Anuario 2009
Alemania
"Las urnas permiten a Merkel poner fin a la “Gran Coalición” con el SPD"
Ana María Moledo

La República Federal Alemana ha vivido 2009 en un contexto de cambio. Las elecciones del 27 de septiembre pusieron el punto y final a cuatro años de gobierno de la Gran Coalición entre el Partido Socialdemócrata (SPD) y la Unión Cristianodemócrata (CDU). Los comicios, en los que el SPD fue el gran derrotado, otorgaron a la CDU un porcentaje de votos similar al de 2005. Una nueva alianza se ha puesto en marcha desde entonces. La CDU/CSU (ala bávara de los cristianodemócratas) se mantiene en el gobierno con Angela Merkel a la cabeza, pero ésta vez con otros aliados: los liberales del FDP. Las reformas en el ámbito económico para dejar atrás la recesión, que afectó con especial gravedad a su sector financiero, parecen dar sus frutos puesto que durante el segundo y tercer trimestre del año se ha producido un ligero aumento del PIB (0,7%). A finales de año, la capital alemana ha celebrado el vigésimo aniversario de la caída del Muro. Berlín recibió en esta ocasión la visita de diversos líderes y ex líderes mundiales que acudieron a los festejos de conmemoración de una fecha histórica.


El Gobierno de la Gran Coalición cerraba 2008 con la insatisfacción general que había causado el primer plan de estímulo económico. Algunos de los sectores clave de la economía alemana, entre ellos el automovilístico, se habían visto gravemente afectados por la recesión económica, lo que derivó en recortes de la producción, expedientes de regulación de empleo y cierre de algunas fábricas. Para aliviar la destrucción de empleo e impulsar de nuevo la economía, el ministro de Finanzas, Peer Steinbrück, presentaba a mediados de noviembre de 2008 un paquete de rescate dotado con 31.000 millones de euros. Pero este primer parche del Gobierno no tuvo el efecto esperado y fue criticado, tanto en el país como en el exterior. Según algunas publicaciones económicas, la cifra estaba retocada y en ella se incluían medidas aprobadas con anterioridad, por lo que esta inversión se quedaba escasa y no suponía un gran incentivo para iniciar la recuperación.
De forma paralela al plan de rescate que el Gobierno alemán presentó en noviembre, la Comisión Europea instaba a los países miembros a aprobar medidas conjuntas de ayuda a la recuperación. Pese a la discordancia inicial de Alemania, que se resistía a invertir más fondos públicos en la recuperación económica, el 12 de diciembre de 2008 los 27 llegan a un acuerdo y se aprueba un conjunto de medidas valorado en 200.000 millones de euros (1,5% del PIB de la UE), de los cuales los Estados aportan la mayor suma, 170.000 millones. La cantidad restante, 30.000 millones de euros, procede del presupuesto comunitario. La economía más importante de la eurozona y, por tanto, el mayor contribuyente a este programa aceptó las propuestas comunes tras conseguir que cada país dispusiese de plena libertad para decidir acerca de las medidas fiscales.
No habían transcurrido ni dos meses desde la aprobación del primer paquete de estímulo y poco después de un mes de haberse embarcado en el plan de la Comisión (en el cual se calcula que Alemania invertirá 32.000 millones de euros entre 2009 y 2010), cuando la CDU de Angela Merkel comienza a gestar, durante un congreso del partido en la ciudad de Erfurt el 10 de enero, un segundo conjunto de medidas. Este programa forma parte del llamado 'Pacto para Alemania' que recoge diez puntos esenciales para hacer frente a la crisis, tanto económica como financiera. No hay duda de que con este segundo paquete de estímulo, valorado en 50.000 millones de euros, la Coalición refuerza las anteriores ayudas a la recuperación económica del país, pero además, los cristianodemócratas se sitúan así un paso por delante de sus 'aliados' en el camino hacia las elecciones federales de septiembre al haber diseñado gran parte de las nuevas medidas.    A pesar de que estos programas fueron finalmente aprobados en consenso por las dos partes de la Gran Coalición parece que resultaron más fructíferos para la CDU de Merkel que para los socialdemócratas. El grueso de este segundo plan anticrisis se centra en la reducción fiscal y en las inversiones en educación e infraestructuras. Destacan los recortes en las cotizaciones a la Seguridad Social, las rebajas para las rentas más bajas y el aumento de 100 euros de la ayuda a los recién nacidos. El paquete también presta atención al ámbito de la inversión social y destina 18.000 millones de euros a reformas en los centros educativos y los hospitales durante los próximos dos años. El Gobierno de Merkel se iba perfilando en este tipo de medidas como el 'gran auxiliador' de la población y de las empresas. Con el plus de 2.500 euros, el Gobierno incentiva la compra de un nuevo vehículo y reactiva el consumo, pero además beneficia indirectamente al sector automovilístico.

Medidas contra el azote de la crisis financiera
La economía alemana no sólo ha sentido la recesión en sus sectores productivos clave, sino también en el ámbito de la banca. La política económica alemana ha dejado atrás los planes de reducción del gasto público y reforma del mercado de trabajo que Merkel venía abanderando desde su llegada al poder en 2004. El Estado ha tenido que aprobar medidas extraordinarias para salir al rescate de algunas de las mayores entidades financieras de la República Federal.    Algunos miembros del Ejecutivo se habían mostrado totalmente opuestos a medidas nacionalizadoras o intervencionistas en exceso a finales de 2008. Pero, con la entrada del nuevo año Alemania, al igual que Reino Unido, comenzó a poner en práctica acciones de rescate. Ante la amenaza de que las mayores entidades bancarias del país se hundiesen, la Gran Coalición desplegó toda una serie de programas, dejando de lado cualquier disputa ideológica.
