Anuario 2010
Japón
"Hatoyama y Kan perpetúan la inestabilidad del país

"
Isabel Sánchez

Después de 54 años de gobierno del Partido Liberal Demócrata (PLD), en los comicios de 2009 Japón votó por el cambio. Las esperanzas que el electorado japonés depositó en un primer momento en el recién electo Partido Demócrata de Japón (PDJ) fueron dando paso a lo largo del 2010 a una decepción creciente. La causa de ello, en parte, fueron los escándalos de financiación que protagonizó el Gobierno de centroizquierda de Yukio Hatoyama, en los que estaban implicados tanto el primer ministro como su “número dos”, Ichiro Ozawa. Pero, sobre todo, las promesas electorales incumplidas, como la de reubicar la base militar norteamericana de Okinawa, acabaron de socavar al primer ministro, que se vio obligado a dimitir a principios de junio tras sólo ocho meses en el cargo.


El 4 de junio de 2010 Naoto Kan fue elegido para sustituir a Hatoyama e infundir en los japoneses un renovado espíritu optimista. El nuevo primer ministro prometió devolver el vigor a una sociedad que estaba en horas bajas debido a una deuda pública superior al 200% del PIB, la mayor deuda de las sociedades industrializadas. Sin embargo, Kan no está logrando dotar a la economía japonesa de las armas suficientes para poder recuperarse: de hecho, la producción industrial se redujo en septiembre por cuarto mes consecutivo y no se consigue frenar la deflación desde hace más de año y medio. Sin duda, el mayor reto al que deben hacer frente Kan y el resto de los políticos japoneses en este momento es el de salvar la economía japonesa que, cuando apenas estaba saliendo de la profunda recesión en la que llevaba inmersa veinte años, fue azotada por la crisis mundial de 2008. Además, Japón, que ha sido superado este año por China como “número dos” de las economías industrializadas, intenta descubrir cuál es el papel que debe desempeñar en este nuevo orden mundial, donde el país comunista tiene cada vez más peso.
Así como el mantenimiento de la base militar de Okinawa fue el talón de Aquiles de Hatoyama, el estancamiento de la economía japonesa podría ser el de Kan. Su popularidad se ha desplomado desde que llegó al poder en junio. Según una encuesta realizada en noviembre por el periódico Asahi Shinbun, el respaldo a Kan ha caído hasta el 27%, y el apoyo al Gobierno del Partido Demócrata de Japón ha pasado del 45% al 27% de octubre a noviembre. Esta bajada tan significativa del índice de aceptación de Kan y del JPD se debe también al descontento generalizado de los japoneses por la gestión de los conflictos territoriales con China y Rusia. Estas cotas tan bajas contrastan con la gran aceptación del partido cuando arrasó en las elecciones del año 2009 y desbancó al todopoderoso Partido Liberal Demócrata. Entonces, el elegido como primer ministro, Yukio Hatoyama, gozó de una cota de popularidad cercana al 90%, cota sólo superada, en su día, por el ex primer ministro Junichiro Koizumi.

