Anuario 2008
Rusia
"Putin garantiza la continuidad de su política tras colocar a Medvedev en la presidencia"
Carlos Salmerón

Rusia ha sufrido una reestructuración política en 2008. Dimitri Medvedev fue elegido nuevo presidente de la Federación sucediendo a Vladimir Putin, actual primer ministro, pero no antes de que éste modificara y potenciara las atribuciones de su nuevo cargo para continuar manteniendo un firme control de las decisiones políticas del país. Vladimir Putin se aseguró así de que, a pesar del cambio nominal de presidente, todas las acciones políticas se mantuvieran en una línea continuista con las que él había desarrollado durante las dos legislaturas anteriores. Todo apunta a que el nuevo jefe de Estado ruso podría ser una mera figura de tránsito dispuesta por Putin para que le allane el camino ante un eventual regreso a la cúspide de la política rusa. Para ello reforzó sus futuras atribuciones como primer ministro antes de abandonar el cargo de presidente, y encargó a su sucesor poner en práctica una serie de reformas constitucionales que había elaborado años antes, pero que no había querido plantear debido al precio político que podrían suponer. Reforma que logró salir adelante sin dificultades, ya que el partido de Putin, Rusia Unida, ocupa más de dos tercios de los escaños del Parlamento.
Opaca y sin garantías, la democracia rusa es tan sólo nominal. La oposición prácticamente es inexistente, y los pocos que se atreven a criticar abiertamente al Gobierno son silenciados e ignorados por unos medios de comunicación estrictamente controlados desde el Kremlin. Aunque la dinámica política de la Federación Rusa tiende, cada vez más, hacia la de un Estado autoritario liderado por Putin y sus colaboradores, la población rusa apoya firmemente a sus dirigentes, y cree que lo que le conviene a Rusia es un líder fuerte, Vladimir Putin, que haga frente a los desafíos internacionales y favorezca el desarrollo económico del país. Opinión que se ha visto reforzada tras la gestión del primer ministro de la crisis con Georgia, y las tensiones por el gas con Ucrania.
Las acciones diplomáticas estadounidenses en países de la Comunidad de Estados Independientes son vistas por el Kremlin como una agresión directa a los intereses rusos. La creciente expansión de la OTAN hacia el este y la instalación de nuevos elementos del escudo antimisiles estadounidense en territorio de Polonia y de República Checa, han sido motivo de tensión entre Estados Unidos y Rusia a lo largo del año. El momento más tenso en las relaciones internacionales rusas de este año tuvo lugar el 8 de agosto cuando se inició un conflicto armado entre Rusia y Georgia por el control de las regiones secesionistas georgianas, Osetia del Sur y Abjasia, y como respuesta al intento de adhesión a la OTAN de dicho país. Moscú derrotó a las fuerzas georgianas, reconoció unilateralmente la independencia de ambas regiones, y dejó claro que no tolerará la adhesión de Georgia ni ninguna otra república ex soviética, a la OTAN, exceptuando las tres repúblicas bálticas que ya son miembros.
Por motivos similares también se ha visto envuelta en una guerra económica por el precio del gas con Ucrania. Rusia presionó duramente al Gobierno ucraniano para que saldara las deudas pendientes, acumuladas en 2007 y parte de 2008, y aceptara un sustancial incremento del precio del gas que le suministra. Estas medidas respondían al acercamiento del Gobierno de Yushchenko a la Unión Europea, así como a la tentativa a aceptar la oferta adhesión a la OTAN  lanzada desde Washington en abril.
En 2008 Rusia ha incrementado notablemente sus contactos diplomáticos, comerciales y militares con los países latinoamericanos, a los que Estados Unidos considera su patio trasero. Moscú ha reforzado su presencia en Brasil, Perú, Argentina y  Chile, pero sobre todo, con Venezuela, que se ha convertido en su socio preferente en la zona, y que encabeza el frente de resistencia contra los intereses norteamericanos en Latinoamérica. Por motivos idénticos se ha esforzado por recuperar las relaciones con La Habana, que prácticamente habían cesado con el derrumbamiento de la URSS.
Aunque posee un índice de crecimiento económico muy elevado en comparación con otros países, alrededor del 6% en 2008, la economía rusa esta poco desarrollada y más del 60% de sus ingresos provienen de la industria energética. La caída del precio del petróleo, de 147 dólares el barril en agosto a 45 en diciembre, la ha afectado profundamente la economía rusa. Tampoco ha podido escapar a la crisis financiera mundial, aunque gracias a sus reservas de oro y divisas pudo suavizar el impacto inicial, y hacer frente a la fuerte caída del rublo frente al dólar. Gracias a esas reservas, también ha podido resistir la amenaza de una devaluación descontrolada de su moneda, como la que sufrió en 1993, y ha podido gestionarla para que se produzca de manera gradual y controlada.


