Anuario 2009
Francia
"El declive del “efecto Sarkozy”"
Ana María Moledo

El año pasado, Sarkozy ocupaba las portadas de las revistas del corazón por su relación y posterior matrimonio con la polifacética Carla Bruni. El desempeño del presidente de la República fue puesto en duda entonces, puesto que parecía dedicarle más tiempo a su vida privada que a sus obligaciones como jefe de Estado. Con el transcurso de los meses, la pareja Bruni-Sarkozy dejó de generar tanta expectación, y la atención pasó a centrarse en las medidas y reformas políticas en las que el presidente ha intervenido o que, directamente, ha trazado. La hiperactividad de Sarkozy, que tanto sorprendía a la opinión pública durante los primeros meses de mandato, parece no haber desaparecido aunque diese tal impresión durante los meses de su romance. En 2009, Nicolás Sarkozy ha vuelto a la carga con sus intervenciones en todos los asuntos de Gobierno. No obstante, muchas de las acciones políticas en las que ha intervenido han sido de dudoso éxito y esto ha generado reacciones entre la ciudadanía. La polémica reforma educativa anunciada en 2008 mantenía vivas las protestas de los profesores universitarios, mientras que la supuesta prohibición del burka y la encuesta gubernamental sobre la identidad nacional acabaron derivando en un profundo debate que implicó a toda la nación. A todo esto hay que añadirle el clima de tensión que se vivía como consecuencia de la crisis económica, que provocó dos huelgas generales en el país y múltiples disturbios en los territorios de ultramar, concretamente Guadalupe y Martinica.


Al igual que en otros países, la crisis también hizo mella en la economía francesa. Para hacer frente a la escasa liquidez del sector financiero y al desempleo, en el último trimestre de 2008 se pusieron en marcha planes de rescate bancario y paquetes de estímulo económico para los sectores más perjudicados. Sin embargo, los resultados de este tipo de medidas toman su tiempo, lo que provocó un aumento de la crispación entre los ciudadanos. Una de las primeras reacciones sociales a las medidas del Ejecutivo fue la huelga general del 29 de enero. Los sindicatos convocaron movilizaciones en todo el país en las que reclamaban una mayor implicación del Gobierno para frenar la destrucción de empleo. En medio de una gran tensión social, el 18 de febrero, Sarkozy se reunía con representantes de la patronal y de los sindicatos. A la inestabilidad que se estaba gestando en el país se sumaban los disturbios en los territorios de ultramar. En las Antillas francesas se habían convocado huelgas generales contra el desempleo que degeneraron en altercados en Guadalupe. La preocupación del Gobierno era que la situación en estos departamentos avivase la tensión en la metrópoli. Finalmente, y en respuesta a estos sucesos, Sarkozy visitó, en octubre, los departamentos de ultramar en el continente americano y acordó, con los presidentes de Martinica y la Guayana francesa, la celebración de un referéndum (el 17 de enero de 2010) sobre la autonomía de ambos territorios (en ningún caso se discutía su pertenencia a Francia). Aunque las aguas parecieron volver a su cauce con la visita del presidente, el temor a una revuelta o a un aumento indiscriminado de la conflictividad no era una idea tan descabellada a principios de año: el descontento de los sindicatos y huelguistas no había cesado (se preparaba otro paro general para el 19 de marzo, sólo mes y medio después del primero) y el conflicto en el mundo universitario seguía tan activo como en 2008.
    El movimiento público que surgió a raíz de la reforma educativa propuesta por el Gobierno, iniciado el año pasado, se ha mantenido a lo largo de 2009. La reforma, que preveía cambios en los liceos y en las universidades, ha sufrido ya variaciones desde octubre del año pasado. Finalmente, los liceos quedaron excluidos y la única afectada parece ser la educación superior. Entre otras modificaciones, el proyecto de ley planeaba la drástica reducción de personal docente, de forma que también disminuiría notablemente el número de trabajadores del Estado, y así el gasto público.
