Anuario 2009
Argelia
"Bouteflika estrena su tercer mandato ante el boicoteo de la oposición"
Borja Franco

El 4 de abril, cinco días antes de las elecciones presidenciales de Argelia, la policía impidió que se celebrase una marcha, organizada por un partido de la oposición, que pretendía animar a los argelinos a boicotear los comicios no yendo a votar. En este episodio se concentra la esencia del proceso electoral del país africano. Desde que el presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika, presentó su candidatura a mediados de febrero, con el apoyo de los tres partidos que integran la Alianza Presidencial –el Frente de Liberación Nacional (FLN), el Agrupamiento Nacional Democrático (RND) y el partido islamista Movimiento Social por la Paz (MSP)–, no había ninguna duda de que repetiría en el cargo. Y así fue.


El 9 de abril, Bouteflika ganó las elecciones con el 90% de los votos y accedió (gracias a una previa reforma de la Constitucón) a su tercer mandato consecutivo. Los comicios estuvieron marcados por el boicot de los principales partidos de la oposición, el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) y el partido laico Reagrupamiento Constitucional Democrático (RCD), que consideraban que Bouteflika había abusado de su poder para asegurarse la victoria. '¿Es posible llevar a cabo elecciones libres y justas cuando el presidente emplea a la Administración pública y el erario del Estado como herramientas de su campaña?', se preguntaba retóricamente el líder islamista más famoso del país, Abdalá Djabalá. Los islamistas moderados, reagrupados en torno a Djabalá, también se añadieron al boicot.
Con los principales adversarios fuera de juego, Bouteflika sólo se tuvo que enfrentar a cinco candidatos (Louisa Hanune, del Partido de los Trabajadores; el populista Musa Tuati, del Frente Nacional Argelino; Mohamed Said, que compareció como independiente; Djahid Yunsi, del partido El Islá; y Mohamed Ali Fauzi Rebaine, de orientación claramente nacionalista) que no gozaban ni de la popularidad ni de los recursos de los que disponía él. Sus adversarios se quejaban de que, con los 150.000 euros que les proporcionaba el Estado para desarrollar sus campañas electorales, no tenían suficiente para cubrir todos sus gastos. Y debido a ello tuvieron que suprimir muchos de los mitines que tenían planeados.
Este clima preelectoral lo resumió el periódico argelino El Watan con el titular “Elección plural, candidato único”. Así pues, la única incógnita que escondían los comicios era el nivel de participación. Los corresponsales y periodistas hablaban en sus crónicas de una cierta apatía política entre la población, no obstante, el nivel de participación acabó siendo del 74,11%, según fuentes oficiales. Una cifra sorprendente teniendo en cuenta que el nivel de participación en las anteriores elecciones presidenciales, en 2004, había sido del 58%, y en las legislativas de 2007 no superó el 40%. El presidente de la Liga Argelina de Derechos Humanos, Ali Yehya Abdel-Nour, dijo en unas declaraciones a la BBC que el Gobierno había engordado las cifras de la participación para aumentar la credibilidad del proceso electoral.
“El pueblo me ha hecho un llamamiento para que continúe mi misión”, dijo Bouteflika para justificar los retoques que hizo en la Constitución a finales del año pasado, y que hicieron posible su posterior reelección. La misión a la que se refería el líder argelino es la política de reconciliación nacional que le impulsó al poder en 1999. Por aquel entonces, Argelia era un país destrozado por casi una década de guerra civil entre el Gobierno y la insurgencia islamista, en la que murieron aproximadamente 200.000 personas. Con el objetivo de constuir una paz firme, Bouteflika diseño el Plan de Concordia Nacional, un proyecto legal que pretendía amnistiar a los islamistas que abandonaran las armar y reintegrarlos en la sociedad.  
Diez años después, se puede afirmar que Bouteflika ha conseguido estabilizar el país y ha logrado, mediante la amnistía o la reducción de las penas, que muchos islamistas se rindan. Sin embargo, el grupo terrorista más importante de Argelia, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), convertido desde 2007 en Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), le considera un “enemigo feroz”. La organización terrorista hizo un llamamiento, por medio de una página web, para que los argelinos no votaran a Bouteflika, a quien le acusan de apoyar a Occidente en su pretensión de destruir el verdadero islam.
Precisamente los meses más sangrientos coincidieron con la campaña electoral de Bouteflika. Así, el 13 de febrero, al día siguiente de que Bouteflika anunciara que se volvía a presentar a la presidencia, se produjeron dos atentados bomba en Tebessa, en el este del país, que causaron al menos la muerte de siete personas. Diez días más tarde, el 23, otras nueve personas fallecieron en otro ataque islamista. Estos envites de la insurgencia fueron sucediéndose a lo largo del año –en marzo murieron dos personas; en junio 34; en julio perdieron la vida una quincena de militares en una emboscada–.
Aún así, parece ser que AQMI pierde fuerza en el país. Este año, el Ejército de Argelia mató a unos 200 terroristas, según el periódico Liberté. En cambio, los insurgentes lograron asesinar en total a 120 militares y policías, que, aunque es una cifra elevada, va disminuyendo con los años. La organización islamista actúa básicamente en dos escenarios: el norte de Argelia, donde los integrantes son básicamente argelinos, y en el sur del país y los Estados fronterizos (Mauritania, Mali y Níger), donde los combatientes son de diferentes nacionalidades aunque están dirigidos por un argelino, Abdelhamid Abu Zeid. Según los expertos, los terroristas se están debilitando en el Magreb por la presión de los países de la zona, y en cambio están ganando terreno en los débiles estados del Sahel. Por este motivo, los detractores de Bouteflika piensan que el presidente debería, ahora que ha disminuido la amenaza terrorista, reconducir su política y abordar otros problemas que afectan al país.

