los que contaba, que suman 143 de los 308 que tiene la Cámara, pero sin obtener los 155 necesarios para la mayoría absoluta.
Consolidó sus bases en la provincia petrolera de Alberta y la rural de Saskatchewan, y obtuvo escaños en las afueras de Ontario y las provincias marítimas. Sin embargo, fracasó en su intento de aumentar la representación de su partido en Quebec.
Allí, el Partido Conservador partía con la representación de 10 diputados en el Parlamento de los 75 que se eligen en dicha provincia (cada una aporta un número de escaños proporcional al número de habitantes). Esta vez, el bloque quebequés arrasó en toda la provincia, y se hizo con los 75 asientos, incluso cuando la independencia no había aflorado como un asunto de campaña.
El primer ministro había apostado fuerte por consolidar el poder conservador entre los francófonos. Nada más llegar al poder, había reconocido a Quebec como una nación en el seno de Canadá, y había formado un equipo de gobierno, en su mayoría, de procedencia quebequesa.
Durante la campaña, Harper cometió una serie de errores que echaron por tierra todos sus esfuerzos. No sólo obvió la crisis en los primeros momentos, sino que estuvo muy desafortunado al criticar a los artistas quebequeses que se quejaron del recorte de 45 millones de dólares destinados a programas culturales. Los francófonos, grandes defensores de la preservación de su cultura, castigaron al líder conservador en las urnas.
En este período, salió a la luz que, cuando aún era líder de la oposición, había defendido la participación en la guerra de Irak con un discurso copiado del ex ministro conservador australiano John Howard. Toda la oposición aprovechó para atacarle y reprocharle que su agenda económica, social, medioambiental y militar hubiese sido un calco de la de George Bush.
Durante su primer mandato, Harper mostró simpatía hacia el gobierno republicano de Bush, en contra del sentimiento mayoritario canadiense, más próximo a los demócratas, especialmente en Quebec.
En cuanto al principal partido de la oposición, el Partido Liberal (PL), recogió una estrepitosa derrota. Su porcentaje de votos cayó al 26%, el más bajo desde 1967. El nuevo líder liberal, Stéphane Dion, un quebequés que incluso tenía problemas para expresarse en inglés, cometió la equivocación de hacer una campaña centrada en el medioambiente. Dion abogó por establecer un impuesto sobre las emisiones de carbono, con el fin de acercarse al pueblo, descontento con el distanciamiento que los conservadores habían mostrado hacia el Protocolo de Kyoto durante su primer gobierno.
En pleno estallido de la crisis financiera en Estados Unidos, el miedo a un colapso económico fue la prioridad de los canadienses al ir a las urnas. La dependencia comercial con el vecino del sur, al que exportan el 75% de sus productos, tuvo mucho más impacto que el discurso verde.
Antes de las elecciones, el Partido Liberal tenía 95 asientos que se redujeron a 76. Dion anunció que no se volvería a presentar como candidato, y ya empezaron a sonar posibles sustitutos para la convención de 2009: Michael Ignatieff, Bob Rae o Gerard Kennedy, que ganaron sus asientos en el Parlamento; John Manley, ex primer ministro, o incluso el primer ministro de Ontario, Dalton McGuinty. Tras el escándalo de financiación ilegal que expulsó al partido del gobierno en 2006, el PL no ha sido capaz de recuperarse y superar las diferencias internas.
Por su parte, el Nuevo Partido Demócrata (NPD, socialdemócrata), con más financiación para esta campaña, mejoró el resultado de las últimas elecciones de 2006, pasando de 30 a 37 escaños, aunque se quedó por debajo del número máximo de asientos, 43, que había obtenido en 1988.

