Anuario 1999

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Irak
Los aliados mantienen sus ataques pese a las discrepancias en la ONU por el mantenimiento del embargo
Los chiíes se rebelan contra Sadam

Durante el mes de febrero, se produjeron los disturbios más importantes en el interior de un país que se encuentra desunido, dado que el norte (de mayoría kurda) y el sur (de mayoría chiita) son zonas enfrentadas con el rais Husein porque éste es musulmán de rama suní –curiosamente, minoritaria en Irak–. El estallido de violencia en el sur del país se produjo por el asesinato de un líder chií, el ayatolá Muhammad Sadeq al-Sadr, en la ciudad santa de Najaf (al sur de Bagdad). El espíritu crítico del imán hacia el régimen de Sadam suscitó que la oposición chií de Iraq e Irán acusaran al presidente iraquí de estar tras el atentado. Como es habitual, desde que en 1979 se hiciera cargo del país, Husein apaciguó la revuelta con una brutal represión que se saldó con más de veinte muertos. El Gobierno iraquí denunció la existencia de un complot internacional, abanderado por EE.UU., que pretendía romper la unidad del país. Hay que señalar que Whasington ha cambiado su estrategia de derrocar a Husein y se dedica, desde hace unos años, a potenciar su apoyo a la oposición iraquí. En agosto, la oposición iraquí armada –chiíes de Irán– asesinó a uno de los tres viceprimer ministros de Iraq, Al-Zubeidi. El atentado fue reivindicado por la Asamblea Suprema de la Revolución Islámica, que con el apoyo de Irán y de Gran Bretaña, donde tiene sus bases logísticas, y las ayudas económicas de Estados Unidos, trata de derrocar al Gobierno iraquí. Sin embargo, el presidente iraquí controla todas las estructuras sociales y políticas del país, por lo que resulta complicado que una posible revolución se inicie desde el interior de Irak.
 


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