    El ejemplo de la reforma educativa es, de alguna manera, representativo en cuanto a la dualidad que se ha vivido en Francia en el terreno político-económico durante los últimos tiempos: por un lado, los Gobiernos, de inspiración liberal, han tratado de llevar a cabo sus reformas, mientras que la ciudadanía, con sus protestas, reivindicaba un modelo más social. Uno de los puntos fuertes del discurso de Sarkozy, y el que le hizo ganar un amplio apoyo entre los votantes de derecha, era un programa liberal destinado a minimizar la implicación o intromisión del Estado en la vida pública (educación, sanidad, etcétera). Sin embargo, la crisis económica actual ha llevado a muchos Gobiernos a adoptar posturas intervencionistas y Francia no se ha quedado atrás.
    El 18 de febrero, tras reunirse con los sindicatos y la patronal, Sarkozy anunció medidas por valor de 2.600 millones de euros para hacer frente a la crisis. El Gobierno trataba de paliar los efectos del desempleo con este programa. Se creó así 'un fondo de inversión social', con dinero público, para favorecer la formación de los parados y eximirles de una parte del impuesto de la renta en 2009, por lo que casi cuatro millones de familias se ahorrarían unos 200 euros. Entre los subsidios que se recogían en este plan destacan el de 200 euros para las familias que tengan a su cargo personas que necesitan de cuidados y no pueden contratar a profesionales, y una prima de 150 euros (que se suma a los 160 que ya recibían) para las familias con más de tres hijos.
    El jefe de Estado anunciaba estas medidas mediante un discurso televisado y retransmitido por radio en el que apelaba al 'esfuerzo colectivo' para hacer frente a las consecuencias de la crisis. Esta vez, así como en la mayoría de las ocasiones, la figura del primer ministro, la persona que supuestamente debe dirigir la acción de su Gobierno, pasó desapercibida. Los atributos de Sarkozy como presidente la República y los de Fillon como primer ministro confunden a la opinión pública. Sarkozy actúa como un político en campaña: está en todas partes, quiere solucionar todos los problemas, llevarse todos los triunfos y ganarse todos los afectos. Su hiperactividad hace invisible, ya no sólo a la figura de François Fillon, primer ministro, sino a la de muchos de los miembros del equipo de Gobierno. Su omnipresencia roza incluso, a veces, lo absurdo o gracioso. Un 'anécdota' polémica fue la de su supuesta presencia en Berlín el día de la caída del Muro. Sarkozy aseguraba haber estado allí y aportaba pruebas gráficas de ello. La imagen dio, en esos días de gran celebración en Europa, la vuelta al mundo publicada en periódicos y revistas.
    Con todo, en una de las últimas encuestas, publicada por Radio France Internationale (RFI) a principios de noviembre, la tasa de popularidad de Sarkozy se situaba entre las más bajas de su mandato. Al desempleo y la lenta recuperación económica hay que sumar las incumplidas promesas electorales de Sarkozy ('el presidente del poder adquisitivo' prometió bajar los impuestos tras su llegada al Elíseo), por lo que la primera mitad de su mandato de cinco años no le ha otorgado demasiada credibilidad. En el ámbito nacional, sus actuaciones, polémicas, no parecen haber sido las acertadas, mientras que en el ámbito internacional su gestión ha servido, al menos, para aliviar algunas tensiones. Su intervención para poner fin al conflicto entre Georgia y Rusia, el año pasado, dio lugar a un acuerdo de paz por el que Moscú interrumpía su ofensiva. Además, su desempeño durante la presidencia francesa de la UE (último semestre de 2008), hizo posible la organización de una cumbre en la que los países miembros negociaron importantes medidas de ayuda al sector financiero (plan de estímulo conjunto, firmado por todos los socios comunitarios).
