Anuario 2003
Unión Europea
"El principio (o el fin) de la nueva Unión Europea"
Cristina Collado

La Unión Europea (UE) ha vivido en este año 2003 uno de los episodios más importantes desde su fundación, en mayo de 1957. La Europa de los Quince –Francia, Alemania, Luxemburgo, Italia, Bélgica, Holanda, Reino Unido, Irlanda, Finlandia, Grecia, España, Portugal, Suecia, Dinamarca y Austria– ampliará su número de miembros en mayo de 2004 con la entrada de diez socios más: Polonia, Eslovaquia, Eslovenia, Lituania, Letonia, Estonia, Malta, Chipre, República Checa y Hungría. Esa Europa de 25 miembros ha sufrido durante este año la mayor de sus fisuras, ya que algunos países se han alineado en bloques contrarios a propósito de temas controvertidos como la guerra de Irak y la posterior reconstrucción del país, la elaboración de la primera Constitución Europea o la muerte del Pacto de Estabilidad.
Uno de los principales bloques lo han formado Francia y Alemania æcon la compañía de Bélgica y Luxemburgo, normalmenteæ, que este año 2003 se han llevado a las mil maravillas y han pretendido que el fortalecimiento de su relación les llevara a tener también un papel más fuerte dentro del seno de la UE. Ambos países han celebrado, a principios de año, el 40 aniversario del Tratado del Elíseo, conmemorando el 22 de enero de 1963, cuando los entonces presidente francés y canciller alemán, Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, respectivamente, sellaron oficialmente la reconciliación entre las dos naciones, después de años de enfrentamientos. Esta buena relación les ha llevado a hacer reuniones conjuntas, a unir ideas en temas como la Europa de la Defensa, la aceptación del borrador de la futura Constitución de la UE, e incluso llegaron a sugerir la posibilidad de unir sus políticas. La existencia de esta amistad quedó patente en la escenificación que tuvo lugar el 17 de octubre, cuando el presidente francés, Jacques Chirac, hizo historia en la Unión al acudir a la segunda sesión de la Conferencia Intergubernamental (CIG) como “portavoz” de su homólogo alemán, Gerhard Schröder æque no pudo estar presente porque debía atender una cita muy importante en el Bundestagæ. Esta bonita estampa franco-germana les ha hecho más fuertes y les ha llevado a creerse los encargados de llevar las riendas de la Unión. Esta fuerza ha quedado demostrada en la reunión del Ecofin æConsejo de Ministros de Economía y Finanzasæ que se celebró en noviembre, y en la que se debía analizar el incumplimiento por parte de Francia y Alemania del Pacto de Estabilidad aprobado por la UE. A ambos países les fueron perdonadas las sanciones.

Estas diferencias entre los Quince, a las puertas de la mayor ampliación de su historia, ha abierto el debate sobre si es el mejor momento para que la Unión cargue con el peso que supondrán los nuevos miembros, que son, en su mayoría, países pequeños –el único más grande es Polonia, que cuenta con un volumen de población próximo al de España, de unos cuarenta millones de habitantes_ o si es recomendable que la UE solucione primero los problemas y diferencias que subyacen tras la bandera azul.

Resulta ya prácticamente inevitable que la Unión Europea incorpore a los diez nuevos países. En abril de este año se firmó en Atenas –ya que la presidenta de turno en el primer semestre de 2003 ha sido Grecia_ el Tratado de Adhesión _previa aceptación del Parlamento Europeo_ en el que se aprobaba oficialmente su incorporación. Con la llegada de la decena de Estados miembro se corre el riesgo de que se pierda el mensaje de pertenecer a un mismo conjunto europeo, que es la UE. Muchos de los que entran son miembros de la OTAN æy muchos se consideran más proatlánticos que proeuropeosæ por lo que parece difícil que pueda alcanzerse ese sentimiento común de pertenecer a un todo que ni siquiera se ha conseguido ahora con los Quince.

