Anuario 2008
Ucrania
"Kiev prosigue su lento camino hacia Occidente con la vista puesta en Moscú"
Carlos Salmerón

El presidente ucraniano, Víctor Yuschenko, firmó en Ginebra el pasado dos de febrero el protocolo de ingreso de su país en la Organización Mundial del Comercio (OMC), primer paso de lo que ese país considera un inevitable viaje hacia la Unión Europea (UE). Así se desprendía de las declaraciones, unos días antes de acudir a Ginebra, de Víctor Yuschenko: “Este será el primer ejemplo de cómo Ucrania formalmente se integra en el mundo occidental'. La adhesión fue ratificada por la Rada Suprema de Ucrania, el Parlamento del país, el 10 de abril con los votos a favor de 411 de los 450 diputados que la conforman.
Para Ucrania, el ingreso en la OMC supone un gran avance en el camino hacia la integración europea. Además el país espera que el estatus de miembro pleno de la OMC le ayude a pactar la creación de una zona de libre comercio con la Unión Europea, lo que eliminaría los aranceles y potenciaría la cooperación económica entre Ucrania y los miembros de la Unión Europea. El avance hacia la creación de esta zona de libre comercio, que originalmente debía ser negociada en abril, pero que fue pospuesta hasta septiembre por la inestabilidad del Gobierno ucraniano, es vista por los proeuropeos de ese país como un acercamiento más a una posible integración en la UE.
A pesar del optimismo que se respira entre la clase política ucraniana, los dirigentes de Europa Occidental se muestran escépticos ante la idea de una adhesión a medio plazo de Ucrania, aunque son plenamente conscientes de las ventajas que supondría la inclusión de ese Estado como nuevo miembro: es un país de tránsito del gas que proviene de Rusia, una potencia económica con gran potencial de crecimiento y un socio comercial importante. Además, con la entrada en la UE se podría estabilizar un país determinante en la política de seguridad de la frontera oriental europea.
En la cumbre UE-Ucrania celebrada a finales de febrero en Kiev, capital de Ucrania, quedó patente que existe una división entre los integrantes de la UE respecto a la admisión a medio plazo de Ucrania. Los representantes de los Estados de Europa central, encabezados por Polonia, abogan por la rápida adhesión, mientras que los representantes de Europa occidental creen que, aunque ya se estén dando los primeros pasos, todavía es pronto. Rainder Steenblock, diputado alemán, lo expresó así: “La puerta está abierta, pero está situada en el séptimo piso y, por ahora, Ucrania está en la planta baja”.
Ucrania aún debe convencer a los Estados de la UE de su estabilidad política, que quedó seriamente en entredicho cuando el pasado 8 de octubre Víctor Yushchenko anunció que abandonaba la coalición parlamentaria, después de que el bloque de la primera ministra, Yulia Tymoshenko, apoyara en septiembre, en la Rada, un proyecto de ley que restaba facultades al presidente y simplificaba el procedimiento para su impugnación. Yuschenko la acusó de intentar implantar 'una dictadura del primer ministro' y de 'traición' al sellar un pacto secreto con la principal formación opositora, el partido del ex primer ministro Viktor Yanukovich. Desde entonces, la primera ministra solicitó en varias ocasiones su regreso a la coalición, y Yushchenko exigió que la primera ministra rechazara el proyecto de ley y apoyara a Georgia en su conflicto con Rusia por el control de Osetia del Sur. Tymoshenko dio por finalizada la crisis política de Ucrania el pasado 10 de diciembre con la creación de una nueva coalición en la Rada, compuesta por el Bloque Yulia Tymoshenko, la mayoría de los diputados del Bloque Nuestra Ucrania, de Víctor Yushchenko, y los del bloque del ex presidente parlamentario, Vladimir Litvin.
Debido a su situación geográfica, Ucrania está destinada a entenderse con Rusia a pesar de sus aspiraciones europeístas. Los diplomáticos europeos son muy conscientes de esta situación y saben perfectamente que la entrada de Ucrania en la Unión Europea pasa por un entendimiento previo y aceptación de esa nueva realidad por parte de Rusia. La UE padece una fuerte dependencia de los recurso energéticos rusos, por lo que no está dispuesta a provocar tensiones graves en sus relaciones con Rusia. En relación a la incorporación de Ucrania, el secretario de Estado de Asuntos Europeos, Jean-Pierre Jouyet, alega que “nosotros no prejuzgamos la integración de Ucrania, pero consideramos que la estabilidad del continente europeo es prioritaria. Debemos alimentar la cooperación entre la UE y Ucrania y establecer una fuerte asociación entre Rusia y Europa”.
El pasado 9 de septiembre, durante la nueva cumbre UE-Ucrania celebrada en Evian, Francia, la Unión Europea reconoció a Ucrania como 'país europeo, que comparte con los países de la UE historia y valores'. Le ofreció un Acuerdo de Asociación que pretende estrechar las relaciones con Ucrania, pero que no garantiza  la entrada en un futuro a la Unión. La cancillera germana, Angela Merkel, puntualizó que 'Lo de 'miembro asociado' no es un estatus, sino un calificativo del nuevo acuerdo. No se lo debe confundir con la perspectiva concreta de ingreso, pero sí supone un acercamiento bastante estrecho a la UE a través de nuestra política de vecindad”. A su vez, Nicolas Sarkozy, como presidente de turno de la UE, argumentó que “es lo máximo que podíamos ofrecer” por ahora, pero que la UE “no se cierra ninguna puerta' a Ucrania.

