Anuario 2009
Polonia
"La bicefalia polaca lleva al estancamiento político"
Ana María Moledo

La difícil cohabitación entre el presidente polaco Lech Kaczynski y el primer ministro Donald Tusk, que viene caracterizando la política polaca desde 2007, ha continuado durante 2009. Los continuos vetos del presidente a las reformas que presentaba el Gobierno han derivado, en el ámbito de la política nacional, en una situación de estancamiento. En política exterior, la actuación polaca parece haberse encarrilado durante el mandato de Tusk, especialmente en relación con la Unión Europea. Durante este año, Polonia ha dejado atrás sus reticencias a firmar el Tratado de Lisboa para acabar ratificándolo en octubre. Además, el primer ministro ha puesto en evidencia en varias ocasiones su interés por la entrada de Polonia en la Eurozona. Sin embargo, a finales de septiembre, Obama informaba al presidente polaco de su decisión de no llevar a cabo el proyecto del escudo antimisiles de la anterior Administración. Esta noticia produjo cierta decepción entre la ciudadanía y el Gobierno, que esperaba conseguir, con ayuda estadounidense, el despliegue de un sistema de defensa frente a un posible ataque de Rusia.

Kaczynski, líder junto a su hermano gemelo del partido derechista Ley y Justicia (PiS), y Tusk, de la centroderechista Plataforma Cívica (PO), son enemigos acérrimos desde hace años. Cuando Tusk ganó las elecciones de 2007, el presidente amenazó al recién elegido primer ministro con usar su poder de veto para desestabilizar al nuevo Gobierno. Parece que la advertencia del conservador líder de Ley y Justicia se ha hecho realidad. Kaczynski ha aplicado hasta en 16 ocasiones sus atribuciones como jefe del poder ejecutivo para bloquear las medidas que trataba de aplicar el Gobierno. De esta manera, la reforma del sistema de pensiones, el proyecto de ley para la reestructuración de la televisión estatal y una nueva legislación para recalificar terrenos agrícolas próximos a las ciudades fueron paralizados y postergados indefinidamente durante los últimos dos años. En 2009, el veto del presidente impidió, entre otras medidas, la aprobación del proyecto de adelantar la escolarización de los niños a los 6 años.
    Sin embargo, la confianza de la opinión pública en el Gobierno no se vio deteriorada por los escasos avances políticos, las elecciones del 7 de junio al Parlamento Europeo dieron buena prueba de ello. La Plataforma Cívica, el partido del primer ministro, obtuvo una rotunda victoria al conseguir el 44,4 por ciento de los votos, frente al 27,4 por ciento del partido de Ley y Justicia, el partido de Lech Kaczynski. El resultado de Plataforma Cívica demostraba que había conseguido mantener el número de votantes e incluso superarlo con respecto a las europeas de 2005 (24%) y a las presidenciales de 2007 (41,5%). La mayoría de los votos se repartían entre los dos grandes partidos y sólo la Alianza Democrática de Izquierda (12,3%) y el Partido Popular (7%) conseguían el apoyo suficiente para obtener escaños en la Eurocámara.
    Los múltiples vetos del presidente provocaron cansancio y hastío entre la población, que aprendió a ver el Gobierno como una víctima del exceso de poder del presidente. Sin embargo, estas 'complicaciones' han derivado en una cierta ventaja para Tusk y su 'Plataforma Cívica' porque le han otorgado la oportunidad de posponer una serie de medidas que podrían haber causado un excesivo revuelo social. Sin ir más lejos, el proyecto de reforma por el cual se pretendía adelantar la edad de escolarización acabó generando gran polémica entre los que defendían que los niños mejorarían su aprendizaje y los que consideraban que era una edad muy temprana, especialmente teniendo en cuenta las inapropiadas condiciones de muchas escuelas polacas (pequeños centros rurales sin las comodidades necesarias).