Uno de los principales puntos de fricción en el seno de la UE ha sido la guerra de Irak. La Unión se ha dividido en dos bloques bien diferenciados. Por un lado, el Reino Unido y España han ofrecido un apoyo ciego a Bush en su afán por acabar con Sadam Hussein, o más bien, por hacerse con el control de esa zona de Oriente Próximo (según deja al descubierto su insistencia en permanecer en Irak, dejando en un impasse cuándo devolverán el poder a los iraquíes). Frente a ellos, Alemania y Francia, secundados por Bélgica y Luxemburgo, se han opuesto rotundamente a la guerra, argumentando que era necesario dar más tiempo a los inspectores para buscar las armas de destrucción masiva, o defendiendo que la ONU debía tener un papel mucho más importante que el que Estados Unidos le estaba otorgando. Estos dos bloques, sin embargo, vieron diluidas sus diferencias una vez que la guerra finalizó. Estados Unidos reclamó una nueva resolución de la ONU para que instara al apoyo internacional con soldados y con ayudas económicas para llevar a cabo la reconstrucción de Irak, que está resultando ser mucho más cruenta que la propia guerra. Frente a la última resolución de la ONU, Francia y Alemania volvieron a mostrarse en contra, como habían hecho con todas las anteriores, pero esta vez fueron suavizando su postura hasta llegar a aceptarla, lo que fue un paso en pro del entendimiento y la reconciliación.

El eje París-Berlín y Londres, que han sido polos opuestos durante el conflicto bélico en Irak, dejaron a un lado sus diferencias y se reunieron, a mediados de septiembre en Berlín, sin invitar a Italia, lo que no le sentó muy bien a Berlusconi, que por entonces era el presidente de turno de la UE. La excusa de la minicumbre era debatir el futuro plan de acción en Irak y la creación de una Europa de la defensa. Esta propuesta, sin embargo, no ha sido fácil que la aceptara el Reino Unido ya que no quería dar al visto bueno a ninguna organización que pudiera hacer sombra a la OTAN. Todo empezó cuando el primer ministro belga, Guy Verhofstadt, impulsó el debate sobre esa posible Europa de la defensa. A finales de abril, se reunieron, en una minicumbre, Verhofatadt, Jacques Chirac, Gerhard Schröder y el primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, para discutir esta propuesta. El Reino Unido mostró su total disconformidad. Las negociaciones quedaron en el aire, hasta que en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que tuvo lugar en Tesalónica, Grecia, el 19 y 20 de junio, el representante de Asuntos Exteriores europeo, Javier Solana, empezó a estudiar la idea de crear un cuartel general europeo. Esta fue una de las pocas ideas que la UE rescató de la minicumbre de belgas, franceses, alemanes y luxemburgueses. Solana presentó un documento, titulado “Una Europa segura en un mundo mejor”, donde se especificaban las principales amenazas a las que estaba expuesta Europa: el terrorismo internacional, las armas de destrucción masiva, etcétera. El documento ha sido criticado por los antiglobalización y los euroescépticos. En septiembre, en la cumbre celebrada en Berlín entre Blair, Schröder y Chirac, Gran Bretaña seguía negándose a aceptar la creación de un cuartel general autónomo de la OTAN. A pesar de las reticencias, la Unión Europea ha dado el primer paso hacia esta Europa de a Defensa. A mediados de noviembre, la UE aprobó la creación, en 2004, de una agencia del armamento, la Agencia Europea del Armamento, que tendrá su sede en Bruselas y será controlado por los ministros de Defensa de la Unión. Esta agencia coordinará las políticas de producción, investigación, compras y exportaciones de armamento de los países miembro. Con esta nueva agencia æefectiva para la segunda mitad del año 2004æ se espera fomentar la producción de armas en fábricas europeas en vez de proveerse tanto, como hasta ahora, del otro lado del Atlántico. La agencia, además, deberá coordinar mejor los esfuerzos de cada Gobierno para modernizar el ejército, de manera que las armas de los distintos países sean compatibles. Por otro lado, la nueva organización identificará las áreas más importantes donde sería necesario concentrar los presupuestos de Defensa. De esta manera, pretenden hacer más eficientes los gastos de defensa de los europeos. Con esta nueva agencia, la UE ha plantado el esbozo de una célula de planificación operativa independiente de la OTAN. En temas de defensa, la Unión considera que las negociaciones han sido un éxito, a pesar de que no se han conseguido desatar de las riendas de la OTAN las llamadas “cooperaciones estructuradas”, que son los mecanismos mediante los cuales un grupo de países miembro pueden decidir ir más allá en planes más avanzados de defensa. Esta, junto con la defensa mutua, son dos propuestas que continuarán sujetas a las doctrinas de la OTAN, según decidieron en mayoría los Gobiernos de los Estados miembro.

