Anuario 2000
Oriente Próximo
"El proceso de paz afronta su peor crisis al llegar a los puntos clave de la negociación"
Mario Fort

El año 2000 ha llevado la situación en Oriente Próximo al momento de tomar grandes decisiones. Una vez recorrido el camino emprendido en la Conferencia de Paz de 1991, a israelíes y palestinos únicamente les resta negociar los temas más espinosos del conflicto: Jerusalén y los refiugiados palestinos.
El proceso de paz entre israelíes y palestinos ha llegado en el 2000 al momento de la verdad. Las negociaciones que se iniciaron en la conferencia de paz de Madrid de 1991, y que después han brindado acuerdos como Oslo 1 y Washington de 1993, El Cairo, el 4 de mayo de 1994; Oslo 2, el 28 de septiembre de 1995; Hebrón, el 15 de enero de 1997; Wye River, 23 de octubre de 1998 y Sharm El Sheij, el 5 de septiembre de 1999, han alcanzado finalmente al núcleo duro de la cuestión entre israelíes y palestinos. En el acuerdo de Oslo de 1993 se acordaron el reconocimiento mutuo y, asimismo, las bases para negociar. Dos principios fueron admitidos por ambos. El primero resumía la filosofía de las negociaciones con la fórmula, no escrita, de "territorios a cambio de paz".

El segundo consistía en resolver los problemas avanzando desde lo más sencillo hasta lo más difícil para establecer un clima de confianza mutua. Ahora se ha llegado a lo más difícil, a los temas más espinosos, al verdadero conflicto: Jerusalén y el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Las negociaciones, tal y como habían sido conocidas hasta la fecha, ya han cumplido su misión.

Al rebrote de violencia palestina que se inició el 28 de septiembre con la provocación del líder del partido conservador israelí Likud, Ariel Sharon, se ha llegado por diversos motivos. Por un lado, está el papel que ha jugado el líder de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser Arafat. Desde Oslo 1 (1993), Arafat sólo se ha hecho con el control real del 70% de Gaza (360 kilómetros cuadrados), el del 13’1% de Cisjordania (5.672 kilómetros cuadrados) y nada en Jerusalén Este, es decir, en total, el control del 20% de los territorios conquistados por Israel en junio de 1967.

A todo ello cabe añadir que Cisjordania está dividida en zonas sometidas a tres estatutos diferentes: uno, bajo control palestino; otro, donde la seguridad sigue en manos de los israelíes y un tercero, bajo control israelí. La situación político-militar palestina, por su parte, ha experimentado notables cambios.

Arafat ya no se encuentra en el exilio, tiene su despacho-cuartel en Gaza, y el Ejército israelí (Tsahal) ya no se enfrenta contra palos y piedras. Ahora se usa fuego real. Frente a Israel hay milicias integristas de Hamas y la Jihad Islámica y , por si fuese poco, la Tanzim (Organización) de Al Fatah, el grupo político de Arafat. La "intifada" de Al Aqsa ocurre cuando existe una ANP que, aunque no ha conseguido el cien por cien de sus objetivos, rige en casi toda Gaza y en ciudades y áreas de Cisjordania, dotada, además, de policía armada propia. Sin embargo, la figura como líder de Yasser Arafat parece estar de capa caída.

El hasta la fecha único interlocutor que han tenido los palestinos con Israel ya no parece contar con el apoyo necesario de su población. Los grupos que participan en la "intifada" o que la apoyan han adquirido un protagonismo del que es difícil que se apeen. Incluso dentro de Al Fatah se asegura que la revuelta continuará mientras Israel mantenga la ocupación.

Asimismo debe tenerse en cuenta que la colonización de los territorios ha proseguido bajo los gobiernos de Isaac Rabin, Beniamin Netanyahu y Ehud Barak. Desde el acuerdo de Oslo 1, y según denuncian diversas ONG israelíes, 78.000 colonos se han establecido en ellos y las autoridades israelíes han construido 11.190 nuevas viviendas. El número de asentamientos, que reúnen a 200.000 personas, ha pasado de 122 en 1993 a 141 en el 2000.

Jerusalén y los refugiados palestinos

No fue gratuito que Ariel Sharon visitase la Explanada de las Mezquitas el 28 de septiembre. La provocación del líder del Likud se produjo justo el día en que el Jerusalem Post publicaba una entrevista con el primer ministro israelí, Ehud Barak, en la que se hablaba, por primera vez en la historia del conflicto palestino-israelí, de la doble capitalidad de la ciudad tres veces santa. Todo el mundo sabía que cuando se pronunciase la palabra Jerusalén se alzarían las espadas. Y así fue. La zona Este de Jerusalén alberga uno de los mayores escollos de las negociaciones entre israelíes y palestinos.