Un curioso relevo al frente del Kremlin


El pasado siete de mayo, Dimitri Medvedev juró el cargo como nuevo presidente de Rusia prometiendo defender la Carta Magna y los derechos de los ciudadanos, en una fastuosa ceremonia en el Kremlin. Sucedió a su mentor, Vladimir Putin, cuyo mandato expiraba a las 12 del medio día de esa misma jornada.
La contundente victoria de Medvedev en las elecciones presidenciales de marzo de 2008 también representó la victoria del presidente saliente Vladimir Putin, pues con el control de la Duma, parlamento ruso, a través de su partido, Rusia Unida, tenía asegurado su posterior nombramiento como primer ministro en cuanto su sucesor lo propusiera para el cargo, ya que en el actual sistema político ruso los diputados del Parlamento son los responsables de aprobar o rechazar la candidatura propuesta por el jefe de Estado. Aun así, en Rusia el presidente es omnipotente: nada le hubiera impedido presentar una segunda vez la candidatura de primer ministro rechazada y luego una tercera. Si el legislativo no la aprueba puede disolver la Cámara y nombrar a su jefe de Gobierno. Pocas horas después de su investidura como presidente de la Federación Rusa, Medvedev propuso a su antecesor como jefe de Gobierno, un día después la Duma ratificaba la candidatura. -votaron a favor 392 diputados, hubo dos abstenciones y 56 votos en contra, todos ellos del Partido Comunista-.
Aunque insólito, el nombramiento de Vladimir Putin como primer ministro no pilló por sorpresa a los críticos del Gobierno ruso, pues ven su nombramiento como una manera de perpetuarse en una posición de poder y notoriedad, que le abra las puertas y lo mantenga en activo para ejercer un tercer mandato en cuanto finalice el de Medvedev, en 2012. La Constitución de Rusia deja claro que ningún presidente puede permanecer en el Gobierno durante más de dos legislaturas seguidas, en total ocho años, pero no dice nada al respecto de presentarse una tercera vez si se ha producido una alternancia en la presidencia, aunque el ex presidente en cuestión ya haya ejercido esas dos legislaturas consecutivas estipuladas en la Carta Magna.
Durante su primer medio año de mandato presidencial, Medvedev se ha preocupado por mantener una línea de acción similar a la del ex presidente, lo que concuerda con la idea de la mayoría de observadores internacionales que ven la legislatura del nuevo presidente como un mero trámite transitorio para el retorno del ex presidente en 2012. Las pautas generales de Gobierno establecidas por Putin en sus ocho años como jefe de Estado se han mantenido prácticamente inamovibles: en lo que a política exterior se refiere, el Gobierno continúa dando prioridad a los países que forman parte de la Comunidad de Estados Independientes -asociación de Estados surgida de la desmembración de la Unión Soviética, compuesta por 10 de las 15 repúblicas ex soviéticas- y a la apertura de nuevas relaciones político-militares y económicas con países latinoamericanos y asiáticos. Dentro de sus fronteras, la situación no ha cambiado, el Gobierno sigue escudándose tras el notable avance de la economía para minimizar el impacto de graves problemas de la herencia soviética: la carencia de instituciones sólidas, un centralismo asfixiante, la inexistencia de medios de comunicación libres y críticos, un proteccionismo feroz sobre los intereses de la oligarquía político-económica, así como los atropellos cometidos por el poder central en contra los grupos de oposición.

Un cargo a la medida de Putin
Durante sus últimos meses como presidente, Putin amplió y potenció el cargo de primer ministro y su peso específico dentro del Gobierno de Rusia, para que se adecuara más a un hombre de sus ambiciones. Así lo indica el decreto que firmó el pasado 28 de abril, diez días antes de abandonar la presidencia, que le permitiría, en calidad de primer ministro, controlar a los gobernadores provinciales, aunque su nombramiento y destitución siga siendo privilegio del jefe del Estado. No se trata de un detalle sin importancia, ya que estos gobernadores son la cadena de transmisión del poder de Moscú sobre la inmensa periferia del país. Putin enmendó, así, su propio decreto -promulgado durante la segunda etapa de su presidencia y que abolía la elección por sufragio de los gobernadores regionales, en favor de la designación directa del presidente- para que los dirigentes provinciales efectúen su rendimiento de cuentas anual ante el Gobierno central y no ante la presidencia. Ahora el primer ministro se encargará de hacer llegar al presidente el informe sobre la eficacia de los gobernadores, que en época de Putin se transformaron de cargos electos a verdaderos validos nombrados por el Kremlin.
Además, Putin no se mostró dispuesto a asumir la responsabilidad de tareas cotidianas poco agradecidas asociadas al papel de primer ministro, y procuró que altos funcionarios de RU, partido que lidera, presentaran a mediados de abril un proyecto de ley, posteriormente aprobado por la Duma, que redistribuye las competencias dentro del Gobierno, para transferir obligaciones propias de su cargo a otros ministerios y departamentos -cerca de 500 tareas de un total de 3.000, la mayoría de carácter social, mientras mantenía las competencias en seguridad, orden público y defensa-. Sus autores señalaron que tan sólo se trata de un proyecto para 'liberar al aparato del Gobierno de un trabajo superfluo' permitiendo que el primer ministro se concentre en 'tareas estratégicas”.
Por ultimo, reacio a pasar a un segundo plano de la escena pública, Putin, inició un proyecto para potenciar su imagen cuando asumiera el cargo de primer ministro reforzando y diversificación del departamento de prensa. En lugar de compartir ese departamento con Dimitri Medvedev se creó uno nuevo, con un equipo diferente y personal, orientado específicamente hacia la figura del jefe del Gobierno. En Rusia no sorprende a nadie que desde diciembre sea el primer ministro quien aparezca en un programa televisivo permanente para responder preguntas del público. Un privilegio reservado anteriormente para el presidente del país.

