Anuario 2008
Irak
"El Gobierno se afianza en su búsqueda de la normalización del país"
Santi Justel Vázquez

El 27 de noviembre, el Parlamento iraquí aprobó el calendario para la retirada del Ejército norteamericano del país. 2011, si el plan se sostiene, es la fecha para la salida de EE.UU.; un paso más hacia la normalidad en Irak, en un final de año en el que, paralelamente a un notable descenso de la violencia, se han producido progresos políticos y económicos que dan esperanza al país.  El plan de retirada aprobado fue acordado previamente con EE.UU., el 17 de noviembre, después de unos meses de largas negociaciones entre el Gobierno de Nuri al Maliki y el de George Bush acerca de los términos y las fechas en las que se produciría el repliegue estadounidense. El Gobierno iraquí pasará a tener mecanismos de control sobre la actividad de las tropas de EE.UU. durante todo ese periodo, lo que supone que el Ejecutivo de Bagdad ganará soberanía, como ha venido haciendo al recuperar el control de distintas provincias y ciudades del país. El texto deja establecido un calendario progresivo: los soldados estadounidenses, cerca de 150.000, deberán salir de las ciudades y permanecer en las bases militares a partir de finales de junio del siguiente año, para abandonar definitivamente el país antes del 1 de enero de 2012. Más allá de esta fecha el acuerdo es poco claro acerca de si el Ejército norteamericano seguirá teniendo presencia militar en alguna base permanente.
La búsqueda de consenso se convirtió en un requisito de vital importancia en el proceso de normalización del país, que se vio amenazado por el conflicto entre el Gobierno de Al Maliki y las milicias chiíes de Al Sáder, la violencia de Al Qaeda y los restos de la insurgencia suní, en una sociedad que necesita de un difícil entendimiento entre chiíes, ahora en el poder, y con los suníes. El Ejecutivo de Al Maliki avanzó a lo largo del año en esa dirección, y también hacia una redefinición de las relaciones con Washington. El curso de los acontecimientos y los altos niveles de violencia a comienzos de año amenazaron con abortar todo el proceso, pero según pasaron los meses la situación mejoró, y Al Maliki, que había sido puesto en duda por todos, fue ganando peso como un político válido y hábil para hacerse cargo de la compleja transición iraquí.
El Gobierno de Irak se preparó en 2008 para ir recuperando el control total del país, y asumir el mando en la lucha contra la insurgencia. Según algunos expertos, el Ejército iraquí no estaría listo por el momento para afrontar la tarea en solitario, pero podría estarlo en la fecha límite para la retirada norteamericana. En cualquier caso, el plan de salida acordado permitirá que, a petición de Irak, un contingente estadounidense permanezca en Irak más allá de 2011 si fuese necesario.
     A finales de agosto, anticipándose al progresivo repliegue, EE.UU. devolvió a Irak el control sobre Al Anbar, una provincia de mayoría suní que fue bastión de la insurgencia y de Al Qaeda. Allí, en el que fue uno de los principales escenarios de conflicto, la violencia se redujo notablemente a lo largo del año. La estrategia militar que había iniciado el general estadounidense David Petraeus el año anterior parece haber conseguido los resultados esperados. La clave radicó en conseguir recursos, dinero y tropas, y tener presente que existían dos insurgencias, una local y una externa al país, financiada desde otros países y alentada por Al Qaeda. A partir de ahí, se trató de ganar para la causa de los ejércitos iraquí y norteamericano a los jefes tribales y a sus milicias, en definitiva, a la insurgencia nacional. Así, unos 90.000 milicianos, en su mayoría suníes, que fueron llamados “Hijos de Irak”, pasaron a combatir a Al Qaeda, ahora convertida en su enemiga. Washington se mostró en un principio escéptico con una estrategia que le obligaba a gastar 16 millones de dólares mensuales en salarios para estos milicianos, que hasta hace poco eran el enemigo. Pero los resultados, un notable descenso de la violencia y poner a Al Qaeda contra las cuerdas en muchas provincias del país, han diluido toda duda que pudieran tener los estrategas estadounidenses. Un paso importante hacia la pacificación del país. Y es que ganar aliados locales ha demostrado ser efectivo a la hora de localizar a un enemigo que la gente del lugar conoce bien: ha permitido mantener el control en numerosas zonas.
El presidente, Nuri Al Maliki, no se mostró como un ferviente partidario de estas milicias. Irak se prepara para gobernarse a sí mismo, y el Ejecutivo teme que los “Hijos de Irak” puedan ser un problema para la estabilidad del país en un futuro, cuando las tropas estadounidenses regresen a su país. En su lucha por conseguir normalizar la situación, Al Qaeda y la insurgencia no son el único problema al que tiene que hacer frente el Gobierno iraquí. La falta de consenso interno hace que el país se halle muy dividido, y haya que hacer esfuerzos para conciliar las diferentes voces de chiíes, suníes y kurdos.
En enero, el país modificó la ley que impedía el acceso de los ex miembros del partido de Sadam a la Administración, y un mes más tarde, el Parlamento aprobó una ley de amnistía que daba la libertad a miles de presos sospechosos de colaborar con la insurgencia. En noviembre, para dar su apoyo al plan de retirada del Ejército norteamericano, la minoría suní exigía otras medidas: la celebración de un referéndum para ratificar el calendario y los términos del repliegue estadounidense, garantías de que cesaría la persecución a los antiguos miembros del partido Baaz (que fue liderado por Saddam Hussein, desde su ascenso al poder en 1979) y la abolición del tribunal que condenó a muerte al dictador. Los suníes son ahora los que menos desean, sintiéndose débiles ante la mayoría chií del país, la marcha de los estadounidenses.
En el seno de los chiíes, las grandes divergencias internas son también un foco de inestabilidad para Irak. Uno de los grandes problemas que ha tenido que afrontar el Gobierno de Al Maliki durante 2008 fue el enfrentamiento con los seguidores de Múqtada al Sáder, un elemento más de conflicto que según los análisis internacionales menos esperanzadores parecía abocar a Irak a una guerra civil. El Ejecutivo iraquí intenta disolver las milicias que apoyan al clérigo, que representan el principal grupo armado fuera del control gubernamental, fervientes opositores a la presencia de EE.UU. en el país.
