Anuario 2008
China
"La puesta de largo del gran gigante asiático"
Isabel Roldán

El año 2008 marca un hito histórico en el desarrollo de la China moderna. El camino hacia el oro olímpico ha supuesto una prueba de fuego para China, que ha dejado entrever sus logros; su progreso económico, así como un tímido giro hacía un desarrollo más sostenible desde el punto de vista de la cohesión social y territorial. Pero también sus muchas debilidades. Las continuas infracciones de los derechos humanos, la falta de libertad de información, la represión hacia los colectivos contrarios al régimen Comunista, y su posición en la crisis de Darfur son sólo algunos de los hechos que han puesto de manifiesto la fragilidad de este país, el más poblado de la tierra.
En la fecha mágica del ocho de agosto de 2008, los 91.000 asistentes a la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, entre los que se encontraban los más destacados líderes mundiales, quedaron rendidos ante el esplendor del espectáculo chino. Suspendido a 70 metros de altura, Lo Ninong, el séxtuple medallista de gimnasia, encendió la llama del gran dragón con su fuego olímpico. El “templo del cielo”, uno de los cuatro mayores templos de la capital china, se colmó de entusiasmo: China celebraba el supuesto comienzo de una nueva etapa en la que el país ya superaba a Alemania como tercera economía del mundo, por detrás de Estados Unidos y Japón.     La manipulación  estuvo presente en todo momento, incluso en la misma noche de la ceremonia inaugural, en la que dos de los grandes momentos fueron falseados. Lin, la niña de China, con su elegante vestido rojo, no interpretó en realidad la canción Oda a la Patria, sino que fue cantada por Yang Peivy, otra niña, a la que habían escogido por su voz pero quien no cantó públicamente la canción ya que, “no proyectaba la imagen adecuada”, tal como declaró la responsable musical de la ceremonia, Chen Qiang. Tampoco parte del espectáculo pirotécnico de la ceremonia fue real: algunos de los planos de los ensayos fueron seleccionados e incluidos en la cobertura televisiva.
Desde que Pekín logró ser sede de los Juegos Olímpicos, y especialmente a lo largo de este ulimo año,  muchos de los colectivos contrarios al régimen comunista, entre los que destacan activistas religiosos y miembros del movimiento de inspiración budista Falug Gong, fueron vigilados, detenidos o expulsados del país para impedir que su voz pudiera romper con la perfecta armonía que aparentemente reinaba sobre la celebración olímpica. También se controló la concesión de visados y se limitó el acceso a Pekín. El episodio de represión  más aireado fue el de Hu Jia, activista chino de los derechos humanos, quien fue condenado el pasado abril a tres años y medio de cárcel 'por incitar a la subversión del poder del Estado', el cargo que se aplica habitualmente en estos casos. En cuanto a su esposa, Zeng Jinyan, quien se hallaba entonces sometida a vigilancia domiciliara, dejó de tener contacto en agosto con sus amigos y familiares. Se cree que la mujer fue arrestada por las autoridades chinas, quienes le habían dado órdenes de que abandonara la ciudad antes del inicio de los Juegos Olímpicos. El pasado octubre, Hu Jia fue condecorado por el Parlamento Europeo con el prestigioso Premio Sajarov de los derechos humanos. El galardón tuvo muy mala acogida desde el Gobierno Chino, que declaró que el gesto por parte de la Eurocámara suponía 'una gran interferencia en los asuntos internos de China'  que “podría deteriorar fuertemente sus relaciones”. El premiado no pudo asistir a la ceremonia por encontrarse actualmente cumpliendo condena en una cárcel de su país.
Varias organizaciones de los derechos humanos instaron a los líderes mundiales a privar a Pekín de su presencia en el evento como forma de protesta por las continuas infracciones de China en los derechos humanos, la falta de libertad de información, y la represión hacia los colectivos contrarios al régimen.
Finalmente asistieron a la ceremonia de apertura más de 80 jefes de Estado y de Gobierno, y representantes de casas reales de todo el mundo. No obstante, se produjeron notables ausencias: el primer ministro britanico, Gordon Brown, cuyo Gobierno se había mostrado crítico con China, acudió sólo a la ceremonia de cierre de los Juegos. Tampoco asistió la canciller alemana, Angela Merkel; el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi; el primer ministro polaco, Donald Tusk ni el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon. Algunos países enviaron representantes oficiales pero no de alto nivel, como es el caso de Taiwán, Nueva Zelanda y Sudáfrica.
La antorcha olímpica viajó cerca de 140.000 kilómetros a lo largo de los seis continentes desde su salida en Grecia el pasado 24 de marzo. La gira de la antorcha estuvo  acompañada por protestas en París, Londres y otras ciudades, centradas en la política de China en Tíbet. Las violentas protestas celebradas en marzo, con motivo del 49 aniversario del frustrado levantamiento contra el Gobierno chino, que obligó al Dalai Lama a exiliarse en la India en 1959,  supusieron una de los mayores  obstáculos para china a lo largo del año olímpico.
Los exiliados tibetanos realizaron una marcha simbólica de exiliados desde Dharmsala, una población ubicada en la región de Himachal Pradesh, en India, hacia Tíbet y centraron su discurso en la denuncia del abuso de poder y la represión por parte de China. Según la agencia Reuters, se trató de una de las mayores movilizaciones de los monjes tibetanos desde las protestas en 1989, que condujeron a la imposición de la ley marcial en Lhasa. No obstante, es difícil verificar de forma precisa lo que ocurrió aquellos días en Tíbet, ya que los periodistas extranjeros sólo pueden entrar en raras ocasiones y, cuando se les concede permiso, son estrechamente vigilados. El Gobierno tibetano en el exilio afirmó que durante las revueltas, que duraron diez días,  las tropas chinas mataron a 140 personas, sin embargo; las autoridades dijeron que fallecieron 22. Una vez las movilizaciones ya habían concluido,  el Gobierno chino, temeroso por el gran golpe que la crisis tibetana suponía para su imagen en el exterior, invitó a la  prensa extranjera a un viaje al Tíbet, en el que se pretendía  mostrar las “insignificantes” consecuencias de las revueltas. Durante la vista organizada para los medios, una treintena de monjes irrumpieron en un templo gritando cánticos independentistas y acusaron a Pekín de mentir sobre lo ocurrido en los disturbios. Rápidamente los manifestantes fueron dispersados, impidiendo que los periodistas pudieran contrastar las informaciones.
El episodio tibetano levantó serias críticas en el extranjero contra el Gobierno Chino.  La presión internacional obligó al Partido Comunista a ceder al diálogo con el líder budista. La predisposición de entendimiento por parte de China supuso un giro total en su estrategia diplomática respecto al conflicto tibetano ya que hasta el momento había mantenido una actitud reacia a cualquier acercamiento con el Nobel de la paz.