    La ventaja de Tusk con respecto al actual presidente se traduce en las encuestas, que le otorgan al líder de Plataforma Cívica más de un punto de diferencia con respecto a Kaczynski. Y es que el Gobierno de Donald Tusk también se ha librado de las críticas y del debilitamiento que sufrieron algunos de los Gobiernos europeos como consecuencia de la crisis. La recesión económica no ha hecho mella en la economía polaca y ha sido gracias a que su sistema financiero no estaba inmerso en la órbita de las hipotecas 'subprime', por lo tanto, la liquidez de sus bancos no se vio afectada. De hecho, Polonia fue el único país de la Unión Europea en registrar un crecimiento, de hasta el 2 por ciento, de su PIB. Por el contrario, el número de desempleados aumentó considerablemente debido al retorno de una parte de la población que trabajaba en países occidentales, seriamente afectados por la crisis. Según datos de la encuesta sobre población activa, el paro aumentó en los cuatro primeros meses de 2009 hasta alcanzar 1,4 millones de parados. La tasa de desempleo se elevó al 7,8% en abril (0,5% más que en el mismo mes de 2008) y, según las previsiones de la Comisión Europea, podría alcanzar el 9,9% a finales de año.    La coyuntura económica y los obstáculos de Kaczynski, lejos de debilitar a Tusk y a su partido, le han favorecido a falta de pocos meses para las elecciones presidenciales (octubre 2010).

Con la mirada puesta en Europa y en Obama
Al contrario de lo que ha ocurrido en el ámbito nacional, la actuación exterior de Polonia parece haber encontrado su rumbo. El Gobierno anterior al de Tusk, liderado por el gemelo Jaroslaw Kaczynski (también líder del partido Justicia y Ley), se había caracterizado por un fuerte euroescepticismo. De hecho, el actual presidente se negó en 2008 a firmar el Tratado de Lisboa y mantuvo una oposición radical al texto durante más de un año. En cambio, la proeuropea Plataforma Cívica ya manifestó, tras su llegada al poder, su intención de 'moverse' hacia 'el corazón de la integración europea'.
    En 2009, Kaczynski accedió, por fin, a firmar el nuevo tratado. El año anterior, el presidente, influenciado por su ultranacionalista hermano, se negaba a estampar su rúbrica sin que Irlanda o Alemania lo hiciesen antes. En el discurso que pronunció el 10 de octubre durante el acto en el que subscribió el Tratado de Lisboa, Lech Kaczynski comparaba las tensiones que hubo entre Polonia y la UE por la ratificación del tratado, con el 'rechazo a la Carta Magna europea en los referendos de Francia y Países Bajos'. Además, advirtió en varias ocasiones en que 'Polonia es y seguirá siendo un país soberano'.
    El presidente jugaba sus bazas en función de la postura que adoptasen los demás países miembros, pero especialmente el alemán (el tratado estaba siendo estudiado por el Tribunal Constitucional alemán). Las relaciones germano-polacas sufrieron un enfriamiento durante el mandato de los gemelos Kaczynski, que miraban a Alemania con cierto rechazo, por lo que no es extraño que el presidente prolongase su decisión a la espera de ver qué restricciones imponía su vecino para actuar en consecuencia. Una muestra de que la relación entre ambos países cambió radicalmente con el Gobierno de Tusk fue la visita que el ministro alemán de Exteriores, Guido Westerwelle, realizó a Varsovia al poco de tiempo de tomar posesión de su cargo en el Gobierno alemán. Westerwelle afirmó, durante el encuentro con su homólogo polaco, Radoslaw Sikorski, que las relaciones actuales entre ambos países 'son las mejores en la historia'.
    Además, en el transcurso de este año, Polonia ha reiterado su intención de querer formar parte de la Eurozona (grupo de Estados de la UE que han adoptado el euro como moneda oficial) cuanto antes. En una cumbre celebrada el 2 de marzo, Polonia expresaba un interés acelerado por formar parte de la unión monetaria luego de recibir señales de que, con la crisis financiera, el grupo de los 27 podría llegar a suavizar o simplificar el proceso de entrada en la zona euro. El Gobierno polaco propuso reducir el período de dos años que se venía aplicando como preparación para la entrada en la Eurozona. Además, el Ejecutivo de Tusk solicitaba que se estudiasen por separado las condiciones económicas de cada país  que solicitase su ingreso en la zona euro para que las medidas de ayuda planificada fuesen más concretas y acertadas.Aunque inicialmente se marcó 2012 como límite para la adopción de la moneda común, en diciembre de este año, el ministro de Hacienda, Jacek Rostowski, reconocía que el año 2015 era una fecha 'más realista'. El Gobierno de Tusk había puesto gran parte de su empeño en que la entrada se produjese en un plazo de dos años, pero la oposición de los conservadores y la puesta en marcha de los mecanismos de acceso que impone la UE han retrasado el proceso.
