Anuario 2008
Pakistán
"La retirada de Musharraf deja al país en la misma situación que hace un decenio
"
Joana Tarancón

El 18 de agosto de 2008 el ex general Pervez Musharraf anunció su dimisión como presidente de la República Islámica de Pakistán tras nueve años en el poder, al que había llegado mediante un golpe de Estado en 1999. Las instituciones políticas vuelven a estar completamente en manos de los partidos pakistaníes, pero la democratización del único país islámico que posee la bomba atómica no se ha traducido en una mejora política, económica y de seguridad. Pakistán ha retrocedido una década. El país asiático ha vuelto a la época de disputas entre los dos principales partidos, el gobernante Partido Popular de Pakistán (PPP por sus siglas), de la ex primera ministra asesinada en diciembre de 2007, Benazir Bhutto, y la Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz (PML-N, por sus siglas en inglés) del ex primer ministro Nawaz Sharif, con la diferencia de que en 2008 6.715 personas han muerto a causa del terrorismo y contraterrorismo, los atentados suicidas siguen aumentando y la situación económica no ofrece cifras más alentadoras. Una inflación del 20,8% amenaza a los pakistaníes que viven bajo el umbral de la pobreza, el 24% de una población de 172 millones.
La caída de Pakistán ha ido en paralelo a la caída de Musharraf. Los equilibrios del dictador para mantenerse en el poder han hecho estragos en este país asiático caracterizado por su inestabilidad. El poder político ha vuelto a manos de la misma élite que durante años ha decepcionado a su electorado con promesas incumplidas y con la demostración de ineptitud para llevar las riendas del país, hechos que en el pasado terminaron con la subida al poder del Ejército, estamento del cual se cree que es el único que realmente tiene y ha tenido poder desde la independencia del Reino Unido en 1947. De los 61 años de historia de Pakistán, casi la mitad han estado gobernados por dictaduras militares (1958-1971, 1977-1988 y 1999-2008).
El declive de Musharraf había empezado en 2007, consecuencia de las decisiones políticas del dictador para mantenerse en el poder que terminaron por aislarle. El 6 de octubre de 2007, había elecciones presidenciales y meses antes Musharraf puso en marcha todas sus artimañas para asegurase la reelección como Presidente sin tener que renunciar a la Jefatura del Ejército (la Constitución no permite la convivencia de ambos cargos). Tres años atrás, Musharraf había logrado que el Parlamento aceptara la legalidad de su presidencia hasta la siguiente elección de la jefatura de Estado.
El 9 de marzo de 2007, Musharraf destituyó al presidente del Tribunal Supremo, Iftikhar Muhammad Chaudhry, el mayor opositor al régimen y quien podía declarar la ilegalidad de una nueva presidencia del General. La decisión generó una oleada de protestas de abogados, periodistas y partidos opositores. Musharraf acusó a Chaudhry de abuso de poder pero  no pudo logar mantenerle alejado de su cargo ya que el Tribunal Supremo lo restableció en sus funciones y revocó todas las acusaciones contra él cuatro meses después de su destitución.  
Tras la vuelta de Chaudhry, Musharraf tuvo que hacer frente a otra crisis. El asalto a Mezquita Roja de Islamabad del 10 de julio, en la cual se habían atrincherado unos 2.200 islamistas radicales que reclamaban la instauración de la sharia o ley islámica en Pakistán,  añadió unos cuantos enemigos más a Musharraf. El dictador fue duramente criticado, tanto por su actuación durante la crisis, como también por haber permitido durante mucho tiempo la radicalización de la Mezquita Roja, situada en pleno centro de la capital y cuyos líderes la habían llenado de armas. Desde la finalización de este suceso, los atentados terroristas se han multiplicado en Pakistán, aunque la reacción del islamismo radical fue especialmente violenta en las regiones del noroeste, fronterizas con Afganistán, la provincia de la Frontera del Noroeste y las Áreas Tribales. Musharraf también perdió el favor de los partidos islamistas que hasta entonces le habían ayudado a mantenerse en el poder.
Frenar el aumento de la violencia terrorista le sirvió a Musharraf como excusa para dar un autogolpe de estado el 3 de noviembre de 2007, menos de un mes después de su reelección como presidente. El trasfondo de la imposición del estado de excepción fue asegurarse la validación de los resultados de las presidenciales, ya que el Tribunal Supremo de Chaudhry se encontraba deliberando la legitimidad de la reelección de Musharraf.  El todavía General destituyó a catorce jueces del máximo órgano judicial, la mayoría de los cuales fueron puestos en arresto domiciliario, incluido su presidente, Iftikhar Mohammad Chaudhry. Más de 5.000 personas, entre miembros de los partidos opositores, abogados, activistas pro derechos humanos y periodistas, fueron arrestados. Musharraf también pospuso indefinidamente las elecciones legislativas que estaban previstas para el 8 enero de 2008.
El autogolpe de Estado inquietó a la comunidad internacional, especialmente a Estados Unidos. El país norteamericano llevaba meses mediando un pacto entre Musharraf y la dos veces primera ministra, Benazir Bhutto (1988-1990 y 1993-1996) y líder vitalicia del PPP, para compartir el poder político (presidencia y jefatura del Gobierno respectivamente) y dar una imagen más democrática del principal aliado norteamericano en la guerra contra el terrorismo. Durante el estado de excepción, 500 miembros del PPP fueron arrestados y a la ex primera ministra fue puesta en arresto domiciliario
Musharraf pudo asegurarse la presidencia pero el autogolpe le aisló política y militarmente. Perdió la alianza con Benazir Bhutto, quien pasó a liderar la oposición y a centrar todas las atenciones mediáticas, y también el poder en el Ejército. El 19 de noviembre, el nuevo Tribunal Supremo validó la reelección de Musharraf como presidente y nueve días más tarde éste abandonaba el uniforme, como había prometido a Estados Unidos, y juraba el cargo como jefe, civil, del Estado.
Musharraf pretendía mantener el estado de excepción hasta pasadas las elecciones legislativas, que estaban previstas para enero de 2008, pero finalmente, y con las presiones de Estados Unidos, el ya ex general restableció las garantías democráticas el 15 de diciembre, aunque mantuvo a sus enemigos del Supremo alejados de sus cargos. Cuando parecía que la situación en Pakistán volvía a una cierta normalidad y que finalmente Musharraf dejaba de dar sorpresas, el asesinato de Benazir Bhutto el 27 de diciembre de 2007 volvió a tambalear la estabilidad del país y del régimen.


