Anuario 2008
India
"Los atentados de Bombay intensifican la presión nacional e internacional sobre el Gobierno de Singh"
Joana Tarancón

El partido del Congreso Nacional Indio (INC, por sus siglas en inglés) del primer ministro, Manmohan Singh, ha tenido que hacer frente en 2008 al año más complicado de su legislatura. El Ejecutivo de Singh ha tenido que lidiar con la crisis económica, que amenaza el notable crecimiento de India de los últimos años, y con una votación de confianza en el Parlamento a raíz del abandono de sus socios del Frente de Izquierda, contrarios al acuerdo civil nuclear alcanzado con Estados Unidos. Legitimada la continuidad del INC en el Gobierno y aprobado in extremis el pacto con Washington antes de finalizar la Administración Bush, la cadena de atentados en Bombay, a finales de noviembre, puso sobre la mesa una vez más las carencias en seguridad de la democracia más grande del mundo. A raíz del ataque terrorista, el Gobierno de Singh recibió muchas críticas por parte de la oposición, encabezada por el partido nacionalista hindú, Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party o BJP, por sus siglas), que, como el resto de partidos, tiene presente que en 2009 hay elecciones generales. Pero la cuestión más preocupante que generaron los atentados fue el aumento de las tensiones entre India y Pakistán, de donde supuestamente provenían los terroristas. 
El 26 de noviembre de 2008, Bombay, la capital financiera de India, fue escenario de un ataque terrorista sin precedentes en el país. Varios terroristas, diez según las investigaciones de la policía, tomaron simultáneamente diferentes puntos del centro de la ciudad que simbolizan la presencia occidental y el poder económico en esta urbe. Llegados por mar a las 21 horas en pequeñas lanchas hinchables, los atacantes se esparcieron para crear el pánico en la ciudad mediante disparos con armas automáticas y granadas.
Los terroristas abrieron fuego en lugares concurridos por la población y sin especial vigilancia, como la principal estación de trenes, un hospital, un cine o el Café Leopold, muy popular entre los turistas. Pero los epicentros de la emboscada fueron dos de los hoteles más lujosos, el Hotel Taj Mahal y el Hotel Trident-Oberoi, y la sinagoga del complejo empresarial Nariman House, donde los asaltantes se atrincheraron durante tres días y tomaron a decenas de rehenes, principalmente estadounidenses y británicos en el caso de los hoteles, e israelíes en el centro religioso.
Bombay se convirtió en algo parecido al plató de una película de acción vista en todo el mundo a través de las retransmisiones de los medios de comunicación, que siguieron en directo las actuaciones de la Fuerza de Acción Rápida del Ejército para tomar el control de los tres edificios tomados por los terroristas y para liberar a los rehenes. Hasta el sábado 29 de noviembre por la mañana, los cuerpos de seguridad estuvieron luchando contra los terroristas atrincherados en el último lugar en ser liberado, el Hotel Taj Mahal. En los más de tres días de emboscada, murieron 188 personas, entre ellas 30 extranjeros de diez países diferentes, y resultaron heridas más de 300. Uno de los fallecidos fue el jefe de la policía antiterrorista de Bombay, Hemant Karkare, que fue abatido a tiros en la estación de trenes por el único terrorista que fue capturado en vida, Ajmal Amir Kasab.
El mismo día del inicio de los atentados, el grupo terrorista, hasta entonces desconocido, Deccan Muyahidin, se atribuyó la autoría del atentado a través de emails enviados a las agencias de noticias indias en los cuales, además, declaraban ser ciudadanos indios. Dos de los asaltantes también llamaron a un canal de televisión indio desde el teléfono móvil de uno de los rehenes y declararon ser miembros de Deccan Muyahidin. Las autoridades indias dudaron de la existencia de dicho grupo y señalaron inmediatamente a terroristas extranjeros, en una clara alusión a pakistaníes, concretamente a Lashkar-e-Toiba (“El Ejército de los Puros”), uno de los mayores grupos terroristas con base en Pakistán que luchan por la incorporación a su país de la región India de Jammu y Cachemira.  

