Anuario 2009
Gran Bretaña
"La crisis y los escándalos financieros minan la popularidad de Brown"
Ana María Moledo

La City de Londres, centro financiero por excelencia, ha sufrido con especial dureza las consecuencias de la crisis económica global, por lo que 2009 en Reino Unido ha sido un año de políticas de ayuda y de planes de salvamento. El Gobierno de Gordon Brown ha intentado impulsar la recuperación económica, en medio de un aluvión de críticas, pese al galopante déficit público. La impopularidad del primer ministro ha ido aumentando con los meses. A las consecuencias de la crisis económica se sumaron los escándalos financieros que protagonizaron algunos de sus parlamentarios o el grave revés que sufrió su partido en las elecciones europeas del pasado 7 de junio. Los infortunios de los laboristas han derivado en ventaja para los conservadores, que han visto cómo los índices de popularidad de su líder, David Cameron, crecían con vistas a las elecciones legislativas de 2010.
La recesión hizo daño a uno de los motores más importantes de la economía británica, puesto que los servicios financieros suponen un 8% del PIB del país y un 14% de los ingresos del Gobierno. Ocho de los mayores bancos del Reino Unido se vieron afectados por la crisis de las 'subprimes' ya en 2008. La reacción del Gobierno de Gordon Brown llegó en forma de un plan de rescate valorado en 50.000 millones de libras (68.000 millones de euros). El objetivo: dar liquidez a los bancos para que pudieran conceder préstamos a las empresas.
    La actual coyuntura económica ha evidenciado la debilidad de los laboristas. El Gobierno que inició Gordon Brown en 2007, tras la dimisión de Tony Blair, prometía ser capaz de hacer frente a las consecuencias de la crisis. La brillante trayectoria de Brown como ministro de Hacienda, entre 1997 y 2007 (período en el que Gran Bretaña registró un elevado nivel de crecimiento, descensos en los índices de paro y una baja inflación), le convertía en el candidato idóneo para el cargo. Sin embargo, las políticas del Ejecutivo laborista no se han distanciado mucho, en líneas generales, de las llevadas a cabo por otros países.
    Las medidas del Gobierno para poner freno a la consecuencias de la crisis eran claramente intervencionistas. Al igual que Alemania y Estados Unidos, Reino Unido llevó a cabo una nacionalización parcial de la banca que se puso en marcha con la aprobación del primer plan de rescate, y que continuó en 2009. El propio Gordon Brown advirtió, durante la presentación del primer paquete de ayuda, que se trataba de 'acciones radicales', pero negaba que esta nacionalización parcial fuese un intento por parte del Ejecutivo de dirigir los bancos. Sin embargo, ese primer impulso del Gobierno se quedó corto y no consiguió dar liquidez a todas las entidades con problemas. 2008 había finalizado con participaciones del Gobierno en Royal Bank of Scotland, Northern Rock y Bradford & Bingley, entre otros, y 2009 comenzaba de la misma manera: con la adquisición del 43,4% de Lloyds Banking Group (producto de la fusión entre dos bancos deficitarios: Lloyds TBS y HBOS) por parte del Ejecutivo británico.
    Con el objetivo de ampliar la ayuda de rescate a los bancos, el Gobierno anunciaba el 19 de enero un nuevo plan de salvamento. Este segundo paquete, dotado con 100.000 millones de libras, recogía algunas modificaciones con respecto al primero. Entre otras, se concedía más tiempo al banco Northern Rock para devolver el dinero recibido de las arcas públicas, de forma que pudiese seguir concendiendo créditos hipotecarios con normalidad. Esta nueva actuación por parte del Ejecutivo evidenciaba la fragilidad del sistema financiero y su lenta capacidad de recuperación. Para favorecer la reactivación del crédito, el Banco de Inglaterra se sumó a la acciones del Gobierno y bajó, hasta en tres ocasiones, su tipo de interés, situándolo en el nivel más bajo de su historia (0,5%).