Altos índices de paro y pobreza
La degradación de las condiciones de vida en Argelia activa la amenaza de una explosión social. Por eso Bouteflika también incluyó en su programa electoral promesas sociales. La más sorprendente fue cuando, en febrero, el presidente anunció que eliminaría la deuda de 410 millones de euros de los agricultores, un sector que está al borde del colapso debido, entre otras cosas, a la sequía. “El presidente ha escuchado a los agricultores”, dijo el director de la Unión Nacional de Agricultores Argelinos, Mohamed Alioui. “Este gesto nos dará nuevas esperanzas al sector y motivará a los agricultores a que trabajen fuerte para garantizar la seguridad alimentaria del país”, añadió Alioui. Además de esta excepcional medida, el líder del país prometió también recortar el servicio militar, aumentar las pensiones y hasta dar un subsidio de paro para todo el que solicite empleo, aunque nunca antes haya trabajado.
El líder argelino prometió también lanzar un plan de inversiones de 150.000 millones de dólares y generar 3 millones de empleos durante los próximos cinco años de su mandato. El paro es uno de los principales problemas de Argelia. Según cifras oficiales, el 11,3% de la población se encuentra sin trabajo. Pero estas cifras son más preocupantes en la gente joven, que representan el 70% de los 34 millones de argelinos. El paro juvenil alcanza el 30% y es esta situación de precariedad laboral la que motiva a un gran sector de la juventud a emigrar clandestinamente a Europa. La revista especializada The Economist publicó este año una encuesta que había hecho a jóvenes argelinos de entre 15-34 años, y en la que la mitad de ellos declaraban que estaban dispuestos, en un futuro, a intentar emigrar a Europa.
Pero Bouteflika lo tendrá difícil para llevar a cabo este plan de inversiones, puesto que este año han disminuido un 60% los ingresos de la exportación de petróleo y gas (debido a la caída de los precios). El gas y el petróleo son la base de la economía argelina: representan el 97% de sus exportaciones y el 30% del producto interior bruto (PIB). Gracias a un fuerte aumento de los ingresos por la exportación de estos hidrocarburos (es el octavo exportador de petróleo del mundo y el cuarto de gas), Argelia pudo recuperar la estabilidad económica después de la guerra civil. Así, desde el año 2000, su PIB ha crecido anualmente entre un 3% y un 7%, pero este crecimiento económico no se ha traducido en una mejora del nivel de vida de los argelinos. El 25% de la gente vive bajo el índice de pobreza, y alrededor del 30% es analfabeta.
El alza de los precios (Argelia importa casi la mitad de sus productos) y la corrupción, se encuentran también entre los muchos temas de descontento de los ciudadanos. La inflación ha aumentado este año un 4,5%, siendo el cuarto año consecutivo que se incrementa. Debido al impacto de la crisis económica en Argelia, el país norteafricano se replanteó en agostó una nueva ley de proteccionismo económico que había aprobado a principios de año. El 2 de febrero el Gobierno argelino endureció su reglamentación económica estableciendo una nueva ley según la cual las sociedades comerciales extranjeras estarían obligadas a ceder el 30% de su capital a un partenariado local argelino. Pero, finalmente, el país norteafricano rectificó su postura, sobre todo de cara a las sociedades francesas.