Nueva crisis en las relaciones entre India y Pakistán
Cuando el Gobierno de India apunta a la autoría de Lashkar-e-Toiba (LeT por sus siglas), o de otro grupo terrorista con base en Pakistán, apunta indirectamente a una implicación del poderoso servicio de inteligencia pakistaní, Inter Services Intelligence (o ISI por sus siglas), considerado un “Estado dentro del Estado” de Islamabad. A principios de los años 90, los muyahidines pakistaníes (los que hacen la yihad, o guerra santa), entrenados y financiados por el ISI, que combatieron en la guerra de Afganistán contra los soviéticos, regresaron a su país. Desde entonces aparecieron numerosos grupos terroristas para continuar la yihad en la parte Cachemira controlada por India. Nueva Delhi acusa al ISI de seguir financiando y armando a estos grupos, hechos que Pakistán siempre ha negado.
La acusaciones del Gobierno de Singh a la implicación de pakistaníes en los atentados de Bombay tensaron las relaciones entre estos dos estados enemigos, que ya se han enfrentado en tres guerras desde su independencia y partición en 1947 (dos por la cuestión de Cachemira, en 1947 y 1965, y otra en 1971 por el apoyo de India a la independencia de Pakistán Oriental, actual Bangladesh). Desde 1998, los dos países se han auto declarado abiertamente potencias nucleares, por lo que las consecuencias de un nuevo conflicto bélico en la actualidad podrían ser catastróficas.
No era la primera vez este año que India apuntaba al ISI como instigador de un atentado contra los intereses del gigante asiático. El pasado 7 de julio, un coche-bomba estalló en la embajada India de la capital de Afganistán, Kabul, causando 60 muertos. India acusó al ISI de estar involucrado en el ataque terrorista, afirmación que apoyó tanto el Ministerio del Interior afgano como fuentes de inteligencia de Estados Unidos. El 1 de agosto, el diario norteamericano “The New York Times” publicaba que funcionarios de la CIA afirmaban que habían interceptado comunicaciones entre los servicios de inteligencia pakistaníes y terroristas que llevaron a cabo el atentado. Mientras, la región de Jammu y Cachemira, controlada por India, vivía la mayor escalda de violencia entre la población desde la aparición de la insurgencia separatista en 1989. El desencadenante de las revueltas fue la decisión del Gobierno del Estado de Jammu y Cachemira de conceder unas tierras al Comité del Templo hindú de Amarnath en la zona del Valle de Cachemira, que provocó las protestas de la población musulmana, mayoritaria en esta zona, con el 95% de la población. La concesión fue anulada el 1 de julio, lo que desató las protestas de los hindúes. El 28 de julio, los ejércitos de India y Pakistán intercambiaron disparos durante varias horas en la Línea de Control que separa Azad Cachemira (la parte bajo control pakistaní) de Jammu y Cachemira. India acusó a su país vecino de iniciar el cruce de fuego con la instigación de los servicios de inteligencia. Este último suceso supuso una clara violación del acuerdo de alto al fuego en la frontera que los dos países habían alcanzado en 2003.
India también culpó al ISI de estar detrás de las siete explosiones que se registraron en Bangalore, el 25 de julio, en las que murió una persona, así como de las 17 bombas que estallaron un día después en diferentes puntos de la capital del estado de Gujarat, Ahmedabad, con un balance de 53 muertos y 145 heridos. La escalada de las tensiones entre los dos Estados rivales coincidió con la transición en Islamabad del régimen de Musharraf de los últimos nueve años a un débil Gobierno civil que poco puede hacer para controlar el poderoso ISI.
La calma volvió en septiembre cuando Manmohan Singh y el nuevo presidente pakistaní, Asif Ali Zardari, se encontraron el 25 de ese mes en la Asamblea General de las Naciones Unidas y anunciaron la vuelta a las conversaciones de paz iniciadas en 2005 en un plazo de tres meses. Para más tranquilidad, un mes después, los dos países abrían dos pasos fronterizos de carretera entre las dos regiones cachemiras, un gesto más de las medidas de confianza que, en 2005, acordaron ofrecer ambos países para poder llevar a cabo un proceso de paz sobre la disputa de Cachemira.