Pero esta no ha sido la única discusión que ha tenido lugar en el seno de la UE. De hecho, ha habido un tema mucho más importante que marcará el futuro de la Unión. Se trata de la elaboración de la primera Constitución Europea, conjunto de normas que regulará la vida de los 25 países de la UE. El ex presidente francés Valery Giscard D’Estaing fue el nominado, en febrero de 2002, para dirigir la Convención æformada por 105 miembrosæ encargada de elaborar un primer esbozo sobre la futura Carta Magna de Europa. El proyecto definitivo se finalizó a principios de junio, después de 16 meses de trabajo, y fue presentado oficialmente el 16 de julio, ante los jefes de Estado y de Gobierno de la UE, en el Palacio Chigi, en Roma, por su “padre”, Giscard D’Estaing.

El proyecto de Constitución ofrece algunas diferencias sustanciales en comparación con el último tratado europeo, el de Niza (2001). Entre las principales variaciones se halla el hecho de que este borrador propone dar más peso a los países grandes en el seno de las instituciones europeas, tales como el Consejo Europeo o la Comisión. Esta última, según viene especificado en el texto, no podrá estar compuesta por más de 15 miembros a partir de 2009, con lo que se espera que este órgano sea más eficaz, aunque vaya en detrimento de los pequeños países. Los Estados que no tengan comisarios, contarán con la presencia de un comisario delegado pero sin derecho a voto. El Consejo Europeo, por su parte, adquirirá un papel más importante para poder llevar las riendas de Europa. Además, Giscard propone un presidente permanente de la UE, que sería el presidente del Consejo. Éste tendrá un mandato de dos años y medio y podrá renovar su cargo sólo una vez. Además, esta figura debería dejar los poderes que ostente en su país para dedicarse íntegramente a la UE. Los partidarios de que sean los Estados los que tengan un mayor peso están a favor de esta figura del presidente del Consejo. Los partidarios, por el contrario, de una Europa federalista prefieren que se refuerce el actual presidente de la Comisión, que, para ellos, es el verdadero poder ejecutivo.

El borrador de la Constitución también introduce una nueva figura: el ministro de Exteriores europeo, que dependerá del Consejo y de la Comisión. Este ministro habrá de ser elegido por unanimidad de todos los Estados miembro. Pero el tema que ha despertado mayor discusión ha sido el del reparto de poder en el Consejo de Ministros. El texto establece un sistema de representación estrictamente correspondiente con la población, lo que da ventaja a los cuatro grandes, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, pero perjudica a algunos países medianos y pequeños. De éstos, los dos que se han quedado solos en sus quejas han sido España y Polonia, que con el Tratado de Niza æen el caso de España, porque Polonia aún no pertenecía a la UEæ tenía prácticamente la misma voz que los grandes, ya que contaba con 27 votos, sólo dos menos que países que le doblaban la población, como Alemania æque tenía 29 votos y alrededor de los 80 millones de habitantesæ. El borrador de la futura Constitución, sin embargo, defiende un reparto de poder que fijará, a partir de 2009, la mayoría cualificada en una mayoría de Estados que representen el 60% de la población de la UE y el 50% de los Estados miembro. Esto hace que Francia y Alemania cuenten con un amplio peso en las decisiones que se voten en el Consejo de Ministros, mientras que España y Polonia, junto con todos los demás Estados pequeños y medianos, deben reunir el 40% de la población para poder vetar alguna de las decisiones que se tomen. Es por esa razón que estos países piden un reparto que fije la mayoría cualificada en un 66% de la población y un 56% de los Estados, para que, de esta manera, ellos sólo necesiten reunir el 34% de la población. La última cumbre, celebrada el 12 y 13 de diciembre, era la fecha en que se debería haber cerrado este difícil capítulo sobre el reparto de poder, pero las negociaciones se cerraron con el aplazamiento de las negociaciones para el año 2004.