La sólida economía canadiense también se resiente
Los canadienses sabían que cuando Estados Unidos estornuda, Canadá se resfría. Al estallar la crisis financiera en su vecino del sur, el pánico a entrar en recesión sobrevoló las cabezas de los votantes, a pesar de la insistencia del primer ministro en la solidez de los bancos y de la economía canadienses.
Sin embargo, ante la magnitud de la crisis actual, Harper se dio cuenta de que era necesario tomar medidas. En la primera reunión, tras las elecciones, con los primeros ministros de las 13 provincias canadienses, el renovado primer ministro anunció que no recortaría gastos, sino que invertiría más en infraestructuras para crear puestos de trabajo, aunque conllevase al endeudamiento público.
Mantener el superávit en el presupuesto ha sido una obsesión del Gobierno canadiense desde que, a mediados de los 90, el Partido Liberal recortase el gasto de la federación para terminar con tres décadas de déficit y de crecimiento de la deuda pública. De ahí que el anuncio de un previsible déficit presupuestario fuese respondido con críticas de algunos primeros ministros provinciales.
En 2008 no hubo déficit puesto que el Gobierno conservador disponía del colchón de ahorros que había dejado el gobierno liberal de Paul Martin, y también gracias a los 4.300 millones de dólares estadounidenses que se embolsó en la subasta  del espectro aéreo inalámbrico (banda de la atmósfera por donde circulan las comunicaciones inalámbricas, como la telefonía móvil o internet). Ahora bien, las cifras de agosto reflejaban inevitablemente que esos ahorros se acabarían antes  de finalizar el año fiscal en marzo de 2009: el presupuesto restante era un 80% menor que en el mismo período del año anterior.
El crecimiento económico fue el otro gran afectado. David Dodge, gobernador del Banco de Canadá, no habló de recesión pero, a la vista de la caída del crecimiento en el tercer trimestre, tuvo que revisar las expectativas de crecimiento anuales, que se quedarían en un 1,8%, por debajo del 2,3% previsto a principios de año, aunque por encima del 0,48% apuntado por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico).
Esta organización y otras fuentes, como el economista canadiense Dale Orr, de la firma Global Insight, que proporciona previsiones económicas, afirmaron que el crecimiento negativo del último trimestre del año se repetiría a principios del 2009, y por lo tanto habría que hablar de recesión técnica (dos trimestres de crecimiento negativo). Orr pronosticó también la pérdida de 100.000 puestos de trabajo en los siguientes meses. El índice de desempleo se situaba en noviembre en el 6,3%, un 0,1% más que el mes anterior debido a la pérdida de 71.000 puestos de trabajo, la peor que había experimentado el país en un mes desde junio de 1982.
Los culpables de ese crecimiento negativo tienen nombre: el parón de la demanda estadounidense (las exportaciones cayeron un 0,1%, cuando venían aumentando un 0,6% aproximadamente), y una caída del 48% del precio de las materias primas; todo ello consecuencia de la crisis financiera.
Su impacto obligó a que el Banco de Canadá redujese en octubre los tipos de interés un 0,5% más en lo que iba de año, hasta dejarlos en el 2,25%, todavía con margen para nuevos recortes. La medida se enmarcaba dentro de una acción coordinada de los bancos mundiales.
Con anterioridad a que estallase la crisis, Canadá vivía un período boyante de crecimiento gracias a la escalada del precio del petróleo. En especial, las provincias petroleras habían experimentado hasta julio un espectacular incremento de los ingresos, que también repercutía en las inversiones de las empresas, el comercio y el empleo.
El ejemplo más ilustrativo fue la provincia petrolera de Saakatchewan que, en pleno octubre, con el descalabro en las Bolsas, anunciaba recortes fiscales, la reducción de su deuda provincial y la inversión de 500 millones de dólares en la construcción de hospitales, carreteras y otros proyectos de infraestructuras. Paralelamente, otras provincias centradas en una economía más industrial afrontaron el parón económico con unas situaciones de partida más desfavorables. Así, la Columbia británica y Alberta dejaron de crecer, y el corazón manufacturero de Canadá, las provincias de Ontario y Quebec, registraron altos índices de desempleo, especialmente en el sector del automóvil.
A nivel federal, se intentó diversificar los mercados ante la gran dependencia del estadounidense, ya que este mercado supone un tercio del PIB de Canadá. A principios de año, se cerró un acuerdo de libre comercio con los países de la Asociación Europea de Libre Comercio, que incluye Suiza, Noruega, Liechtenstein e Islandia. El tratado supuso la eliminación de los aranceles en todos los productos no agrícolas y su eliminación o reducción en ciertos productos agrícolas.
A este primer acuerdo con países europeos, le siguieron reuniones con los países de la Unión Europea. En ellas se perfiló un acuerdo preliminar que, de adoptarse, minimizaría las barreras al comercio de servicios, abriría el mercado aéreo y permitiría a los trabajadores calificados de ambas partes cruzar fronteras sin necesidad de visa, tal como adelantó el diario canadiense The Globe and Mail.  
Esta búsqueda de nuevos mercados también se extendió a Latinoamérica. En octubre, Canadá aprobó el Tratado de Libre Comercio con Colombia, que garantiza los derechos de los trabajadores y la protección del medio ambiente en ambos países.

La política exterior, sin un papel en las elecciones
El gran asunto olvidado de las elecciones fue la guerra de Afganistán. Los medios de comunicación no le prestaron atención y los ciudadanos estaban más ocupados en atender sus bolsillos.  Tanto el partido conservador como el liberal siempre se habían cuidado de que el conflicto afgano no se convirtiese en un asunto partidista.
En marzo, los dos partidos mayoritarios habían aprobado la ampliación de la misión que las tropas canadienses llevan a cabo en la provincia de Kandahar (en el sur de Afganistán) durante tres años más. Canadá tiene desplegados en la zona 2.500 soldados, dentro de la misión internacional comandada por la OTAN.
Entre la población, las plataformas opositoras a la guerra se hicieron cada vez más visibles. En octubre, activistas contra la guerra tomaron las calles en 16 ciudades, incluyendo Toronto,  Ottawa, Montreal y Vancouver. Además de la retirada de Afganistán, también reclamaban más transparencia sobre cómo se desarrollaba la misión.
Esta petición respondía al caso de torturas a prisioneros árabes en cárceles sirias en el que tres soldados canadienses fueron declarados culpables de colaborar indirectamente, al no haber hecho nada por evitarlo.
Otra de las críticas se centró en el aumento del presupuesto militar hasta el 2011. El Gobierno anunció en octubre que la nueva partida para la ampliación de la misión en Afganistán sería de entre 5 y 8 mil millones de dólares, cuando en marzo había hablado de 3,8 mil millones aproximadamente.


