Anuario 2002

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Asia gana protagonismo en la escena internacional
Ainhoa Martín

Las hipótesis que señalaban a Asia como futuro escenario de la política y de la economía mundial no se equivocaron. Durante este año se ha confirmado el liderazgo económico que China está ejerciendo sobre Asia, un papel que Japón no ha sabido mantener. La economía de mercado del país más poblado del mundo se acabó de abrir al comercio exterior a finales de 2001 con su entrada en la Organización Mundial del Comercio, y los balances de este primer año son los esperados: China mantiene su crecimiento económico con un PIB del 8%, ligeramente superior al crecimiento económico global de los países asiáticos, que se sitúa alrededor del 6%. Unos datos que sin duda demuestran que estos países están iniciando un proceso de reactivación económica importante. Asia está encontrando su papel en el mundo y explotando unos mercados casi vírgenes con ganas de consumir. De esta manera la economía asiática se puede llegar a convertir en la alternativa a la economía occidental, actualmente hegemónica. En este contexto de progreso y crecimiento económico, la nota disonante la pone Corea del Norte, con su reconocimiento en octubre de que estaba desarrollando un programa nuclear.

Durante este año China no sólo ha demostrado que es capaz de abrirse al comercio exterior manteniendo su crecimiento económico, sino además hemos sido testigos de la primera transición pacífica en el país. Tras el XVI Congreso del Partido Comunista Chino en noviembre, Hu Hintao fue elegido para sustituir a Ziang Zemin, que se queda al mando de la Comisión Militar, un órgano con un gran poder fáctico en China. Pero uno de los gestos más significativos fue la invitación a todos los capitalistas del país a alistarse en el partido comunista. Una situación sin duda paradójica pero que resume muy gráficamente la dicotomía que se da, sobretodo estos últimos años en China, y que explica muy bien la frase "un país dos sistemas". Es decir, China es políticamente comunista y económicamente tiene una economía de mercado que desde hace ya un año tiene sus fronteras totalmente abiertas al comercio exterior.

La todavía segunda economía asiática, Japón,continúa luchando para salir de una crisis que arrastra desde hace 10 años. El primer ministro, Junichiro Koizumi, parecía que iba a ser quien rescataría al país del agujero donde se ha hundido pero, a pesar de las reformas que ha hecho en el seno del Gobierno cambiando a siete ministros y de las medidas económicas que ha tomado este último año no han sido capaz de reactivar la economía nipona. Un modelo económico que había sido el motor de Asia y que ahora es incapaz de reponerse de esta crisis.

Mientras tanto, Corea del Sur, espectacularmente recuperada de la enorme crisis económica que la sacudió en 1997, se perfila como una nueva potencia que arde en deseos de prosperar, igual que Taiwán, que, a pesar de sus diferencias políticas y sus movimientos independentistas, busca la cooperación económica con su enemiga política, China, ya que representa un mercado demasiado grande para desaprovechar.

¿Qué papel juega Corea del Norte en este panorama?Parecía que el 2002 sería también para el régimen de Pyongyang un año de novedades, reformas y cierta liberalización, y de hecho Kim Jong II inició en julio pequeñas reformas que auguraban una progresiva apertura en este régimen estalinista. Pero Corea del Norte parece condenada a ser el punto de desestabilización en la zona. En octubre, el régimen de Pyongyang reconocía ante la comunidad internacional que estaba desarrollando un programa nuclear de producción de uranio enriquecido (material fundamental para la construcción de armas atómicas). El final del 2002 se caracterizó precisamente por un tira y afloja entre las provocaciones de Corea del Norte y la voluntad de diálogo de Washington, que contrasta con el unilateralismo que trata a Irak. Corea del Norte se ha quedado sin aliados, Rusia y China apoyan junto con Japón y Corea del Sur la desnuclearización de Corea del Norte en lo que parece una obra teatral en la que todos los protagonistas ya conocen el final.


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