Anuario 2008
Taiwán
"El retorno al poder del Kuomintang suaviza las relaciones con China"
Isabel Roldán

Las elecciones celebradas el pasado marzo otorgaron una clara victoria al candidato pro-chino, Ma Ying-Jeoi, del Partido Nacionalista (Kuomintang, KMT), poniendo punto final a ocho años de domino del Partido Democrático Progresista (PDP). La victoria de Ma dio al Kuomintang el control político completo de la isla, ya que en enero los nacionalistas vencieron al PDP en las elecciones legislativas. Entre los principales objetivos del partido ganador destaca la voluntad de mejorar las tensas relaciones entre la isla y China. La isla funciona como Estado independiente desde que los nacionalistas de Chiang Kai-Chek se refugiaron en ella, tras perder la guerra civil contra los comunistas de Mo Zedong, en 1949. Sin embargo, el Gobierno chino continúa considerando Taiwán parte incuestionable de su territorio. La gran mayoría del pueblo taiwanés, un 85%, es favorable a mantener el statu quo de isla, tan sólo el 3,2% y el 7,3% de los habitantes quieren la unificación o la independencia, respectivamente.
En su discurso de investidura, el 21 de mayo de 2008, el presidente Mo puso hilo a la aguja a un mandato marcado por la política de reconciliación con su vecino enemigo: “Deseo que las dos riveras del Estrecho de Taiwán aprovechen la oportunidad histórica que se les brinda para garantizar la paz y la prosperidad. Mantendremos el status quo actual, conformes a la opinión de la mayoría de los taiwaneses. En 1992, nos pudimos poner de acuerdo en el dicho de  ‘una China, múltiples interpretaciones’. Ese acuerdo nos ha permitido llegar a muchos más, lo cual ha favorecido una evolución positiva en ambas riveras. Debemos retomar el dialogo. Un buen punto de partida sería la normalización completa de nuestros intercambios comerciales y culturales. Estamos dispuestos a establecer negociaciones (…) Queremos lograr un tratado de paz. Taiwán quiere seguridad y prosperidad, pero también dignidad. Las relaciones entre ambos países no mejorarán mientras Taiwán siga siendo ignorada internacionalmente. Por lo tanto, lanzo aquí un mensaje sincero y solemne a la reconciliación y al fin de las hostilidades entre ambos en la escena internacional…”
El pasado abril, el presidente de China, Hu Jintao, se reunió con el vicepresidente electo de Taiwán, Vicent Siew, en lo que fue el encuentro de más alto nivel entre ambos territorios desde el fin de la guerra civil, hace casi 60 años. La reunión tuvo lugar en el marco de un foro económico internacional, en la provincia sureña china de Hainan, y en él se resolvieron cuestiones prioritarias en la agenda de ambos países: Se estableció más  comunicaciones directas por aire, mar y vía postal. Aunque sólo 160 kilómetros separan a ambos territorios, para viajar a Taipei desde China, se tenía que hacer escala en Hong Kong o Macao. Con la excepción de ocasiones especiales, como las festividades del Año Nuevo chino, no ha habido vuelos directos entre ambos lados del estrecho desde 1949.
En el acuerdo alcanzado se estableció que doce líneas aéreas de ambos lados pondrían en marcha 108 vuelos semanales a partir de 2009 para conectar doce ciudades chinas con cuatro taiwanesas. Las comunicaciones por mar entre ambos territorios, que también estaban restringidas y debían detenerse en la isla japonesa de Ishigaki, con el encarecimiento de los costes que ello suponía, también se han abierto. Desde el pasado noviembre, 63 puertos chinos están conectados con once puertos de Taiwán.  