La tregua duró poco y los atentados de Bombay pusieron a Pakistán una vez más en el punto de mira indio. El terrorista detenido, Ajmal Amir Kasab, declaró a la policía que pertenecía a Lashkar-e-Toiba y que se había entrenado junto al resto de los diez asaltantes en dos campos de entrenamiento en Pakistán. Además, para las autoridades indias, la manera en la que actuaron los terroristas, con una impecable coordinación, denotaba que estaban muy bien preparados y conocían muy bien el terreno, por lo que la implicación del ISI podría haber contribuido a ello. Desde el principio, Islamabad negó cualquier implicación de agentes de su país, aunque en un gesto para frenar la tensión y ofrecer una imagen de transparencia, el ministro de Exteriores pakistaní, Sha Mehmod Qureshi, ofreció enviar a Nueva Delhi al director general del ISI, el general Ahmed Shujaa Pasha,  para compartir información. Pero el ISI demostró que no atiende a exigencias de un gobierno civil y desacreditó la decisión de Qureshi al no querer enviar a su representante a India. Este gesto demostró la debilidad del nuevo Gobierno civil pakistaní para controlar a su servicio de inteligencia, como ya sucedió en julio cuando el Gobierno de Islamabad quiso poner a los servicios de inteligencia bajo control del Ministerio del Interior y un día más tarde debía rectificar por las presiones de los militares.
Islamabad se comprometió a colaborar en las investigaciones, pero, el 1 de diciembre, India, que quería una acción de buena voluntad mayor, exigió a su vecino la entrega de 20 terroristas implicados en atentados en suelo indio en los últimos años y que supuestamente estarían escondidos en Pakistán. En la lista se encontraba Hafiz Muhammad Saeed, fundador de LeT, que tras la ilegalización de este grupo en 2002 por parte de Musharraf, por su implicación en el atentado al Parlamento de Nueva Delhi, fundó la organización caritativa Jama’at-ud-Da’awa (JuD, por sus siglas) para encubrir las actividades de LeT.
Pakistán, que carece de un tratado de extradición con su vecino, se negó a entregar los terroristas y alegó que no había recibido pruebas contundentes de que los atentados de Bombay fuesen planeados y ejecutados por ciudadanos de su país, pero que, en el caso de que se demostrase, colaboraría con detenciones aunque ningún pakistaní sería entregado a Nueva Delhi. El Gobierno de Islamabad del primer ministro, Yousaf Raza Gillani, era consciente, además, de que entregar ciudadanos pakistaníes al eterno rival podría provocar un aumento de la violencia y del terrorismo por parte de los sectores islamistas más radicales, como ha sucedido en este país desde su alianza con Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo.
Estados Unidos se apresuró en mediar entre India y Pakistán para evitar que las tensiones pudieran degenerar en un nuevo conflicto bélico en la Línea de Control. Washington, como aliado de Pakistán desde 2001 y de India desde este mismo 2008, a raíz de la aprobación del pacto civil nuclear entre los dos países, tiene grandes intereses en mantener estables las relaciones entre los dos países asiáticos. El 3 de diciembre, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, llegaba a Nueva Delhi para calmar las tensiones entre sus dos aliados. Rice no quiso afirmar que Pakistán estuviese involucrado en los atentados de Bombay, por lo que sus acusaciones se dirigieron a la huella de Osama Bin Laden y Al Qaeda. Sin embargo, la titular de Exteriores pidió a Islamabad una cooperación “plena y transparente” en las investigaciones, y ofreció todo el apoyo por parte de Estados Unidos a India. La visita de Rice se vio reforzada con la del jefe de la Junta de Estado Mayor de Estados Unidos, el almirante Mike Mullen, que se entrevistó el 4 de diciembre con la cúpula militar de los dos países asiáticos.
Gracias a la mediación norteamericana, Pakistán inició varias operaciones para detener a terroristas vinculados a LeT. El 8 de diciembre, Islamabad ordenaba la detención de diversos miembros de la organización caritativa JuD, entre ellos Zaki-ur-Rehman Lakhvi, comandante supremo del LeT en Cachemira y según Nueva Delhi la persona que ordenó los atentados. Dos días más tarde, Pakistán ilegalizaba esta organización vinculada a LeT, congelaba sus cuentas y ponía en arresto domiciliario a su fundador, Hafiz Muhammad Saeed.
A pesar de las actuaciones de Pakistán y de la mediación norteamericana, India sigue exigiendo un mayor compromiso por parte de su vecino, que continúa negando la implicación de terroristas de su país en los atentados y destaca la falta de pruebas. Por otra parte, Nueva Delhi se ha mostrado insatisfecha con la actuación de la comunidad internacional, ya que a su parecer no ha exigido lo suficiente a Pakistán. El 22 de diciembre, el ministro de exteriores indio, Pranab Mukherjee, declaraba que su país no descartaba la acción militar contra Pakistán. En respuesta, Islamabad empezó a reforzar militarmente, cinco días más tarde, su lado de la Línea de Control.

