Anuario 2008
Alemania
"La recesión económica pone a prueba el gobierno de coalición"
Elisabet Caralt

La crisis económica –recesión ya– y los inevitables roces entre los dos principales partidos políticos, democristianos y socialdemócratas, coaligados en el Gobierno federal pero, al mismo tiempo, marcando el terreno en las diferentes contiendas electorales, han fijado la agenda alemana de 2008. De esta manera, este año vivió elecciones en tres länder del país: Hesse, Baviera y Baja Sajonia. La principal novedad de estos comicios ha sido la entrada del partido de la Izquierda (Die Linke, integrado por “disidentes” socialdemócratas y ex comunistas), de Oskar Lafontaine, ex presidente del Partido Socialdemócrata (SPD), en los Parlamentos de Hesse y de la Baja Sajonia, con lo que se ha modificado el tradicional reparto del poder entre cuatro partidos: los socialdemócratas, los democratacristianos, Alianza 90/los Verdes, y el Partido Democrático Libre (ex comunistas). Ahora ha entrado uno nuevo, la Izquierda, que hay que tener en cuenta con vistas al futuro. De dejando de lado esta novedad, el partido de la cancillera Angela Merkel, el partido democratacristiano (CDU), que forma la coalición gubernamental junto con la CSU (la rama bávara de los democratacristianos) y los socialdemócratas (SPD), ganó en dos de las regiones, Baja Sajonia y Baviera, pero sufrió un golpe doloroso en la región de Hesse. Este land es de vital importancia porque en él se encuentra Frankfurt, que es la capital cultural y financiera del país y la sede de varios organismos internacionales, como, por ejemplo, el Banco Central Europeo.
Las elecciones celebradas el 28 de enero en Hesse fueron muy reñidas. Aun cuando la CDU obtuvo más votos, el 36’8%, el margen respeto a la oposición, los socialdemócratas (SPD), que obtuvieron un 36’7%, quedó reducido a tan sólo un 0’1%. El problema es que ninguno de los dos candidatos, ni el democratacristiano Roland Koch, que se presentaba a la reelección a la presidencia de la región de Hesse, ni la socialdemócrata Andrea Ypsilanti, pudieron formar gobierno. Tras diez meses de negociaciones, al fin parecía que el SPD había llegado a un acuerdo con Los Verdes y la Izquierda y que, finalmente, Andrea Ypsilanti sería elegida primera ministra a finales de noviembre. Pero tras dos intentos fallidos de formar gobierno, debido a que cuatro miembros de su propio partido se negaron a pactar con La Izquierda (Die Linke), donde hay ex comunistas, la líder dimitió y presentó a su sustituto, Thorsten Schäfler-Gümbel. Koch ocupó el cargo de primer ministro interinamente, propuso disolver el Parlamento y convocar unas nuevas elecciones el 18 de enero ante la imposibilidad de los partidos del Landtag, el Parlamento regional, de formar Gobierno. Finalmente, Los Verdes, el Partido Liberal, y, por último, el SPD se mostraron de acuerdo con esta propuesta.
Ya la campaña electotal había resultado especialmente polémica, sobre todo a raíz de los ataques racistas lanzados por Koch durante ella. Incluso algunos analistas apuntaban a que ésta había sido una de las posibles causas de que algunos ciudadanos indecisos no lo votaran. Koch tomó como pretexto un ataque cometido por un turco y un griego a un hombre mayor en el metro de Munich. Esta premisa le sirvió para proponer la expulsión de los jóvenes inmigrantes delincuentes. El tensión entre los dos principales socios del Gobierno federal, la Unión Democratacristiana (CDU) y los socialdemócratas (SPD) se evidenció cuando el presidente del SPD, Kurt Beck, pidió a los líderes de la CDU que llamaran la atención a Koch. Pero no sólo no lo hicieron, sino que la líder de la CDU, Angela Merkel, salió en defensa de Koch y afirmó que los arrestos preventivos y la reeducación era una buena salida a la violencia, teniendo en cuenta que el 43% de los delitos están cometidos por jóvenes inmigrantes menores de 21 años.
El mismo día que se celebraban elecciones regionales en Hesse, también se celebraron en Baja Sajonia. La victoria de la CDU fue más clara que en Hesse, al conseguir el 42’5% de los votos. El candidato democratacristiano, Christian Wulff, continuó como jefe del Gobierno formando coalición con el Partido Liberal (FDP).
En cambio, en las elecciones regionales que se celebraron el 28 de septiembre en Baviera, la Unión Socialcristiana (CSU), la rama bàvara de la CDU, perdió la mayoría absoluta, que tenía desde 1958, al conseguir el 43% de los votos. Baviera es la región más grande y rica de Alemania y donde la industria del automóvil, la electrónica y la informática tienen un papel muy importante. El candidato socialcristiano, Günther Beckstein, dimitió al haber perdido la mayoría absoluta que había estado en manos de su partido durante cincuenta años. Con él cayó el presidente de la CSU, Erwin Huber. Beckstein y Huber habían sido nombrados primer ministro de Baviera y presidente de la CSU, respectivamente, en septiembre del 2007, sustituyendo Edmund Stoiber. Éste había ocupado el cargo de primer ministro y presidente de la CSU durante casi 14 años. Ante estos resultados, la CSU celebró un congreso extraordinario el 25 de octubre en el que se escogió al nuevo líder del partido; y es que, según las leyes bávaras, el primer ministro debe ser escogido por el Parlamento regional antes del 27 de octubre. Horst Seehofer, que hasta ahora era ministro de Agricultura del Gobierno federal, fue escogido para ser el nuevo primer ministro de Baviera. Seehofer optó por formar un Gobierno de coalición con el Partido Liberal (FDP). Aunque la CSU perdió votantes, el SPD no resultó demasiado beneficiado puesto que se quedó con un porcentaje muy parecido al de las elecciones del 2003, casi un 19% de los votos, quedando como segunda fuerza del Parlamento.
Estas tres elecciones regionales son el prólogo de un 2009 de vértigo: el año empezará con la repetición de las elecciones regionales en Hesse el 18 de enero. Continuará el 7 de junio con las europeas. El 30 de agosto se votará en las regiones de Saarland, Thuringia y Sajonia. El año electoral desembocará el mes de septiembre con las elecciones a la presidencia de la Cancillería, el 27 de septiembre, coincidiendo con las de la región de Brandeburgo. Aparte, para el 23 de mayo está prevista la elección por el Parlamento del nuevo presidente de Alemania.