Dalai Lama y el Gobierno chino se reunieron finalmente el mayo pasado. Pekín hizo coincidir el anuncio de la reunión con la cumbre entre China y la Unión Europea  a la que asistió el presidente de la Comisión, Jose Manuel Durao Barroso, y a otros nueve comisarios más. El encuentro, que tuvo lugar la ciudad sureña de Shenzhen, reunió a dos emisarios de la máxima figura política y espiritual del budismo y a dos funcionarios del Partido Comunista. Sin embargo, y tal como ha ocurrido en los siete últimos encuentros que han tenido lugar entre ambos frentes desde 2002, no se llegó a acuerdos importantes. La incapacidad para llegar a un acuerdo está tensando las bases del movimiento budista, en el que están empezando a surgir voces discordantes que apuestan por radicalizar el discurso independentista, recurriendo si es necesario a la violencia.
A día de hoy las relaciones entre Pekín y Tíbet se hallan totalmente estancadas después de que, a principios de noviembre, el líder budista interviniera ante el Parlamento Europeo para pedir a China que “aumente su fuerza moral en el mundo” a través del respeto de los derechos humanos. La visita del líder religioso a Francia, y sobre todo el hecho de que el presidente en ejercicio de la UE, Nicolas Sarcozy, se haya reunido con él, han irritado al Gobierno chino, que  ha endurecido su política en la materia, como se pone de evidencia con la radical decisión de suspender sin fecha la cumbre con los 27 países de la Unión Europea, que estaba prevista el 1 de diciembre en la ciudad de Lyon.

El escudo chino
Obsesionado porque nada se escapara de sus manos, el Gobierno Chino dispuso el aparato de seguridad más completo jamás desplegado en unos Juegos Olímpicos. Misiles tierra-aire, aviones, helicópteros, y la labor de más de 100.000 agentes sólo en la capital pekinesa configuraron con total garantía el sistema de blindaje de los Juegos con el que el país parecía advertir al mundo sobre sus increíbles potencialidades en materia de defensa. Decenas de miles de voluntarios se sumaron también a este gran escudo chino, un colectivo siempre presente en las Olimpiadas, pero que en Pekín adquirió una nueva dimensión. Si en las Olimpiadas de Sídney fueron 47.000 y en Atenas 60.000, en Pekín sumaron 100.000 sólo en los recintos olímpicos y, según el Comité Organizador de los Juegos, el número total de voluntarios alcanzó los 1,7 millones, la gran mayoría de ellos jubilados y parados.
El dispositivo de seguridad invadió también la red: los visitantes alojados en los hoteles internacionales fueron espiados por un sofisticado sistema de inspección de internet que ya llevaba tiempo funcionando en el país, para el cual el Gobierno chino tiene empleados a miles de ciberpolicías que se sirven de programas y equipos informáticos, suministrados en muchas ocasiones por empresas estadounidenses y canadienses. El omnipresente sistema de censura del país, conocido popularmente como el “Gran Cortafuegos”,  ha aumentado notablemente el número de páginas clausuradas a lo largo de este último año. Lo que ha hecho que un número creciente de internautas muestren su malestar por las restricciones que sufren en sitios web tan populares como Flickr, YouTube, Wikipedia, MySpace o Blogspot, considerados fuentes de diversión o información inofensiva. Ello ha levantado una ola de resistencia contra este tipo de censura, que parece cada vez más decidida.
Para los periodistas desplazados a Pekín a cubrir los Juegos, las restricciones de Internet no fueron la única traba que les dificultó cumplir su cometido, pues el Gobierno vulneró sistemáticamente su promesa de dejar a los periodistas informarse e informar libremente. La censura se aplicó indirectamente y de manera sutil: las autoridades chinas presionaron a los traductores que trabajan para los medios extranjeros. Así, numerosos asistentes de periodistas, fueron citados por agentes que les exigieron información detallada sobre los temas publicados o sobre las personas que habían entrevistado.
El Club de Corresponsales Extranjeros de China denunció durante el año olímpico 260 intromisiones de la Policía en el trabajo de los periodistas, a quienes se les ha impedido llegar hasta el lugar de la noticia, obligado a borrar cintas y fotografías y, en algunas ocasiones, hasta agredido. El caso más polémico fue el de dos periodistas japoneses que fueron apaleados en la región de Xinjiang (oeste), mientras pretendían informar sobre la muerte de 16 policías en un presunto ataque terrorista.
Además de los potentes operativos de seguridad anteriormente citados, las autoridades chinas, temerosas de que algún imprevisto pudiera manchar su imagen, consideraron necesario asignar zonas específicas para manifestaciones que habilitaron en tres parques públicos de la ciudad. Con esta iniciativa el Gobierno pretendía concentrar las posibles manifestaciones en puntos concretos de la ciudad para así poder controlar los altercados y, sobretodo, la difusión que los medios de comunicación hacían de estos.
Para justificar su desmesurado dispositivo de defensa, China  desplegó la política del miedo y aseguró que la policía había desmantelado cinco células terroristas en la primera mitad del año, abortado varios atentados y detenido a 82 supuestos terroristas, aunque presentó pocas pruebas de ello. Durante los Juegos tuvo lugar un atentado,  en manos de un grupo terrorista islámico. Aparte de este suceso, los Juegos se desarrollaron sin apenas imprevistos, sólo protestas aisladas, la mayoría de ellas encabezadas por activistas pro tibetanos, que fueron reprimidas con mano de hierro.
La seguridad alimentaria estuvo también exhaustivamente custodiada. El Gobierno aprovechó la cita olímpica para limpiar el nombre de los productos alimentarios chinos. Los escándalos por la seguridad de los alimentos chinos se han sucedido estos últimos años. El pasado septiembre, el caso de la leche adulterada, en la que murieron tres bebes y se vieron afectadas 6.000 personas, llenó portadas de periódicos de todo el mundo, y llevó a dimitir al  máximo responsable de seguridad alimentaria de China, Li Changjiang. A pesar de los crecientes esfuerzos el Gobierno por controlar esta problemática, según la Administración General para la Supervisión de la Calidad del Gobierno chino, el 20% de los productos chinos no cumple los requisitos de seguridad.
Durante la preparación de la ceremonia, vigilantes hicieron guardia en las cocinas olímpicas, se controló las zonas de almacenamiento con cámaras, y los vehículos de transporte de alimentos  fueron seguidos mediante GPS. Los organismos de inspección hicieron un seguimiento estricto de las redes de suministro y supervisaron cada producto.
No obstante, la iniciativa no logró impedir que algunos equipos olímpicos, entre ellos el estadounidense, llevara a Pekín su propia comida, temerosos de la posibilidad, admitida por muchos especialistas, de que, la potencial existencia de restos de antibióticos y estimulantes del crecimiento en la carne de animales utilizados en los menús, pudiera causar un positivo en los controles de dopaje.
Fuera de los estadios, Pekín puso en marcha una gigantesca campaña “educativa” mediante la que se pretendia erradicar los “malos hábitos de la población china”. Entre la larga lista de prohibiciones impuestas por el Gobierno a los ciudadanos de Pekín, figuraban costumbres tan arraigadas como saltarse las colas, escupir en la calle o mostrarse curiosos frente a los visitantes y hacerles preguntas. También se impartieron lecciones de las respuestas que los ciudadanos debían dar a posibles preguntas de los periodistas. Y casi 900.000 funcionarios, camareros y conductores de autobús fueron obligados a seguir cursos de modales. Los taxistas fueron otros de los colectivos que más se vieron afectados durante la celebración. La mayoría de taxistas chinos trabaja tradicionalmente en turnos de 20 horas seguidas, con lo que ello implica: prestan poca atención al volante, conducen lentamente. Además, muchos de ellos no tiene un buen conocimiento de la ciudad ni  nociones de otro idioma que no sea el chino mandarín. Las autoridades, obsesionadas con dar una imagen de país “armoniosa”, y consciente de que el servicio de taxis representa usualmente el primer contacto con la cultura local cuando se llega a un país, tomaron serias medidas para paliar el problema: un año antes de la ceremonia limitaron el acceso a las zonas olímpicas a sólo 5.000 taxistas. Una vez seleccionados, los chóferes fueron obligados a tomar cursos de inglés y a llevar un libro bilingüe en la guantera. Además, se les prohibió rasurarse la cabeza, llevar barba y comer ajo, y se les  obligó a vestir de uniforme: camisa amarilla, pantalón azul marino y corbata.
Otra de las problemáticas del país, en la que no tarda en reparar cualquier visitante, y que el Gobierno se apresuró a tapar, es la del exceso de productos falsificados que invaden los escaparates de la capital.  Dichos productos fueron retirados de tiendas y mercados. La infracción de los derechos de la propiedad intelectual de China es uno de los motivos que ha generado más irritación con sus socios comerciales, desde que el país entró en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Estados Unidos llevó a China ante la OMC en abril por este motivo.