    Los problemas en el sector bancario no fueron el único quebradero de cabeza para el Ejecutivo. La crisis afectaba al conjunto de la economía, y sectores clave como el automovilístico o el tecnológico sufrieron también las consecuencias. Desde comienzos de año, varias empresas inglesas llevaron a cabo recortes en sus plantillas (Nissan, Fujitsu, Honda, etcétera), lo que provocó un aumento del desempleo. El paro afectaba a 1,97 millones de ciudadanos durante el último trimestre de 2008, según la Office for National Statistics (Oficina Nacional de Estadística), una cifra que no se alcanzaba desde 1998 y que seguiría creciendo, según las previsiones de la ONS. El Gobierno intentó poner freno a la sangría de parados a comienzos de año, y tras reunirse con los líderes de grandes empresas del país, sindicatos y organismos públicos, presentó un programa contra el desempleo dotado con 500 millones de libras. Cada empresa recibiría, según los planes del Ejecutivo, 2.500 libras por cada parado de larga duración (más de 6 meses de desempleo) que contratase. Sin embargo, el índice de paro no dejó de crecer, y en el segundo trimestre del año (abril-junio) se alcanzaban los 2,43 millones de parados. Los últimos datos de la ONS, referente a la población desocupada en 2009, sitúan en 2,49 millones el número de desempleados (la tasa más alta en 13 años).    No tan afectados por el desempleo como por un aumento de la mano de obra extranjera, los trabajadores del sector energético británico se pusieron en huelga a comienzos de año. Bajo el lema de 'trabajadores británicos para los trabajos británicos', los empleados de la refinería Total de Lindsey (este de Gran Bretaña) desencadenaron una ola de paros en las fábricas que empezó el día 30 de enero y finalizó el 5 de febrero con un acuerdo entre la empresa y los trabajadores por el que la mitad de los empleos serían para mano de obra británica.    Como consecuencia de las inversiones que el Gobierno realizó para rescatar el sistema financiero, así como de las ayudas directas para la compra de automóviles (1.000 libras) y del programa de desempleo, el dinero de las arcas del Estado ha ido mermando con el paso de los meses. El déficit del año fiscal 2008-2009 (se contabiliza de abril a marzo) alcanzó los 59.900 millones de libras, más del doble del ejercicio 2007-2008 (21.600 millones). Durante los cinco primeros meses del actual ejercicio fiscal (2009-2010) la deuda ya sobrepasaba la del año anterior y se situaba en los 65.300 millones de libras. Según proyecciones del Gobierno, la deuda podría superar los 175.000 millones, algo más del 12,5% de su PIB, en 2009-2010.

Impopularidad de Brown y ascenso de los 'tories'
El Partido Laborista y, en consecuencia, su líder, Gordon Brown, han vivido horas bajas en 2009. Los efectos de la crisis económica (el desempleo, el incremento del déficit público y la mala situación financiera) han desgastado la imagen del político. Su capacidad de liderazgo parece haber quedado en entredicho en los últimos tiempos e incluso dentro del propio partido se cuestiona su reelección de cara a las legislativas de 2010. En un artículo de opinión, publicado por el diario español 'El Mundo' (9 de junio), Charles Falconer, ex ministrio de Justicia  (2007) y miembro del Partido Laborista, afirmaba que su partido 'está completamente desunido' y manifestaba la necesidad de nombrar 'un nuevo líder'.        