El 8 de enero, Commerzbank (el segundo banco del país) pasa a convertirse en el primer banco en ser nacionalizado parcialmente en la historia de Alemania. Esta entidad financiera recibe entonces 10.000 millones de euros del Fondo de Estabilización de los Mercados Financieros. De esta manera, el Estado obtiene una participación del 25%, convirtiéndose así en accionista mayoritario, aunque no tenga derecho a voto ni a representación ejecutiva.
El SoFFin, así es como se conoce en alemán al Fondo de Estabilización, fue creado en octubre del pasado año como una agencia del Deutsche Bundesbank (el Banco Central de Alemania) para dar garantía de liquidez y aliviar la deuda de los bancos. El Commerzbank ya había sido objeto de una inyección de capital procedente del SoFFin a finales de 2008 (8.200 millones), pero a principios de este año se encontraba anclado en el proceso de compra del deficitario Dresdner Bank, por lo que solicitó una vez más ayuda del fondo de rescate estatal.    Otro de los intentos del Gobierno de dar vigor al sistema financiero desemboca en la creación de los llamados bad banks, anunciado en mayo por el ministro de Finanzas, Peer Steinbrück. Los bad banks se ponen en marcha para que las entidades bancarias puedan deshacerse de sus 'activos tóxicos', inversiones fallidas causadas por la crisis de las 'hipotecas basura', hipotecas 'subprime' (desencadenada en agosto de 2007, aunque los expertos sitúan su origen en años anteriores). La crisis de las 'subprime' fue generada básicamente por una gran cantidad de impagos que, con sus correspondientes (y elevados) intereses, provocaron que estas inversiones comenzaron a 'autointoxicarse' ya que no había manera de respaldarlas. A largo plazo esto implica un gran problema de liquidez para los bancos, situación en la que nos encontramos actualmente.
Las medidas aplicadas hasta ese momento no tuvieron el efecto esperado en casos como el del Hypo Real Estate, una entidad que, a pesar de las garantías del SoFFin estatal y de la ayuda de otros bancos, seguía en unas débiles condiciones financieras. Tomando este ejemplo como referente, la Gran Coalición aprueba el 18 de febrero un proyecto de ley temporal que permite la nacionalización bancaria forzada (in extremis, para los bancos más dañados). Esta medida ha provocado una ola de controversias entre la clase política y los economistas alemanes que consideran la intervención del Gobierno una acción excesiva que conlleva una reducción de la inversión extranjera en el país y un debilitamiento de la iniciativa privada.    Las acciones llevadas a cabo por la Gran Coalición parecieron tener efecto. En el mes de agosto, la noticia en la Unión Europea era el crecimiento del PIB alemán un 0,3% en el segundo trimestre de este año, tras una contracción de 12 meses consecutivos. Desde el Banco Central Europeo (BCE) se mostraban cautos porque la cifra de este indicador era mínima; sin embargo, el ministro alemán de Economía, Karl-Theodor Guttenberg, celebraba con optimismo este leve crecimiento. Un respiro teniendo en cuenta la proximidad de las elecciones generales.
El creciente déficit público es uno de los problemas a los que ha tenido que enfrentarse  la economía alemana en 2009. Los paquetes de estímulo y la reducción de la presión fiscal han llevado los índices de endeudamiento del país a niveles históricos. Alemania ya ha superado el límite de déficit establecido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) de la UE, el 3 por ciento. Esto provocó que la Comisión Europea  emprendiese acciones disciplinarias y amenazase al Gobierno alemán con llevar a cabo sanciones por déficit a principios de octubre (20 de los 27 estados miembros superan actualmente el umbral que fija el PEC).    Pese a tener unas arcas públicas deficitarias, el tradicional 'motor' económico de la zona euro parece ponerse en marcha de nuevo. Los últimos datos publicados por el Bundesbank (Banco Central) revelan un crecimiento del 0,7 por ciento del PIB en el tercer trimestre. Aunque el índice de desempleo en septiembre fue del 7,6%, frente al 7,1% de agosto, lo que diferencia a Alemania del resto de países que también han experimentado una fuerte caída de su PIB (éste es el caso de Japón o Italia) es que la destrucción de empleo ha sido más moderada. Los índices no han caído de forma tan radical gracias a la reducción temporal de la jornada laboral. El modelo alemán de trabajo a jornada reducida, junto con las subvenciones estatales que favorecen el empleo (incluidas en los planes de estímulo), evitan un aumento excesivo de los parados de larga duración. Esto supone también una forma de mitigar las presiones sociales que suelen estar ligadas a despidos masivos.

El colapso de la Gran Coalición
Varios medios de comunicación alemanes, así como economistas y analistas políticos, elaboraron sus propios balances acerca del gobierno de la Gran Coalición de cara a la elecciones de septiembre. En general, coinciden en que a pesar de las diferencias ideológicas y las disputas surgidas, los socios han sabido sortear los baches y encarrilar la recuperación económica, una de las mayores preocupaciones de la opinión pública alemana en este 2009. Pese a lo positivo de algunas críticas, la realidad política se ha caracterizado por un ambiente de incertidumbre y lucha entre los socios de la Gran Coalición de cara a las legislativas de septiembre. Los conflictos internos y las elecciones regionales celebradas previamente no hicieron más que evidenciar la debilidad de la alianza entre la CDU y el SPD.
