Anuario 2008
Gran Bretaña
"Un año marcado por la falta de liderazgo de los laboristas"
Elisabet Caralt

El año no empezó nada bien para Brown, que se vio obligado a introducir numerosos cambios dentro del Ejecutivo. Parecía que el primer ministro había conseguido romper la dinámica negativa y dar un nuevo rumbo a las encuestas que pronosticaban una derrota de los laboristas, pero no fue así. Las elecciones municipales evidenciaron, más que nunca, los problemas en el laborismo, dejando al partido del Gobierno en tercera posición detrás de conservadores y liberal-demócratas. 
El año para Brown empezó con un golpe bastante duro para el Gobierno: la dimisión de Peter Hain, el 24 de enero. El ministro de Trabajo y Pensiones se vio implicado en una trama de corrupción. La Comisión Electoral acusó a Hain de no declarar 100.000 libras que destinó a financiar su campaña a la vicepresidencia del Partido Laborista durante el año 2007. Según la ley de los Partidos Políticos, Elecciones y Referéndums de 2000, las donaciones recibidas deben ser declaradas con un margen de 60 días. El problema fue que Hain sólo declaró una parte, 77.000 libras, según el ministro, por problemas administrativos. La policía inglesa confirmó que Hain había recibido una cantidad de dinero a través de un centro de estudios fantasma denominado Progressive Policías Forum, donde parecía ser que no se realizaba ningún tipo de actividad.
Esta investigación sobre las finanzas del Partido Laborista no ha sido la única, el noviembre de 2007 la Fiscalía archivó un caso contra Gordon Brown. El primer ministro se vio implicado en haber recibido donativos de procedencia no del todo clara para hacer frente a la campaña a la presidencia del Partido Laborista.
El Gobierno de Brown realizó los primeros cambios en el Ejecutivo y optó por nombrar a James Purnell como sustituto de Hain. Este relevo tuvo lugar en un momento en el que el Gobierno laborista pasaba por los niveles de popularidad más bajos desde que fue nombrado, y varios miembros criticaban las controvertidas medidas de endurecimiento de las leyes antiterroristas, que consistían en aumentar el tiempo de detención de 28 a 42 días, y la mala gestión de la crisis del banco Northern Rock. La nueva normativa antiterrorista propone utilizar las pruebas de ADN en los juicios contra terroristas, incluir a todos los condenados en un registro y castigar con penas mayores los delitos considerados de terrorismo.
Además de los problemas dentro de su propio Gobierno, Brown tuvo que enfrentarse a varias protestas de sectores sociales. A principios de julio, los funcionarios de todo el país salieron a la calle para protestar contra el aumento salarial propuesto por Brown, fijado en el 2’45%, cuando el índice de precios al consumidor ya estaba en el 3’8%. Estas protestas generaron problemas importantes al país, dejando sin servicio las escuelas y las oficinas estatales. A estas protestas también se les añadieron las de la policía, que reclamaba un aumento salarial.
Unos días antes de dar comienzo al congreso de Manchester (conferencia anual celebrada por el Partido Laborista y que cada año tiene lugar en una ciudad diferente del país; este año se celebró del 20 de septiembre al 24), varios miembros del partido reclamaron, públicamente, la celebración anticipada de elecciones para escoger nuevo presidente del Partido Laborista, puesto que veían en Brown un líder incapaz de gobernar el partido. Los detractores del primer ministro defendieron la necesitad de encontrar un nuevo político que renueve el partido y le dé un nuevo aire para poder tener alguna oportunidad de derrotar a los conservadores, a quienes todas las encuestas les dan una clara victoria en las elecciones generales de 2010. Pese a estos disidentes, el primer ministro recibió una grata noticia. El ministro de Asuntos exteriores, David Miliband, le mostró su apoyo. Este hecho es relevante porque antes de el verano diversas voces habían situado a Miliband como posible candidato a sustituir a Brown.
Según algunos analistas, las principales razones de esta falta de apoyo a Brown es que muchos de los votantes no acaban de ver las diferencias entre los laboristas y los “tories”. Otros temas de debate fueron la decisión de Brown de no asistir a la firma del Tratado de Lisboa, aun cuando Gran Bretaña ratificó el Tratado, o la nueva ley laborista de endurecimiento del terrorismo.