Parecía que las cosas no podían ir peor para el Gobierno de Brown, hasta que a mediados del mes de mayo se destapó el escándalo de los gastos abusivos por parte de ciertos parlamentarios. El primero en caer fue Elliot Morley, ex secretario de Estado de Agricultura y especialista internacional en cambio climático. El 14 de mayo era suspendido de su cargo en el Parlamento por haberse embolsado cerca de 18.000 euros para pagar los intereses de una hipoteca que ya había vencido. Ese mismo día se descubría también la implicación de una pareja de diputados conservadores que habían costeado las hipotecas de dos de sus viviendas con fondos públicos. Las dimisiones se sucedieron a lo largo del mes de mayo y fueron especialmente polémicas cuando el día 15 empezaron a afectar directamente a miembros del Gobierno, concretamente al secretario de Estado de Justicia, Shahid Malik. Después de ésta, vinieron las dimisiones del Speaker (presidente de la Cámara), Michael Martin; la de la ministra de Interior, Jacqui Smith y la de la titular de Comunidades y Administraciones Locales, Hazel Blears; todas ellas como consecuencia de las investigaciones por gastos abusivos. El 4 de junio, a tres días de celebrarse las elecciones europeas, el ministro de Trabajo y Pensiones, James Purnell, anunciaba su renuncia y pedía abiertamente a Gordon Brown que abandonara su cargo por el bien del Partido Laborista. La semana no podía ser peor para el primer ministro: un número considerable de su Gabinete se había marchado, debía buscar relevos cuanto antes en medio del chaparrón de críticas y debía enfrentarse a unas elecciones. La coyuntura no podía ser mejor para los conservadores, y aprovechando el momento de debilidad, el líder 'tory' (conservador), David Cameron, sugería públicamente que la reina disolviese el Parlamento y se celebrasen elecciones generales. Y aunque tal exigencia por parte del líder 'tory' no llegó a formalizarse, la cita electoral de junio bastó a los conservadores para calmarse y esperar unos cuantos meses para la 'gran partida', de la que se ven claros vencedores.
    Las elecciones al Parlamento Europeo, celebradas el día 7 de junio, se convirtieron en todo un referéndum dada la situación política en la que se encontraba el Gobierno de Brown. Los resultados de los comicios fueron la mejor prueba de la gravedad del asunto. Las reacciones del electorado, descontento con la clase política, no dejaban lugar a dudas y castigaban con dureza al laborismo. De 18 escaños que obtuvo en las anteriores elecciones (2004), se quedaba con solo 13. El UK Independence Party, un pequeño partido euroescéptico, obtenía resultados similares a los del Partido Laborista, lo que acentuaba mucho más su derrota. El Partido Conservador salió victorioso con un 28,6% de los votos, dos puntos más que en las elecciones de 2004. Pero lo que más sorprendió, al conocerse los resultados, fue el incremento significativo del número de votos del British National Party (BNP), de extrema derecha, xenófobo y euroescéptico, que entraba por primer vez en el Parlamento de Estrasburgo al obtener 2 escaños.
    El desgaste del partido en el Gobierno sirvió a su joven líder, David Cameron, para tomar ventaja y mostrarse como la oportunidad de cambio que el país necesita. La opinión pública se ha acostumbrado a verle como un líder reformista porque los primeros cambios los ha realizado en el seno de un Partido Conservador que arrastraba tras de sí años de derrotas y un programa obsoleto. Su capacidad de liderazgo, basada principalmente en una imagen y presentación cuidadas al detalle, quedaba demostrada en sus primeros meses al frente del partido. Cameron, también apodado 'el Camaleón', 'David Blameron' o 'Tory Blair' (estos últimos apelativos surgen de la comparación con el ex primer ministro Tony Blair), ha llevado a los conservadores a una posición más centrista y moderna desde que llegó al cargo, en diciembre de 2005. Entre sus principales objetivos se encuentran la mejora del sistema de sanidad público y la reforma educativa. Con ciertos aires thatcheristas (propios de la política de la ex primera ministra Margaret Thatcher, 1979-90: libertad económica, valores tradicionales y cristianos, patriotismo británico, etcétera.), Cameron defiende un programa centrado en el fortalecimiento de la sociedad civil y una reducción del papel del Estado.