Los socialdemócratas están en crisis y eso no es nada nuevo, ocurre desde finales de 2007. Las diferencias dentro del partido fueron clave y provocaron una división interna que derivó en la creación de La Izquierda (Die Linke) el 16 de junio del 2007. Este partido surge de la fusión entre el Linkspartei-PDS (comunista) y WASG (Alternativa Electoral por el Trabajo y la Justicia Social, fundado por disidentes de la izquierda del SPD). Es inevitable incluir en este punto la Agenda 2010 del ex canciller socialdemócrata Gerhard Schröder (1998-2005) porque ésta ha provocado gran parte de las últimas disputas en el seno del Partido Socialdemócrata. Probablemente éste haya sido también el estigma por el cual el SPD acaba siendo el gran perdedor de las elecciones federales.    El objetivo principal de la Agenda 2010 es reformar drásticamente el sistema de Seguridad Social alemán para obtener un mayor crecimiento económico. Esto supondría una gran reducción del gasto social en educación, sanidad, desempleo y otros ejes básicos del Estado de bienestar. Dentro del Partido Socialdemócrata, personalidades como Peer Steinbrück, ex ministro de Finanzas de la Gran Coalición, o Frank Steinmeier, ex ministro de Exteriores y ex vicecanciller (líder del SPD en la actualidad) comparten las ideas recogidas en la Agenda 2010. Por otro lado, Kurt Beck, anterior líder del SPD, ha optado por situarse del lado de la izquierda del partido y propuso en más de una ocasión modificaciones en la Agenda, como un aumento del período del subsidio por desempleo. En una situación de recesión económica como la vivida durante el 2009, los planes de reforma social (principalmente, de reforma del mercado laboral y de reducción del gasto público) se vieron reemplazados en el plano de la política económica alemana por una serie de medidas que pretendían reactivar el consumo y que por lo tanto aumentaron los subsidios, las ayudas a las familias y, en definitiva, el gasto público. En medio de este cambio de rumbo, las disputas ideológicas en el seno del SPD parecen fuera de lugar, y de cara a unas elecciones generales no le favorecieron en exceso.
Otro de los puntos débiles de la alianza entre los dos grandes partidos rivales, CDU/CSU(ala bávara de los cristianodemócratas) y el SPD fueron las polémicas elecciones al parlamento regional de Hesse (enero 2008) a raíz de las declaraciones racistas del líder cristianodemócrata en la región, Roland Koch. Ante el problema de la delincuencia juvenil por parte de inmigrantes, Koch presentaba como solución su inmediata expulsión del país. Para aclarar tales afirmaciones, y en plena campaña, el SPD pidió la intervención de Merkel. Desoyendo los consejos de sus aliados socialdemócratas en la Gran Coalición, Merkel no sólo no reprendió a Koch, sino que incluso apoyó sus propuestas. Hesse vivió un año de incertidumbre. Koch, candidato de la CDU, había perdido la mayoría absoluta para gobernar en las elecciones de enero de 2008 y necesitaba buscarse un compañero para formar coalición, pero tanto él como Andrea Ypsilanti, candidata del SPD en la región, se negaban a formar un gobierno estable. Desde Berlín, las cúpulas de sus respectivos partidos les apoyaban. La formación de un gobierno estable se volvía cada vez más difícil. Los socios de la Gran Coalición, que compartían el Gobierno del Estado, se negaban a pactar en Hesse. Por otra parte, las disputas internas de los socialdemócratas y su negativa a pactar con La Izquierda (disidentes de su propio partido) impedían otra de las alternativas de gobierno. Mientras tanto, se formó un gobierno provisional liderado por Roland Koch hasta que el 18 de enero de este año volvieron a celebrarse unos comicios que podrían ser vistos como una premonición de lo que pasaría en las elecciones de septiembre. La CDU ha mantenido el resultado de 2008 en Hesse, al igual que La Izquierda (Die Linke) pero el SPD ha salido fuertemente perjudicado (perdió un 13 por ciento de los votos con respecto a las elecciones anteriores). Los liberales (FDP) y los Verdes salieron beneficiados, pues ganaron 9 y 8 escaños respectivamente. Estos resultados posibilitaron la formación de una coalición de Gobierno en el estado de Hesse entre los liberales y la CDU, con Koch al frente.    Las elecciones europeas del 7 de junio, prueba clave de cara a los comicios de septiembre, confirmaron las tendencias que dentro de los grandes partidos empezaban a gestarse. Ni la CDU ni el SPD ocultaban sus deseos de salir vencedores en las elecciones y formar coaliciones respectivas con sus tradicionales socios: el FDP, en el caso de los cristianodemócratas, y los Verdes, en el de los socialdemócratas. La ajustada victora de la CDU, la derrota del SPD y el gran número de votos que acapararon los liberales del FDP fueron el mejor sondeo de cara a las legislativas.
En un ambiente de competencia entre los dos grandes, con apenas diferencias en sus mensajes políticos y durante una campaña anodina, sin demasiadas sorpresas, los partidos pequeños han acaparado gran parte del protagonismo y esto se ha traducido en un mayor número de votos.
En las elecciones federales del 27 de septiembre, la CDU/CSU se hizo con la victoria, obteniendo 239 de los 614 escaños del Bundestag. Los cristianodemócratas han salido fortalecidos con un 7,7% más de votos respecto a las elecciones de 2005. El Partido Socialdemócrata ha sido el gran y único derrotado, con 75 escaños menos, un descenso del 33.9%. Éste ha sido el peor resultado para el SPD desde la fundación de la República Federal Alemana (1949) y les ha llevado a abandonar el gobierno después de haber participado en distintas coaliciones durante los últimos once años.     La tercera fuerza más votada fue el Partido Democrático Libre (FDP). Los liberales, liderados por Guido Westerwelle, han conseguido 93 escaños, 32 más que en 2005. La Izquierda (Die Linke) y Alianza 90/ Los Verdes mejoraron sustancialmente sus resultados. El ascenso más relevante ha sido el de los comunistas y socialistas de Die Linke, escisión del SPD, que parecen haberse ganado a parte del electorado tradicional de los socialdemócratas. De 54 escaños que obtuvieron en el 2005 pasan a tener 76.
