Anuario 2001

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El 11-S desata el “síndrome de Pearl Harbor” y acelera la recesión económica
El 11-S acelera el camino a la recesión

El ex presidente Bill Clinton dejó la economía norteamericana en su mejor momento de crecimiento y expansión desde hacía diez años. El futuro del superávit logrado se convirtió en uno de los principales puntos de debate entre republicanos y demócratas durante la campaña presidencial. Tras la llegada de la nueva Administración a la Casa Blanca, la Fed ha bajado los tipos de interés diez veces, hasta el 1'75%, el más bajo desde hacía cuarenta años. Estas continuas bajadas hacían sospechar que la primera economía del mundo no se encontraba en un buen momento y que las sombras de la recesión planeaban sobre ella. Bush, partidario de implantar un ambicioso plan de recorte fiscal para devolver el excedente a los ciudadanos, se enfrenta ahora a una delicada situación, que no es heredera del 11-S, pero que sí se ha visto agravada.

Las intervenciones del gobernador de la Reserva Federal, Alan Greenspan, sobre el precio del dinero han sido las más agresivas desde la recesión de 1990-1992. El objetivo era estimular la circulación del capital empresarial, estancado desde hacía un tiempo, y con ellas ha decantado la balanza de los índices bursátiles de todo el mundo, que no siempre recibieron las bajadas reaccionando a la alza. Continuamente, los expertos coincidían en señalar cómo la recesión acechaba la economía norteamericana, a lo que la Fed respondía que, si bien se encontraban en un momento delicado y de debilitamiento, una recesión no era probable. Ante este panorama, el analista Robert L. Samuelson habla de la peor "no-recesión" de la historia. Los expertos señalan diversas causas de la recesión que está en camino. El mapa empresarial se ha remodelado notablemente durante este último año a causa de las fusiones y las absorciones de grupos comerciales, y también debido a la oleada de despidos masivos que las empresas han llevado a cabo para reajustar las estrategias. El consiguiente aumento del paro, unido al endeudamiento de las familias por el elevado consumo privado, ha desencadenado la desconfianza de los consumidores, retrocediendo al nivel de hace ocho años. Hay que tener en cuenta que el consumo privado representa el 68% del PIB de Estados Unidos.

Los atentados del 11-S no sólo golpearon físicamente uno de los centros financieros más importantes como son las Torres Gemelas del World Trade Center, sino que también fueron la gota que colmó el vaso de la ya de por sí delicada economía. Fue un hecho que marcó un antes y un después, y que hizo que se acelerase la crisis que se venía gestando, y que iba a tener consecuencias a nivel internacional por la influencia económica que ejerce Estados Unidos sobre países de todo el mundo.

La economía estadounidense sigue un modelo liberal en el que se da mucha importancia al mercado como motor y regulador, no sólo de la economía, sino también de la sociedad. Esto deja al Estado una intervención y un protagonismo mínimos en este ámbito. Los analistas ven cómo una de las consecuencias económicas más directas del 11-S es que el Estado pasará a desempeñar un papel mayor que el que tenía hasta entonces. Esta solución ha sido interpretada como un resurgir, aunque sea temporal, del modelo keynesiano. En este tipo de situaciones, se hace necesaria la presencia de un Estado fuerte que administre los recursos económicos. Esto pasa por el gasto público, como se ha visto en las primeras medidas aplicadas por Washington tras los atentados, destinando 40 millones de dólares para hacer frente a las tareas de rescate y a la operación militar en Afganistán. Todo esto sucede dentro del marco de una economía globalizada donde el efecto de contagio es irremediable. Algunos expertos y analistas han señalado que en situaciones de crisis como la provocada, el ritmo de la globalización tiende a reducirse y se camina hacia el conservadurismo y el nacionalismo, aunque sea de forma temporal. Situaciones similares ya se vieron en las dos guerras mundiales, en la gran depresión tras el Crack del 29 y en la crisis del petróleo.

Bush se ha mostrado contundente ante quienes han insinuado una subida en los impuestos para hacer frente a la crisis: "Over my dead body", por encima de mi cadáver. Seguirá adelante con el plan de recorte fiscal, aunque será algo menos ambicioso que el que había previsto al inicio de su mandato.

 


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