El congreso del Partido laborista, que se celebró en Manchester el 20 de septiembre pasado, tuvo lugar en un mal momento de popularidad. Según el sondeo de YouGov, publicado por “The Daily Telegraph”, los laboristas se encontraban en 20 puntos por debajo de los conservadores y con una profunda crisis de liderazgo.
La reunión sirvió a Brown para proponer un cambio político más hacia la izquierda. Entre sus propuestas destacaban las recetas gratuitas por todos los enfermos de cáncer, el acceso a internet por todas las familias pobres, la creación de más guarderías para los menores de dos años y una reforma del sistema judicial.
Paradójicamente, la crisis económica también podría beneficiar al primer ministro porque se convirtió, a ojos de los ciudadanos, en el político con más experiencia por hacer frente a la crisis, puesto que había ocupado durante 10 años el cargo de ministro de Economía, hasta  2007. Así, planteó una serie de reformas del sistema financiero y defendió la nacionalización del Northern Rock. En un contexto de crisis económica y financiera mundial, este fue uno de los primeros bancos en declararse en bancarrota, puesto que debía más de 32.000 millones de euros al Banco de Inglaterra, prestados el año pasado para evitar su quiebra.
Pocos días después del fin del congreso de Manchester, los diarios ingleses filtraron que el primer ministro estaba preparando cambios en el Ejecutivo. Brown se vio obligado a anunciar la primera gran reestructuración del Gobierno. La ministra de Transportes, Ruth Kelly, dejó el Ejecutivo “oficialmente” para pasar más tiempo con su familia, aduciendo que tiene cuatro hijos pequeños. Pero algunos medios de comunicación ingleses especularon sobre el verdadero motivo. Kelly se había manifestado en contra la nueva reforma de la ley de embriones que quería aprobar el Gobierno. Esta reforma incluye la reducción de 24 semanas a 20 el tiempo para abortar, el reconocimiento del derecho de las lesbianas a someterse a inseminación in vitro y la investigación con embriones híbridos entre animales y humanos con finalidades terapéuticas.
Brown decidió nombrar a Peter Mandelson como ministro de Economía, en sustitución de John Hutton, para intentar reactivar la situación económica del país. El cargo de ministro de Defensa pasó a manos de John Hutton, en sustitución de Des Browne, que abandonó el Gobierno laborista. El cargo que hasta ahora ocupaba Mandelson, miembro de la Comisión Europea, pasará a manos de la baronesa Catherine Ashton, hasta ahora líder laborista en la Cámara de los Comunes.
El regreso de Mandelson ha suscitado una cierta polémica porque hace tiempo que mantuvo un cierto enfrentamiento con Brown. Pero el primer ministro ha querido quitar hierro al asunto y ha afirmado que su regreso se debe a la necesidad de crear un buen equipo para salvar el país de la crisis económica. Pero también ha suscitado polémica por la manera como ha salido, en dos ocasiones, del Gobierno de Blair. Y es que en los dos casos se ha visto salpicado por varios escándalos de corrupción. El 1998, tras diez meses como ministro de Comercio e Industria, dimitió acusado de recibir un préstamo personal sin intereses por comprar su casa en Notting Hill por parte de Geoffrey Robinson, que entonces era el encargado de administrar las finanzas del partido laborista. La dimisión más reciente fue en 2001, cuando ocupaba el cargo de primer ministro de Irlanda del Norte, en sustitución de Mo Mowlan. Dejó el cargo acusado de mentir durante la investigación por haber facilitado el pasaporte británico al rico empresario hindú Srichand Hinduja.