El giro socialista: primer balance del PDJ
En la victoria de Hatoyama se manifestó el “cambio” por el que apostaron los japoneses tras más de medio siglo de hegemonía del PLD. Hatoyama, también conocido como “el Kennedy japonés”, representaba a la cuarta generación de políticos de su familia: su bisabuelo fue representante en el Parlamento en el siglo XIX, su abuelo fue primer ministro en los años cincuenta y su padre fue ministro de Asuntos Exteriores en los setenta. De hecho, Hatoyama inició su andadura política en el Partido Liberal en los años sesenta. Pero en la década de los noventa, debido a discrepancias con el partido, decidió fundar el PDJ.
La inestabilidad del Partido Liberal, que en cuatro años había sido dirigido por cuatro líderes diferentes, y su mala gestión de la crisis mundial posibilitaron la elección de Hatoyama. La popularidad del Gobierno de Koizumi, que arrasó en las elecciones de 2001, fue perdiendo puntos progresivamente hasta llegar a ser casi inexistente con el Gobierno de Taro Aso en 2008-2009. La desorientación y las constantes meteduras de pata de Taro Aso, especialmente sus desafortunadas declaraciones sobre la comunidad étnica ainu, la minoría social “burakumin” y la posible amenaza militar de China, acabaron por debilitar la confianza en su Gobierno. El electorado japonés decidió terminar con el que muchos analistas llamaban el “régimen de partido dominante” que había gobernado Japón desde después de la Segunda Guerra Mundial, con sólo una interrupción de 11 meses en los años 1993-1994.
A pesar de que el PDJ obtuvo la mayoría absoluta, Yukio Hatoyama prefirió formar un gobierno de coalición junto con los minoritarios Partido Democrático Social (PDS) y el Nuevo Partido Popular (NPP). Para afrontar la crisis, el “cambio” del que hablaba Hatoyama consistía en una serie de reformas sociales enfocadas a mejorar la vida de los trabajadores. Entre otras medidas, propuso el recorte del gasto público, la reducción de los impuestos para mejorar el consumo interno y la concesión de subsidios a las clases sociales menos favorecidas.
En cuanto a las relaciones con el exterior, la principal reforma del Gobierno socialdemócrata consistía en reducir la dependencia de Japón respecto de Estados Unidos, su principal aliado militar desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y mejorar los lazos con los países asiáticos, especialmente con China, que en ese momento era ya el principal socio comercial del País del Sol Naciente. Hatoyama se comprometió a salir progresivamente de la esfera de influencia de los Estados Unidos para acercarse formalmente al este asiático, puesto que consideraba que ésa es “la esfera básica de existencia de Japón”. En esta línea, los tres partidos del Gobierno mantuvieron conversaciones para disminuir la presencia de las tropas estadounidenses, que se encuentran repartidas en 25 bases militares y ocupan dos tercios del territorio de Okinawa. De hecho, el programa electoral del PDJ abogaba por renegociar los acuerdos que establecían que los militares norteamericanos estuvieran desplegados en el archipiélago japonés y prometía que trasladaría la mayor base militar de Okinawa, la base de Futenma, en la que hay 2.000 marines norteamericanos, fuera de la isla. Sin embargo, Hatoyama incumplió en mayo su promesa electoral al firmar un pacto con Washington según el cual la base de Futenma sería  trasladada en 2014 a Nago, una ciudad  de una zona menos poblada del norte de Okinawa. Básicamente, el acuerdo era idéntico al que  el Ejecutivo del Partido Liberal Demócrata había firmado con los Estados Unidos en 2006 y que Hatoyama había prometido anular antes de ser elegido como primer ministro.
Como reacción a la firma del pacto entre Tokio y Washington,  el día 30 de mayo el Partido Democrático Social decidió abandonar el Gobierno y el primer ministro perdió la mayoría en el Senado. Por su parte, los 1,4 millones de habitantes de Okinawa organizaron manifestaciones masivas para que Estados Unidos abandonara la isla.
En los meses anteriores a la firma del pacto con Estados Unidos, la popularidad de Hatoyama ya había ido bajando debido a una serie de escándalos relacionados con donaciones poco transparentes dentro del propio partido, escándalos en los que también se había visto implicado el secretario general del partido, Ichiro Ozawa. Cuando Hatoyama anunció que tendría lugar la reubicación de la base militar de Futenma dentro de la misma Okinawa, las voces que en los últimos meses se habían alzado en contra del primer ministro pidieron entonces su dimisión. Así, el 2 de junio Yukio Hatoyama renunció a su cargo de primer ministro debido en especial a las presiones dentro de su propio partido. Junto a él, su “número dos”, Ichiro Ozawa, dimitió también. Los índices de popularidad de Hatoyama se desplomaron hasta alcanzar un 19%, tan sólo ocho meses después de que llegara al poder y obtuviera un apoyo del 70%.