    El papel de Sarkozy en el ámbito internacional, más ajustado a las funciones que le corresponden al presidente de la República, siguió siendo una de las bazas fuertes de su figura política en 2009. En marzo, anunciaba el regreso de Francia al mando militar de la OTAN, una decisión que no fue del gusto de todos. El general De Gaulle apartó a Francia del 'núcleo duro' de la Alianza (donde se toman las decisiones) hace más de 40 años por diferencias con los estadounidenses. Sin abandonar el bando occidental durante la Guerra Fría, Francia pretendía dar muestras de su soberanía y poder en un momento en el que se redibujaba la escena mundial. Conocedor del legado gaullista, del que él mismo es seguidor, Sarkozy sabía que la decisión de volver a situarse bajo el mando de la superpotencia no sería plato de gusto para todos. Sin embargo, el actual presidente apeló en su defensa a las 'nuevas necesidades' y a los cambios en las condiciones de la seguridad mundial. Al contrario de lo que pueda parecer a simple vista, las intenciones de Sarkozy no se alejan tanto de las del general. Ambos han centrado gran parte de su esfuerzo como políticos en reforzar el papel de Francia a nivel mundial, sin embargo cada uno ha tenido que adaptarse a las circunstancias del momento.
    No obstante, no todas las intervenciones en política exterior culminan en éxitos para Sarkozy. Un ejemplo claro fue su participación en el grupo P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: EE.UU., Francia, Gran Bretaña, China y Rusia, más Alemania) que pretendía solucionar las preocupaciones de la comunidad internacional con respecto al programa nuclear iraní. El 1 de octubre, el P5+1 mantuvo conversaciones con representantes del Gobierno iraní (concretamente con el portavoz del Organismo de Energía Atómica, Ali Shirzadian) en una reunión de alto nivel celebrada en Ginebra en la que Irán aceptaba, en primera instancia, el envío al extranjero de uranio para ser enriquecido. Sin embargo, en una reunión posterior en Viena, los acuerdos iniciales parecieron complicarse por un atentado en Teherán. Durante el encuentro en la capital austríaca, la diplomacia gala recibió un duro golpe después de que Irán pidiese expresamente que Francia abandonase las conversaciones porque en el pasado se había comportado de forma 'poco fiable' y no había mantenido sus compromisos de suministro atómico. El acuerdo, rodeado de incertidumbre y poco esclarecedor, llegó el día 21, pero Irán ha aplazado, hasta enero de 2010, su decisión final de enriquecer o no uranio fuera del país. Las últimas declaraciones del ministro de Exteriores francés, Bernard Kouchner, dejan entrever el gran recelo de Francia hacia la actitud poco clara de Irán. Según informa Radio France Internationale, Kouchner consideró 'inaceptable' el ultimátum de Irán para que los países occidentales decidan si acceden o no a suministrarle combustible nuclear a cambio de sus reservas de uranio poco enriquecido. El ministro de Exteriores iraní, Manoucher Mottaki, dejaba la pelota en el tejado del P5+1, a finales de año, y les daba 'un mes' de plazo para aceptar la propuesta de intercambio, de lo contrario, Irán 'comenzará a producir uranio enriquecido en alto porcentaje por sus propios medios'. El Gobierno francés se ha mostrado totalmente contrario a aceptar lo que considera 'la última pirueta' de Irán, aun a riesgo de que la comunicación establecida con el régimen se rompa definitivamente. Esto supondría un gran fracaso y un aumento de la preocupación inicial que tenía occidente y por la cual se iniciaron la conversaciones con la República Islámica.
    Los vientos tampoco han soplado a favor del presidente, una vez más, en el ámbito privado. Siguiendo la estela de su padre, Jean Sarkozy, parece querer forjarse una exitosa carrera política, y qué mejor forma de empezar que dirigiendo el distrito financiero de París. El empeño del ambicioso vástago, de tan sólo 23 años, por convertirse en presidente del EPAD (ente público que rige el barrio de La Défense) le costó a Sarkozy numerosas críticas y acusaciones de nepotismo. Este episodio no ha favorecido en absoluto la imagen del presidente de la República, especialmente en el momento en que se encontraba inmerso en el juicio por el caso Clearstream. En este proceso, Sarkozy está citado como acusación civil, al igual que otras 40 personas.