Un Gobierno de Gran Coalición ya no era una opción a considerar para la CDU incluso antes de la celebración de los comicios, y así lo hizo saber Angela Merkel en muchas de sus apariciones públicas. Frau Merkel ha conservado su puesto de cancillera pero sus nuevos aliados son los liberales. La coalición negro-amarilla (denominada de esta forma por los colores de ambos partidos, el negro de la CDU/CSU y el amarillo del FDP) representa un cambio de tono en la política alemana de los próximos cuatro años. Los liberales se caracterizan por sus inclinaciones proempresariales y por las reformas en el ámbito de la Seguridad Social, así como por favorecer una reducción de la presión fiscal. Han criticado muchas de las políticas de la Gran Coalición, especialmente, en lo referente al salario mínimo interprofesional. Los socialdemócratas trataron de introducir un mínimo salarial igual para todos los trabajadores, lo que provocó ciertas tensiones con la CDU, que sólo accedió a que los límites se fijasen de forma interna en ciertos sectores. En cuestiones tan controvertidas como ésta o la de la energía nuclear, la CDU y el FDP parecen coincidir. El SPD y los Verdes firmaron en uno de sus gobiernos de coalición un acuerdo para que las plantas de energía nuclear dejasen de operar antes de 2022, pero tanto los liberales como los cristianodemócratas apuestan por ralentizar o, al menos, no fijar de forma taxativa una fecha concreta.
Las similitudes entre ambos partidos en materia laboral y económica quizás hayan sido lo que ha impulsado a Merkel a 'deshacerse' de sus mayores rivales políticos. Tras el anuncio de la nueva coalición, el 29 de septiembre la cancillera declaraba que el objetivo común  de ambas formaciones era 'la creación de empleo y el impulso del crecimiento'. Todo apunta a que la nueva coalición perderá ciertos tintes sociales, aquellos que tanto bien hicieron a Merkel a la hora de la reelección, y se inclinará hacia una política menos intervencionista y reguladora, más propia de los liberales.
Tras las negociaciones y la formalización de la alianza entre CDU/CSU y el Partido Democrático Libre (FDP), Merkel tomó posesión de su cargo el 28 de octubre. El líder de los liberales, Guido Westerwelle, se coloca al frente del Ministerio de Exteriores.

 20º aniversario de la unificación
El pasado 9 de noviembre se conmemoraba en Berlín el 20º aniversario de la caída del muro que dividió la ciudad en dos partes. Merkel ejerció de anfitriona pero ella misma representaba algo más: el peso de la nueva Alemania en el marco europeo e internacional. La primera cancillera del Este en la Alemania unificada ha repetido en sus discursos a lo largo de este año, pero especialmente cuando se acercaban las celebraciones del vigésimo aniversario de la caída del muro, la palabra 'unión'. En varias entrevistas concedidas a medios de todo el mundo, ella misma reconoce la influencia que tiene en su persona el hecho de haber crecido en la RDA (República Democrática Alemana). El país se ha esforzado a lo largo de estos veinte años en dar una imagen de sosiego en sus relaciones internacionales. En el ámbito interno, la intención de construir una Alemania unida y fuerte provocó que, tras la caída del muro, gran parte de las ayudas y políticas gubernamentales se centraran en la dinamización del Este (con un nivel de industrialización menor, infraestructuras deficientes, etc.). En la actualidad, las regiones que anteriormente pertenecían a la RDA siguen teniendo elevadas tasas de desempleo (de hasta el 12%), según el Financial Times.
La reunificación trajo consigo el aperturismo. Fue en 1989 cuando los países que anteriormente habían formado parte del Bloque del Este comienzan a integrarse en la órbita europea. Con el paso de los años, hemos pasado de una Europa dividida, occidental y oriental, a una Europa unida, la UE. Este sentimiento ha sido, de alguna manera, retomado durante la conmemoración de la caída del muro de Berlín para, una vez más, reivindicar el sentido de Europa. Euroescépticos y proeuropeos han librado una batalla intensa en los últimos años, especialmente agudizada con las ratificaciones del Tratado de Lisboa. Las celebraciones de Berlín no sólo tenían sentido en el contexto alemán para celebrar 'la victoria de la libertad' como apuntaba Merkel, sino que un contexto supranacional la UE se ha hecho un hueco en esta conmemoración para reivindicar un futuro europeo comEl Gobierno de la Gran Coalición cerraba 2008 con la insatisfacción general que había causado el primer plan de estímulo económico. Algunos de los sectores clave de la economía alemana, entre ellos el automovilístico, se habían visto gravemente afectados por la recesión económica, lo que derivó en recortes de la producción, expedientes de regulación de empleo y cierre de algunas fábricas. Para aliviar la destrucción de empleo e impulsar de nuevo la economía, el ministro de Finanzas, Peer Steinbrück, presentaba a mediados de noviembre de 2008 un paquete de rescate dotado con 31.000 millones de euros. Pero este primer parche del Gobierno no tuvo el efecto esperado y fue criticado, tanto en el país como en el exterior. Según algunas publicaciones económicas, la cifra estaba retocada y en ella se incluían medidas aprobadas con anterioridad, por lo que esta inversión se quedaba escasa y no suponía un gran incentivo para iniciar la recuperación.    