Reforma constitucional
En su primer mensaje a la nación, durante la Asamblea Federal anual, celebrada el pasado 5 de noviembre, Dimitri Medvedev sorprendió a los asistentes con una propuesta de reforma constitucional. La primera en llevarse a cabo desde que se aprobara en 1993 la actual Carta Magna rusa. Medvedev insistió en la idea de que su propuesta no es “una reforma de la Constitución, sino de una corrección de enmiendas importantes, que precisan pero no afectan la esencia jurídica ni política de las instituciones existentes'. Aunque es Medvedev quien lo ha puesto en marcha, Dmitry Badovsky, subdirector del Instituto de Sistemas Sociales, asegura que se trata de un paquete de medidas que comenzó a desarrollarse hace años, cuando Putin era presidente. Los que se oponen denuncian que las enmiendas buscan fortalecer la figura del presidente en un momento en que la crisis financiera ha afectado seriamente a la economía y desvirtuado la gestión del Kremlin. El ex presidente siempre se mostró reacio a hacer reformas constitucionales, sobre todo en lo que se refiere a la ampliación del máximo de legislaturas consecutivas, dos, en las que puede gobernar un mismo presidente, consciente de las repercusiones políticas que podría acarrear una decisión así sobre la opinión pública y en el panorama internacional. Al ser Medvedev quien pone en marcha su reforma, se refuerza la idea anteriormente mencionada de que el nuevo presidente tan sólo es una figura de tránsito, destinada a aplicar una serie de iniciativas polémicas que abran las puertas de un largo período de gobierno de Vladimir Putin en un futuro próximo, sin que este tenga que asumir las consecuencias políticas de dichas iniciativas.
La reforma fue aprobada el pasado 22 de diciembre por El Consejo de la Federación, Cámara Alta del Parlamento ruso, con el beneplácito de los 144 senadores, y con un solo un voto en contra. Los únicos que se opusieron fueron los comunistas y los nacionalistas, que se han negado a votar. “Estáis manipulando lo más sagrado que tiene este país -dijo Vladimir Zhirinovsky-, que es la Constitución. Queréis amordazar a la oposición. No necesitamos ese tipo de reformas”, concluía el líder del partido Liberal Demócrata. Los detractores del Gobierno aseguran que todo es una maniobra orquestada por Vladimir Putin para sustituir al frente de la jefatura del Estado a Dimitri Medvedev. Y no descartan que el actual presidente dimita una vez la reforma salga adelante definitivamente. Idea que, como ya se ha dicho anteriormente, ronda por la cabeza de muchos analistas internacionales desde que se confirmó el nombramiento de Putin como primer ministro.
Entre las propuestas se encuentra la ampliación del mandato presidencial de cuatro a seis años, y de cuatro a cinco el de los representantes de la  Duma. Según Medvedev, esta medida permitirá una implantación de las reformas legislativas más  efectiva en las 89 regiones que componen Rusia, ya que la gran extensión del país hace que se requería más tiempo para desarrollarlas adecuadamente. Otra de las propuestas enviadas a la Duma es la de someter la gestión del Gabinete de Ministros, que actualmente encabeza el primer ministro y ex presidente Vladímir Putin, al control del legislativo. La reforma también aboga por que los partidos pequeños que ganen entre un cinco y un siete por ciento de los votos en las  elecciones parlamentarias se les conceda representación en la Duma Estatal. El presidente ruso también propuso reducir gradualmente el  número de firmas requeridas para que los partidos participen en  las elecciones y la cantidad de miembros requeridos para formar un partido. Además, propone que se le otorgue a los partidos con mayoría en los Parlamentos regionales la potestad para nombrar a los gobernadores regionales, que hasta  ahora son designados por el presidente.
A efectos prácticos, estas medidas permitiría que en el caso de que Vladimir Putin accediera de nuevo al poder en los próximos años, pudiera desempeñar dos legislaturas que duraran seis años cada una, doce, el equivalente a tres legislaturas de cuatro años seguidas, lo cual prohíbe la Constitución. Con la propuesta de devolver a los Parlamentos regionales el poder para nombrar a los gobernadores, Putin consigue desvincular totalmente esta potestad de los atributos de la presidencia que en estos momentos ocupa Dimitri Medvedev. Ahora deberán ser ratificados directamente por el primer ministro y la Duma, bajo su control a través de la mayoría abrumadora de que dispone su partido Rusia Unida en este órgano. Para algunos analistas internacionales, esta medida también podría servirle al ex presidente para redistribuir los cargos de gobernador de algunas de las regiones rusas, sustituyéndolos por miembros de su partido. Finalmente, la medida de reducir los mínimos requeridos para obtener una representación parlamentaria, y para formar nuevos partidos políticos, podría responder a un intento de mostrar esta reforma como un adelanto democrático y de apertura política entre los partidos de la oposición y el panorama internacional.

Reforma jurídica
Durante el tiempo que lleva en el cargo, Medvedev ha concentrado gran cantidad de esfuerzos en la lucha contra la corrupción, uno de los problemas esenciales de Rusia. El investigador jefe de la Fiscalía General del Estado, Alexander Bastrykin, afirma  que en 2007 se detectaron 10.500 casos de corrupción, y la tendencia es que la cifra siga subiendo. Poco después de su llegada al Kremlin, Medvedev mandó crear un comité anticorrupción y reclamó la inmediata implantación de leyes para erradicarla y acabar con la cultura del soborno. El sistema está tan implantado que algunos miembros de la oposición opinaron que la medida no podría durar mucho. El ex líder del partido reformista Yabloko, Grigori Yavlinski, dijo que 'En Rusia, la corrupción es un sistema que garantiza estabilidad al país. ¿Cómo puede combatirse en serio?'. Yavlinski cree que la medida Medvedev tan sólo pretende desviar la atención de la corrupción a gran escala en las altas esferas mediante pequeñas iniciativas, e incluso que el Kremlin podría utilizar las investigaciones y sanciones como amenaza para los que se oponen a los designios del Kremlin.
La Duma rusa aprobó el pasado 19 de diciembre la ley que establece los principios básicos para combatir la corrupción que había exigido el presidente ruso. Medvedev encabeza personalmente el Comité Nacional Anticorrupción, asumiendo la responsabilidad en caso de que fracase. Tras su aprobación, el presidente declaró: “Ahora se trata de que la ley se aplique de manera eficaz. Una parte importante de nuestra labor es contrarrestar esta lacra'. La nueva normativa obliga a los funcionarios a informar a sus superiores y a los órganos fiscales de cualquier intento de soborno, pues de lo contrario podrían ser despedidos. La misma les podría suceder a aquellos funcionarios que presenten informes falsos o incompletos de sus ingresos y bienes, así como el de sus familiares cónyuge e hijos menores de 18 años.