El 4 de junio Naoto Kan fue elegido primer ministro de Japón. El hasta entonces  ministro de Finanzas, que también ocupaba el cargo de viceprimer ministro, prometió “un nuevo comienzo” que incluiría la reforma de su partido, que se había visto mezclado en asuntos de corrupción. Sin embargo, Kan optó por un Gobierno de carácter continuista y mantuvo a once de los diecisiete ministros del Ejecutivo de Hatoyama, aunque sí llevó a cabo un cambio significativo: el primer ministro eligió a  Yoshihiko Noda, conocido por su mano dura en los aspectos económicos, para hacerse cargo del ministerio de Finanzas. Por su parte, el nuevo secretario general del PDJ, Yukio Edano, dejó claro desde el primer momento que el partido no volvería a aceptar donaciones de corporaciones empresariales.
Apenas un mes después de ser elegido primer ministro, Kan tuvo que enfrentarse a unas elecciones parciales al Senado. Kan, que para reducir la deuda pública había propuesto una subida del IVA del 5% al 10%, no contó con el apoyo necesario para revalidar la mayoría y su partido perdió el control del Senado. Aunque la derrota en la Cámara Alta dificulta en gran medida las decisiones del Ejecutivo, el primer ministro, que todavía cuenta con el apoyo de la Cámara Baja, aseguró que no dimitiría ni convocaría elecciones anticipadas a pesar de que dentro de su partido se escucharon algunas voces de protesta. Kan se limitó a pedir disculpas a los ciudadanos por no haber sabido explicar mejor la necesidad de subir los impuestos para reducir la deuda pública.
A pesar de que el fracaso en las urnas hizo pensar que podría ser sustituido como primer ministro en las elecciones internas del PDJ celebradas en septiembre, Kan se impuso a su único rival, Ichiro Ozawa, el antiguo “número dos” de Hatoyama. El Partido respaldó a Kan y éste optó por mantener prácticamente intacto su Gabinete. El principal cambio lo encarnó el hasta entonces ministro de Exteriores, Katsuya Okada, que pasó a ser secretario general del PDJ. Kan nombró a Okada su “número dos” con la intención de que controlara y unificara al partido después de la debacle en los comicios parciales. Para sustituir a Okada al frente de la diplomacia japonesa, Kan eligió a Seiji Maehara.
El nuevo ministro de Exteriores, Seiji Maehara, tomó las riendas del ministerio en un momento especialmente delicado. A principios de septiembre, el choque de un pesquero chino contra dos buques guardacostas japoneses en las aguas de las islas Senkaku, en japonés, o Diayou, en chino, desencadenó el mayor conflicto diplomático de los últimos años entre China y Japón. Se trata de una disputa en la que no sólo están en juego la soberanía de las islas y la explotación de sus reservas de pesca y sus hidrocarburos, sino también el reconocimiento de China como el nuevo país hegemónico en Asia.
Estas islas, que Japón anexionó a finales del siglo XIX tras comprobar que estaban deshabitadas, pasaron a manos de los Estados Unidos al acabar la Segunda Guerra Mundial. En 1971, al comprobarse que las islas disponían de grandes recursos marinos y energéticos, China y Taiwán las reclamaron por primera vez. Sin embargo, al año siguiente Estados Unidos devolvió las islas a Japón junto con el archipiélago de Okinawa. Desde entonces, las islas Senkaku/Diayou han sido motivo de litigio entre las dos potencias asiáticas en numerosas ocasiones, alcanzando el punto álgido en septiembre, cuando Japón decidió arrestar al capitán del pesquero después de que los guardacostas ordenaran que el barco cesara sus actividades sin obtener respuesta. La detención del capitán, que se prolongó durante quince días, desató la indignación del Gobierno chino, que decidió tomar medidas al respecto, entre otras la suspensión de las relaciones de alto nivel ministerial, la cancelación de las reuniones para ampliar los vuelos comerciales entre los dos países y el aplazamiento de una reunión sobre carbón y el cambio climático. Además, Pekín pospuso la visita de mil estudiantes japoneses a la Exposición Universal de Shanghái. El clima de tensión alcanzó su cota máxima cuando el Gobierno chino arrestó a cuatro japoneses en la ciudad de Shijiazhuang, en la provincia nororiental de Hebe,  por  entrar ilegalmente en una zona militar sin autorización y grabar imágenes.

