Anuario 2002
Cono Sur
"El cono sur, en crisis"
Míriam Nadal

Los países del Cono Sur, y en general toda América Latina, se enfrentan a una crisis económica sin precedentes. Los Estados Unidos, con la aprobación del “fast track”, apuestan por el relanzamiento del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Esto supone que los países de la región latinoamericana deben replantearse el proyecto del Mercosur.
El continente suramericano está en crisis. El colapso argentino es el inicio de una reacción en cadena que ya está demostrando sus efectos. Uruguay, la “Suiza” de Suramérica, está a punto de quebrar (los ciudadanos retiran el dinero de los bancos por miedo a perder sus ahorros.) Brasil, la otra economía fuerte en relación con el dólar, ha devaluado la moneda a un nivel similar al de Argentina. Paraguay, un país con serios problemas políticos sin resolver, se encuentra también en crisis. De todos los países del continente latinoamericano, Chile es el que presenta menos signos de contagio de la crisis argentina: de momento, ha conseguido casi “aislarse” pero eso no garantiza que sea un país inmunizado.

América Latina se encuentra sumida en una profunda y complicada crisis. El 43% de la población es pobre y el PIB de la región ha disminuido un 0,8 este año.

Con los Estados Unidos interesados en resolver su “contencioso” con Irak y en acabar con el “terrorismo internacional”, América Latina se siente desprotegida y profundamente atrapada en el caos.

Con Argentina hundida en una crisis sin precedentes, los latinoamericanos iniciaron el 2002 con incertidumbre y con serios interrogantes sobre la política de apertura económica de los 90. El recuerdo de la “década perdida” de los 80 es ahora muy presente. Entonces los índices de bienestar de los ciudadanos y la región padecieron importantes retrocesos. Después, con el llamado Consenso de Washington, se aplicó un ajuste macroeconómico en la zona que cambió algunas tendencias pero no las reformas necesarias para redistribuir la renta y la riqueza. El liberalismo de los 90 mejoró el funcionamiento de los servicios, las infrastructuras y la banca privatizados, pero no contribuyó al bienestar de la mayoría.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), un organismo de las Naciones Unidas con sede en Santiago de Chile, publica, en su balance del 2002, datos preocupantes: se estima que su actividad productiva ha bajado un 0,5%; por segundo año consecutivo el producto interior bruto (PIB) por habitante se reducirá un 1,9% por habitante de media; la pobreza suma siete millones de habitantes más en la zona; el desempleo ha crecido de un 8,4% a un 9,1%; los sueldos han caído de media un 1,5% y la economía sumergida ha crecido. A estos índices se les debe sumar factores sociopolíticos que desestabilizan la zona.

Según la CEPAL, las políticas monetarias y fiscales que se aplican a la mayoría de países de la región hacen aumentar los impactos de un escenario político adverso que confirma la pérdida de decisión de estos países sobre sus economías.

Con todo, la Comisión apunta que a partir del segundo trimestre del 2002, se está produciendo una incipiente recuperación económica, que se ha concretado en los últimos tres meses (octubre, noviembre y diciembre del 2002). América Latina crecerá un 1,6% más que el mismo periodo del 2001; y de hecho, la depresión argentina se ha frenado.

Con este escenario, el populismo tiene más posibilidades de triunfar en la región. Diferentes gobiernos democráticos de esta parte de América Latina atraviesan una crisis de confianza y están seriamente desacreditados por el aumento de la pobreza y desempleo en la mayoría de países, y por las insistentes demandas de la población que piden que se renueve y regenere la clase política. De hecho, la victoria del líder del Partido de los Trabajadores, (PT) Lula da Silva, en las elecciones presidenciales en el Brasil, ha sido, junto a la situación argentina, el acontecimiento más relevante del 2002. Inácio Lula da Silva encara un nuevo izquierdismo: menos demagógico y más sensible que el populismo; y sin tics autoritarios. Pero veremos si el nuevo presidente electo del Brasil será capaz de gobernar un país con dimensiones de continente con una deuda externa de 230.000 millones de dólares, el 60% del PIB. Un izquierdismo, el de Lula, que parece diferente al populismo del coronel Gutiérrez en el Ecuador o el del propio Hugo Chávez en Venezuela; un país que en estos momentos vive una tensa situación: la huelga general parece no tener fin. Los opositores al presidente Chávez y los Estados Unidos piden la celebración de elecciones; en Colombia, la mayor dificultad continua siendo la violencia. Y es que no sólo los líderes políticos del Cono Sur están desacreditados; es una situación general en América Latina. La elección de Álvaro Uribe como sustituto de Andrés Pastrana, tampoco ha hecho cesar el conflicto con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias.)