Relación con Rusia
Ucrania ha necesitado 15 años de difíciles negociaciones para conseguir acceder a la Organización Mundial del Comercio, y lo ha hecho antes que la otra gran economía postsoviética, Rusia. A partir de ahora, Ucrania podría presentar exigencias económicas en las conversaciones sobre la adhesión de Rusia a la OMC, como reclamar la revisión a la baja de los precios del gas que le suministra Rusia y aumentar la tarifa de tránsito del mismo a través de su territorio, idea que sostiene Alexei Makarkin, subdirector del Centro de Tecnologías Políticas de Rusia. Aunque, por el momento, Kiev no ha presentado exigencias algunas, y ante dicha posibilidad Yushchenko se apremió a aclarar que apoyan “plenamente a la Federación Rusa en su camino a la OMC. Ucrania hará todo lo que pueda para que el proceso de ingreso se complete a la brevedad posible', dijo el presidente ucraniano al Consejo General de la OMC en Ginebra. Lo cual no ha disipado el temor del Kremlin a que Ucrania pueda poner nuevos obstáculos a su llegada a la OMC.
La oposición de Rusia a este nuevo acercamiento de la república ex soviética a Occidente ha sido menor que respecto a las negociaciones para la integración de Ucrania y Georgia en la OTAN, promovida por Estados Unidos. El pasado mes de abril, inmediatamente después de la oferta estadounidense, el entonces presidente ruso, Vladimir Putin, habló de la fragilidad de Ucrania y cómo un acercamiento a Occidente podría generar tensiones secesionistas de la minoría rusa que habita en el país.
Desde entonces, Ucrania teme que el Kremlin pudiera proceder en Crimea (territorio de mayoría rusa cedido por el Kemlin en 1954 a Ucrania, que seguirá siendo base de la flota rusa del Mar Negro hasta 2017)  como hizo en Abjasia y Osetia del Sur durante el mes de agosto se ha extendido entre la clase política ucraniana, que ha redoblado sus esfuerzos por adecuarse a las premisas exigidas desde Bruselas para poder acceder a la Unión Europea.
En la península de Crimea se sitúa un puerto de importancia estratégica para la Marina rusa: Sebastopol. –Oficialmente es territorio ucraniano, pero alrededor del 80% de la población de origen ruso, con ciudadanía rusa–. Al igual que en Georgia, la tendencia prooccidental del Gobierno ucraniano no gusta en el Kremlin. Esta situación se vio agravada cuando el presidente Yushchenko se solidarizó con Tiflis durante la guerra contra Rusia, y denunció que barcos de la flota del Mar Negro anclados en Sebastopol partieron hacia Georgia para participar en la guerra. Ucrania también intentó replantear los acuerdos que permiten a Rusia utilizar Crimea como enclave para dicha flota.

