Anuario 2003

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La paz herida
Héctor García

Es inevitable que el destino de Oriente Próximo pase por la solución del conflicto entre Palestina e Israel. Sin embargo dura desde mucho antes de 1949, fecha de la creación del Estado judío, y pese a que durante 2003 la cuestión ha figurado en la agenda de todos los gobiernos implicados, el camino hacia la paz ha sufrido un nuevo retroceso en este año. Las causas de ese deterioro se confunden entre sí, y la voluntad para atacarlas de raíz parece ser, en algún caso, nula.

En primer lugar, la política de seguridad nacional de la Administración republicana del presidente norteamericano, George W. Bush, que tras el 11 de septiembre se convirtió en la prioridad del Gobierno estadounidense, ha sentado sobre el terreno una serie de precedentes de los que el Gobierno de Israel y su primer ministro, Ariel Sharon, han tomado buena nota. La política de “guerra preventiva”, llevada a cabo por la Administración Bush y el Consejo de Seguridad Nacional del presidente, formado por algunos de los políticos más radicales que pudieran haberse hallado entre las filas del republicanismo norteamericano, ha dado confianza a Ariel Sharon para seguir usando un método extremo de conducir la lucha contra el “terrorismo”, que ha puesto al proceso de paz en un callejón sin salida, porque la lógica de la “guerra preventiva” no admite distinciones entre el terrorismo y la legítima resistencia de los palestinos a perder su libertad y su país. El ejemplo de la campaña militar de Estados Unidos en Afganistán y la posterior invasión de Irak de buen seguro inspiró al primer ministro Sharon cuando ordenó recientemente un bombardeo sobre Siria, con el objetivo de eliminar unas bases de entrenamiento de Hezbollah a cincuenta kilómetros de Damasco, y también cuando anunció que el Gobierno de Israel estaba dispuesto a asesinar, previa selección, a cuantos dirigentes de organizaciones armadas palestinas considerase conveniente para la seguridad nacional de Israel, con Yasser Arafat como cabeza de lista.

En esas condiciones, la aportación de Estados Unidos a la solución del conflicto, la llamada “Hoja de Ruta”, viene a sumarse a los tomos de legajos de propuestas fracasadas. El plan de paz apadrinado por Estados Unidos, anunciado con la doble intención de lavar la imagen belicista del Gobierno norteamericano ante la comunidad internacional, y presentar otra más equilibrada ante los ojos del mundo árabe, ha tropezado de nuevo: consigue sumar las buenas intenciones de palestinos e israelíes... pero no más allá del preámbulo, porque aplaza el debate para las cuestiones cuya solución es realmente urgente, como el derecho de retorno de los refugiados palestinos, el fin de la ocupación militar de Israel y de los asentamientos, y la definición de las fronteras, hasta las fases finales de las negociaciones. La Hoja de Ruta, que fue lanzada en junio pasado en la cumbre de Aqba, con el apoyo del presidente norteamericano George W. Bush, es el fruto de una iniciativa planteada por el rey Abdullah II de Jordania, y fue asumida por la Liga Árabe y los primeros ministros palestino e israelí, pero es un plan de carácter genérico y plantea enormes lagunas en torno a la solución práctica de aquellas cuestiones que siempre han dificultado un acuerdo con el que Palestina e Israel se pudieran sentir satisfechos por igual. Por ejemplo, la Hoja de Ruta plantea que Palestina e Israel debatan el destino de los refugiados en una serie de conferencias internacionales sin fecha prevista, pero mucho después de que la última fase de ese plan, la fase dos, se haya completado. El reciente reconocimiento de un Estado Palestino por parte de Israel es el mayor éxito que se puede atribuir al plan de Bush, pero el Estado palestino que Sharon ha dicho estar dispuesto a admitir bajo ese plan no satisface en absoluto la legítima reivindicación palestina de tener un Estado con todas sus atribuciones. La coincidencia de la política de seguridad nacional de Estados Unidos e Israel ha restado confianza a la Hoja de Ruta y finalmente ha determinado su fracaso. El apoyo que el Gobierno norteamericano otorga en los foros internacionales a su aliado para que las acciones criminales de Israel queden sin castigo confirma esa coincidencia, que inyecta rencor en el corazón musulmán de Oriente Próximo.

