Anuario 2003
Sudamérica
"El tándem Lula-Kirchner se erige como el guía de América del Sur"
Xènia Plaza

Desde el momento en que fueron escogidos en sus países, los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el de Argentina, Néstor Kirchner, se han convertido en la referencia clave de América Latina. Los dos mandatarios quieren potenciar la unión regional de América del Sur delante de la todavía fuerte presencia de Estados Unidos en la zona.
Los dos presidentes representan (al menos al inicio de su mandato) unas opciones diferentes dentro de la izquierda. Lula procede del Partido de los Trabajadores (PT), un partido de izquierda puro y duro. En cambio, Kirchner era candidato del Partido Justicialista argentino, el partido que agrupa a los peronistas. Dentro de este marco, Kirchner representaba la posición de centro izquierda.

Pese a esto, las posiciones se fueron acercando y los dos quedaron “impresionados” del otro. Una de las pruebas de este hecho es que para reforzar las relaciones bilaterales entre los dos países, los dos presidentes se reunieron cinco veces en tan solo cuatro meses.

Los dos países pretenden mostrar una posición conjunta en el tema de ALCA (tratado de Área de Libre Comercio de América, un proyecto que el presidente de los Estados Unidos, George Bush, ha defendido intensamente). La intención es que empiece a funcionar a partir del 2005, pero Brasil y Argentina, sobre todo el primero, no están de acuerdo con la manera en que la gran potencia mundial quiere aplicar este acuerdo comercial. Primero de todo, Brasil pide que desaparezcan los “aranceles escalonados” sobre los productos agrícolas que se exportan a los países ricos.

El otro punto que mantienen en común es la reactivación del MERCOSUR, una unión aduanera que pretende mejorar las relaciones comerciales al Cono Sur (donde se incluyen Paraguay y Uruguay). Hasta ahora, este organismo había sufrido una pequeña crisis (o olvido) por las crisis nacionales que estaban sufriendo Argentina y Paraguay desde hacía dos años. Brasil tampoco estaba en su mejor momento de forma, después de la crisis financiera de 1999.

Para dejar constancia de esta posición común, se firmó el “Consenso de Buenos Aires”, un documento donde se alinean conjuntamente sobre estos dos temas y sobre otro muy importante: como hacer frente a los acreedores externos. En esta ocasión, los dos países dejaron muy claro que cumplirían los compromisos asumidos, pero no bajo el coste del desarrollo económico y social. Con este documento, Brasil y Argentina pretendían establecer una “posición común delante del mundo”.

Brasil y Argentina siempre han sido los dos gigantes de Sudamérica. Son dos países con un gran potencial económico, pero cada uno de ellos tiene grabes problemas. Argentina todavía está intentando salir de la crisis económica y financiera que sufrió en el 2002, y Brasil tiene una gran lista de problemas sociales, como por ejemplo, ser uno de los países donde la renta está mal distribuida.

El hecho clave que ha diferenciado Kirchner y Lula de sus homólogos anteriores, es que estos no habían mostrado una oposición clara a las ideas norteamericanas. En cambio Lula y Kirchner lo han hecho, tanto con la guerra contra Iraq, como en la organización que el presidente Bush propone para ALCA. Todo y así, este año no todo ha sido de color de rosa.

A mediados de año, y aunque oficialmente, no hubo ningún enfrentamiento entre Lula y Kirchner, parece que las relaciones se enfriaron muchísimo. Argentina le recriminó a Brasil su falta de apoyo con las negociaciones con el FMI, justamente cuando Argentina recibía la ayuda de Estados Unidos. De hecho, en esos momentos, Kirchner lanzó una fuerte acusación al país vecino: “Brasil siempre es así; en los momentos más importantes nos juega en contra”.

Una muestra de acuerdo entre los países en vías de desarrollo, entre los que se encuentra Brasil, fue en la Cumbre de Cancún. Es esta cumbre, los países ricos, bajo la sombra de los Estados Unidos, no consiguieron aprobar todos los puntos de la agenda: Los países “pobres”, liderados por India, Brasil y China consiguieron frenar las aspiraciones de los países ricos, que reclamaban la libre competencia. Los países en vías de desarrollo se unieron y pidieron la protección de las industrias nacionales, ya que si no, estos países tendrían que seguir importando productos de los países ricos.