La contaminación, una amenaza para la cita olímpica
Combatir la polución fue otro de los grandes desafíos del Gobierno Chino en la carrera olímpica. Según algunos investigadores, los niveles de contaminación de un día normal en Pekín son casi cinco veces más altos que los estándares saludables establecidos por la Organización Mundial de la Salud.
Esta problemática llevó a una veintena de países a organizar la estancia de sus deportistas en Japón para entrenarse. E incluso algunos atletas como Haile Gabreselassie, récord mundial de maratón, y Justine Henin, la número uno mundial del tenis femenino, ambos con asma, mostraros sus reservas para competir en los Juegos, por miedo a que la contaminación agravase sus problemas respiratorios. Al esforzarse, los atletas ingieren muchos más contaminantes que en reposo. Finalmente, sólo Henin accedió a participar en la competición olímpica.
El temor de que las Olimpiadas quedasen deslucidas por el manto de la polución, y que la elevada contaminación afectara al desarrollo de los Juegos, llevó al Gobierno chino a desplegar un gran paquete de medidas: se “jubilaron” 50.000 taxis y autobuses viejos, se cerraron las fábricas del centro de la ciudad y se sustituyeron  miles de calderas de carbón por las de gas natural. El control del tráfico fue otra de las prioridades del COI (Comité Olímpico Internacional). El Gobierno prohibió circular a más de un millón de coches de los 3,3 millones que tiene Pekín, y pidió a las empresas flexibilizar los horarios de trabajo de sus empleados; la entrada al trabajo en las instituciones públicas fue retrasada una hora, a las 9.30, y los grandes almacenes no pudieron abrir antes de las 10.00.
También, con el objetivo de frenar la polución, el Gobierno puso en marcha la manipulación de la lluvia, práctica que fue clave en la organización de los Juegos, no sólo para limpiar el aire, sino también para evitar precipitaciones sobre el estadio olímpico en fechas señaladas. Los servicios encargados de forzar la lluvia entraron en acción en varias ocasiones e intensificaron los disparos de yoduro de plata contra las nubes para forzar las lluvias en zonas periféricas de la capital.


El camino hacia la “sociedad armoniosa”

El régimen comunista ha abogado por la necesidad de que el desarrollo chino no se base en el crecimiento a cualquier precio, sino que tenga en cuenta sus consecuencias sociales, medioambientales y culturales. El extraordinario crecimiento económico chino ha generado una clase media urbana formada por unos 400 millones de personas y ha creado 320.000 millonarios. No obstante, el Banco Mundial calculó en abril que más de 318 millones de chinos viven con menos de dos dólares al día.  Con el fin de acabar con tan peligrosas desigualdades, que amenazan a la estabilidad del régimen comunista, y de avanzar hacia la «sociedad armoniosa» que el partido preconiza, el presidente de la República, Hu Jintao, ha apostado por «modificar de forma significativa el modelo de desarrollo», de acuerdo con la declaración del XVII congreso del partido Comunista, celebrado a finales del pasado año. En dicha reunión, que celebra cada cinco años el partido, se propuso un programa político en el que se aspiraba a “construir una sociedad modestamente acomodada”, con promesas de acceso igualitario a la enseñanza, el empleo, y la seguridad. No obstante, el Gobierno Chino, debe recorrer aún un largo camino para lograr alcanzar todos estos propósitos. “·Hu Jintao se diferencia de su predecesor, Jiang Zemin, en que se permite hablar de brechas y desequilibrios, pero su actuación es marginal. El Gobierno carece de programas sociales. La inmensa mayoría de la población no tiene seguridad social, ni atención médica, ni educación gratuita. Sin preocuparse por los ciudadanos, sin invertir en la población, no existe sociedad armónica. Hay que elevar el gasto social y ello exige que los ricos paguen impuestos, que no los pagan, y cambiar las inversiones en infraestructuras -en aeropuertos y autopistas que nadie usa- por inversiones en programas sociales”, explica Minxin Pei, Director del Programa de China en la Fundación Carniagie.
Dado que la brecha social más evidente en el país es la que se establece entre la población urbana y la rural, y con el fin de avanzar en esta problemática, los dirigentes chinos han tomado nuevas medidas estructurales encaminadas hacia la anhelada armonía: se ha impulsado una reforma agraria, se ha abolido el permiso de residencia houkou y se ha flexibilizado la política del hijo único.
Por otra parte, se ha apostado por un modelo de “desarrollo científico”  lo que significa que el desarrollo del país debe concebirse, teniendo como prioridad  la preservación del medio ambiente.
Finalmente, el Partido, destacó asimismo, la necesidad de “construir una política socialista democrática” en la que se promoviera un sistema gubernamental transparente y eficaz y en el que se fortaleciera el sistema de congresos populares y de la participación popular, desde las bases, en la política. Aso propuso también, que en las elecciones de las asambleas populares, contribuyeran la misma proporción de diputados de las áreas urbanas y de las rurales, para, de esta manera, poder mejorar la situación política de los campesinos.