La muerte de Benazir Bhutto remata la imagen de Musharraf
Tras encabezar un mitin electoral, la ex primera ministra y líder vitalicia del PPP era asesinada en un atentado terrorista en Rawalpindi, ciudad colindante a Islamabad y sede de los cuarteles generales del Ejército. La muerte de Bhutto conmocionó a la sociedad pakistaní, que vio como, a pocos días de la celebración de las elecciones más democráticas de los últimos años y con los dos principales líderes políticos del país, Bhutto y Nawaz Sharif, presentes tras su exilio, la mujer que encarnaba el futuro democrático de Pakistán era asesinada. Si las elecciones ya pintaban muy mal para el partido que apoya a Musharraf, la Liga Musulmana de Pakistán-Quaid-i-Azam (PML-Q por sus siglas en inglés), este suceso no hizo más que disminuir todavía más la popularidad del ex general.
Todas las miradas se dirigieron hacia Musharraf, a quien los seguidores de Bhutto culpaban del asesinato al no haber protegido a su líder. No era la primera vez que la ex primera ministra era objetivo de un atentado. Dos meses antes, Bhutto había sobrevivido a una masacre el mismo día que regresó del exilio. Si bien el pacto entre Musharraf y Bhutto ya estaba prácticamente roto con el autogolpe de Estado del ex general, la muerte de la ex primera ministra puso más tensiones a las relaciones entre el PPP y Musharraf.
La investigación del atentado, en el que también murieron otras 30 personas, ha supuesto el mayor punto de fricción durante 2008 entre el ex general y el partido de Bhutto. La primera versión oficial del Ministerio del Interior de entonces, y la que siempre ha mantenido como válida el PPP, fue que Benazir Bhutto falleció a causa de dos disparos en el cuello y el pecho que le propinó el terrorista, que segundos después, se inmoló provocando un baño de sangre. Al día siguiente, el Gobierno declaró que no se habían encontrado heridas de bala y que la ex primera ministra falleció a consecuencia de un fuerte golpe en el cráneo al caer dentro del coche, en el que se había asomado para saludar a sus votantes, a consecuencia de la onda expansiva de la explosión. Esta versión enfureció a los partidarios del PPP, quienes vieron un intento del Ejecutivo de esconder las causas reales. Los seguidores de Bhutto querían una muerte más trágica y épica para su líder indiscutible que un simple golpe, pero no hubo autopsia alguna y el escenario había sido limpiado pocas horas después del atentado.
El atentado contra Bhutto levantó numerosas protestas, sobre todo en la provincia de Sindh, el feudo tradicional del PPP. En tres días murieron 57 personas, lo que llevó al Gobierno a posponer los comicios hasta el 18 de febrero. El PPP se opuso a esta decisión, ya que dedujeron de ella una voluntad del Ejecutivo de atrasar al máximo las elecciones para asegurarse el mayor número de votos posible. Si bien antes del 27 de noviembre ya estaba claro que el PPP resultaría vencedor de las legislativas, las encuestas le otorgaban un mínimo del 30% de los votos, el asesinato de Bhutto despertó una oleada de fervor a favor de la ex primera ministra, por lo que la derrota del PML-Q se avenía cada vez más flagrante.
Musharraf se apresuró a ofrecer una imagen de transparencia en la investigación del atentado e invitó a la policía británica de Scotland Yard a ayudar a esclarecer los hechos. El 4 de enero un equipo de cinco agentes de este cuerpo policial llegaba a Islamabad con el rechazo del PPP, que exigía una investigación por parte de la ONU y no por parte de Gran Bretaña, país aliado de Estados Unidos, y en consecuencia de Musharraf, en la guerra contra el terrorismo en la frontera de Afganistán y por tanto con un presunto interés en darle una buena imagen al dictador. El 8 de febrero, diez días antes de las elecciones, Scotland Yard hacía público el informe de su investigación en el cual confirmaba la versión gubernamental  de que Bhutto había fallecido a causa de la onda expansiva de la explosión y no por herida de bala. Por otra parte, la policía británica concluyó que el atentado fue obra de un solo terrorista, que primero disparó a la ex primera ministra y, acto seguido se inmoló, y que no intervinieron dos como había sostenido el Gobierno de Musharraf.
En cuanto a la autoría del crimen, Scotland Yard no intervino en la investigación. El Gobierno de entonces sostenía que detrás del atentado se encuentra Baitullah Meshud, líder talibán de la conflictiva zona tribal de Waziristán del Sur, vinculado a Al Qaeda, teoría que también sostiene la CIA. El director de la Agencia de Inteligencia Estadounidense declaró a mediados de enero en una entrevista a “The Whashington Post” que todo apuntaba a que fue Al Qaeda, en colaboración con Meshud, el responsable del asesinato de Bhutto. Mientras, un portavoz del líder tribal que había amenazado con impedir las elecciones a cualquier precio, negaba la autoría del atentado, a la vez que el PPP acusaba a miembros del Ejército y del Gobierno de estar implicados.
Antes de las elecciones, el Gobierno de Musharraf realizó algunas detenciones de supuestos terroristas implicados en la preparación del atentado y vinculados con Meshud. Pero los esfuerzos de Musharraf de atenuar el efecto del asesinato de su principal rival política no surtieron efecto y engrosó todavía más su impopularidad.