    El escándalo comenzó en 2004, cuando salieron a la luz unas listas falsas en las que se le adjudicaban a Sarkozy, entre otros políticos, cuentas en una entidad financiera con sede en Luxemburgo llamada Clearstream. Al parecer, estos políticos estaban relacionados con una venta de fragatas a Taiwán en la que se habrían pagado sobornos. Según los jueces que instruyen el caso, el ex primer ministro, Dominique Villepin, podría haber realizado investigaciones y concluido que Sarkozy no tenía nada que ver. Sin embargo, según publicó el vespertino 'Le Monde' en abril de 2006, Villepin habría decidido callarse sus pesquisas e involucrar falsamente a varios políticos, entre ellos a Nicolas Sarkozy, siguiendo instrucciones del, por aquel entonces, presidente Jacques Chirac. Villepin fue imputado en el caso, en julio de 2006, por su presunta implicación en un intento por desestabilizar a su ex rival y ahora presidente, Nicolas Sarkozy.
    El 21 de septiembre de 2009 comenzó el juicio por este caso. Entre los cinco acusados se encontraba Dominique de Villepin, inculpado por 'complicidad en denuncia calumniosa, complicidad en el uso de documentos falsos, ocultamiento de robo y ocultamiento de abuso de confianza'. Durante su paso por el tribunal, el ex primer ministro declaró en varias ocasiones que era 'víctima del ensañamiento y abuso de poder de Nicolás Sarkozy'. Tras cinco semanas, el Tribunal Correccional de París daba por concluido el caso. La fiscalía pedía para Villepin 18 meses de cárcel (con posibilidad de suspensión de la condena) y una multa de 45.000 euros. Finalmente, el veredicto se hará público el 28 de enero de 2010.
    El caso Clearstream es, según algunos dirigentes franceses, 'el paroxismo del odio' político. Tras hacerse público en 2004 que el nombre de Nicolás Sarkozy figuraba en las listas de Clearstream, la carrera política del entonces ministro de Interior sufrió un grave revés. Su reacción al conocer su implicación se resumió en la frase 'colgaré del gancho de un carnicero a los responsables de esto'. Al margen del caso, Sarkozy se tomaba la justicia por la mano, según la prensa, al negarle en noviembre de 2008 el grado de gran oficial de la Legión de Honor a Villepin mediante un apresurado decreto en el que se imponía la condición de haber ocupado el cargo de primer ministro durante 'dos años como mínimo'. El mandato de Villepin duró un año, once meses y quince días, por lo que sólo dos semanas le separaron de conseguir la más alta distinción del Estado. Durante los últimos cinco años, el caso Clearstream ha dejado en evidencia las oscuras manipulaciones que se habían gestado dentro de la derecha francesa con motivo de la sucesión de Jacques Chirac (2007).


La polémica del burka y la identidad nacional
    Dos de los temas más controvertidos del año en Francia han estado directamente relacionados con la inmigración. A mediados de junio, la propuesta de un grupo de parlamentarios sobre la prohibición del burka en las calles de las ciudades francesas inició el debate.
    El diputado comunista André Gerin remitió un escrito a la Asamblea que fue apoyado por 57 parlamentarios, entre ellos 43 de la UMP (Unión por un Movimiento Popular, partido de Sarkozy, de centro-derecha), siete socialistas, tres comunistas y dos de centro. En el documento se afirmaba que tanto el burka como la niqab (vestimenta femenina de una sola pieza que sólo deja al descubierto los ojos) 'son una afrenta a la libertad de la mujer y a la afirmación de la feminidad', 'la mujer se encuentra en una situación de reclusión, de exclusión y de humillación intolerable'. La iniciativa de Gerin reavivó el debate sobre la restricción de las costumbres y tradiciones musulmanas en Francia. Ya en 2004, cuando se prohibió que las mujeres llevaran un pañuelo cubriéndoles el pelo en las escuelas y en lugares públicos, el tema provocó el encontronazo entre los defensores del laicismo francés (en Francia impera un laicismo estricto), que consideran la expansión de tal vestimenta un ataque a uno de los pilares más importantes de la República; y los representantes de ciertas comunidades musulmanas que reclaman su derecho a practicar su religión y la libertad para mantener sus tradiciones lejos de sus países de origen.