La  contundencia de la respuesta de China sorprendió al Gobierno japonés. Pero lo que más preocupó a los dirigentes nipones fue la respuesta de los ciudadanos chinos, puesto que las medidas del Gobierno comunista fueron respaldadas masivamente por la sociedad: muchos chinos cancelaron sus vuelos a Japón e importantes empresas suspendieron sus exportaciones al país nipón. El suceso coincidió con el aniversario de la invasión de Manchuria por los japoneses en 1931 y el Gobierno nipón temió que el resentimiento histórico contra Japón y la exaltación de los nacionalismos pudieran llevar a un grave enfrentamiento en la región. Finalmente, Tokio decidió poner fin a la espiral de tensión entre los dos países y liberó al capitán del pesquero.  

Japón tuvo que afrontar en noviembre una nueva disputa por la soberanía de otras islas, las Kuriles, reclamadas también por Rusia. A principios de ese mes, el presidente ruso, Dimitri Medvédev, realizó una visita a Kunanshiri, una de las cuatro islas. Las islas japonesas Kuriles fueron invadidas por la Unión Soviética al acabar la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, los dos países se encuentran técnicamente en guerra, puesto que Japón no está dispuesto a firmar un tratado de paz hasta que Rusia le devuelva las cuatro islas. Las islas, en las que actualmente apenas viven unos 7.800 japoneses, con una media de edad de 77 años, son muy ricas en pesca y materias primas. El Gobierno japonés considera que son parte “ancestral e inalienable” de su territorio. Rusia, sin embargo, no está dispuesta a contemplar la posibilidad de renunciar a su soberanía.
Tokio interpretó la visita de Medvédev como una provocación teniendo en cuenta que desde 1945 ningún presidente ruso había pisado las islas. El ministro de Asuntos Exteriores, Seiji Maehara, había advertido antes del viaje que la visita del presidente ruso a las islas podría perjudicar las relaciones entre los dos países. Sin embargo, Japón decidió no prolongar el conflicto para no perjudicar el clima de entendimiento de la Cumbre de los países de Asia y del Pacífico (APEC), que se celebró en Yokohama el 13 y el 14 de noviembre.
Durante la APEC se hizo patente que la rivalidad entre China, la nueva potencia económica, y Estados Unidos, la vieja potencia militar, está colocando a Japón en una posición difícil. El País del Sol Naciente se encuentra entre dos aguas, ya que todavía desempeña su papel de histórico aliado de Estados Unidos y, a la vez, depende cada vez más de China en materia económica. El “dragón rojo” ha superado a Estados Unidos como primer socio comercial de Japón, y tras dos “décadas perdidas” de crecimiento cero, el país nipón necesita mercados de expansión. Según los cálculos del FMI, el este asiático crecerá tres veces más rápido que Estados Unidos en los próximos cinco años. Tal vez por eso, Japón está dispuesto a formar parte del grupo “Asean + Tres” que defiende China. El objetivo de este grupo es la creación de un mercado común  y una misma moneda para los países del sudeste asiático más Corea del Sur, Japón y China. Estados Unidos, por su parte, aboga por el proyecto Comercio Libre Asia-América-Pacífico (FTAAP), que consiste en la creación de una enorme zona de libre comercio del este y sudeste asiático que cruzara el Pacífico.
Japón se debate entre estas dos opciones precisamente porque no sólo los objetivos económicos están en juego. A pesar de que Japón es proclive a reforzar su identidad asiática y la opción “Asean + Tres” le permitiría, entre otras cosas, defender su agricultura de Estados Unidos y de Australia, también es consciente de que Estados Unidos sigue siendo la opción más eficiente para garantizar la seguridad del país, especialmente en un momento en el que crecimiento militar de China es exponencial y  en que Corea del Norte se está convirtiendo en una gran amenaza para la seguridad mundial. Si la alianza con Estados Unidos, que es un vestigio de la Guerra Fría, fuera replanteada, Japón perdería la que hoy por hoy es la mejor garantía de su seguridad. Además, Estados Unidos tampoco está dispuesto a perder a su mejor aliado en Asia. Prueba de ello es que Hatoyama se vio obligado a dimitir en especial debido a las voces críticas dentro de su propio partido que le acusaban de no haber sabido manejar las relaciones con Estados Unidos. El secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, ya había advertido a Hatoyama de que Okinawa no era negociable y el diario japonés Asahi Shimbun apuntó que la paciencia de Estados Unidos tenía un límite. Finalmente, algunos ministros del Gobierno japonés se amotinaron y forzaron la dimisión de Hatoyama.
A raíz del ataque que Corea del Norte lanzó sobre la isla surcoreana de Yeonpyeong en noviembre y que provocó la muerte de dos civiles y dos militares surcoreanos, Japón decidió, entre otras medidas, aumentar el número de baterías de misiles Patriot en sus bases aéreas para contrarrestar una posible ofensiva de Pyongyang. En agosto de 1998, Japón había optado por construir un sistema de defensa antimisiles, con la ayuda de Estados Unidos, después de que un misil balístico norcoreano sobrevolara el archipiélago japonés antes de caer al Pacífico.
Japón, Estados Unidos y Corea del Sur, que condenaron de forma inmediata el ataque a la isla de Yeonpyong, no se cansan de instar a China para que tome medidas para reducir las tensiones en la península coreana. Pekín, que actualmente suministra dos tercios o más del petróleo y los alimentos que necesita Corea del Norte, sigue siendo el principal aliado de Pyongyang y no está dispuesto a que el régimen comunista norcoreano se derrumbe. China tiene una gran responsabilidad en las conversaciones a seis bandas (en las que también participan Estados Unidos, Corea del Sur, Rusia y Japón) para conseguir el desarme nuclear de Corea del Norte, porque de su capacidad diplomática depende en gran parte que el régimen estalinista de Pyongyang se aísle aún más si cabe y sus acciones se vuelvan más impredecibles.  
También la capacidad militar de China, cuyo presupuesto en seguridad y defensa crece un 10% cada año, es motivo de preocupación para Tokio. De hecho, el País del Centro cuenta ya con la segunda marina de guerra más grande del planeta y sus misiles de gran alcance podrían neutralizar con facilidad las bases norteamericanas ubicadas en Japón y Corea del Sur. China también ha desarrollado armas capaces de destruir portaviones y ha mejorado notablemente la tecnología necesaria para llevar a cabo una guerra electrónica. Así, ante el aumento notable del poderío militar de sus vecinos, Japón se ve empujado a buscar una cooperación cada vez más estrecha con Estados Unidos en materia de seguridad.
A lo largo del año 2010, Japón y China, los dos grandes tigres asiáticos, tampoco dejaron de competir en el ámbito económico. En el segundo trimestre, el PIB chino alcanzó la cifra de 1’3 billones de dólares frente a 1’2 billones de dólares del PIB japonés. Japón, que durante cuarenta años había ocupado el segundo lugar en la clasificación de las mayores potencias económicas del mundo, sólo por detrás de Estados Unidos, fue destronado por el “dragón rojo”, que actualmente es ya el “número uno” mundial en exportaciones, después de superar a Alemania en 2009. Aun así, la renta per cápita en Japón sigue siendo aproximadamente diez veces mayor que en el país comunista, entre otras cosas porque la población de China, de unos 1.300 millones, es también mucho mayor que la japonesa.
Hasta el mes de septiembre, el Gobierno japonés adoptó una serie de medidas para impulsar el consumo interno, como la concesión de subsidios para la compra de vehículos con bajas emisiones contaminantes. Así, en el tercer trimestre de 2010, el consumo interno de Japón, que representa aproximadamente el 60% del PIB del país, creció un 1,1%.
 El débil crecimiento del consumo interno se vio compensado por las exportaciones, que lograron apuntalar la economía del país. Las exportaciones del imperio del Sol Naciente, que después de la crisis de 2008 cayeron en un 25%, se recuperaron casi en un 20% a lo largo de 2010, gracias, sobre todo, a la venta de sus productos a otros países de Asia, cuyo mercado absorbe el 54% de las exportaciones japonesas. La baza de las exportaciones japonesas es la fortaleza manufacturera en sectores de alto valor añadido, sólo comparable con Alemania. Aun así, la apreciación del yen hizo que los productos japoneses perdieran competitividad en favor de otros países, como China, que mantuvo su moneda artificialmente baja para favorecer sus exportaciones.  
Japón sumó en diciembre 21 meses consecutivos sin salir de la situación de deflación. En este contexto de “deflación persistente”, el Gobierno japonés deberá adoptar una política monetaria más flexible e inyectar dinero fresco a la economía.
  A pesar de que el PIB japonés llegó a crecer hasta un 3,7% en 2010, la OCDE prevé que en el 2011 la recaída sea fuerte, hasta el 1,7%, y que la desaceleración continúe en el 2012. El Banco de Japón, que mantuvo los tipos de interés casi a cero, confía en que en el año 2011 el país nipón logre entrar en una situación de inflación que propicie un mayor dinamismo en la economía japonesa.