Elecciones como referéndum a Musharraf
Después de las medidas impopulares llevadas a cabo por Musharraf durante el último año, las elecciones legislativas a la Asamblea Nacional y a las cuatro Asambleas Provinciales se postularon como un referéndum a la política del régimen del ex general. Según un sondeo de la organización estadounidense International Republican Institute publicado una semana antes de los comicios, únicamente un 15% de los encuestados declaraba como positiva la política de Musharraf. El estudio, además, otorgaba un 72% de los votos a PPP y PML-N conjuntamente.
A pesar del ambiente de descontento popular de los últimos meses y de tratarse de las elecciones generales más democráticas desde el golpe de Estado de 1999, la participación no fue muy alta, como es habitual en Pakistán. El porcentaje de participación fue del 40%, condicionado también por la escalada de los atentados terroristas desde julio de 2007, por el temor de los votantes a unas elecciones fraudulentas por parte del régimen y por el boicot de algunos partidos islamistas y nacionalistas, que no se presentaron.
El mejor indicador de transparencia de las elecciones fue la aceptación de los resultados por parte de los partidos y la derrota, como estaba previsto, del hasta entonces gobernante PML-Q, el partido creado por Musharraf en 2001 como órgano político de su dictadura y formado por parte de antiguos miembros del partido de Nawaz Sharif. El PML-Q quedó relegado al tercer lugar con 38 de los 272 escaños electos al Parlamento (los 70 escaños restantes se reservan a las mujeres y a las minorías no musulmanas, y se reparten después de las elecciones según los resultados obtenidos por cada partido).
El PPP se alzó como fuerza ganadora con 87 escaños, seguida del PML-N con 66. Los resultados indicaron que el partido de la ex primera ministra asesinada no obtuvo la clara victoria que se le vaticinaba. Es probable que, en parte, el PPP no obtuviera más votos por culpa del hombre que sustituyó a Bhutto al frente de la formación política. La líder del PPP dejó el partido en herencia a su hijo, Bilawal Ali Bhutto, pero al estar éste todavía cursando sus estudios universitarios en Oxford, fue el viudo, Asif Ali Zardari, quien se puso al frente. Zardari es conocido con el sobrenombre de “Míster 10%” por las supuestas comisiones que cobró durante los mandatos de su esposa. Zardari cumplió condena en la cárcel desde 1998 hasta 2004 por corrupción y sobre él también ha planeado la sospecha de que estuvo implicado en la muerte a manos de la policía del hermano menor de Benazir Bhutto, Mir Murtaza Bhutto.
La mejor noticia de las elecciones, además de la derrota del PML-Q, fue el retroceso de los partidos islamistas integristas agrupados en el MMA (Muttahida Majlis-e-Amal) tanto en la Asamblea Nacional como en la de la Provincia de la Frontera Noroeste (NWFP, por sus siglas en inglés). Esta coalición, a la que a veces se ha relacionado con grupos terroristas, fue la gran sorpresa de las elecciones de 2002 al convertirse en la tercera fuerza política del país con 60 escaños en el Parlamento Nacional. Entonces  logró también la victoria en las dos provincias fronterizas con Afganistán, la  NWFP y Baluchistán. En esta ocasión, la alianza ha obtenido únicamente 6 escaños en la Asamblea Provincial de la primera y 9 en la de la segunda, y 3 asientos en el Parlamento de Nacional.
El fracaso del MMA, coalición que aboga por la aplicación de la ley islámica, dejó paso a la victoria del Partido Nacional Awami (ANP, por sus siglas en inglés), que logró imponerse en la Asamblea Provincial de la NWFP con  31 escaños, de los 96 que la conforman (en 2002 tan sólo obtuvo siete), a la vez que se ha convertido en la quinta fuerza parlamentaria de Islamabad con 10 escaños. La ANP es un partido nacionalista pastún (la etnia mayoritaria del noroeste pakistaní y de Afganistán), moderado y secular. La problemática provincia fronteriza ha dado en las elecciones de 2008 un voto de castigo al islamismo radical, que, desde la invasión de Estados Unidos a Afganistán, se había atrincherado en la zona de la mano de los talibanes y del MMA.
Si bien el partido que logró más votos fue el PPP, el ganador moral de las elecciones fue el PML-N de Sharif. El dos veces primer ministro (1990-1993 y 1997-1999) fue derrocado en su último mandato por el golpe de Estado de Musharraf, su jefe de las Fuerzas Armadas en aquella época. El dictador acusó a Sharif de secuestrar su avión el mismo día de la sublevación militar y fue condenado a cadena perpetua. El líder del PML-N pudo pactar el exilio a Arabia Saudí, donde permaneció hasta el 25 de noviembre de 2007, cuando, finalmente, pudo regresar a Pakistán en su segundo intento (dos meses y medio antes tuvo que volver al exilio sin haber podido bajarse del avión a pesar de una orden del Tribunal Supremo que le permitía regresar a Pakistán). Aunque pudo volver a su país, la Comisión Electoral de Pakistán no le permitió presentarse a las elecciones al Parlamento Nacional debido a la condena que todavía tiene pendiente de cumplir. A pesar de todos los obstáculos, el líder del PML-N pudo, al menos, estar presente en las elecciones y ver en primera persona cómo su partido recuperaba parte del electorado que Musharraf le había robado con el PML-Q, sobre todo en la provincia del Punjab, su feudo tradicional. El PML-N recuperó el Gobierno de esta provincia, la más importante económica, política y demográficamente, al lograr 101 escaños en la Asamblea Provincial, de un total de 293.