Vencedores y vencidos en las elecciones


La victoria electoral de Medvedev, candidato propuesto por el partido oficialista Rusia Unida (RU), sobre el que Putin ejerce el control, en las elecciones presidenciales del pasado dos de marzo fue aplastante. El recuento final constató que Medvedev contaba con el respaldo del 70,23% de los votos escrutados, situándose a una distancia considerable de su principal competidor, el candidato del Partido Comunista de la Federación Rusa, Gennadi Ziuganov, que había obtenido el 17,76% de los votos. A la zaga  se situaban Vladimir Zhirinovski, el candidato del Partido Liberal Democrático de Rusia -que se describe a sí mismo como una formación centrista y reformista democrática, que sin embargo es percibido como un partido ultranacionalista por la prensa internacional, y que jamás ha votado en contra de Putin- obtuvo el 9,37% de las papeletas, y el del Partido Demócrata de Andrei Bogdanov, con un 1,29% del apoyo ruso -El Partido Democrático es una formación de corte liberal que aboga por la incorporación de Rusia a la Unión Europea-. El respaldo electoral obtenido por el candidato del RU se tradujo en 315 diputados en la Duma, Parlamento ruso, de un total de 450, más de los dos tercios de los representados, suficiente para poder tomar decisiones sin el apoyo del resto del Parlamento e incluso para poder reformar la Constitución de Rusia.
No obstante, la flamante victoria de Medvedev se vio ensombrecida por la ausencia de los observadores de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), que debían supervisar y asegurar el correcto desarrollo de la jornada electoral, pero cuyos representantes rehusaron acudir por falta de cooperación oficial; y las acusaciones de opacidad y manipulación realizadas por el representante de la misión de observadores enviada por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Andreas Gross, que aseguraba que las elecciones no habían sido ni 'justas' ni 'libres'. También denunció que el 'acceso equitativo de los candidatos a los medios no ha mejorado” respecto a comicios anteriores.
Siete días después de la investidura de Medvedev como presidente, durante la 'Marcha de los disidentes' -organizada por los opositores políticos de Medvedev y Putin- fueron detenidas más de una treintena de personas, antes incluso de que comenzara la marcha por el centro de Moscú. Entre los detenidos se encontraba uno de los organizadores de la protesta, Garry Kasparov, ex campeón mundial de ajedrez y líder del Frente Cívico Unido -movimiento social opuesto al Gobierno de Moscú- , Ilia Yashin, líder de las juventudes del opositor partido liberal Yabloko -partido que aboga por la creación de un sistema de salud y educación público de calidad, y por la integración de Rusia en la Unión Europea-.

(Despiece 1) La percepción del pueblo
Dimitri Medvedev es un líder popular y apreciado por el pueblo ruso. El nuevo jefe de Estado goza de un índice de aceptación entre los votantes que muchos presidentes europeos quisieran para sí. Lejos de perjudicarle, la intervención militar rusa en Georgia tras la ofensiva lanzada desde Tiflis el 7 de agosto fue aprobada masivamente por los rusos, y disparó la popularidad de su presidente. Después de la guerra, el presidente gozaba de un índice de popularidad del 73% de los encuestados, según un estudio del centro independiente de sondeos de opinión Levada. Pero la personalidad más popular de Rusia y la que es percibida por los rusos como el auténtico líder es Vladimir Putin, cuyo índice de popularidad después de la guerra, según el mismo estudio, era del 83%.


De la euforia petrolera a la crisis internacional


El pasado 29 de diciembre, durante la última reunión del Gobierno ruso, el primer ministro, Vladimir Putin, afirmó que 'aunque la dinámica del cuarto trimestre es negativa, la economía rusa termina el año 2008 en positivo, con un índice del PIB del orden del 6%'. Además quiso dejar patente que “la producción agrícola ha crecido un 10%”, lo mismo que el volumen de la inversión y el salario medio, que se habría incrementado “entre un 10-12%”. Alegó que los resultados habrían sido mayores, si no fuera por la crisis.
El Servicio de Estadística de Rusia calculó que economía rusa ha gozado de una tasa de crecimiento superior al 7% anual en los últimos cinco años, a excepción del año 2005, que se situó en el 6,4%, y ha avanzado significativamente en el control de la inflación, manteniéndola por debajo de los 10 puntos en ese mismo período. Es el tercer país del mundo en volumen de reservas, sólo le superan China y Japón, y tiene un superávit comercial del 11% del Producto Interior Bruto (PIB). Según datos oficiales del Banco Central de Rusia (BCR), a principios de 2008 el país disponía de oro y de divisas por valor superior a los 600.000 millones de dólares, cantidad inédita en la historia económica rusa, que fue alcanzada gracias a los altos precios que el crudo mantuvo hasta agosto de ese mismo año, superior a 147 dólares el barril, en los mercados internacionales. Además, Rusia carece casi por completo de deuda externa, y dispone de  cerca de 200.000 millones de dólares de fondos soberanos, que son obtenidos de los activos provinentes de las inversiones de Estado.
A pesar de las declaraciones optimistas del primer ministro ruso, la verdad es que la crisis ha afectado profundamente la economía del país. Aunque posee un índice de crecimiento económico muy elevado en comparación con otros países, la economía rusa esta poco desarrollada y más del 60% de sus ingresos provienen de la industria petrolífera. Con la depreciación del crudo, ahora a 40 dólares el barril, se podría decir que la bonanza económica de la que se había beneficiado el país durante los últimos años se ha comenzado a disipar. Los índices de las dos principales bolsas rusas, RTS  y MICEX, no consiguen recuperarse y la capitalización del mercado bursátil ruso ha descendido más de un 70% en los últimos seis meses, teniendo que recurrir al suspensión de operaciones en diversas ocasiones para frenar la caída.
El índice RTS, Sistema bursátil Ruso, es el principal punto de referencia para la industria de valores de Rusia. Se basa en el intercambio de líquido y capitalización de las acciones de las 50 empresas rusas más potentes. Mientras que el Cambio de Divisas Interbancarias de Moscú, MICEX, es una de las mayores bolsas de valores en la Federación de Rusia y el Este de Europa.