    El pasado 5 de octubre, los conservadores británicos inauguraban su congreso anual en Manchester. Tras cuatro días de críticas a las políticas nacionalizadoras del Gobierno laborista y de defensa de un programa 'austero' que frene el gran déficit público del Reino Unido, su líder David Cameron clausuraba el evento presentándose como el ganador de las próximas elecciones legislativas. Con un Gobierno débil y el apoyo de la mayoría de los miembros de su partido, Cameron, favorito en las encuestas, parece tener todos los puntos a su favor para convertirse en primer ministro a mediados de 2010. Sin embargo, la fecha para la celebración de los comicios aún no ha sido fijada y, entretanto, puede suceder alguna catástrofe o algún milagro.La recesión hizo daño a uno de los motores más importantes de la economía británica, puesto que los servicios financieros suponen un 8% del PIB del país y un 14% de los ingresos del Gobierno. Ocho de los mayores bancos del Reino Unido se vieron afectados por la crisis de las 'subprimes' ya en 2008. La reacción del Gobierno de Gordon Brown llegó en forma de un plan de rescate valorado en 50.000 millones de libras (68.000 millones de euros). El objetivo: dar liquidez a los bancos para que pudieran conceder préstamos a las empresas.    La actual coyuntura económica ha evidenciado la debilidad de los laboristas. El Gobierno que inició Gordon Brown en 2007, tras la dimisión de Tony Blair, prometía ser capaz de hacer frente a las consecuencias de la crisis. La brillante trayectoria de Brown como ministro de Hacienda, entre 1997 y 2007 (período en el que Gran Bretaña registró un elevado nivel de crecimiento, descensos en los índices de paro y una baja inflación), le convertía en el candidato idóneo para el cargo. Sin embargo, las políticas del Ejecutivo laborista no se han distanciado mucho, en líneas generales, de las llevadas a cabo por otros países.
    Las medidas del Gobierno para poner freno a la consecuencias de la crisis eran claramente intervencionistas. Al igual que Alemania y Estados Unidos, Reino Unido llevó a cabo una nacionalización parcial de la banca que se puso en marcha con la aprobación del primer plan de rescate, y que continuó en 2009. El propio Gordon Brown advirtió, durante la presentación del primer paquete de ayuda, que se trataba de 'acciones radicales', pero negaba que esta nacionalización parcial fuese un intento por parte del Ejecutivo de dirigir los bancos. Sin embargo, ese primer impulso del Gobierno se quedó corto y no consiguió dar liquidez a todas las entidades con problemas. 2008 había finalizado con participaciones del Gobierno en Royal Bank of Scotland, Northern Rock y Bradford & Bingley, entre otros, y 2009 comenzaba de la misma manera: con la adquisición del 43,4% de Lloyds Banking Group (producto de la fusión entre dos bancos deficitarios: Lloyds TBS y HBOS) por parte del Ejecutivo británico.     Con el objetivo de ampliar la ayuda de rescate a los bancos, el Gobierno anunciaba el 19 de enero un nuevo plan de salvamento. Este segundo paquete, dotado con 100.000 millones de libras, recogía algunas modificaciones con respecto al primero. Entre otras, se concedía más tiempo al banco Northern Rock para devolver el dinero recibido de las arcas públicas, de forma que pudiese seguir concendiendo créditos hipotecarios con normalidad. Esta nueva actuación por parte del Ejecutivo evidenciaba la fragilidad del sistema financiero y su lenta capacidad de recuperación. Para favorecer la reactivación del crédito, el Banco de Inglaterra se sumó a la acciones del Gobierno y bajó, hasta en tres ocasiones, su tipo de interés, situándolo en el nivel más bajo de su historia (0,5%).