    En los meses siguientes, la polémica sobre el burka se avivó aún más tras las declaraciones de Sarkozy afirmando que esta vestimenta 'no es bienvenida en Francia'.  Tajantemente aseguró que no lo sería 'bajo ningún pretexto, en ninguna condición y en ninguna circunstancia'. Según palabras de Sarkozy en un discurso pronunciado en Versalles el 22 de junio, el burka 'no es un signo religioso, sino de servidumbre de la mujer'. Sus declaraciones se tradujeron, el 22 de diciembre, en un proyecto de ley, presentado por la UMP, para prohibir el uso de esta vestimenta en lugares públicos.
    Sin embargo, la polémica no acaba aquí. El tema de la identidad nacional ha remarcado aún más las diferencias entre inmigrantes (en su mayoría de origen musulmán) y ciudadanos de origen francés. La discusión provenía del seno del propio Gobierno, que lanzó a través de una página web un test compuesto por preguntas sobre los valores que configuraban la identidad nacional. Además, se pedía la opinión de los usuarios sobre las condiciones en las que se debería permitir la entrada de inmigrantes. Este episodio ha causado numerosas críticas entre la ciudadanía, que temía que la discusión avivase aún más los brotes de xenofobia. A las pocas horas del lanzamiento, el 2 de noviembre, el sitio web ya se había llenado de mensajes hostiles del tipo 'Francia se ha convertido en una colonia de África de manera irremediable' y 'ningún francés pidió ser invadido por extranjeros', así como de reiteradas reivindicaciones del 'derecho de sangre' para obtener la nacionalidad.
    La iniciativa del Gobierno tampoco ha sido del agrado de la oposición, que considera el debate 'ficticio' y 'con fines electoralistas'. Puede que las acusaciones de los socialistas no estuvieran tan desencaminadas. Las encuestas reflejaban una tendencia a la baja para Sarkozy: el electorado de derechas y alto poder adquisitivo había relajado más sus apoyos al ver cómo el presidente de la República no cumplía con el programa liberal que le había llevado al Elíseo. El discurso nacionalista le había funcionado bien a Sarkozy ya en las presidenciales de 2007, atrayendo a parte del electorado del ultraderechista Frente Nacional, y parecía querer ponerlo en marcha de nuevo con el tema del debate nacional. Sin embargo, no deja de ser irónico que el propio Sarkozy, hijo de padre húngaro y madre francesa, se vanaglorie de representar los valores tradicionales de 'La France' (el patriotismo, la moral y la autoridad), mientras basa su discurso político en un cierto ataque o reprobación hacia las costumbres de aquellos ciudadanos que, como él mismo, descienden de familias inmigrantes.

Sin un rival a la altura de las circunstancias
    Pese a la tensión social y a las consecuencias de la crisis, y aunque las últimas encuestas de popularidad no le hayan favorecido, Sarkozy no ha salido tan perjudicado de la actual coyuntura económica como otros líderes europeos. Su estrategia de formar alianzas con grupos de derecha y centro, otrora rivales, le ha servido para reforzar la Unión por un Movimiento Popular (UMP). Estas uniones benefician profundamente a Sarkozy porque consigue apoyos varios dentro del amplio campo conservador: desde la tradicional alta burguesía del país hasta la población de clase media más católica y tradicional.
    La UMP ha ido ocupando paulatinamente una mayor parte del espectro político en Francia; mientras que la izquierda vaga sin rumbo, dividida y enfrentada. Francia es uno de los pocos países europeos que cuenta con un amplia variedad de partidos de izquierda, entre ellos comunistas y trotskistas. La habitual pugna por la presidencia se establece entre los dos grandes partidos, el PS y la UMP, que se disputan la segunda vuelta electoral. Sin embargo, con el desgaste que ha sufrido el Partido Socialista en los últimos tiempos, una más de las crisis cíclicas que acostumbra a atravesar la formación, y las diferencias internas entre sus líderes, parece poco probable que puedan presentar un rival en condiciones que haga frente a la vasta asociación de movimientos políticos que lidera Sarkozy.