Desaceleración económica
Tras algún tiempo negando la evidencia de que Rusia estaba pasando por una fuerte desaceleración del crecimiento económico debido a la crisis financiera mundial, el primer ministro ruso, Vladimir Putin, hizo unas declaraciones en las que reconocía que la crisis también estaba afectando seriamente a Rusia, 'no sólo sufrimos las consecuencias del colapso del sistema mundial financiero, sino que afrontamos también una caída drástica de los precios de nuestros principales productos de exportación: metales, recursos energéticos y otras materias primas y artículos químicos', dijo Putin. Idea que coincide con la de numerosos analistas internacionales, que sitúan el principal problema de la economía rusa en su poca diversificación, y en la excesiva dependencia de la exportación de materias primas, cuyos precios en el mercado internacional descienden sin cesar desde hace meses.
Para describir la economía rusa, Ana Politkovskaya -periodista rusa crítica del Gobierno de Putin, asesinada el 7 de octubre de 2006 en Moscú- citó una advertencia que Javier Solana, secretario general del Consejo de la Unión Europea, hizo al entonces presidente ruso Vladimir Putin: 'No se ha visto nunca un sólo producto made in Rusia en las tiendas de Europa. Y eso sí debería preocuparte'. Así es de artificial la economía rusa -decía la periodista-.
Las anteriormente mentadas reservas del BCR descienden rápidamente, y se han visto reducidas en 163.000 millones de dólares desde agosto, hasta situarse en los 437.000 millones, según las últimas cifras del BCR. La bajada del precio del petróleo, las ayudas al sector bancario, y la intervención del Banco Central para evitar la devaluación del rublo son las principales causas de la disminución de las reservas de oro y divisas de Rusia. Alexei Kudrin, ministro de Finanzas ruso, reconoció a finales de noviembre que las ayudas concedidas por el Gobierno al sistema financiero, alrededor de 400.000 millones de dólares, provienen del fondo de emergencia que Putin creó con las tasas por la venta de productos energéticos.
En octubre Putin hizo unas declaraciones en las que se mostraba preocupado por la desaceleración de las empresas afectadas por la crisis, y por el aumento del paro debido a los despidos que esto supuso. En aquel entonces, las cifras oficiales situaban el índice de desempleo alrededor del 4,6% de la población activa, mientras que el viceprimer ministro ruso, Alexandr Zhukov, anunció a finales de diciembre que la cifra de paro había aumentado hasta superar el 6%. En un país de 142 millones de habitantes esto supone una cifra superior los 8,5 millones de desempleados.
Medidas ineficaces
Las medidas para frenar la crisis no han dado el resultado esperado: el país ha sufrido una desaceleración grave de su crecimiento económico anual, que ha disminuido casi un punto, hasta el 6%, y la moneda cae en picado. Desde septiembre el valor del rublo frente al dólar ha descendido un 15%, y antes de que finalizara el año se debatía si era preferible seguir respaldando la moneda, con el consiguiente desgaste económico que ello representa, o permitir que fluctuase libremente. El primer ministro, Vladimir Putin, descartó cualquier movimiento abrupto del rublo, y, ante la imposibilidad de evitar la devaluación, optó por iniciar una depreciación gradual de la moneda en noviembre, en respuesta a la caída en los precios del crudo, el empeoramiento de la economía y la salida de los inversores de los mercados emergentes. Rusia devaluó nuevamente el rublo la última semana de diciembre.
Como sucedió con la crisis de los noventa, la población rusa se ha lanzado desesperadamente a los bancos para extraer sus ahorros y cambiar rublos por dólares, moneda débil por moneda fuerte, como hicieran tras la caída de la Unión Soviética y el largo proceso de desestabilización económica que perduró durante gran parte de los noventa. El Banco Mundial asegura que la retirada de capital ruso desde agosto asciende a más de 50.000 millones de dólares, y que se podría doblar durante los primeros meses de 2009 si finalmente Rusia continúa con el proceso de devaluaciones controladas de la moneda.
Para acabar de rematar este panorama tan poco alentador no podemos olvidar el aumento de la inflación. Aunque según informes del Fondo Monetario Internacional se había mantenido estable y por debajo del 10% durante la última legislatura del ex presidente Putin, actualmente ha sufrido un repunte. Según el ministro de Finanzas, que se ha visto obligado a corregir su pronóstico en varias ocasiones a lo largo del año, supera el 12%. A su vez, el viceprimer ministro, Alexander Zhukov, asegura que supera el 14%, lo que coincide con la cifra que aporta el Fondo Monetario Internacional.