    A las decepciones que se ha llevado la política polaca en 2009 hay que añadir, sin duda, la decisión de Obama de no establecer misiles interceptores en territorio polaco (como había pactado el presidente Bush con Kaczynski hace un año). La negativa de Obama a continuar con el escudo antimisiles de la anterior Administración provocó, en una sociedad más proamericana que proeuropea y en un presidente que había hecho más esfuerzos por acercarse a EE.UU. que a la UE, cierto aire de preocupación. La ciudadanía y el Gobierno veían en el anterior pacto polaco-estadounidense una oportunidad para mejorar la defensa del país, teniendo en cuenta la amenaza que para ellos representa Rusia. De esta manera, los antiguos miedos a un ataque por parte de sus vecinos volvían a avivarse en el este de Europa. La decisión de Obama dejaba entrever hacia dónde iba dirigida la nueva política exterior y de defensa de EE.UU., y en ella, los países de Europa del Este ya no representan el mismo punto estratégico que en el pasado.
    Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos se han ido relajando tras el fin de la Guerra Fría, aunque durante la era Bush-Putin éstas sufrieron algún que otro altibajo. Las ex repúblicas soviéticas han sido a lo largo de los últimos años terreno abonado para la disputa entre ambas potencias. Las buenas relaciones y el gran prestigio del que goza Washington entre los antiguos países satélite ha sido un motivo constante de irritación para Rusia, que considera una especie de provocación la intromisión o implicación directa del Gobierno estadounidense en la región. Con la llegada de Obama a la casa blanca, las tensiones con Rusia parecen haber quedado postergadas. El propio presidente estadounidense afirmó, durante una conferencia en la Universidad de Moscú en julio, que 'EE.UU. quiere una Rusia fuerte, pacífica y próspera'. La nueva Administración estadounidense ha tendido una mano al Kremlin ante la incapacidad de hacer frente en solitario a los nuevos desafíos globales, especialmente, al peligro que representa la proliferación nuclear en Irán y Corea del Norte.
    Finalmente, y al contrario de lo que dio a pensar inicialmente, Obama no desechó por completo el plan de establecer un sistema de defensa en Europa. Durante el mes de octubre, expertos norteamericanos y polacos mantuvieron reuniones para discutir sobre un nuevo sistema de misiles. El nuevo programa norteamericano está formado por misiles móviles (ideados para ser transportados), una estrategia más económica y adecuada a las necesidades defensivas del continente. La idea de que Obama cediese a las amenazas del Kremlin (desde un principio, Rusia se mostró molesta por las negociaciones entre EE.UU.-Polonia y amenazó con dirigir sus misiles hacia ella si aceptaba el trato) había enturbiado las relaciones bilaterales entre Polonia y Estados Unidos. Sin embargo, con la visita de el vicepresidente americano, Joe Biden, a Varsovia parece que las tensiones de septiembre (desencadanadas tras la renuncia de Obama al escudo antimisiles proyectado por el Gobierno de Bush) quedaron mitigadas.
Kaczynski, líder junto a su hermano gemelo del partido derechista Ley y Justicia (PiS), y Tusk, de la centroderechista Plataforma Cívica (PO), son enemigos acérrimos desde hace años. Cuando Tusk ganó las elecciones de 2007, el presidente amenazó al recién elegido primer ministro con usar su poder de veto para desestabilizar al nuevo Gobierno. Parece que la advertencia del conservador líder de Ley y Justicia se ha hecho realidad. Kaczynski ha aplicado hasta en 16 ocasiones sus atribuciones como jefe del poder ejecutivo para bloquear las medidas que trataba de aplicar el Gobierno. De esta manera, la reforma del sistema de pensiones, el proyecto de ley para la reestructuración de la televisión estatal y una nueva legislación para recalificar terrenos agrícolas próximos a las ciudades fueron paralizados y postergados indefinidamente durante los últimos dos años. En 2009, el veto del presidente impidió, entre otras medidas, la aprobación del proyecto de adelantar la escolarización de los niños a los 6 años.