Por otra lado, parece improbable, que haya cualquier otro país, tanto en América Latina como en América Central, que pueda plantar cara a Estados Unidos. Si es cierto que Cuba y Venezuela (y sobretodo sus presidentes, Fidel Castro, y Hugo Chávez) mantienen un fuerte espíritu anti-norteamericano, pero esta actitud, no resulta nada productiva ni para el país ni para la región. Aun así, estos dos casos son diferentes. La tensión entre Cuba y Estados Unidos está justificada por el embargo económico que Estados Unidos aplica sobre el país desde hace años. En el caso de Venezuela, aunque se han producido enfrentamientos diplomáticos durante los últimos cincuenta años, el anti-norteamericanismo tienen más a ver con una obsesión de Chávez y con la política “imperialista” que está aplicando Estados Unidos (según el presidente venezolano), que no con un fuerte malestar de sus conciudadanos.

Por ahora, a América Latina, no hay ningún país que pueda ejercer un liderato claro, a parte de este tándem argentinobrasileño. El resto de países se encuentra colapsados por las crisis gubernamentales y sociales que han padecido en el 2003. La región andina ha estado el epicentro de esta inestabilidad. Paradójicamente, los países que mejor han controlado las variables económicas y que han conseguido cierta “paz social”, han sido Brasil y Argentina.

Venezuela padece una grave inestabilidad social desde hace año y medio, cuando empezaron a producirse las primeras protestas sociales que desembocaron en una parada nacional de 63 días entre finales de diciembre de 2002 y finales de enero. Durante el 2003 las protestas se han ido repitiendo y parte de los venezolanos todavía están descontentos con Chávez.

Por otra parte, Perú ha sufrido una de las crisis gubernamentales y sociales más importantes de los últimos años. El mes de mayo, el Gobierno de Alejandro Toledo declaró el Estado de Excepción, como a consecuencia de las protestas y las vagas indefinidas que habían convocado algunos colectivos de trabajadores, como los transportistas o los maestros.

En Bolivia, el mes de septiembre se empezaron a producir las primeras movilizaciones por parte de los campesinos e indígenas. Bolivia, el país más pobre de la región andina, sufría una crisis latente que por fin estalló. Una de las consecuencias de estas protestas, fue la dimisión del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, que huyó a Estados Unidos, después que parte de su gobierno le retirara el soporte por la fuerte represión que aplico el ejército durante las movilizaciones.

Por último tenemos a Colombia. Aunque los índices económicos se han mantenido estables, este país presidido por Álvaro Uribe, no encuentra solución al conflicto con las FARC, la guerrilla armada más grande del país. Además, en el mes de octubre se produjo una fuerte crisis en el Gobierno, con la dimisión de dos ministros. Uribe recibió un fuerte golpe político departe de los colombianos al no aprobar por referéndum unas reformas fiscales y políticas que el presidente consideraba imprescindibles para seguir dirigiendo el país.

Hasta Chile, el país que durante los últimos años había estado calificado de política y económicamente estable ha vivido problemas graves en el último año, después del descubrimiento de importantes fraudes fiscales y estafas, que han salpicado al poder legislativo, al judicial y a diferentes empresarios importantes del país.

Pero como ya se vio en la Cumbre Extraordinaria de Monterrey, donde estaban presentes los máximos dirigentes de todos los países americanos, Brasil y Argentina no lo tendrán fácil porque América Latina no ha conseguido mostrar, de momento, una posición conjunta. Países como Colombia mantienen muchos compromisos con Estados Unidos, lo que hace difícil que se opte por cualquier cosa que vaya en contra de los intereses norteamericanos. Muchos desean que la ALCA entre en vigor y algunos buscan también el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.

Argentina y Brasil pretenden organizar una mayor defensa de las necesidades y problemáticas latinoamericanas y una búsqueda de recetas alternativas para mejorar la situación de pobreza e inestabilidad de estos países, Como Lula está intentando aplicar en Brasil.


 


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