Moscú apuesta por un modelo multipolar como contrapeso a la hegemonía norteamericana


El pasado 12 de julio, Dimitri Medvedev, presidente de Rusia, ratificó el documento en el que se detallan  las directrices generales de la política exterior del país, así como las relaciones con Estados Unidos, Europa y la OTAN, y que mantiene la línea de acción aprobada por su antecesor, Vladimir Putin, en el año 2000. El pilar fundamental de la política exterior de Putin se centra en asegurar la seguridad nacional y la defensa de un mundo multipolar, como contrapeso del actual mundo unipolar que mantiene a Estados Unidos como el principal actor internacional, y que es fruto del fin de la división de bloques tras el colapso de la Unión Soviética. La dominación unipolar estadounidense es totalmente inaceptable para los intereses de un país que, en palabras de su ex presidente, es “el que posee el mayor territorio geográfico del mundo, es miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y todavía conserva una importante capacidad armamentística nuclear”, y que considera que debería tratar con Estados Unidos en términos de igualdad.
Respaldada por su creciente economía, el control de importantes reservas de hidrocarburos, y  su condición de potencia nuclear, Rusia ha decidido mostrar algunas de sus cartas sobre el tapiz internacional disciplinando su patio trasero y abriendo nuevos contactos diplomáticos con países latinoamericanos, y ha dejado clara su oposición a la expansión de la OTAN hacia Europa del Este, y su rechazo a la instalación del escudo antimisiles cerca de sus fronteras.

Disciplina su patio trasero
Moscú no tolerará que ningún país extranjero interfiera en los asuntos de los miembros de la Comunidad de Estados Independientes, que, para Rusia, forman parte de su área de influencia directa. Así quedó patente tras la contundente derrota del Ejército georgiano en agosto, cuando las fuerzas rusas atacaron el país en apoyo a las regiones secesionistas de Osetia del Sur y Abjasia, que habían sido invadidas por Georigia.
A pesar de su brevedad, fue un conflicto de gran repercusión internacional. Supuso una demostración de fuerza por parte de los rusos, que dejaron claro que el Kremlin no descarta el uso de la fuerza para impedir que Georgia acepte la oferta estadounidense de adhesión a la OTAN.  Para algunos analistas internacionales, entre las causas hay que añadir el reconocimiento de Kosovo –que era una región de Serbia, aliado tradicional de Rusia en la zona– como Estado independiente por parte de Estados Unidos, lo que no agradó a Moscú, pues afecta a sus intereses en los Balcanes y que se llevó a cabo de manera unilateral por Estados Unidos sin consultar al Consejo de Seguridad de la ONU, en el que Rusia tiene derecho a veto.
La guerra de Georgia llevaba implícito un mensaje disuasorio para Ucrania, con la que Rusia ha mantenido un conflicto en el plano económico durante 2008, para desestabilizar políticamente el país y frustrar sus intentos de integración en la Unión Europea, y a la que Estados Unidos también había ofrecido sumarse a la OTAN. Ese conflicto con Kiev, conocido como guerra del gas, ha mantenido a rusos y a ucranianos envueltos en una disputa constante por el precio del gas, y el pago a Rusia de las deudas acumuladas por Ucrania por el suministro de gas de los últimos meses de 2007 y los primeros de 2008.
Para reafirmar su hegemonía en Cáucaso y Asia central, Medvedev ha consolidado las directrices de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) de la Comunidad de Estados Independientes, que se reunirá exclusivamente en Moscú y será presidida por Dimitri Medvedev. La OTSC plantea un refuerzo militar de sus componentes y un apoyo unánime a las decisiones rusas en el ámbito de la política exterior, según anunció Medvedev. Rusia comunicó abiertamente que la OTSC proyecta convertirse en un bloque militar, similar –y oponiéndose– a la OTAN.

El vecino Occidente
Las relaciones de Rusia con Occidente en 2008 se han visto claramente marcadas por la evolución del despliegue del escudo antimisiles en Europa del Este. La situación se volvió especialmente tensa después de que el 8 de julio, el Parlamento de la República Checa ratificara el acuerdo alcanzado con Estados Unidos para instalar un radar que formará parte del sistema defensivo, y que servirá para detectar eventuales lanzamientos de misiles enemigos. El sistema se complementa con baterías de cohetes de interceptación, una de ellas instalada en Polonia. Esta situación desagrada profundamente  a Moscú, que lo percibe como una amenaza directa, y apenas unas horas después de la ratificación checa, el ministro de Exteriores ruso anunció que si el escudo antimisiles norteamericano estaba cerca de sus fronteras, se verían obligados a reaccionar, no por medios diplomáticos, sino con métodos militares.
La participación del presidente ruso en la cumbre del G-8 –foro que reúne a los dirigentes de los siete países más industrializados del mundo y Rusia– celebrada en Tokio entre el 7 y 2l 9 de julio, sirvió como escenario para el primer encuentro de Dimitri Medvedev con el presidente norteamericano, George W. Bush. El encuentro duró poco más de una hora, y a su salida Medevedev dejó claro ante los medios de comunicación que no se había llegado a ningún acuerdo para solucionar sus discrepancias por el escudo antimisiles.
Los intereses estadounidenses difieren abiertamente de los de Rusia, por lo que tampoco pudieron llegar a un acuerdo en las conversaciones que tuvieron lugar en Ginebra el pasado mes de noviembre, en las que debía acordarse la renovación del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START). Este acuerdo fue suscrito en julio de 1991 entre la Unión Soviética y EE.UU, que se comprometieron a reducir su arsenal de cabezas nucleares de 10.000 a 6.000, y que vence en diciembre de 2009.
En lo que concierne  a Europa, Rusia prefiere mantener una relación menos tensa que con los norteamericanos, ya que posee estrechos vínculos económicos con algunos de sus Estados miembro. Rusia suministra una cuarta parte del gas que consume Europa, que actualmente se encuentra en una situación de dependencia de los hidrocarburos rusos que resulta incómoda para Europa. La UE pretende reducir esta dependencia diversificando su suministro de gas; para ello, se ha embarcado en un proyecto conjunto con Turquía para construir un nuevo gasoducto, Nabucco, que le permitiría recibir gas desde el Cáucaso sorteando a Rusia, y que no estará operativo antes del 2013.
En respuesta, Rusia ha acelerado la construcción de los gasoductos North Stream, que deberá llevar gas ruso a Alemania por el fondo del mar Báltico, evitando el territorio de Polonia y Ucrania, así como la construcción del South Stream, que permitirá la llegada de gas de Rusia al centro y sur de Europa atravesando el Mar Negro hasta los Balcanes. El objetivo es que ambos estén operativos antes que el Nabucco, para perpetuar y aumentar la dependencia energética europea. Con la misma finalidad, el Kremlin reunió en Moscú  el pasado 23 de diciembre para formalizar los estatutos del Foro de Países Exportadores del Gas.
Uno de los últimos conflictos abiertos entre Rusia y Occidente es la disputa por el control de los recursos energéticos que hay bajo del subsuelo del Océano Ártico. El pasado 28 de mayo se celebró en Dinamarca una cumbre en la que se iniciaban por primera vez conversaciones para repartirse el fondo del Ártico que se calcula que alberga una cuarta parte de las reservas petrolíferas del planeta. En esta empresa se enfrenta a Estados Unidos, Canadá, Noruega, y Dinamarca que igual que los rusos reclaman la región ártica amparándose en La Convención sobre el Derecho del Mar de Naciones Unidas.