Sin embargo, la confianza de la opinión pública en el Gobierno no se vio deteriorada por los escasos avances políticos, las elecciones del 7 de junio al Parlamento Europeo dieron buena prueba de ello. La Plataforma Cívica, el partido del primer ministro, obtuvo una rotunda victoria al conseguir el 44,4 por ciento de los votos, frente al 27,4 por ciento del partido de Ley y Justicia, el partido de Lech Kaczynski. El resultado de Plataforma Cívica demostraba que había conseguido mantener el número de votantes e incluso superarlo con respecto a las europeas de 2005 (24%) y a las presidenciales de 2007 (41,5%). La mayoría de los votos se repartían entre los dos grandes partidos y sólo la Alianza Democrática de Izquierda (12,3%) y el Partido Popular (7%) conseguían el apoyo suficiente para obtener escaños en la Eurocámara.     Los múltiples vetos del presidente provocaron cansancio y hastío entre la población, que aprendió a ver el Gobierno como una víctima del exceso de poder del presidente. Sin embargo, estas 'complicaciones' han derivado en una cierta ventaja para Tusk y su 'Plataforma Cívica' porque le han otorgado la oportunidad de posponer una serie de medidas que podrían haber causado un excesivo revuelo social. Sin ir más lejos, el proyecto de reforma por el cual se pretendía adelantar la edad de escolarización acabó generando gran polémica entre los que defendían que los niños mejorarían su aprendizaje y los que consideraban que era una edad muy temprana, especialmente teniendo en cuenta las inapropiadas condiciones de muchas escuelas polacas (pequeños centros rurales sin las comodidades necesarias).
La ventaja de Tusk con respecto al actual presidente se traduce en las encuestas, que le otorgan al líder de Plataforma Cívica más de un punto de diferencia con respecto a Kaczynski. Y es que el Gobierno de Donald Tusk también se ha librado de las críticas y del debilitamiento que sufrieron algunos de los Gobiernos europeos como consecuencia de la crisis. La recesión económica no ha hecho mella en la economía polaca y ha sido gracias a que su sistema financiero no estaba inmerso en la órbita de las hipotecas 'subprime', por lo tanto, la liquidez de sus bancos no se vio afectada. De hecho, Polonia fue el único país de la Unión Europea en registrar un crecimiento, de hasta el 2 por ciento, de su PIB. Por el contrario, el número de desempleados aumentó considerablemente debido al retorno de una parte de la población que trabajaba en países occidentales, seriamente afectados por la crisis. Según datos de la encuesta sobre población activa, el paro aumentó en los cuatro primeros meses de 2009 hasta alcanzar 1,4 millones de parados. La tasa de desempleo se elevó al 7,8% en abril (0,5% más que en el mismo mes de 2008) y, según las previsiones de la Comisión Europea, podría alcanzar el 9,9% a finales de año.    La coyuntura económica y los obstáculos de Kaczynski, lejos de debilitar a Tusk y a su partido, le han favorecido a falta de pocos meses para las elecciones presidenciales (octubre 2010).

Con la mirada puesta en Europa y en Obama
Al contrario de lo que ha ocurrido en el ámbito nacional, la actuación exterior de Polonia parece haber encontrado su rumbo. El Gobierno anterior al de Tusk, liderado por el gemelo Jaroslaw Kaczynski (también líder del partido Justicia y Ley), se había caracterizado por un fuerte euroescepticismo. De hecho, el actual presidente se negó en 2008 a firmar el Tratado de Lisboa y mantuvo una oposición radical al texto durante más de un año. En cambio, la proeuropea Plataforma Cívica ya manifestó, tras su llegada al poder, su intención de 'moverse' hacia 'el corazón de la integración europea'.
