Anuario 2008
Irán
"El desafío nuclear internacional enmascara las debilidades internas"
Santi Justel Vázquez

“Pueden seguir emitiendo resoluciones por mil años”. Así respondía en marzo el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, a una nueva condena a su país por parte de la ONU. Irán sigue adelante con su carrera nuclear y no duda en afirmarse desafiante ante la comunidad internacional. Una nueva resolución sancionadora del Consejo de Seguridad de la ONU, que se suma a las de 2006 y 2007, no ha conseguido hacer desistir de su propósito a los dirigentes de la República Islámica, que consideran el desarrollo de tecnología nuclear un proyecto estratégico para el país. Una aspiración con fines únicamente civiles, pacíficos, continuó asegurando el régimen sin conseguir vencer los recelos que provoca en muchos países. En cualquier caso, su postura es firme.
Por su estratégica situación, su riqueza en recursos naturales y su dinámica, joven y preparada población, Irán parece llamado a ocupar su anhelado estatus como potencia de la región. Pero dentro de sus fronteras, el Gobierno iraní no parece aprovechar las posibilidades del país. La desfavorable situación económica que arrastraba la República Islámica fue uno de los factores que motivó la elección de Ahmadineyad como presidente en 2005. En 2008, la economía siguió débil, muy dependiente del petróleo, y el crecimiento comenzó a estancarse. La inflación, que era cercana a un 15%, subió algunos puntos más, y el paro, aunque el Gobierno lo situó en el 11%, sería algo superior según los cálculos de otros expertos.
A su vez, la política radical en el plano de lo ideológico favoreció la cada vez más grande fractura entre la sociedad real y el sistema político vigente. La moderna sociedad iraní parece ir por otro camino que sus gobernantes. Pero, mientras, el actual Ejecutivo prosigue su mandato, gobernando con relativa comodidad pese al creciente descontento. Todo ello es posible gracias a una oposición a la que el sistema deja sin apenas voz y también gracias al enorme poder del que gozan las autoridades religiosas y las instituciones no electas. Mecanismos nada democráticos que actúan como garantía para salvar los estrictos principios religiosos de la Revolución Islámica de 1979.


Aspiraciones nucleares
El país quiere erigirse en una potencia regional, convirtiéndose en un actor relevante en la escena internacional. Sin embargo, el camino elegido por el actual régimen ultraconservador de Ahmadineyad le vale la condena de la comunidad internacional, que teme la posibilidad de que Irán se haga con la bomba atómica. Un temor común en la mayoría de sus países vecinos del Golfo, ante el creciente papel protagonista de Irán en la zona, sus aspiraciones nucleares y las tensiones entre el país persa y EE.UU.
El Gobierno norteamericano, que no quiere un enfrentamiento directo con Irán, buscó sumar el rechazo de los países vecinos al régimen iraní para conseguir aislarlo. Pero las ricas monarquías del golfo Pérsico se negaron a formar un frente común contra el país persa, tal y como reclamaba Washington, buscando evitar desafiar al régimen de Ahmadineyad.
A comienzos de año, y también en junio, la ONU detectó nuevas zonas oscuras en el plan atómico iraní, supuestos estudios de fabricación de cabezas nucleares. Nuevos argumentos para que las principales potencias del Consejo de Seguridad, más Alemania, acordaran una nueva resolución contra Irán en la que exigían más cooperación y que pusiera fin al enriquecimiento de uranio. Rusia, que hasta el momento rechazaba las sanciones económicas impuestas a Irán, debido a los flujos comerciales que Moscú mantiene con Teherán, cambió de postura: advirtió al Gobierno de Ahmadineyad de que debía ofrecer más colaboración a la ONU y, en mayo, comenzó a aplicar a Irán algunas de las sanciones incluídas en las resoluciones de Naciones Unidas.
El 4 de marzo el Consejo de Seguridad aprobó por amplia mayoría la nueva resolución sancionadora (la 1803) que abrió la puerta a nuevas medidas contra las finanzas iraníes: restricciones al comercio de bienes civiles y militares con la República Islámica, y vigilancia de las actividades financieras de dos bancos, el Bank Melli y el Bank Saderat. El Gobierno iraní insistió en que el desarrollo de tecnología nuclear es para uso civil, pero la comunidad internacional no cree ese discurso. La posible consecución del arma nuclear es vista como una vía rápida para que Irán adquiera su anhelado estatus de potencia de la zona. La presión sobre el país se hizo más fuerte; no obstante, EE.UU., Francia y Reino Unido continuaron insistiendo a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU en la necesidad de adoptar posiciones aun más duras.
Aunque la economía iraní es frágil y vulnerable frente a las sanciones, la posibilidad de nuevas medidas contra las finanzas del país no hizo cambiar sus planes al Gobierno iraní, como tampoco lo habían hecho las resoluciones aprobadas en diciembre de 2006 (la 1737) y marzo de 2007 (la 1747). Buena parte de la población iraní que no aprueba la política de Ahmadineyad, sí que lo respalda en este punto. Este aspecto no pasa desapercibido para el régimen, y por ello Ahmadineyad sigue con su discurso antioccidental, buscando salir legitimado y fortalecido ante su población a través de una de las pocas vías que le ha dado resultados: insistir en la imagen de Irán como víctima de una campaña de la comunidad internacional, que se opone a que el país culmine sus aspiraciones nucleares.
La situación siguió estancada en un continuo tira y afloja, pero vivió, al comienzo del verano de 2008, un momento de relativa calma diplomática, hasta que nuevos conflictos complicaron otra vez el entendimiento entre las partes. Irán, acorralado por la comunidad internacional, amenazó con cerrar el estrecho de Ormuz en caso de conflicto, lugar de paso clave para las exportaciones de petróleo de los países del golfo Pérsico, y llegó a realizar pruebas de misiles en su territorio.
La dimisión de un alto cargo militar de EE.UU., el almirante William Fallon, crítico con la estrategia seguida por los norteamericanos en Irán, ya había hecho surgir más dudas, en la primavera de 2008, acerca de lo acertado o no de la actitud estadounidense en la zona. Menos diplomacia y más sanciones a Irán no han hecho sino favorecer que las voces más extremistas ganaran peso en el país.
En ese contexto, EE.UU., que no parece desear un nuevo conflicto en la zona, se planteó en julio un cambio de política: abrir una nueva fase de diálogo. Ahmadineyad afirmó estar dispuesto a reunirse con Bush. La reunión entre ambos presidentes no se llegó a producir nunca, pero sí otra de importancia: una cumbre a dos bandas entre la UE e Irán, con la presencia del “número tres” del Departamento de Estado estadounidense, William J. Burns. Fue un paso adelante, y así lo reconoció Irán, pero durante la reunión no se avanzó hacia una solución definitiva.
En la cumbre, que se celebró el 22 de julio, Javier Solana, presentó en nombre de la UE y el 5+1 (los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la, ONU más Alemania) una oferta de incentivos a Irán, incluyendo beneficios diplomáticos y económicos a cambio de detener el enriquecimiento uranio. La propuesta se sumaba a otra presentada el mes anterior. Teherán respondió de forma negativa a ambas propuestas, rechazando condiciones previas para empezar a negociar.