La reforma agraria, un cambio en el rostro y la vida del país
La reforma agraria, anunciada el pasado 2 de octubre, por la cual los campesinos podrán vender, alquilar o hipotecar el derecho de sus tierras, representa un cambio radical en el rostro y la forma de vida del país. China cuenta con un excedente rural de unas 160 millones de personas; la reforma agraria se espera que  conduzca a la eliminación del paro encubierto, hecho que representará en sí mismo un amento de la productividad dado que se podrá obtener la misma producción agraria con menos trabajadores del campo. Y, por la otra, permitirá cubrir la demanda de trabajadores en las ciudades, tanto en la industria como en los servicios. En definitiva, los emigrantes del campo a la ciudad van a sustituir un empleo de baja o nula productividad en la agricultura por otro de elevada productividad en otros sectores. Por otra parte, la reforma permitirá que un campesino pueda cultivar mayores extensiones de tierra, superando los problemas propios del minifundismo y dando paso a explotaciones de tamaño más adecuado para la obtención de economías de escala. Finalmente, se espera que la modificación de la ley, de garantías de seguridad jurídica de los derechos de la propiedad y flexibilice notablemente las fórmulas de arrendamiento y demás figuras que permitirán ajustar las condiciones de explotación de la tierra a las necesidades. En definitiva, es previsible que la reforma agraria facilite una nueva etapa de fuerte crecimiento económico y sobre todo, extender los beneficios de dicho crecimiento a enormes zonas del territorio y sus poblaciones, que hasta ahora estaban marginadas del enorme progreso experimentado en las zonas urbanas del país.
Por otra parte se calcula que entre los años 2001 y 2020 más de 300 millones de chinos se mudarán a las ciudades, una cifra que modificaría completamente la distribución de la densidad de habitantes por zonas del país. Y se calcula que en 2050, el 80% de la población residirá en núcleos urbanos, frente al 43% en la actualidad. El proceso no es único, ha ocurrido en muchos otros países del mundo, a medida que se han desarrollado, pasando de ser sociedades eminentemente agrícolas a sociedades industriales y de servicios. El fenómeno, sin embargo, adquiere una nueva dimensión cuando se trata de un país que cuenta con 1.300 millones de habitantes. El movimiento migratorio se inició en los años 80. A día de hoy, más 200 millones de personas se han trasladado a la ciudad, al menos la mitad de ellos de forma permanente, en busca de trabajo y oportunidades, de las que carecen en el campo. Se trata de un fenómeno sin precedentes en la historia de la humanidad. Según informes del Banco Mundial, China tiene 1.300 millones de habitantes, de los cuales 318 millones viven en la miseria, con un salario inferior a 7 euros al día, una cifra que parece ridícula en Europa y también en la China del milagro económico.
Desde hace tiempo, los dirigentes municipales están tomando medidas para aliviar la presión demográfica. Pekín va a construir 11 ciudades satélite que albergarán alrededor de medio millón de personas cada una. Guangzhou edificará 15, de unas 200.000 personas, y la misma estrategia seguirá Shangai. La reforma agraria obliga al Gobierno a abolir o modificar esencialmente el procedimiento del permiso de residencia, llamado “hukou”, que clasifica a los chinos como habitantes urbanos o rurales. El sistema fue creado en los años cincuenta, durante la época maoísta, para restringir los movimientos. El no tener el permiso hukou hace que los emigrantes no tengan los mismos derechos que los residentes. No pueden acceder a ciertos trabajos y sus hijos no pueden acceder a todos los colegios. En algunas ciudades, incluso, se da el caso de que las personas no pueden acceder a la sanidad o puede que sean obligadas a volver a su lugar de origen.
“La reforma inicial de la tierra, hace 30 años, modificó de forma fundamental el paisaje de la producción agrícola, sacó a millones de pueblos de la pobreza, suministró cantidades ingentes de mano de obra barata para las fábricas y la construcción, y mejoró el nivel de vida en las zonas urbanas. Pero los reformistas chinos se han dado cuenta de que sin un nuevo cambio será difícil elevar el nivel de vida en las zonas rurales', afirma Xiaobo Hu, director del Centro para Estudios de China en la Universidad Clemson (Carolina del Sur).
     Muchos de los habitantes rurales que están informados de la ley, --la gran mayoría no lo están--, no parece parecen muy interesada en acogerse a ella. Los afectados coinciden en que no quieren vender sus tierras ya que viven de la agricultura, ni tampoco comprarlas ya que ello conllevaría la mecanización del trabajo. También, muchos de los habitantes rurales que sí estarían dispuestos a dejar el campo, muchos no se ven preparados para trasladarse a vivir a las ciudades ya que no tienen formación.
De hecho, hasta la fecha, quienes han emigrado a las ciudades han cedido el derecho de cultivar sus tierras a amigos, familiares o vecinos. Es por esto que muchos de los habitantes rurales, ven la nueva ley, simplemente, como un trámite poder regularizar la situación.
El Gobierno está eliminando  gradualmente  desde este año la política del hijo único, tal como anunció en marzo la viceministra de la Comisión Nacional de Población y Planificación Familiar. Dicha política, adoptada a finales de la década de 1970 para controlar la superpoblación, ha desencadenado graves problemas en la sociedad china: el país asiático sufre un peligroso problema de envejecimiento de la población y una creciente diferencia en el número de hombres y mujeres que ha provocado la alarma entre expertos: en China nacen 118 niños por cada 100 niñas, cuando el ratio normal en todo el mundo es entre 103 y 107 varones por cada 100 hembras. Se estima que, de seguir la tendencia actual, en 2025 puede haber 30 millones de hombres más que de mujeres en edad de formar una familia, lo que, a grandes rasgos, podría suponer masivas migraciones, tráfico de mujeres y una grave inestabilidad social. Las autoridades se escudan defendiendo que los estrictos controles de natalidad han evitado más de 300 millones de nacimientos y han favorecido un aumento más rápido del nivel de vida del país. Sin embargo, sus detractores afirman que, además de violar las libertades del individuo, la ley ha desembocado en numerosos abortos y el abandono de muchas niñas a causa de la preferencia de las familias por los varones.