Críticas al Gobierno de Singh
Mientras el Gobierno del INC trataba de centralizar las culpas de los atentados en Islamabad, las críticas en casa por la actuación del Ejecutivo aumentaban. La oposición de la Alianza Nacional Democrática (National Democratic Alliance o NDA, por sus siglas), liderada por el BJP, acusó al Gobierno de debilidad y de falta de una política para hacer frente al terrorismo. El BJP también criticó al Gobierno por haber actuado con lentitud, ya que la Fuerza de Reacción Rápida del Ejército tardó nueve horas en intervenir porque tuvo que venir desde Nueva Delhi. Por otro lado, la clase media y empresarial de Bombay mostró su malestar por la inseguridad en la ciudad en una manifestación, el día 3 de diciembre.
Las reacciones del Ejecutivo de Singh a las críticas llegaron rápido. El 30 de noviembre dimitió el ministro del Interior, Shivraj Patil, que se declaró a sí mismo “responsable moral” por la falta de prevención en los atentados. El mismo día, Singh remplazaba a Patil con el hasta entonces ministro de Finanzas, uno de los más populares del Gobierno, Palaniappan Chidambaran, y se ponía a él mismo al frente de la cartera económica que ya había dirigido con éxito en los años noventa. Singh también anunció que se crearía un organismo federal de seguridad para lograr una mayor coordinación de los diferentes estados en la lucha antiterrorista.