Las nuevas conexiones han puesto las bases de un nuevo futuro en las relaciones económicas bilaterales, las cuales, dejando al margen las restricciones, han sido desde hace años muy fluidas. Para las empresas de Taiwán, la 17 mayor economía del mundo, el continente es el socio comercial natural, por proximidad geográfica, cultural y lingüística. En 2007, el 40,7% de las exportaciones de la isla se dirigieron al continente.  Según el Ministerio de Comercio de Pekín, el volumen total del comercio por el Estrecho de Taiwán superó en 2007 los 600.000 millones de dólares taiwaneses, con un amplio superávit para Taiwán, convirtiéndose así en el mayor mercado exportador
A raíz del tratado se calcula que las líneas aéreas y los pasajeros se ahorrarán al año 66 millones de euros y las compañías navieras unos 88 millones. Y se estima que por cada 25 turistas, se creará un nuevo puesto de trabajo.
Así pues, el proceso de conciliación está teniendo un fuerte impacto económico en la isla, en un momento en que la economía de Taiwán se ve especialmente agravada por la crisis mundial originada en EE.UU. Después de una década de crecimiento en torno al 4,5% anual, se estimaba que la economía taiwanesa creciera en torno al 4% en 2008 y un 1,5% en 2009; no obstante, las últimas cifras disponibles del Banco Mundial (diciembre) parecen haber dejado estas cifras desfasadas. Se estima que el país crecerá en torno a un 1,3% en 2009, menos de lo previsto, y que en 2010 crecerá un 1,6%, medio punto menos de lo que se esperaba. Una deceleración que se sitúa en la media prevista para el conjunto de los países asiáticos.
Un estudio gubernamental ha demostrado que una quinta parta de las empresas de Taiwán --de las empresas que emplean a más de 200 personas-- ha tomado medidas para reducir gastos, entre ellas la reducción de las horas de trabajo de los empleados, el recorte de salarios o la solicitud de días libres sin remuneración. La mayoría de estos empleados han tenido que dejar de trabajar cuando la compañía lo ha considerado necesario. A otros se les ha ordenado que tomen días libres. En promedio, los empleados han perdido el 30% de su ingreso mensual y muchos de ellos admitieron que no sabían cuándo volverían a su horario habitual.  Las empresas más afectadas han sido las de tecnologías de la información y las del sector manufacturero. En comparación con el año 2007, el número de negocios registrados ha caído en 2008 en más de 20.000.
Sin embargo, el bajo índice de paro de Taiwán, 4,64% en noviembre, y la rebaja de la inflación hasta el 2,4% en el mismo mes son elementos positivos para afrontar la crisis.
Dejando a un lado las relaciones económicas entre la isla y el continente, todavía quedan por zanjar asuntos primordiales en las relaciones de los dos territorios, entre ellos el tratado de desmilitarización de la zona. Aunque la situación en la región de Taiwán permanece estable, se calcula que en la actualidad hay entre 900 y 1.070 mísiles balísticos chinos de corto alcance apuntando a la isla. Y según informes del Pentágono sobre el desarrollo militar chino, esta cifra aumenta cada año en razón de 100.
En la jornada de las elecciones presidenciales también se sometió a referéndum el ingreso de la isla en Naciones Unidas bajo el nombre de “Taiwán”, como sugiere el PDP, o de “República China”, como propone el KMT y no como “República de China”, el oficial. Esta elección, no obstante, fue invalidada ya que se pronunciaron menos del 50% necesarios de  los taiwaneses. Una amplia abstención que no sorprendió a analistas internacionales, quienes aseguraban que, pese a que más del 80% de los taiwaneses quiere que el territorio esté representado en la ONU, de donde fue expulsado en 1971 al ser ocupado su asiento por China,  muchos divergen cuando se habla de estrategias o del nombre que debe adoptar la isla en su solicitud de ingreso, ya que son aspectos respecto en los que los taiwaneses prefieren no involucrarse.