La disputa por el Ártico


El calentamiento global ya es una realidad en el Ártico. El casquete polar se derrite a un ritmo acelerado, y la posibilidad de explotar sus recursos naturales, así como dominar las posibles vías marítimas, puso en pie de guerra a los países próximos.
Canadá, Estados Unidos, Rusia, Noruega y Dinamarca quieren repartirse el pastel. A diferencia de en el Polo Sur, en el Norte no existe ningún tipo de legislación que prohíba las actividades lucrativas ni que vele por su protección. De ahí que los cinco países tuviesen sus propios planes de conquista.
El deshielo supondrá la apertura marítima del Paso del Noroeste (entre el océano Atlántico y el Pacífico) todo el año. Esta ruta recorta en más de 4.000 kilómetros la distancia entre Europa y Asia, que tradicionalmente se hace por el Canal de Panamá. Además de su control, los cinco estados se disputan las reservas intactas de hidrocarburos y minerales que, provisionalmente, los expertos cifran en un cuarto de los recursos del planeta.
Los cinco Estados reconocieron el reglamento de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 (todavía sin ratificar por EE.UU.) como suficiente para administrar esa área, sin necesidad de un nuevo régimen jurídico o un tratado especial. El organismo internacional estipula que los derechos de soberanía de los Estados costeros es de 200 millas sobre su plataforma continental. Sin embargo, todavía quedan 1,2 millones de kilómetros que no están sujetos al dominio de ningún país.
Canadá tiene litigios directos con Dinamarca, que controla Groenlandia, y con Estados Unidos, por el control del Paso del Noroeste. En concreto, Copenhague y Ottawa reclaman como suya la isla de Hans, que garantizaría el dominio sobre el Paso del Noroeste.
La conquista de esa zona ha llevado al Gobierno de Ottawa a poner en marcha investigaciones científicas que demuestren que sus plataformas continentales se extienden hasta allí. En agosto, se dieron a conocer los primeros resultados de la exploración que evidenciaron que la cordillera Lomonosov (del Ártico) está unida a las plataformas de Groenlandia y Norteamérica, en contra de la adjudicación que se había hecho Rusia el año pasado al plantar una bandera a 4.000 metros de profundidad sobre la plataforma. Las cinco potencias tendrán hasta 2013 para recabar todas las pruebas científicas que consideren oportunas para defender sus respectivas soberanías.
Mientras tanto, el deshielo sigue su curso. En 2008 la pérdida de placa de hielo alcanzó el récord de 2007: en un mes se derretía lo mismo que antes en 15 años. La superficie polar de 7,8 millones de kilómetros cuadrados que había en 1980, descendió a unos 4,2 millones aproximadamente.



Cronologia año  2008
26 de enero. Canadá firma un acuerdo de libre comercio con los países de la Asociación Europea de Libre Comercio que incluye Suiza, Noruega, Liechtenstein e Islandia.

22 de abril. Canadá, EE.UU. y México reiteran su apoyo al Tratado de Libre Comercio.

12 de mayo. Nueva estrategia nacional de Defensa que implica el aumento de número de tropas regulares hasta 70.000

28 de mayo. Los países limítrofes (Canadá, EE.UU, Rusia, Dinamarca y Noruega) con el Ártico aceptan el arbitraje de la ONU para el reparto de esta reserva natural.

7 de junio. Firma del Tratado de Libre Comercio con Colombia

3 de julio. El crecimiento se contrae un 0,1% debido a la crisis global.

5 de agosto. Se presenta un mapa de las plataformas continentales que prueba que la de Canadá se extiende hasta el Ártico.

27 de agosto. Stephen Harper extiende la soberanía de Canadá en el Ártico de 100 a 200 millas tanto en temas medioambientales como de navegación marítima.

5 de septiembre. Renovación de objetivos para Afganistán: retirada de tropas en 2011.

7 de septiembre. Harper convoca elecciones anticipadas.

8 de octubre. El Banco Central Canadiense baja los tipos de interés de forma conjunta con la FED.

14 de octubre. El Partido Conservador de Stephen Harper gana las elecciones, pero no obtiene la mayoría absoluta.

18 de octubre. Manifestaciones por todo el país en contra de la guerra de Iraq.

21 de octubre. Las fuerzas de seguridad canadiense, envueltas en un caso de torturas a tres árabes en Siria.

 


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