Anuario 1999
Nigeria
"Nigeria empieza un viaje hacia la democracia con serias fracturas internas"
Xesco Reverter

La buena noticia que supuso para la comunidad internacional la victoria del general Obasanjo en las primeras elecciones verdaderamente democráticas del país en 30 años de escalofriantes dictaduras corruptas, puede verse truncada por la frágil estructura nacional que mantiene el país medio paralizado y sumido en el caos. Un norte pobre de mayoría musulmana convive con un sur riquísimo en petróleo pero fuertemente dividido en etnias eternamente enemigas. Obasanjo dispone de cuatro años para evitar que Nigeria salte en mil pedazos y, por primera vez, un sistema democrático dirigirá los paraderos de esta potencia regional en permanente crisis, y entregada a las multinacionales del oro negro.
El reto de Nigeria de cara al siglo XXI será el de mantener sus actuales fronteras a base de democracia, y no a base de metralletas y represión. Nadie duda de que si algo a mantenido este rico país unido bajo una misma bandera desde su independencia, en 1960, ha sido la mano de hierro de un sinfín de dictadores, a cual más corrupto y cruel, que han impuesto el orden a machetazo limpio. De no ser así, lo más probable es que el país hubiera saltado por los aires hace años debido a las violentas tensiones entre multitud de etnias y clanes que se encuentran esparcidos desde el Delta del Níger hasta el Sahel.

Pero 1999 ha sido para el país más poblado de África, 106 millones de habitantes, un año singular que ha abierto el camino de la democracia, después de una rápida y sorprendente transición que empezó con la muerte en junio de 1998 de uno de los tiranos más canallas y fructíferos ha dado este final de siglo, el dictador Sani Abacha. Un año, sin embargo, en el que la violencia entre hausas, yorubas, fulanis e ibos ha sido más mortífera que nunca.

Con el camino pautado por el general Abdulsalami Abukabar para establecer las bases de una democracia --liberación de todos los presos políticos, legalización de los nuevos partidos políticos, etc.-- Nigeria llegaba a las primeras elecciones legislativas democráticas el 20 de febrero con un cierto optimismo. El ganador tendría que remontar un país devastado y profundamente desestructurado, pero para ello no faltaron candidatos ni entusiasmo. Finalmente, el Partido Democrático del Pueblo (PDP), una coalición norteña de nigerianos moderados liderados por Obasanjo y enemigos acérrimos de Abacha, consiguió ganar los comicios con un 46% de los escaños del Parlamento de Abuja. Como segunda fuerza, con el 35% de los votos, quedaba el Partido de Todos los Pueblos (APP), de tamiz más conservadora cuyo líder era Olu Falae. Ocho partidos más se repartían el resto de escaños en unas elecciones con un 60% de abstención.

Elecciones presidenciales

Una semana más tarde, los nigerianos volvían a las urnas, esta vez para elegir presidente. La elección estaba entre el general Obasanjo, yoruba y antiguo presidente dictatorial entre 1976 y 1979 que entregó el poder a los civiles, y el ex ministro de Finanzas del también militar Babangida, Olu Falae, también de la etnia yoruba. El primero iba a la caza del voto del noroeste, yorubas y hausas, y el segundo candidato concentraba sus fuerzas en los ibos del sur y los fulanis. La victoria fue para Obasanjo que, a pesar de ser acusado de manipular el resultado electoral, tomó las riendas del país el mes de mayo. El dia 7 de este mes, con la presencia de Carlos de Inglaterra y Nelson Mandela en la ceremonia de toma de poder, el nuevo presidente apostaba decididamente por la democracia anunciaba una reforma profunda de país.

Una de las primeros decisiones del general fue el de suspender todos los contratos con las petroleras occidentales firmados por sus antecesores, con el fin de sacar más provecho para todo el país de la extracción de crudo. La situación en relación con el petróleo había llegado a tales extremos de paroxismo la pasada primavera, que en las calles de Lagos difícilmente se encontraba carburante, pese a que Nigeria es uno de los mayores productores africanos de oro negro.

A mediados del mes de febrero, un grupo de ibos protagonizaron un hecho relevante, no por su importancia sino por su significación. Cuando se dio a conocer que Sani Abacha, el dictador que había dirigido el país de 1993 a 1996, había amasado una fortuna en sus tres años de mandato de cerca de un billón de pesetas (5.000 millones de dólares) los jóvenes estallaron y se lanzaron al pillaje y a la violencia durante un par de días, hasta que el Ejército pudo retenerlos. Las cuotas de corrupción en la Administración nigeriana merecen el lugar número 13 en el ránking mundial de países corruptos, lo que ha provocado un profundo odio de la población civil hacia las clases dirigentes. Consecuencia de ello han sido las numerosas revueltas sociales que se han sucedido en Nigeria durante todo el año. A veces dirigidas contra gobernantes, a veces contra compañías petroleras.

El caso del dictador Sani Abacha merece un comentario distintivo. General de hierro y adicto a la marihuana y al sexo, Abacha consiguió imponerse en el poder en 1993 graciasa un golpe de estado que protagonizó después de que el histórico Moshood Abiola ganase unas elecciones presidenciales. Desde ese instante, el dictador tendría tres años para forjar una carrera digna de ser comparada con casos como los de otros dictadores africanos al estilo de Bokassa de la República Centroafricana, Papá Macías de Guinea Equatorial, o Mobutu Sese Seko del Zaire. En tres años, Abacha amasó la misma fortuna que el mismísimo Mobutu tardó 30 años en conseguir. La cantidad de dinero que se ingresó en las cuentas de Abacha en Suiza y que en teoría tenían que asegurar la prosperidad del país suman una cantidad similar a la deuda exterior de la República Democrática del Congo. Todo esto, con el agravante de que condujo al país a una de las crisis más crudas de los últimos años, dejó las arcas nacionales vacías, desplegó misiones de paz en otros países africanos que se caracterizaron por la barbarie y un alto coste, y metió en la cárcel a todo sujeto que intentase un mínimo de oposición.