Gobierno de coalición entre dos viejos enemigos
Inmediatamente después de las elecciones, el nuevo presidente del PPP, Asif Ali Zardari, anunció que su partido no formaría un Gobierno de coalición con el PML-Q de Musharraf. Tan sólo tres días después de los comicios,  las dos principales fuerzas políticas ganadoras, y antiguas rivales en los años 90, anunciaron que negociarían para formar ejecutivo. El nexo de unión del PPP y el PML-N fue el objetivo común de echar a Musharraf de la presidencia. Zardari pedía como requisito para pactar el apoyo en el Parlamento para aprobar una investigación de la ONU del asesinato de Benazir Bhutto, mientras que la petición de Sharif era la restitución de los jueces del Tribunal Supremo que Musharraf había destituido durante el estado de excepción.
El PPP y el PML-N son los dos partidos políticos más grandes de Pakistán pero con fuertes desavenencias históricas, por lo que un pacto de coalición entre ambas formaciones podía correr el riesgo de romperse en cualquier momento. Su acercamiento fue posible gracias a la política de los últimos meses de Musharraf, a pesar de que este, como enemigo de Sharif, había intentado frenar durante el último año un pacto entre ambos partidos.
El PPP y el PML-N iniciaron en 2006 un diálogo para hacer frente a la dictadura de Musharraf que se formalizó con la firma de la “Carta de la Democracia” en mayo de ese año. Pero las diferencias abismales entre ambos partidos fueron irreconciliables en esa ocasión. El PPP es un partido laico de centro izquierda creado por el ex presidente (1971-1973) y ex primer ministro (1973-1977) Zulfikar Alí Bhutto, padre de Benazir, bajo las creencias socialistas, y con unos líderes occidentalizados y formados en prestigiosos centros educativos de Estados Unidos e Inglaterra. Benazir Bhutto, licenciada en Harvard y Oxford, era la candidata a la que apoyaba Estados Unidos en las elecciones de febrero. Por su parte, el PML-N era el principal rival político del PPP en los años 90, y su líder, Nawaz Sharif, fue el heredero político y el protegido del ex dictador Zia-ul-Haq (1977-1988), el hombre que derrocó y sentenció a muerte en 1979 a Alí Bhutto. El PLM-N, además, es un partido islamista y Nawaz Sharif era el candidato apadrinado por Arabia Saudí.
Si algo tienen en común  el PPP y el PLM-N son las acusaciones de corrupción que empañaron a sus respectivos gobiernos en los años 90. Nawaz Sharif y su Gabinete fueron acusados de corrupción en su primera legislatura (1990-1993) por lo que finalmente dimitió y propició la vuelta de Bhutto tras las elecciones. En 1999, durante su segundo mandato (1997-1999), Sharif fue derrocado por el golpe de Estado de Musharraf.
El enemigo del PML-N es Musharraf, mientras que para el PPP no lo fue hasta el autogolpe de estado de noviembre de 2007 y el asesinato de Benazir Bhutto. Ahora ambos partidos se necesitan para llegar al poder, pero la desconfianza en el otro es mutua.
Bajo la consigna de conducir conjuntamente a Pakistán hacia la democracia, el PPP y PML-Q anunciaron, el 9 de marzo, un acuerdo de coalición, tanto en el Gobierno central como en el provincial de Punjab. Ambos partidos pactaron el cargo de primer ministro y de presidente de la Asamblea Nacional para un miembro del PPP y algunos de los ministerios para el PML-Q, y el mismo pacto a la inversa para el Punjab. El mismo día, los dos partidos anunciaron haber llegado a un acuerdo en cuanto a la cuestión de los jueces, en el cual se estipulaba un plazo de 30 días para devolver los cargos a los magistrados del Tribunal Supremo.
Sorprendentemente, poco más de un mes después de las elecciones, Pakistán tenía un nuevo Parlamento y nuevo Gobierno. El 19 de marzo, los diputados escogían con 249 votos, de los 324 que se emitieron, a la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta de la Asamblea Nacional, Fahmida Mirza, legisladora por el PPP. El 24 de marzo, la Asamblea escogía a Yusuf Raza Gillani como primer ministro. Gillani, es el vicepresidente del PPP y líder de la formación en el Punjab. Durante el régimen de Musharraf fue encarcelado, bajo acusación de abuso de poder, durante la segunda legislatura de Bhutto, en la cual ejerció como presidente de la Asamblea Nacional. El mismo día de su elección, con 264 votos a favor, contra los 42 obtenidos por el candidato del PML-Q, Gillani ordenó la liberación de los jueces del Tribunal Supremo y de Chaudhry, en arresto domiciliario desde el autogolpe.
Ni Zardari, ni Sharif pudieron optar al puesto de primer ministro al no tener escaño en la Asamblea porque sus cargos pendientes no les permitieron presentarse a las elecciones de febrero. El 13 de marzo, el Tribunal Supremo libró al viudo de Benazir Bhutto del último cargo por corrupción. El Supremo dictaminó que se entendía que la supresión de los cargos de Zardari ya estaba incluida en la amnistía que Musharraf ofreció a Bhutto para poner fin a su exilio, en octubre de 2007, cuando la ex primera ministra y el ex general mantenían el pacto mediado por Estados Unidos para repartirse la presidencia y la jefatura del Gobierno. Aunque Zardari obtuvo vía libre para presentarse a las elecciones parciales del 26 de junio de 2008 (elecciones que se organizan para escoger los escaños que por defunción del candidato o por incidente durante el proceso electoral han quedado pendientes), optó a que el cargo de primer ministro continuara en manos Gillani y hacer carrera para logar la jefatura del Estado, que pronto dejaría vacante Musharraf, con los poderes extraordinarios adjudicados por el ex general a este cargo todavía vigentes.