Aunque buena parte de la responsabilidad del fracaso de un acuerdo de paz en el conflicto palestino-israelí debe asumirla el primer ministro de Israel, Ariel Sharon, que desde su llegada al poder ha dirigido una política de opresión monstruosa contra el pueblo palestino. La obsesión particular del dirigente israelí y del sector más duro del Likud, con el apoyo del ultraconservador Partido Nacional Religioso y del partido liberal Shinui de Tommy Lapid, con los que el Likud gobierna en coalición, ha hecho posible que se traslade a la realidad algo muy parecido a lo que fue una pesadilla hecha realidad para la generación de israelíes que sufrió el nazismo. El llamado “Muro de la Vergüenza”, o la Barrera de Seguridad que debe separar Israel de Cisjordania, que el Gobierno de Sharon empezó a construir en junio de 2002, resistiría bien la comparación con la pared que aislaba a los judíos en el gueto de Varsovia, durante la ocupación alemana, en 1940 y 1941. Pero en contra de amplios sectores de la sociedad israelí, el Gobierno de Sharon ha seguido adelante con la construcción del muro, amparándose en el absurdo de que inmunizaría al país de incursiones terroristas. El argumento se revela falso, ya que el muro por sí solo no constituye un obstáculo suficiente para impedir que los grupos armados palestinos capten militantes, dispuestos a cometer atentados, entre la numerosa población musulmana de los territorios ocupados.

Hay 150 kilómetros construidos de ese muro. Cuando esté acabado, el 16,6 % de la tierra cultivada de Palestina habrá sido expropiada por Israel, y el acceso estará prohibido para los palestinos que trabajan en ella. Mientras dura la construcción también está prohibido dicho acceso. Hospitales de Naciones Unidas y otros centros médicos locales quedarán aislados de los pueblos palestinos, que dependen de ellos para obtener asistencia médica. La Barrera de Seguridad no sólo se compone de un muro, sino que se extiende dentro de territorio palestino con obstáculos, trincheras y torres de vigilancia mucho más allá de la frontera con Cisjordania reconocida por la legalidad internacional. En algunas zonas se adentra en territorio palestino hasta 22 kilómetros, impidiendo el acceso a reservas de agua vitales. Tales expropiaciones rara vez se comunican al alcalde local ni a los propietarios personalmente, sino que las autoridades israelíes dejan en algún lugar de la propiedad requisada una nota en la que se comunica la decisión inapelable. En el caso de Qalqiliyya, una población próspera de 15.000 habitantes, que depende de la agricultura, se perderá el 30% del suministro de agua para la comunidad porque la balsa que la abastece quedará en el lado de Israel. El muro, con el que el Gobierno de Sharon pretende anexionarse parte de Cisjordania, condicionará el acceso a la asistencia médica y a las escuelas de medio millón de personas.

La Barrera de Seguridad constituye hoy en día el obstáculo más importante para llegar a una solución pacífica del conflicto. Pero no el único. A pesar de que Ariel Sharon haya reconocido ante el Knesset la conveniencia de un Estado Palestino, en un discurso histórico aunque destacado también por su cinismo (puesto que el Estado palestino que le conviene a Sharon es un Estado palestino satélite de Israel) las cruentas y contundentes acciones antiterroristas del Ejército de Israel, que dirige el Gobierno de Sharon, ponen en duda la sinceridad del compromiso israelí con la paz. Unas acciones que han desencadenado la repulsa en el mismo Ejército. Según informaciones de diciembre de 2003, ya son treinta los militares de élite del Ejército israelí que se han negado públicamente a “prestarse a la opresión, en Gaza y Cisjordania, de los derechos humanos de millones de palestinos”, con bombardeos con helicópteros y ataques de artillería que se saldan habitualmente con abundantes víctimas civiles y que tan sólo en Rafah, un pueblo palestino cercano a la frontera con Egipto, han dejado sin hogar a más de dos mil familias. La impunidad que tiene Israel para usar la fuerza hace hervir el radicalismo de los grupos armados palestinos, y lanza a los dos contendientes en una espiral de atentados y represalias nada favorable para un clima de diálogo.