En 2009, Kaczynski accedió, por fin, a firmar el nuevo tratado. El año anterior, el presidente, influenciado por su ultranacionalista hermano, se negaba a estampar su rúbrica sin que Irlanda o Alemania lo hiciesen antes. En el discurso que pronunció el 10 de octubre durante el acto en el que subscribió el Tratado de Lisboa, Lech Kaczynski comparaba las tensiones que hubo entre Polonia y la UE por la ratificación del tratado, con el 'rechazo a la Carta Magna europea en los referendos de Francia y Países Bajos'. Además, advirtió en varias ocasiones en que 'Polonia es y seguirá siendo un país soberano'.
El presidente jugaba sus bazas en función de la postura que adoptasen los demás países miembros, pero especialmente el alemán (el tratado estaba siendo estudiado por el Tribunal Constitucional alemán). Las relaciones germano-polacas sufrieron un enfriamiento durante el mandato de los gemelos Kaczynski, que miraban a Alemania con cierto rechazo, por lo que no es extraño que el presidente prolongase su decisión a la espera de ver qué restricciones imponía su vecino para actuar en consecuencia. Una muestra de que la relación entre ambos países cambió radicalmente con el Gobierno de Tusk fue la visita que el ministro alemán de Exteriores, Guido Westerwelle, realizó a Varsovia al poco de tiempo de tomar posesión de su cargo en el Gobierno alemán. Westerwelle afirmó, durante el encuentro con su homólogo polaco, Radoslaw Sikorski, que las relaciones actuales entre ambos países 'son las mejores en la historia'.    Además, en el transcurso de este año, Polonia ha reiterado su intención de querer formar parte de la Eurozona (grupo de Estados de la UE que han adoptado el euro como moneda oficial) cuanto antes. En una cumbre celebrada el 2 de marzo, Polonia expresaba un interés acelerado por formar parte de la unión monetaria luego de recibir señales de que, con la crisis financiera, el grupo de los 27 podría llegar a suavizar o simplificar el proceso de entrada en la zona euro. El Gobierno polaco propuso reducir el período de dos años que se venía aplicando como preparación para la entrada en la Eurozona. Además, el Ejecutivo de Tusk solicitaba que se estudiasen por separado las condiciones económicas de cada país  que solicitase su ingreso en la zona euro para que las medidas de ayuda planificada fuesen más concretas y acertadas.
Aunque inicialmente se marcó 2012 como límite para la adopción de la moneda común, en diciembre de este año, el ministro de Hacienda, Jacek Rostowski, reconocía que el año 2015 era una fecha 'más realista'. El Gobierno de Tusk había puesto gran parte de su empeño en que la entrada se produjese en un plazo de dos años, pero la oposición de los conservadores y la puesta en marcha de los mecanismos de acceso que impone la UE han retrasado el proceso.    A las decepciones que se ha llevado la política polaca en 2009 hay que añadir, sin duda, la decisión de Obama de no establecer misiles interceptores en territorio polaco (como había pactado el presidente Bush con Kaczynski hace un año). La negativa de Obama a continuar con el escudo antimisiles de la anterior Administración provocó, en una sociedad más proamericana que proeuropea y en un presidente que había hecho más esfuerzos por acercarse a EE.UU. que a la UE, cierto aire de preocupación. La ciudadanía y el Gobierno veían en el anterior pacto polaco-estadounidense una oportunidad para mejorar la defensa del país, teniendo en cuenta la amenaza que para ellos representa Rusia. De esta manera, los antiguos miedos a un ataque por parte de sus vecinos volvían a avivarse en el este de Europa. La decisión de Obama dejaba entrever hacia dónde iba dirigida la nueva política exterior y de defensa de EE.UU., y en ella, los países de Europa del Este ya no representan el mismo punto estratégico que en el pasado.
Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos se han ido relajando tras el fin de la Guerra Fría, aunque durante la era Bush-Putin éstas sufrieron algún que otro altibajo. Las ex repúblicas soviéticas han sido a lo largo de los últimos años terreno abonado para la disputa entre ambas potencias. Las buenas relaciones y el gran prestigio del que goza Washington entre los antiguos países satélite ha sido un motivo constante de irritación para Rusia, que considera una especie de provocación la intromisión o implicación directa del Gobierno estadounidense en la región. Con la llegada de Obama a la casa blanca, las tensiones con Rusia parecen haber quedado postergadas. El propio presidente estadounidense afirmó, durante una conferencia en la Universidad de Moscú en julio, que 'EE.UU. quiere una Rusia fuerte, pacífica y próspera'. La nueva Administración estadounidense ha tendido una mano al Kremlin ante la incapacidad de hacer frente en solitario a los nuevos desafíos globales, especialmente, al peligro que representa la proliferación nuclear en Irán y Corea del Norte.
Finalmente, y al contrario de lo que dio a pensar inicialmente, Obama no desechó por completo el plan de establecer un sistema de defensa en Europa. Durante el mes de octubre, expertos norteamericanos y polacos mantuvieron reuniones para discutir sobre un nuevo sistema de misiles. El nuevo programa norteamericano está formado por misiles móviles (ideados para ser transportados), una estrategia más económica y adecuada a las necesidades defensivas del continente. La idea de que Obama cediese a las amenazas del Kremlin (desde un principio, Rusia se mostró molesta por las negociaciones entre EE.UU.-Polonia y amenazó con dirigir sus misiles hacia ella si aceptaba el trato) había enturbiado las relaciones bilaterales entre Polonia y Estados Unidos. Sin embargo, con la visita de el vicepresidente americano, Joe Biden, a Varsovia parece que las tensiones de septiembre (desencadanadas tras la renuncia de Obama al escudo antimisiles proyectado por el Gobierno de Bush) quedaron mitigadas.
Kaczynski, líder junto a su hermano gemelo del partido derechista Ley y Justicia (PiS), y Tusk, de la centroderechista Plataforma Cívica (PO), son enemigos acérrimos desde hace años. Cuando Tusk ganó las elecciones de 2007, el presidente amenazó al recién elegido primer ministro con usar su poder de veto para desestabilizar al nuevo Gobierno. Parece que la advertencia del conservador líder de Ley y Justicia se ha hecho realidad. Kaczynski ha aplicado hasta en 16 ocasiones sus atribuciones como jefe del poder ejecutivo para bloquear las medidas que trataba de aplicar el Gobierno. De esta manera, la reforma del sistema de pensiones, el proyecto de ley para la reestructuración de la televisión estatal y una nueva legislación para recalificar terrenos agrícolas próximos a las ciudades fueron paralizados y postergados indefinidamente durante los últimos dos años. En 2009, el veto del presidente impidió, entre otras medidas, la aprobación del proyecto de adelantar la escolarización de los niños a los 6 años.    Sin embargo, la confianza de la opinión pública en el Gobierno no se vio deteriorada por los escasos avances políticos, las elecciones del 7 de junio al Parlamento Europeo dieron buena prueba de ello. La Plataforma Cívica, el partido del primer ministro, obtuvo una rotunda victoria al conseguir el 44,4 por ciento de los votos, frente al 27,4 por ciento del partido de Ley y Justicia, el partido de Lech Kaczynski. El resultado de Plataforma Cívica demostraba que había conseguido mantener el número de votantes e incluso superarlo con respecto a las europeas de 2005 (24%) y a las presidenciales de 2007 (41,5%). La mayoría de los votos se repartían entre los dos grandes partidos y sólo la Alianza Democrática de Izquierda (12,3%) y el Partido Popular (7%) conseguían el apoyo suficiente para obtener escaños en la Eurocámara.     