Pero la leyenda del tirano no termina ahí. Se escapó de tres atentados aunque se ha sabido que se construyó un búnker fortificado plegado de túneles, micrófonos y seguridad para protegerse de sus enemigos. El general consultaba siempre sus últimas decisiones con varios brujos de su pueblo natal. Pero lo que puso la rúbrica a esta esperpéntica vida fue la muerte del dictador, la noche del 8 de junio de 1998. Envenenado por sus familiares, según los rumores populares, o víctima de un acceso sexual junto a tres prostitutas, versión oficial, Abacha pasó repentinamente a mejor vida y dio un respiro al país. Actualmente, la justicia suiza ha permitido abrir e investigar las cuentas que el dictador y sus familiares mantienen todavía en el país helvético. Inmediatamente le sucedió el general Abdulsalam Abubakar quien guió el país hacia la transición a la democracia que culminó con las elecciones de febrero.

La conclusión de este lamentable episodio es que el país sigue sin recuperarse todavía de aquel robo a gran escala, y que ha elevado la deuda externa a la desorbitada cifra de 34.000 millones de dólares (5 billones de pesetas). Las finanzas públicas están en bancarrota a pesar de los dos millones de barriles de crudo diarios que produce el subsuelo nigeriano. Esta cantidad, podría verse incrementada considerablemente si el país tuviera más estabilidad política y social. Las grandes petroleras que operan en Nigeria(Shell, Mobil, Chevron, Texaco, Elf-Totalfina y Agip) tienen gran interés en el petróleo del Delta de Níger, pues está considerado uno de los más puros del planeta. Pero la política de las majors del oro negro es más que discutible. Han conseguido que la población las odie a toda costa después de que hayan provocado diversos muertos tras varios disturbios populares, y hayan financiado a la corrupta clase política del país. La población les acusa de marginar al pueblo, pues éste no es partícipe de los amplísimos beneficios que generan.

La riqueza de Nigeria proviene básicamente del petróleo. La crisis que el sector todavía padece desde mediados de 1998 por la bajada del precio del crudo, juntamente con las perturbaciones en la producción que ocasiona la inseguridad nacioal, ha agudizado aun más el pésimo estado económico del país.


Un baño de sangre étnico

Aparte de la restauración de la democracia, el pasado año 1999 será recordado en Nigeria como uno de los peores en lo que se refiere a violencia étnica. No hay una cifra oficial de muertos, pero se barajan estimacio-nes que van desde las 600 a las 5.000 personas muertas. La base de todo el embrollo étnico viene de los años de la descolonización, ya que los británi-cos crearon un país con tres etnias rivales y domi-nantes, y un largo rosario de pequeñas comunidades que hablan más de 200 lenguas. El caos étnico es tal que las luchas de poder se producen entre las misma etnias, entre etnias y Lagos, entre etnias y gobiernos federales, o entre etnias y compañías petroleras. Los especialistas dividen el país en dos partes: un norte musulmán de etnia hausa tradicionalmente vinculado al Ejército y al poder, un este cristiano donde los ibos extraen la mayor parte de producción de petróleo, y un oeste también cristiano y con predominancia de yorubas. Las diferencias entre el norte y el sur de Nigeria son abismales, hecho que dificulta todavía más la mentalidad de nación única. La zona costera, urbana, rica y pobladísima, ha estado toda su historia reciente gobernada por hausas del norte que han cortado de raíz todo intento secesionista. La parte septentrional , islámica en su totalidad, tiene una mentalidad de Estado unitario, mientras que en el sur predominan las ideas independentistas y se ve a los vecinos musul-manes como el origen de todos los males. Durante 40 años, la rivalidad norte-sur ha ido en aumento, un norte que controla el poder y saca el petróleo del delta de Níger, sin que muchas veces la población de este territorio vea un ápice de los beneficios que genera. Pero aparte de la rivalidad norte-sur, existe un auténtica retahíla de conflictos étnicos en todo el país entre multitud de comunidades enfrentadas dramáticamente entre sí, ya sea por agua, comida, religión, poder, envidias, venganzas o petróleo. Estos choques son los que han provocado la mayor parte de muertes violentas en Nigeria los últimos años. Todo ello hace pensar que el futuro de Nigeria como Estado pasa por conseguir una mínima mentalidad de nación entre las diferentes etnias que evite la disgregación del país. Para ello será necesario un mayor respecto gubernamental a las diferen-tes comunidades y una distribución de la riqueza más justa y equilibrada. Un hecho relevante sucedió en octubre de 1999 en el estado norteño de Zamfara, donde la población votó por mayoría imponer la Sharia, la ley coránica, a pesar de que Nigeria oficialmente es un Estado secular. "Es la hora de que los musulmanes despertemos. La Sharia hará que desaparezca el alcoholismo, la prostitución, el juego y las drogas, los delitos repugnantes incluso para la legislación común", rezaba un periódico del Estado de Gusau, que también informaba de que la ley corá-nica sólo se aplicará a la población musulmana. El presidente Obasanjo no se opuso a la medida, que provocó las iras del sur cristiano, y las simpatías de otros tantos estados septentrionales, que ven en el caso de Zamfara un posible precedente de la islamización del África negra.


 


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