De forma paralela al plan de rescate que el Gobierno alemán presentó en noviembre, la Comisión Europea instaba a los países miembros a aprobar medidas conjuntas de ayuda a la recuperación. Pese a la discordancia inicial de Alemania, que se resistía a invertir más fondos públicos en la recuperación económica, el 12 de diciembre de 2008 los 27 llegan a un acuerdo y se aprueba un conjunto de medidas valorado en 200.000 millones de euros (1,5% del PIB de la UE), de los cuales los Estados aportan la mayor suma, 170.000 millones. La cantidad restante, 30.000 millones de euros, procede del presupuesto comunitario. La economía más importante de la eurozona y, por tanto, el mayor contribuyente a este programa aceptó las propuestas comunes tras conseguir que cada país dispusiese de plena libertad para decidir acerca de las medidas fiscales.     No habían transcurrido ni dos meses desde la aprobación del primer paquete de estímulo y poco después de un mes de haberse embarcado en el plan de la Comisión (en el cual se calcula que Alemania invertirá 32.000 millones de euros entre 2009 y 2010), cuando la CDU de Angela Merkel comienza a gestar, durante un congreso del partido en la ciudad de Erfurt el 10 de enero, un segundo conjunto de medidas. Este programa forma parte del llamado 'Pacto para Alemania' que recoge diez puntos esenciales para hacer frente a la crisis, tanto económica como financiera. No hay duda de que con este segundo paquete de estímulo, valorado en 50.000 millones de euros, la Coalición refuerza las anteriores ayudas a la recuperación económica del país, pero además, los cristianodemócratas se sitúan así un paso por delante de sus 'aliados' en el camino hacia las elecciones federales de septiembre al haber diseñado gran parte de las nuevas medidas.    A pesar de que estos programas fueron finalmente aprobados en consenso por las dos partes de la Gran Coalición parece que resultaron más fructíferos para la CDU de Merkel que para los socialdemócratas. El grueso de este segundo plan anticrisis se centra en la reducción fiscal y en las inversiones en educación e infraestructuras. Destacan los recortes en las cotizaciones a la Seguridad Social, las rebajas para las rentas más bajas y el aumento de 100 euros de la ayuda a los recién nacidos. El paquete también presta atención al ámbito de la inversión social y destina 18.000 millones de euros a reformas en los centros educativos y los hospitales durante los próximos dos años. El Gobierno de Merkel se iba perfilando en este tipo de medidas como el 'gran auxiliador' de la población y de las empresas. Con el plus de 2.500 euros, el Gobierno incentiva la compra de un nuevo vehículo y reactiva el consumo, pero además beneficia indirectamente al sector automovilístico.    Medidas contra el azote de la crisis financiera    La economía alemana no sólo ha sentido la recesión en sus sectores productivos clave, sino también en el ámbito de la banca. La política económica alemana ha dejado atrás los planes de reducción del gasto público y reforma del mercado de trabajo que Merkel venía abanderando desde su llegada al poder en 2004. El Estado ha tenido que aprobar medidas extraordinarias para salir al rescate de algunas de las mayores entidades financieras de la República Federal.    Algunos miembros del Ejecutivo se habían mostrado totalmente opuestos a medidas nacionalizadoras o intervencionistas en exceso a finales de 2008. Pero, con la entrada del nuevo año Alemania, al igual que Reino Unido, comenzó a poner en práctica acciones de rescate. Ante la amenaza de que las mayores entidades bancarias del país se hundiesen, la Gran Coalición desplegó toda una serie de programas, dejando de lado cualquier disputa ideológica.    El 8 de enero, Commerzbank (el segundo banco del país) pasa a convertirse en el primer banco en ser nacionalizado parcialmente en la historia de Alemania. Esta entidad financiera recibe entonces 10.000 millones de euros del Fondo de Estabilización de los Mercados Financieros. De esta manera, el Estado obtiene una participación del 25%, convirtiéndose así en accionista mayoritario, aunque no tenga derecho a voto ni a representación ejecutiva.    El SoFFin, así es como se conoce en alemán al Fondo de Estabilización, fue creado en octubre del pasado año como una agencia del Deutsche Bundesbank (el Banco Central de Alemania) para dar garantía de liquidez y aliviar la deuda de los bancos. El Commerzbank ya había sido objeto de una inyección de capital procedente del SoFFin a finales de 2008 (8.200 millones), pero a principios de este año se encontraba anclado en el proceso de compra del deficitario Dresdner Bank, por lo que solicitó una vez más ayuda del fondo de rescate estatal.    Otro de los intentos del Gobierno de dar vigor al sistema financiero desemboca en la creación de los llamados bad banks, anunciado en mayo por el ministro de Finanzas, Peer Steinbrück. Los bad banks se ponen en marcha para que las entidades bancarias puedan deshacerse de sus 'activos tóxicos', inversiones fallidas causadas por la crisis de las 'hipotecas basura', hipotecas 'subprime' (desencadenada en agosto de 2007, aunque los expertos sitúan su origen en años anteriores). La crisis de las 'subprime' fue generada básicamente por una gran cantidad de impagos que, con sus correspondientes (y elevados) intereses, provocaron que estas inversiones comenzaron a 'autointoxicarse' ya que no había manera de respaldarlas. A largo plazo esto implica un gran problema de liquidez para los bancos, situación en la que nos encontramos actualmente.    Las medidas aplicadas hasta ese momento no tuvieron el efecto esperado en casos como el del Hypo Real Estate, una entidad que, a pesar de las garantías del SoFFin estatal y de la ayuda de otros bancos, seguía en unas débiles condiciones financieras. Tomando este ejemplo como referente, la Gran Coalición aprueba el 18 de febrero un proyecto de ley temporal que permite la nacionalización bancaria forzada (in extremis, para los bancos más dañados). Esta medida ha provocado una ola de controversias entre la clase política y los economistas alemanes que consideran la intervención del Gobierno una acción excesiva que conlleva una reducción de la inversión extranjera en el país y un debilitamiento de la iniciativa privada.    