Anuario 1999

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Nace el euro en un año marcado por la crisis política y la corrupción
Isidor Torres

La Unión Europea está aprendiendo a andar, y lo hace como los niños pequeños, recibiendo varapalos. Aunque parezca increíble, los organismos que tienen capacidad de legislar y de multar a quince de los países más ricos del mundo y las instituciones que han unificado un mercado de más de trescientos millones de personas, todavía se tambalean como una pequeña empresa de socios noveles.

Y es que las relaciones entre el Parlamento Europeo y la Comisión Europea, lejos de ser buenas, son tensas. A veces, parece que en lugar de complementarse, luchen por ver cuál de las dos instituciones elimina a la otra y se hace con el poder absoluto. Hoy, desde el 1 de mayo, cuando entró en vigor el Tratado de Amsterdam, el Parlamento tiene capacidad para votar al presidente de la Comisión, pero es esta última la que mantiene la iniciativa en el momento de proponer las leyes y vigila su aplicación por parte de los respectivos gobiernos de cada país.

Tanto en la Comisión Europea como en el Parlamento Europeo ha habido cambios aunque los más notables se han producido en la primera de ellas. La marejada empezó el ocho de enero, cuando el Parlamento acusó de corrupción a miembros de la Comisión Europea y propuso una moción de censura que no tuvo ninguna consecuencia. Más adelante, se confirmó la mala gestión de una ayuda de cien mil millones de pesetas destinados a Rusia y se cuestionaron los mecanismos de contratación y control del Ejecutivo comunitario. El 15 de marzo, los 19 comisarios y el presidente de la Comisión, Jacques Santer, dimitieron en bloque después de que un grupo de sabios designado por el Parlamento investigara la situación y culpara a la Comisión de todas las sospechas que se le imputaban.

Italia nombró a Prodi como candidato a la presidencia de la Comisión y éste fue votado y aprobado por el Parlamento el día 15 de mayo. Las rencillas de algunos países comunitarios como Francia y Alemania a la hora de designar a los 20 comisarios que la integran –20 comisarios además del presidente– y por su desacuerdo con el Parlamento ya que no querían ceder ante las exigencias de Prodi, que solicitaba las mismas competencias de un jefe de Estado, fueron desapareciendo a medida que este político italiano se fue afianzando al frente de la Comisión, que no había dejado de lado la crisis por corrupción que la dinamitó a principios de año.



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