Cronologia año  2010

28 de mayo: Japón pacta con Estados Unidos el mantenimiento de la polémica base militar de Futenma en la isla de Okinawa.

30 de mayo: Como reacción a la firma del pacto, el Partido Democrático Social abandona el Gobierno y el primer ministro, Yukio Hatoyama, pierde la mayoría en el Senado.

2 de junio: Yukio Hatoyama renuncia a su cargo de primer ministro.

4 de junio: Naoto Kan es elegido primer ministro de Japón en sustitución de Yukio Hatoyama.

11 de julio: En las elecciones parciales al Senado el Partido Demócrata de Japón pierde la mayoría en la Cámara Alta.

7 de septiembre: Un pesquero chino choca contra dos barcos guardacostas japoneses en aguas de las islas Diayou / Senkaku. Japón detiene al capitán del pesquero.

14 de septiembre: El primer ministro, Naoto Kan, se impone a Ichiro Ozawa en las elecciones internas del Partido Demócrata de Japón.

19 de septiembre: China responde a la prolongación de la detención del capitán del pesquero suspendiendo los contactos a alto nivel y anulando repentinamente la visita de un millar de jóvenes nipones a la Expo de Shanghái.

1 de noviembre: La visita del presidente ruso, Dimitri Medvédev, a una de las islas Kuriles reaviva el contencioso entre Rusia y Japón por la soberanía de las islas.

13 y 14 de noviembre: Se celebra la Cumbre de los países de Asia y del Pacífico (APEC) en Yokohama.


 


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