Las acciones llevadas a cabo por la Gran Coalición parecieron tener efecto. En el mes de agosto, la noticia en la Unión Europea era el crecimiento del PIB alemán un 0,3% en el segundo trimestre de este año, tras una contracción de 12 meses consecutivos. Desde el Banco Central Europeo (BCE) se mostraban cautos porque la cifra de este indicador era mínima; sin embargo, el ministro alemán de Economía, Karl-Theodor Guttenberg, celebraba con optimismo este leve crecimiento. Un respiro teniendo en cuenta la proximidad de las elecciones generales.     El creciente déficit público es uno de los problemas a los que ha tenido que enfrentarse  la economía alemana en 2009. Los paquetes de estímulo y la reducción de la presión fiscal han llevado los índices de endeudamiento del país a niveles históricos. Alemania ya ha superado el límite de déficit establecido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) de la UE, el 3 por ciento. Esto provocó que la Comisión Europea  emprendiese acciones disciplinarias y amenazase al Gobierno alemán con llevar a cabo sanciones por déficit a principios de octubre (20 de los 27 estados miembros superan actualmente el umbral que fija el PEC).    Pese a tener unas arcas públicas deficitarias, el tradicional 'motor' económico de la zona euro parece ponerse en marcha de nuevo. Los últimos datos publicados por el Bundesbank (Banco Central) revelan un crecimiento del 0,7 por ciento del PIB en el tercer trimestre. Aunque el índice de desempleo en septiembre fue del 7,6%, frente al 7,1% de agosto, lo que diferencia a Alemania del resto de países que también han experimentado una fuerte caída de su PIB (éste es el caso de Japón o Italia) es que la destrucción de empleo ha sido más moderada. Los índices no han caído de forma tan radical gracias a la reducción temporal de la jornada laboral. El modelo alemán de trabajo a jornada reducida, junto con las subvenciones estatales que favorecen el empleo (incluidas en los planes de estímulo), evitan un aumento excesivo de los parados de larga duración. Esto supone también una forma de mitigar las presiones sociales que suelen estar ligadas a despidos masivos.El colapso de la Gran Coalición    Varios medios de comunicación alemanes, así como economistas y analistas políticos, elaboraron sus propios balances acerca del gobierno de la Gran Coalición de cara a la elecciones de septiembre. En general, coinciden en que a pesar de las diferencias ideológicas y las disputas surgidas, los socios han sabido sortear los baches y encarrilar la recuperación económica, una de las mayores preocupaciones de la opinión pública alemana en este 2009. Pese a lo positivo de algunas críticas, la realidad política se ha caracterizado por un ambiente de incertidumbre y lucha entre los socios de la Gran Coalición de cara a las legislativas de septiembre. Los conflictos internos y las elecciones regionales celebradas previamente no hicieron más que evidenciar la debilidad de la alianza entre la CDU y el SPD.    Los socialdemócratas están en crisis y eso no es nada nuevo, ocurre desde finales de 2007. Las diferencias dentro del partido fueron clave y provocaron una división interna que derivó en la creación de La Izquierda (Die Linke) el 16 de junio del 2007. Este partido surge de la fusión entre el Linkspartei-PDS (comunista) y WASG (Alternativa Electoral por el Trabajo y la Justicia Social, fundado por disidentes de la izquierda del SPD). Es inevitable incluir en este punto la Agenda 2010 del ex canciller socialdemócrata Gerhard Schröder (1998-2005) porque ésta ha provocado gran parte de las últimas disputas en el seno del Partido Socialdemócrata. Probablemente éste haya sido también el estigma por el cual el SPD acaba siendo el gran perdedor de las elecciones federales.    El objetivo principal de la Agenda 2010 es reformar drásticamente el sistema de Seguridad Social alemán para obtener un mayor crecimiento económico. Esto supondría una gran reducción del gasto social en educación, sanidad, desempleo y otros ejes básicos del Estado de bienestar. Dentro del Partido Socialdemócrata, personalidades como Peer Steinbrück, ex ministro de Finanzas de la Gran Coalición, o Frank Steinmeier, ex ministro de Exteriores y ex vicecanciller (líder del SPD en la actualidad) comparten las ideas recogidas en la Agenda 2010. Por otro lado, Kurt Beck, anterior líder del SPD, ha optado por situarse del lado de la izquierda del partido y propuso en más de una ocasión modificaciones en la Agenda, como un aumento del período del subsidio por desempleo. En una situación de recesión económica como la vivida durante el 2009, los planes de reforma social (principalmente, de reforma del mercado laboral y de reducción del gasto público) se vieron reemplazados en el plano de la política económica alemana por una serie de medidas que pretendían reactivar el consumo y que por lo tanto aumentaron los subsidios, las ayudas a las familias y, en definitiva, el gasto público. En medio de este cambio de rumbo, las disputas ideológicas en el seno del SPD parecen fuera de lugar, y de cara a unas elecciones generales no le favorecieron en exceso.     