Anuario 2001

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Los asiáticos temen que los atentados del 11-S agraven aún más la crisis económica
M. Helena Gaya

El motor económico de Asia ya no es Japón ni ninguno de los que una vez fueron ‘tigres’: Taiwan o Corea del Sur. La actual potencia es China, que ha hecho un viraje hacia el capitalismo y, además, ha entrado en la OMC, lo que supone la incorporación al mercado mundial de unos 1.300 millones de consumidores.

Los atentados presuntamente perpetrados por el grupo terrorista Al Qaeda el pasado 11 de septiembre contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono de Washington fueron vistos por los países de Extremo Oriente como un problema de Occidente. Sin embargo, aunque no temen que el terrorismo se extienda en su región, los países asiáticos creen que el desplome parcial de las bolsas de todo el mundo puede terminar por hundirles en una nueva crisis económica, cuando justamente empiezan a salir de las terribles pérdidas de los años 1997 y 1998. Sin embargo, los expertos apuntan que, para evaluar los efectos que los devastadores atentados del 11 de septiembre pueden tener en esta zona del mundo, habrá que estar atentos a los futuros movimientos económicos que realiza, a partir del 2002, China, que entró a formar parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC) el pasado 11 de noviembre en la cumbre celebrada en Qatar. Además, nos recuerdan que no debemos olvidar que el país más poblado del mundo cuenta con un fuerte mercado interior y un crecimiento anual que gira en torno al 7 por ciento.

Para entender por qué los observadores apuestan por China debemos remontarnos a 1997, cuando Pekín desafió los pronósticos más pesimistas. En aquella época, la devaluación de la divisa china se daba como inevitable, se pensaba que arrastraría a todos los países de Asia, Japón incluido, en una situación intrincada. Asimismo, el crecimiento de China parece proseguir aunque a un ritmo más lento, al mismo tiempo que Pekín ha apostado por no vender la mayoría de sus grandes multinacionales, y se ha abierto al exterior con prudencia.

Incluso Hong Kong, la capital financiera y económica de Asia, debe vigilar los movimientos internacionales. Los sobresaltos empresariales de Estados Unidos, con despidos masivos, o la recesión controlada de Japón, donde sus gobernantes toman medidas para intentar atajar la crisis, pueden provocar un terremoto en las bolsas de esta parte del ...


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