Una élite política incapaz de gobernar
La guerra de egos entre dos partidos autocráticos como son PPP y PML-N no se hizo esperar mucho y no era difícil de prever si se tiene en cuenta el historial de enemistad, corrupción y falta de democracia interna. Ambos partidos han estado siempre gobernados por la misma dinastía, los Bhutto y los Sharif, respectivamente, sin dejar opción a una renovación de la cúpula.
El asunto de los jueces del Supremo hizo que la coalición se rompiera apenas dos meses después de su creación. El PPP consiguió que el PML-N cumpliera su parte del pacto para formar Gobierno. El 14 de abril, el Parlamento, con el apoyo del partido de Sharif, aprobó una resolución para pedir a la ONU una investigación del asesinato de Benazir Bhutto, que permitió  que el 10 de julio, el organismo internacional llegara a un acuerdo con Islamabad para crear una comisión para esclarecer los hechos del 27 de diciembre (aunque dicha comisión todavía no se ha formado). Pero el PPP no cumplió con las condiciones del PML-N de restituir a los jueces del Tribunal Supremo. Ambos partidos pactaron el 12 de mayo como fecha límite para la votación en el Parlamento de la restauración de los magistrados, de lo contrario el partido de Sharif abandonaría el Gobierno. Ese día, al no haber votación alguna, Sharif anunció la retirada temporal de los nueve ministros de su partido del Ejecutivo hasta la resolución de la restitución de los jueces.
Para el copresidente del PPP, Zardari, la vuelta de Chaudhry y del resto de jueces podía significar la supresión de su amnistía otorgada por los jueces impuestos por Musharraf. El partido puso como excusa en la demora que consideraba que, antes de que los jueces expulsados por el ex general volvieran a sus cargos, el Supremo debía ser reformado con una ampliación de 16 a 29 jueces para incluir a los magistrados que puso Musharraf. Como si el tiempo retrocediera un año, miles de abogados iniciaron en junio una protesta para reclamar la rehabilitación de sus compañeros del Supremo. El 9 de junio, iniciaron en Karachi, capital de la provincia de Sindh, una marcha de 1.200 kilómetros hacia Islamabad. Cuatro días más tarde llegaban a las puertas de la Asamblea Nacional, donde se manifestaron junto a miembros del PML-N.


Breve tregua del PML-N para lograr la salida de Musharraf
La crisis gubernamental dio una tregua cuando el PPP y el PML-N llegaron a un acuerdo, el 7 de agosto, para iniciar un proceso de destitución de Musharraf como presidente. Un día después, la mitad de los ministros del partido de Sharif regresaban a sus despachos como señal de apoyo al proceso, aunque el resto de ministros no regresarían a menos que se solucionara la cuestión de los jueces. El Gobierno elaboró un dossier con una serie de acusaciones hacia el ex general, como violación de la Constitución, mala gestión del país y apropiación de una parte de los fondos que Estados Unidos ha entregado a Pakistán desde 2002 para luchar contra el terrorismo. El dossier con las acusaciones debía ser presentado ante el Parlamento el 19 de agosto para ser aprobado e iniciar de este modo la investigación y, una vez probados los delitos, iniciar una moción de censura, la primera contra un presidente de Pakistán.
Los enormes poderes que Musharraf había otorgado a la presidencia durante su mandato, entre los cuales estaba la disolución del Gobierno, hacían prever una posible reacción de Musharraf, como llevar a cabo un nuevo golpe de Estado. Pero el ex general anunció su dimisión el 18 de agosto. La decisión dejó clara la pérdida de poder de Musharraf durante los últimos meses,  más que la inclinación del ya ex presidente a sucumbir a la voluntad expresada por el pueblo pakistaní, que en las elecciones había relegado al PML-Q a ser la tercera fuerza política del país. Sin el respaldo del Ejército, el hombre que había gobernado el país con mano de hierro durante nueve años mientras hacía equilibrios entre las divisiones internas, el islamismo radical, Estados Unidos, los militares  y la oposición no le quedó más remedio que tirar la toalla a pesar de sus esfuerzos del último año en mantenerse en el poder.
Una vez Musharraf anunció su dimisión, la elección de un nuevo presidente fue la gota que colmó el vaso de la confianza del PML-N. El PPP decidió que su candidato a las elecciones presidenciales sería Zardari en contra de la opinión de su aliado, que pensaba que debían buscar un candidato neutral más acorde con la figura meramente ceremonial que le correspondía a la jefatura de Estado antes de que la ocupara Musharraf.
El 25 de agosto, Nawaz Sharif anunciaba el abandono definitivo del PML-N del Gobierno y que el partido pasaba a la oposición a la vez que presentaría a su propio candidato (el ex jefe del Tribunal Supremo entre 1999 y 2000, Saeeduzzaman Siddiqui) para competir con Zardari en la elección presidencial.