Elecciones en seis estados
Durante los días de asedio a Bombay y en la semana siguiente hubo elecciones en seis estados del país, algunos de gran peso como Madhya Pradesh (con 36 millones de electores), el de la capital, Nueva Delhi, o el de Jammu y Cachemira (cuyo primer ministro había dimitido el 7 de julio al perder el apoyo parlamentario por los disturbios religiosos en la región). Los atentados pudieron haber perjudicado al INC, pero, contra todo pronóstico, salió bastante airoso de los comicios. En cuatro de los estados se mantuvo, en el de Mizoram ganó con más escaños que en las elecciones anteriores y en Rajastán recuperó el Gobierno dejando al BJP en segundo lugar.
El INC parece haberle ganado la partida este año al BJP, su principal rival para las próximas elecciones generales, que tendrán lugar antes de mayo de 2009. A pesar de las múltiples adversidades a las que ha tenido que hacer frente, el partido de Singh aventajó al BJP en la mayoría de las elecciones estatales de 2008 y, además, salió reafirmado del voto de confianza al que se vio obligado a someterse por la oposición de algunas fuerzas políticas del Parlamento al pacto nuclear civil con Estados Unidos.


Un pacto que casi termina con el Gobierno de Singh
Más de tres años y múltiples obstáculos han tenido que pasar para que Estados Unidos e India pudieran firmar el acuerdo nuclear civil que ha convertido en aliados a la principal economía del mundo y a una de las principales economías en desarrollo. El pacto, que nació el 18 de julio de 2005, durante un viaje oficial de Singh a Washington, supondrá a India una gran ayuda para su crecimiento económico, que depende del desarrollo energético; y, para Estados Unidos, unas remesas por la venta de tecnología nuclear que podrían alcanzar los 150.000 millones de dólares y la captación de un gran aliado en la región asiática como contrapeso a la influencia china en la zona.
Tras dos años de conversaciones entre la Administración Bush y el Ejecutivo de Singh, ambos países publicaron, el 3 de agosto de 2007, el llamado “Acuerdo 123” (“123 Agreement”), el documento con todos los detalles del pacto. El “Acuerdo 123” establecía que Estados Unidos vendería tecnología nuclear al gigante asiático para uso exclusivamente civil a cambio de la apertura por parte de la India de 14 de sus plantas nucleares calificadas de civiles a los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (Internacional Atomic Energy Agency o IAEA, por sus siglas en inglés). El acuerdo no apoya el programa nuclear militar de India sino que detalla la cooperación de Estados Unidos en el civil, por lo que ambos programas quedan totalmente distinguidos y no se prohíbe a India realizar ensayos nucleares.
Con la publicación del documento empezaron los problemas para que éste pudiera ser implantado. Parte de los partidos del Parlamento de Nueva Delhi no aceptaron el pacto nuclear civil. Además de los partidos de la oposición, liderados por el BJP, el Frente de Izquierda se negó a apoyar al Gobierno, ya que no veían con buenos ojos una alianza con Estados Unidos que para ellos condicionaría la soberanía india en política exterior. El Frente de Izquierda (o Left Front) es una coalición liderada por el Partido Comunista de India (CPI, por sus siglas en inglés) y el Partido Comunista de India (Marxista), CPM por sus siglas en inglés, que sin formar parte del Gobierno, apoyaba a la Alianza Progresista Unida (United Progressive Alliance o UPA, por sus siglas en inglés), que lidera el Gobernante INC, en la cámara baja (Lok Sabha) del Parlamento indio. El Frente amenazó al UPA con retirarle su apoyo, y, por tanto, que este último quedase en minoría en la cámara baja, si el pacto con Estados Unidos seguía adelante. El Gobierno de Singh se vio obligado a frenar la implementación del “Acuerdo 123” con tal de evitar unas elecciones generales anticipadas.
La Administración Bush apoyó inicialmente a Singh y fue paciente con la ralentización del proceso hasta este año. Las inminentes elecciones a la presidencia norteamericana, en noviembre de 2008, pusieron una fecha límite a la firma del acuerdo, ya que el cambio de poder en la Casa Blanca podía significar la ruptura del mismo.  Ante las presiones de Washington para desencallar el proceso, el INC buscó nuevos aliados en la Lok Sabha para poder dar vía libre al acuerdo. El 8 de julio de 2008, el Gobierno anunciaba que firmaría el pacto con Estados Unidos, a lo que el Frente de Izquierdas reaccionó inmediatamente con la retirada de su apoyo al UPA en la cámara baja. El Ejecutivo, que ya había negociado el apoyo del Samajwadi Party (Partido Socialista) para garantizarse la mayoría parlamentaria, anunció dos días después que se sometería a un voto de confianza, que tuvo lugar el 22 de julio. El Gobierno salió victorioso con los votos a favor de 275 diputados, 265 en contra y diez abstenciones, gracias a su nuevo socio, el Samajwadi Party (partido que anteriormente se oponía al pacto nuclear). El voto de confianza estuvo lleno de polémica con las acusaciones de tres parlamentarios del BJP al INC y al Samajwadi por compra de votos, hechos que están siendo investigados por una comisión especial del Parlamento.
Con la cuestión de la oposición de los partidos indios superada,  el acuerdo nuclear todavía tenía que pasar por la aprobación internacional por parte de la IAEA y del Grupo de Proveedores Nucleares (Nuclear Suppliers Group, o NSG por sus siglas en inglés). El 1 de agosto, la IAEA aprobaba en Viena el acuerdo nuclear por su carácter civil. Un mes más tarde, el NSG, que engloba a un grupo de 45 países para regular el comercio internacional de energía nuclear, daba el visto bueno al acuerdo que supone permitir que un país como India, que no ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT por sus siglas en inglés), pueda participar en el comercio de tecnología y energía nucleares, aunque sea únicamente con fines civiles.
El NPT permite únicamente a cinco países la posesión de armas nucleares. Estos son Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido, que son los estados que poseían arsenal nuclear antes de la firma del tratado, en 1968. Estos países son los denominados Estados Nuclearmente Armados (Nuclear Weapons States) y a la vez son los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Por otra parte, están el resto de países que han ratificado el NPT, los Estados No Nuclearmente Armados (Non-Nuclear Weapons Status) que se comprometen con su firma a no dotarse de armas nucleares. Los cinco Estados Nuclearmente Armados tienen el compromiso de no vender tecnología nuclear a cualquier otro país, incluidos a los países que no han firmado el NPT (además de India, Pakistán, Israel y Corea del Norte).
El hecho de que India no haya ratificado el NPT y posea arsenal atómico generó muchas críticas internacionales, ya que creaba un precedente que podrían querer seguir los otros cuatro Estados Nuclearmente Armados con la venta de tecnología nuclear a los países no firmantes del NPT y que, como India, son potencias nucleares (como podría ser el deseo de China de establecer relaciones comerciales en este sentido con Pakistán).
Después de estas aprobaciones internacionales únicamente faltaban las votaciones del Congreso y el Senado norteamericanos. El 27 de septiembre,  la Cámara de Representantes de Estados Unidos votaba la aprobación del acuerdo de cooperación nuclear con 298 votos a favor y 117 en contra. Cinco días más tarde hacía lo propio el Senado con 86 votos favorables 13 contrarios. La carrera a contrarreloj llegó a su fin con la firma oficial de George Bush el 8 de octubre y la de los responsables de exteriores de India y Estados Unidos, Pranab Mukherjee y Condoleezza Rice, el 10 de octubre en Nueva Delhi.