Los seguidores de Al Sáder no comparten el proyecto federalista que defiende el Ejecutivo de Al Maliki y lo acusaron de actuar en apoyo de su gran rival político, el Consejo Supremo Islámico de Irak (CSII), también chií, y de su milicia Al Báder. En marzo, tras la retirada del Ejército británico en Basora, provincia del país cuya capital, del mismo nombre, es la segunda ciudad del país, se recrudeció el conflicto que allí enfrentaba a los “saderistas” y al CSII. El Gobierno de Irak desplegó a su Ejército, con el objetivo de combatir las facciones que no respetasen la tregua, pero los partidarios de Al Sáder vieron en ello un intento de arrinconarles.
El enfrentamiento chií fue total a finales de marzo, una guerra abierta tras un alto al fuego que había sido renovado en febrero. El Ejército iraquí lanzó una ofensiva contra la milicia leal al clérigo chií (el Ejército del Mahdi) en Basora. El Gobierno de Al Maliki dio un ultimátum a los milicianos para su rendición, ofreciendo recompensas para quienes depusieran las armas. Al Sáder amenazó con hacer un llamamiento a la población para una sublevación civil, y sus milicias atacaron también instalaciones petrolíferas en Basora, principal puerto petrolero del país. La revuelta chií, con el objetivo de derrocar al Gobierno, se extendió a otros puntos país, con centenares de manifestantes mostrando su apoyo a la milicia chií y contra Al Maliki, al que instaron a responder a sus demandas por lo que consideran el maltrato a su grupo. El primer ministro iraquí afirmó que el Gobierno había decidido “reimponer la seguridad, la estabilidad y la ley”, y las tropas norteamericanas salieron en auxilio del Ejército iraquí en la ofensiva.
Después de varios días de intensa lucha en Basora, Al Sáder ordenó a sus seguidores que evitasen el enfrentamiento contra las fuerzas iraquíes, pidiendo el fin de toda manifestación armada, para así “evitar el derramamiento de sangre y preservar la unidad en Irak”. La calma volvió a Basora, aunque la violencia continuó en Bagdad en vísperas del quinto aniversario de la caída de Sadam, especialmente en Ciudad Sáder, el feudo chií en la capital del país. Entre tanto, el presidente Al Maliki continuó exigiendo la disolución de las milicias del Ejército del Mahdi. El 5 de mayo, el clérigo Al Sáder proclamó una tregua con el Ejecutivo iraquí, después de semanas de combate en Ciudad Sáder con decenas de muertos.
Una semana antes, una delegación parlamentaria iraquí había viajado a Teherán para negociar con el Gobierno iraní el fin del apoyo por parte del país vecino a Al Sáder y a su milicia. El Ejecutivo de Al Maliki, tras las dificultades de la ofensiva militar para desarmar a los milicianos, exploraba así la vía diplomática, aprovechando el buen momento en las relaciones bilaterales entre ambos países. A principios de marzo, el presidente de Irán se había desplazado a Irak en el que fue un viaje oficial cargado de significados: la primera visita a Irak de un presidente iraní desde la Revolución Islámica de 1979 y con la profunda herida que la guerra irano-iraquí (1980-1988) dejó. Ahmadineyad mostró su apoyo al Gobierno chií de Irak, adoptando una posición paternalista, y exigiendo la retirada de tropas extranjeras. En junio, Al Maliki devolvió la visita, y viajó a Teherán, donde el presidente iraní le ofreció ayuda en materia de seguridad. El presidente iraquí afirmó allí que su país no serviría de base para un eventual ataque de EE.UU. contra Irán.
La supuesta influencia, creciente, de Irán sobre Irak despertó muchos recelos entre los países árabes, que mantuvieron una posición distante frente a Irak. El Gobierno de Al Maliki se defendería afirmando su independencia y reprochó a los países vecinos la falta de respaldo económico en más de una ocasión. A finales de mayo se celebró, bajo el amparo de la ONU, la conferencia de Estocolmo, como continuación de la conferencia internacional sobre Irak que tuvo lugar en mayo de 2007 en Sharm-el-Sheikh (Egipto). Allí se reconocieron los progresos que tuvieron lugar en Irak. El comunicado final de la cumbre resaltó los avances esperanzadores en el combate del terrorismo y la violencia. Además, reclamó más respaldo hacia el país árabe, para que continuase por el mismo camino el proceso de reconstrucción, aunque sin comprometer nuevos acuerdos.  
En ese marco, el presidente Al Maliki hizo un llamamiento a la condonación de la deuda externa de su país (que asciende a 60.000 millones de dólares), a la abolición de las sanciones impuestas a Irak durante la dictadura de Saddam Hussein, y a un apoyo decidido a la soberanía del Estado, y la legitimidad del actual Gobierno. En agosto, el primer ministro libanés intentó vencer las reticencias de los líderes suníes de los países árabes, pidiendo que arroparan a Irak, pero el poderío de los chiíes en el país y la sombra de Irán impedirían mejoras significativas en las relaciones. Tampoco los esfuerzos diplomáticos realizados en abril por Condoleezza Rice, secretaria de Estado estadounidense, pidiendo a sus aliados de las monarquías del Golfo Pérsico que abriesen embajadas en Bagdad dieron sus frutos. Sólo Kuwait se comprometió hacerlo.
Irak progresó en 2008 buscando dejar atrás la guerra, y algunos indicadores económicos han mejorado. En cualquier caso, como señaló durante la Conferencia de Estocolmo el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, queda mucho por hacer, también en lo referente necesaria reconciliación nacional. En julio, el país se puso a la búsqueda de una nueva bandera para sustituir la antigua, vinculada por algunos de sus elementos con la dictadura y el partido de Sadam Husein. A finales de septiembre, el Parlamento aprobó por unanimidad la ley que regulará las elecciones provinciales a celebrar antes del mes de febrero de 2009 en la mayoría de las provincias iraquíes: un ejemplo de los intentos de normalización política del país.