Mal año para los socialdemócratas
En este clima electoral, el Partido Socialdemócrata ha vivido un año duro. Ha experimentado un descenso del número de votos en las elecciones regionales, las encuestas de intención de voto prevén una clara victoria de Angela Merkel en las elecciones generales del 27 de septiembre y la coalición gubernamental tambalea. Los problemas internos del partido tienen su origen, en buena medida, en la existencia de tendencias políticas antagónicas en el seno de la formación: desde las posiciones más a la izquierda hasta las más centristas. Así, Steinmeier y Müntfering tienen una posición más centrista y reformista. Aspiran a llevar adelante las reformas iniciadas por Gerhard Schöeder. El riesgo es que los sectores más a la izquierda continúen abandonando el partido y entren en la órbita del partido de La Izquierda que lidera el ex socialdemócrata Oskar Lafontaine.
En este clima, en el congreso que el partido socialdemócrata celebró en Berlín el 18 de octubre, Frank-Walter Steinmeier, actual ministro del Exterior del Gobierno federal de Merkel, fue nombrado candidato del partido SPD para competir con Merkel en las próximas elecciones generales, en septiembre de 2009, con un amplio apoyo de los delegados, el 95’1% de los votos. Mientras que Frank Müntefering, que ya había presidido el partido el 2004 en sustitución de Gerhard Schröder, fue elegido presidente del SPD, en sustitución de Kurt Beck, quien dimitió. Las tensiones entre Beck y Müntefering se han hecho visibles en varias ocasiones. Por ejemplo, cuando Beck dijo que el SPD no pactaría nunca con La Izquierda y Müntefering le contestó que esta decisión dependía de los presidentes regionales. Este congreso también sirvió superar la situación tensa en la que el SPD había estado inmerso desde 2007. En el congreso del SPD en Hamburgo, en 2007, se habló sobre la intención de unificar las diferentes posturas dentro del SPD, que en aquel momento ya se encontraba inmerso en una profunda crisis de liderazgo. Justo unos días antes de la celebración del congreso, el ministro de Exteriores del Gobierno de Merkel, Frank Steinmeier, y el de Hacienda, Peer Steinbrück, dos pesos pesados dentro del SPD, presentaron el libro “A la Altura del tiempo”. Este libro recogía la propuesta de continuar la idea de Gerhard Schroëder de los recortes sociales para conseguir sanear las arcas públicas y la seguridad social. Esta propuesta había recibido el nombre de Agenda 2010. Durante la presentación del libro destacó la ausencia del presidente del SPD y quedó en evidencia la tensión entre los principales líderes del partido: Beck reclamaba unos cambios en la denominada Agenda 2010 y que el partido adoptara una tendencia más hacia la izquierda, con medidas como la aprobación del salario mínimo de 7’50 euros/hora y la ampliación del tiempo de paro para mayores de 50 años hasta los 24 meses. Como fondo de estas disputas, los socialdemócratas han visto cómo su popularidad se reducía a raíz de las reformas del Estado del bienestar, la famosa Agenda 2010 lanzada por Schroëder, y por el giro hecho por el partido hacia una posición más centrista, acentuado por el hecho de que los socialdemócratas integren el gobierno de coalición con la conservadora CDU de Merkel.
De hecho, la coalición CDU/SPD sufrió una grave sacudida cuando el SPD nombró durante el mes de junio pasado a Gesine Schwan como candidata a la presidencia del país, de manera que se enfrentará el próximo año al candidato de la CDU, Horst Köler, que cuenta con el apoyo del Partido Liberal (FDP). y que se presenta a la reelección. Con la candidatura de la candidata del SPD se ha roto con una regla política habitual en Alemania: el presidente federal es escogido por los diputados y representantes políticos regionales sin que haya de enfrentarse a ningún contrincante. Pese al carácter fundamentalmente representativo y simbólico, la figura del presidente alemán modera la vida política alemana, y esta disputa por el cargo muestra de una manera más o menos anecdótica las contradicciones existentes en el seno del Ejectutivo alemán.