Relaciones tensas con Francia
Francia, ex potencia colonial de Argelia, es su principal socio europeo, pero ambos países han mantenido una relación amarga desde la sangrienta guerra por la independencia de Argelia (1954-1956). Esta constante tensión entre ambos países se revivió este año, cuando Argelia exigió a Francia que se arrepintiera de los crímenes cometidos durante la etapa colonial. El 6 de mayo, cuatro días después de esta reivindicación, Bouteflika aplazó sin motivo aparente la visita oficial al país europeo, prevista para el mes de junio.
Pero el enfrentamiento más mediático y más trascendente entre ambos países fue la polémica alrededor del caso Tibéhirine, el asesinato durante la guerra civil argelina de siete monjes católicos en un monasterio de Argelia. El 7 de julio de este año, un general retirado francés, François Buchwalter, declaró ante el juez instructor Marc Trévidic que el Ejército argelino fue el responsable de la matanza (1996) de los monjes cistercienses de Tibéhirine. Según Buchwalter, el Ejército ametralló a los religiosos, supuestamente secuestrados por miembros del Grupo Islámico Armado (GIA), y después les cortó la cabeza para hacer ver que habían sido ejecutados por los extremistas, y utilizar así el asesinato para sensibilizar a Occidente sobre la peligrosidad del islamismo.
Hasta ahora se creía que los autores habían sido miembros de la GIA, pero el  testimonio del general francés reabrió el debate sobre este caso. Después de la declaración de Buchwalter, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, prometió que levantaría el “secreto de defensa” del caso para que los jueces pudieran llegar hasta el final de la cuestión. Pero esto no sentó nada bien a los dirigentes argelinos, que condenaron la actitud de Francia  y la acusaron de ser una “nueva provocación”. Días más tarde, a principios de julio, un antiguo jefe del grupo terrorista islamista reivindicó la matanza de Tibéhirine, contradiciendo así la versión del ex militar francés. De momento, está previsto que durante los primeros meses del próximo año sigan las auditorías para intentar aclarar la autoría del ataque.

Bouteflika lidera la lucha antiterrorista en el norte de África
El aumento de los secuestros de occidentales (doce este año), por parte de la rama magrebí de Al Qaeda, obligó a los jefes de los servicios secretos de los países del Magreb a reunirse a finales de febrero en Nuakchot (Argelia). Las relaciones entre estos países, sobre todo entre los dos “pesos pesados” del Magreb (Argelia y Marruecos), son bastante malas, y Occidente piensa que ésta es la causa de la expansión de los terroristas. Entre los motivos de la confrontación entre Marruecos y Argelia, destaca el conflicto del Sáhara Occidental. Desde la independencia de la ex colonia española, en 1975, Marruecos se disputa con el Frente Polisario (principal partido político saharaui apoyado por Argelia) el control del territorio.
La tensión entre los dos Estados magrebíes es tal que Argelia decidió de forma unilateral, en 1994, cerrar las fronteras con su vecino marroquí (aunque en esa ocasión fue como respuesta a la decisión de Rabat de establecer un visado para los argelinos, tras un atentado de un grupo islamista en Marruecos). Desde entonces, los 1.500 kilómetros que separan ambos países habían permanecido infranqueables, hasta que este año se reabrió momentáneamente la frontera. La medida, adoptada el 20 de febrero, tenía como objetivo dejar pasar un convoy humanitario británico que transportaba ayuda a la Franja de Gaza. Pero a pesar de esta concesión, Argelia demostró meses después, cuando emprendió las negociaciones para una cooperación militar antiterrorista con los países vecinos del Sahel, que no está dispuesta a normalizar sus relaciones con Rabat.
En agosto, Bouteflika reunió en Tamanraset (al sur de Argelia) a los jefes de Estado Mayor de los ejércitos de Mali, Níger y Mauritania, para emprender una coordinación entre sus reducidos ejércitos y el argelino. Al mes siguiente se volvió a celebrar en Argel (la capital argelina) otro encuentro. Coincidiendo con esta segunda reunión, las fuerzas armadas de Argelia y Mali llevaron a cabo la primera operación militar antiterrorista conjunta, dirigida contra las bases de AQMI en el norte de Mali.
Argelia, la impulsora de las negociaciones sobre terrorismo entre los países norteafricanos, apartó en ambos casos a Libia y a Marruecos. “Argel quiere imponerse como la única locomotora de la lucha antiterrorista”, recogía el periódico marroquí de Casablanca Le Soir. Bouteflika también rechazó la presencia de EE.UU. y de Francia. “Pienso que es importante subrayar que el porvenir de la región concierne a quienes la integran”, declaró, con motivo de las reuniones, el ministro adjunto de Exteriores de Argelia, Abdelkader Messahel. “Tenemos los medios y las capacidades para hacerlo”, añadió el ministro argelino. El presupuesto militar de Argelia se ha incrementado en 2009 un 10% respecto al año anterior. De esta manera, el Ministerio de Defensa es el principal capítulo presupuestario del Gobierno argelino, por delante del de Educación o de Interior.



Cronologia año  2009

 


Periodismo Internacional © 2022 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull
Aviso legal | Política de protección de datos | Política de Cookies