Anuario 1998
Congo
"El corazón de Congo-Kinshasa, convertido en un mosaico de conflictos étnico-regionales"
Mar Sánchez

A pesar del cambio de gobierno, y un año y medio después de la caída de la dictadura del general Mobutu, algunos de los conflictos que amenazaban al país continúan vigentes. El riesgo de una explosión étnica y militar en las dos provincias orientales, al norte y al sur de Kivu (región del noreste), que ya en el año 1996 pusieron en peligro el poder de Mobutu, se ha hecho realidad durante este año. Esta región, que hace frontera con Uganda, Ruanda y Burundi, pertenece al espacio cultural y económico de África oriental y siempre se ha considerado alejada de la capital Kinshasa, tanto geográficamente como espiritualmente.
En los años 20 y 30, las autoridades belgas ya habían aprovechado el bajo número de población de la República Democrática del Congo, entonces denominada Congo belga, para importar mano de obra ruandesa hacia las plantaciones de la región de Kivu y las minas de la región de Kananga (al sur de Kivu). Esta era una solución que aliviaba la presión demográfica de la zona ruandesa y, a la vez, proporcionaba una mano de obra dócil. Los inmigrantes, tanto los tutsis como los hutus, se reunieron en torno a la población de lengua ruandesa, que ya vivía en la región antes de la época colonial. Durante la independencia, recibieron la ciudadanía congoleña al igual que los otros habitantes de la región de Kivu, pero durante la guerra civil (1960-1965) fueron perseguidos por varías tribus consideradas por ellas mismas “autóctonas” que pretendían recuperar las tierras que creían suyas.
Estos años de desorientación política fueron aprovechados por el general Mobutu Sese Seko, que se hizo con el poder mediante un golpe de Estado el 25 de noviembre de 1965. Contrariamente a lo que se esperaba, Mobutu no apoyó a los “autóctonos” puesto que los consideró partidarios de Pierre Mulele, uno de los líderes partidarios de la secesión de la región de Kivu. De esta manera, los “ruandeses”, amparados por Mobutu, empezaron a apropiarse de nuevo de las tierras del norte de la región, pero siempre han tenido la incertidumbre sobre si eran considerados verdaderamente zaireños.

Unas divisiones que se agravan
En este contexto de tensiones locales, promovidas por la política de división étnica de Mobutu, explotó la guerra civil ruandesa de 1990, que acabó con el terrible genocidio de 1994. Los “ruandófonos” de Kivu, que durante bastante tiempo estuvieron unidos contra las etnias “autóctonas” zaireñas, se dividieron en tutsis, que apoyaban el Frente Patriótico Ruandés, y hutus que secundaban a Juvenal Habyarimana, entonces jefe de Estado de Ruanda. Tras el genocidio, las tensiones en el norte y el sur de Kivu se han visto agravadas puesto que se enfrentan tres grupos: los refugiados hutus, procedentes de Ruanda, que han intentado construir su propio imperio con la ayuda de los hutus locales; las antiguas etnias autóctonas; y los tutsi zaireños.
Este año, la región de Kivu ha sido una zona muy susceptible a las hostilidades y ha sido testigo de una guerra civil aún no sofocada que, a excepción de lo que era propio hasta ahora en África negra, cuenta con la participación de países vecinos. El Ejército congoleño de Kabila navega en la intención de reestablecer un débil control nacional en las turbulencias regionales. El Congo es un verdadero polvorín y la violencia del norte de Kivu se ha extendido fácilmente al sur de la misma región.

¿Un conflicto internacional?
La guerra civil de Congo se ha convertido definitivamente en un conflicto internacional puesto que intervienen los ejércitos de Ruanda, Uganda, Zimbabue, Namibia, y Angola. Sobre el terreno parece que se ha llegado a una situación de equilibrio puesto que ni la guerrilla puede vencer a las tropas gubernamentales ni éstas tienen capacidad para derrotar a la guerrilla. Los ejércitos extranjeros protegen los territorios de unos y otros sin estar dispuestos a implicarse más a fondo. Por el momento, en pago a sus servicios, por haber salvado su régimen, el presidente congoleño Kabila ha dado recientemente a Zimbabue la explotación de las minas de cobre y de cobalto de Katanga; a Angola, la participación en las explotaciones de petróleo; y a Namibia, la de los diamantes. En noviembre, se calculaba que en el Congo había 5.000 soldados angoleños, 6.000 de Zimbabue, 1.500 del Chad y unos 500 de Namibia que mantenían el régimen de Kabila ante la guerrilla que domina el noreste del país (Kivu ), y que tiene el apoyo militar, político y económico de Uganda y Ruanda.
La realidad africana sigue topando con el eslogan del nuevo orden mundial ante los desafíos del continente negro: “prevención de los conflictos”. Así, los enfrentamientos continúan mientras la ONU lamenta su actuación en el genocidio de 1994; la UE se desentiende del problema africano, demasiado ocupada en su propia armonía financiera; y a pesar del compromiso, en marzo, de Estados Unidos de proteger a los nuevos líderes africanos.
(texto traducido del catalán por Juan Salvador Martínez)


¿Autoritarismo y Derechos Humanos?