La tradición judía señala que el Muro de las Lamentaciones, en cuya parte superior se alzan el Domo de la Roca y la Mezquita de Omar, uno de los lugares santos del islam, por considerar que marca el lugar desde donde Mahoma ascendió al cielo en un caballo alado, es parte del segundo templo, de Herodes, destruido por los romanos en el año 70 después de Cristo, que a su vez se alzaba sobre las ruinas del primer templo, de Salomón, destruido por los babilonios en el año 586 antes de Cristo. La soberanía de Israel en el lugar ha sido de índole formal, no ejercida salvo para la seguridad, incluso después de la Guerra de los Seis Días de 1967 cuando el Ejército israelí le arrebató la zona a Jodania.

El plan de paz propuesto por el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton,y que gozaba con el beneplácito del pueblo palestino, planteaba una solución novedosa que consistía en dejar bajo soberanía palestina la explanada de las Mezquitas, así como los barrios musulmán y cristiano y parte del armenio de la ciudad vieja.

Así, el futuro Estado palestino, además de poder tener su capital en Jerusalén Este, de mayoría árabe, podría izar su bandera en el tercer lugar más santo del islam, tras La Meca y Medina.

El plan reservaba la soberanía israelí para el muro oeste, de las Lamentaciones, el barrio judío y un amplio corredor en el barrio armenio. Un punto que levanta muchos recelos es la soberanía sobre el subsuelo de la explanada de las Mezquitas, donde los fieles judíos afirman que se encuentran las ruinas del primer templo y que siempre ha sido centro de muchas polémicas entre palestinos e israelíes.

El otro escollo que encuentran las negociaciones de paz entre Israel y la ANP es el concerniente al derecho al retorno de los cerca de cinco millones de palestinos refugiados entre la guerra de 1948 y la de 1967.

El tema de su derecho al retorno está contemplado en la resolución 194 de las Naciones Unidas, acordada el 11 de diciembre de 1948, pero el Estado judío la rechaza alegando imprecisiones en el texto. Las autoridades israelíes argumentan que los árabes que residían en Palestina cuando se proclamó el Estado de Israel tenían en su mayoría nacionalidad jordana, ya que la Palestina histórica formaba parte de Transjordania, Sobre los refugiados en la Guerra de los Seis Días, cuando Israel ocupó Jerusalén Este y Cisjordania, que en aquel momento se hallaban bajo soberanía jordana, los israelíes dicen que al renunciar Jordania a sus derechos sobre la zona a favor de la creación de un futuro Estado palestino, se otorgaba automáticamente la nacionalidad palestina a esos refugiados.

Israel, por otro lado, sabe que no pueden permitir el retorno de todos los refugiados ya que pondría en peligro el delicado equilibrio demográfico de Israel, con seis millones de habitantes, de los que un millón son árabes. El Estado hebreo considera este asunto una cuestión que atañe a su seguridad nacional. Lo que sí es cierto es que este tema toca de lleno a todos los vecinos árabes de Israel.

En Líbano, se hacinan en los campos de refugiados 400.000 palestinos; en Jordania, cerca de un millón y medio; en Siria, más de 380.000, en Gaza, unos 800.000; en Cisjordania, 570.000 y esto sin contar los que se encuentran en Irak, Egipto, Europa o América. Y en cada uno de estos países, los refugiados palestinos viven suertes diferentes.

En Líbano, malviven en situaciones de extrema pobreza, y son los gobernantes libaneses los que piden con más fuerza el derecho al retorno a tierras palestinas de los refugiados para no desequilibrar demográficamente el país.

En Siria, gozan de los mismos derechos que sus habitantes, pero no pueden ejercer de políticos, y en Jordania, y con plenos derechos, sobrepasan en número a los autóctonos de la capital, Ammán. El derecho al retorno de los refugiados palestinos es un escollo que se ha ido postergando durante años en las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. Israel está dispuesto a ayudar financiera y humanitariamente a los refugiados, pero lo que no aceptará es su completo retorno.

A todo ello cabe añadir una hipótesis que apunta el periodista Miguel Ángel Bastenier en su libro "La Guerra de Siempre. Pasado, Presente y Futuro del Conflicto Árabe-Israelí". El autor sostiene en dicha obra que "un Oriente Próximo enfrentado es un material estratégico mucho más utilizable por Washington que una paz sin vencedores ni vencidos". "Es un conflicto atascado entre la guerra, en el sentido estrictamente militar del término, y la paz, porque si como enfrentamiento político sobrevive a los apaciguamientos mundiales generados por el fin del comunismo, parece también imposibilitado de recurrir a la fuerza como medio de resolver sus contradicciones. Es el efecto de la paz israelo-egipcia de 1979 y del propio fin de la Unión Soviética: impedir la guerra entre árabes e israelíes por falta de quórum militar en el campo de los primeros, sin que eso dé, sin embargo, a Estados Unidos la capacidad, ni puede que tampoco el interés, de poner fin a unas hostilidades no declaradas", afirma Bastenier.


 


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