De momento, la crisis argentina ha atrapado a dos países menores, Uruguay y Paraguay; después de los comicios, Brasil está a la expectativa: Será Lula capaz de estabilizar el país?; en Chile la coalición gobernante vive una crisis por asuntos de corrupción; la región centroamericana continua estancada, y Méjico parece ser el país que vive “en mejor situación” gracias a los acuerdos suscritos con los Estados Unidos y Canadá.

Argentina inició el 2002 sin financiamiento interno ni externo para solucionar la crisis y enfrentada con el mundo financiero por haber decretado la quiebra más cuantiosa de la historia económica mundial (132.000 millones de dólares). Además, el actual Gobierno de Duhalde tiene una legitimidad cuestionada, porque no fue escogido en unas elecciones sino que fue designado a dedo por la Asamblea Legislativa. La reacción de los ciudadanos y la mayor crisis económica de la historia argentina provocan que la situación sea prácticamente insostenible. La negociación siempre empantanada con el FMI y con el Gobierno de los Estados Unidos, incrementa el malestar que reina en el país.

En este contexto de crisis en Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, entraron en crisis. La economía real de Uruguay acusó el golpe de la parálisis productiva argentina y también de su propio sistema bancario. Brasil empezó a perder sus reservas, lo que provocó una devaluación de su moneda por distintas razones: algunos analistas apuntan como causa, la incertidumbre antes de los comicios a la presidencia celebrados en el último trimestre del año; por otros, una consecuencia inevitable de la crisis argentina. Los especialistas y diplomáticos que sostienen la “tesis del contagio” subrayan que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Gobierno de los Estados Unidos se equivocaron cuando imaginaron que la debacle argentina no tendría efectos en la región. Inmediatamente después que estallará la crisis, el Gobierno argentino buscó un acuerdo regional para negociar con los organismos internacionales y con los Estados Unidos. Los otros países que integran el Mercosur (Brasil, Paraguay y Uruguay) dieron apoyo público a Argentina, pero individualmente empezaron a negociar en solitario. Algunos analistas apuntan que los países optaron por esta solución porque la situación de cada país era diferente. Tanto Uruguay como Brasil, por ejemplo, tenían un crédito disponible con el FMI, que les permitía aspirar al financiamiento que posteriormente obtuvieron. En cambio, Argentina, es uno de los deudores más importantes del FMI. Argentina declaró un default, una quiebra, mientras los otros países se mantenían en la “legalidad de los cumplidores”.

Visto así, que los países del Cono Sur optaran por diferenciarse de Argentina era una actitud “razonable”. Un ejemplo de este alejamiento es el intento de coordinación entre los gobiernos latinoamericanos planteado por el Ministro de Relaciones Exteriores argentino, Carlos Ruckauf, que no prosperó. Los países dieron muestras de solidaridad política, como sucedió en la reunión entre el Mercosur y la Unión Europea en Madrid este 2002; pero no se coordinaron esfuerzos. Según Jorge Hugo Herrera Vega, subsecretario de Integración Regional del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino, como los países del Cono Sur no forman un organismo supranacional que les represente, el FMI no quiere negociar en bloque: hay demasiadas diferencias entre los países. Las crisis tienden al unilaterialismo; y el perfil de los posibles negociadores también es fundamental: los líderes latinoamericanos son vistos con reticencias por los organismos internacionales y Occidente en general, porque no tienen suficiente poder ni liderazgo para plantear un proyecto colectivo. Estas notables dificultades para entenderse no son nuevas: las conoció Simón Bolívar con su ideal de forjar una patria latinoamericana, y también durante la década de los 80, los países negociaron por separado su deuda externa.

Los analistas políticos también apuntan que el 2002 muestra como el Cono Sur, y también toda América Latina, ha perdido libertad para controlar su economía. Los ciudadanos han visto crecer la pobreza, el desempleo y la economía sumergida, y por segundo año consecutivo han caído los sueldos considerablemente. La región camina sin paso firme: obligada a la disciplina fiscal y a los recortes presupuestarios, y esclavizada por su deuda externa. El ejemplo argentino es el más elocuente.

Argentina, que era el modelo de la nueva economía neoliberal según el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los Estados Unidos, no aguantó el ritmo de los mercados y eso, le ha llevado al colapso. Algunos culpan al ex presidente Menem de la situación; otros a la mala administración de fondos destinados a cada una de las provincias argentinas; también hay quien responsabiliza al FMI y a los capitales especuladores… Y es que no hay una única causa que explique el colapso argentino.