En la recta final del año, la crisis económica y las elecciones norteamericanas relegaron el enfrentamiento de EE.UU. con Irán a un segundo plano.  El conflicto parece estar a la espera de ver la política que el próximo presidente de EE.UU., Barack Obama, adopta hacia la República Islámica. El presidente electo estadounidense recibía la felicitación de Mahmud Ahmadineyad. Fue la primera vez que un dirigente iraní hizo un gesto de este tipo desde la Revolución Islámica de 1979. Un paso simbólico para el entendimiento de las partes. Obama, si bien ha dejado clara su oposición a los planes nucleares iraníes, se ha mostrado partidario del diálogo con el Gobierno de Ahmadineyad. Según expertos en la región, un presidente de EE.UU. dispuesto a reconocer como actor legítimo a la República Islámica podría poner en evidencia a los sectores más ultraconservadores, a quienes sin duda beneficia el estado de permanente confrontación que permite culpar a EE.UU. de todos sus males. La llegada de Obama podría favorecer la normalización de las relaciones entre ambos países, un deseo muy extendido entre la población iraní. Algunos observadores incluso consideran que la presidencia de Obama podría ser la salida para la crisis nuclear. Según ellos, la principal preocupación de los poderes iraníes no sería el programa atómico, sino el garantizar la supervivencia del régimen, y eso pasaría, simplemente, por obtener un firme reconocimiento internacional hacia la República Islámica.

La fractura entre la sociedad iraní y su sistema político
La brecha que separa a buena parte de la sociedad iraní del sistema político es grande. La política ideológica y religiosa del Gobierno genera descontento entre la población, que se suma al provocado por la poco favorable situación económica. Pero Ahmadineyad cuenta con el apoyo de los poderes religiosos y militares del país, y éste, en Irán, es un apoyo decisivo. Todas las candidaturas a las elecciones parlamentarias y presidenciales se someten a la aprobación del Consejo de Guardianes de la Revolución, que elimina a los no islámicos y los más reformistas.
El próximo año Irán celebrará elecciones presidenciales. Todo apuntaba a una reelección del actual presidente, Mahmud Ahmadineyad; sin embargo, las cosas han cambiado. El desplome de los precios del petróleo ha complicado aún más la economía del país y hace cuestionar la política del Gobierno. La posición del presidente se ha debilitado en gran medida, y su victoria en la próxima cita con las urnas ya no se da por segura, y los conservadores barajan presentar otras candidaturas menos radicales. Mientras, la oposición vigila, y los reformistas intentan reorganizarse.
La situación no era a final de año favorable para el actual Gobierno conservador. Unos meses antes, en marzo, la sociedad iraní acudió a las urnas para elegir a su Parlamento en marzo, en una cita que se prevé haya sido mucho más fácil para Ahmadineyad que la que en 2009 tiene por delante. El veto previo dejó fuera a buena parte de los candidatos, y por ello las elecciones no suscitaron apenas interés entre la población. No se esperaban sorpresas, y no las hubo: los ultraconservadores ganaron más poder. La corriente reformista consiguió la aprobación de apenas dos centenares de candidatos. Así, aunque muchos de los sectores descontentos con Ahmnadineyad hubiesen querido castigarlo, difícilmente podían hacerlo. La falta de respuesta a sus problemas económicos y el veto a la mayoría de los candidatos reformistas hizo perder a muchos iraníes su confianza en el sistema. “La única duda que se plantea es cómo van a repartirse los escaños entre los conservadores”, explicaba a el diario “El País” Javad, un simpatizante reformista, para justificar su decisión de no votar.
La apatía se tradujo en una participación cercana al 51% de la población, y pudo ser un mensaje a un régimen que parece no querer escuchar: cierra filas y se acomoda en su amplia mayoría y en su escasa voluntad por renovar el sistema.  El 26 de abril de 2008, la segunda vuelta de las elecciones determinó la composición definitiva del Parlamento iraní. La participación fue similar a la de la primera vuelta; la cita sirvió para confirmar la predecible victoria conservadora.