Crisis económica
Alemania, la principal potencia económica de la Unión Europea, ya ha entrado en recesión. Tras cuatro años de crecimiento, durante el segundo trimestre de este año el PIB (producto interior sucio) retrocedió un 0’4% y en el tercero, un 0’5%, según la Oficina Federal de Estadísticas. En medio de esta situación, los principales culpables de la compra de “activos tóxicos”, los bancos, han debido pedir ayudas al Gobierno.
La primera entidad que necesitó ayuda estatal fue Commerzbank. A finales de agosto este banco inició el proceso de compra del Dresdener Bank, una entidad financiera con problemas de solvencia. Estaba previsto que esta finalizase a finales de enero de 2009. Para ello, Commerzbank llegó a un acuerdo con Allianz, el principal grupo de seguros y antigua propietaria del Dresdener Bank, que se comprometió a ayudar con la compra de los “activos tóxicos”. De esta fusión saldrá la segunda entidad de crédito del país, por detrás de Deutsche Bank. Commerzbank recibió 8.200 millones de euros a finales del 2008. Pero esta ayuda no fue suficiente y se vio obligado a pedir más ayuda de los fondos estatales para hacer frente a la adquisición del Dresdener Bank. Las autoridades del banco confirmaron que a principios de 2009 recibirían 10.000 millones de euros del Gobierno, procedentes de los Fondos de Estabilización de los Mercados Financieros, a cambio de una participación del 25% en sus acciones, que equivaldrían a 295 millones de acciones a seis euros por cada una y, una “participación silenciosa” (por la que el Gobierno federal podría obtener beneficios, pero no podrá intervenir en la toma de decisiones del banco) de 8.200 mil millones de euros. De esta manera, Commerzbank se convertirá en la primera entidad financiera del país que habrá sufrido una nacionalización parcial.
A raíz de ésta y de crisis similares, la coalición gubernamental presentó el pasado octubre un plan de 500.000 millones de euros para el rescate de los sector bancario, aunque dicho plan ya ha sido considerado por algunos expertos como “demasiado tardío”. Parte de este dinero irá destinado a conceder crédito y la otra a invertir directamente en bancos.
El sector automovilístico también fue un punto de debate y el Gobierno optó por la fabricación de coches menos contaminantes para salvar una industria que está pasando por unos momento bastante delicados. Anteriormente, el Gobierno ya había destinado millones de euros para ayudar al sector del automóvil, duramente castigado por el descenso de las ventas. La Federación de la Industria Automovilística de Alemania auguró que durante 2009 las ventas de coches se reducirían en 2’9 millones de vehículos, la peor cifra desde 1993. Durante el mes de noviembre las cifras ya mostraban esta tendencia general, puesto que se habían vendido un 18% menos de automóviles respeto del mismo mes del año pasado. Empresas como Mercedes Benz y BMW anunciaron que durante el 2009 dejarían de fabricar un 30% de vehículos. Otras, como Volkswagen, optaron por parar la producción. La principal industria del país estuvo cerrada durante tres semanas, del 18 de diciembre al 11 de enero, haciendo que los trabajadores tomaran vacaciones obligatorias.
Las empresas que necesiten dinero en efectivo contarán con la ayuda del Gobierno a través de unos créditos estatales. Pero las autoridades federales negaron la posibilidad de que el Estado se haga cargo de las empresas con problemas, tal y como ha pasado con algunas entidades financieras. El Ejecutivo ya presentó medidas destinadas a las empresas en noviembre, cuando confirmó que todas las industrias que tengan problemas debido al descenso del consumo, que durante el mes de noviembre cayó un 2’1%, recibirían ayudas por parte del Gobierno durante un periodo comprendido entre 12 y 18 meses. De esta manera, el Gobierno se asegura que la gente conserve el puesto de trabajo y no aumente el paro, que actualmente se encuentra al 7’6%. Merkel ha defendido que la prioridad de su Gobierno es mantener los puestos de trabajo.
Según algunos analistas, el Gobierno de Merkel ya estaría preparando un nuevo paquete de medidas para reactivar la economía, que se presentaría a principios de 2009. Según el semanario de economía “Wirstchaftswoche”, este nuevo plan incluiría una rebaja en las contribuciones de la Seguridad Social y reducciones fiscales para las empresas durante el periodo comprendido entre el 1 de julio de 2009 y finales de 2010.



Cronologia año  2008

 


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