    Los problemas en el sector bancario no fueron el único quebradero de cabeza para el Ejecutivo. La crisis afectaba al conjunto de la economía, y sectores clave como el automovilístico o el tecnológico sufrieron también las consecuencias. Desde comienzos de año, varias empresas inglesas llevaron a cabo recortes en sus plantillas (Nissan, Fujitsu, Honda, etcétera), lo que provocó un aumento del desempleo. El paro afectaba a 1,97 millones de ciudadanos durante el último trimestre de 2008, según la Office for National Statistics (Oficina Nacional de Estadística), una cifra que no se alcanzaba desde 1998 y que seguiría creciendo, según las previsiones de la ONS. El Gobierno intentó poner freno a la sangría de parados a comienzos de año, y tras reunirse con los líderes de grandes empresas del país, sindicatos y organismos públicos, presentó un programa contra el desempleo dotado con 500 millones de libras. Cada empresa recibiría, según los planes del Ejecutivo, 2.500 libras por cada parado de larga duración (más de 6 meses de desempleo) que contratase. Sin embargo, el índice de paro no dejó de crecer, y en el segundo trimestre del año (abril-junio) se alcanzaban los 2,43 millones de parados. Los últimos datos de la ONS, referente a la población desocupada en 2009, sitúan en 2,49 millones el número de desempleados (la tasa más alta en 13 años). No tan afectados por el desempleo como por un aumento de la mano de obra extranjera, los trabajadores del sector energético británico se pusieron en huelga a comienzos de año. Bajo el lema de 'trabajadores británicos para los trabajos británicos', los empleados de la refinería Total de Lindsey (este de Gran Bretaña) desencadenaron una ola de paros en las fábricas que empezó el día 30 de enero y finalizó el 5 de febrero con un acuerdo entre la empresa y los trabajadores por el que la mitad de los empleos serían para mano de obra británica.
    Como consecuencia de las inversiones que el Gobierno realizó para rescatar el sistema financiero, así como de las ayudas directas para la compra de automóviles (1.000 libras) y del programa de desempleo, el dinero de las arcas del Estado ha ido mermando con el paso de los meses. El déficit del año fiscal 2008-2009 (se contabiliza de abril a marzo) alcanzó los 59.900 millones de libras, más del doble del ejercicio 2007-2008 (21.600 millones). Durante los cinco primeros meses del actual ejercicio fiscal (2009-2010) la deuda ya sobrepasaba la del año anterior y se situaba en los 65.300 millones de libras. Según proyecciones del Gobierno, la deuda podría superar los 175.000 millones, algo más del 12,5% de su PIB, en 2009-2010.

Impopularidad de Brown y ascenso de los 'tories'
El Partido Laborista y, en consecuencia, su líder, Gordon Brown, han vivido horas bajas en 2009. Los efectos de la crisis económica (el desempleo, el incremento del déficit público y la mala situación financiera) han desgastado la imagen del político. Su capacidad de liderazgo parece haber quedado en entredicho en los últimos tiempos e incluso dentro del propio partido se cuestiona su reelección de cara a las legislativas de 2010. En un artículo de opinión, publicado por el diario español 'El Mundo' (9 de junio), Charles Falconer, ex ministrio de Justicia  (2007) y miembro del Partido Laborista, afirmaba que su partido 'está completamente desunido' y manifestaba la necesidad de nombrar 'un nuevo líder'.        Parecía que las cosas no podían ir peor para el Gobierno de Brown, hasta que a mediados del mes de mayo se destapó el escándalo de los gastos abusivos por parte de ciertos parlamentarios. El primero en caer fue Elliot Morley, ex secretario de Estado de Agricultura y especialista internacional en cambio climático. El 14 de mayo era suspendido de su cargo en el Parlamento por haberse embolsado cerca de 18.000 euros para pagar los intereses de una hipoteca que ya había vencido. Ese mismo día se descubría también la implicación de una pareja de diputados conservadores que habían costeado las hipotecas de dos de sus viviendas con fondos públicos. Las dimisiones se sucedieron a lo largo del mes de mayo y fueron especialmente polémicas cuando el día 15 empezaron a afectar directamente a miembros del Gobierno, concretamente al secretario de Estado