Otro de los puntos débiles de la alianza entre los dos grandes partidos rivales, CDU/CSU(ala bávara de los cristianodemócratas) y el SPD fueron las polémicas elecciones al parlamento regional de Hesse (enero 2008) a raíz de las declaraciones racistas del líder cristianodemócrata en la región, Roland Koch. Ante el problema de la delincuencia juvenil por parte de inmigrantes, Koch presentaba como solución su inmediata expulsión del país. Para aclarar tales afirmaciones, y en plena campaña, el SPD pidió la intervención de Merkel. Desoyendo los consejos de sus aliados socialdemócratas en la Gran Coalición, Merkel no sólo no reprendió a Koch, sino que incluso apoyó sus propuestas. Hesse vivió un año de incertidumbre. Koch, candidato de la CDU, había perdido la mayoría absoluta para gobernar en las elecciones de enero de 2008 y necesitaba buscarse un compañero para formar coalición, pero tanto él como Andrea Ypsilanti, candidata del SPD en la región, se negaban a formar un gobierno estable. Desde Berlín, las cúpulas de sus respectivos partidos les apoyaban. La formación de un gobierno estable se volvía cada vez más difícil. Los socios de la Gran Coalición, que compartían el Gobierno del Estado, se negaban a pactar en Hesse. Por otra parte, las disputas internas de los socialdemócratas y su negativa a pactar con La Izquierda (disidentes de su propio partido) impedían otra de las alternativas de gobierno. Mientras tanto, se formó un gobierno provisional liderado por Roland Koch hasta que el 18 de enero de este año volvieron a celebrarse unos comicios que podrían ser vistos como una premonición de lo que pasaría en las elecciones de septiembre. La CDU ha mantenido el resultado de 2008 en Hesse, al igual que La Izquierda (Die Linke) pero el SPD ha salido fuertemente perjudicado (perdió un 13 por ciento de los votos con respecto a las elecciones anteriores). Los liberales (FDP) y los Verdes salieron beneficiados, pues ganaron 9 y 8 escaños respectivamente. Estos resultados posibilitaron la formación de una coalición de Gobierno en el estado de Hesse entre los liberales y la CDU, con Koch al frente.    Las elecciones europeas del 7 de junio, prueba clave de cara a los comicios de septiembre, confirmaron las tendencias que dentro de los grandes partidos empezaban a gestarse. Ni la CDU ni el SPD ocultaban sus deseos de salir vencedores en las elecciones y formar coaliciones respectivas con sus tradicionales socios: el FDP, en el caso de los cristianodemócratas, y los Verdes, en el de los socialdemócratas. La ajustada victora de la CDU, la derrota del SPD y el gran número de votos que acapararon los liberales del FDP fueron el mejor sondeo de cara a las legislativas.     En un ambiente de competencia entre los dos grandes, con apenas diferencias en sus mensajes políticos y durante una campaña anodina, sin demasiadas sorpresas, los partidos pequeños han acaparado gran parte del protagonismo y esto se ha traducido en un mayor número de votos.    En las elecciones federales del 27 de septiembre, la CDU/CSU se hizo con la victoria, obteniendo 239 de los 614 escaños del Bundestag. Los cristianodemócratas han salido fortalecidos con un 7,7% más de votos respecto a las elecciones de 2005. El Partido Socialdemócrata ha sido el gran y único derrotado, con 75 escaños menos, un descenso del 33.9%. Éste ha sido el peor resultado para el SPD desde la fundación de la República Federal Alemana (1949) y les ha llevado a abandonar el gobierno después de haber participado en distintas coaliciones durante los últimos once años.     La tercera fuerza más votada fue el Partido Democrático Libre (FDP). Los liberales, liderados por Guido Westerwelle, han conseguido 93 escaños, 32 más que en 2005. La Izquierda (Die Linke) y Alianza 90/ Los Verdes mejoraron sustancialmente sus resultados. El ascenso más relevante ha sido el de los comunistas y socialistas de Die Linke, escisión del SPD, que parecen haberse ganado a parte del electorado tradicional de los socialdemócratas. De 54 escaños que obtuvieron en el 2005 pasan a tener 76.    Un Gobierno de Gran Coalición ya no era una opción a considerar para la CDU incluso antes de la celebración de los comicios, y así lo hizo saber Angela Merkel en muchas de sus apariciones públicas. Frau Merkel ha conservado su puesto de cancillera pero sus nuevos aliados son los liberales. La coalición negro-amarilla (denominada de esta forma por los colores de ambos partidos, el negro de la CDU/CSU y el amarillo del FDP) representa un cambio de tono en la política alemana de los próximos cuatro años. Los liberales se caracterizan por sus inclinaciones proempresariales y por las reformas en el ámbito de la Seguridad Social, así como por favorecer una reducción de la presión fiscal. Han criticado muchas de las políticas de la Gran Coalición, especialmente, en lo referente al salario mínimo interprofesional. Los socialdemócratas trataron de introducir un mínimo salarial igual para todos los trabajadores, lo que provocó ciertas tensiones con la CDU, que sólo accedió a que los límites se fijasen de forma interna en ciertos sectores. En cuestiones tan controvertidas como ésta o la de la energía nuclear, la CDU y el FDP parecen coincidir. El SPD y los Verdes firmaron en uno de sus gobiernos de coalición un acuerdo para que las plantas de energía nuclear dejasen de operar antes de 2022, pero tanto los liberales como los cristianodemócratas apuestan por ralentizar o, al menos, no fijar de forma taxativa una fecha concreta.    Las similitudes entre ambos partidos en materia laboral y económica quizás hayan sido lo que ha impulsado a Merkel a 'deshacerse' de sus mayores rivales políticos. Tras el anuncio de la nueva coalición, el 29 de septiembre la cancillera declaraba que el objetivo común  de ambas formaciones era 'la creación de empleo y el impulso del crecimiento'. Todo apunta a que la nueva coalición perderá ciertos tintes sociales, aquellos que tanto bien hicieron a Merkel a la hora de la reelección, y se inclinará hacia una política menos intervencionista y reguladora, más propia de los liberales.    