Cronologia año  2008
12 de enero. El Parlamento iraquí modifica la ley que impedía el acceso de ex miembros del partido de Sadam a la Administración del país.


17 de enero. Un informe del FMI califica de esperanzadores los progresos acontecidos en Irak, pese a la violencia y la inestabilidad.


13 de febrero. Se aprueba la ley de amnistía que dejará en libertad a miles de presos sospechosos de haber colaborado con la insurgencia.

25 de marzo. El Ejército iraquí inicia una ofensiva contra la milicia del clérigo chií Múqtada Al Sáder, que amenaza con una sublevación civil. Se recrudecen los enfrentamientos.

30 de marzo. Al Sáder llama a sus seguidores a evitar enfrentamientos con las fuerzas iraquíes; la situación vuelve a una relativa normalidad.

7 de abril. Irak vive la jornada más violenta desde que el clérigo chií Múqtada al Sáder pidiera un alto el fuego a sus hombres. El primer ministro Al Maliki lanza un ultimátum para la disolución de la milicia.

10 de mayo. Al Sáder anuncia una tregua con el Gobierno iraquí, después de semanas de combates.

12 de junio. Bush reconoce que se excedió para justificar la guerra de Irak.

25 de septiembre. El Parlamento aprueba por unanimidad la ley que regulará las elecciones provinciales a celebrar en enero de 2009, y refuerza el sistema político.

17 de noviembre. Irak y EE.UU. pactan un plan de retirada de las tropas estadounidenses del país, después de meses de negociaciones.

27 de noviembre. El plan de retirada del Ejército de EE.UU. es aprobado por el Parlamento iraquí.

 


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