Bajas perspectivas económicas tras años de enorme crecimiento
El Gobierno de Singh tuvo que afrontar durante el primer semestre del período fiscal de 2008 la creciente inflación, provocada por la subida de los precios de las materias primas, de los alimentos y del petróleo, que alcanzó el 12,6% a finales de julio, la mayor cifra en 13 años. En marzo, el Ejecutivo puso en marcha una serie de medidas para frenar la escalada de precios, como la prohibición de exportar trigo, legumbres y variantes no basmati de arroz y la reducción de las tasas de importación de los alimentos más básicos, del acero y del petróleo.   
Las soluciones del Gobierno para reducir la inflación toparon en junio con los 130 dólares que alcanzó el precio del barril de petróleo. La factura de importación de crudo ha aumentado en los últimos años hasta alcanzar los 77.000 millones de dólares en 2008, en comparación con los 22.000 millones de 2005. El Estado subvenciona parte del coste del petróleo de las refinerías indias, lo que supuso un desembolso del 0,5% del PIB este año. Para hacer frente a las pérdidas de las compañías petrolíferas, el Gobierno decidió, el 4 de junio, subir un 10% el precio de la gasolina, hecho que dificultó el descenso de la inflación. Dos días después de esta medida se desencadenaron en varios estados protestas y huelgas generales lideradas por los partidos de la oposición, que afectaron especialmente a Bengala Occidental y Andhra Pradesh, dónde quedaron bloqueadas carreteras y vías de tren. El 2 de julio, el sector transportista de carretera inició una huelga indefinida, desencadenada por la subida de los impuestos de los peajes, que finalmente duró sólo dos días gracias a las negociaciones de Nueva Delhi con las asociaciones del sector. Ante el temor de un nuevo aumento de la inflación por el paro de más de 4 millones de camioneros, el Gobierno accedió a reducir el precio de los peajes en las autopistas y a crear un comité para encontrar nuevas medidas para hacer frente al precio del petróleo.
La coyuntura económica ha supuesto un desafío para el Gobierno del Partido del Congreso, que se encuentra en el último año de su legislatura. El presupuesto del Estado presentado el pasado 29 de febrero tuvo cierto carácter populista. El Gobierno aumentó en un 20% el gasto en educación, una de las principales carencias de India, donde la tasa de analfabetismo es del 39%, y un 15% el de Sanidad. A pesar de ello, los 8.600 millones del presupuesto educativo todavía quedan muy lejos de los 26.000 millones que gasta en defensa este país (el 14% del total del presupuesto), poseedor de arsenal nuclear pero en el que el 80% de los más de 1.100 millones de habitantes viven con menos de dos dólares al día.
El último presupuesto del Gobierno de Singh también incluyó una partida de 15.000 millones de dólares para cancelar la deuda de los agricultores con menos de dos hectáreas de tierra. La agricultura, que proporciona el 20% del PIB y emplea el 60% de la población activa, es el sector de la economía india más castigado por su baja productividad.  Las deficiencias en infraestructuras y tecnología hacen que la mitad de la producción se estropee y por tanto que los precios sean más altos. Las subvenciones de los países desarrollados a sus propios productos hacen imposible la competitividad de los agricultores de India y en los últimos años se ha registrado un endeudamiento masivo de estos. Ante la acumulación de pérdidas, los agricultores piden préstamos a usureros con altas tasas de interés y, al no poder devolverlos, optan por el suicidio (se estima que unos 120.000 se han suicidado en los últimos diez años).  
Este paquete de ayudas para los agricultores, junto a otras obligaciones, no previstas en el presupuesto, que ha debido hacer frente el Gobierno este año (los subsidios por los aumentos del precio del petróleo y de los alimentos y el aumento de los salarios de los funcionarios que se pactó en 2006), podrían aumentar el déficit presupuestario hasta el 4,3% del PIB, mientras que en los últimos cinco años se había reducido y el año pasado fue del 2,5% del PIB.
En los últimos tres meses de 2008, la crisis económica mundial ha hecho estragos en India. Desde octubre, las exportaciones han caído un 12%, respondiendo a la situación económica que viven los principales socios comerciales (Unión Europea y Estados Unidos), mientras que el valor de las importaciones no ha dejado de aumentar (por la demanda de consumo y el aumento de los precios), lo que ha dejado un déficit comercial de 112.300 millones de dólares. A pesar de ello, la cantidad de reserva de divisas extranjeras con que cuenta el país, 300.000 millones de dólares, resulta tranquilizadora para hacer frente a los pagos de las importaciones. El crecimiento de la industria de noviembre se quedaba en un tímido 2,4%, en comparación con el crecimiento del 8,8% un año antes. La Bolsa de Bombay entró en un descenso sistemático desde que el 8 de enero alcanzara los 21.000 puntos, el máximo histórico, y en octubre llegó a los 8.000 puntos, a lo que contribuyó la retirada de 13.000 millones de dólares de fondos extranjeros. Y la rupia, que en 2007 aumentó su valor respecto al dólar, se ha depreciado un 8,7%.
La economía india, que había crecido durante los últimos cuatro años una media del 9%, ha visto como las perspectivas para el año fiscal de 2008 (del 1 abril al 31 de marzo) van a ser mucho menores. Al inicio del curso económico, las estimaciones indicaban que el crecimiento del PIB en 2008 sería del 7,4% y del 7% para el 2009. Pero a medida que avanzó el año las expectativas fueron más pesimistas y las últimas cifras indican que el crecimiento económico podría no superar el 6%, a lo que todavía habría que añadir las consecuencias que puede acarrear la situación de inseguridad que ocasionaron los atentados de Bombay del 26 de noviembre, sobre todo de cara al turismo y a las inversiones extranjeras.