Un nuevo reto medioambiental
En la Cumbre del Clima de la ONU, un acuerdo que debe sustituir al Protocolo de Kioto a partir de 2012, celebrado en diciembre, el grupo de países emergentes, entre los que figuran China e India, acordó limitar sus emisiones entre un 15% y un 30% en 2020 respecto a la tendencia actual. El texto supone un avance a lo acordado en anteriores declaraciones, ya que se ha logrado establecer un rango de emisiones para los países ricos y otro para los países emergentes y se ha acordado una cifra concreta. Asumir una mayor responsabilidad medioambiental era una de las prioridades en la nueva agenda de “país armonioso”. La contaminación es uno de los grandes problemas de China en la actualidad. Se prevé que el país supere este año a EE.UU. como principal emisor de dióxido de carbono y gases responsables del efecto invernadero.
Las potencias industrializadas son responsables del 62%de las emisiones de dióxido de carbono, pero China y la India ya emiten el 25% del total y su contribución aumenta a ritmo vertiginoso.
Por otra parte, China, al igual que otros países emergentes, temía que si continuaba  negándose a contener sus emisiones, Europa y EE.UU. podrían verse tentados a imponerle medidas proteccionistas mediante el argumento de que los productos chinos contaminan más.

La transparencia, ¿un reto a largo plazo?
En su recorrido hacía la “armonía”,  muchos expertos coinciden en que el país necesita un Gobierno más transparente y menos corrupto; una Administración que cubra con más eficacia las necesidades de sus ciudadanos, y más democracia, tanto en los Gobiernos locales como dentro del Gobierno. En el XVIII Congreso Nacional del Partido Comunista, Hu trató el tema de las reformas políticas en profundidad. No obstante, la teoría es muy distinta a la práctica: “Cualquier abogado chino habla de cuánto le falta al país para tener un sistema judicial independiente. Y las autoridades, aunque ya no son comunistas más que de nombre, siguen siendo leninistas en un aspecto vital: defienden a rajatabla su monopolio del poder político. No obstante, también en las reformas políticas se ve una orientación prometedora”, explica el analista internacional Timothy Garton Ash.


La renovada imagen diplomática


Durante 2008 China se ha mostrado más  activa en sus compromisos internacionales, y ha multiplicado sus esfuerzos para pulir su imagen diplomática internacional y responder a su posición como uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y como tercera potencia económica mundial, lo que evidencia una política exterior china más responsable. Este mérito responde al cambio en la percepción china de cómo salvaguardar sus intereses nacionales, su seguridad energética y sus objetivos económicos de una manera más en línea con el comportamiento de los otros grandes jugadores de la política internacional. En el … Hu expresó su deseo de impulsar una política basada en “el desarrollo pacífico”, lo que significa basar sus relaciones internacionales en una “paz duradera” y una “prosperidad compartida”. Lo que explicaría os recientes acercamientos con Rusia, Latinoamérica y sus vecinos Japón y Taiwán.  Igualmente, las relaciones del gran gigante asiático con el exterior han seguido marcadas por los lemas del ascenso político y la diplomacia del petróleo, dos de los principales ejes de la política exterior china. La creciente necesidad del gran gigante asiático de petróleo, --el país asiático es el segundo mayor consumidor de crudo del mundo, después de EE.UU.-- para alimentar el meteórico crecimiento del país, ha llevado a China a desplegar una diplomacia basada  en buena medida en ampliar su influencia y presencia política en países ricos en recursos energéticos.

Una etapa de conciliación en las relaciones chino-niponas Durante el año 2008 las relaciones entre ambos territorios han estado definidas por una nueva etapa de conciliación. Los mandatarios de ambos territorios se vieron las caras en mayo. La reunión, llena de simbolismo, constituyó el fin de diez años de estancamiento en sus relaciones, en los que, desde la visita a Japón del ex presidente chino Jian Zemin en 1998, no había tenido lugar ningún encuentro entre máximos líderes. Entre los acuerdos más relevantes que se alcanzaron, figura el reparto equitativo de la explotación de reservas de gas del mar de China oriental, que había sido objeto de disputas territoriales entre los dos países. El yacimiento contiene reservas explotables equivalentes a 63,8 millones de barriles de petróleo, de un total de 3.260 millones de barriles en el conjunto del mar de China Oriental, según afirman estudiosos chinos y japoneses.  Más allá de este y otros enfrentamientos territoriales que se creían enterrados, como el de la soberanía de las islas Senkaku (o Doayou para los chinos), las cuales tienen potentes reservas energéticas, las relaciones chino-niponas están marcadas por un doloroso pasado histórico. Pasados treinta años del inicio de la normalización de sus relaciones, aún existen espinosos problemas por resolver, que se vieron agravados durante el mandato del ex primer ministro Kozumi, quien, estando en el poder, realizó frecuentes visitas al santuario de Tyakusmini, convertido en un símbolo del nacionalismo nipón donde se honra a criminales de la Segunda Guerra Mundial. El fin de la era de Kozumi promovió el acercamiento entre el régimen comunista y Japón, y abrió una nueva fase de entendimiento y cooperación, que se ha prolongado durante los mandatos de Fukuda y, en la actualidad, de Taro Aso.  Igualmente, a día de hoy, China mantiene activada una campaña por el revisionismo de algunos libros de texto de Japón que minimizan el pasado militarista japonés y han maquillado algunas de las operaciones de la armada imperial japonesa. Estas graves disputas no esconden, sin embargo, una realidad que Japón y China han comenzado a asimilar: sus economías son cada vez más dependientes y complementarias. La meteórica emergencia de China como un claro competidor en el liderazgo económico regional y global, y la evidente interdependencia entre las dos economías ha hecho que el país represente uno de los pilares fundamentales en sus relaciones diplomáticas. Los intercambios entre ambos gigantes asiáticos ascendieron a 151.822 millones de euros en 2007. China es, desde 2003, el principal socio comercial japonés, y se ha convertido no únicamente en un gran mercado para sus exportaciones, sino también en una gran fábrica de mano de obra barata para las empresas niponas.

La unión de dos viejos enemigosLa victoria del candidato pro-chino Ma Ying-Jeoi (KMT) en las elecciones celebradas el pasado marzo en  Taiwán, han supuesto un drástico giro en las relaciones entre ambos territorios. Entre los principales objetivos del  partido ganador destaca la voluntad de mejorar las tensas relaciones entre la isla y China.
El pasado abril Hu Jintao, se reunió con el vicepresidente electo de Taiwán, Vicent Siew, en lo que fue el encuentro de más alto nivel entre ambos territorios desde el fin de la guerra civil, hace casi 60 años. La reunión tuvo lugar en el marco de un foro económico internacional, en la provincia sureña china de Hainan, y en él se resolvieron cuestiones prioritarias en la agenda de ambos países:
Se estableció más  comunicaciones directas por aire, mar y vía postal. Aunque sólo 160 kilómetros separan a ambos territorios, para viajar a Taipei desde China, se tenía que hacer escala en Hong Kong o Macao. Con la excepción de ocasiones especiales, como las festividades del Año Nuevo chino, no ha habido vuelos directos entre ambos lados del estrecho desde 1949.  En el acuerdo alcanzado se estableció que doce líneas aéreas de ambos lados pondrían en marcha 108 vuelos diarios a la semana a partir de 2009 para conectar doce ciudades chinas con cuatro taiwanesas. Las comunicaciones por mar entre ambos territorios, las cuales también estaban restringidas, y debían detenerse en la isla japonesa de Ishigaki, con el encarecimiento de los costes que ello suponía, también se han abierto. Desde el pasado noviembre 63 puertos chinos están conectados con once puertos de Taiwán.  A raíz del tratado se calcula que las líneas aéreas y los pasajeros se ahorrarán al año 66 millones de euros y las compañías navieras unos 88 millones. Y se estima que por cada 25 turistas, se creará un nuevo puesto de trabajo.
Las nuevas conexiones han puesto las bases de un nuevo futuro en las relaciones económicas bilaterales, las cuales, dejando al margen las restricciones, han sido desde hace años muy fluidas. En 2007, el 40,7% de las exportaciones de la isla se dirigieron al continente.