Los múltiples vetos del presidente provocaron cansancio y hastío entre la población, que aprendió a ver el Gobierno como una víctima del exceso de poder del presidente. Sin embargo, estas 'complicaciones' han derivado en una cierta ventaja para Tusk y su 'Plataforma Cívica' porque le han otorgado la oportunidad de posponer una serie de medidas que podrían haber causado un excesivo revuelo social. Sin ir más lejos, el proyecto de reforma por el cual se pretendía adelantar la edad de escolarización acabó generando gran polémica entre los que defendían que los niños mejorarían su aprendizaje y los que consideraban que era una edad muy temprana, especialmente teniendo en cuenta las inapropiadas condiciones de muchas escuelas polacas (pequeños centros rurales sin las comodidades necesarias).    La ventaja de Tusk con respecto al actual presidente se traduce en las encuestas, que le otorgan al líder de Plataforma Cívica más de un punto de diferencia con respecto a Kaczynski. Y es que el Gobierno de Donald Tusk también se ha librado de las críticas y del debilitamiento que sufrieron algunos de los Gobiernos europeos como consecuencia de la crisis. La recesión económica no ha hecho mella en la economía polaca y ha sido gracias a que su sistema financiero no estaba inmerso en la órbita de las hipotecas 'subprime', por lo tanto, la liquidez de sus bancos no se vio afectada. De hecho, Polonia fue el único país de la Unión Europea en registrar un crecimiento, de hasta el 2 por ciento, de su PIB. Por el contrario, el número de desempleados aumentó considerablemente debido al retorno de una parte de la población que trabajaba en países occidentales, seriamente afectados por la crisis. Según datos de la encuesta sobre población activa, el paro aumentó en los cuatro primeros meses de 2009 hasta alcanzar 1,4 millones de parados. La tasa de desempleo se elevó al 7,8% en abril (0,5% más que en el mismo mes de 2008) y, según las previsiones de la Comisión Europea, podría alcanzar el 9,9% a finales de año.    La coyuntura económica y los obstáculos de Kaczynski, lejos de debilitar a Tusk y a su partido, le han favorecido a falta de pocos meses para las elecciones presidenciales (octubre 2010).Con la mirada puesta en Europa y en Obama    Al contrario de lo que ha ocurrido en el ámbito nacional, la actuación exterior de Polonia parece haber encontrado su rumbo. El Gobierno anterior al de Tusk, liderado por el gemelo Jaroslaw Kaczynski (también líder del partido Justicia y Ley), se había caracterizado por un fuerte euroescepticismo. De hecho, el actual presidente se negó en 2008 a firmar el Tratado de Lisboa y mantuvo una oposición radical al texto durante más de un año. En cambio, la proeuropea Plataforma Cívica ya manifestó, tras su llegada al poder, su intención de 'moverse' hacia 'el corazón de la integración europea'.     En 2009, Kaczynski accedió, por fin, a firmar el nuevo tratado. El año anterior, el presidente, influenciado por su ultranacionalista hermano, se negaba a estampar su rúbrica sin que Irlanda o Alemania lo hiciesen antes. En el discurso que pronunció el 10 de octubre durante el acto en el que subscribió el Tratado de Lisboa, Lech Kaczynski comparaba las tensiones que hubo entre Polonia y la UE por la ratificación del tratado, con el 'rechazo a la Carta Magna europea en los referendos de Francia y Países Bajos'. Además, advirtió en varias ocasiones en que 'Polonia es y seguirá siendo un país soberano'.     El presidente jugaba sus bazas en función de la postura que adoptasen los demás países miembros, pero especialmente el alemán (el tratado estaba siendo estudiado por el Tribunal Constitucional alemán). Las relaciones germano-polacas sufrieron un enfriamiento durante el mandato de los gemelos Kaczynski, que miraban a Alemania con cierto rechazo, por lo que no es extraño que el presidente prolongase su decisión a la espera de ver qué restricciones imponía su vecino para actuar en consecuencia. Una muestra de que la relación entre ambos países cambió radicalmente con el Gobierno de Tusk fue la visita que el ministro alemán de Exteriores, Guido Westerwelle, realizó a Varsovia al poco de tiempo de tomar posesión de su cargo en el Gobierno alemán. Westerwelle afirmó, durante el encuentro con su homólogo polaco, Radoslaw Sikorski, que las relaciones actuales entre ambos países 'son las mejores en la historia'.    