Anuario 2002

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Asia Central
Asia Central
El año en que Estados Unidos se asentó en el patio trasero ruso, chino e iraní
Ignasi Castelló

El desembarco estadounidense en Asia Central, como consecuencia a la guerra en Afganistán, ha convulsionado una zona que se mantenía semiapartada del mundo. Las jóvenes repúblicas centroasiáticas han visto cómo, de un año al otro, se erigían en uno de los puntos claves de la geoestrategia global y en el terreno de “lucha” entre las mayores potencias mundiales.

Asia Central, cruce de caminos

El “gran juego” de la energía se acelera en 2002

La consolidación de la presencia militar norteamericana en las repúblicas ex soviéticas de Asia Central ha supuesto un cambio sustancial en el “Gran Juego“ para adueñarse de las únicas reservas energéticas del mundo que aún no han sido explotadas masivamente. Con la operación militar en Afganistán, EE.UU. ha aprovechado para firmar acuerdos de cooperación económica y militar con unos países que hasta el momento eran casi de exclusiva influencia rusa. Unos acuerdos difícilmente pensables sin el contexto de la operación antiterrorista global desencadenada tras el 11-S. A esta ofensiva militar y económica en Asia Central, la Federación Rusa ha respondido poniendo en marcha todo su aparato diplomático para no perder la influencia en un territorio considerado como su “patio traseo”.
A las bases militares en Afganistán, Uzbekistán y Tayikistán hay que unir la cesión de aeropuertos y del uso del espacio aéreo de Kazajstán y Kirguistán que permiten al Gobierno norteamericano tener una sólida situación para encarar la carrera por la explotación del subsuelo centroasiático, rico en gas y petróleo, y con una importancia geoestratégica muy relevante al ser el cruce de caminos entre Oriente Próximo y China, entre Rusia y el Océano Índico.
La lucha por las reservas energéticas de Asia Central fue uno de los puntos de colisión entre dos de los grandes imperios del siglo XIX, el ruso y el británico, en lo que se denominó “el Gran Juego”. “Juego” que se reanudó tras el colapso de la Unión Soviética y que permitió abrir una zona al mundo que permanecía aislada a Occidente desde la época estalinista. Con la caída del régimen comunista de Moscú, estas repúblicas, compuestas de población éticamente dispar y con distintas visiones del Islam, se enzarzaron en luchas de poder en la que los antiguos miembros de las elites comunistas -convenientemente transformados en nacionalistas, islamistas moderados, mezcla de ambas corrientes o en déspotas autócratas- se afianzaron en el poder y ...


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