El Gobierno Brown se vio salpicado, durante el mes de noviembre, por una nueva polémica: la detención por parte de Scotland Yard, durante nueve horas, del diputado conservador Damian Green, a quien se le aplicó la legislación antiterrorista que permite a las autoridades mantener a todo sospechoso bajo arresto entre 28 y 42 días. Scotland Yard entró al despacho de Green en los Comunes, la Cámara Baja del Parlamento, para buscar alguna prueba que le implicara y demostrara que había estado recibiendo información confidencial, durante dos años, de alguien próximo a la ministra del Interior, Jacqui Smith. Todas las miradas se dirigieron al “speaker” de los Comunes, Michael Martin, a quien se acusó de autorizar la entrada de la policía en los despachos de Green. Finalmente, y después de una investigación, se supo que Christopher Gallery, funcionario del Ministerio del Interior, había estado pasando información a Green. A pesar de la polémica que suscitó el caso, los documentos que salieron del Ministerio no eran de demasiada relevancia. Green recibió un e-mail escrito por la ministra del Interior en el que decía que había contratado a inmigrantes sin papeles para trabajar como miembros de seguridad y como servicio de limpieza de la Cámara de los Comunes, o un escrito de Jacqui Smith en el que decía que la crisis económica del país podía incrementar la delincuencia. Uno de los problemas más graves que asola las ciudades inglesas es la violencia juvenil en las calles. Este caso no fue pasado por alto por el líder conservador, David Cameron, quien cargó contra el Ejecutivo por intentar esconder una información que perjudicaba a los laboristas.

Sólo una victoria electoral para Brown desde que es primer ministro
Este año se celebraron durante el 1 de mayo las elecciones municipales en Inglaterra y Gales que sirvieron como toque de atención a los laboristas. El principal problema para el partido de Gordon Brown fue que perdió más de trescientos regidores y quedaron, además, a 20 puntos del Partido Conservador.
El Partido Laborista quedó relegado como tercera fuerza, con un 24% de los votos, mientras que los “tories”, el partido conservador, obtuvieron el 44% de los votos y los liberal-demócratas, un 25%. Los resultados obtenidos por los conservadores fueron los mejores desde que John Mayor ganó las elecciones generales en 1992 .
Lo que más dolió entre el sector laborista fue la pérdida de Londres a manos del candidato conservador, Boris Johnson. Desde hacía ocho años que la alcaldía de la capital británica estaba en manos del laborista Ken Livingstone. Pero no sólo Londres ha cambiado de manos. Otros bastiones pasaron a manos de los conservadores como, por ejemplo, Southampton. Este resultado permitió colocar al líder conservador, David Cameron, como claro favorito para ganar las próximas elecciones legislativas, que Brown debe convocar antes del 1 de mayo de 2010. El Partido Conservador se presenta a los siguientes comicios con la esperanza de poder llegar al poder tras tres derrotas consecutivas contra Tony Blair.
Gran Bretaña ha celebrado este año dos “by-elections” (elecciones convocadas de manera especial cuando el escaño queda vacío, y que sólo se celebran en la zona afectada por la dimisión del parlamentario) importantes: en Glasgow Este y en Glenrothes.
En Glasgow Este los ciudadanos estaban convocados a votar el 25 de julio. Estos comicios tenían un significado especial para Brown, puesto que el primer ministro nació allí. Es por este motivo que se desplazó a la zona para hacer campaña, cosa poco habitual en un primer ministro. Desde hacía más de cincuenta años que los laboristas mantenían su dominio en Glasgow Este. Las elecciones se convocaron por la dimisión del parlamentario laborista David Marshall, quien abandonó el cargo por motivos de salud. Brown vio cómo la candidata laborista, Margaret Curran, perdía ante el candidato del SNP (Scottish National Party) John Mason, quien consiguió el 42% de los votos. De esta manera los laboristas vieron cómo el representante en el Parlamento de Westminster por la circunscripción de Glasgow Este pasaba a manos del SNP. Las segundas “by-elections” de este año eran muy importantes porque los sondeos daban al Partido Laborista como perdedor. Glenrothes (Escocia) convocó elecciones anticipadas el 6 de noviembre por la muerte del parlamentario laborista John MacDougall. Las encuestas preveían que el Partido Laborista perdería el único escaño de que disponía y que el principal beneficiado sería el candidato del SNP (Scottish National Party), Peter Grant. Pero rompiendo con el pronóstico, el candidato laborista Lindsay Roy ganó y consiguió mantener el escaño de Glenrothes.