de Justicia, Shahid Malik. Después de ésta, vinieron las dimisiones del Speaker (presidente de la Cámara), Michael Martin; la de la ministra de Interior, Jacqui Smith y la de la titular de Comunidades y Administraciones Locales, Hazel Blears; todas ellas como consecuencia de las investigaciones por gastos abusivos. El 4 de junio, a tres días de celebrarse las elecciones europeas, el ministro de Trabajo y Pensiones, James Purnell, anunciaba su renuncia y pedía abiertamente a Gordon Brown que abandonara su cargo por el bien del Partido Laborista. La semana no podía ser peor para el primer ministro: un número considerable de su Gabinete se había marchado, debía buscar relevos cuanto antes en medio del chaparrón de críticas y debía enfrentarse a unas elecciones. La coyuntura no podía ser mejor para los conservadores, y aprovechando el momento de debilidad, el líder 'tory' (conservador), David Cameron, sugería públicamente que la reina disolviese el Parlamento y se celebrasen elecciones generales. Y aunque tal exigencia por parte del líder 'tory' no llegó a formalizarse, la cita electoral de junio bastó a los conservadores para calmarse y esperar unos cuantos meses para la 'gran partida', de la que se ven claros vencedores.
    Las elecciones al Parlamento Europeo, celebradas el día 7 de junio, se convirtieron en todo un referéndum dada la situación política en la que se encontraba el Gobierno de Brown. Los resultados de los comicios fueron la mejor prueba de la gravedad del asunto. Las reacciones del electorado, descontento con la clase política, no dejaban lugar a dudas y castigaban con dureza al laborismo. De 18 escaños que obtuvo en las anteriores elecciones (2004), se quedaba con solo 13. El UK Independence Party, un pequeño partido euroescéptico, obtenía resultados similares a los del Partido Laborista, lo que acentuaba mucho más su derrota. El Partido Conservador salió victorioso con un 28,6% de los votos, dos puntos más que en las elecciones de 2004. Pero lo que más sorprendió, al conocerse los resultados, fue el incremento significativo del número de votos del British National Party (BNP), de extrema derecha, xenófobo y euroescéptico, que entraba por primer vez en el Parlamento de Estrasburgo al obtener 2 escaños.
    El desgaste del partido en el Gobierno sirvió a su joven líder, David Cameron, para tomar ventaja y mostrarse como la oportunidad de cambio que el país necesita. La opinión pública se ha acostumbrado a verle como un líder reformista porque los primeros cambios los ha realizado en el seno de un Partido Conservador que arrastraba tras de sí años de derrotas y un programa obsoleto. Su capacidad de liderazgo, basada principalmente en una imagen y presentación cuidadas al detalle, quedaba demostrada en sus primeros meses al frente del partido. Cameron, también apodado 'el Camaleón', 'David Blameron' o 'Tory Blair' (estos últimos apelativos surgen de la comparación con el ex primer ministro Tony Blair), ha llevado a los conservadores a una posición más centrista y moderna desde que llegó al cargo, en diciembre de 2005. Entre sus principales objetivos se encuentran la mejora del sistema de sanidad público y la reforma educativa. Con ciertos aires thatcheristas (propios de la política de la ex primera ministra Margaret Thatcher, 1979-90: libertad económica, valores tradicionales y cristianos, patriotismo británico, etcétera.), Cameron defiende un programa centrado en el fortalecimiento de la sociedad civil y una reducción del papel del Estado.
    El pasado 5 de octubre, los conservadores británicos inauguraban su congreso anual en Manchester. Tras cuatro días de críticas a las políticas nacionalizadoras del Gobierno laborista y de defensa de un programa 'austero' que frene el gran déficit público del Reino Unido, su líder David Cameron clausuraba el evento presentándose como el ganador de las próximas elecciones legislativas. Con un Gobierno débil y el apoyo de la mayoría de los miembros de su partido, Cameron, favorito en las encuestas, parece tener todos los puntos a su favor para convertirse en primer ministro a mediados de 2010. Sin embargo, la fecha para la celebración de los comicios aún no ha sido fijada y, entretanto, puede suceder alguna catástrofe o algún milagro.