Una economía que desaprovecha su potencial
El protagonismo acaparado por el proyecto nuclear iraní y las discrepancias con la comunidad internacional no pueden hacer olvidar la compleja situación interna del país. Ahmadineyad y su Gobierno tuvieron y tienen que afrontar muchos otros problemas. Entre ellos una inflación descontrolada, que rondaba el 15% según cálculos del Banco Mundial, pero se disparó en agosto a un 22,3% según datos del Banco Central.
Las clases más bajas de la sociedad iraní, que junto a los grupos religiosos conservadores contribuyeron decisivamente a la elección del actual presidente, vieron cómo su situación mejoraba tan solo en algunos aspectos. Las desigualdades sociales se redujeron parcialmente, pero una gran clase media, que se había beneficiado de un periodo favorable en la anterior presidencia del reformista Jatami, sufre la pérdida acelerada de poder adquisitivo. Como medida, el Gobierno se plantea ahora quitar varios ceros a su moneda, y cambiarle el nombre, pero a juicio de expertos económicos eso no servirá de nada si el Ejecutivo no se centra primero en controlar la inflación.
La debilidad de la economía es uno de los principales problemas de Irán. El índice de crecimiento se ralentiza. La República Islámica parece no aprovechar todas sus potencialidades: riqueza de recursos de gas y petróleo (las segundas reservas del mundo), una población joven (un 70% de la población tienen menos de 30 años) y cualificada. La economía iraní no avanza, y está muy por debajo de su potencial. El índice de desarrollo (IDH) del país es medio, el Gobierno de Ahmadineyad parece no haber aprovechado los beneficios obtenidos gracias a un petróleo que estuvo, hasta finales de este año, a precios muy elevados.
     La dependencia del petróleo es demasiado elevada, el desempleo juvenil es uno de los mayores de la región y siguen existiendo importantes desigualdades sociales. Problemas a los que se les suman los derivados de tener que hacer frente a las elevadas demandas energéticas del país, que pusieron en aprietos durante 2008 a la economía iraní. Una gran paradoja teniendo en cuenta la riqueza del país en recursos energéticos. Pero esa abundancia no va acompañada de una alta capacidad para refinar el crudo e Irán, cuya población está acostumbrada al derroche energético, debe acudir al mercado exterior para comprar combustible suficiente para abastecer la demanda de su población. Este proceso disminuye su margen de beneficios, y castiga las cuentas del país, que sufren además las sanciones aplicadas por la comunidad internacional a las finanzas iraníes.



Cronologia año  2008
23 de febrero. Un informe de la OIEA (Organismo Internacional de la Energía Atómica de la ONU) advierte de la existencia de nuevas “zonas oscuras” en el programa nuclear de Irán.

4 de marzo. El Consejo de Seguridad de la ONU refuerza las sanciones contra Teherán.

15 de marzo. Elecciones parlamentarias en Irán. Los ultraconservadores ganan más poder, haciéndose con el 70% del Parlamento.

8 de abril. Irán anuncia la instalación de 6.000 nuevas centrifugadoras.

26 de abril. Segunda vuelta de las elecciones legislativas para cubrir los 82 escaños (de un total de 290) que quedaron pendientes el 14 de marzo.

14 de junio. El grupo del 5+1 (los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) presenta una propuesta de incentivos económicos y políticos a Irán a cambio de la paralización del proceso de enriquecimiento de uranio.

9 de julio. Irán realiza pruebas de misiles que elevan nuevamente la tensión en la zona, y la preocupación de Israel y de  la comunidad internacional.

19 de julio. Cumbre entre la UE e Irán, con la presencia del “número tres” de EE.UU. Se avanza por la senda diplomática.

22 de julio. Nueva propuesta de incentivos del 5+1 a Irán.

5 de agosto. Irán rechaza las propuestas de incentivos del 5+1, descartando paralizar su proyecto.

 


Periodismo Internacional © 2022 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull
Aviso legal | Política de protección de datos | Política de Cookies