Anuario 2002
Centroamérica y Caribe
"Hambre y corrupción, moneda de uso común en Centroamérica y el Caribe"
Miguel Sánchez

Los vestigios de las guerras, las dictaduras y los desastres naturales siguen siendo las bases del hilo conductor de la historia de Centroamérica y el Caribe. Vestigios que, en gran parte de los países de la zona, se traducen en democracias semiestablecidas, envueltas en graves casos de corrupción y situadas en un contexto de pobreza alarmante. En otros tantos de estos estados la delincuencia o la droga son el pan de cada día de una juventud que vive en un entorno hostil caracterizado por mucha pobreza y pocas oportunidades. Hay algunos países que son grandes ejemplos.
Nicaragua, que sufrió una guerra civil patrocinada por Estados Unidos, vivió un año de práctica inactividad política debido a los problemas que tuvo para poner en manos de la justicia a su ex presidente Arnoldo Alemán. Éste, supuestamente, blanqueó 10 millones de dólares y estafó 1,6 millones a un canal público de televisión, entre otras acusaciones. Pero el poder que le concedió su estancia en la cima del poder político le permitió escudarse de manera legal en su inmunidad parlamentaria. A día de hoy, Alemán se encuentra bajo prisión domiciliaria en espera de ser juzgado en Managua pero con la posibilidad de poder valerse de la inmunidad que le concede el Parlamento centroamericano. Mientras, la mitad de la población vive en condiciones de pobreza, y buena parte de ésta, según organismos internacionales, es “extremadamente pobre”.

En el caso de Honduras, en proceso de recuperarse del huracán ‘Mitch’, la corrupción cede protagonismo a la pobreza y a la delincuencia. En este caso, el 80% de la población es pobre y, según fuentes oficiales, existen 475 pandillas callejeras armadas que cuentan con 90.000 miembros y 300.000 simpatizantes. Esto, unido al hecho de que unos 20.000 niños viven en la calle, casi todos se drogan, más de la mitad sufre depresiones y un 6% se suicida, provoca, entre otras cosas, 2.000 muertes anuales víctimas de la delincuencia. En este caso, el Gobierno hondureño se olvida de los pobres para tratar de solucionar, únicamente por la vía policial, el crimen y sus causas.

En otros países, el guión cuenta con paralelismos con lo apuntado hasta ahora, pero cada uno de ellos aporta nuevos problemas. Eso sí, en casi todos los casos las delicadas economías, consecuencia de sus tortuosos pasados y el proteccionismo del Primer mundo, piden a gritos tratados de libre comercio. Estados Unidos no se acaba de decidir y la quiebra no sacude a muchos países por el dinero recibido de los compatriotas residentes en el extranjero. Es el caso de El Salvador, que vive un momento de continuo enfrentamiento pacífico entre ciudadanía y Gobierno por las duras medidas que éste ha tomado para tratar de sacar el país adelante. Otros viven una situación tranquila comparada con las de la zona por sus esperanzas económicas, como Costa Rica, o por su relación con EE.UU., como Panamá.

En el Caribe, el meollo de la cuestión se encuentra en Cuba, aunque por sus palpables particularidades no es un referente de la zona. En este sentido, la pregunta del millón está clara: ¿Hasta cuándo permanecerá inmóvil el régimen comunista? A estas alturas casi nadie duda de que, de darse cambios, se darán tras la muerte de Fidel Castro. Pero aun así no se pueden adelantar acontecimientos porque ambas partes, capitaneadas por el exilio de Miami y el Partido Comunista, están moviendo ficha y no siempre en la misma dirección, debido a que dentro de ambos bandos existen distintos sentimientos y conductas. Dentro del Partido, por un lado, se sigue el mismo camino de represión y estancamiento de la situación. Ejemplo de ello son el episodio Robaina y las reformas constitucionales aprobadas con más del 99% de los votos. Sin embargo, el régimen sigue con su muy débil pero progresiva apertura, como demuestra la concesión de libertad para importantes presos políticos o el hecho de permitir la presentación del Proyecto Varela. En el otro bando, Miami en particular y Estados Unidos en general también cuentan con distintas vías de actuación y de pensamiento. Una de ellas es la que nombra a un anticastrista declarado como secretario de Estado para Latinoamérica, aunque después abandonara el puesto, y que mantiene la postura inmóvil de que el fin del castrismo es condición sine que non para poner punto y final al embargo económico. Otra vía es la que se extrae de las encuestas que indican que casi un 75% de los cubanos que viven en Miami apoyarían un proceso de transición política totalmente pacífico y que más de la mitad estarían dispuestos a conceder amnistía a los representantes del actual régimen. También algunas voces políticas norteamericanas van en ese sentido o critican abiertamente el bloqueo comercial por tratarse de la principal causa de la pobreza de la isla y de las malas relaciones con Washington. Quizás, si las facciones más moderadas de ambos bandos se encuentran, cabrá la posibilidad de una transición y una modernización pacífica y progresiva en Cuba.


 


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