Además, en el transcurso de este año, Polonia ha reiterado su intención de querer formar parte de la Eurozona (grupo de Estados de la UE que han adoptado el euro como moneda oficial) cuanto antes. En una cumbre celebrada el 2 de marzo, Polonia expresaba un interés acelerado por formar parte de la unión monetaria luego de recibir señales de que, con la crisis financiera, el grupo de los 27 podría llegar a suavizar o simplificar el proceso de entrada en la zona euro. El Gobierno polaco propuso reducir el período de dos años que se venía aplicando como preparación para la entrada en la Eurozona. Además, el Ejecutivo de Tusk solicitaba que se estudiasen por separado las condiciones económicas de cada país    que solicitase su ingreso en la zona euro para que las medidas de ayuda planificada fuesen más concretas y acertadas.    Aunque inicialmente se marcó 2012 como límite para la adopción de la moneda común, en diciembre de este año, el ministro de Hacienda, Jacek Rostowski, reconocía que el año 2015 era una fecha 'más realista'. El Gobierno de Tusk había puesto gran parte de su empeño en que la entrada se produjese en un plazo de dos años, pero la oposición de los conservadores y la puesta en marcha de los mecanismos de acceso que impone la UE han retrasado el proceso.    A las decepciones que se ha llevado la política polaca en 2009 hay que añadir, sin duda, la decisión de Obama de no establecer misiles interceptores en territorio polaco (como había pactado el presidente Bush con Kaczynski hace un año). La negativa de Obama a continuar con el escudo antimisiles de la anterior Administración provocó, en una sociedad más proamericana que proeuropea y en un presidente que había hecho más esfuerzos por acercarse a EE.UU. que a la UE, cierto aire de preocupación. La ciudadanía y el Gobierno veían en el anterior pacto polaco-estadounidense una oportunidad para mejorar la defensa del país, teniendo en cuenta la amenaza que para ellos representa Rusia. De esta manera, los antiguos miedos a un ataque por parte de sus vecinos volvían a avivarse en el este de Europa. La decisión de Obama dejaba entrever hacia dónde iba dirigida la nueva política exterior y de defensa de EE.UU., y en ella, los países de Europa del Este ya no representan el mismo punto estratégico que en el pasado.     Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos se han ido relajando tras el fin de la Guerra Fría, aunque durante la era Bush-Putin éstas sufrieron algún que otro altibajo. Las ex repúblicas soviéticas han sido a lo largo de los últimos años terreno abonado para la disputa entre ambas potencias. Las buenas relaciones y el gran prestigio del que goza Washington entre los antiguos países satélite ha sido un motivo constante de irritación para Rusia, que considera una especie de provocación la intromisión o implicación directa del Gobierno estadounidense en la región. Con la llegada de Obama a la casa blanca, las tensiones con Rusia parecen haber quedado postergadas. El propio presidente estadounidense afirmó, durante una conferencia en la Universidad de Moscú en julio, que 'EE.UU. quiere una Rusia fuerte, pacífica y próspera'. La nueva Administración estadounidense ha tendido una mano al Kremlin ante la incapacidad de hacer frente en solitario a los nuevos desafíos globales, especialmente, al peligro que representa la proliferación nuclear en Irán y Corea del Norte.     Finalmente, y al contrario de lo que dio a pensar inicialmente, Obama no desechó por completo el plan de establecer un sistema de defensa en Europa. Durante el mes de octubre, expertos norteamericanos y polacos mantuvieron reuniones para discutir sobre un nuevo sistema de misiles. El nuevo programa norteamericano está formado por misiles móviles (ideados para ser transportados), una estrategia más económica y adecuada a las necesidades defensivas del continente. La idea de que Obama cediese a las amenazas del Kremlin (desde un principio, Rusia se mostró molesta por las negociaciones entre EE.UU.-Polonia y amenazó con dirigir sus misiles hacia ella si aceptaba el trato) había enturbiado las relaciones bilaterales entre Polonia y Estados Unidos. Sin embargo, con la visita de el vicepresidente americano, Joe Biden, a Varsovia parece que las tensiones de septiembre (desencadanadas tras la renuncia de Obama al escudo antimisiles proyectado por el Gobierno de Bush) quedaron mitigadas.



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