Igualmente, en el caso de que el resultado del referéndum hubiera sido favorable a que Taiwán ingresara en la ONU, para que ello pudiera producirse se precisaría de la aprobación del Consejo de Seguridad, en cuyo seno tienen un aliado, EE.UU; pero también un gran enemigo, China, país que posee poder de veto en la Organización.
En 2007, cuando el presidente de entonces Chen Shui-bian anunció que aprovecharía las elecciones de marzo de 2008 para someter la cuestión del ingreso de la isla en la ONU a referéndum, el Gobierno chino reaccionó advirtiendo de “serias consecuencias si se celebraba la votación ya que legitimaría su independencia de facto”. En repetidas ocasiones, China ha advertido de que invadirá a Taiwán si la isla se declara como estado independiente. En vísperas de la celebración del referéndum, el Gobierno chino anunció el aumento de los gastos militares un 18%, un incremento “desmedido” que fue interpretado por analistas internacionales como una amenaza directa a Taiwán para hacer presión sobre los resultados de la votación.
La competencia China-Taiwán respecto a sus relaciones exteriores es otro de los aspectos que tampoco parecen entrar en los planes de reconciliación de ambos territorios. Durante años, Taipei y Pekín se han disputado las relaciones diplomáticas con el exterior por medio de la “diplomacia de la chequera.” Es decir, comprando el reconocimiento de otros países mediante generosas ayudas y proyectos de cooperación.
Desde que el país quedó dividido en dos tras la guerra civil de 1949, el apoyo por parte de la comunidad internacional a una u otra parte ha ido fluctuando. En los primeros años, la mayoría de los países optaron por apoyar a Taiwán frente al comunismo de Mao. Y así fue hasta que, en 1971, la ONU abrió sus puertas a Pekín, lo que significó la expulsión de Taipei.  Entonces los papeles cambiaron. Poco a poco China ganó aliados, el país crecía ya de forma meteórica y era más conveniente tenerlo de aliado que como enemigo.
A día de hoy, Taiwán, cuenta únicamente con el apoyo diplomático de 23 pequeños países –frente a los 168 que reconocer a China--. Estos estados no tienen relaciones diplomáticas con la República Popular China. Entre estos 23 territorios figuran 11 países latinoamericanos (República Dominicana, El Salvador, Granada, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Saint Kitts, Nevis, San Vicente y las Granadinas) algunos africanos como Burkina Faso, Malawi y Gambia, y algunos pequeños países de Oceanía.
Olvidados los argumentos ideológicos, Taipei y Pekín, pasaron hace años a priorizar los económicos. Donaciones, préstamos, inversiones sin intereses. Latinoamérica y África  son los escenarios de esta nueva guerra de la chequera. Y mientras que en África y Pekín lleva clara ventaja China, en Centroamérica parecía afianzarse Taiwán.
No obstante, en los últimos años, y conforme ha ido aumentando el poder del gran gigante asiático, éste se ha convertido en un enemigo casi invencible.
El último movimiento de China en esta disputa diplomática se produjo el pasado noviembre y representó un doloroso revés para la isla: muchos países de Latinoamérica, el territorio más fiel a Taiwán, transfirieron su reconocimiento diplomático a China mediante un pacto de alianza que ha convertido al gran gigante asiático en el primer socio de Chile, el segundo de Perú y Brasil, el tercero de Argentina y un poderoso aliado energético de Venezuela, Ecuador y Colombia.
La actitud de EE.UU. en relación a Taiwán y su trato con China es poco transparente, EE.UU. siempre se ha mostrado cercano a la isla, y nunca ha manifestado ninguna oposición respecto a su status, no obstante tampoco es favorable a la independencia de Taiwán. Para EE.UU., la posición más cómoda es no involucrarse demasiado en el conflicto ya que no le interesa tensar sus relaciones con Pekín, ni tampoco apostar firmemente por la reunificación de ambos territorios, ya que ello fortalecería la hegemonía de la República Popular.