La dictadura de Mobutu fue sustituida el año pasado por el autoritarismo de Kabila y, en cuestión de derechos humanos, el cambio no supuso ninguna diferencia. Más bien ha presentado alguna que otra paradoja más, como es la creación del cargo de ministro de Derechos Humanos dentro del Gobierno. Desde abril, cuando fue disuelta la AZADHO, principal asociación de defensa de los derechos humanos en el Congo, este tipo de movimientos han trabajado desde la clandestinidad, con la misión de ser escuchados por la comunidad internacional y de contrarrestar la política de enmascarar los hechos que el Gobierno de Kabila lleva a cabo a través de su ministro de los Derechos Humanos, Leonard Okitundu. Algunas declaraciones de Okitundu se sitúan en un punto muy distante al de su cometido, como por ejemplo: “En la guerra siempre hay excesos... pero nuestros ataques nunca han sido dirigidos contra las víctimas porque eran tutsis, sino porque eran rebeldes”, o bien, “nuestros campos de refugiados sirven para proteger a los rebeldes”.


Cronologia año  1998
28 de enero. Laurent Desireé Kabila, jefe de Estado de la República Democrática del Congo, acusa a Cáritas de favorecer a los rebeldes que antes les habían ayudado en sus primeros pasos contra el general Mobutu, anterior jefe de Estado.



12 de febrero. Etienne Tshisekedi, jefe de la oposición política, es confinado por el Gobierno.



5 de marzo. Suman 56 los delincuentes ejecutados públicamente, desde principio de año, a manos de la justicia militar.



3 de abril. El Gobierno disuelve la AZADHO, la principal asociación de defensa de los derechos humanos en el Congo. El Ejecutivo la considera ilegal y la acusa de mantener campañas políticas contra el Gobierno.



14 de abril. Tres de los jefes de la oposición al Gobierno se fugan de la prisión de Buluwo. Uno de los tres es el comandante Masasu, ex consejero del presidente Kabila, que fue arrestado en noviembre del 1997 acusado de crear una milicia tribal.



17 de abril. Kofi Annan, secretario general de la ONU, anuncia la suspensión de la misión creada en abril de 1997 para investigar las masacres de los refugiados hutus. Annan acusa al Gobierno congoleño de obstruir la misión.



17 de mayo. Kabila celebra su primer aniversario en el poder y denuncia la carencia de ayuda internacional.



1 de junio. Kabila hace cambios en el Gobierno: cinco ministros y un gran número de funcionarios son arrestados, acusados de corrupción y distorsión de fondos económicos.



13 de junio. Kabila nombra como jefe del Ejército al comandante Celestine Kifwa, y destituye del cargo al ruandés James Kabare, que había dirigido la ofensiva contra Mobutu. Kifwa es natural de la misma provincia que Kabila, Katanga.



2 de agosto. Rebelión de los banyamulenges-tutsis contra Kabila, en la región de Kivu.



10 de agosto. Kabila acusa a Uganda y a Ruanda de apoyar a los rebeldes banyamulenges-tutsis .



12 de agosto. A raíz de los enfrentamientos entre los rebeldes banyamulenges y el Ejército de Kabila, la ciudad de Kinshasa se queda sin electricidad. Kabila organiza una campaña feroz contra los rebeldes denominada “caza al tutsi”.



16 de agosto. Kabila pide ayuda militar, entre otros, a los los presidentes de Angola, Eduardo Dosifico Santos, y de Zimbabue, Robert Mugabe.



25 de agosto. Kabila hace un llamamiento a la población no tutsi del país: “Levantaos, coged las armas tradicionales y luchad contra el enemigo porque, en caso contrario, nos convertiremos en los esclavos de esta gente tutsi”.



1 de octubre. AZADHO y otros grupos proderechos humanos de la RDC acusan, desde la clandestinidad, al Gobierno de explotar los sentimientos patrióticos de la población para protagonizar actos violentos contra quien parezca rebelde.


 


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