A pesar de las negativas de algunos países a aceptar según qué premisas de la futura Constitución, un gran número de países, encabezados por los grandes como Francia o Alemania, han mostrado desde un primer momento su apoyo al texto elaborado por Giscard D’Estaing. El 4 de octubre de 2003 tuvo lugar la primera reunión de la llamada Conferencia Intergubernamental (CIG), que es una reunión entre todos los dirigentes europeos para debatir el proyecto de la futura Constitución. Giscard æprevia recomendación de no variar mucho su “obra de arte” porque perdería la esencia que a la Convención le ha costado 16 meses encontraræ pasó el relevo al presidente de turno del segundo semestre de 2003, Silvio Berlusconi. Il Cavaliere esperaba poder cumplir con el apretado calendario de reuniones que había propuesto para llegar a un consenso sobre el borrador a finales de diciembre, es decir, durante la presidencia italiana para, de esta manera, poder colgarse la medalla de que había coordinado una operación tan importante para la historia de la Unión Europea. Pero viendo los pocos avances que se consiguieron en la última reunión europea antes de la cumbre definitiva de mediados de diciembre, el cónclave de ministros de Exterior que se celebró en Nápoles los días 28 y 29 de noviembre, el actual presidente de la UE empezó a asumir que no vería aprobado el texto durante se presidencia. El tema que continuó quedando candente después de Nápoles æpresagio de lo que pasaría sólo tres semanas después en la última reunión, en Bruselasæ fue el polémico reparto de poder en el Consejo de Ministros.

Tras un año de reuniones entre los dirigentes de la Unión Europea, al proyecto de Constitución Europea aún le queda más de un repaso. Giscard D’Estaing ha expresado su deseo de que la firma se haga efectiva el Día de Europa, el 9 de mayo, que conmemora el nacimiento de la Unión Europea. Un deseo un poco aventurado si se tiene en cuenta las dificultades con las que se han encontrado los Estados miembro para llegar a un acuerdo æque aún no es total y definitivoæ.



Pacto de Estabilidad y Crecimiento

Francia y Alemania han vivido este año una jornada que pasará a la historia de la Unión Europea. Los dos grandes de la UE, alemanes y franceses, consiguieron que el Consejo de Ministros de Economía y Finanzas celebrado a finales de noviembre, el Ecofin, les perdonara las sanciones que les deberían haber sido impuestas por incumplir el Pacto de Estabilidad de la UE. Esta decisión abrió el debate sobre la salud del Pacto y, al mismo tiempo, sobre el papel enfrentado y no complementario que juegan la Comisión Europea y el Consejo de Ministros.

Francia y Alemania han incumplido por tercer año consecutivo el Pacto de Estabilidad y Crecimiento pactado por los países de la eurozona en 1997 (en el Consejo de Amsterdam). Este pacto fija el déficit público en un máximo de un 3% del PIB. Francia y Alemania han acabado este año en torno al 4,2% del PIB. Paradójicamente, fue un ministro de Finanzas alemán, Theo Waigel, quien llevó las riendas de la creación de tal acuerdo en 1997 _con el apoyo de Francia_ y que además insistió en la aplicación de fuertes sanciones para aquellos estados más débiles que querían incorporarse a la moneda única y que, según los alemanes, podrían desestabilizar el equilibrio financiero de la eurozona. Alemania pensaba entonces en países como Italia, España, o Portugal. Estos dos últimos se han sacrificado, en este año 2003, para cumplir con el límite establecido en el pacto. Italia, por su parte, ha incumplido también el Pacto de Estabilidad, lo que ha podido influir para que votara a favor de perdonar las sanciones a alemanes y franceses, viéndose él mismo como el siguiente en pasar el juicio de los socios europeos.