El perfil bajo de la política exterior británica


Desde 2007, año en el que Gordon Brown toma el relevo a Tony Blair, la política exterior de Reino Unido sufrió un cambio radical. Si los mandatos de Blair se caracterizaban por una fuerte presencia del Reino Unido en asuntos de carácter global, la actuación exterior de Brown ha sido casi inexistente. El actual primer ministro no tiene, ni de lejos, el perfil internacional que tenía su predecesor. Casi no viaja a otros países, no asume grandes compromisos en el exterior y su figura tampoco tiene el calado que tenía la de Blair en el ámbito europeo.
    La escasa presencia e interés de Brown en temas europeos provocó, durante los primeros meses de su Gobierno, que se le señalase como euroescéptico. Sin embargo, las acciones más recientes de Brown en materia comunitaria acallaron todas las críticas. El primer ministro firmó en diciembre de 2007 el Tratado de Lisboa y, aunque no ha mostrado demasiado entusiasmo por la aprobación del texto, salió al paso en numerosas ocasiones para aclarar que el nuevo tratado era totalmente distinto a la fallida Constitución. Quizás la actitud poco comprometida de Brown en cuanto al tema europeo no fuese demasiado descabellada teniendo en cuenta la controversia que el asunto crea en Gran Bretaña, dividida entre euroescépticos y proeuropeos.
    En cuanto a la relación con los EE.UU., una de los más importantes de la política exterior del Gobierno británico, Brown adoptó una postura bastante tradicional. Aunque con Bush no tenía la química que había caracterizado las relaciones del ex presidente americano y el ex primer ministro, Tony Blair, la conexión entre ambos países siguió ocupando un lugar privilegiado en la política exterior británica. Con la llegada de Obama a la Casa Blanca, las relaciones parecían seguir por el buen camino. Brown fue el primer líder europeo que visitó al nuevo presidente de EE.UU. (marzo 2009). El plato fuerte del encuentro entre ambos fue el tema de Irak. A mediados de 2008, Brown anunciaba la intención de retirada de las tropas británicas del país asiático. Tras seis años en Irak, el 1 de mayo de 2009, las operaciones de combate del Reino Unido se daban por finalizadas. Aquel mismo día, se cifraban en 179 los militares británicos fallecidos desde la invasión, en marzo de 2003.         Uno de los compromisos adquiridos por el Gobierno de Brown en 2008 había sido la apertura de una investigación sobre las razones que llevaron a Reino Unido a la guerra, una vez que las tropas volviesen a casa. Las presiones, desde la opinión púbica y la oposición, para que ésta se realizase eran una constante en el último año. Finalmente, el 15 de junio, el primer ministro anunciaba la realización de tal investigación. Según Brown, el objetivo de ésta será identificar 'lecciones aprendidas y 'no repartir culpas'. Aunque, en un primer momento, Brown pidió que las sesiones de la 'Comisión de la verdad' se realizasen en secreto, la mayoría de las audiencias, que comenzaron el 24 de noviembre, serán públicas. Por la comisión pasarán Tony Blair y Gordon Brown, entre otros. Según miembros de la investigación, ésta podría prolongarse hasta principios de 2011. Algunos analistas han señalado que Brown podría haber hecho coincidir la investigación con el momento de crisis que vive el Partido Laborista para tratar de acercarse a los votantes decepcionados, visto el resultado de las pasadas elecciones europeas y faltando poco tiempo para las generales.




Cronologia año  2009

 


Periodismo Internacional © 2022 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull
Aviso legal | Política de protección de datos | Política de Cookies