Una o dos Chinas


Tras instalarse en la isla en 1949, el KMT de Chiang Kai Shek se prolongó en el poder mediante un régimen autoritario. Y a finales de los ochenta, el partido lideró la transición democrática. Durante este período y hasta que en 2000 subió al poder el PDP,  el KMT mantuvo su retórica a favor de una China “libre”. Los demócratas taiwaneses, por el contrario, apostaron por dar un vuelco al discurso del KMT, siempre fijado en el continente, y defender que Taiwán era un miembro más de la comunidad internacional. Fue gracias a esta renovada retórica que el PDP, liderado por Chen Shui bian, lograría vencer en las urnas de las elecciones presidenciales en el año 2000 y mantenerse en el poder durante dos legislaturas, de las cuales la última se vio ensombrecida por la corrupción.
Paradójicamente, la evolución en las posiciones del PDP y el KMT propició el acercamiento entre los históricos enemigos. Para China, el KMT es hoy un partido mucho más próximo a sus intereses de lo que lo es el PDP, ya que el KMT es también partidario de una “sola China”, aunque esta sea concebida desde perspectivas distintas.
Los años de mandato del PDP tensaron notablemente las relaciones entre Taiwán y China. Pese a las advertencias del PCCh, nunca se descartó la eventualidad de que Chen realizara algún tipo de gesto o pronunciamiento por parte de Taipéi que pudiera derivar en la proclamación de independencia de la isla. La hostilidad de la República Popular hacia Taiwán se acentuó cuando, en 2004, en vísperas de las elecciones presidenciales, Chen anunció la posibilidad de convocar un referéndum sobre defensa nacional, calificado por el presidente como “Referéndum para la Paz”, en el que se consultaba a los votantes si Taiwán debería o no reforzar su sistema de defensa antimisiles ante la amenaza militar de China continental, y si el Gobierno debería o no sostener negociaciones con Pekín para establecer un mecanismo tendiente a restablecer las interacciones pacíficas entre los dos lados del Estrecho. Ambas preguntas no lograron alcanzar el 50% de participación, con lo que la votación fue anulada. A partir de ese momento, China intentó debilitar políticamente a Chen cuestionando sus palabras y movilizando toda su influencia para tratar de bloquear sus proyectos. El  incremento de inversión en material militar, el creciente despliegue de misiles orientados a la isla, y la proclamación de la Ley Antisecesión, en la que China  anuncia de forma explícita el uso de la fuerza en el caso de que el territorio intentara independizarse, dan prueba de ello.
La derrota del PDP en las elecciones presidenciales de marzo fue de diez puntos, una amplia diferencia que, según analistas internacionales, se debió en gran parte a dos aspectos  de la estrategia electoral en los que los soberanistas fallaron. El primero es que el PDP mostraba a China como una gran amenaza para Taiwán,  idea que la sociedad taiwanesa no acabó nunca de interiorizar ya que las relaciones económicas entre ambos territorios son muy fluidas y beneficiosas para la isla, y más de un millón de empresarios taiwaneses residen en el continente.  Y la segunda, relacionada con el reclamo por parte del PDP del ingreso de Taiwán en Naciones Unidas, una iniciativa que parece que muchos taiwaneses interpretaron como una amenaza para la estabilidad de la isla.


Ex presidente detenido por corrupción


El ex presidente Chen Sgui bian fue arrestado el pasado 12 de noviembre  tras ser acusado de corrupción por distintos crímenes: falsificación de papales oficiales, sobornos –entre ellos, se le acusa de haber robado 450,000 dólares del presupuesto estatal--. Al ser encerrado en prisión, Chen, quien en todo momento defendió que era inocente, inició una huelga de hambre, hasta que el 16 de noviembre y tras casi una semana sin comer, cayó muy enfermo y tuvo que ser ingresado en el hospital.
Otros políticos de su partido también han sido encarcelados sin acusación formal. La excusa oficial es riesgo de fuga.



Cronologia año  2008
20 de marzo: Toma posesión de la presidencia Ma Ying-Jeoi, del Partido Kuomintang KMT.

28 de mayo: El presidente chino, Hu Jintao, mantiene un encuentro con el vicepresidente taiwanés, Vincent Siew. Se trata del contacto de más alto nivel desde 1949. En la reunión se establecen más comunicaciones directas por aire, mar y tierra entre ambos territorios.


 


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