La ineficacia del Gobierno de la Autoridad Palestina para actuar contra el terrorismo es también causante de la ralentización del proceso de paz. Sin demostrar una voluntad firme de arrancar un compromiso de paz de Hamás y del resto de organizaciones armadas vinculadas a la Intifada, el Gobierno palestino sólo sirve de comparsa a Arafat, que lo mantiene atado en torno a su persona y encuentra cada vez menos adeptos incondicionales para respaldar sus decisiones arbitrarias y su negativa para buscar un consenso entre las fuerzas políticas palestinas. La dimisión brusca del anterior primer ministro palestino, Abu Mazen, y la indecisión del actual, Ahmed Qureia, para aceptar el cargo por más tiempo de un mes, son el ejemplo. Las continuas disputas partidistas en el seno de la Autoridad Palestina ponen en peligro a la Autoridad misma y minan la confianza del pueblo palestino en sus dirigentes.

Sin embargo, los beneficios de la paz para Israel y Palestina serían muchos. Y no sólo para Israel y Palestina, porque del conflicto entre los dos países pende el desarrollo de la democracia en el resto de Estados de la región, y la normalidad de las relaciones económicas en Oriente Próximo. Egipto, pese a tener un acuerdo de paz con Israel, mantiene un comercio simbólico con este país, lo que va en perjuicio de una economía en desarrollo como la egipcia. El tratado de 1979 no cuenta con el apoyo de los ciudadanos egipcios, como quedó patente durante las manifestaciones en contra la guerra en Irak en El Cairo, en las que los egipcios también protestaron contra el acuerdo de paz con Israel. El Gobierno egipcio se vio obligado a reprimir duramente las manifestaciones del pueblo mientras de cara al mundo musulmán condenó a Israel y a Estados Unidos. La carga de tensión que añade el conflicto impide que el régimen presidencialista de Mubarak integre a partidos políticos unidos en torno al rechazo a Israel. En el caso de Siria, el gasto militar alcanza la mitad del presupuesto para 2004, y esa desproporción sólo tiene un propósito: la hostilidad contra Israel. El patronazgo de Siria sobre organizaciones armadas palestinas ha servido para que Estados Unidos haya incluido a este país en el Eje del Mal, y para que en el futuro incluso le sean impuestas severas sanciones económicas, como se decidió en el Senado norteamericano a finales de octubre; lo que vendría a sumarse peligrosamente a la difícil evolución del desarrollo económico sirio. Para Jordania, el acuerdo de paz que su país mantiene con Israel obliga a la monarquía y al Gobierno a hacer equilibrios dialécticos. Ya que la mayoría de la población jordana es de origen palestino y en el país viven cerca de un millón de refugiados palestinos, cabe que, de ...

