Anuario 1999

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Perspectivas de cambio en el Magreb
Jordi Miró

En un año, las perspectivas del Magreb han cambiado sustancialmente. Tres, básicamente, son las causas fundamentales: la muerte de Hassan II y el posterior ascenso al trono de su hijo y sucesor, Mohamed VI, con unos objetivos –algunos de los cuales no se han quedado en promesa– marcadamente reformadores y demócratas; la subida al poder de Buteflika y su propuesta de “ley de la concordia” en una Argelia donde las tensiones entre Ejército y las guerrillas islamistas están a la orden del día; y en Libia, la voluntad de resolver sus lances relacionados con el terrorismo y esquivar, de esta manera, parte del embargo impuesto por la ONU, EE.UU. y Gran Bretaña.

La guerra contra los “barbudos”

En las primeras apariciones públicas como nuevo monarca de Marruecos, Mohamed VI ya dejó entrever su voluntad de continuar con la transición que su padre, Hassan II, quería para su país. De hecho, en el transcurso de sus primeros seis meses en el poder, Mohamed VI ha concedido la indulgencia a muchos de los presos políticos que su padre tenía desperdigados por el país; ha autorizado el regreso de los exiliados políticos como Abraham Serfaty o la familia de Ben Barka; y ha destituido al ministro del Interior, Driss Basri, hombre de confianza de Hassan II, conocido por sus técnicas represivas contra aquellos que se manifestaban contrarios al régimen. Además, el nuevo monarca ha dado su apoyo al primer ministro, el socialista Yusufi, que salió escogido, en 1997, para liderar un gobierno de coalición, en unas elecciones que la oposición considera “modificadas” por la mano de Basri. Yusufi fue el encargado de pactar en diciembre la situación de la pesca con Europa, unos días después de finalizar el acuerdo de 1995 por el que las flotas europeas tenían derecho para explotar las aguas saharauis bajo la administración de Marruecos. El primer ministro también tiene trabajo para reactivar una economía que sigue estancada, con un índice de pobreza que no baja, en parte, porque destina un alto porcentaje de su Producto Interior Bruto (PIB) a pagar las deudas que tiene, entre otros, con el Banco Mundial y Francia, país del fue protectorado hasta 1956. Además, debe buscar soluciones para acallar a las asociaciones marroquíes de derechos humanos que denuncian la existencia en las prisiones de presos políticos en condiciones inhumanas. Las mismas condiciones que describió Malika Ufkir, hija del general Ufkir –que creció en la prisión debido al intento de su padre de acabar con la monarquía en 1974– en un libro que reabrió el debate sobre la existencia y la situación de los presos en Marruecos.

El asunto del Sáhara sigue siendo una brecha abierta para la Administración alauí. ...


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