Rusia explora las Américas
El Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) celebrado el 23 y 24 de noviembre en Lima, capital de Perú, supuso la escala inicial de la primera visita oficial de Medvedev a Latinoamérica. Con la gira por Perú, Brasil, Venezuela y Cuba del presidente ruso, Moscú ha plantado firme su pie en América Latina con la mira puesta en una nueva estrategia 'geopolítica', como aseguró el propio Medvedev desde Cuba. Suramérica y el Caribe no sólo representan un amplio espacio de negocios, sino también la posibilidad de asentar posiciones en el tradicional 'patio trasero' de Estados Unidos, en respuesta a los planes de Washington de instalar parte de su escudo antimisiles en el antiguo espacio soviético, y la ampliación hacia el Este de la OTAN.
En Perú, país que ningún otro presidente ruso había visitado antes, Moscú suscribió durante su estancia en Lima un acuerdo por el que Rusia reparará algunas aeronaves peruanas adquiridas a la ex Unión Soviética. Además, las autoridades peruanas dejaron claro su deseo de tener unas relaciones militares más estrechas.
En Brasil, junto al presidente Luiz Ignacio Lula da Silva, Medvedev consolidó la cooperación técnico-militar y en el área espacial. Ambos mandatarios también acordaron estimular la realización de 'grandes inversiones mutuas' así como la formación de empresas conjuntas ruso-brasileñas para la prospección y exportación de hidrocarburos.

Un socio preferente en el caribe
Venezuela se ha convertido en el socio más importante de Rusia en la zona. Medvedev hizo coincidir su llegada –la primera de un presidente ruso a ese país– con la de una flota militar rusa que realizó maniobras conjuntas con la Marina venezolana entre el 10 y el 14 de noviembre.
Atrás han quedado los años en que Moscú mantuvo al presidente venezolano, Hugo Chávez, al margen y en los que “El Kremlin frenaba sus relaciones con Venezuela para no estropear las relaciones con Estados Unidos, lo que molestaba mucho a Chávez”, como explicó Vladimir Simago, vicepresidente del consejo empresarial ruso-venezolano. La preocupación por la imagen de antaño se ha disipado, y entre los planes más ambiciosos de Rusia en la zona se encuentra un acuerdo firmado con Chávez para crear un consorcio entre la compañía estatal de Petróleos de Venezuela y un grupo de empresas rusas lideradas por Gazprom y Lukoil. Ambos presidentes acordaron la creación de un banco ruso-venezolano para impulsar el sector de la construcción de infraestructuras en Venezuela, y que contaría con un capital inicial de 4.000 millones de dólares.
Entre los acuerdos suscritos entre el Kremlin y Venezuela, el que más ha incomodado a Estados Unidos, es sin duda, el de asistencia para la construcción de un reactor nuclear que Medvedev ofreció a Chávez durante su estancia en Caracas. Aunque ambos dirigentes aseguraron que el proyecto era de carácter civil, la noticia no sentó nada bien a la Casa Blanca que lo percibe como una amenaza, ya que la construcción de una central nuclear podría suponer el primer paso para un hipotético plan de desarrollo nuclear con fines militares en el futuro.
Sin olvidar la venta de armas mediante el consorcio ruso Rosoboronexport, sancionado por Estados Unidos por sus tratos con Irán. En los tres últimos años, Rusia y Venezuela, han firmado contratos por valor de más de 3.400 millones de euros, que incluyen la compra de varios cazas Su-30MKV, helicópteros de combate Mi-17, y más de 100.000 fusiles de asalto Kalashnikov. Además de la previsión de un crédito de 800 millones de euros a Venezuela para nuevas compras de armamento y el posible suministro de tanques y sistemas de defensa antiaérea.
Cuba es el otro enclave importante en la gira latinoamericana de Medvedev, porque junto con Venezuela y Rusia forma un triángulo de oposición a la influencia norteamericana en la zona.
Por ello, el Kremlin se ha propuesto recuperar la antigua relación de colaboración que mantenía con La Habana antes de la desintegración de la Unión Soviética. Ahora las relaciones ruso-cubanas se encuentran en un proceso de ampliación en frentes de mutuo interés que permitirán a empresas rusas desarrollar labores de prospección y explotación de yacimientos de crudo en la zona cubana del golfo de México. Por su parte, Cuba se beneficia de las ayudas económicas ofrecidas por Rusia, ya que en noviembre Moscú le concedió un crédito estatal de 335 millones de dólares para la adquisición de mercancías y servicios rusos.