    Ségolene Royal, candidata por el PS en los comicios de 2007, fue derrotada en el congreso del partido el año pasado por un estrecho margen de votos. Martine Aubry, ex ministra socialista, se colocaba al frente de la formación. Vistas las discrepancias que en el seno del partido se producían ya antes de su nombramiento, especialmente con motivo de las generales de 2012, comunicó, a finales de agosto de 2009, que el próximo candidato del PS a las generales será escogido en una elecciones primarias abiertas (similares a las que celebra el Partido Demócrata en EE.UU., contando con los votos de militantes y simpatizantes). Entre los nombres que se barajan están Martine Aubry y Sególene Royal (que se comporta públicamente como si ya fuese la candidata oficial), Bertrand Delanoe (alcalde de París), Manuel Valls (alcalde de Evry) y el director general del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, al que algunos expertos han llegado a considerar en los últimos meses como el gran rival de Sarkozy de cara a las elecciones generales de 2012.


El inicio de la recuperación económica


La economía francesa siguió una dinámica similar a la de otros países de la zona euro. En el último trimestre de 2008, Francia entraba de lleno en la recesión. Su PIB se contrajo un 1,2%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia (INSEE). En el conjunto de 2008, el PIB francés creció un 0,7%, una cifra muy inferior a la registrada en 2007 (2,1%). A comienzos de año, volvía a producirse una contracción del 1,2%, en comparación con los últimos datos de 2008. Pero se daban indicios de una leve recuperación cuando el INSEE publicaba los datos referentes al segundo trimestre. En los meses de abril, mayo y junio, la economía francesa registraba un crecimiento del 0,3% en su PIB, lo que suponía un respiro tras cuatro trimestres consecutivos de caídas (12 meses).
    Sin embargo, uno de los mayores problemas que sufrió la economía y la sociedad francesa fue el desempleo. En el último trimestre de 2008, el paro alcanzaba el 7,8% de la población activa en la Francia continental (2.197.000 desempleados). El avance con respecto al trimestre anterior era del 0,6%, según cifras del INSEE.
    En el primer trimestre del año ya suponía un 8,9% de la población activa y en el segundo aumentó hasta el 9,5%, incluyendo los territorios de ultramar. Excluidos estos de la tasa de desempleo, las cifras sería del 8,5% y 9,1%, respectivamente. Los departamentos franceses de Guayana, Guadalupe y Martinica fueron de los más perjudicados por el paro.
    Gran parte las medidas de estímulo llevadas a cabo por el Gobierno se centraban en frenar la progresiva destrucción de puestos de trabajo. Las previsiones del Ejecutivo para finales de año pronostican una tasa de desempleo superior al 10% y una contracción del Producto Interior Bruto del 3%. La falta de ingresos y la repercusión que las medidas 'anticrisis' tuvieron en los fondos públicos hizo que el déficit se duplicara en 2009. La Administración del Estado acumuló en los ocho primeros meses del año un déficit de 127.600 millones de euros, 60.000 millones más que en el mismo período de 2008. Según datos del INSEE, la deuda pública bruta alcanzó el 75,8% del PIB en el tercer trimestre de 2009, un incremento de 29.400 millones de euros (1,9% más con respecto al trimestre anterior).
    El último golpe de efecto de Sarkozy ha sido el anuncio de la extensión de algunas medidas de estímulo durante los próximos dos años. Cuando la mayoría de los Gobiernos empiezan a centrarse en la salida de la crisis y comienzan a pensar en reducir sus deudas públicas sin hacer demasiado daño a una economía todavía debilitada, el presidente francés prepara un plan de préstamos para los sectores industrial y de infraestructuras valorado en unos 35.000 millones de euros. Este nuevo programa de ayudas supondría un endeudamiento aún mayor, lo que pondría en serias dudas la credibilidad crediticia francesa.




Cronologia año  2009

 


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