Esta victoria fue considerada una prueba de fuego por el Gobierno Brown. No se podía obviar que esta era la primer victoria electoral desde que Brown ocupaba el cargo como primer ministro, puesto que los laboristas habían sufrido dos derrotas dolorosas: en el mes de mayo las elecciones municipales y las “by-elections” de Glasgow Este.

Una crisis que ya se deja notar
Gran Bretaña todavía no ha entrado en recesión puesto que no ha acumulado dos trimestres seguidos de retrocesos en el PIB (producto interior bruto) pero durante el primer trimestre del año perdió medio punto, mientras que durante este último trimestre mantuvo un crecimiento cero. Pero, según el Gobierno, se prevé que a principios del año próximo entre en recesión.
El ministro del Tesoro y canciller del Exchequer (responsable de los asuntos económicos y financieros), Alistair Darling, presentó en la Cámara de los Comunes una serie de incentivos fiscales valorados en 24.000 millones de euros para favorecer el consumo. Esta reforma iba destinada a las clases más desfavorecidas. Los clases altas, con unos ingresos superiores a 150.000 libras, eran los principales perjudicados porque hasta ahora pagaban un 40% de impuestos y con la nueva medida deberán pagar un 5% más. “The Times” aseguró que esta medida “es un presupuesto de Robin Hood, el ladrón que robaba a los ricos para repartir entre los pobres”. Mientras que “The Daily Telegraph” habló “de una bomba de efecto retrasado para la clase media”. Entre las medidas para incentivar el consumo, Darling aprobó la reducción del IVA hasta el 15% en todos los productos, excepto el tabaco y el alcohol. Hasta ahora se había estado aplicando una tasa del 17’5%. Esta medida no es definitiva, puesto que estará vigente hasta principios del 2010, fecha a partir de la cual, según los expertos, la crisis estará superada. Los conservadores criticaron esta medida adoptada por el Gobierno diciendo que sólo serviría para incrementar la deuda pública.
El Gobierno de Brown instó a los consumidores a seguir comprando y a realizar las compras de Navidad como si no pasara nada. Si los ciudadanos no consumen, las ventas caen. Y este hecho acaba afectando a las empresas, que deben reducir la producción y los puestos de trabajo. Muchas grandes multinacionales ya han empezado con reducciones de personal como, por ejemplo, Virgin Media, la constructora Taylor Wimpey, la farmacéutica GlazoSmithKline y la más reciente, British Telecom. Este hecho se ha traducido con una crecida espectacular del paro hasta situarse en una cifra record del 5’8%.
Debido a la gran inversión que hará el Gobierno británico para hacer frente a la crisis necesitará dinero extra. Por esto se ha decidido vender bonos de la deuda pública valorados en 92.000 millones de euros, pero se pretende llegar a la cifra de 140.000 millones de euros. Y otra manera para obtener dinero ha sido la medida de incrementar el 0’5% de la contribución a la Seguridad Social por parte de los trabajadores y de las empresas. Además, Brown se comprometió a inyectar 250.000 millones de euros para conseguir que los bancos se presten dinero entre ellos.
Durante el mes de octubre el Gobierno presentó un plan de ayuda económica para las entidades financieras. El Ejecutivo destinó 40.330 millones de euros para recapitalitzar los importantes bancos del país: Royal Bank of Scotland (RSB), HBOS (banco y empresa de seguros, filial del RBS), el Lloyd’s, Barclays, HSBC, Standard Chartered y Abbey Bank, propiedad de la entidad española Santander desde hace cuatro años. A pesar de esta ayuda no se consiguió que los bancos volvieran a confiar y a otorgar, de nuevo, préstamos tanto a las familias como las empresas.
El Ejecutivo se comprometió a comprar 64.500 millones de euros en acciones de los bancos británicos, así se aseguraba la inyección de capital y que las entidades financieras dispongan de “cash”. De esta manera intentó estabilizar el sistema financiero británico, porque durante meses las entidades financieras han sufrido fuertes caídas en su cotización a la Bolsa.
A cambio las entidades financieras se comprometieron a no repartir beneficios entre los accionistas y a revisar el sueldos de los altos cargos.



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