Cronologia año  2003

Enero. Un atentado suicida de Jihad Islámica en Tel Aviv mata a 17 personas y hiere a otras 100. Ese mismo día mueren dos palestinos y un soldado israelí en una incursión de Israel en Gaza. El 28 de enero, Sharon obtiene la reelección y el Likud dobla los escaños en el Knesset (37). Días más tarde, el Parlamento aprueba una partida de 2.200 millones de shekels para los asentamientos de Cisjordania y Gaza.
Febrero. En la primera reunión ante su Gabinete, Sharon muestra la conveniencia de la creación de un Estado palestino. Un tribunal militar en Gaza condena a 27 años de cárcel al líder de Hamás Abu Okal. Un coche con tres militantes de Hamás explota cerca de un puesto militar en Gaza. La UE decide investigar el destino de la ayuda económica que otorga a la Autoridad Palestina con la sospecha de que sirve para financiar a “organizaciones terroristas”.
Marzo. El Ejército de Israel lleva a cabo tres operaciones en campos de refugiados palestinos en menos de una semana. Un atentado suicida en Haifa mata a 15 ocupantes de un autobús, la mayoría de ellos estudiantes de la Universidad de Haifa. Un raid de helicópteros israelíes mata al fundador de Hamás Ibrahim Al Makadme, cuando viajaba en un coche. El Consejo Legislativo palestino vota para elegir a Mahmoud Abbas (Abu Mazen) como primer ministro.
Abril. Abu Mazen presenta el nuevo Gobierno de la Autoridad Palestina (AN), del que será el primer ministro. Las facciones de la AN se enfrentan por el candidato para la cartera de Seguridad. Israel no acepta que sea M. Dahlan, que estuvo vinculado a Hamás, y tampoco acepta que otro dirigente de Hamás sea el responsable de la cartera de Educación. Finalmente, Arafat acepta a Dahlan como jefe de Seguridad. La Hoja de Ruta es presentada formalmente a Mazen y a Sharon por representantes del Middle East Quartet (la UE, Estados Unidos, Rusia y la ONU). Hamás la rechaza.
Mayo. Sharon, pide una revisión de la Hoja de Ruta. Declara no mostrarse dispuesto a aceptar el retorno de los refugiados palestinos. El día 18, los primeros ministros palestino e israelí se reúnen, sin ponerse de acuerdo sobre este aspecto del acuerdo. Las reuniones finalizan con un atentado de Hamás en Jerusalén en el que mueren 7 personas. Estados Unidos advierte a Israel que la Hoja de Ruta no es un documento para negociar, sino para que sea implementado.
Junio. Un atentado contra soldados israelíes en Cisjordania confirma la unidad de acción de Jihad, Hamás y la Brigada de los Mártires de Al Aqsa. unidos contra lo que llaman “colaboracionismo” de Mazen. El día 10 helicópteros israelíes atacan el coche en el que viajaba el ex dirigente de Hamás Abdel Aziz el Rantisi, que resulta herido. El día 11 mueren 16 personas en un atentado cometido por un militante de Yihad Islámica en un autobús en Jerusalén. El día 12 el Ejército de Israel mata a 4 dirigentes de Hamás y a 7 civiles, entre ellos una niña, en un ataque contra los coches en que viajaban. El día 20 Colin Powell llega a Jerusalén y mantiene conversaciones separadas con Mazen y Sharon. El 21, el Ejército de Israel mata a A. Qwasme, líder de Hamás. El líder espiritual de Hamás declara un cese temporal de la violencia.
Julio. El Gobierno de Israel se niega a aceptar un alto el fuego. Se emprenden negociaciones entre el ministro de Justicia israelí y el ministro para los prisioneros de la Autoridad palestina, en las que no se ponen de acuerdo sobre la cifra de prisioneros que liberar. El Knesset aprueba una ley que prohíbe a los ciudadanos palestinos casados con israelíes vivir en Israel. El día 29, Sharon viaja a Washington para entrevistarse con Bush, quien le pide que deje de construir la Barrera de Seguridad, pero en octubre vetará ante la ONU una moción presentada en contra de Israel por esta cuestión.
Agosto. Se declara roto oficialmente el alto el fuego cuando la Brigada de los Mártires de Al Aqsa asesina a los 5 miembros de una familia israelí que viajaban a través de Gaza en un coche. Sin embargo, la liberación de 411 presos palestinos se hace efectiva el día 5. Arafat califica la medida de “decepcionante”. Hezbollah mata en Shlomi (norte de Gaza) a un chico de 16 años y hiere a otros cuatro en un ataque con artillería contra un asentamiento israelí. Estados Unidos advierte a Beirut y a Damasco para que dejen de apoyar a Hezbollah. El día 20 mueren 21 personas en un atentado suicida de Hamás y Yihad Islámica en el centro de Jerusalén. Arafat destituye a Dahlan como jefe de Seguridad de la Autoridad Palestina.
Septiembre. El día 4, Arafat declara “muerto” el proceso de la Hoja de Ruta, y decide el cese de Mazen como primer ministro. El día 10 dos atentados suicidas de Hamás en Rishon Letzion (Tel-Aviv) y en la colonia alemana de Jerusalén matan a 15 personas y hieren a 80. El Gabinete de Seguridad israelí decide que Arafat “es un obstáculo para alcanzar la paz” y se reserva el derecho a “eliminarlo cuando y de la manera que nosotros lo decidamos”. EE.UU. advierte a Israel en contra de este tipo de acciones unilaterales y confía en que el nuevo primer ministro palestino, Ahmed Qureia, continúe con la aplicación de la Hoja de Ruta.
Octubre. El día 1, el Ejército de Israel entra en el campo de refugiados de Bureij (Gaza) para detener al líder de Yihad Islámica Jawad Shanin. Dos militantes palestinos y un soldado israelí mueren en la acción. La Policía de Fronteras de Israel se enfrenta en las cercanías de Rafah con un grupo de Yihad Islámica que, tras dispararles, se han refugiado en un edificio: los cuatro palestinos armados mueren en el tiroteo. Uno de ellos era el líder de Yihad Diab Shwiki, que el Gobierno de Israel había intentado asesinar anteriormente en dos ocasiones.


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