Una democracia sacudida por los atentados


Uno de los principales problemas de India y que supone un freno para su expansión como potencia mundial es la seguridad. Este país de Asia meridional sufre, y ha sufrido desde su independencia, los estragos del terrorismo y las insurgencias separatistas. Actualmente, 264 de los 625 distritos que tiene India se encuentran afectados por el terrorismo separatista o de extrema izquierda.
El movimiento maoísta que lucha por la liberación de las zonas rurales y está liderado por el Partido Comunista de la India (Maoísta), afecta un total de 194 distritos, de 16 estados del centro del país, y es el más antiguo. En el nordeste del país los movimientos separatistas afectan a un total de 50 distritos de varios estados que piden la independencia. India sostiene que los diversos grupos terroristas de la zona que luchan por la secesión han contado con la ayuda económica y logística de los servicios secretos pakistaníes. La organización más activa de esta zona es el Frente de Liberación Unido de Assam (ULFA, por sus siglas en inglés).
A todos estos movimientos hay que sumarles el terrorismo yihadista presente en Jammu y Cachemira desde los años 90 y que desde los últimos años ha extendido sus actuaciones por todo el país, sobre todo a raíz del 11-S y la posterior guerra contra el terrorismo que inició Estados Unidos en Afganistán. Desde el atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono de 2001, India ha sufrido una decena de particulares 11-S. La situación ha resultado preocupante en 2008 ya que, aparte de los atentados de Bombay, otros cuatro ataques terroristas en distintas ciudades sumaron sólo entre ellos más de 200 muertos.
Una media de 100 atentados al mes ha dejado este año un balance de 2.610 muertos derivados de la violencia terrorista. Las cifras son preocupantes para un país que se enorgullece de llamarse a sí mismo la democracia más grande del mundo. Por ello, los ciudadanos hicieron notar su malestar por la inseguridad después de los ataques a Bombay, dónde durante tres días el mundo siguió en directo las flaquezas de India.



Cronologia año  2008
15 de enero. Manmohan Singh propone a China un pacto de cooperación nuclear civil en su primera visita oficial al país vecino.  

15 de enero. El nuevo Gobierno laborista de Australia decide que no venderá uranio a India por no haber firmado Nueva Delhi el Tratado de No Proliferación nuclear (TNP).

25 de enero. Nicolás Sarkozy y Manmohan Signh firman la “declaración conjunta franco-india”, que impulsará la cooperación entre los dos países en materia nuclear civil y cooperación militar. El presidente francés declara también su apoyo a India ante la AIEA para la autorización de ésta ante al programa de energía nuclear civil indio.

12 febrero. Manmohan Singh sella en Nueva Delhi con su homólogo ruso, Víctor Zubkov, un acuerdo para la construcción de cuatro nuevas centrales atómicas.

20 de febrero. Una delegación de tres senadores norteamericanos del Comité de Relaciones Exteriores se ha entrevistado con Manmohan Singh en Nueva Delhi para reclamar al Gobierno indio la ratificación del acuerdo bilateral sobre energía nuclear civil como máximo a principios de junio.