Por qué una guerra del gas
Rusia sigue considerando que los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) –organización supranacional compuesta por 10 ex república soviéticas– forman parte de su zona de influencia directa, aunque no todos los Estados miembros del CEI gozan del mismo trato por parte de Rusia. Algunos, como Georgia,  son consideradas por Moscú regiones menores que pueden ser controladas y sometidas militarmente si es necesario, como quedó demostrado durante el conflicto del pasado agosto. Ucrania se beneficia de un trato diferencial y preferente, ya que es percibida por los rusos como una nación eslava hermana que ha sido parte del Imperio ruso desde su misma creación. Por ello, y a pesar de las amenazas del ex presidente Vladimir Putin, la política adoptada por el Kremlin para refrenar las aspiraciones europeístas del Gobierno ucraniano no han contemplado  la confrontación directa, como sucedió en Georgia.
En este caso, Rusia ha preferido hacer uso de la economía como arma disuasoria, aumentando el precio del gas considerablemente y exigiendo el pago de las deudas acumuladas por su suministro. Ante la presión, el Gobierno de Ucrania decidió desviar, robar, gas de los gasoductos rusos que cruzan su territorio, o así se denunció desde Moscú. Aunque el Gobierno ucraniano no reconoció explícitamente el robo, devolvió parte de 1.400 millones de metros cúbicos de gas Rusia, que exigía su pago. Esta situación de tensión continua con Rusia desestabilizó el suministro energético de Europa y alimentó las diferencias ya existentes en el seno del Gobierno ucraniano, lo que repercutió en las negociaciones para la adhesión de Ucrania en la UE, retrasando todo el proceso ya que la Unión no está dispuesta a incluir a un país políticamente inestable y en conflicto con su principal suministrador de gas, Rusia.


La inacabable guerra del gas


El primer vicepresidente del Gobierno ucraniano, Alexander Turchimov,  afirmó que a finales de febrero se pagaron más de 1.000 millones de dólares en concepto de cancelación de la  deuda contraída por el suministro de gas en 2007.
La primera semana de marzo, Gazprom acusó al Gobierno ucraniano de desviar parte del gas que pasaba por su territorio, por lo que redujo a la mitad los envíos de gas a Ucrania, y exigió a Kiev abonar los pagos por el combustible sustraído ilegalmente en los dos primeros meses del año. –600 millones de dólares por 1.900 millones de metros cúbicos–. Ucrania negó la acusación del Kremlin, pero el 13 de marzo anunció que bombearía 1.400 millones de metros cúbicos de gas a Rusia en concepto de devolución del gas que los rusos reclamaban, y acordó que saldaría el resto de la deuda reduciendo los impuestos que Kiev percibe por el paso del gas ruso por su territorio.
Poco antes de que finalizara el año, Rusia reclamó el pago de una nueva deuda, esta de 1.500 millones de dólares, por el suministro de los últimos meses de 2008, y amenazó con nuevos cortes de suministro. El 31 de diciembre, Ucrania rechazó la oferta rusa para establecer un precio para el suministro de gas de 2009. El Kremlin proponía un precio de 250 dólares por cada 1.000 metros cúbicos de gas, bastante inferior al precio de mercado, que supera ampliamente los 300 dólares, pero Ucrania lo consideró excesivo e inaceptable.
Ambas partes siguen negociando un acuerdo, por lo que la disputa por establecer una nueva tarifa proseguirá en 2009. Mientras tanto, desde Rusia siguen las amenazas de corte del suministro si Ucrania no acepta su oferta y si continúan las perdidas de presión en las tuberías de gas en territorio ucraniano como denuncia Gazprom.



Cronologia año  2008

 


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