Pero la realidad dio un giro. Fueron los grandes de la Unión Europea los que vieron cómo sus déficit públicos superaban el máximo permitido por la UE. Por esa trasgresión iban a ser sancionados con el 0,5% del PIB y, además, iban a ser obligados a presentar a la Unión informes sobre sus presupuestos, para comprobar si las políticas económicas que estaban aplicando iban encaminadas a reducir su déficit público. Francia y Alemania, sin embargo, no estaban dispuestas a pasar por esa situación “humillante”, según la calificaban ambos. Por ello se esforzaron, utilizando su poder como países más grandes de la UE, para convencer a los demás de que unas sanciones de ese tipo no harían más que perjudicar el crecimiento, sobre todo cuando, ya a mediados de este año, habían empezado a mostrar signos de mejora, principalmente Alemania, que en el último trimestre del 2003 había llegado a un crecimiento del 0,2%, mientras que Francia, de momento, no había ofrecido pruebas de que su economía estaba creciendo, aunque sí había podido defender que en 2004 rebajará su déficit público en un 0,6%. Franceses y alemanes han defendido que es posible contar con un exceso de déficit público si con ello se mejora el crecimiento de la economía del país. Si el Pacto se conoce como “de Estabilidad y Crecimiento”, Alemania y Francia defendieron su cumplimiento de la segunda parte.

Estos argumentos convencieron a más de uno en la reunión del Ecofin. Tras dos días de reunión _24 y 25 de noviembre_ seis países votaron a favor de suspender las multas a los dos transgresores: Italia, Irlanda, Portugal, Grecia, Luxemburgo y Bélgica. La decisión de Portugal puede sorprender, ya que han tenido que trabajar duro para conseguir mantenerse bajo los límites que marca el Pacto. Pero, por otro lado, París y Berlín son los principales destinatarios de las exportaciones portuguesas, lo que le ha podido llevar a Portugal a pensar que si facilitaba la mejora de las economías francesa y alemana, mejoraría la suya propia.

A pesar de estos argumentos, hubo cuatro países que votaron en contra de perdonar las sanciones: España, Austria, Finlandia y Holanda. Estos veían la ruptura del Pacto como una puñalada contra la credibilidad de éste dentro de Europa, y de Europa dentro del mundo. Denunciaban que Francia y Alemania, en lugar de dar ejemplo a los estados pequeños _y sobre todo a los diez que entrarán a formar parte de la Unión en 2004_, hayan transgredido, sin que les sancionaran, las reglas firmadas por los 12 miembros de la eurozona en 1997. Y por encima de todo, la decisión del Ecofin ha dañado la credibilidad del euro. Los resultados de los dos años de circulación de la moneda única no han sido muy favorables para las economías europea æcomo ha quedado demostrado por la situación en la que se encuentran dos grandes economías como son la francesa y la alemanaæ. El hecho de que, ante una trasgresión de este calibre, se eluda el problema y no se impongan sanciones que regulen la futura actuación de otros países, da que pensar que, probablemente, las dificultades económicas que ha provocado el euro continúen. De los Quince miembros de la UE, sólo 12 aceptaron la incorporación de la moneda única. Reino Unido, Dinamarca y Suecia, de momento, mantienen sus propias monedas. Los dos últimos, Dinamarca y Suecia, han llevado a cabo sendos referéndum sobre la adhesión al euro, pero en ambos países la victoria ha sido del “no” æen Dinamarca en 1998, y en Suecia este mismo año 2003æ; el Reino Unido, por su parte, decidió no celebrarlo durante este año y aún no es seguro si lo harán en el transcurso de esta legislatura. Uno de los argumentos principales de las tres naciones es la dificultad económica por la que atraviesan algunos países de la UE. El perdón de las sanciones a Francia y Alemania y la consiguiente muerte del Pacto de Estabilidad no ayudará a mejorar la opinión que tienen sobre los beneficios de la moneda única.

La crisis desatada por la decisión del Ecofin ha afectado a diferentes frentes, desde la Comisión Europea a la reunión de Nápoles, a finales de noviembre. Si ya era discutible el papel de la Comisión Europea dentro de una Unión que convoca consejos y Conferencias Intergubernamentales (GIG) cada vez que hay que tomar una decisión importante, con esta ruptura del Pacto su credibilidad y su confianza han quedado por los suelos. La Comisión Europea se oponía a perdonar las sanciones de Francia y Alemania, pero el Ecofin acabó perdonándolas, desautorizando, así, al Ejecutivo europeo. Romano Prodi, presidente de la Comisión, dijo que “el hecho (...) indica claramente que la situación actual no es satisfactoria”. El debate sobre el equilibrio y legitimidad de las instituciones europeas, la Comisión y el Consejo de Ministros, está abierto. ¿Quién ha de tener la última palabra sobre la disciplina presupuestaria? ¿La que vela por el cumplimiento del interés general o la que está representada por los jefes de Estado escogidos democráticamente?