Sangrienta bienvenida al nuevo presidente
La salida de Musharraf, lejos de mejorar el panorama político, añadió más tensión. Mientras que el dictador logró una salida tranquila del poder, el hombre al que se le conoce con el sobrenombre de “Míster 10%” alcanzó la presidencia. Desde el anuncio de su dimisión se ha especulado con una intervención de Estados Unidos y de los militares en el cambio presidencial para favorecer sus intereses, hecho muy probable para entender que Musharraf haya tirado la toalla tras pasarse un año haciendo todo lo posible para mantenerse en el poder. La imagen de Musharraf estaba demasiado dañada y perjudicaba a la de Estados Unidos y a la del Ejército. Al parecer, Estados Unidos habría pactado con el PPP una inmunidad judicial de su aliado a cambio de convencerle para que renunciase y por tanto evitar la moción de censura. Tanto Estados Unidos como el Ejército habrían aupado a Zardari para lograr la victoria en las elecciones presidenciales, ya que consideran que es una figura más manejable e influenciable para sus intereses.
El presidente de la asociación de abogados del Tribunal Supremo, Aitzaz Ahsan, apuntaba el 20 de agosto que el Reino Unido, aliado también de Estados Unidos en Afganistán, había enviado recientemente a un diplomático, Mark Lyall Grant, a presionar al Gobierno para garantizar la inmunidad del ex dictador a cambio de la dimisión.  Desde Londres negaron las acusaciones y apuntaron que únicamente se había tratado de mediar para evitar más confrontaciones políticas en la delicada y recién reinstaurada democracia pakistaní.
El hombre que únicamente debía liderar el PPP en regencia a la espera de que su hijo pueda tomar las riendas del partido, conseguía, el 6 de septiembre, hacerse con la presidencia de Pakistán. Diez días antes, Zardari conseguía la liberación de sus cuentas bancarias suizas por valor de 40 millones de euros a petición del fiscal general de Pakistán, que en junio le había retirado todos los cargos por corrupción. Mientras Zardari recuperada su fortuna lograda durante los mandatos de su mujer, miles de abogados se manifestaban en las ciudades pakistaníes para la rehabilitación de los jueces del Supremo. Esta vez, sin Musharraf en escena, las protestas estaban íntegramente dirigidas al copresidente del PPP y al Gobierno de su partido.
Zardari logró 481 votos, de 702 emitidos, en unas elecciones que están cerradas a la ciudadanía y en las que votan los diputados de la Asamblea General, las cuatro asambleas provinciales y el Senado. Quince días más tarde, fueron los terroristas los que opinaron sobre la elección. El 20 de septiembre, coincidiendo con la primera comparecencia de Zardari en el Parlamento como presidente, un atentado suicida en el hotel Marriott de Islamabad causaba la muerte de 60 personas. El atentado en este hotel, frecuentado por occidentales y por la élite política y empresarial, puso al descubierto la falta de seguridad que vive Pakistán. Se barajó la idea de que el objetivo era el nuevo presidente y el primer ministro, ya que la misma noche ambos iban a cenar en el Marriott con la cúpula militar y otros cargos gubernamentales, aunque finalmente celebraron la reunión en la residencia oficial de Gillani. Este hubiera sido el segundo intento de asesinato para Gillani, quien, el 3 de septiembre, había sobrevivido a un tiroteo contra su coche en Rawalpindi.
La situación del terrorismo en Pakistán es alarmante no sólo por el aumento de los atentados, sino también por los cambios que se han detectado en el último año. Por un lado han aumentado los atentados en las grandes ciudades, como Karachi, Lahore e Islamabad (y la ciudad sede de la cúpula militar, Rawalpindi). Por otro lado, en 2008 han vuelto los atentados que tienen como objetivo a elementos occidentales. A todo ello hay que añadir que han aumentado los atentados en que los muertos se pueden contar por decenas y también se han multiplicado los ataques suicidas. El atentado del Marriot escenifica este cambio preocupante en el terrorismo de Islamabad: un atentado suicida que provocó una masacre en una gran ciudad y en un lugar símbolo de la presencia occidental en Pakistán. No ha sido el ataque más mortífero que ha sufrido el país (la vuelta de Bhutto a Pakistán en octubre de 2007 por ejemplo provocó 143 muertos), pero destapa la situación de inestabilidad e inseguridad que vive Pakistán.