Según el profesor de finanzas y economía de la Universidad de Columbia (EUA) y premio Nobel el 2001, Joseph Stiglitz, la cuestión es que el FMI no ha aconsejado bien a Argentina. Apunta que “si los Estados Unidos hubieran padecido una debacle, todos estarían de acuerdo que un estímulo financiero era la solución. ¿Porque el FMI aplica lo contrario, una política de contracción fiscal? ¿Es la indicada para que el país latinoamericano salga de la crisis?”. Otro aspecto que destaca Stiglitz es que tanto europeos como americanos predican el libre comercio, y por el contrario, tienen sus mercados cerrados a los productos agrícolas suramericanos, y sobre todo a los argentinos. El proteccionismo de la agricultura norteamericana, es un obstáculo para llegar a acuerdos en el marco del ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas). Un proteccionismo consolidado por la política de George Bush jr. que ha eliminado la posibilidad de exportaciones competitivas por parte de países como Argentina. Es decir, si una mejora de la crisis latinoamericana seria que el mercado norteamericano permitiera el acceso de los productos suramericanos, de momento es una medida que Bush i sus halcones no contemplan. Los países latinoamericanos recibirían divisas sin pedir préstamos que no pueden pagar.


El ALCA, ¿un intento de neocolonialismo?


La movilización de la sociedad civil en Quito, Ecuador, durante la séptima reunión de ministros de Comercio del continente americano (octubre del 2002), refleja la preocupación de todo el continente por el freno del proyecto del ALCA, el tratado de libre comercio de las Américas. Interesado en ampliar su área de influencia, el Gobierno de los Estados Unidos ha acelerado las negociaciones para conseguir un acuerdo de libre comercio (TLC) con los países de Centroamérica. El Congreso norteamericano ha autorizado a Bush para que utilice la vía rápida (fast track) en la negociación, y en enero del 2003 se organizarán formalmente los encuentros entre los líderes de los países centroamericanos y el Ejecutivo de Bush. Estados Unidos ven en este primero acuerdo con Centroamérica, un primero paso para reactivar el ALCA. Ante la enorme crisis económica, social y política que atraviesa Suramérica, el Gobierno de Bush buscar acuerdos concretos con países para reactivar el proyecto de libre comercio de las Américas. La aprobación de la vía rápida, en medio de las dificultades en el hemisferio, evidencia la inminente suscripción del tratado porque interesa a los Estados Unidos y porque no hay una alternativa para la supervivencia de Suramérica. Obviamente, el interés de EE.UU. no sólo se encuentra en los beneficios de la apertura de la área a su mercado, sino que más bien es para cuestiones más estratégicas: ampliando su zona de libre comercio, se situarían en puntos geoestratégicos tanto en el océano Atlántico como en el Pacífico. Y además, los norteamericanos tendrían a su disposición una gran diversidad de recursos naturales. El comercio agrícola es el principal obstáculo para que el ALCA, el acuerdo de libre comercio de las Américas, avance. Es el punto dónde los Estados Unidos por una parte, y los países con una potente agricultura como Brasil y Argentina, discrepan. Hay un “divorcio” entre los intereses de unos y otros que pone en peligro el proyecto de el ALCA previsto para el 2005 . La propuesta de una área de libre comercio fue impulsada por Bill Clinton en diciembre de 1994, en la primera cumbre de las Américas, celebrada en Miami. Pero desde entonces, han sido muchas las dificultades con qué se ha encontrado este proyecto. En invierno de 1994, los jefes de Estado y de Gobierno de las 34 democracias de la región acordaron el establecimiento de esta área dónde progresivamente se eliminarán las barreras al comercio. Estas decisiones se tomaron en el marco de la Declaración de Principios y Plan de Acción de la Cumbre de Miami. Durante la fase de preparación del ALCA se han celebrado cuatro encuentros ministeriales: el primero en junio de 1995 en Denver; el segundo en marzo de 1996 en Cartagena (Colombia), el tercero en mayo de 1997 en Belo Horizonte (Brasil) y el cuarto, en marzo de 1998, en San José (Costa Rica). Las negociaciones del ALCA se lanzaron formalmente a partir de este último encuentro en Costa Rica: los ministros recomendaron a los jefes de Estado el inicio de las negociaciones y establecieron la estructura, los principios y los objetivos del ALCA. En el mes de abril de 1998, durante la Segunda Cumbre de las Américas en Santiago de Chile, los dirigentes acordaron que el proceso sería transparente y que se tendrían en cuenta las diferencias en los niveles de desarrollo y de tamaño de las economías en las Américas, con el objetivo de facilitar la participación activa de todos los países. En la penúltima reunión, en abril del 2001, en el Québec (Canadá), los presidentes ratificaron el 2005 como fecha de entrada en vigor del ALCA, una zona con más de 800 millones de habitantes. Pero las intenciones expresadas en el Canadá no han tenido continuidad. Los Estados Unidos han adoptado una serie de medidas proteccionistas que han cerrado el mercado norteamericano a productos latinoamericanos: se ha producido el aumento de los aranceles de importación a 510 productos comerciales sensibles “sobre los cuales no hay posibilidad de