8 - 9 de abril. Primera cumbre entre países africanos e India. Líderes de catorce países africanos se han reunido en Delhi para mejorar las relaciones comerciales y diplomáticas con India, que busca sobre todo nuevas fuentes de energía.

9 de abril. Firma de un acuerdo por valor de más de 400 millones de dólares para explotar de forma conjunta durante cinco años yacimientos de gas y petróleo en Venezuela, en la región del sudeste del Orinoco.

22 de abril. El Gobierno indio rechaza la petición norteamericana para que intente convencer a Irán de que paralice su programa nuclear ya que lo considera una injerencia en las relaciones diplomáticas entre Teherán y Nueva Delhi.

13 de mayo. 80 muertos y 150 heridos por la explosión de ocho bombas en diferentes puntos de la capital del Rajastán, Jaipur.  

4 de junio. El Gobierno decide elevar un 10% los precios de la gasolina y del diésel.

30 de junio. El Gobierno de Cachemira revoca la decisión que otorgaba tierra al santuario de Amarnath por las violentas protestas de los últimos días

2 - 4 de julio. Huelga general de más de cuatro millones de transportistas por carretera para protestar por el aumento del precio de la gasolina y de los peajes.

7 de julio. 41 muertos en un atentado con coche-bomba contra la embajada india en Kabul.

8 de julio. El Frente de Izquierdas abandona el apoyo al Gobierno en el Parlamento por el anuncio de Singh de seguir adelante con el acuerdo nuclear civil con Estados Unidos.

22 de julio. El Gobierno indio gana el voto de confianza en el Parlamento, con 275 diputados a su favor, 256 en contra y diez abstenciones.

26 de julio. 53 muertos y 145 heridos en una serie de diecisiete explosiones en la ciudad de Ahmenabad, en el Estado occidental de Gujarat.

29 de julio. Intercambio de disparos entre el Ejército indio y el de Pakistán en la Línea de Control.

1 de agosto. El Organismo Internacional de la Energía Atómica aprueba el acuerdo nuclear civil entre Estados Unidos e India. India permitirá inspecciones en 14 instalaciones nucleares civiles, pero en ninguna militar.

8 de septiembre. El grupo de 45 países que regulan el comercio nuclear internacional aprueban la propuesta norteamericana de levantar el veto a India, por lo que el pacto nuclear civil entre Washington y Delhi podrá ser implantado.

13 de septiembre. 24 muertos y 151 heridos al explotar cinco bombas en tres de los principales y más concurridos núcleos comerciales y de ocio de Nueva Delhi.  

16 de septiembre. El crecimiento económico de India se verá frenado considerablemente en los años fiscales 2008 y 2009 según el informe sobre previsiones económicas en Asia del Banco Asiático de Desarrollo, que pronostica que el actual ejercicio finalizará en el 7,4% y que en 2009 se reducirá hasta el 7%.  

25 de septiembre. Manmohan Singh y el presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, anuncian en Nueva York, donde se encuentran reunidos en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas, que ambos países retomarán 'dentro de tres meses' las conversaciones de paz.  

27 de septiembre. El Congreso de Estados Unidos vota a favor del acuerdo de cooperación nuclear con India por 298 votos a favor y 117 en contra.

2 de octubre. El Senado de EE.UU. aprueba el acuerdo de cooperación nuclear con la India con 86 votos a favor y 13 en contra.

8 de octubre. George Bush firma finalmente el acuerdo para la cooperación con India sobre tecnología nuclear para uso civil, poniendo fin a tres años de intensas negociaciones y críticas desde amplios sectores.

22 de octubre. India lanza con éxito su primera misión a la Luna con un cohete que lleva en su interior la sonda espacial no tripulada “Chandrayaan 1”, que hará una misión de exploración de dos años de duración.

30 de octubre. 64 muertos y 300 heridos en 18 atentados con bomba perpetrados en el Estado de Assam. La mayoría de las explosiones se concentraron en la capital del Estado, Guwahati. ULFA ha negado su implicación pero responsabiliza a 'la ocupación india' de ser la causa de la violencia.

26 - 30 de noviembre. Un ataque coordinado con tiroteos y explosiones en varios enclaves de Bombay se cobra la vida de 188 personas. Los ataques han sido reivindicados por una organización islamista autodenominada Muyahidines del Deccan.

3 de diciembre. La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, llega a Nueva Delhi para reducir las tensiones entre India y Pakistán a raíz de los atentados de Bombay.

 


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