Carta blanca a Latinoamérica
El pasado noviembre China lanzó una Carta Blanca a Latinoamérica en la que se desarrolla la intención de Pekín de incrementar sus intercambios económicos, en especial en los sectores energéticos y de recursos minerales y de estimular los acuerdos de libre comercio con los países de la zona. En los primeros nueve meses de este año, las exportaciones chinas a Latinoamérica incrementaron un 52% hasta ascender  a 88.000 millones de euros aproximadamente, al tiempo que la 'fábrica del mundo' incrementó sus importaciones de hierro de Brasil, soja de Argentina, cobre de Chile, estaño de Bolivia y petróleo de Venezuela. Pero, además de robustecer sus relaciones económicas y ampliar el mercado para sus productos, Pekín potencia el multilateralismo también en temas como defensa, seguridad y justicia, y ofrece apoyo a regímenes amigos como el cubano, al que ayuda a hacer frente a la economía de la isla. Agravada por la crisis económica y ya afectada por el paso de tres poderosos huracanes y el alza del precio de las importaciones.
El documento no presenta muchos detalles, pero indica la dirección a seguir de El gran gigante asiático. De hecho, este pacto de alianza convierte a China en el primer socio de Chile y un poderoso afiliado energético de Venezuela, Ecuador y Colombia.
El acuerdo de alianza representa un duro revés para Taiwán. Durante años, Taipei y Pekín se han disputado las relaciones diplomáticas con el exterior por medio de la “diplomacia de la chequera.” Es decir, comprando el reconocimiento de otros países mediante generosas ayudas y proyectos de cooperación.
Desde que el país quedó dividido en dos tras la guerra civil de 1949, el apoyo por parte de la comunidad internacional a una u otra parte, ha ido fluctuando. En los primeros años la mayoría de los países optaron por apoyar a Taiwán frente al comunismo de Mao. Y así fue hasta que, en 1971, la ONU abrió sus puertas a Pekín, lo que significó la expulsión de Taipei.  Entonces los papeles cambiaron. Poco a poco China ganó aliados, el país crecía ya de forma meteórica y era más conveniente tenerlo de aliado que como enemigo.
A día de hoy, Taiwán, cuenta únicamente con el apoyo diplomático de 23 pequeños países –frente a los 168 que reconocer a China--. Éstos estados no tienen relaciones diplomáticas con la República Popular China. Entre estos 23 territorios figuran 11 países latinoamericanos: República Dominicana, El Salvador, Granada, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Saint Kitts, Nevis, San Vicente y las Granadinas, algunos africanos como Burkina Faso, Malawi y Gambia, y algunos pequeños países de Oceanía.
Olvidados los argumentos ideológicos, Taipei y Pekín, pasaron hace años a priorizar los económicos. Donaciones, préstamos,  inversiones sin intereses. Latino América y África,  son los escenarios de esta nueva guerra de la chequera. Y mientras que en África y Pekín lleva clara ventaja China, en Centroamérica parecía afianzarse Taiwán.
No obstante, en los últimos años, y conforme ha ido aumentando el poder del gran gigante asiático, éste se ha convertido en un enemigo casi invencible.

China y Rusia trazan una frontera común     
Tras cuarenta años de disputas. El pasado julio China y Rusia firmaron un acuerdo en el que se fijó definitivamente sus 4.300 kilómetros de frontera común.
Esta nueva demarcación territorial, acordada en Pekín por los ministros de Exteriores chino, Yang Jiechi, y ruso, Serguéi Lavrov, contempla la devolución por parte de Rusia de la totalidad de la isla Yinlong  y de la mitad de la isla Heixiazi, ambas situadas en la confluencia de los ríos Heilong y Wusuli, que sirven de frontera natural entre los dos vecinos en la provincia nororiental china de Heilongjiang. La superficie de terreno recuperado por Pekín es de 174 kilómetros cuadrados, según informó el diario China Daily en su página de Internet.
Las relaciones entre ambos territorios han tenido altibajos a lo largo de las últimas décadas. Pasaron de ser grandes amigos y aliados comunistas en la década de 1950, a grandes rivales en las décadas siguiente, debido a divergencias ideológicas. En la década de los 70, las relaciones llegaron a tensarse hasta tal punto que incluso se llegó a temer el estallido de un conflicto nuclear. En los últimos años, no obstante, el trato y los intercambios entre los dos Gobiernos han mejorado considerablemente, en buena medida por el interés de ambos países de contrapesar el peso político y económico de Estados Unidos. Rusia tiene gran interés por incrementar las exportaciones de petróleo, gas y productos nucleares a China. Además, le suministra armamento y tecnología espacial.