acuerdo”, según los principales mandatarios latinoamericanos. Los productos en cuestión son el acero, el zumo de naranja, el alcohol, el azúcar, la carne y el tabaco, principalmente. En este sentido, Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente electo del Brasil, apunta que “es inadmisible” el ALCA como lo plantea los Estados Unidos. El brasileño cree que es un proceso de anexión económica más que un acuerdo de libre comercio. Pero Lula debe tener presente que los EE.UU. son los mayores importadores del mundo, donde llegan el 25% de las exportaciones brasileñas. La inversión directa de los Estados Unidos en Brasil ha pasado de 19.000 millones de dólares en 1994 a 40.000 millones en la actualidad, la mitad del total que invierte a Suramérica. Junto con Venezuela, Brasil es el país más reticente al proyecto. Como se propone en la actualidad, el ALCA es un proceso de articulación que genera subordinación. La evidente asimetría entre los países que lo conforman, hace difícil de imaginar la suscripción de un tratado de libre comercio como el que subscribieron los EE.UU., Canadá y México. La actual configuración del ALCA está claramente inspirada en el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN): una iniciativa sólo económica, y específicamente comercial, sin contraprestaciones políticas. No tiene dimensión política o cultural. El caso del TLCAN es ilustrativo: los ciudadanos mexicanos continúan necesitando pasaporte y visado para viajar a los EE.UU. y no hay una política productiva común acordada entre los tres países. El acuerdo del ALCA es asimétrico porque las naciones de América Latina y el Caribe tendrán que reducir sus aranceles y protecciones, que ya son bajas, sin saber cuáles serán las contrapartidas de EE.UU. y Canadá en aspectos claves como la agroalimentación. La asimetría se mantiene cuando Washington pretende conservar sus mecanismos antidumping (leyes sobre las prácticas desleales en el comercio internacional) o ampliar sus exigencias en las patentes. Si se sigue el ejemplo del TLCAN, se otorgará mucha libertad a las empresas multinacionales, y su flujo de capitales hará recortar la soberanía de cada país para regularlas. Se impondrá una nueva manera de generar reglas y normas: las empresas transnacionales quedarán desvinculadas de su país de origen y se producirá una erosión del concepto Estado-Nación. El ALCA es una imposición de EE.UU. sobre las naciones latinoamericanas. El proyecto es visto con recelos por parte de los partidos de izquierdas y movimientos sindicales suramericanos, que ven el ALCA como un neocolonialismo: Es un plan diseñado por los sectores empresariales y gubernamentales de los Estados Unidos para ampliar y reforzar su dominio sobre los pueblos y países del hemisferio. Creen que sí el Tratado entra en vigor el 2005, la soberanía de los países y pueblos quedará seriamente comprometida, con impactos negativos no sólo en la economía y el comercio; también en las condiciones de trabajo, el desarrollo social y cultural y el medio ambiente. Es decir, las propuestas actuales del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas no garantizan que el entendimiento comercial sirva para conseguir mejoras en las perspectivas económicas de Suramérica porque se privilegia el crecimiento económico de las empresas multinacionales por delante de las necesidades humanas básicas. Para llevar a cabo las negociaciones del ALCA se han conformado nueve grupos permanentes sobre nueve ámbitos: el acceso a los mercados; servicios; inversión; compras del sector público; resolución de conflictos; agricultura; derechos de la propiedad intelectual; subsidios, antidumping y derechos compensatorios y política de competencia. En cada grupo participa un delegado oficial de cada país, pero el gobierno de Bush controla las negociaciones. A parte de estos grupos, hay tres comités y diferentes departamentos específicos. Los intentos de cooperación desarrollados hasta ahora, especialmente en Suramérica no han prosperado por las deficiencias y limitaciones de los propios países integrantes. El Mercosur, por ejemplo, se encuentra realmente afectado por la crisis argentina, y los otros intentos de integración económica como la Comunidad Andina de Naciones, el Mercado Común Centroamericano y el CARICOM no tienen la fuerza ni la capacidad de influencia necesaria para cambiar aspectos trascendentales como el comercio. Según el presidente electo del Brasil, Lula da Silva, sin la articulación de un bloque sólido a Suramérica, es imposible paliar los principales problemas de la zona. Líderes de opinión latinoamericanos apoyan esta idea de Lula, y ven en las alianzas estratégicas la solución a la recesión económica de la región; y apuntan algunos interrogantes que plantea el ALCA. Sí entra en vigor el acuerdo, se deberá observar cómo se tratará la deuda de los países suramericanos, cómo se protegerán las plantas productivas y los sitios de trabajo y cómo se asegurará que los Estados puedan cumplir con sus obligaciones en cuestiones como la salud, la educación y la protección del medio ambiente. Pero en especial falta ver qué medidas concretas tomará el gobierno de Bush para no favorecer el comercio desleal de los productos agrícolas beneficiados con subsidios estatales.


 


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