Tras las negociaciones y la formalización de la alianza entre CDU/CSU y el Partido Democrático Libre (FDP), Merkel tomó posesión de su cargo el 28 de octubre. El líder de los liberales, Guido Westerwelle, se coloca al frente del Ministerio de Exteriores. 20º aniversario de la unificación    El pasado 9 de noviembre se conmemoraba en Berlín el 20º aniversario de la caída del muro que dividió la ciudad en dos partes. Merkel ejerció de anfitriona pero ella misma representaba algo más: el peso de la nueva Alemania en el marco europeo e internacional. La primera cancillera del Este en la Alemania unificada ha repetido en sus discursos a lo largo de este año, pero especialmente cuando se acercaban las celebraciones del vigésimo aniversario de la caída del muro, la palabra 'unión'. En varias entrevistas concedidas a medios de todo el mundo, ella misma reconoce la influencia que tiene en su persona el hecho de haber crecido en la RDA (República Democrática Alemana). El país se ha esforzado a lo largo de estos veinte años en dar una imagen de sosiego en sus relaciones internacionales. En el ámbito interno, la intención de construir una Alemania unida y fuerte provocó que, tras la caída del muro, gran parte de las ayudas y políticas gubernamentales se centraran en la dinamización del Este (con un nivel de industrialización menor, infraestructuras deficientes, etc.). En la actualidad, las regiones que anteriormente pertenecían a la RDA siguen teniendo elevadas tasas de desempleo (de hasta el 12%), según el Financial Times.    La reunificación trajo consigo el aperturismo. Fue en 1989 cuando los países que anteriormente habían formado parte del Bloque del Este comienzan a integrarse en la órbita europea. Con el paso de los años, hemos pasado de una Europa dividida, occidental y oriental, a una Europa unida, la UE. Este sentimiento ha sido, de alguna manera, retomado durante la conmemoración de la caída del muro de Berlín para, una vez más, reivindicar el sentido de Europa. Euroescépticos y proeuropeos han librado una batalla intensa en los últimos años, especialmente agudizada con las ratificaciones del Tratado de Lisboa. Las celebraciones de Berlín no sólo tenían sentido en el contexto alemán para celebrar 'la victoria de la libertad' como apuntaba Merkel, sino que un contexto supranacional la UE se ha hecho un hueco en esta conmemoración para reivindicar un futuro europeo común y recuperar parte de la euforia que los acontecimientos del 89 provocaron en el mundo.


Un extraño matrimonio para salir de la crisis


Los gobiernos de Gran Coalición son excepcionales y por lo general, la última opción en momentos difíciles. Se denomina Gran Coalición o coalición roji-negra a la alianza o acuerdo entre los dos grandes partidos, la CDU/CSU y el SPD. La última Gran Coalición se formó en Alemania tras las elecciones federales de 2005 y estaba encabezada por Angela Merkel.
La CDU/CSU y el SPD se vieron obligados a iniciar una coalición de gobierno puesto que la coalición gobernante de SPD y los Verdes, liderada por Gerhard Schröder, perdió la mayoría. Y la habitual entre los cristianodemócratas y el FDP tampoco contaba con los escaños suficientes para formar Gobierno. Las opciones que se barajaban: una 'coalición semáforo' (SPD-FDP- Verdes), la 'coalición Jamaica' (CDU/CSU- FDP- Verdes) o la 'gran coalición'. Pero el FDP rechazó con contundencia una coalición con los Verdes y el SPD y de la misma manera, los Verdes renunciaron a formar coalición con los liberales y los cristianodemócratas ante la falta de puntos comunes en la ideología de ambos partidos.     De esa forma nació el último 'matrimonio de conveniencia' entre los dos grandes rivales. No duró más que cuatro años y, aunque fue duramente criticada, parece haber sido la fórmula más acertada para encarrilar la recuperación económica del país. Después de las famosas medidas 'anticrisis' para reflotar la economía alemana y cuando empiezan a notarse los primeros frutos de estas acciones, la recién estrenada coalición 'negro-amarilla' (FDP- CDU/CSU) encara ahora el gran desafío que supone la reducción del déficit público.

Merkel consolida su imagen


Angela Merkel sigue ocupando, quizás con más discreción de la que a algunos le gustaría, la Cancillería y es, además, la cara visible de la Alemania actual en el marco internacional. A nivel estatal, su política moderada ha conseguido mantenerla en el gobierno. Dentro de su propio partido, la Unión Cristianodemócrata, fue especialmente criticada al principio, al considerarla una líder de transición, de mandato breve. Pero incluso dentro de  la conservadora CDU consiguió hacerse un hueco y acabar con la herencia que el partido arrastraba desde tiempos de Helmut Kohl. Su política de 'pequeños pasos', como la califican algunos medios de comunicación alemanes, le ha permitido sobrevivir al naufragio de sus antiguos compañeros de coalición y la ha puesto, una vez más, al frente del motor económico de Europa.
A nivel internacional la imagen de mediadora de Merkel no ha hecho más que reforzarse. Forma parte de la comisión que negocia con el Gobierno iraní el cese del conflicto nuclear y desempeña un importante papel en las relaciones UE-Rusia, especialmente después de las tensiones que se produjeron debido al conflicto del gas a principios de año.



Cronologia año  2009

 


Periodismo Internacional © 2022 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull
Aviso legal | Política de protección de datos | Política de Cookies