África: ¿Una oportunidad a la paz de Darfur?
La economía china ha evolucionado en los últimos años de la industria manufacturera tradicional a la industria pesada. Ello ha comportado una enorme necesidad de materias primas que China importa de países subdesarrollados, especialmente de África, continente  en el que el pasado año el gigante asiático invirtió 900 millones de un total de 15.000 millones de la IDE (Inversiones directas extranjeras).  De hecho, China  extrae de África  casi un tercio de sus importaciones de petróleo. Angola es su principal subministrado de crudo y su primer socio comercial. Le sigue Sudán el principal destinatario de la inversión china, y el segundo proveedor de hidrocarburos. Además de crudo, el país extrae de África  otras materias primas: cobre de Zambia, mineral ferroso de Sudáfrica, cobalto del Congo, madera de Camerún o Liberia. A día de hoy, hay 700 empresas nacionales chinas instaladas en territorio africano.
En sus relaciones diplómaticas con los países africanos, China ha buscado hacer su presencia cada vez más visible, mediante paquetes de ayuda, préstamos y el desarrollo de infraestructuras. Uno de los ejemplos más patentes de esta política es Angola --que salió hace seis años de una guerra civil que duró 30-- que vende la mitad de su petróleo a China y que se ha convertido en lo que muchos llaman hoy el tigre africano. Según el Banco Mundial, Angola, país riquísimo en minerales, crecerá un 20% este año. No obstante, muchos de los países con los que China colabora son regímenes autoritarios que violan los derechos humanos, o, como en el caso de Sudán, el ejemplo por excelencia, masacran a poblaciones enteras.  En la relación con estos territorios, China siempre se ha mantenido al margen de ejercer  cualquier tipo de presión política escudándose en que se debe “respetar la soberanía de los países” (Tal como dicta la resolución 1706 de la ONU). Lo que ha suscitado la aprensión de Europa y de EE.UU. Pekín es también el mayor proveedor de armas del país africano. Ha sido acusado por organizaciones de derechos humanos de violar el embargo dispuesto por la ONU, y proveer a las milicias apoyadas por el Gobierno que combaten a los rebeldes en Darfur.  No obstante, la postura que ha tomado China en relación al proceso abierto contra el presidente de Sudán es una prueba de su creciente alineación con los compromisos internacionales. En el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), donde cuenta con poder de veto –al igual que Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia–, China se ha abstenido en la mayoría de las votaciones de resoluciones destinadas a persuadir o forzar a Sudán a proteger los derechos humanos en Darfur. La Fiscalía de la Corte Penal Internacional solicitó el pasado 14 de julio al tribunal con sede en La Haya el arresto del presidente de Sudán Omar Shair  a quien acusan de ser responsable de genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos en el conflicto de Darfur. China se ha unido a Sudáfrica y otros países como Rusia en la defensa de que el Consejo, máximo órgano decisorio de Naciones Unidas, postergue el proceso internacional contra el presidente de Sudán como medida para dar una oportunidad a la paz en Darfur. Los partidarios de esta enmienda defienden que la imputación del presidente en ejército haría peligrar la misión de los casos azules en el territorio y dificultaría la reanudación del proceso de paz.


La gran fábrica del mundo ralentiza su marcha


El año 2008 será recordado como el del inicio de una gran crisis financiera a escala mundial. Por primera vez, la fuerte crisis financiera y económica que sacude a los países desarrollados se hace sentir en todos los rincones del planeta, y por supuesto en China. En primer lugar, a través de las inmensas pérdidas sufridas por las inversiones financieras de China en forma de préstamos a los países desarrollados. China es una gran potencia exportadora, con una balanza de pagos excedentaria y, por lo tanto, con grandes excedentes de ahorro para prestar a países como EE.UU. o España, que, al contrario de China, gastan más de lo que producen y, por lo tanto, necesitan vivir del ahorro exterior. Pero la pérdida de valor de sus préstamos no es el único coste que sufre China de la crisis internacional. Sus exportaciones se resienten de la menor demanda de sus principales clientes en el exterior, consecuencia de la crisis que atraviesan.
El PIB del país en el cuarto trimestre de este año, es casi la mitad de lo que era hace cuatro trimestres. La producción industrial ha crecido un 5,7% mientras el año pasado crecia al 18. Los organismos internacionales, como el FMI, en sus previsiones, preveían una ralentización del crecimiento de la economía china, no obstante, aseguraban que seguiría creciendo a ritmos del ocho al nueve por ciento en 2009. No obstante, durante noviembre ha rebajado sus previsiones entre el 5 y el 6 el menor valor en dos décadas. Se trata de una cifra crítica, ya que se sitúa entre el 7% y el 8% que Pekín considera que debe aumentar el PIB para proporcionar trabajo a la población y garantizar la paz social. La consecuencia ha sido que miles de empresas han cerrado, especialmente en las provincias industriales de Guanggdong y Zhejiang, en el sur del país.
Las autoridades del país han anunciado un importante paquete de medidas de estímulo a la actividad económica, por valor de cuatro billones de yuanes (488.000 millones de euros) hasta 2010 para reactivar la economía, impulsar el consumo y reducir la dependencia de las exportaciones, que representan el 40% del PIB. De este dinero, el Gobierno central aportará 1,2 billones de yuanes (el 30% del total), y el resto será responsabilidad de los gobiernos locales y de las empresas estatales. Paralelamente, se ha impulsado el mayor recorte de los tipos de interés en los últimos 11 años, que quedaron situados en el 5,58% para el tipo de referencia a un año, y en el 2,53% para los depósitos bancarios. Lo que significa que no es rentable depositar el dinero en el banco ya que perderá el valor adquisitivo y que pedir créditos es muy barato. Esta situación es muy favorable para el consumo.  Y que la gente optará por tener Dicha cifra cuadriplica los 0.27 puntos habituales.
El plan financiero incluye 1,8 billones de yuanes para aeropuertos, autopistas y otras obras; 370.000 millones para mejorar las infraestructuras en el campo, 350.000 millones para proyectos medioambientales, 280.000 millones para vivienda sociales y 40.000 millones para sanidad y educación. Pekín estudia también medidas adicionales para ayudar a los sectores siderúrgico, automovilístico, petroquímico y textil, para incrementar las reservas de materias primas claves y ampliar la cobertura a los desempleados. Igualmente, analiza disminuir, por primera vez en dos años, el precio de los combustibles
Según expertos internacionales, la economía China tiene que prepararse para dar un nuevo paso adelante, que la permita seguir siendo competitiva con salarios más altos y con una moneda más revaluada, a la vez que ir desplegando el enorme potencial de su mercado interior. Así que es fundamental que el país acometa un conjunto de reformas económicas e institucionales que dejen atrás la aún abrumadora presencia de la herencia del régimen comunista. Por otra parte, se exige que China pase a ser un actor principal en la nueva correlación de fuerzas en el mundo, ocupando el lugar que le corresponde en la gobernanza global y en los organismos internacionales que han de alumbrar un nuevo orden económico y financiero internacional.
Para el Gobierno, se trata no sólo de paliar la crisis, sino de velar por su propia supervivencia, ya que el Partido Comunista Chino ha basado parte de su legitimación en el extraordinario triunfo económico del país.