Cambio de interlocutores en la guerra contra el terrorismo
La salida de Musharraf ha dejado a Estados Unidos sin su principal aliado en la guerra contra el terrorismo, aunque el compromiso del ex general para frenar la entrada de militantes provenientes de Afganistán en suelo Pakistaní siempre ha estado en duda. Además, se ha perdido el contacto directo con el poderoso Ejército, controlador de los servicios secretos y parte ejecutora de la lucha antiterrorista.
El Gobierno de Gillani intentó poner a los dos servicios de inteligencia, el ISI (Inter-Services Intelligence) y la IB (Intelligence Bureau) bajo el mando del Ministerio del Interior, pero dos días más tarde de anunciar esta decisión el Ejecutivo daba marcha atrás y clarificaba que únicamente se había establecido una mayor colaboración entre el ministerio y las dos agencias en materia de terrorismo.
La principal preocupación del Ejército Pakistaní es la frontera con la India, más que la afgana, por lo que se cree que su compromiso con frenar la entrada de terroristas es nulo y que parte de los 60.000 millones de dólares que Estados Unidos ha entregado a Pakistán en los últimos seis años han ido a aparar a los objetivos de las Fuerzas Armadas en la Cachemira pakistaní para reforzarse ante su vecino indio.
Las relaciones entre Pakistán y Estados Unidos no han pasado por su mejor momento en 2008. El Ejército norteamericano ha iniciado este año incursiones terrestres en suelo pakistaní para atrapar terroristas que habían cruzado la frontera afgana. Estas operaciones han provocado la muerte de decenas de civiles, hecho que ha añadido más descontento entre la población. Los pakistaníes se ven como la principal víctima de la guerra contra el terrorismo, ya que desde el inicio de la alianza de su país con Washington el terrorismo se ha multiplicado (189 muertos en 2003 a consecuencia de la violencia terrorista frente a los 6715 de 2008), el país es cada vez más inseguro y, a pesar de que Islamabad recibe cuantiosas sumas de dinero, estas no remiten en mejorías sociales.
El nuevo interlocutor pakistaní con estados Unidos, el líder del PPP Zardari, advirtió en su primer discurso en el Parlamento como presidente que no se tolerarían las violaciones de la soberanía pakistaní en referencia a las incursiones norteamericanas. Además, el acercamiento entre Estados Unidos y el eterno enemigo de Pakistán, la India, a raíz del pacto en materia civil nuclear que han formalizado este año, no ha sentado muy bien en Islamabad.
Los atentados de Bombay del pasado 26 de noviembre han puesto a prueba el triángulo Pakistán - Estados Unidos - India. Aunque la relación entre los dos países asiáticos estaba en mejoría desde 2006, las acusaciones de Nueva Delhi de que los terroristas que atacaron Bombay provenían del país vecino han reavivado las enemistades. Por el momento, la mediación de Estados Unidos tras los atentados ha rebajado la tensión entre estos dos países que desde su partición se han enfrentado en tres guerras y que ahora son potencias nucleares. Estados Unidos ha logrado la colaboración de Pakistán en la investigación de los atentados. Pero el país norteamericano pronto cambiará también de interlocutor en la guerra contra el terrorismo. El nuevo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, declaró en su campaña electoral que apoyaría una intervención militar en suelo pakistaní contra objetivos terroristas, incluso sin la aprobación de Islamabad.


Una economía al borde del colapso

La crisis política y de seguridad no es la única que vive Pakistán ni la que más preocupa a su población. La situación económica del país asiático ha sido crítica durante 2008  y la reacción del Gobierno, ocupado en solventar las diferencias con sus socios del PML-N, se ha hecho esperar. En noviembre, los expertos económicos estimaban que las reservas de divisa extranjera del Banco Central de Pakistán eran menores a los 8.000 millones de dólares, cifra que únicamente permitía hacer frente a los pagos de un mes de las importaciones de petróleo y alimentos.

El Ejecutivo de Gillani trató de conseguir un préstamo de los países que forman la plataforma “Amigos de Pakistán” (G-8, Unión Europea, Australia, Turquía, China y Arabia Saudí, más la ONU) pero las negociaciones fracasaron. Los miembros de esta plataforma no se fiaban de la capacidad del Gobierno pakistaní de solventar la situación y devolver un crédito, y a Gillani no le quedó más remedio que acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI), una decisión poco popular por las estrictas condiciones que establece este organismo.

El pasado 15 de noviembre, el consejero gubernamental de Finanzas, Shaukat Tarin, anunciaba que el FMI había aprobado un préstamo a Pakistán por valor de 7.600 millones de dólares para hacer frente a los pagos de la deuda externa. El préstamo constituye un programa de 23 meses, en el cual Pakistán dispondrá inicialmente de 3.100 millones de dólares y el resto será entregado por etapas durante los siguientes meses. El país asiático tendrá cinco años para devolver el crédito (2011-2016) a un interés entre el 3,51% y el 4,51%.

La crisis económica de Pakistán, la peor de los últimos 10 años, ha sido causada principalmente por el incremento de las importaciones desde 2006 y la subida internacional de los precios de las materias primas, y acentuada por la crisis política y la situación de inseguridad. Otros sucesos, como los fenómenos que de vez en cuando azotan a este país asiático, vulnerable a los terremotos por su situación geográfica, pueden agudizar con su imprevisibilidad la precaria situación económica del país. El pasado 29 de octubre un seísmo de 6,2 en la escala Richter tuvo lugar en la ciudad de Quetta, capital de la provincia del suroeste de Baluchistán, y provocó la muerte de 175 personas.
Se estima que la inflación alcance en 2008 el 20,8%, si bien ya ha sufrido repuntes del 25%, como el pasado octubre. Los últimos datos del año fiscal, que terminó en junio de 2008, indicaban un crecimiento del PIB del 5,8%, porcentaje bastante inferior a la media del 7,5% de los últimos años, aunque los pronósticos para el 2009 auguran un discreto crecimiento del PIB del 2,9%.

Esta situación hace especialmente vulnerable a Pakistán, con una índice de población bajo el umbral de la pobreza del 24%. Además, en este país la pobreza va muy ligada al crecimiento del fundamentalismo islamista, sobre todo por la falta de un sistema educativo con garantías. Pakistán destina menos del 2% de su gasto público a la educación, mientras que desembolsa el 20% en defensa. Musharraf fracasó en su intento de Reforma del Sector de la Educación presentado en 2002. Mientras, lo que sí van progresando son las madrazas (escuelas) en las que se enseña a los niños una visión fundamentalista del Islam. Desde 2001 se han multiplicado las escuelas coránicas hasta alcanzar las 13.000, con 1.700.000 estudiantes, aunque no todas se dedican a preparar a los futuros yihadistas (término para designar a los que hacen la yihad o guerra santa). Estas escuelas ofrecen comida y alojamiento a los niños y jóvenes más pobres del país, y se convierten en su única alternativa. Musharraf tampoco logró implementar un sistema educativo en estos centros y han podido enseñar con total libertad sus interpretaciones del Corán. La situación es todavía peor en zonas como las Áreas Tribales, de donde provienen gran parte de los terroristas pakistaníes. En esta región la pobreza es superior al 60 % de los 7 millones de habitantes, el índice de paro se sitúa en el 80% y el analfabetismo es del 97% entre las mujeres y del 70,5% entre los hombres.