De momento lo único que ha podido hacer la Comisión Europea es decir que es necesario una revisión del tan rígido Pacto de Estabilidad y, para ello, se estudiarán algunas propuestas para reavivar, así, el gobierno económico de la eurozona. La Comisión, además, ha lanzado un mensaje al Gobierno francés para que rebaje su déficit publico en un punto, para el 2004, aunque éste ya ha anunciado que sólo podrá alcanzar una rebaja del 0,6%.

Otro de los afectados por lo resuelto tras el Ecofin ha sido el Banco Central Europeo (BCE). El pasado 16 de octubre, tuvo lugar el nombramiento, por parte de los jefes de Estado y de Gobierno, del francés Jean-Claude Trichet æde 60 añosæ como nuevo director del BCE, en sustitución del holandés Wim Duisenberg. Trichet había dirigido durante diez años el Banco de Francia, pero ahora se ha visto obligado a velar por la buena marcha de la economía europea y no de la francesa. Paradójicamente, la actuación de Francia æpor el incumplimiento del Pacto de Estabilidadæ ha perjudicado al conjunto de la Unión, y el BCE no ha hecho nada para solucionarlo. Esto, por otra parte, pone de manifiesto la poca actividad de los cinco años de vida del BCE en lo que se refiere a la estimulación de la economía europea.

Tras la decisión del Ecofin, el BCE dijo que la Unión Europea estaba en “serio peligro, y expresó que "el consejo de gobierno [del BCE] lamenta profundamente estos hechos", reacción que era de esperar porque el director del banco, Trichet, había anunciado que la impunidad de Francia y Alemania reducían la confianza en la moneda única europea. A pesar de estas declaraciones y de que el BCE se reuniera en una sesión de urgencia para idear cuál tenía que ser su reacción æmuchos temían que reaccionara subiendo los tipos de interésæ, la autoridad monetaria encabezada por Trichet no tuvo ningún tipo de influencia en la decisión del Ecofin. Una muestra de que las relaciones entre las autoridades fiscales y monetarias están dañadas.

Finalmente, el Banco Central Europeo decidió, en el Consejo de Gobierno de principios de diciembre, mantener los tipos de interés tal y como estaban establecidos desde junio de 2002 æen el 2%æ , pero ha dado un paso más allá al anunciar que analizará las medidas que vayan aplicando los dos países para reducir sus déficit públicos a la vez que ha advertido al Ecofin que “toma nota de la disposición del Ecofin de formular una advertencia a los dos gobiernos para adoptar medidas encaminadas a corregir sus déficit excesivos, si no actuasen según los compromisos acordados”, según se especifica en el informe de diciembre del BCE.



Cronologia año  2003
1 de enero. Grecia inicia su semestre como presidenta de turno de la UE.

19 y 20 de junio. Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno en Tesalónica.

1 de julio. Italia inicia su semestre como presidenta de turno de la UE.

16 de julio. Valéry Giscard d’Estaing presenta oficialmente el borrador de la futura Constitución Europea en Roma.

4 de octubre. Primera reunión de la llamada Conferencia Intergubernamental

16 de octubre. Nombramiento por parte de los jefes de Estado y de Gobierno de Jean-Claude Trichet como nuevo director del Banco Central Europeo (BCE).

24 y 25 de noviembre. Consejo de Ministros de Economía y Finanzas (Ecofin) en el que les fueron perdonadas las sanciones a Francia y Alemania por haber incumplido el Pacto de Estabilidad.

28 y 29 de noviembre. Cónclave de ministros de Exterior en Nápoles

12 y 13 de diciembre. Última reunión de 2003 entorno a las negociaciones sobre la futura Constitución Europea.


 


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