Pugna con Turquía en el Cáucaso


El 11 de agosto, el primer ministro turco, Tayyip Erdogan, propuso la creación de un bloque regional que provisionalmente se llamaría Pacto de Cooperación y Estabilidad en el Cáucaso (PCEC), que incluiría a Georgia, Rusia, Armenia, Azerbaiyán, y Turquía. Aunque el objetivo inmediato era una solución del conflicto entre Georgia y Rusia, los turcos también esperaban hacer uso del PCEC para solucionar la cuestión del Alto Karabaj. Un conflicto que se inició en diciembre de 1991, cuando los armenios de la región azerbayana de Alto Karabaj aprobaron, mediante un referendo, la creación de un Estado independiente. Esto provocó el estallido de una guerra entre el gobierno de Azerbaiyán y los independentistas de Alto Karabaj, que contaban con el respaldo de Armenia. Desde el cese al fuego de 1994, la mayor parte de Alto Karabaj así como muchas regiones azerbayanas vecinas (una zona que corresponde al 14% del territorio azerbayano) quedaron bajo el control conjunto de Armenia y de las fuerzas armadas de Alto Karabaj.
A principios de noviembre, el fracaso turco para constituir el PCEC se hizo más que patente cuando, el segundo día del mes, Medvedev acogió en Moscú no sólo a los ministros de Asuntos Exteriores, sino a los  presidentes Serzh Sarkisian, de Armenia, y  Heydar Aliyev, de Azerbaiyán. Tras la reunión hicieron público un comunicado conjunto en el que prometían buscar una solución al problema del Alto Karabaj dentro del marco establecido por el Grupo de Minsk, creado por la Organización para la Seguridad y el Cooperación en Europa (OSCE) en 1992 y coopresidido por Rusia, Francia y Estados Unidos. Rusia desbarataba así la intención de Erdogan de convertir a Turquía en un actor político de mayor peso en el Cáucaso.


La “revolución naranja” y la guerra del gas


La revolución naranja es el nombre que se da al movimiento de protesta iniciado en Ucrania tras la segunda vuelta de los comicios presidenciales de 2004, que dieron como vencedor oficial a Viktor Yanukovich, el candidato preferido por Rusia. Ante las irregularidades de los comicios, ni la comunidad internacional ni la mayor parte de los ucranianos dieron por bueno el resultado. Decenas de miles personas salieron a la calle envueltas en banderas naranja, color distintivo de la oposición, para protestar pacíficamente. Así se logró una repetición de la segunda vuelta, en la que venció el prooccidental Viktor Yushcenko.
El nuevo Gobierno de Ucrania aboga por un acercamiento gradual a la Unión Europea y a la OTAN, por lo que desde que se compuso Rusia ha utilizado el gas como arma política con de ejercer presión sobre su vecino del Sur.
Medvedev ha pasado sus primeros siete meses de mandato envuelto en una disputa continua con Ucrania por el precio del gas, ya que ésta no acepta la tarifa propuesta por Rusia por cada 1.000 metros cúbicos de gas. Así como por las reiteradas denuncias de expolio de gas a su paso por los gasoductos que cruzan suelo ucraniano antes de llegar a los clientes europeos, lanzadas por gigante energético ruso Gazprom. A causa de este conflicto, Rusia llegó a disminuir al 50% la entrada de gas ruso en los gaseoductos ucranianos, durante 48 horas, como medida para forzar el pago de la deuda acumulada por el gas que Ucrania había desviado para revenderlo a los europeos a precios más competitivos, y que ascendía a 600 millones de dólares, por 1.900 millones de metros cúbicos robados.


Disputa por el Ártico


El pasado 28 de mayo se celebró en Dinamarca una cumbre en la que se iniciaban por primera vez conversaciones para repartirse el fondo del Océano Ártico, que se calcula que alberga una cuarta parte de las reservas petrolíferas del planeta. La superficie que se disputan Canadá, Noruega, Estados Unidos, Rusia y Dinamarca, es de 1,2 millones de kilómetros cuadrados de fondo marino que resulta atractivo no sólo por las reservas de hidrocarburos, sino por la posibilidad de establecer nuevas rutas comerciales si el deshielo provocado por el cambio climático prosigue.
La Convención sobre el Derecho del Mar de Naciones Unidas establece que los países con salida al mar tienen derecho a extender su zona de soberanía hasta 200 millas náuticas (370 kilómetros) desde la costa. Pero este límite se puede ampliar si un país demuestra que su plataforma continental, que es el lecho marino anexo al continente, va más allá de esa distancia. Todos los países en conflicto se han apresurado en organizar exploraciones cartográficas que ayuden a resolver el problema, y a defender sus intereses. Pero esta vez Rusia se adelantó a todos, el 3 de julio de 2007 dos batiscafos plantaron una bandera en el fondo del Ártico, a 4.200 metros de profundidad. Eran parte de un equipo científico que buscaba evidencias de una vasta cordillera submarina que parte de territorio ruso. El 18 de septiembre, Medvedev anunció en una rueda de prensa, tras una reunión en el Kremlin con el Consejo de Seguridad ruso que “su  tarea más importante es convertir el Ártico en una región rusa de extracción de materias primas del siglo XXI”; y ordenó “llevar a cabo todas las formalidades para trazar la frontera exterior de la meseta continental”.



Cronologia año  2008

 


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