Anuario 1998
Sudán
"Sudán aprueba una nueva Constitución, pero el Gobierno mantiene las restricciones de las libertades políticas"
Mar Sánchez

Nueve años después de derrocar mediante un golpe de Estado al gobierno civil electo, el presidente sudanés, Omar Hassan el-Bashir, firmó en junio la nueva constitución de Sudán. El texto pretende encontrar un equilibrio entre la “sharia” (ley islámica que rige el norte del país) y las leyes tradicionales de los sudaneses del sur, principalmente cristianos y animistas. Sin embargo, el punto más importante fue que la Constitución eliminaba el decreto de 1989 que impedía la libre formación de partidos políticos: realmente, el Gobierno sólo está dispuesto a autorizar la formación de asociaciones políticas con escasa capacidad de entorpecer su mandato.
Sudán, uno de los países más ricos de África en cuanto a recursos agrícolas y minerales, se ha convertido en una de las zonas más torturadas del continente negro. Con una deuda externa que llega a los tres billones de pesetas y con la guerra civil que vive desde el año 1983 entre el norte y el sur, el país se desangra internamente. En lo que va de conflicto bélico se han producido casi un millón y medio de muertes y más de dos millones de refugiados o desplazados a los países vecinos. El gobierno de Jartum, que destina diariamente 150 millones de pesetas a gastos de guerra (un 90% del presupuesto), ha hecho un pacto de silencio informativo para no exponer a la luz pública sus objetivos, la lucha por imponer el Islam y favorecer sus intereses económicos, y controlar la zona petrolífera y los yacimientos de níquel y uranio.
El texto constitucional (ratificado por casi el 97% de los votantes) determinó un nuevo marco federal que sustituía a la actual organización centralista. A la espera de que la Asamblea Nacional aprobara, tal y como estipula la Constitución, una nueva ley de formación de partidos, el presidente y teniente general, Hassan el-Bashir, anunció que cualquier actividad política “será castigada con fuerza”. Sin embargo, la oposición consideraba suficiente la aprobación del texto constitucional y anunció que, en cuanto este hecho sucediera, empezaría a reorganizarse. Horas después varios dirigentes políticos y sindicalistas fueron detenidos, presuntamente porque estaban en conexión con las explosiones en instalaciones eléctricas y depósitos de combustible que se produjeron en la capital (Jartum) durante esa semana.
Además de la falta de libertad política, Sudán sufre una importante fractura entre el norte y el sur, cuya solución pasa, quizás, por una división del país o bien por otorgar una mayor autonomía para la zona sur. El norte, de mayoría musulmana, concentra la mayor parte de la actividad comercial y agrícola, así como redes de transportes. En el sur, base principal de los grupos rebeldes, habitan cristianos y animistas de diferentes etnias y es una zona rica en petróleo y recursos hídricos, cuyo control es precisamente una de las causas del conflicto.

Sudán, el país africano con mayor superfície (2,5 millones de km2) estaba llamado a ser el granero de África merced a su situación, ya que sirve de puente entre África central y el Mar Rojo y controla gran parte del caudal del río Nilo. Los últimos veinte años han roto esta posibilidad. Tras el descubrimiento, en 1983, de yacimientos de petróleo en las provincias de Bahr-al-Ghazal y Equatoria, en el sur del país, se reabrieron una serie de rivalidades que han desestabilizado al país. El sur siempre había sido considerado como una colonia de Sudán del norte hasta que en el año 1972, en el acuerdo de paz de Addis Abeba (capital de Etiopía), el general Nemeiry (autoproclamado presidente de Sudán tras un golpe de Estado en 1969, y derrocado en 1985), prometió un sistema de confederación que otorgaba autonomía administrativa y política para todo el territorio, así como libertad de culto y creencia. El paso de los años ha demostrado que este nuevo modelo de gobierno no se ha llegado a cumplir nunca. El petróleo, descubierto en 1983, eliminó definitivamente toda posibilidad de autodeterminación para el sur y además del conflicto por el control de recursos, reaparecieron las diferencias religiosas. Así, el general Nemeiry rompió el acuerdo de Addis Abeba y revisó las fronteras para incluir en el norte los campos petrolíferos descubiertos. Fue el inicio de la guerra civil contra el sur, y a la vez, el principio del SPLA (Ejército de Liberación Popular de Sudán) que lidera el oficial sudanés, no islámico, John Garang. A esta oposición al Gobierno sudanés, hay que sumarle la actuación de los señores de la guerra que se alían con un grupo u otro, dependiendo de los intereses del momento.
Por su parte, los países africanos de la zona persiguen, tras la guerra del Congo, la estabilidad en la región y los países fronterizos empiezan a posicionarse. Egipto se muestra preocupada ante la internacionalización del conflicto y la amenaza de sus recursos acuíferos, mientras Etiopía, Eritrea y Uganda ayudan abiertamente a los rebeldes sudaneses. Estados Unidos se opone, también, al Gobierno de Bashir, al que acusa de apoyar el terrorismo y la persecución religiosa en el país. Irak, sin embargo, mantiene unas estrechas relaciones con el Gobierno sudanés.

Hay hambre porque hay guerra
El hambre se ha convertido en una plaga, el 10% de los 27 millones de sudaneses dependen totalmente de la ayuda humanitaria internacional para su alimentación y su asistencia sanitaria, y hay más de un 60% de niños malnutridos, de manera que se estima que para paliar la crisis se necesitarían 150.000 toneladas de comida hasta octubre de 1999. Las sequías de la zona sur, donde el hambre amenaza a cerca de dos millones de personas, son de carácter cíclico. Habían provocado penurias, pero la población las controlaba con mecanismos tradicionales de seguridad alimentaria (alternancia de la ganadería con la agricultura). Con los bombardeos y ataques indiscriminados de este último año, la población se ha visto forzada a desplazarse abandonando las cosechas y, ahora, los sudaneses son víctimas de la guerra del hambre, una guerra en la que la comida es un arma más para conseguir doblegar al enemigo.
(Texto traducido del catalán y reelaborado por Juan Salvador Martínez)



Cronologia año  1998
Finales de enero. “Solidaridad cristiana internacional”, una ONG suiza, denuncia la venta, por aliados del Gobierno musulmán, de miles de niños como esclavos.



12 de febrero. El vicepresidente, Zubair Mohamed Saleh, y varios ministros más mueren en un accidente de avión.



31 de marzo. La Comisión Electoral sudanesa anuncia un referéndum sobre la elaboración de una nueva Constitución entre el 23 de abril y el 2 de mayo.



14 de abril. El FMI (Fondo Monetario Internacional) anuncia la creación de una comisión en Jartum que colabore en la aplicación de un plan de reforma económica entre los años 1998 y 2003.



Medianos de abril. Primera conversación de paz a Nairobi.



8 de mayo. El Gobierno de Jartum reconoce el derecho del sur de Sudán a la autodeterminación.



24 de junio. Aprobada por un 96,7% de los votantes la nueva Constitución sudanesa, que permitirá la libertad de los partidos políticos tras nueve años de prohibición.



4 de agosto. Tregua decretada por el presidente sudanés, Omar al Bashir, y segunda ronda de conversaciones de paz en Addis Abeba (capital etíope) con la mediación de Kofi Annan, secretario general de la ONU.



15 de agosto. Dirigentes del SPLA (Ejército de Liberación Popular de Sudán) y el Gobierno de Jartum declaran el alto el fuego durante tres meses para facilitar la entrada de la ayuda humanitaria internacional.


 


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