La falta de una política para mejorar la educación y erradicar la pobreza han ayudado al aumento del terrorismo, mientras que las enormes sumas de dinero que ha recibido Pakistán de Estados Unidos, por su colaboración en la lucha contra el terrorismo no se han visto traducidas en mejoras sociales.



Cronologia año  2008
2 de enero. La Comisión electoral aplaza las elecciones legislativas al 18 de febrero

10 de enero. 24 muertos, la mayoría policías, y 80 heridos tras un atentado suicida en las cercanías de la sede del Tribunal Superior de Lahore.  

8 de febrero. Scotland Yard confirma que Benazir Bhutto falleció por la onda expansiva que provocó la explosión de una bomba junto a su vehículo y no por disparos, y que el atentado fue obra de una sola persona.

12 de febrero. El embajador de Pakistán en Afganistán, Tariq Azizuddin, es secuestrado durante la madrugada cuando intentaba cruzar la frontera entre los dos países.

18 febrero. Elecciones a la Asamblea Federal y a las cuatro Asambleas Provinciales.

1 de marzo. La Comisión Electoral de Pakistán publica los resultados oficiales de las elecciones legislativas en los que el PPP se confirma como fuerza ganadora al conseguir 87 escaños de los 272 que forman la Asamblea Nacional.

11 de marzo. 30 muertos y 200 heridos en dos explosiones simultáneas, una contra un edificio policial y otro contra una agencia de publicidad, causadas por terroristas suicidas en Lahore.

9 de marzo.  El líder del PPP, Asif Alí Zardari, y el del PML-N, Nawaz Sharif, anuncian en rueda de prensa el acuerdo para formar una coalición tanto en el Gobierno central como en el de la provincia de Punjab.

13 de marzo. El Tribunal Supremo libra a Asif Alí Zardari del último cargo por corrupción que pendía sobre él.

19 de marzo. Fahmida Mirza, diputada del PPP es elegida presidenta del Parlamento, un cargo que por primera vez en este país ocupará una mujer.

24 de marzo. El Parlamento paquistaní escoge a Yusuf Raza Gilani, del PPP, como nuevo primer ministro del país.

2 de abril. El jefe del Ejército paquistaní, general Ashfaq Kayani, nombra a Muhammad Asif nuevo director de Inteligencia Militar, que reemplazará a un cercano confidente del presidente Pervez Musharraf.

14 de abril. El Parlamento aprueba una resolución en la que pide al Gobierno que permita una investigación de Naciones Unidas sobre el asesinato de Benazir Bhutto.

12 de mayo. Nawaz Sharif anuncia la retirada de su partido del Gobierno de coalición al no haber cumplido el PPP el plazo para la restauración de los jueces del Supremo destituidos por Musharraf.

17 de mayo. El embajador paquistaní en Afganistán, Tariq Azizuddin, es liberado en territorio afgano.

2 de junio. Nueve muertos y 30 heridos en un atentado suicida con coche bomba contra la Embajada de Dinamarca en Islamabad.

9 de junio. Más de 1.000 abogados inician en Karachi una marcha hacia Islamabad para reclamar la restauración de los jueces del Tribunal Supremo.

11 de junio. Una patrulla militar estadounidense procedente de Afganistán mata a 11 soldados paquistaníes en el puesto militar de Gora Prai, a 80 kilómetros de la ciudad de Peshawar.

26 de junio. Elecciones parciales a la Asamblea Nacional y de las provinciales para escoger los escaños que quedaron pendientes después de las elecciones del mes de febrero.

10 de julio. La ONU acuerda establecer una comisión independiente para investigar el asesinato de Benazir Bhutto.

7 de agosto. Los partidos que forman la coalición de Gobierno alcanzan un acuerdo para iniciar el proceso de destitución del presidente del país, Pervez Musharraf.

8 de agosto. El PML-N decide reincorporarse al Gobierno para apoyar el proceso de destitución de Musharraf.

18 de agosto. Pervez Musharraf anuncia su dimisión como presidente de Pakistán.

21 de agosto. 64 muertos y unos 80 heridos en un doble atentado suicida, reivindicado por los talibanes, perpetrado contra una fábrica de armamento militaren la zona de Wah, a 30 kilómetros al norte de Islamabad.

25 de agosto. Nawaz Sharif comunica que su partido abandona definitivamente el Gobierno de coalición por la falta de acuerdo con el PPP y que la Liga pasa a la oposición y optará a la presidencia del país.

3 de septiembre. El primer ministro sale ileso de un intento de asesinato en Rawalpindi. Dos balas han impactado contra el vehículo en el que viajaba Gilani pero sin causar heridos.

6 de septiembre. Asif Alí Zardari es elegido presidente de Pakistán por una amplia mayoría de las dos cámaras nacionales y de las cuatro provinciales.

20 de septiembre. 60 muertos y dos centenares de heridos al estallar un camión bomba ante uno de los principales hoteles de Islamabad, el Marriott, muy frecuentado por extranjeros y hombres de negocios.

29 de septiembre. El Ejército anuncia el nombramiento del ex jefe de Operaciones Militares en Afganistán, Ahmed Shujaa, como director general del ISI.

29 de octubre. Al menos 175 personas han muerto al oeste de Pakistán como consecuencia de un terremoto de 6,2 en la escala Richter que ha sacudido la localidad de Quetta.

 


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