La fábrica del mundo ralentiza la marcha
La disminución de las exportaciones ha contribuido al cierre de al menos 67.000 fábricas en China. Las provincias de Guangdong y Zhejiang,  al sur del país, conocidas como la “fábrica del mundo”, viven a día de hoy una bajada de los pedidos sin precedentes, lo que está contribuyendo al cierre de decenas de miles de pequeñas y medianas fábricas, y al despido de miles de empleados la gran mayoría de ellos emigrantes. Durante décadas, la región litoral del país y en especial el delta del río Perla, al sur de la provincia de Guandong, han sido la locomotora del desarrollo meteórico que ha vivido el gran gigante asiático y han proporcionado empleo a los inmigrantes de las provincias del interior, donde las tierras de cultivo son pobres.
Sólo hay que dar la vuelta a cualquier producto que se tenga a mano para topar con el sello “Made in China”, verdadero emblema de la globalización. No en vano en la ciudad de Wenzhou, (Zheijian) se fabrica el 80% de los mecheros que se venden en todo el mundo, en industrias que emplean a 90.000 y el 75% de las gafas de sol, en industrias que emplean a 60.000 personas. Entre las once regiones potentes del país en el sentido de calidad, competitividad y capacidad de desarrollo, Guandong se sitúa la cuarta detrás de Jiangsu, Fujian y Shangai y Zhijiang la octava.
Pero el escenario ha cambiado drásticamente estos últimos meses. Los primeros síntomas de la recesión han llevado a una ola de protestas laborales sin precedentes, como la que protagonizaron dos semana atrás 500 trabajadores de Kaidam, una fábrica de juguetes situada en la capital hongkonesa en Dongguan (Guadong) que se ha visto obligada a reducir la plantilla de sus trabajadores. Los manifestantes, quienes protestaban por las pobres indemnizaciones, fueron dispersados rápidamente por miles de policías. Las manifestaciones son comunes en China, con frecuencia por causas laborales, o corrupción de los gobiernos locales, pero con la crisis han adquirido una nueva dimensión.

Según Yuen Pau Woo, presidente de la Fundación Asia Pacífico de Canadá  “No es que la sociedad china haya perdido el miedo a manifestarse, sino que  está adquiriendo mayor número de formas. No sólo se están produciendo en las calles, sino también en los blogs, o los mensajes de teléfono móvil. La mayoría tiene que ver con el bolsillo de la gente. Las protestas políticas son todavía un tabú y seguirán siéndolo por un futuro no definido”.
Los despidos masivos han afectado especialmente a los inmigrantes. Esta clase trabajadora, concentrada en las industrias orientadas a la exportación o en sectores como la construcción y servicios mal pagados de las grandes ciudades, empezó a emerger en la pasada década a causa de la crisis del medio rural y el declive del poder adquisitivo de los campesinos, un tercio del urbano. Cifrada en 150 millones de personas este colectivo ocupa los eslabones más bajos del mercado laboral. Sus condiciones de trabajo, muchas veces infrahumanas, definidas por las interminables jornadas laborales se ven agravada por la absoluta carencia de regulación, la federación sindical oficial, la única legal, carece de autonomía frente al Estado y está subordinada a los intereses empresariales.
Ahora, muchos de ellos están pensando en volver a sus hogares en las zonas rurales, de hecho hay quienes se planean quedarse en sus casas y no regresar al litoral después del Año Nuevo Chino, fecha en la que se tiene la costumbre de regresar a casa. El incremento del precio de los cereales y la recién impulsada reforma agraria hace que la agricultura sea ahora más rentable.
La disminución de las exportaciones se suma a la apreciación del yuan, a unos gastos cada vez mayores de mano de obra, de transporte y de materias primeras. Y a los esfuerzos de china por aumentar la calidad de sus productos. Lo que se traduce en un encarecimiento del precio los productos fabricados.
Entre los sectores industriales en los que China es más fuerte: equipamiento de comunicaciones y informático, equipamiento general de industria, instrumentos y maquinas de oficina y de hogar, equipamiento especializado, industria metalúrgica y maquinaria eléctrica y industrial, los que se ven más afectados por este fenómeno son aquellas relacionados con los bienes de consumo duradero.

La crisis y la consiguiente alarma social representa un duro golpe para la estabilidad del Partido Comunista Chino, que basa su legitimación en el crecimiento económico. Los disturbios inquietan al Gobierno. Meng Jiangzhu, ministro de Seguridad Pública, ha advertido del “desafío que supone la crisis financiera global”, y ha urgido a los funcionarios provinciales a que “mantengan la cabeza fría y sean conscientes de la necesidad de salvaguardar la estabilidad”.

'Primero, se desatará el paro entre los jóvenes educados, ya que cada año se gradúan casi cinco millones de chinos. Esa población urbana desempleada será un grave problema para el Gobierno. Segundo, los chinos hasta ahora no se han interesado en la política porque aumentaba su nivel de vida, pero el Partido Comunista Chino (PCCh) perderá el apoyo y la legitimidad que obtenía con la prosperidad. Y tercero y más importante, la élite gobernante se mantiene unida porque tiene dádivas que repartirse, pero se romperá si sigue cayendo la economía, porque entonces comenzarán entre ellos a buscar culpables y a depurar responsabilidades”, explica Minxin Pei, Director del programa de china en la Fundación Carniege.



Cronologia año  2008
4 de marzo: La viceministra de la Comisión Nacional de Población y Planificación Familiar anuncia que se eliminará gradualmente la política del hijo único.

15 de marzo: Inicio de las movilizaciones tibetanas contra el abuso de poder y la represión por parte de China.

24 de marzo: La antorcha olímpica inicia su recorrido, desde Grecia, por los seis continentes.


12 de abril: EE.UU insta a China a poner fin a la represión y a reanudar las conversaciones con el Dalai Lama.

1 de mayo: La antorcha olímpica llega a Pekín tras recorrer 140.000 km

13 de mayo: Un terremoto golpea el centro de China. mueren 60.000 personas

8 de mayo: El presidente chino, Hu Jintao, y el primer ministro japonés, Yasuo Fukuda, se reúnen. El encuentro pone punto final a diez años de estancamiento en sus relaciones. En la reunión se acordó resolver equitativamente la disputa sobre la explotación de las enormes reservas de gas del mar de China Oriental

4 de mayo: Representantes del Gobierno chino se reúnen con enviados del Dalai Lama.  

28 de mayo: El presidente chino, Hu Jintao, mantiene un encuentro con el vicepresidente taiwanés, Vincent Siew. Se trata del contacto de más alto nivel desde 1949. En la reunión se establecen más comunicaciones directas por aire, mar y tierra entre ambos territorios.

22 de julio: China y Rusia firman un acuerdo que fija definitivamente sus 4.300  kilómetros de frontera común.

8 de agosto: Se inauguran los Juegos Olímpicos de Pekín.

24 de agosto: Se clausuran los Juegos Olímpicos de Pekín.

2 de octubre: El Gobierno  impulsa una reforma agraria.

21 de octubre: La economía china avanza al menor ritmo en cinco años.

10 de noviembre: El Gobierno chino hace público un libro blanco sobre América Latina.

27 de noviembre: El Gobierno chino presenta un  paquete de medidas contra la crisis.

10 de diciembre: Se celebra la cumbre del clima de Poznan (Polonia) en la que se acuerda la limitación de emisiones para los grandes países emergentes como China e India. Estos países, tendrán que limitar sus emisiones entre un 15% y un 30% en 2020 respecto a la tendencia actual.    

13 de diciembre: Corea del Sur, China y Japón se reúnen en una cumbre independiente para hacer frente a la crisis económica.

 


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